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Full text of "Instituciones de Derecho Canonico"

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INSTITUCIONES 



DE 



DERECHO CANÓNICO. 



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INSTITUCIONES 

DE 

DERECHO CANÓNICO 



POR EL DOCTOR 

D. FRANCISCO mi SALAZAR , tf 

PRESBÍTERO 
tJATEDRÁTICO DE ESTA ASIGNATURA EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL, 
TENIENTE VICARIO, JUEZ ECLESIÁSTICO ORDINARIO 
DE MADRID Y SU PARTIDO. 



SEGUNDA EDICIÓN 

CORREGIDA Y AUMENTADA. 



TOMO III. 



MADRID* 

IMPRENTA DE ALEJANDRO OÓMBZ FÜEi^TBNEBRO , / M iJ ^ *xl 
1883. 



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El Autor se reserva los derechos 
concedidos por la Ley á la propie- 
dad literaria. 



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LIBRO TERCERO. 

DE LAS COSAS ECLESIÁSTICAS. 

TITULO PRIMERO, 

SACRAMENTOS Y BAGRAMBNTALBS. 



CAPÍTULO PRIMERO. 

DE LOS SACRAMENTOS EN GENERAL Y SACRAMENTALES. 

Cosas eclesiásticas, y sus especies.— Se entiende 
por co^as eclesiásticas, todo lo que se refere i la santifica-* 
iñon del hombre como medio para alcanzar la salvación éter- 
na y siempre que no sean personas ni juicios eclesiásticos. 

Las cosas eclesiásticas pueden ser : 

Espirituales , giigjie nen por objeto ín mediatpJaLs antífi -- 
cacion del hombre . 

Úorporaíes. cuyo objeto próximo e^ ^i pjftrr>i>.ift Hp. i», rg^ 
Ijgíon . 

Las cosas espirituales se dividen en : 

Divinas , giifi snnJAgjngtítniHj^g ínTnfíHi' atamente por Dio s 
t )ara obrar nuestra santificación , como los sacramentos. 

Sagradas, que son los ritos instituidos por la Iglesia para 
"""^ producir ^ierto s^ efectos_ físpirituale&,^como los sacramen- 
^ C* tales, r 



Las cosas corporales se dividen en : 

Luga/res sagrados, que son los edificios destinados al culto; 
y pueden ser— consagrados 6 benditos , como las iglesias— 
benditos, como los cementerios— ^e^wto^, como los lugares 
santificados por el Señor ó los santos-eclesiásticos, como los 



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— 6 — 

monasterios y seminarios — piadosos^ como los hospitales^ 
conservatorios y montes de piedad, etc. 

Cosas sagradas, que se dividen qh^ consagradas , coma 
los altares , cáliz y patena, campanas — benditas, como losi 
vasos sagrados, sabanillas, corporales, etc. — santas, coma 
las reliquias de los santos y las imágenes. 

Cosas temporales, que son los bienes temporales , destina- 
dos al sostenimiento del culto y sus ministros , no menos que 
al socorro de los pobres , como ios beneficios eclesiásticos, 
oblaciones, diezmos y primiciaá etc. 

Acepciones de la palabra sacramento, y su defi- 
nición. — La palabra sacramento , que se deriva de sacrum 
(sagrado), ha sido tomada por los escritores eclesiásticos para 
significar: 

a) La c^ sajn isteriosa y oculta , y en este sentido se halla 
tomada en las sagradas escrituras (1). 

6) El juramen to, puesto que la cosa por la que se jura, 
se consagra poníeiiOb á Dios por testigo : asi como cualquier 
rito ó ceremonia sagrada ; y por esto los Padres de la Iglesia 
dieron el nombre de sacramento á la o ración joigii nical y 4 
Ifis preces c omu nes de los cristianos enla c eletu^cJon-dfiLJQa 
divinos oficio s (2). 

c) El sagrSdo mist erio , en cuyo sentido se llama por el 
Apóstol á la Encarnación Tele nuestro Señor Jesucristo mag- 
num pietatis sacramentum (3). -^ 

dj ,E1 signo que nos consa grad Dios^santifica. 

En este último sentido se toma en este lugar, y puede de- 
finirse : JSl signo visible de wia gracta invisible institmdú^ 
por Dios para nuestra santificación^ ó como dice S. Agustin, 
una forma visible de gracia invisible (4). 

(i) Carta ¿ los Efesios, cap. I , v. 9.— Libro de Tobías , cap. XII, 
V. 7.— Daniel, cap. II , v. i8. 

(2) Devoti: InsL Canon. , lib. II , tít. If , par. i.* 

(3) Carta 1.*á Timoteo, cap. III, v. 16.-^pi8t. Ad Coloísenses^ 
cap. I , V. 27. 

(4) C. XXXII, dist. 2*^1)6 eofiMcroL^^ 



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También puede definirse: Un signo sensible de cosa sagfíXr 
da instituido permanentemente por Dios pa/ra signiñcar y 
conferir la gracia. 

Sus requisitos esenciales.— Todo sacramento ha de 
peimíp en sí precisamente las condiciones siguientes: 

1.* Institución divina de un modo permanente. 

2.^ Signo sensible. 

3.* Gracia invisible , conferida por un signo extemo. 

Sacramentos de la ley antigua.— Estos pueden defi- 
nirse : Un signo sensible y sagrado^ instituido permanente- 
mente por Dios para significar la gracia interior que se ha- 
Ha de dar por la pasión de Jesucristo y para conferir la 
gracia exterior ó legal. 

El Señor , siempre misericordioso para con la criatura 
formada á su imagen y semejanza , la proveyó de algún sa- 
cramento para atender á su santificación y salvación en el 
estado llamado de naturaleza , ó sea en el tiempo que medió 
desde el pecado del primer hombre hasta Moisés. 

La ley mosaica contenía varios sacramentos, como la Cir- 
cunciaon , e l Cordero pascual , las consagracio nes^ de los poT\- 
tíficés y sacerdotes, lasjexpia ciones y purificj ic iones del pue- 
bio judaico ó isr aelita ; lo cual suponen en términos claros y 
precisos los Concilios y Padres de la Iglesia , cuando compa- 
ran los sacramentos de la ley antigua con los de la nueva. 
f0^ Su abolición. — Los sacramentos de la ley mosaica fueron 
establecidos por tiempo determinado , y quedaron abrogados 
con la venida y muerte de nuestro Señor Jesucristo que to- 
dos ellos figuraban, sucediéndoles los sacramentos dé la nue- 
va ley, cuya eficacia y virtud es incomparablemente superior 
á la de los otros. 

Sacramentos en la nueva ley, y su número.— Los 
sacramentos de la ley nueva pueden definirse : Un signo 
sensible y sagrado instituido permanentemente por Jesucris- 
to para significar y producir por si (ex opere operato) la gra- 
cia interior. 

Estos sacramentos sgn siete en la lev ^y^ wéXV:^ * saber: 



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— 8 — 

bautismo, confirmación^ eucaristía, penitencia, extremaun- 
ción , orden y matrimonio. 

El Concilio de Trento definió este dogma de fe bajo pena 
de anatema contra los novadores del siglo XVI , y contra 
cualquier otro que se atreviera á sostener que los sacramen- 
tos de la nueva ley no fueron instituidos por nuestro Señor Je* 
sucristo , ó que son más ó menos de los siete citados (1), fun- 
dándose esta definición en la revelación divina y en la doctri- 
na constante de la Iglesia católica. 
Gracia que coirfteren. — ^Los„sacramentos de la nueva 
^,_/ ■ "^ ley producen la gracia en el que los recibe eof opere operato, 
ó sea por virtud propia independientemente del mérito que 
haya ó pueda haber en el que los administra ó recibe ; y por 
eso el Concilio de Trento sancionó esta verdad dogmática 
contr a Lutero y Calvino en las palabras siguientes : uSi algu- 
^)no dijer e que por los mismos sacramentos de la nueva ley no 
»se confiere la gracia ex opere operatOy sino que basta para 
))Conseguirla sola la fe en las divinas promesas , sea excomul- 
gado (2). » 

En qué se distinguen de los sacramentos de la ley 
antigua . — ^Los sacramentos de la ley antigua n o tenían en 
si i gual virtud que los d e la nueva, y por este motivo el Após- 
t)l dicd en su carta á los Gálatas , que «ninguno se justifica 
))por la ley delante de Dios (3), y que habiendo ellos conocido 
)>á Dios , ó siendo conocidos de Dios , ¿cómo querían volver á 
»los rud imentos flacos y pobres de los ritos judaicos (4)? En su 
carta á los He breos se expresa aún con mayor energía sobre 
este punto , diciendo : que «el mandamiento primero es á la 
»verdad abrogado por su flaqueza é inutilidad; porque la ley 
«ninguna cosa llevó á perfección; sino que fué introductora 
i>de m ejor esperanza , por la cual nos acercamos á Dios (5).}^ 

(i) Concil. Trid. , sesión 7.*, canon i " 

(2) Sesión 7.*, canon 8.* 

(3) Cap. m. V. ii. 

(4) Cap. IV, V. 9. 

(5) Cap. Vil, vv. i8y i9. 



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— 9 - 

El Concilio de Florencia , en su decreto para los Arme- 
nios, siguiendo el pensamiento del Apóstol dice, que los sacra- 
mentos de la nueva ley se distinguen mucho de los de la anti- 
gua, porque estos no producían la gracia, sino que figuraban 
la que se había de dar por la pasión de Cristo. 

En resumen: los sacramentos de la ley antigua se dife- 
rencian de los de la nueva en lo siguiente : 

a) Lo s primeros iban , según S. Agustín, acompañados del 
es píritu'ge^temor vterror ; á diferencia de los á^ la nueva guft 
llevan en sí la suavidad del amor y unción . 
~~d) Aq uéllos no tenían tanta proximidad con los dones q ue 
representaban , c omo éstos, que producen por sí y primaria- ^ 

meme la ^acia^ / 

c) L os sacramentos de la ley a ntigua eran fiyira y re- ^ / 
prese ntación de los de la nueva. ; . 

— Partes de que constan los sacramentos.— Los sacra- '^^ \ 
mentos constan de dos partes. 

Signo sensible y sujeto á los sentidos. 

Cosa invisible, que es la gracia comunicada por la cosa 
sensible. 

El signo sensible se designaba en los doce primeros siglos 
con los nombres de cosas y palabras ; — símbolos místicos- 
signos sagrados — iniciaciones de la religión — sacramentos; 
pero en el siglo XIII se aplicó á las ciencias eclesiásticas la 
filosofía peripatética y desde entonces se emplearon las pala- 
bras materia y forma para designar la señal sensible , comu- 
nicativa de la gracia. 

Todos los sacramentos constan necesariamente en su con- 
fección de cosas, como materia; y de palabras , como forma: 
de manera que si falta alguna de estas cosas no habrá sacra- 
mento ; así que S. Agustín dice á este propósito: Detrahe ver- 
ium , eC quid est aqua, nisi aquaf accediúverdr^m ad elemen- 
tum et fit sacramentum (1). 

El Concilio de Florencia consigna esta doctrina in Decreto 

(i) Tracl. 80 , In Joan. 



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— 10 — 

unionis diciendo , que todos los sacramentos se perfeccionan 
con tres cosas : Bebus tamquam materia , verbis tamquam 
forma y et persona ministri conferenúis sacramenúicm cum 
intentiorhe faciendi id quod facit Ecclesia, 

Materia de los sacramentos , 7 sus esi>ecies.— Se 
entiende por materia: Cualquier signo sensible que sea á 
propósito para significar el efecto especial de cada sa- 
cramento. 

La materia se divide en : 

Remata , ó sea la cosa misma que ha de servir para hacer 
el sacramento . 

Próxima y ó , sea el uso y aplic ^ifiioí* ^*^ ^*> T^naforiyi. rftyT^Qift. 
al sujeto. 

Forma, y sus distintos modos.— Se entiende por 
forma: Las palabras que determinan la materia para ser 
sacrq^m^ento. 

La forma puede ser: 

Pura ó absoluta — j condicional. 

La forma condicional se emplea únic amente en los sacra - 
ment os que no pueden reiterarse ^^ cuando hay fundada duda 
de SI fueron ó nó administrados al sujeto ; y por eso dice el 
papa Alejandro III : De quibus dubium est , an baptiaati 
fuerinú, baptizan tur Ais ver bis préemissis: Si baptizatus es, 
non te baptizo: sed, si nondum baptizatus es, ego te bapti* 
zOn etc. (I). 

—Antigüedad de la forma condicional.— No se hace 
mención expresa hasta el siglo VIH del uso de la forma con- 
dicional ; pero es indudable que se empleó en los casos que 
ocurrieron en los siglos anteriores, según consta por innu- 
merables testimonios de la antigüedad (2), y por esta razón 
Pío VI condena, en su constitución Auctoremfidei , la doctri- 
na del sínodo de Pistoya sobre la supresión de la forma condi- 
cional , bajo el pretexto de adhesión á los antiguos cánones. 

(i) Cap. II , tít. XLII . lib. III DecreL 

(2) Benedicto XIV : De Synodo dicBcesana , lib. VII, cap. Yf. 



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— 11 — 

Institución divina de la matena 7 forma de los 
sacramentos. — Las materias y formas de todos y cada uno 
de los sacramentos son de institución divina, al menos en ge- 
neral, puesto que es^ dogm a de fe que Jesucristo in stituyó 
los sacramentos de la nueva ley; pero no están de acuerdo los 
xeoiogos respecto ¿ la determinación in specie por Jesucristo 
de la materia y forma de todos los sacramentos. En todo caso 
no pueden aquéllas mudarse sustancialmftntft pnr Ir TglPtf gft^ 
toda vez que tienen porltutor ¿ Jesucristo. 

Ministro de los sacramentos, 7 sus especies.-— 
Se entiende por ministro de los Sacramentos: La persona e/h 
cargada de hacerlos ó conferirlos. 

El ministro puede ser: 

Primario^ que es la perso na que administra losj ^nr.rn^'*^- 
tos, en nombre propio, y esta e& Jesucristo como hombre. 

Secundario 9 ó sea la persona que administra ó hace lo^ 
sa cramento s en no mbre de Jesucristo. 

El ministro secundario puede ser : 

Ordinario^ ó sea e l sujeto q i>ft l ^ax^p. {\ piTQ/í<> Kfíi^Ar v¿]i. 
dame nte los sacramentos . sp giin la ley prescrita por Jesu- 
cristo. 

Extraordinario, ó sea l ajpersona encargada de hac er los 
sacramentos , en virtud de una ley ó disposición especial de 
Jesucristo. 

"" CtOñdióiones qxxB en él se requieren para la vá- 
lida administración de aquéllos.— El ministro ordina- 
rio ha de reunir en sí precisamente las condiciones si- 
guientes: 

a) Hombre dotado de razón, porque Jesucristo sólo con- 
cedió dicha facultad á los que se hallasen en este caso (1). 

b) Orden sagrado , porque el divino Fundador de la Iglesia 
dispuso que los sacramentos se confirieran é hiciesen sola- 

(\) Matth., cap. XXVni. v. 19.— Evang. S. Luc. . cap. XXII , v. 49. 
— ^Evang. S. Joann. , cap. XX , v. 23.—- Epist. 1.^ ad Coritü., cap. IV, 
versículo i. 



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— la- 
mente por los ministros sagrados , á excepción del bautismo 
y matrimonio, según se dirá en sus respectivos lugares, 
porque en la Iglesia existe una jerarquía por disposición 
divina (1) ; así que el Concilio de Trento anatematiza al que 
dijere que todos los cristianos tienen potestad de predicar y 
de administrar todos los sacramentos (2). 

c) Intención de hacer lo que hace la Iglesia. 

Intención, y sus especies.— Se entiende por intención: 
El acto deliberado de la voluntad por el que uno quiere 
hacer alguna cosa. 

La intención puede ser, aparte de otras divisiones menos 
importantes: — actual y virtual. 

Se llama intención actual : La presente aplicación de la 
voluntad al acto que ejecuta. 

Se entiende por intención virtual: La misma intención 
actual y que precedió y moralmente persevera .en el acto de 
obrar, porque no ha sido revocada por intención contraria, 
ó sea por acto que no conduzca al fin. 

Cuál de ellas es necesaria en el ministro. — La in - 
tencion actual no es de necesida d , porque no está siempre 
en mano del hombre tenerla ; pero el ministro de los sacra- 
mentos ha^e_ tener intención, virtual al menos, d e celebrar 
el rito sagrado como santo (3) para su válida administración; 
y por esto e l Concilio de Co nst anza mandó que se pre guntase 
á los sospechosos de las herejías Condena da&j?o£jB.],Tnismo, 
si ^ creían que los nialos sacerdotes hacen váli( ^ftmftntft 1of| 
sacramentos con la debida materia y forma.> y ^^^ ^'"^^ncion 
de hacerTio que hace la I glesIaT ^ 

Esta misma doctrixia enseña el Concilio de Florencia , en 
el que se dice que todos los sacramentos se perfeccionan con 

(i) Epist. \ .* aá Corínt.. cap. XII , v. 28 y sig.— Ad Román,, capí- 
tulo XII , V. 4 y sig. 

(2) Sesión 7.*, canon X De Sacramenl. in genere. 

(3) Véase á Berardi: histilut, de Derecho eclesiásHco , lib. lY, 
título II. 



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— is- 
las cosas como materia , con las palabras como forma y con 
la persona del ministro que hace el sacramento con intención 
de hacer lo que hace la Iglesia. 

Por último, el Concilio de Trento anatematiza á los que 
di jeren que no se requiere intención de hacer lo qu e hace 
Ta Iglesia en los ministros , cuando confieren ios sacramen » 
tos (1 ). 

Si pueden conferirse válidamente por los hereges 
y pecadores.— L a constante tradición de. la Iglesia cons i- 
(\^r-A giAmp i*f > nnmr^ rMJñr ^ fi los sac^ramcntos administrados 
por los herejes, y e n ella se apoyaba el papa S. Es teban para 
impugnar la práctica seguida por S. Cipriano vatros o bispos^ 
africanos de bautizar á lo s q ue habían recibido este sacra - 
mento^ dejnano de los herejes. Dicho Papa decretó en conso- 
nancia con la doctrina de la Iglesia : S^i quis á quacumgm 
haresi veneriú ad nos, nihil innovetur , nisi quod traditum 
est, ut manus illi imponatur ad pomiúenúiam. Este decreto 
fué confirmado por muchos concilios, como el 1.^ de Arles 
y 1.** de Nicea, cánones VIII y XIX. 

El Concilio de Trento, siguiendo esta misma doctrina, 
dice : «Sl a,lguno dijere que el bautismo conferido por los he- 
»rejes en el nombredefFadre y cfeTlBijQyd el Espíritu San to, 
»co n intención de hacer lo que hace la Iglesia, no es yerda- 
»der o bautismo , sea excomulgado (2).» 

El ministro délos sacramentos obra en virtud y por auto- 
ridad divina, cuya potestad no se le quita por su herejía ó 
malas disposiciones, puesto que es una gracia ministerial 
concedida al mismo en utilidad y provecho de otros. 

Lo mismo debe decirse respecto á los .sacramentos , confer 
ridos por los ministros pecadores, porque su virtud no depen- 
de de los méritos de ellos , sino de la voluntad de Je su cristo ^ 
y por eso se dice en erEvangelio: Super quem videris 
Spiritum /Sanctum descendenúem...Mú esú, qui baptUat (3)* 

(i) Sesión 7.% canon W De Saeramentis in genere, 

(2) Sesión?.*, canon IV De ^apWímo. 

(3) JoAKN. , cap. I , V. 33. 



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- 14 — 

Esta verdad , que había ya sido demostrada hasta la evi- 
dencia con motivo de los errores de los donatistas , valdenses 
y albigenses , wiclefitas y anabaptistas, fué también definida 
por el santo CJoncilio de Trento, en el que se dice: «Si alguno 
»dijere que el ministro que está en pecado mortal , no hace ó 
wno confiere el sacramento , aunque observe todas las cosas 
«esenciales para hacerlo ó conferirlo, sea excomulgado (1).» 
^«» Req[msitos en los ministros para liacer ó confe- 
rir licitamente los sacramentos. — Los ministros de 
los sacramentos tienen obligación de administrar santa- 
mente las cosas santas , si han de corresponder dignamente 
á la voluntad divina , y á este efecto deben hallarse en estado 
de gracia y con la pureza que requiere su elevadísimo minis- 
terio. 

Por esta razón , los fieles no deben ni pueden lícitamente 
pedir ni recibir sin legítima causa los sacramentos de los 
malos ministros , porque así lo exige la ley de la caridad para 
con el prójimo. 

Disposiciones necesarias en los párvulos para 
recibirlos. — Los párvulos q«e no han llegado al uso de la 
razón, y los que á ellos se equiparan, como los dementes 
perpetuos, etc., pueden recibir los sacramentos necesarios 
para la salvación sin disposición alguna jor su p arte , según 
la constante tradición y práctica no interrumpida de. la 
Iglesia (2), 

Requisitos en los adultos para su válida recep- 
ción. — Los adultos necesitan para la válida recepción de los 
sacramentos int^n rii^p pr^ft^ítjva de recibirlos ; y por esto 
Inocencio III dice á este propósito : Ule vero, qui nunquam 
consentit, sedpenitus conúradiciú, neo rem. nec characterem 
^uscipiú sacramenti (3). 

(i) Sesión 7.*, canon XIl De Sacramentis in genere. 

(2) Caps. Vil , VIH y LXXIV, díst. 4.* fíe ConsecraL— Candi. Tri- 
dent.y s STon 7.", cánones XHI y Xl\ De Baptismo, '~-Oi\i. Ili, tít. XLII, 
lib. III Decret. 

(3) Cap. 111 . Ül. XLII, lib. III Decret. 



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— 15 — 

Esta misma doctrina se halla consignada en los monu- 
mentos de la antigüedad y en la tradición y práctica de la 
Iglesia; así que el Concilio de Trento dice con arreglo á esta 
doctrina, «que la justificación no sólo es el perdón de los 
•pecados, sino también la santificación y renovación del 
^hombre interior por -la admisión voluntaria de la gracia y 
Odones que la siguen (1). 

Condiciones en los mismos para recibirlos lioi- 
tamente. — En cuanto á las disposiciones necesarias en los 
adultos para la recepción lícita de los sacramentos , ha de 
tenerse presente : 

1.* Que los dos sacram entos llamados de muertos, q ue_SQn 
el bautismo y la penitencia . porque fueron instituidos para 
perd onar el pecado mortal , requieren de parte del que los re- 
cibe, como disposiciones previas ; 

a) Temor de Dios. 

6J Esp eranza 6 confianza en él mismo por los márito s^g_ 
Jesucrisíó^ 
'*^ Amor de Dios inicial. 

d) Odio y detefi tí^^.^i^i] ^^i pftcAdp (2). 

2.* Q ue en los sacramentos llamados de mvos , porque fue- 
ron i nstituidos para aumentar la. gracia santificante de los 
que los reciben . y que son la confirmación , eucaristía , ex- 
tremaunción . orden y matrimonio, se requiere la gracia 
santifi cante e n^ el sujeto además de los actos citados en el 
caso anterior. 

Sus efectos.— Todos los sacramentos de la nueva ley con- 
fie ren la gracia al sujeto que los recibe con las debidas dis- 
posiciones (3 ) ; pero los de muertos producen por su naturale - 
za y según su primaria institución la primera gracia ; 4dife - 
rencia de los sacramentos de mvos , que est&n llamados á 



(i) Sesión e,\ cap. Vil D^ Justificat. 

(2) Concil. Trid., sesión 6.», cap. Vi De Jusiifical. 

(3) Concil. Trid., sesión 7.*, cánoDes 6.', 7.«y 8.®, De Sacramen- 
ti$ in genere. 



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— 16 — 

produ cir por su naturaleza la graci a segunda , aunque podrá 
ocurrir en algunos casos que los de muertos^dén la gracia 
segunda y los de vwos la primera. 

Además : los sacramentos del bautismo , confirmación y 
orden imprimen carácter en el sujeto que los recibe , según 
definió el Concilio de Trento (1) ; el cual dice , que el carácter 
es un signo espiritual é indeleble , impre so en el alma , por 
cuya razo n^^gg gden reite ra rse los"citadorsacramentos . 

Ceremonias saspí^adas, 7 sus especies.— Se entiende 
por ceremonia sagrada: Un ocio externo de religión, que fué 
instituido por la Iglesia para el ornato y pompa del culto 
divino , decente administración de los sacramen tos ^ v va ra 
excitar la fe del pueblo. 

Las ceremonias sagradas se dividen en : 

Ritos sacramentales , que son las ceremonias que tiene n 
por o^jeí oja decente administración de los sacramen tos» 

¡Sacramentales, que son las ceremonias que se refiere n 
alculto divino en general. 

""""fotestad de la Iglesia para establecerlas .—Los lu- 
teranos y calv inistas no reconocen en la Iglesia autoridad 
para establecer nuevos ritos ó ceremonias f^éro es lo ciéríb 
que l a Iglesia r ecibió de Jesucristo potestad para promover el 
culto exterior y pa ra excitar la fe y l apiédad delosfielesr 
lo cual se consigue en gran parte por medio de los ritos y ce- 
remonias sagradas , ya en la celebración de los divinos mis- 
terios , ya en la administración de los sacramentos , y por 
esto dice el Concil io de Trento qu e la Iglesia tuvo siempre 
en la ad^ píg^'^n ^áon de los sacramen tos^ potestad para es^^ 
blecer ó la iudan^ s alva sien^pre la e s encia deellog^ cuanto 
juzgue ser más conducente, según las circunstancias de las 
cosas , tiempos y lugares, á la utilidad de los que los reciben, 
ó á la veneración de ellos (2). 
Su utüidad. — ^Estos ritos y ceremonias sacramentales son 

(i) Sesión 7.*, canon 9.* De Sacrament, in gfmere^ 
(2) Sesión 21 , cap. II. 



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— 17 — 

muy útiles , y a para tributar el homanaje y reverencia d ebi- 
da á los misterios de nuestra santa religión , y a para promo - 
ver la piedad de los fíeles fomentando su fe y snmpf.íAnHn ¿ < ¡ug 
sent idos las más elevadas verdades, 

3L6í3Jioi1io fifí Trp.nto, partiendo del principio que la na- 
turaleza humana no se eleva fácilmente á la meditación de 
las cosas divinas sin auxilios extrínsecos , ¿iofi. que l a Iglesia 
se valió de ceremonias , c omo ben diciones místicas , luces , 
incienso , ornamentos y o'irás muchas cosas de este género, 
1 son arreglo á la enseñanza y tradición apostólica , para re- 
comendar por este medio la maj estad de tan grande sacrificio 
( e l de la MÜsa ) y excitar los ánimos de los ñeles por estas se- 
ñales visibles de religión y piedad á la contemplación d élos 
altísimos mist erios que están ocultos en este sacrificio ( 1). 

Estas mismas consideraciones son la causa de que la Igle • 
sia baya velado siempre por la santa observancia de los ritos 
empleados en la solemne administración de los sacramentos, 
sin permitir que nadie pueda omitirlos , mudarlos ó alterar- 
los (2). 

Sacramentales, y su número. — Se l es da este nomb re 
por la semejanza q ue ti enen con los sacramentos , y porque 
sé emplea n en la administración de éstos. 

Los sacramentales se hallan comprendidos en las palabras 
siguientes : 

orans . tinctus , edens, confemus , dans , denedicens: 

La palabra orans indica la oración del Padre nuestro v 
las preces públicas de la Iglesia. — Tinctus expresa el agu a 
' Tendita . -Edens, e l^pañT)iñditf ). 6 los frutos de la Iglesia giift 
lian sido benditos fton r>i,ertP|g prAP.^g- — Gonfessus significa 
la confesion _ge nftral g ntf se hace al principio de la Misa y en 
las horas canónicas . — JDans , cu ya palabra comprende la li- 
mosna y todas las obras de misericordia.— if^^i^^éc^;^^ señala _ 
las vanas benc uciones msji tui^sjBor jajglfí^ia. 

(4) Sesión 22 , cap. V De sacrific, Miss. 

(2) Concil. Trid., sesión 7.*, canon i3 de Sacramentis in genere 

TOMO 111. 2 



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— 18 — 

Bendiciones y sus especies. — Las bendd^iones-üenen 
e l^ lugar princ ipal entre los s acramentales , y pueden definir- 
'^ : Los ritos meaiante los'cmles la Iglesia pide algún íieri 
en favor de los Aomires^ ó confiere virtud á ciertas cosas. 
Las bendiciones se dividen : 

Por razón del su jeto al cual se aplican , porque — unas se 
dan á las persona s— -y otras á lascosasj nanimadas . 
■■ .Por razón de su virtud — unas purifican , como los exor - 
cismos— ot ras expresan alguna cosa sagrada , como las can - 
delas en el dia de la Purifícacion h la _ ceniz a , palmas^ ci rio 



pascuft l — aJIIIlIlft*^ ^'^* dfístinap ^^ /^nifn Hiyi^ri <) ^ara las cosas 
ó personas. 

Por razón del ^n ^e áivi á k i ^ & íi -zz' invocativas , que tienen 
por objeto invocar la benignidad divina para que conceda al- 
gún bien á las personas ó cosas que han de ser bendecidas, 
sin cambiar de estado — constitutiv iis , que constituyen á las 
personas ó cosas permanentemente en cosa sagrada , sin que 
puedan mudar su estado. 

Por razón de la forma en — consagraciones , qu^e_sfi4ierfec- 
cionan por la s^unciones del óleo ó crisma sagrad o , imitando á 

"ios sacramentos de la confirmación y del orden , que se con- 
fieren por las unciones — bendiciones , que se hacen por la^ s^ 
persion d el agua bendita^, e imitan al bautismo que se con- 

~ iiere porél agua. 

Por razón del rito accidental , las bendiciones se dividen 
en : — solem nes , qu e son las que se hacen con ma yor pompa , 
asistiendo m\xoEós jmmstros ,^-Jimj)les , las cuales ^ hacen 
ún el'^araj ojpi^jgtSuOtc^s. 

Por razón de su relación con los sacramentos , — unas 
acompa ñan á los sacramentos . comoMa^bendicion dft] Ranti- 

" líBigr gacramentQ , la bendición da-las^ nupcias ^ — otras son 
meramente personal es , como la be ndición del pueblo por el 
S umo Pont í fice 6 los obispos, '^ 

" Quiénes el minisxro Heellas.— Asi como la adminis- 
tración de sacramentos corresponde por derecho divino á di- 
versos grados jerárquicos ; de igual suerte , la potestad de 



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— 19 — 
Administran» los sacramentales pertenece por derecho ecle« 
s iástíco á distintos órdenes , s iendo) yn^V^'g^^g ^^ "^«^^ ^^g ohis- 

png yHftjYhrfts \q^ prpchif orne 

sndiciones propias de los obispos.— Acerca de las 

bendiciones episcopales debe advertirse : 

a) Que algunas de ellas están de tal modo vinculadas á los 
obispos , que no se delegan en los presbíteros , como las ben- 
diciones del crisma y óleo de los enfermos ; la bendición de 
abades ó reyes, la consagración de iglesias, altares y cálices. 

6j Que otras destinadas al uso y ornato del sacrificio, 
como los corporales , y ornamentos sacerdotales , no están 
vinculadas de tal modo á los obispos que no puedan delegarse 
á los presbíteros. 

El Pontifical Romano señala las bendiciones propias de los 
obispos, y que no pueden hacerse por los presbíteros á no 
mediar indulto apostólico. 

B endiciones que pueden hacerse por los presbí- 
teros. — ^El Ritual Romano contiene las bendiciones que pue- 
den hacer los presbíteros por derecho propio ó delegado , y 
acerca de las cuales ha de tenerse presente : 

aj Que los sacerdotes son los ministros ordinarios de aque- 
llas bendiciones , que se hacen sin unción sagrada , y que se 
perfeccionan por la aspersión del agua bendita, como las con- 
tenidas en primer lugar en el Ritual Romano ; pero algunas 
de ellas son propias de los párrocos. 

6J Que los presbíteros son ministros por delegación de las 
bendiciones contenidas en el Ritual Romano, bajo el título : 
Benedictiones ab episcopo , vel ab aliis facultatem haden ti- 
^us , faciendo. 

c) Gomo los sacramentales son de institución eclesiás- 
tica , la Iglesia autoriza alguna vez á los clérigos de orden 
inferior para administrar los sacramentales , por más que no 
sean sus ministros ordinarios , así como no lo son de los sacra- 
mentos por derecho divino. 

d) Las bendiciones hechas por aquéllos que no han recibi- 
do de la Iglesia esta potestad , son siempre ilícitas; pero no 



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— 20 — 

son nulas cuando se trata de bendiciones para las cuales pue- 
den obtener delegación , como la bendición de ornamentos sa- 
cerdotales hecha por un simple presbítero. 

Su materia y forma.—- Las bendiciones tienen, como los 
sacramentos , su materia , que son las cosas objeto de bendi- 
ción , y su forma , la cual consiste en las palabras ó ritos 
prescriptos, como el signo de la cruz, los exorcismos ú ora- 
ciones , la aspersión del agua bendita. 
Si podrán alterarse.— Como la virtud de las bendicio- 
nes consiste en la invocación é intención de la Iglesia , no 
pueden omitirse ni alterarse las palabras ó signos prescriptos 
por ella , y por esta razón no pueden emplearse otras fórmu- 
las que las conteñidas en el Pontifical , Misal , Ritual , ó que 
han sido aprobadas por la Santa Sede. 

Electos de los sacramentgd.es.— No producen la gracia 
santi ficante , ni otros efectos espirituales ó corporales por sí 
^mismos ó por v irtud propia {ex opere operaúoj; porque esta 
eficacia compete únicamente á los sacramentos. 

Los efectos que suelen acompañarles no dependen tampo, 
co única y exclusivamente de las disposiciones del que los 
aplica , sino que su virtud espiritual procede de las preces de 
la Iglesia ; la cual pide al Señor se digne conceder el efecto 
designado , á los que usen piadosa y fielmente de los sacra- 
mentales. 

De modo q"ft^];ftfc;^t«^dft^^ nn f><^ ínfaliblp, 

porque no se funda en una prom esa especial de Dios ^ sino jm 
lajíex^ eflcacia^ £üm4^^ por ptra partft 

«lesi ícristo ama á su, I glesia ^ Igs oraciones de ésta sirven en 
gran manera para impetrar los dones celestiales. 

^ Los^elfeCtüTHé los sacramentales en el sentido indicado 
son los siguientes: 

a) Puede n perdon ar los pecados mortales y produ cir Ta* 
gra cia ^ahf íScante mediatamentej porgóle en .virtu¿_ de~la s 
oraciones deTaTgl^síarlmpét ran de Dios los auxilios de lagra- 
cia actuaTpára hace r actos de contrici ón y de caridad. 
- ^ Perdonan los pecados veniales, porque el Señor produce 



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— 21 — 



en los hombres , con ocasión de los sacramentales , las dispo- 
siciones necesarias al efecto. 

c) Se concede á manera de indulgencia el perdón de la 
I>ftnftJpmiK>rq| dehidñ p^r l^s p^f.ados, 

' d) S e obtiene algnn hiftn tftmpnral , rtopio la saín j y otffíS. 
efectos cor porales ^ fí.spi''^^""^^? 

CAPÍTULO II. 

DEL BAUTISMO. 

Etímolo^a de la palabra bautismo, y clases de és- 
te. — La palabra bautismo procede de otra griega correspon- 
diente á las palabras latinas /gt?Q, tingo , immerg o , abltWy que 
significan en castellano limpiar , bañar , lavar, s u mergir . 

El bautismo puede ser : 

Sanguinis ó de sangre , el cual consiste en sufrir el mar - 
ti rio por Jesucristo . 

Flaminis, \ dft de fi fío , qne fis ^1 Yf\t r^ ^ 4 d ft ftgo dft recihir p 1 
sa cramento del bautispa o. 

Fluminis . ó de agua^ que es el prim er sacramento de la 
nueva ley , y del cual se jr^ta ptn ft.stft Ingay . 

Su definición. — Se entiende por bautismo: Un sacramen- 
to instituido por Jesucristo para la regeneración espiritual 
del hombre por la ablución exterior del cuerpo con agua bajo 
la forma prescrita. 
I — -'Institución divina del bautismo. — La Sagrada Escri- 
tura habla de esta verdad en repetidos lugares (1); y el Con- 
cilio de Trente la sancionó (2) bajo pena de excomunión con- 
tra los que sostuviesen lo contrario. 
^-Tiempo en que tuvo lugar.— La Sagrada Escritura y 
la tradición guardan silencio sobre el tiempo en que lo insti- 

{\) S. Joan., cap. III . v. 22.— Cap. IV. v. i.«— Matth. , cap. XXVIII. 
V. 19.— Joan., cap. III . v. 5.® 
(2) Sesión 7.*, canon i.** 



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— 22 — 

tuyo; pero es indudable que lo verificó antes de su pasión y 
muerte , porque las mismas Sagradas Escrituras refieren que 
Jesucristo, después de haber arrojado del templo de Jerusa- 
len á los negociantes (1) y de haber instruido á Nicodemus, 
príncipe de los judíos , sobre la necesidad del bautismo, se 
trasladó á la Judea con sus discípulos y bautizaba (2) por 
medio de ellos , lo cual prueba que había ya instituido este sa- 
cramento. 

Diferencia entre el bautismo de S. Juan y el de 

Jesucristo, — S. Juan Bautista , último de los profetas de la 

if"!^ .Í^'^'P^ antigua ley , y precursor del Señor, b autizaba en aguaL (3) y 

f? ^ p redicaba el bautismo de la penitencia , como medio d e recib ir 

"'^''^-^^ — g^amenteltl Me sías y O btener el perdón de los pecados ; pero 

.^ ,^ su bautismo no era sacramento , ni confería la gracia ^ y má& 

...^^^^.^¿^t^.^^Kt'l^^^ Bien puede considerarse co mo cierto sacramental que^ dispo- 

^ jy nía para la recepción del bautismo de Jesucristo ; y por esta. 

A^r /a-^^ razón e l Concilio de Tr e nte anatematiza al que dijere que el 

ba utismo de 8. Juan tiftíip. ig na,] v irtud y eficacia que el bau^ 

L^*^ ^ ^ ^ í^ / # Materia remota del sacramento del bautismo.— La^ 

materia remota del bautismo esjel agua natu ral, según elman- 

. dato de Jesucri sto (6); y con agua bautizaban los Apóstole s, 

El Concilio de Trente, haciéndose cargo del error de los 

luteranos, pa ra quienes es válido el bauti smo administrado 

jgon vino óJfí cSe, condena esta doctrina con las palabras sin 

guientes : «Si alguno dijere que el agua verdadera y j oatU' 

arftl y^f> ftR nP.f.ftr<^ftnR pgj*ftft1^Rm*n^^ del bautÍsmo^_yjiOP_ 

«estemotivodiese un sentido metafórico á a quellas palabra s 
» 3e^uestro Señor Jesucristo : QvAen rio re naciere del aQua y 
^deLEs^iritií^múo ; se^ excomul^ gx^g Í6^. 

(1) Evang. S. Joan., cap. H, v. 15 ; cap. III. 

(2) Evang. S. Joan., cap. III, v. 22 ; cap. IV. v. i/ 

(3) Evang. S. Maro., cap. I, v. 8.— S. Juan , cap. I , v. 26. 

(4) Sesión 7.% canon i.** De Baptismo. 

(5) Evang. S. Joan,, cap. III, v. H.^Actus Apost., cap. VUI, v. 36, 

(6) Sesión 7.^ canon 2/ De Baptismo. 



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— 23 — 

Es indiferente para la validez del bautismo que el agua sea 
de pozo , fuente , rio ó de lluvia , fria 6 templada . h^nHit.?^ g 
sin behdgcir. 

Su béMicion.— La Iglesia acostumbra desde muy anti- 
guo bendecir primero el agua destinada para administrar este 
sacramento, cuya bendición se llamó por los Padres santifica- 
ción y consagración , teniendo lugar este acto entre los lati- 
nos el sábado santo y el de P entecostés , porque en estos dos 
dias se acostumbraba á conteíir el Bautismo, solemne. 

Entre los griegos se bendice el agua cuando se va á admi- 
uistrar este sacramento ; pero en todo caso es necesario usar 
de agua bendita para la licitud del bautismo , á no mediar 
una verdadera necesidad (1). 

Materia próxima de este sacramento , y modo de 
verificarse. — La materia próxima es: La ablución exterior 
del cuerpo con agua que ha de correr inmediatamente sobre el 
cuerpo del bautizando. 

Esta ablución puede hacerse por : 

Aspersión, ó sea en la form a que los fíeles suelen rec 
a gua bendita en la iglesia k ^^f^^ ^^ i« rnisft pnrcogiiiaJ 



tUL^ 




Inviersion, trin a (^una , según que se introduce una ó tres /^ 

4y 



ñ^'/^ 



veces el cuerpo del bautizando en el ag ua , como en un baño. j^^yJ^'yyi fhr^^O^ 



' Infustoh , qii e C?.vnsl¿té en derramar agua sobre la cabeza 
del que se bautiza , cuya forma es la usada en la Iglesia \dXi - ^ ^^^-t^i^^^^*^ 

" na de muchos siglos á esta parte. ^ // 

Es indiferente para la validez del bautismo que se admi-¿^u^ i^ /' Ut^^ 
nistre de cualesquiera de los tres modos indicados ; pero se re- /^ 
quiere hoy para su licitud , que se haga por ablución e n la C^^^^V^^'^V^ * 
Iglesia latina , porque e s la forma adoptada en la misma des > 
de el siglo XIII (2). 

""Bu formad y requisitos necesarios para su validez. 
— La forma de este sacramento fué prescrita por nuestro Se- 
ñor Jesucristo cuando dijo á los Apóstoles: Euntes ergo docete 



(4) Vecchiotti : Inst, Canon,, volumen 3.°, cap. II , par. 6.* 
(2) Dbvoti : Inst. Canon., lib. II , tit. II , sect. i .* 



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— 24 — 

omnes gentes : baptuantes eos in nomine Patris , et Filii, et 
Spiritus Sancti (1). 

Con arreglo á esta doctrina , la Iglesia latina usa de la 
forma: Ego te baptizo in nomine Patris, etFiliü et Spiritus 
iSancti. 

Los griegos emplean esta otra forma : Raptizatur servt$s, 
vel serva Dei N. in nomi7ie Patris^ et Filii , et Spiritus 
Sancti. 

Es indiferente para la validez del sacramento cualquiera 
de las dos; pero los ministros tienen obligación de observar la 
de su respectiva Iglesia. 

Es de absoluta necesidad para la validez del sacramento 
que se exprese en la forma : 

I. L a acc ión del bautizante y la perso na que ha de ^ ser 
bautizlida ^perteneciendo por lo tanto k la esencia de la for- 
ñuflas palabras baptizo te. 

Por esta razón dice Alejandro III: Si quis puerum ter in 
ajua immerserit , in nomine Patris , et Filii, et Spiritus 
Sancti.amen: et non dixerit , ego te baptizo... nonestpuer 
baptizatus (2). 

Alejandro VIII condenó por igual motivo la proposición 
siguiente: Valuit aliquando baptism^ts sub hac forma colla- 
tus, in nomine Patris , etc., prstermissis istis, ego te bap- 
tizo. 

II. La unidad de naturaleza por las palabras in nomine: de_ 
modo que si u no dijese en luga r_de,aquellas-í;t nnmínJbus, el 

_bautis mo sería nul o. 

III. Invocación expresa y distinta de las tres personas de 
la Santísima Tr inidad , con arreglo á la práctica~yTradiclon 
perpetua y constante de la Iglesia (3). 

Necesidad del bautismo. — Para resolver con claridad 
este punto, debe advertirse que la necesidad puede ser : 

(i) Matth.. cap. XXVIll , v. 49. 

(2) Cap. I, tít. XLIl, lib. III Decret. 

(3) Devoti : Inst. Canon. , lib. II , tít. II , sect. i.» 



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— 25 — 

De precepto, entendiéndose por esta palabra aquello que 
no puede omitirse voluntariamente sin pecado. 

De medio, ó sea aquello sin lo cual no puede conseguirse 
la salvación, ya se omita voluntaria ó involuntariamente. 

La necesidad de medio incluye siempre la necesidad de 
precepto respecto á las personas capaces de él. 

La necesidad de medio puede ser : 

Absoluta, ó sea aquello sin lo que obtenido en si mismo 7t,o 
puede alcanzarse la salvación . aun cuando se carezca de ello 
sin culpa alguna. 

En este caso se hallan todos los medios internos necesarios 
parala salvación, como la ■f'e, esperanza, caridad j gracia 
santificante. 

Hipotética , que es aquello sin lo cual obtenido en si ó en 
su equivalente no puede alcanzarse la salvación , aunque se 
carezca de ello sin culpa. 

En este caso se halla el bautismo de agua, al cual suple ó 
son equivalentes el bautismo de sangre y el de fuego ó de 
deseo. 

El bautismo es necesario á los adultos con necesidad de 
precepto , porque Jesucristo dijo á los Apóstoles : «Se me ha 
»dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, ense- 
»ñad á todas las gentes , bautizándolas en el nombre del Pa- 
wdre , y del Hijo y del Espíritu Santo (1).» 

El precepto impuesto á los apóstoles en las anteriores pa- 
labras encierra otro respecto á los hombres , porque al man- 
dato de bautizar es correlativo el de recibir dicho sacra- 
mento. 

El bautismo es además de necesidad de medio hipotética á 
todos los hombres para alcanzar la salvación , según lo de- 
muestran aquellas palabras de Jesucristo : Nisi quis renatus 
fuerit ex aqua , et Spiritu Sancto, non potest introire in 
regnum Dei (2) ; así que el Concilio de Trente fulmina la pena 



(i) Matth.. cap. XXVIII, vv. 18 y 19. 
(2) Evang. S. Joan , cap. 111 . v. 5. 



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— 26 — 

de anatema contra los que dijeren que el bautismo es libre y 
no necesario para la salvación (1). 

Pero existe la diferencia entre los adultos y los párvulos 

en cuanto á la necesidad de su recepción , que los primeros 

pueden suplirle con el bautismo de sangre y el de fuego, y los 

párvulos sólo con el martirio. 

j' ^ El martirio es medio supletorio de aquél. — El mar- 

^2/1^ '?^'V^^^^^ríOi,áb ^utismo de sangre > su ple ex oper eyperaúo en cuant o 

/ * ^ á la pena respecto á los adultos y párvulos al bautismo de 

■í¿' 'r^>^ ♦ ^ gua en todos ¿115 efóCtóS, á e srgüpcion ^el 6ftPácter y grac ia" 

sacramental;* porque , como dice S. Agustin: «Todos los que 

)>mueren por la fe de Cristo consiguen la remisión (ie sus 

«pecados del mismo modo que si hubieran recibido el bautis- 

»mo de agua, puesto que el mismo que dijo: Nisi quis rena- 

yitícs fuerit ex agua, etc., manifestó también en términos no 

»ménos generales : Qai me confessus fvsrit , etc., Quiperdi- 

yiderit animam suampropter me, inveniet eam (2).» 

De modo que por el martirio se perdona el pe cado en 
w cua nto á la culpa y pena tanto eterna como temporal^, y por 

H tKí \j(Mi4 ^^^^ razón dice Inocencio III : Injuriam f acü jriartyri qu i 
. , ^ orat vr ornar ty re ( 3). 

jy^difi^i (jiiMt^ Req[Uisitos necesarios al efecto.— Mas para que el 
' ^ / tüX IvL. martirio sea verdaderamente tal y supla al bautismo de agua, 
se requieren las condiciones siguientes : 

I. Para que el martirio de los párvulos y de los adultos de- 
mentes produzca todos sus efectos, basta que se_Jesjiansfi^ó 
dél amuerte en odio de la fe y de la r eligión cristiana^ 

II. Respecto á los adultos que se hallan en el ejercicio de 
sus facultades intelectuales, es necesario : 

a) Muerte real ó herida mor tal en odio á l a fe ó de alg una 
vi rtud cristiana , se gunji,qiift11as palabras Hp Jesucristo : Qui 
duúem perdiderit aninmm suampropter me, et Evangelium, 

(i) Sesión 7.^, canon 5 , l}e Baptismo, 
. (2) Lib. Xlíl . De Civü. Dei , cap . Vil. 

(3) Cap. VI . párrafo 2.^ lít. XLI , lib. III DecreU 



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— 27 — 

saham faciet eam (1). Beatt , qui persecutionem patiwthtur 
propter justitiam (2). 

b) Muerte ó herida mortal sufr ida sin volu ntad de defen- 
derse . ^porque el martirio ha de asimilarse á la muerte de 
Jesucristo, quien como cordero fué llevado al sacrificio; y ^r 
esta razón los militares que mueren en guerra de religión no_ 
s on verdaderos mártires . 

c) Aceptación de la muerte , porque para ser meritoria, 
debe ser de algifti modo voluntaria en aquellos que son capa- 
ces de actos voluntarios. 

d) Dolor sobrenatural de los pecados , porque , como dice 
el Concilio de Trento : « este dolor v detestación del pecado 
cometido ha sido en todos tiempos necesario para obtener s^ 
perdón (3 ).» 

Si la caridad suple al bautismo de agn^a.— El bau- 
tismo de fuego ó de deseo suple al bautismo de agua ex opere 
operantis, ó sea en virtud de jos m éritos d el q ue lo rec ibe ; y 
confiere la gracia santificante con los demás dones que acom- 
pañan ; pero no perdona toda la pena temporal , debida por 
los pecados, á menos que la caridad ó amor de Dios sea de 
parte del sujeto tan intenso que merezca la remisión de toda 
la pena. 

Tampoco este bautismo imprime carácter, ni confiere la 
gracia sacramental. 

Esx>ecies de bautismo por razón de su solemni- 
dad. — La administración del bautismo puede ser. 

Solemne, dándose este nombre á la que se verificaba en las 
solemnidades de Pascua y Pentecostés. 

Pública, ó sea la que se hace ordinariamente con los ritos //"Ih^yi/lyCy. 
y ceremonias prescritas en el Ritual Romano. ^ ^ / 

Privada, 6 sea la que tiene lugar en el caso de necesidad, ^ré^ ^T^^ " - 
Clases de xninistro de este sacramento.— El rainis- V" 

tro del bautismo puede ser : 

(i) Marc. :cap. VIII, v. 35. 

(2) Matth. : cap. V, v. 40. 

(3) Sesión 14, cap. IV, De Conirítione. 



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— 28 — 

Ordinario, q ue es la pers ona que lo administra por oficio. 

Exúraordhiario, ó sea IsTp efsoinrque lo admintistra por de- 
l egación del ministro ordinario . 

De necesidad j la persona que lo confiere al que se halla en 
peligro de muerte."" ~~ 

Ministro ordinario del bautismo solemne.— El mi- 
nistro ordinario del bautismo solemne es el obispo, y por esto 
se observa que ellos únicamente lo conferian en^ lo antiguo, 
á menos que se hallasen impedidos , ó la silla"episcopal estu- 
viera vacante , en cuyos casos hacían sus veces los arci- 
prestes (1). 

Ministro ordinario y extraordinario del bautismo 
público. — El ministro ordinario del bautismo público es el 
obispo Y pre sbítero- paro e gte último no lo confería £iL Ía_ 
antigua disciplina sin permiso del obispo, y e n la actualidad 
es derecho parroquial , no pudiendo, por lo tanto, el presbíte- 
ro administrar lícitamente este sacramento sin licencia del 
obispo ó párroco (2). 

Los diác onos son j os ministros extraordinarios del ba utis- 
mo público, y ^jirLqnft ftl Hj^/^f^rin t^^püj^a confi^rió el bjmtismp 
en Samaría al eunuco de la reina Candac ^ (3), siempre se ha 
""crgido que ejerci<S p.st.p. Tniniid;m*in pn vi>*tv;jjjlfí_del egacion . 

En el mismo sentido se entienden las palabras Diaconum 
oportet baptizare , pronunciadas en la ordenación de los diá- 
conos , porque fueron instituidos propiamente para el servicio 
de las mesas y servir á los de órdenes mayores en la adminis- 
tración de sacramentos y otros actos del culto ó ministerio 
sagrado. 

Por esta razón se halla consignado en el Derecho : Cons- 
tat baptisma solis sacerdoúibus es se tractandum; jejusqm 
mysterium neo ipsis diaonis explere est licitum, absque 
episcopo, vel presbytero (4). 

(1) Berardi: [nsHluciones de Derecho Eclesiástico, lib. IV, tít. III. 

(2) Manual Eclesiástico, por el autor de este libro, pág. 63. 

(3) Act, AposL, cap. VIII , vv. 12, id y 38. 

(4) C. XIII , dist. 93.-C. XIX, dist. 4.» De Consecrat. 



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— 29 — 

Quién es el ministro de necesidad. —El ministro de 
necesidad e s cualquier persona , ya sea varonóhembra , clé- 
rigo 6 lego, h^^rfíjfí f^ infiol \ lo^ cuales pueden coníenr válida 
y lícitamente este sacramento sin solemnidad en caso de ne- 
cesidad (1), y así lo declaró el Concilio IV de Letran en el 
capítulo Firmiter, lo mismo que Eugenio IV en el Concilio 
de Florencia eon las palabras siguientes: hi casu auúem ne- 
cessitatis non solum sacerdos, vel diaconus, sed etiam laicus, 
vel mulier, immo etiam paganus , et hcereticus , baptizare 
potest, dummodo formam serve t UcclesicB, et faceré intendát 
quod facit JScclesia, cuya, doctrina sancionó de nuevo la 
Iglesia en el Concilio de Trente (2). 

La razón de esto es la voluntad de Jesucristo, dada á co- 
nocer por la práctica y tradición de la Iglesia , fundándose, 
sin duda , aquélla en su verdadera voluntad de salvar á todos 
los hombres .; y como este medio de regeneración es necesa- 
rio á todos , de aquí el que pueda conferirse por todos , á fin 
de que nadie se prive de este medio de salvación : pero no 
puede uno bautizarse á sí mismo , porque le basta el bautis- 
mo de deseo (3). 

Su administración á los adultos, y disposiciones 
necesarias al efecto. — T odos convienen en que los adul- 
tos son aptos para recibir es te sacramento . según aquellas 
palabras de Jesucristo: Docete omnes gentes, baptizantes 
eos , etc. (4) ; y los mismos herejes sostienen esta doctrina. 

Se considera ordinariamente como adultos á los qued an 
cumplido siete años , á menos que haya fundado motivo para 
creer que no existe en ellos la discreción bastante al efecto. 
También puede ocurrir que su razón se halle antes de la ex- 
presada edad suficientemente desarrollada para saber lo que 
piden, en cuyo caso habrá de considerárseles como adultos 
para este acto. 

(i) C. XXI y XXXVI , dist. 4.» De Consecral. 

(2) Sesión 7.^, canon 4.® De Baptismo. 

(3) Cap. IV, tít. XLII , lib. III DecreL 

(4) Matth. , cap. XXVÍII, v. 49. 



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-^ 30 — 

Es requisito necesario en los adultos para que se les admi- 
nistre el bautismo : 

a) Q ue lo pidan espontánea y libr emente , p orque , como 
dice el Concilio IV de Toledo : Hoc pracepit sancta synodus, 
nemini demceps ad credendum vim inferre... non emm tales 
inviti salvandi sunt, sed volentes; ut integra sit forma jus- 
titia (1) , y esta misma doctrina se prescribe por Clemente III 
en su constitución de 1190 (2). 
6) Que, tenga n la instrucción felíp-iosa s nfici^nt^e. 
/ cj Que se explore su voluntad á fin de conoce rjosjgotí- 

^ / . vos^ie les mueven áj edireTHauSsino^ 

( / J — '"'^GateqfTiismo y catequista. — El bautismo se confería 

desde luego en los primeros tiempos de la Iglesia á los adul- 
tos que reunían los requisitos indicados ; pero la experiencia 
acreditó después , que no era bastante sólida la fe de los que 
habían sido admitidos al bautismo de este modo, sin que me- 
diase peligro de muerte (3) ; y por esta razón se instituyó el 
• catequismo, á fin de que se probara detenidamente la fe y la 

vida de cada uno de los bautizandos. 

Se llama catequista á la persona encargada de instruir ¿ 
los bautizandos desde el momento que ingresaban entre los 
oyentes , ó sea en el primer grado de los catecúmenos. 

Los obispos ó presbíteros , los diáconos ó clérigos menores 
y aun los legos , desempeñaban este cargo en los atrios de la 
iglesia ó en lugares unidos á ella. Allí se los instruía con el 
mayor esmero y diligencia en las prácticas de la vida cristia- 
na y en las verdades de la fe, empezando por las más sencillas 
y fáciles de comprender, sin hablarles de los misterios y ritos 
sacramentales hasta que se aproximaba el tiempo de admi- 
nistrarles el bautismo. 

A esta ocultación de los grandes misterios de nuestra re- 
ligión se daba el nombre de arcano , y esta es la célebre doc- 

(4) C. LVII. 

(2) Cap. IX, lit. VI, lib. V DecreL 

{3) Devoti : Inst, Canon. , lib. II , tít. li , sect. 4.» 



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— 31 — 

trina del arcano, que recibida de Jesucristo y de los Apósto- 
les , se conservó entre los cristianos hasta que cesó y fué casi 
extinguida la superstición del gentilismo (1). 
— Catecúmenos, y sus distintos gn^ados.— Se da el 
nombre de catecúmenos á las personas que se están prepa- 
rando para recibir el bautismo. 

Los catecúmenos se hallaban distribuidos en tres ó cuatro 
grados, que QTñ,n—oyentes^genuJlectentes— competentes ó 
electos (2). 

Se daba el nombre de oyentes á los que oían en la Iglesia las 
sagradas escrituras y la predicación , después de ser admiti- 
dos entre los catecúmenos con la señal de la cruz , imposición 
de manos y ciertas preces ; pero éstos no asistían al acto del 
sacrificio , sino que terminada la predicación y la lectura de 
las sagradas escrituras , salían de la Iglesia como los gentiles 
en el momento de pronunciar el diácono las palabras : Ne 
^uis audientium. ne quis müdelium. 

Los genujlectentes recibían arrodillados la imposición de 
manos del obispo , acompañada de ciertas preces , y la parte 
de la liturgia perteneciente á ellos se llamaba oración de los 
catecúmenos. No salían de la Iglesia hasta que el diácono los 
mandaba salir , pronunciando las palabras : Quicumque cate- 
chwmeni . discedite. 

Se llamaba competentes á los que, instruidos ya en la fe, 
pedían el bautismo cuando se aproximaban las festividades 
en que se administraba solemnemente. Los que de éstos eran 
incluidos en el álbum de los bautizandos recibían el nombre 
de electos , y también el de competentes : daban el nombre 
que había de imponérseles : recibían el símbolo y la oración 
dominical : confesaban sus pecados : hacían penitencia y se 
sometían á la imposición de manos , exorcismos y preces : re- 
cibían en la boca la sal bendita : se lavaban los pies y la ca- 
beza , ungiendo después ésta con el sagrado óleo. 

(1) Devoti : Libro y titulo citados. 

(2) ViLLAPfüNo : Summa Concil, Hispan, , nota i.* al canon 17 del 
Concilio I de Braga. 



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— 32 — 

Duración del catecumeiiado , y solemnidades en 
que se confería el bautismo á los catecúmenos.— La 

4uracion del catecumenado no era igual en todas partes , ni 
lo mismo para todos. 

Respecto á las solemnidades en que se acostumbraba á 
conferir el bautismo , también hubo variedad en la discipli- 
na , porque primeramente se hallaban designados para este 
acto los dias de Pascua y Pentecostés : después el dia de la 
Natividad del Señor y otros dias festivos (1). 
^ Ritualidades en el bautismo de los catecúmenos. 
En todo caso , llegado el dia en que había de conferirse el 
bautismo , los catecúmenos , después de dada la paz á la igle- 
sia , eran conducidos al baptisterio , que era un lugar sagra» 
do , contiguo á la iglesia, y allí se les confería el sacramen- 
to , observándose antes ciertas ritualidades que pueden resu- 
mirse en lo siguiente : 

a) Renunciaban á Satanás , á sus pompas y vanidades por 
tres veces , mirando al Occidente ; y á este efecto practica- 
ban ciertas ritualidades adecuadas al objeto. 

b) Acto seguido , volvían su cara hacia el Oriente , se ads- 
cribían. á la milicia de Cristo , á quien prometían servir per- 
petuamente . 

c) Profesaban la fe según las palabras del símbolo , que 
repetían solemnemente tres veces con las manos y ojos eleva- 
dos hacia el cielo , y acto seguido recibían el bautismo. 

d) Se los ungía después en la parte superior del cuerpo; 
se los vestía de blanco , colocándose en su cabeza un velo y 
una corona , y se ponían en sus manos velas de cera encen- 
didas. 

e) Por último , se les administraba la confirmación y euca- 
ristía , dándoles en seguida leche y miel bendita para signifi- 
car su infancia en la vida espiritual. 

Legislación vigente acerca de este punto. — Mu- 
id) Devoti: Jnsi. Canon,, Y\h. II, tit. 11, sed. 4.', párrafo 33, 
nota 2.» 



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1 



— 33 — 

clias de estas ritualidades no están ya en uso , habiendo tam- 
bién cesado aquella solemne catequesis con sus distintos gra: 
dos ; así que lo^ adultos que se convierten hoy á la f e , no se 
sujetan á las antiguas prácticas , pero se pone gran cuidado 
respecto á su instrucción en la fe , y se exige que se entre- 
guen á la práctica de las buenas obras , administrándoseles 
después el bautismo. 

Respecto á los adultos protestantes , que abjuran sus erro- 
res y cuyo bautismo recibido por ellos es dudoso , se les admi- 
nistra bajo condición , debiendo confesar en seguida los peca- 
dos de su vida pasada, recibiendo bajo condición la absolu- 
ción de ellos. 

j^ Administración del bautismo á los párvulos.— 
Los reciennacidos son también sujetos aptos para recibir el 
bautismo^ y la Iglesia prescribe que se les administre á la 
posible brevedad para su santificación , porque existe en ellos 
el pecado original , que los excluye del reino de los cielos, 
como enemigos de Dios. Por esta razón se procuró siempre 
que no muriesen sin haber recibido este sacramento. 

Doctrina de los protestantes, y su condenación. 
— ^Los luteranos y calvinistas dicen que debe preguntarse á 
los párvulos cuando lleguen al uso de la razón : Ratumne ha- 
berent quod suscepúores illorum nomine pollicüi sunú in iap- 
tismo. Si respondeant se rattm, habere , Hnc publice renové- 
tur eaprofessio: que en el caso de que se nieguen á ratificar 
lo que los padrinos prometieron en su nombre, entonces , di- 
cen , debe dejárseles en libertad hasta que se arrepientan, no 
imponiéndoles en el ínterin otra pena que la privación de re- 
cibir la Eucaristía y los demás sacramentos. 

Esta doctrina de los protestantes es ima consecuencia de 
su principio fundamental del libre emmen ; pero se opone no 
sólo al derecho divino , sino también á la ley natural , según la 
cual todos los individuos están obligados al cumplimiento de 
las leyes del país en donde nacen. 

Con razón , pues , el Concilio de Trente anatematiza á los 
que digan «que se debe preguntar álos párvulos, cuando jle - 

TOMO III. 3 



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- 34 — 

)>gue n al uso de la razón , si quieren dar por bien hecho lo que 
)> ar6autizarlos pr ome tierofTlos pad rinos en su nomb re , y que " 
y»s i respondieren quenó , se les debe dejar á gu arbitrio , sin 
»precisarlos entre tanto á vivir cfisti anameate , ni imponién *' 
)> doíes otra pena que la ~privaclon de^ la Eucaristía y demás 
^s acramentos , hasta que se convi grtanTIT»^ 
• — Doctrina de los anabaptistas~s6Bl*e este punto.— 
Los anabaptistas, aceptando la doctrina protestante de la sola 
fe justificante, dedujeron que el bautismo conferido á los 
párvulos es nulo , porque son incapaces de hacer por sí mis- 
mos actos de fe ; cuya doctrina fué aceptada por los socinia- 
nos y arminianos. 

El Coocitk) de Trento siguiendo la práctica constante de 
la Iglesia, fundada en la revelación, anatematiza «á los que 
wdijeren que nadie se debe bautizar , sino en aquella edad que 
»tenia Cristo cuando fué bautizado , ó en el mismo artículo 
»de la muerte (2).» Igual anatema fulmina contra los que 
dijeren, «que los párvulos después de recibido el bautismo, no 
»se han de contar entre los fieles , por cuanto no hacen acto 
»de fe , y que por esta causa se deben rebautizar cuando ne- 
sguen á la edad y uso de la razón , ó que es más conveniente 
»dejar de bautizarlos, que el conferirlos el bautismo én la 
»solá fe de la Iglesia , sin que ellos crean con acto suyo pro- 
»pio (3).» 

Reglas que han de tenerse presentes acerca del 
bautismo de los párvulos.— Acerca del bautismo de los 
párvulos ha de tenerse presente : 

a) Que es necesario hayan nacido ^egunJar ^arn e , po cque 

es inútíTe l bautismo de aquéllos^ giip innlm'HQj^ Hftntrn Hfti 

-ifrteigmatftynn ^ nr> pwftHftti rpr.ihir p1 «ffi^^J pcro en caso de 

necesidad podrá conferirse , según muchos escritores , á los 
que sin haber sido dados á luz en ninguna de las partes de 

(1) Sefion 7.*, canon i i De Baptismo. 

(2) Sesión 7.», canon i2 ñe Baptísmo. 

(3) Sesión 7.*, cá«on 13 De Báptismo. 



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— 35 — 

BU cuerpo , puedgn^rec íbir el ag uft pm* m^Ain Hp nn ^n^jxi^i^ 
mentó (1). 

i) Que si el cuerpo del párvulo ha salido á luz en cuanto á 

Bil guna de sus partes , deberá conferírsele el bautismaen p e- 

^ ^de muerte . si n q ue ha ya de rft petirse cuando ha recí- 

""Sido el agua en la cabeza ; per o se le volverá á bautizar hnj g 

co ndición . si el agua sólo ha tocado inmediatamente alg una 

otra parte del cuerpo (2). 

ú) Qne el bautis mo no hadp. dilatar gft rr\Á,f^ all ádftl rxty vmn 
dí a desde su nacimiento , po r los grandes peligros á que se 
fiaíla ftTpnP^ft yi ^ññit (.^) 

d) Que no ha de conferirse el bautismo indi stintamente á 
todos los párvulos nacidos , sino sólo á los que hay esperanza 
úe que cuando sean adultos~perseverar án en la religión , ha- 
llá ndose en este caso los hij os de los cristian^sT ' 
** ^ El bautismo ha de adminis trarse al párvulo en la igle- 
siade la parroquia en que na nacido > sm'ótl'a eACepcicm 
legal que la hecha en favor de los hijos de los principes y de 
los que se hallan en peligro de mu erte (4) ; lo c ual tien e 
fgualmente aplicación al bautismo de los adult os. 

8i podró bautizarse á los liijos de los herejes é 
infieles contra la voluntad de sus padres.— Los he- /- ^ 
rajes son subditos de l a Iglesia^ y ésta puede , por lo mismo , i^^ 
obligarlos á presentar sus párvulos para que reciban el bau- / 
tismo con arreglo á las disposicion es canónicas ; pero com o^^ig^t^'T^^l^ ^ 
^Titys^eiios se coñs eFvS g^ éralmettte la doctrina relativ a á 
esxe sac ramento^ en cuanto á su esencia, d e aq ui que no suija 
^o nriicto áléruno ac e rca de esté punto. E n todo caso , la Igle- 
sia procede con prudencia suma , y n o suele bautizar á los 
párvulos de estos sectarios contra la voluntad de sus padres , 
sino eri ios c asos que lo hace con los liiJQs de los infieles , 

(1) BfeivcutCTO XIV : Z)e Synodo dicscesana , lib. VII . cap. V , nú- 
mero 2 y síg. 

(2) Benedicto XIV: De Synodo dimcesana, lib. Vil , cap. V, num. % 

(3) VEccmOTTi : ínstilut. Cauon,, iom. III, lib. V, cap. II , par. 6.' 

(4) Cap. único , lít. XV , lib. III Ctementíñ, 




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. — 36.— 

Los infieles pueden seresclavosó libres,ydependerde prín- 
cipes infieles ó cristianos , cuyas circunstancias es necesaria 
tener presentes para resolver las cuestiones que surgen na- 
turalmente acerca del bautismo de los párvulos, hijos de ellos. 

HLa doctrina canónica sobre esta materia se resume en la 
siguiente : 

I. Los párvulos hijos de escl avos infieles , pueden ser 
presentados por sus señores para que se lo s bautice, aun con - 
Tra l a voluntad ae sus padres , porque éstos no tienen de re-^ 
cho alguno en sus hijos . 

IL Puede bautizarse lícitamente á los hijos de los infiele s, 
que se^ _depifíTlti^^ HasHa su Tifli>iTm>.|^t o. si no hay esperanza 
d e que adquieran el v<q ^^ g" rp^nn (1). 

IIL No es lícito bautizar á los párvulos de los infieles ,_^ u^ 
jfttnR^A pp^n(*ipftR iTif^A|Qgj <^^Tit ra la voluntad dp. sus padres^ 

yapnr^l i¿|ft^P.Ahn Tifltnrfl.1 dft P.stn5; p.n sur híjn.q ^ ya por el pe - 
ligróle perversión v apostas^a de aquéllos, 

XV\ Dichos párvulos no podrán bauti zarse lícitamente au n 
cuando sus padres consientan eu eao , si han de quedar en su 
poder ; ni tampoco en el artículo de la muerte , si^lia de re- ' 
sultar e jcándgjja^ tn^yAi» tu^ ^e íps in^eles contra los c ns- 
tianos . - . 

V. Losjáryulo8jbi. jos de infieles sujetos á príncipes cris - 
tianos , no pueden hantizarsft l^^*jta mente contra la volunt ad 
jLe sus padres, ya porguis se faltaría al derec.l^o natural qua 
los padre^ienen en sus hijo^ . si se los quitaban ; y a gorque 
• ^e^fa^taríaála reve renria. debida al ^sacr afaento, si quedab an 
^espues de bautizados bajo la potestad de sus pad res. 
Pero estos párvulos podrán bautizarse lícitamente : 
^ a) Si se hallan en evidente pelig ro ^de muerte . 

i) Si uno de los padres consienteen que se les bautice; 
porque la voluntad justa de uno de los padres en favor de laT 
^ole , ha de ser preferida á la voluntad injusta del otro en 
perjuicio de los expresados hijps. 

(i) Vecchiotti ; Instituí, Canon.i lom. UI » lib, V, cap. II, par. 7.* 



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— 37 — 

VI. Los párvulos aband onados por s us padres infieles pue- 
den bautizarse lícitamen te , porque no se les priva del dere « 
cüo natural que tienen sobre sus hijos , ni el sacramento se 
expone á irreverencia alguna. 

VIL Los pá rvulos en cuanto á esto salen del poder pa « 
temo,. (Ti^nrin Tíftn pegado al uso de la ra^ Qp , yj^ue de admi - 
nistrárseles el bautismo (^pntra la voluntad de sus padres . 

Efectos del bautismo, y requisitos necesarios al 
efecto. — ^Este sacramento es la puerta de la vida espiritual, 
fundamento de los de más sacramentos de la nueva ley , y el 
hombre ingresa por él «n ia igiesia , adquiere todos los dere- 
chos con todas las obligaciones propias de los miembros de la 
sociedad cristiana , siendo una de ellas la obediencia á las le- 
yes vigentes en la Iglesia (1). 

Este sacramento produce además tres efectos en los que 
h) reciben , y son los siguientes : 

Gracia santificante. — Bsta regenera al hombre inte - 
rJOTmente y le perdo na totalmente, tanto el pecado original 
como los actuale s en cuanto á la culpa y lacena eterna y 
temporal , debida por los pecados , consignándolo así el Após- 
tol en aquellas palabras : Salvos nos fecit per lavacrwn re- 
generationis et renopationis SpiriPiM iSancti (2). 

El Concilio de Florencia , fundándose en la revelación y 
en la doctrina constante de la Iglesia, dice : «Que el efecto de 
»este sacramento es el perdón de toda culpa original y actual 
ny de toda la pena debida por a quélla ; de manera que no se 
yha de exigir á los que lo reciben , satisfacción alguna por 
> »los pe^ adosj)9.sadDs , y si mueren sin haber cometido pecado 
» alguno después de recibido el bautismo , ingresan inmedía - 
^itRTnftutft ftn ft) reino <íp. Vír iripios , j ^zan de la vision"^e 
» Dios. » 

Esta misma doctrina se halla sancionada bajo la pena de 
anatemiat por el Concilio de Trento (3). 

(i) ConcíL Trid,, sesión 7.% cánones TyS De Baptismo. 

(2) Epist. Ad Titum . cap. III, v. 5.* 

(3) Sesión 5.*, canon 5.^ 



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— 38 — 

Gracia sacramental.— El segundo efecto del bautisma 

es la gracia sacramental , en cuya virtud se adquiere el de- ^ 

recho á las grac ias ftc^^^^^^s T>fi(;^RSfl^rms para conservar la vida. 

^ ^í§piri tualadc| uirida por el bautismo y para recibir digna-^ 

mente los demás sacramento s. "'^ ^ 

Carácter.— El cual se imprime en el alma par el bautis- 
mo recibido válidamente» ,y distingue perpetuamenta al 
oristíatio del que no lo es , i\% ^a pueda ped*d^ie pop la he- 
rejía ó apostasla. 

En cuanto á las disposiciones que se requieren en el su-- 
jeto para recibir los efectos del bautismo , se ha de tener pre-. 
senté : 

I. El carácter se ad quiere en el bautismo , siempre que ^ 
éste se haya recibido v5Iidamente > 

II. nCá gracia santificante con los demás dones que la 
acorápañan jg adquiere por los párvulos , sip gnft Hp. purtA. 
suya ^e a necesaria disposición alguaa f 1 )> 

Los a dultos no pueden adquirir di cha gracia, sino medinn ^ 
t e las condici o nes sig uientes : 

a) Fe^ por la que creen en general que son verdaderaa 
todas las cosas reveladas por Dios. 

b) Temo r, en virtud de la consideración de los pecadoa 
cometidos. 

c) Ssyeraihza i!d conseguir la justificación y vida eterna. 

d) Amor JQ Dios como fuente de toda justicia. 
ej Odio y detestación de todos los pecados. 

f) ^ra0fih de recibir el bautismo , de emprender nueva 
vida y de guardar los divinos mandamientos. 

Sus ceremonias.— Las ceremonias del bautismo se ba^ 
Han descritas en el Ritual y Catecismo Romano , bastando 
aquí manifestar que unas preceden á la administración de 
este sacramento : otras acompañan á este acto ó le siguen» 
las cuales se omiten en caso de necesidad ; pero deben suplir-» 

(i) Concil. Trid.y sesión 5.*, decret. De peccato orig., canon 4.<>— 
sesión 7.*, cánones 12 , 13 y 44 De Baplismo. 



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— 39 — ' 

se después , segan la práetica constante de la Iglesia , á fin 
de que los bautizados no queden privados de sus efectos. 

Padrinos, y su origen.— Se entiende por padrinos: Las 
per semas que presenúajt á los iautií^andos , y los reciben de la 
fuenU opila dauúismal. 

Su origen es antiquísimo en la Iglesia , creyendo algunos 
escritores que datan (jesde el siglo II , y qiif fifí prfífir.ríb^^ hu 
intnrr^Titíiftn rn §] hniiitinm^ p^^ fíl papa Hígimo. 

Como eran muchos los adultos que en los primeros tiempos 
se presentaban á recibir el bautismo renunciando á las su* 
perstioiones del gentilismo, parece que c,f^r\ pI fin de evi1fQ.r^ 
alg ún fraude y desvanecer todo temor de apos tasia en ellos. 
se prescribió la presentación de ciertos fiadores , & los que se 
lla mó susceptores , y posteriormente padrmos ó madrinas . 
" Sus deberes. —Los padrinos tienen como tales las obliga- 
ciones siguientes : 

a) Presentar los bautizandos al párroco para que les con- 
fi era este sacrame nto. 

6) Con testar por el bautizando, si él no puede hacerlo. 

c) Tenerl o e n la pila bautismal , mientras se le bautiz a. 

d) Instruirle en las verdades de la fe y en la doctrina 
cristiana, si sus padres no cumplen con este deber, y por esta 
raz<m se da también á los padrinos ó susceptores el nombre de 
compadres y el de padres espirituales. 

Quiénes no pueden serlo.— Estos mismos deberes de 
los padrinos requieren en ellos ciertas cualidades, y como no 
todos las reúnen en sí , de aquí que no pueden serlo las perso- 
nas siguientes: * 

a) Los deme ntes, infieles, herejes, excomulgados públicos , 
infames , reos de pViblicos delitos , penitentes, peregrinos, no 
confirmados , y lo s menores de edad; porque ninguno de éstos 
puede cumplir satisfactoriamente con la obligación de instruir 
en la doctrina cristiana á los bautizandos. 

ó) jiOs rel igioaos ^e uno j ^ otro sexo, porque su estado no 
les pe rmite c nmjgU^^cocLtos deberes especia de este _cargp_i 

c] Los padres delosJia ^t'^«^"f^<^s- 



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— 40 — 

TjParentesco espiritual , y su origen.— Los padres 
presentaban antiguamente á sus hijos papa el bautismo y con- 
testaban por ellos. 

Como los emperadores cristianos establecieron, á semejan- 
za del parentesco natural , un parentesco espiritual entre 
padrinos y ahijados , qufe fuese impedimento del matrimonio, 
la Iglesia aprobó estas leyes imperiales , siendo este impedi- 
mento la causa de que los padres no puedan ser padrinos de 
sus hijos en el bautismo , á menos que medie una verdadera 
necesidad , en cuyo caso no contraerán parentesco espiritual 
que obste al uso del matrimonio , según declaró la Sagrada 
Congregación del Santo Oficio en su instrucción de 15 de Se- 
tiembre de 1869 (1). 
i^ Su extensión. — Este impedimento se extendió después á 
los parientes del padrino con el bautizado (2)> lo cual traia 
consigo no pocos inconvenientes, y el Concilio de Trenta trató 
de evitarlos disponiendo al efecto: ut unus tantum, sive f>ir, 
sive mulier, juxta sacrorum canonum instituía, ve I ad 
summum unus , et una baptizatum de baptismo suscipiant. 
Ínter quos, ac baptizatum ipswm, et illúés patrem, et ma- 
trem , necmn inter baptizantem, et baptizatum^ baptizati- 
qm patrem ac matrem tantum spiritualis cognatio contra- 
hatur (3). 

Según esta disposición legal , que es la disciplina vigente 
sobre este punto ; se adquiere parentesco espiritual entre el 
que administra este sacramento y el bautizado y sus padres, 
hallándose en igual caso el padrino ó padrinos con respe^^ 
al bautizado y sus padres. 

(i) Vecchiotti : Inü, Canon,, lib. V. cap. 11 , par. 8.* 

(2) Causa30,quoest.3.*y4.»— Til. XI, llb, Vf DecreL—TitAUy 
líb. IV, sext. Decret. 

(3) Sesión 24, cap. H. De ñeformat Malrim. 



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— 41 — 



CAPÍTULO m. 

CONFIRMACIÓN. 

Gonfirmaoion, y sus distintos nombres.— Se entien- 
de por confirmación: Un sacramento de la nueva ley, por el 
gue se aumenta á los bautimdos la gracia santiücante , y se 
les robustece para creer firmemente y profesar la fe con 
intrepidez. s,^^ 

Este sacramento se conoce con los nombres á^-^risma — 
vncion — imposicion^de manos— const^macion-- perfección — 
sacramen^de la plenitud de la gracia— sacramento del cris- 
ma — óleomihtificado — crisma santo — ungüento perenne y 
celestial-- sello espiritual , etc. 

Es Tin sacramento de la nueva ley.— La existencia ó 
institución divina de este sacramento no puede ponerse en 
duda , puesto que en la sagrada Escritura se dice en térmi- 
nos precisos que los apóstoles S. Pedro y S. Juan fi^ftr^Ti A 
Samaría con el objeto de administrar la confirmación 4 los 
que había n recibido el bautismo (1) de manos del di¿cono 
jFeii pe , y que varios discípulos de la ciudad de Efeso después 
de ser bautizados recibieron el Espíritu Santo, mediante la 
imposición de manos (2): cuyos hechos son : 

Signos eíBtemOSy c^w-ct^/^», mQHíttntft U impnsiVími dfi 

tríanos. 

Confieren la gracia, puesto que el Espíritu Santo dos- 
cendió sobre aquellos á quienes los Apóstoles impusieron las 
manos. 

Y son de institución divina, ó sea de Jesucristo, lo cual . 
es una consecuencia necesaria de su misma virtud. 

Reúnen , por lo tanto, en sí los requisitos necesarios para 

(1) Act. Apóstol., cap. VUI . v. 44 y sig.* 

(2) Ac/.Ap<wlol.,cap. XIX,v. «.• 



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— 42 — 

ser considerados como sacramento, y por otra parte laperpe - 
tua y consta nte tradición de la Iglesia , contenida en las 
actas dé los concilios /sentencias de loK Santos Padres , de- 
cretos de los Romanos Pontífices, libros rituales de la Iglesia 
occidental y los Eucologios de la Iglesia Oriental , ofrecen la 
prueba más acabada de esta verdad; así que los protestantes 
se contradicen á sí misaiosnegaado la^xistexh^iaíé institu- 
ción divina de este sacramento* ' 

Distintas opiniones acerca de la materia de este 
sacramento.— Como la unción del crisma é imposición de 
manos intervienen en la administración de este sacramento, 
se discute entre los católicos acerca de su materia esencial; 
cuyas distintas opiniones pueden resumirse del modo si- 
guiente: 

1."* Dicen unos que sólo la imposición de manos que pre- 
cede á la unción del crisma, es te jaate ria de este sacramento , 
y que la crismaciones ln. matei*ia integrante y necesaria por 
precepto de la Iglesia para la mayor expresión del efecto que 
produce. 

Esta opinión no puede sostenerse , porque si bien aque- 
lla imposición de manos es necesaria en virtud del precepto 
de la Iglesia , nojifecta ¿ la valide/ if^»^ s»^^r«p^^nl^j toda vez 
que se admite á la crismacion en muchos puntos á los que no 
se hallaban presentes, cuando tuvo lugar la primera imposi- 
ción de manos, sin que nadie haya considerado como nulo 
dicho acto (1), y la congregación del Santo Oficio, en su decre- 
to de 6 de Agosto de 1840, declaró que esta primera imposición 
de manos no se ha de repetir, si se omitió (2). 

2.^ Otros creen que ej^isnaa^s la materia^emotaj^la, 
unción del cj¿sma la^ materia esencíal^jeJLa^jpiifirmac^fvn, 
cQn si(^fti*and()J rtjii^^ ÍTTr^pn<f^i>,jon^dfvmftTm s como una mer a 
ce remon ia eclesiástica. 

(i) Benedicto XIV, De Synodo dicecesana , lib. XHI, cap. XIX, nú- 
meros 16 y 17. 
(2) Vecchiotti ; Inst Canon,, lib. V, cip. 111 , par. 10, 



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— 43 — 

3.** La prime ra imposición de man gsj \a im(*inn son Sí3' 
sideradaFpor ájgmios como la materia ese nr.ial 4 ^ ftsfft ,<fftf*rn.- 
Diento. • 

Cuál debe prefe^órse. — ^La opinión más probable j se- 
gura hace consistir la materia esencial de la confirmación 
en la unción y la imposición de manos giue la acompaña, fun- 
dándose en las mismas razones y pruebas que se alegan por 
los defensores de las otras opiniones. 

Elementos de quQ se compojae^—j^a nnrion se h^r.e 
entre los latinos con el crisma , compuesto de aceite y balsa- 
mp solamente, y entre los^griegos se co|mpone además de 
otros treinta y tres 6 trei nta y cinco aromas (1), pero esto se 
introdujo en el siglo VI para mayor expresión del efecto de 
este sacramento, y sólo el aceite de d ivas es lo que constituye 
su materia esencial. 

fcJu Jbeii41clóii. — El crisma debe bendecirse, sin que esta 
ceremonia sea esencial para su validez , según la opinión 
más probable , porque po e.x\níf^. precepto divino que lo^x ija, 
y los monumentos de la antigüedad hablan de ella en igual 
sentido que del agua bendita para. la administración del bau- 
tismo; de manera que d eberá ser consi derada dicha bendició n, 
como d e precep to meramente ecles iástico. 

Qulénla hace y ciiá3ida.--Todoft convienen en que Ja 
b endición del crisma corresponde al_obispo por derecho ordi- 
nario; pero se cuestiona, si un mero presbítero podrá hacer- 
la en virtud de delegación; sobre cuyo punto debe advertirse, 
que no puede ponerse en duda, si el delegante es el Sumo 
Pontífice, puesto que se trata de un requisito prescrito por la 
Iglesia (2). 

Los obispos pudieron también delegar á los presbíteros 
para este acto en la antigua discipliua , que aún está vigente 
en cuanto á esto en las iglesias griegas y orientales . me- 

(1) Dkvoti : Inst. Canon., lib. II , tít. U , sect. a.**— Perrone : Pro- 
lect. theolog.tract de Can firmal, 

(2) Véase á Benedicto XIY : De Synodo diac., lib. VII. cap. VIII. 



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— 44 — 

diante consentimiento de la Santa Sede ; pero los demás obis- 
pos no pueden ejercer esta facultad según el derecho vigente. 

La bendición del crisma se hacía antiguamente en cual- 
quier tiempo del año , según las siguientes palabras del Con- 
cilio primero de Toledo: Episcopo sané certum est omni 
tempore licere Ohrisma conficere (1) ; pero según el derecho 
vigente , cuyo origen se remonta al siglo V, esta, ceremonia 
debe tener lugar el dia de Jueves Santo (2). 

Forma de la Confirmación. — ^La misma variedad de 
opiniones , que se dejan indicadas al tratar de la materia de 
este sacramento, haj respecto á su forma por la unión 
íntima y necesaria existente entre una y otra; pero debe 
preferirse como más probable y segura la opinión de los que 
la colocan en las palabras q ue se pronuncian en el acto mis - 
mo,jle>'4a.. ^ismacio n , siendo aquéllas entre los griegos: 
SÜgnaculumcLoni iSpífUus Sancti in nomine Patris, etc. 
y en la Iglesia latina estas otras: iSigno te signo crucis, et 
confirmo te ckrismate salutis in nomine Patris, et Filii , et 
iSpiritíis Sancti. 

La unción con la forma expresada se verific a en la frent e 
^ntrejosjatinos ; pero lQs_gríego^ ungen además los ojos, la 
nariz, boca, oídos ^ pp.pi|in y m^TinR. 

Ministro ordinario de este sacramento. — El minis- 
tro ordinario de este sacramento es el obispo según la perpe- 
tua y constante tradición de la Iglesia, fundada en el texto 
bíblico (3), y en los decretos délos concilios , declaraciones 
de los Sumos Pontífices y sentencias de los Santos Padres. 

Por esta razón el Concilio de Florencia declaró : Gonfirma- 
tionis minister ordinarius est episcopios', y el Conc ilio de 
Trent o impone pena de a natema ^aj^ que dijere que el^iinis- 
tro ordmafiorde la c onfirmación no e s sólo el obispo, sino 
cualquier simple sacerdote (4).» 



(4) Canon XX. 

(2) Devoti: Inst, Canon., l¡b. II , tít. II. sect. 2.* 

(3) Act. Apóstol., cap. VIII , v. i4 y sig. 
(4j Sesión 7.*, canon III. 



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— 45 - 

Esta definición del Concilio no resuelve , si el obispo es 
ministro ordinario de este sacramento por derecho divino ó 
eclesiástico , sobre cuyo punto existe divergencia entre los 
escritores (1). 

Si podrá conferirse por los presbíteros como mi- 
nistros extraordinarios. — Elsi mple presbítero puede 
ser ministro extraordinario de la confirmación en virtud de 
delegación del Sumo P ontífice, y de ello consía por repetidas 
concesiones , hechas á presbíteros residentes en la India y en 
la Palestina (2). 

También consta que l os obispos griegos y orientales , en 
virtud de una^costumbre antiquísima que aún existe , dele- 
gan en si mples presbí^ros la fa^p ulta d de administrar la con- 
firmación m ediante consentimiento tácito del Sumo Pon- 

tiSce O): ~ ' — - 

Respecto á la Iglesia latina se citan documentos , según 
los cuales podían los obispos delegar en simples presbíteros 
la potestad de administrar este sacramento (4) ; pero en todo 
caso esta facultad de delegar se halla en la actual disciplina 
reservada á la Santa Sede ; de manera que sería nula la con 
firmacion hecha por un simple presbítero con sólo delegación 
del obispo (5). 

A quiénes se confiere este sacramento.— £1 sacra- 
mento de la confirmación no puede conferirse sino álos fíeles 
bautizados (6) , porque el bautismo es como la puerta de 
todos los demás sacramentos. 

(1) Benedicto XIV : De Synodo dicecesana , lib. VII , cap. Vil , nú- 
mero 2.*^ 

(2) Bei^dicto XIV : De Synodo dimcesana , lib. Vil , cap. Vil , nú- 
mero 4.® y sigs. 

(3) BEifEDicTO XIV : Dé Synodo diotcesana , lib. Vil , cap. IX. 

(4) Benedicto XIV : De Synodo dicecesana, lib. Vil , cap. VIII , nú- 
mero 3.® y 9ig. . ^ 

(5) Benedicto XIV : De Synodo di(Bces(ina^ lib. VIÍ ,-cap. VIH, nú- 
mero 7.® 

(6) Santo Tomast: Summfl Theolag., part. 3.*, q^j^st. 72, art. 6.*» 



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— 46 — 

Con respecto á.la edad que se requiere para recibirlo , ha 
de distinguirse entre la Iglesia griega y la latina ; entre la 
antigua y nueva disciplina. 

Los, griegos administraron siempre la confirmación y 
Euca ristía inmediatamente después del bautismo , j esta 
pr¿rtti{>ftf*ontinq fi observándose gñla Art ualldad . 

También s e ob<sp rvfS esta costumbre entre los latinos en 
lo s doc e primeros siglos ; pero desde el siglo XIII empezó á 
modificarse hasta que por fin se determinó que no se confi- 
riera hasta la edad de siete años , ó sea cuando el suje to 
l legue al uso de la razón (1). 

El Catecismo Komano dice sobre este punto lo siguiente: 
«También se ha de observar que después del bautismo puede 
^administrarse á todos el sacramento de la confirmación; 
»pero que no es lo más conveniente darlo á los niños antes 
»que tengan uso de razón. Y asi si no pa reciere que^deba^ 
?> dilatarse hasta los doce años , por lo ménós hasta los sie- 
yte,6s cierto que con vigñeniuchísimo diferir "éste^sacra- 



")>mento (2^.» 
ETP^iflc 



Pontifical Romano dice acerca de este punto: In f antes 
per patrinos ante pontificem confirmare úolentem teneantur 
in brachiis dextris (3). 

Estas dos dfspüsibíoties déf Catetrféteü y Pontifical Romano 
no envuelven etrtíe sí contradicción alguna , porque el pri- 
mera prescribe como regla general que la confirmación no se 
administre á los párvulos antes de ll'égBr á los siete años de 
edad, y el Pontifical se refiere á la excepción de la regla, ó 
5ea á los casos extraordinarios en que puede confirmarse á 
l03 párvulos de menor edad , como si se hallan en peligro de 
muerte, ó el obispo, mediante causa justa y hasta necesaria, 
no ha de volvesr en mufi^ho tiempo por aquella localidad de 
sn diiócesÚ9 (4)i 

(1) BENEüKrro XIY : De Synodo diaxesana , Hb. VII , cap. X. 

(2) Parte 2.\ cap. lll , nfim. \%. 

(3) Parle \Mk Cdiifirmandis, 

(4) RknsdIcto irV ; De Synodo dimecsam, lib. ?!I , eap. X. 



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— 47 — 

Disposiciones necesarias en el sujeto.— En cuanto 
á las disposiciones necesarias en el sujeto para recibir el sa- 
cramento de la confirmación . ha de tenerse presente: 

1.® Que los párTujos^ojngcesitan acto alo^uT^p de ju 
parte • toda vez que carecen de capacidad al efecto , y_basta 
qneha y^n sido b aut izados p ara recibir válida j lícitamente 
la confirmación. 

2.^ Con respecto á los adultos se requiere en ellos , ade- 
más del bautismo , que teng an voluntad de recibir este sa- 
cramento , como m edio indispensable para_ conRfígm> al 
car&cter sacramental , de biendo haber en ellos otros requisi- 
tos para obtener los demás efectos de la confirmación , que 
pueden resumirse en lo siguiente : 

a) Que han de hallarse en estado de gracia , porque la 
confirmación es sacramento de vivos (1). 

6) Q ue si se hallan en estado de pecado mortal acudan 
a ntes de confirmarse á recibir el sac ramento jdeja^peniten^ 
cia ( 2) , ó por lo m enos que_hagan un actOLdñ contricion^f3). 

cj Que^se hall^ Instruidos en los rudimen tos dft Ift fft , ^r 
sepan lo que van á recibir (4) . 

dj Q ue se preparen parajceeibír-difrnamen te este sacra- 
mento, por me dio, de la oración y ptroi^ ac^to<^ d^ pípHnH , cí, 

e) Quelojrefiihan-fin-ayunas^, según la práctica de los 
doce primeros siglos (6) , y aunque h oy no es de precept o 
observar este requisito (7) será laudable observarl o cuando se , 
recibe po r la Tr^ fiñana. (8). 

(4) ScAvim : fheúUjg. mor. univ, , tora. II , trat. 9.**, disp. 3.*. ca- 
pítulo IV. 
(t) €. Vf B$ eatMcralUTUf , ^fetinct. S.<^ 
(3} PimUftealé Bomamm , part i."" De Crnifirmundis. 

(4) ScATim : Theolog. mor., ibid. 

(5) OiUAüBs: Theolog. univ. De Confirmat. , cap. IV. 

(6) C yiDe Consecralione , distinct. 5.*^ 

(7) Santo Tomas : Parte 3.* Summa Theolog., qu»st. 72 , arl. 42, 
ad secund. 

(8) Catecismo Romano , part. 2.*. cap. III. 



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-48- 

f) Finalmente > deberán presentarse á recibir ^ste sacra- 
mento con vestido decente , iftvfl/la. ] ^ cara y cortado el 
^^^^^^^ q"^ rafí ^^^^^ ^» frATifp¡ (i) 

Necesidad de recibir este sacramento.— Todos con- 
vienen , en que la confirmación no es de necesidad absol uta 
ESlfli-saisaLse (2), porque el hombre puede alcanzar el remo 
de los cielos por medio del bautismo y la penitencia. 

No existe igual uniformidad entre los escritores sobre su 
necesidad de precepto, ó sea por razón de la ley natural, 
divina ó humana, que prescribe su recepción (3). En todo 
caso convendrá tener presente que el divino Maestro pres- 
cribió á sus discípulos la permanencia en Jerusalen hasta 
que recibieran la promesa del Padre , ó sea la confirmación, 
y a$í lo cumplieron , y que la Tp ^lesia inculcó siempre á los^ 
fi eles (4) la recepción de este sacramento , po rque es el co m- 
plemento déla plenitud déla grac ia (5); asi que -todos los 
cristianos que han llegado al uso de la razón , habrán de re- 
cibirlo , ó por lo menos no despreciarlo (6) , entendiéndose 
que lo desprecian , según el Concilio de Sena , aquél los c^ue, 
hgLll^pdQ5;ft pr ^ente el obispo para conferirlo 7 omiten su re- 
cepcion^^sinqu^^ legítimajpa ra no aprovechar se^ 

de este beneficio (7). 

Tienipoerniue lia de tener lugar.— Acerca del tiem- 
po en que habrá de administrarse este sacramento , dice el 
Catecismo Romano lo siguiente: «Observóse tambien'con re- 
»ligion solemne en la Iglesia de Dios administrar este sacra- 
»mento especialmente el dia de Pentecostés, poi» haber sido. 

(1) SciviNi : Theolog, mor. tmiv, , tom. II , trat. 9.*^ disp. 3.*, ca- 
pítulo IV. 

(2) Phillips : Comp. Jur. Eccks,, lib. V, cap« U , párrafo 238. 

(3) ScAviNi ; Theolog. ffiorol. , trac!. 9.**, disput* 3.*, cap. I. 

(4) C. I De Consécrate distinct. 5.* 

(5) Catecismo Romano, parte 2.*, cap. IH , núm. 16 y siguientes. 

(6) Santo Tomás: Samma Theolog., part. 3.*, qúsest. 72, art. 1.", 
ad ierU 

(7) Charmes: Theolog,^ uniíf,. De Confirmad, cap. IV. 



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- 49 - 

»en él fortalecidos y confirmados muy en particular los Após- 
atoles con la virtud del Espíritu Santo (1).» 

Esta laudable costumbre se observa en varias capitales de 
las diócesis , d^andojp ara el tiem po de la vüita administrar- 
10 en las demás |>o hlftf>.imiPQ (2j. 



Sus efectos.-Los principales efectos de la confirmación 
siempre que no haya óbice en el sujeto que la recibe, son los 
tres siguientes ; 

Gracia santiUcante , cuyo efecto es común á todos los sa- 
cramentos ; pero como este sacramento es de vivos , de aquí 
que esta gracia no está llamada por su naturaleza á perdonar 
los pecados . sino á_ai mentar la gracia que supone en el qiip. 
l o recibe (3 ). «a-^i*-^!-^ 

Qracia sacramental, que consiste en robustecer al q ue la 
^ecib epara creer firmemente , y de fen der la fe recibida en eT 
bautismo .~ '^ ~ ~ 

El Catecismo Romano dice sobre esto, que erprimer efecto 
propio de la confirmación «es que perfecciona la gracia del 
«bautismo , porque los que son hechos cristianos por el bau- 
»tismo , tienen todavía como,niños reciennacidos cierta ter- 
»neza y blandura; mas por el sacramento de la confirmación 
Ds e hacen robustos y fuertes contra todas lasj RmhggtTHfl^ \^ 
»carne , del mundo y del demonio . v del todo se confirmad 
Ȏ.nimo en la fe , p^^aj^mfes ar y glorificar el nombrp r^A t.ii ^- 
»t ro Señor Jesucrista f4). 

Carácter, porque el bautizado s^jns cribe en la milicia de 
tT^ffllCrríst^ , y na puede reiterarse en un »- migmaL p^i'snnji,(5) 
Ceremonias para conferir este sacramento.— Las 
ceremonias de la confirmación son seis : dos de ellas preceden; 

(4) Parte 2.*, cap. in , par. 25. 

(2) Philups : Comp. Jur. Eoeks., lib. V, cap. II, par. 238. 

(3) Santo TohAs: Sumnuí Theolog., part. 3.*, quaest. T2 , art. 7.» 
ad secund. 

(4) Parte2.*, cap.m,pár. 20. 

(8) Santo Toma» iSumma Theolog.f part. 3.*, quaest. 72, art. 5.<» 
TOMO ni. 4 



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— 50 — 

t res acompañan y una sigue al acto de recibir este sacram en- 
to. De unas y otras paso á tratar brevemente : 

I. El confirmando ha dg^'ser g resfnt»^^ p^^ "" r^'^^JT^^ (1) 
del mi s mo sexo ( 2). 

El Catecismo Romano dice sobre este punto lo siguiente: 
«Porque si los luchadores necesitan de alguno que con arte y 
«destreza les enseñe , en qué manera podrán herir y matar al 
«contrario, salvándose á sí mismos, ¿cuánto mayor necesidad 
»de maestro y director tendrán los fieles, cuando escudados y 
«fortalecidos con el sacramento de la confirmación , como con 
«unas armas muy seguras, bajan al combate espiritual, cuya 
«corona es la vida eterna (3) ? 

El cargo del padrino es p resentar el confirmando al obispo, 
é instruirle en la lucha^espiritual (4). no judiftndQ po r in ttií r- 
mo desempeñar este cargo los n o confirmado s (5) ni jos que na 
'^inieden ser p adrm o s en éTb^ Skmo (6). 

"^T.^ í^ft n ^p taftinn de nombre _^i es torpe ó rid iculo ; porque 
el cristiano que va á adquirir la perfección , merece ser hon- 
rado con un nombre digno, según previene S. Carlos Borromeo 
en el quinto Concilio de Milán (7). 

ni. La imposición de manos . por la que el obispo implo ra 
la protección divi na en bien de los confirmando s (8). 

IV. El obispo d a una ligera bofetada al co nfirmado , «para 

«que se acuerde de que debe estar pronto, como fuerte guerre- 

«ro , para su frir conánimo invicto cualesquier adversidades 

«por el nonü)r_e degisto (9). ~^ "" 

■^.^e da la paz al confirmado para que entienda que ha 

(1) C. XXVin De Consecradme , distinct i.* 

(2) Phillips : Comp^ Jur, Eecles., lib. V, cap II , par. 238. 

(3) Part. 2.», cap. III , par. 15. 

(4) Santo Tomás : Summa Theolog., part. 3.*, quaest. 72 , arl. 10, 

(5) Santo TomAs : Siitmna Theolog,, ibid. 

(6) Deyoti: Inst. Canon,, lib. II, tít. I , sect. 2.*, par. 42. 

(7) Drou\'en : De Re Sacrament., lib. Ill , quaest. 9.*, q. 12. 

(8) Poniificale Romanum , part. Í.^De Confirmandis. 

(9) Catecismo Romano , part. 2.% cap. III , par. 26. 



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— 51 — 

Conseguido la plenitud de la gracia de Dios, y aquella paz 

une sobrepuja todo sentido [Ty. ^ q/J , 

VI. Selim pia la frente del confirmado con miga de pan (2), ^^J^^^^^^^^^i^ 
ó con alg odgn. ^^u^ /^<^J^éeK^ 

Antiguamente se ligaba la frente del confirmado con unaj;'^^/'^^^^^^^^^^^^^^ 
faja blanca, para significar que la gracia recibida debía con-^^ c^?*?^^^K 
servarse con todo esmero ; pero esta costumbre dejó de obser- ^ 

varse desde el siglo XII (3). 
f^ Parentesco espiritual. — Los padrinos de los confirma- 
ndos adquieren parentesco espiritual con estos y sus padres, 
hallándose en igual caso el confirmante con el confirmado y 
sus padres (4) por las mismas causas que se dejan indicadas 
al tratar de este punto en el sacramento del bautismo. 

CAPÍTULO IV. 

SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA. 

Significación de la palabra Eucaristía , y sus dis^ 
tintos nombres. — La palabra Eucaristía procede de otra 
griega , que significa acción de gracias, porque Jesucristo 
dio gracias áDios en el acto de su institución, y porque damos 
gracias á Dios (5) y le expresamos nuestra gratitud por los be- 
neficios recibidos. 

Con esta palabra se significa también la misma hos tia in^^ 
cruenta ofrecida en el santís imo sacrificio dej ajlisa (6). 

Se designa el sacramento de la Eucaristía con los nom. 
bres de : 

ComunioTí, po rgue por ella comunicamos con Jes ucris- 

(i) Catecismo Romano , part. 2.% cap. III , par. 26. 

(2) Pontifical Romano , part. 1.*, De Confirmandis. 

(3) Devoti : Inst, Canon., lib. II, tít. I, sed. 2.\ par. 42. 

(4) ConciL Trid,, sesión 24, cap. II De Reformat, Matrim. 

(5) ScAviNi: Theolog, mor. trat. 9.^ disput. A.^deEucharistía. 

(6) Scumalzcrleber: Jhs Eccles. univ., in lib. IJlDecrel, tít. XLI, pá- 
rrafo 1.** 



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— 52 — 

trt fif^T^9 ^^h^^r«,i y ^'^T^ y >& fieles como miembros sü yo&. 

iSinaxis , ó sea congregación y porque los fieles reunidos 
recibían este sacramento , y porque los fieles se unían por él 
con el vínculo común de la caridad. 

Eulogia, ó sea bendición , toda vez que media la bendición 
al hacerse este sacramento. . ,^^ 

Viático , ó sea auxilio por el cual emprendemos el camin o 
para lle gar felizmente al término» que es la ^^^\})S^Jf^^^^^ 

Liturgia , 6 sagrado misterio , por la milagrosa transubs^ 
tanciacion que se verifica en el sacrificio de la Misa. 

Pú/fiy porq ue es la materia del sacramento y del sac 
ficioj l). 



Su definición.— El sacramento de la Eucaristía, que su- 
pera á todos los demás en excelencia y dignidad (2), puede de- 
finirse : Un sacramento [instituido por nuestro Señor Jesu- 
cristo para el alimento espiritual del alma , ¡a e n el que s^ 
contiene verdadera^ real y sustancialmsnte el cuerpo y san- 
gre de Jesucristo bajo las especies de pan y vino. ' 

Materia de la Bucaristia. — La materia de este Sacra* 
mentó es el pan de trigo y el vifl fliia:\duL,convirtiéndose aquél 
en cuerpo de Jesucristo y éste en su sangre poi^iModin do ia, 
consagración (3). 

Esta maravillosa conversión de la sustancia de pan y vino 
en cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo se llama pro- 
piamente t^^sí^/jsítiinrÁaM/^ (4). 

Sólo resta advertir acerca de este punto: 

a) Que el pan es la-mat pn'fl. n^p^a , de la cual se hac e el 
cuerpode Jesucristo (5) , y q ue est e pan ha j^erdejrigo^je^ 

(i) Charmes: Theolog. univ.. De Eucharistia.^Catecismo Romano. 
part. l.\ cap. IV. 

(2) ScHM ALZGRDEBER : Jus Eccles. univ*inlib. niDecret., tít. Xli, 
par. !.<> 

(3) ConeiL Trid. , sesión 13 , De sacrosancto Eucharistia sacra^ 
menta , cánones i.® y 2.** 

(4) Ckíncil. Tríd. . id. ihid. , canon 2.^ 
(») Lüc. , cap. XXII, V. 19. 



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^M-, 



— 53 — 

gun se (JA finp.ft Hft Tfirt pftlftbra s del texto bíblico y de la tcadi- 
cion constante de la Iglesia ( 1,) sien do indiferente para la va- 
hdez de la consagrac ión que e l pan sea ácimo ó fermentado , 
según declaróel Concilio de Florencia; á pesar de ser más 
conveniente el pan ácimo , porque Jesucristo usó de éste en la 
cena (2). 

b) Que el vino de vid y usual es la materia de cáliz (3), 
porque ue el uso Jesucristo en la cena , prescribiéndolo como 
materia de este sacramento (4). 

c) Que debe infundirse en el vino colocado ya en el cáliz 
nn poco de agua (5), nó porque sea necesario para la validez 
del sacramento, sino porque la Iglesia así lo ha prescrito (6). 

Forma y ministro de este sacrainento.— Jesucristo 
consagró usando de las palabras hoc est corpus meum — ñic est 
s anfftiis meus (7) ó calix san^uinis me i (8), y éstas bastan ^ ^v^u^-t^ 
para constituir la forma esencial de la Eucaristía, siendo, por ^ 
otra parte, la forma empleada por Jesucristo la más conve- ¿yi/ij^^^^^''i^^-f^ 
niente al efecto (9). t-^-x^^l.^-^ /^^ 

El ministro de este sacramento es por disposición divina 
sólo el sacerdot e (10) , puesto que las palabras Tioc facite in 
meam comnemorationem (11) fueron dirigidas por Jesucristo 
i los Apóstoles y á sus sucesores en el sacerdocio , con exclu- 
sión de los demás (12). 

(1) Schmalzgrueber: Jus Eccles, univ. in lib. ID DeereUt tít. XLI, pá- 
rrafo 1% núm. 4. 

{%) Santo Tenis: Snmma Theolog., part 3.\ qusest. 74, ajrt. 4.^ 

(3) Lüccap. XXII, V. 20. 

(4) Santo TomAs: Summa Theolog., part. 3.% quaest. 74, art. p.® 

(5) Santo TomAs : Summa Theolog., ibid., art. 6.® 

(6) C<mcil. Trid., sesión 22 JDe So^rific, Missa , cap. VII, 

(7) Matth. , cap. XXVI * v. 27 y sig.— Marc. cap. XIV, v. 22 y síg.— 
Loe, cap. XXII , V. 49y sig. 

(8) Schmalzgrueber : Id. ibid., núm. 7.^ 

(9) Santo ToiiAs: Summa Tfieolog. , part. 3.*, qufiest. 78, art. -i .• y 2.* 
(10) C(»nciU Trid. , sesión 22, De sacHfic, Missa , cap. I. 
(H) Lüc. : cap. ÍÍXH , V. 49. 
(i2) DROuYEif : De Re Saeramentaria , lib. IV , quest. 4.% cap. I. 






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— 54 ^ 

A cpiién corresponde su distribución.— Sobre este 
punto habrá de tenerse presente : 
O ^) Que la administración de este Sacramento corresponde 
sólo á los sacerdotes, como ministros ordinarios (1) ; puesto 
que á ellos solos corresponde hacer la consagración , cuyo 
acto se ordena á la distribución , y así vemos que lo hizo e| 
mismo Jesucristo. 

b) Que los diáconos pueden distribuir á los fieles este 
sacramento , como ministros extraordinarios , en cuanto que 
este acto no depende necesariamente del orden sacerdotal ; y 
por otra parte consta que los diáconos distribuyeron la Eu^ 
caristia á los fíeles en los casos de necesidad , mediante man*» 
dato del obispo ó presbítero » cuando se hallaban presentes; 
y sin licencia expresa de los mismos , cuando estaban ausen- 
tes ; según aparece de repetidos monumentos de la antigüe^ 
dad (2). 

c) Los clérigos de orden inferior al diaconado , y mucho 
menos los legos , no pueden administrar este sacramento , ni 
obtener facultad al efecto del prelado inferior al Sumo^Pon- 
tifice , á menos que medie una necesidad exti^ma (íí) , porque 
en este caso consta que se los concedió, por indulgencia de 
la Iglesia , tomar por sí mismos la Eucaristía y administrar^ 
la á los demás (4). 

Sujeto de la Eucaristía.-— Sólo los fíeles que han llega- 
do al u$o d§ la razón pueden recitóiLeste jsacramento ; así que 
» ToTcatecumenos no son sujetos capaces de él , porque i^o han 
obtenido aún el bautismo, que es la puerta de la vida espi- 
ritual (5). 

Tampoco se suministra á los párvulos que no han llegado 

(1) C. XXFX De Consécrate, distinct. 2.*— Cowcíí. Trtd., sesión 13, 
De sand. Eucharistia sacramento , cap. YIII. 

(2) ScHMALZGRUEBER : Jus Ecclcs. univ, , in lib. UIDecrd. , tít. XLI, 
par. i.% núm. 11. 

(3) ScHMALzcftUKBER : Jus Eccks. univ. , ibid., núm. 1.^ 

(4) Drouven : De Re Sacrament,, lib. IV, qusest 4.», cap. 11. 
(5j ScmuLzeauEBER : Jus Ecdes. univ., ibid., núm. 14. 



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— 55 — 

al uso de la razón, porque si bien en la an tigüeda d se les 
daba después del baut ismo , cuya práctica se observa hoy en 
la Iglesia griega, entre los latinos ha muchos siglos que por 
justas causas (1) se dispuso no se les administrara hasta que 
se hallasen en disposición de conocer lo que reciben (2). **^ I 

No debe conferir se á los demente s , que nunca tuvieron <?v^^^^"?*^^^-^ 1 
uso de razón , porque no conocen la virtud de este sacramen- yy^ 
to ; per o si á los dementes que se halla nen^gLailícula ^ de laf^^"l'-"'^^^^^^^''^i^ 
muer^ , si ántgsje^n demencia hubo en ellos devoción hacia //^ ^^1^-^ 
estea ufrustisimo Sacramen toT^T " ' ií>'^^l^¿>*^^^í^^ 

Disposiciones necesarias para recibirla por V^^- ^^^^ ^%z^^y^ 
te del cuerpo. — Como este Sacramento se confiere general- ^ 
m^ite á los que han llegado al uso de la razón y se encuen- y^^^,,,// ^^^ 
tran en el ejercicio de sus facultades intelectuales , de aquí ^^^ ^^7# 
qjie se requieran en el sujeto ciertas disposiciones para reci- 
birlo con fruto. 

Las disposiciones necesarias por parte del cuerpo son : 
1.* Ayuno natural , que consiste e n no tomar cosa algu- 
fia desde las^oce de.laJio ch o antcrior ^s ta el arto de recibir 
la Eucaristíai 4). 

Este precepto tiene sus excepciones ; así que pueden reci- 
birlo : ,# /p ^/ y^ 

a) Los enfermos de peligro , aunque no estén en ayunas, ¿x^V^'^^'í^ f^ 
y es lo que se llama viático (5) . 

b) Cuando hay n ecesidad de perfeccionar el santo sacrifi - 
c io dela ji^sft- 

c) Si después de tomar la a b lución queda algun a_par- 
ticula en elcálizj jatena , e tc. 



(4) Catecismo Romano , parte 2.*, cap. IV . par. 62. 

(2) Devoti : Jnst. Canon . lib. H . tít. 11, sect. 3.*, par. 48. 

(3) Sauto Tomís : Summa Theolog., parte 3.*, qusest. 80. art. 9.* 

(4) Benedicto XIV : De Synodo dicecesana , lib. VI, cap. VIII, nú- 
mero 10 y sig. 

(5) ScHMALZGRUEBER : Jus EccUs. uitív., í» lib. III Dscret, tit. XI J, 
par. 4.*. Dúm. 26. ; 



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— 56 — 

d) Si de no toma r la Eucaristía in mediatamente por el 
sujeto que no est á en ayunas, queda espuesta á caer en ma- 
tosrteillfie les . here jes ^ ^ ^ <^ftr abr asada %n un incen3io 7"^ 
""ey^i re sultase gra ve escándalo de que una p ersona no c o» 
rgnlgnélVcélebre (1). 

2.* Pureza , porque así lo exige la naturaleza de este sa- 
cramento , en el que se recibe al Cordero inmaculado, ó sea 
al mismo Jesucristo (2). 

Disposiciones por parte del alma. — ^Estas pueden re- 
sumirse en lo siguiente : 

1.* Estado de gracia , ó inmunidad de todo pecado mor- 

^/ u^yf •^ ' ■" " lal, s in que baste al efecto procurar ponerse en este estado 

A )/ fy* ^ ^^' ^^ contrición , sino que e s de necesidad la confesión en el 

i^^^^^^vC /iue se halle con conciencia de pecado mortal , para recibir - 

dignamente este sacramento , según declaró el Concilio de 

Trento (3). 

2.^ Legítima preparación y especial reverencia hacia Je- 
smristo presente en este sacramento (4). 
^ Forma de administrarla y recibirla. — La Eucaris- 
tía se confiere por el ministro mediante determinadas palafli 
bras , y los clérigos la reciben dentro del santuario , ó sea en 
el presbiterio , á diferencia de Tbs legos que la reciben fuera 
de aquel lugar (5). 

Unos y otros la reciben arrodillados : pero antiguamente 
la recibían en pié , inclinada la cabeza y los ojos bajos — iban 
con las manos y cara lavadas» y recibían en la mano el cuer- 
po de nuestro Señor (6). 

Obligación de recibir este sacramento por pre- 
cepto divino. — La recepción de la Eucarist ía no es de ne- 

{i) ScmiALZGiiUEBER : Jus Ecclcs. univ. , in Hb. 111 Decreí,, tít. XU, 
par. i.°, núm. 23 y Sig. 

(2) SAitro Tomás : Summa Theolog. . parte 3.*, qu«st. 80 . art. 7.* 

(3) Sesión 13, cap Vil. 

(4) Santo Tomás : Summa Theolog,, parte 3.*, quaest. 80. art. 10, 

(5) Concil. ToleU IV, canon 18. 

(6) Dkvoti : InsU Canon., lib. II . tít. II , sect. 3.*, par. 51. 




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— 57 — . 

cesidad absoluta para conse guir la salvación , porque ésta se 
obtigBg JQr el bautismo (1 ). * ~ 

Tampoco la comunión, bajo ambas especies (2) se pres- 
cribe á los fieles por precepto divino : pero éste obliga á todos 
los adultos á recibir la Eucaristía (3) , como en el articulo de 
la muerte y otras muchas veces en la vida (4)» 
^ Disposiciones de la Iglesia acerca de este punto. 
— 5iOs primeros fieles , teniendo presente el precepto divino y 
sobre todo los efectos propios de este sacramento , recibían 
diariamente la Eucaristía según se desprende del texto bíbli- 
co (5) , pero aquella ardiente caridad de los fieles fué dismi- 
nuyendo hasta el punto de que la Iglesia se vio en la necesi- 
dad de prescribir á los cristianos , que recibieran la Eucarís¡- 
tía tres ve^es al año, ó sea en la Natividad del Señor , Pas- 
cua de Resurrección y dia de Pentecostés (6) , cuya disposi- 
ción fué renovada en muchos concilios. 

Los fieles dejaron también con el tiempo de cumplir este 
precepto eclesiástico , llegando el caso de que muchos dilata- 
ban por largos años la recepción de la Eucaristía , y esto fué 
la causa de que Inocencio III ordenase en el Concilio IV de 
Letran que todo fiel de uno y otro sexo postquam ad annos 
discrectionis pervenerit amnia sua peccata saltem semel in 
Armo ñdelUer confiteatur... stiscipiens rever enter ad minus 
in Pascha Eucharistia sacramewtum (7). 

El Concilio de Trento renovó el precepto lateranense con 
estas palabras : « Si alguno negare que todos y cada uno de 
»los fieles cristianos de ambos sexos , cuando hayan llegado 
»al completo uso de la razón , están obligados á comulgar to- 
ados los años , al menos en Pascua ñorida , según el precep- 

(1) Concil, Trid., sesión 24 , cap. IT. 

(2) Concil. Trid., sesión 24 , cap. I. 

(3) JoANN., cap. VI, V. 54. 

(4) Droüvin : De ReSacrament., lib. IV, quaest. 8.*, cap. 1. par. i.^ 
(8) Act. Apóstol , cap. II, v. 42. 

(6) Catecismo Romano, parte 2.*. cap. IV , par. 61. 

(7) Cap. XII , tít. XXXVIII , lib. V Decreta 



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— 58 — 

»to de nuestra santa madre la Iglesia , sea excomulgado (1).» 

Resulta de la doctrina consignada , que existe precepto 
divino de comulgar ó recibir la Eucaristía , el cualno señala 
con precisión el tiempo en que los fieles han de cumplirlo , y 
por esta razón la Iglesia determinó que habrá de cumplirse 
todos los años por Pascua de Resurrección , ó sea desde el do- 
mingo de Ramos hasta la octava de Pascua de Resurrec- 
ción (2). 

Es además obligación de los fieles adultos recibir la Euca- 
ristía (Viático), cuando se encuentran en el artículo de la 
muerte, según las prescripciones canónicas (3). 

Cumplimiento del precepto pascual , y de c[uiéii 
lia de recibirse el Viático.— La comunión pascual habrá 
de recibirse en la propia parroquia para cumplir con el pre- 
cepto (4), á menos que se obtenga licencia expresa del ordi- 
nario 6 del párroco. 

El Viático debe también recibirse del párroco, á no ser en 
caso de necesidad (5) , ó mediante licencia de aquél ó del ordi- 
nario. 

Si los legos pueden comulg:gr^ajo ambas espe- 
cies. — L2s^fielesj5ümulgaronJbajo ambas especies en los pri- 
meros tiempos de la Iglesia, sin que esta práctica se fundase 
en precepto alguno^ímno ó eclesiástico (6) ; así que esta cos- 
tumbre no era constante , ni invariable en aquella época (7). 

Como la sustancia y efectos de este sacramento se contie- 
nen en cada una de las especies , de aquí que l^JLglesia-ord^- 
nóque ningu no comulgue e n ^Tyjl;^».^ Rspftí^jftR sin conc 



{i) Sesión Í3 , canon 9.® 

(2) Devoti : InsL Canon., lib. II . tít. II . sect. 3.*. par. 50. 

(3) ScAVisa: Theolog. wora/. unít;., tract. 9.^ disput. 4.*, cap. I» 
art. 3.® 

^4) Benedicto XIV : Iml, 18. 

(5) ScAviKi : Theolog. mor, univ. , tract. 9.*, disput. 4.*, cap. I , ar- 
tículo 3.^ 

(6) Devoti : Inst, Canon. , lib. II , tít. II . sect. 3.*. par. 50. 

(7) Drooven : De Re Sacrameni., lib. IV, quaest. 8.*, cap. II, par. i.* 



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— 59 — 

de la Igles ia misma , excepto los sacerdotes , cuando consa- 
grañ el cuerpo del Señor en el sacrificio de la Misa, según 
aparece del decreto dado por el Concilio de Constanza en la 
sesión 13 (1) , y cuya disposición fué renovada por el Concilio 
de Trente (2). 

Motivos para prescribir á los legos la comunión 
bajo una sola especie. — ^Las razones que hubo en la Igle- 
'sia para sancionar como ley la costumbre de comulgar bajo 
una sola especie , que venia observándose desde el siglo XII» 
pueden resumirse en lo siguiente : 

a) El peligrq ^ próximo de irreverencia hacia el sacramen- 
to en la comun ión bajo l a especie d e vi norporque^ereTmiy 
fácil que se vertiese (3 )> 

b) La dificultad de guardar por mucho^tie mpo la e specie 
dej vino para la c omunión de ins ftpfftrmof;^ sin giip. sp. (v^nvmi- 
piera (4). 

C) Ta rftpngniinmfl. í^p. miir^hAR rP.r5^mas ^1 vino^ v á beber 
en ^1 cáli^ <^ti gnp hfthJRTí h ebi^ o otros (5^. 

d) La escasez de vino en panchos paísesj fi). 

e) La obstinación y pertinacia de los herejes , que s oste- 
ní an la necesidad de ambas especies para la salvación y su s- 

/) La costumbre de los mismos fieles^ que desde fines del 
siglo XII y principios del XIII comulgaban éomunmente bajo 
la especie de pan , absteniéndose de la del vino (8). 

(i) DacovEif : De Re SacrametiL, lib. IV, quaest. 8.*, cap. II, par. 3.® 

(2) Sesión 21 , cap. 11. 

(3) Sto. Tomás : Summa Theologica, part 3.*^, qu«est. 80 , art. i2. 

(4) Catecismo Romano , part. 2.^, cap. lY, par. 66. 

(5) ScAvnu : Theolog. mor. univ. , tract. 9.% disput. 4.*, cap. V, ar- 
lículo 2.®, corolar. 4.* 

(6) Droijyen : De Re Saerament. , lib. IV, qusest. 8.% cap. JI , párra- 
fo 3.«» 

(7) Catecismo Romano, part. 2.*, cap. IV. par. 66. 

(8) Droüven : De Re Sacramento , lib. IV, qussei. 8.*. cap. II , párra- 
fo 3.^ 



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— 60 — 

Efectos de laEnoaristia.— Este sacramento no produce 
per se el perdón de los pecados , toda vez que es sacramento 
de vivos , y supone por lo tanto estado de gracia en el sujeto 
que lo recibe , según consta evidentemente de la revela- 
ción (1), y de la sanción de la Iglesia (2). 

Los efectos que este sacramento produce en los que lo re- 
ciben , son los siguientes : 

a) El ali mento espir itual del alma (3) , que consiste en él 
aumento de la gracia santificante y en el derecho á las gra- 
cias actuales necesarias para conservar la caridad y la unión 
con Jesucristo (4). 

6) Libr g^de los pecados venial es yprftgprrv^ Hp. Ior moij;^ 
les^ acidando 4 conservar la vida defaíma y la perseveran- 
cia en el bien (5). 

c) Prod uce l a inefable nnioyi ( *Qn ■T Q, <fii<M»Tstn , como dice el 
Concilio de Florencia, y el que lo recibe devotamente queda 
enriquecido con inestimables y preciosísimos dones , después 
de estrecharnos consigo mismo (6). 

dj Dis minuye el/<^m^.gr^ftl4 >acadoa umen tando la caridad 
actu al (7). - 

ej Es pren da de la fntura^loria (8) , y^semilla dejig^-glor. 
riosa resurrecc ión (9). ^ ' 

fj Perdona per accidens el pecado mo rtal , y por eso dice 
Santo Tomás , que este sacramento puede producir la remi- 
sión del pecado ab eo, qui est in peccato mortali , cujw cans^ 



[i) Carta i.^álos Corintios , cap. XI . v. t7 y sig. 

(2) Concil, Trid., sesión 43 , canon 5.* 

(3) JoANif . , cap. VI , T. tSñy sig. 

(i) Catecismo Bomano , part. ^.•, cap. IV, par. i? y sig. 

(5) Concil. Trid., sesión 13, cap. II. 

(6) Catecismo Romano , part. 2.*, cap. IV, par. W. 

(7) Sto. Tomas ; Summa Theolog, , part. 3.*, qusest. 79 , art. 
adtert, 

(8) JoANN. , cap. VI , T. 52. 

(9) JoAiw. , cap. VI , y. 55. 



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— 61 — 

eíentiam et affectum 9hon hdbet. Forte enim primo non fuit 
^u^Jícienter conúriúus: sed devotó et ref>erentér accedens, 
consequetur per Tioc sacramentum gratiam cAaritatü, que 
contrüionem perjiciat , et remissionem peccati (1). 

CAPÍTULO V. 

SACRIFICIO DE LA MISA. 

Sacrificio en su sentido lato y propio.— El sacrificio ' 

en un sentido lato es : Oualqmem Aceion interina ó eo^term, ¿J^^^'^'^ 
que se refiera á la gloria de Dios. yy 

En este sentido puede darse el nombre de sacrificio á todos (/ 
los actos de fe, esperanza, caridad <» adoración, obediencia, 
etc. (2). 

El sacrificio propiamente tal y como aquí se toma es : Ürka 
oblación esterna de cosa sensidle, legítimamente instituida 
y hecha á solo Dios por ministro legitimo , mediante la inmu- 
tación real de la hostia para testificar el supremo dominio de 
Dios en todas las criaturas y nuestra dependencia de él (3). 
También puede definirse en términos más breves y acaso 
más precisos : nota existens in re , quaprofitemwr Deum auc- 
torem vita et mortis. 

Sus especies. — ^El sacrificio se dividía antiguamente en 
las especies siguientes : 

Por razón de la materia eu'-victifnas , que eran cosas 

animad as — immolationes , queeran cosas inanimadas pero só- 

lidasTc omo el ^sjí-'libaciones , que eran cosas líqmdas (4). 

' ror razón ae la forma en — holocausto, en el_que_todaJ[a 

c osa ofrecida se quemaba— Ao^fe'¿g yor el pecado, dej a que se 

(4) Summa Theolog. , part. 3.% qusest. 79 , art. 3.** 

(2) Drouyen : De Re SacramenL , lib. V, quaest. 4.*, par. 4.® 

(3) Perronb : Pralect. Theolog. , de Eucharistía , part. 2.* 

(4) Drouven : De ReSaerament. . líb. V, qu«8t. 2.* 



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— 62 — 

( ]iiftmabft una parte , quedando la ot ra para los sacerdotes, 
que l a comían en el atrio dftl temp lo— Ao.ygf7z jiffrÁiica. una 
gSrtede la ciial se que maba y la otra gue dnhn pu ra I o n fi ft cerT 
d OtgTypara lo s oferentes ( 1). 

Por rajon del fin en — latréutico , que se_ dirigía especial- 
mente^á3dtoarADios_corLcult^^ QW 

se ofrecía á J)ÍQS-enr> accion-dt» gracias-pe rloabcB cg ftiofl pftiiL l 
^iríns — iw^Atrn.tnTi/i^ que tenía por obj eto obtener al gupJafínfír 
ficio del ^eiñOT— 'prnpiniatnTin. quese ofrecía para alftat^z^^ 
el perdón H a los pechados (2). 

Significado de la palabra Mito , 7 diferencia en- 
tre la Misa de los catecúmenos y la de los fieles.— 

/ y La palabra Afisa uo es hebrea , Di ¿rifíga^ como quieren algu- 
■ i^Tilh' ^^s« ^^^^ ^^® proceSe de la latina^t^fo (3) , porque tiene por 
K f objeto trasmitir al Señor las prec es y oblaciones del pu eblo, 

2/^ J ^'^"t'^^^ ^ porque los catecúmenos y otros no bautizados , lo mismo que^ 

^ ^* los herejes , eran admitidos á la primera parte del culto divi- 
^yy^'l^'t^íf^ Z / ^^ » P®'^^ ^ empezar la otra parte se los mandaba salir (dimita 

^ ^ tebantur). 
''^^7^"Ví^//44VL/^*^ J/t^íT (4) de los catecúmenos y Ib. Misa de los fieles 
^ se^distinguen en que aquélla comprendía todas las ora- 
^/^yV^^Al C(/y^iones que habla antes de la oblación , como la salmodia, lec- 
ción de las Sagradas Escrituras , predicación y preces que se 
acostumbraban hacer por los catecúmenos, penitentes y 
energúmenos (5). La Misa de los fieles comenzaba desde la 
oblación, y comprendía todas las oraciones hasta el fin , y á 
ella sólo podían asistir los cristianos que participaban, bien 
fuese únicamente de las preces , bien de éstas y la obla- 
ción (6). 

(1) ScHMALzcRüEBER ; Jus Ecclcs. univ., iu lib. III Decret, , lít^XLI, 
par. 2.*", núm. 31. 

(2) Pehrone : PrmkcU Theolog. , de Eucharístía , part. 2 . * 
(H) Devoti : InsL Canon. , l¡b. II , tit. H , sect. 3.^ par. 54. 
(i) Phillips : Comp. Jiir. Eccles. . lib. V, cap. II . par. 240. 

{^) Cav. . InsL de Derecho Canónico , part, 2.*, caj». XI , per. 5.** 
(6) Cav.. ibid. 



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— 63 — 

Si en ella existe verdadero sacrificio. — En la Misa 

se ofrece á Dios verdadero y propio sacrificio ; y es una ver- 
dad dogmática sancionada por la Iglesia en el Concilio de 
Trente con estas palabras : «Si alpp; pn dijp.rft gi ip nn ca ofrft- 
B flft A Bios ftn la M? g?t vpr/^ftHftm j pro pio sacrifici o , ^a exco- 
^ mulgado» (1). 

Por otra parte, no puede existir verdader a religión sin 
verdadero sacrificio, porque el sacrificio es el acto principal 
de la religión, y en la religión cristiana sólo la Misa encierra 
rn li Ini rnnrlirinnrnprrn aTias para c o nstituir vordad ^cay 
propio sacrifici o. 

Esta verdad se halla además apoyada en las Sagradas Es- 
crituras y constante tradición de la Iglesia (2), sin que haya 
lugar á la menor duda racional sobre este punto. 

Diferencia entre el sacramento y sacrificio de la 
Misa. — ^El sacramento se distingue del sacrificio en que 
aquél se perfecciona por la con sagración , y éste tiene toda su 
faerza en que sea ofrecido (3). ll'or esto, R rságraaá Euc g^ 
" ristía. cuando está en el copón. 6 se llet^aá los enfermos , 
tien e razón de sacramento; mas nó de sacrifi cio. 

Además , e n cuanto es sacramentoca usa mérito y comu - 
nica otros muchos b ienes (4); p gro el sacri ficio tien e virtud de 
merecer y de satisface r (5) ; porque á la manera que Jesu- 
crísto mereció y satisfizo por nosotros en su pasión y muerte, 
los que ofrecen el sacrificio , en el cual comunican con nos^ 
otros, merecen los frutos de la pasión del Señor, y al mismo 
tiempo satisfacen (6). 

Su valor y eficacia — El valor del sacrificio de la Misa 
no debe confundirse con su efecto, porque aquél expresa ja 
dignida dmoral que tiene por parte del quej oofcecfí y de. la _ 

(i) Sesión 22 De Sacrificio Mism , canon i ,^ 

(2) Droüven: De ReSacrament., lib. V, quaest. 4.* 

(3) Catecismo Romano, part. II, cap. IV, par. 71. 

(4) Catecismo Romano, ibid. 

(5) ConciL Trid. , sesión 22 De Sacrificio Missm, cap. .11, canon 3.* 

(6) Catecismo Romano, ibid. 



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— 64 — 

cosa ofr sgjda ; á diferencia del efecto, q ue significa lo que de 
hecho se concede en atención á aq uel la dignidad. _ ^ 

En este supuesto el valor del 'sacrificio de la Misajiai^ 

Pfirtft i^ Ift Cfíffft ofrenijay ^n cnanto ^. la siifif*iftnp.^?^,fts 

infinit o , porque e s el mismo sacrificio de la cr uz en cuan to á 
la hostia y el oferente s ola offerendi raúíone diversa (1). 

Pero su valor en c uanto á la aplicación es finito , poi'^ue 
Jesucristo, contenido en este sacrificio, no obra como agente 
natural, según toda la latitud de su virtud, si no como ag ente 
líbgfi á en cnftnto qnierj^ ; así que no nos aplica todo el mérito 
de su pasión, á fin de excitar la piedad de los fieles y de que 
se procure la frecuente celebración del sacrificio de la Misa. 

Esta doctrina se halla apoyada en la práctica constante 
de la Iglesia, que permite celebrar muchas Misas para obte- 
ner del Señor una cosa, y por este motivo fué condenada por 
Alejandro VII la proposición siguiente: Non est contra jiMti* 
úiam pro pluribus sacr indis stipendium accipere, et unicum 
sacriñcivm of ferré (2). 

Si el sacrificio^ de la Misa comprende en si los 
distintos sacrificios de la ley antig^ua. — ^El sacrificio 
6 de la Misa comprende todos los sacrificios de la antigua ley, 
así que tiene los conceptos siguientes : 

Latréutico, porque se ofrece á Dios para testificar su do- 
minio supremo en todas las criaturas y para tributarle el su^ 
premo culto de latría hasta la consumación de los siglos. 

JS'ucarístico, en cuanto que se ofrece en acción de gracias 
por los beneficios recibidos, según lo evidencia la práctica 
constante de la Iglesia. 

Propiciatorio, porque fué instituido para perdonar los 
pecados (3); y el Concilio de Trente condenó á los que sostu- 
viesen que el sacrificio de la Misa no es propiciatorio, y que 

(1) Ck)nciL Trid., sesión 22 , cap. II , De Sacrificio Missa, 

(2) Drodven: De Re Sacrameníaria , lib. V, quast. 7.% cap. lü.— 
Id. qaaest. 10, apéndice. 

(3) MATH.:cap.XXYI. v.28. 



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^ 



— <« — 

no' debe ofrecerse por los pecados ni otras necesidades (1). 
^^Impetratorio, porque tiene en sí virtud para alcanzar 
todo género de beneficios , aun temporales , en la hipótesis de 
que por disposición divina conduzcan á la salvación (2). 
Si serár necesaria la consagración en amlias es- 
ioies.-^Nuestro divino Redentor se halla verdadera , real 
y sustancialmente en la Eucaristía bajo cada una de sus espe- 
cies , y por esta razón está condenada la doctrina de los que 
sostienen lo contrario (3); pero en virtud de las palabras de la 
consagración sólo el cuerpo está bajo la especie de pan y sólo 
la sangre bajo la especie de ^ino, aunque por concomitancia 
se halla la sangre bajo la especie de pan y el cuerpo bajo la 
especie de vino (4), porque el cuerpo de Jesucristo está vivo 
en la Bncaristía,'y no podría hallarse en este estado sin 
sangre y alma ; debiendo decirse lo mismo respecto de la san- 
gre (5). 

Supuesta esta doctrina incontestable entre los cató- 
licos^ se cuestiona ) si para la esencia del sacrificio bastará la 
consagración bajo una sola especie, siendo lo más probable, 
que es de necesidad la consagración bajo ambas especies, 
porque el sacrificio de la Misa es conmemorativo del sacrifi- 
cio de la cruz (6), y no sería tal sin la consagración de ambas 
especies (7). 

Ministro del sacriftcio y por quiénes puede ofre- 
oerse.- ^^esucristo es el ministro ú oferente principal del 
sacrificio ; de modo que es víctim a y sacerdote en expresión 
de los Santos Padres y del Concilio de lYento (8). 

(1) Sesión 22 , Le Sacrificio Missa, canon 3.^ 

(2) ScHiiALzcRüEBER : Jus Eccks. univ. in lib. III Decreé,, tít. XLÍ, 
par. 2.% núm. 35. 

(3) ContHL Trfd., sesión J3, canon 3.*^ 

(4) Catecismo Romano , part. II , cap. IV , par. 34. 
(») CondL Trid,, sesión 13, cap. III. 

(6) ScAviw : Theoloü, mar. univ., tract; 9.®, disputat. 4.», cap. I. 

(7) €ateci3mo Romano, part. II, cap. IV, par. 35. 

(8) Sesión 22, cap. II , De Sacrificio Missa. 

TOMO in. 5 



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— 66 — 

El ministro secundario del sacrificio eucarístico es el 



sacerdote le gítimamente ordenado, el cual repres^ot^irdo li^ 
--persona de Jesucristo, pronuncia las palabras de la consa- 
gración (1). 

Puede también decirse en cierto sentido y con verdad, que 
t odos los fieles y la mis ma Iglesia ofrec^ y» ^<^^fft fta/^rífimív (^)^ 
principalme nt e los que concurren de un modo espe ciaLjIsig" 
tiendo al acto, ayudando al minis tr o, ó dan do^Lc^tipftndio h 
los sacerdotes f3). 

El sacerdote es en la Mis a vicario, legado ^ ¡ptftrftftsnp de 
toda la Iglesia , cuando celebra el sacrificio incruento, que 



puede ofrecerse por el — Papa— obispo— y por t o dos los fieles 
vivos V difuntos ( 4). 

Reglas q[ue han de tenerse presentes.— Sobre la 
doctrina que se deja consignada respecto á las personas por 
quienes puede aplicarse el sacrificio , habrá de tenerse pre- 
sente: 

a) No pued ei}frft<*A''gft HírAnfam*^"^» por los infiel es ^^ere* 
je s y públicamente excomulgado s, porque la Iglesia los ex- 
cluye de sus oraciones y sufragios, prohibiendo que se les 
nombre en el altar (5) ; pero no todos opinan de este modo, y 
hasta se fundan en razones que convencen de lo contrario (6). 

6) El sacrificio de la Misa nojjiiedfi--a&£Cfirsa4KM^loB-dK 
fiintos eondftn^Qs , porque no son capaces de recibir el fhito 
del mismo, puesto que In inferno nulla est redemptio (7). 

C) tt-ftspgH^ A 1n<! «sanfn^ qiift rftinnn An ^| ff JA^ o , TÍO 8fl ofrfV - 

ce el sacrificio eucaristico para auxili o de ellos, sinoáj ios 

(i) Schhalzgrubber: Juí Eccks. univ. in lib, 111 Decret., tit. XLI. 
par. 2/», n6m.33. 

(2) Cánm de la Misa. 

(3) Schhalzgbueber: Jm Recles, univ. in lib, 111 Decreí., tít. XLI, 
par. 2.^ núm. 33. 

(4) Cánm de la Misa, 

(5) Thoma Ckarmes, de EueharisHa, dissert. 4/, cap. 11, qusest. 7.» 

(6) Drodvkn : De Re Saerament., lib. V, qu»8t. ?.•, cap. I, par. i.* 

(7) DROuvBff : De Re Saeramení,, ibid., par. ».• 



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— «7 ~ 

en acción de gracias y en honor de los sautos (1), para alcaiv 
^r íIp Jí Q m pop en into r ecaion lo que pedim os . 

d) T^njMi^Rf]tn 4 ins iLim^^ j?^ j)iiryatorio, es indudab le 
y de fe ( 2) que naede ofrecerse pn ^ fíiia^p o.\ «Fflj^ri^^v) riftJJL^ 
_MÍ8a(3 ). pero debe advertirse que el sacrificio les aprovecha 

si^ bien por parte de Ift s o r n pí o aef; ap r oYonh ar^ mAfi agnrU n 
Misa en que hay oraciones determi nadas ad hoe (4). 

Distintas clases de Misa.— La Misa püedé^ser— pública • 
^-solenme— privada— solitaria, etc. ¿^/^--^^^ /^^-^ 

Se llamaba en la antigüedad^Misa pública, acuella á que ^ ^ 
úrístiaelpueSlocoH su pastor t comunicando con éste en las ^:^'^'^^^^'^^^^^^^^ * 
preces y oilacion. 

A esta Misa asistían los _presbí teros y demás clérigos, d es- 
^npefiando cada cual los cargos propios de sus respectivos 
órdenes. Lo mismo los, clérigos que el pueblo ofrecían y co- 
mulgaba n en esta Misa, y de aquí que recibiera también el 
nombre de conecta y synamis; pero desde que el pueblo dejó 
de frecuentar la comunión, se llama Misa pública , ó conven- 
taal y canónica, la que se celebra con canto y rit o solemne , 
diariamente y á determinada hor a, en las iglesias catedrales» 
colegiatas é iglesias conventuales por los bienhechores , ha- ^ á / 

liándose también en este caso la Misa que los párrocos ce- ¿,^-y^ "^^^ll^i^ 
íebran por el pueblo (5). 

Se las da el nombre de públicas para distinguirlas de las C^^if^ \ 
Misas que se celebran y ofrecen por las personas particulares 
y^nemé ritaQeSIIgB^^IIi; 

Se llama Misa solemne : Laque se celebra con gran esplen- 
dor de canto y ceremonias , y asistencia de ministros , que 

(i) Condt. Triá,y sesión 22, canon 5.* 

(2) ConciL Trid, sesión 22. cap. II, De Sacrificio Missw. 

(3) l}ROfjyEn : De Re Sacrament. y lih V., qusest. 7.*, cap. I, pá- 
rrafo 3.* 

(4) Santo Tomrs iSumma Theohg.r addiU ad iert. part , quiest. 7i » 
art.lX. 

(5) Devoti : /m/. Canon., lib. II, tít. U, sect. 3.*, par. 60. 




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desempeñan hs cargos de ios órdenes inferiores al saeerdo^ 
cío , aunque no concurra el pueblo (1). 

Be entiende por Misa privada : Laque se celebra por el 
sacerdote sin canto y sin ceremonias soUm nM ^ Mxa^- un sola 
ministro , siendo indiferente que asistan á ella muchas ó 
pocas personas , é que reciban d ño la ojmumon sacramen- 
tal (2). 

Misa solitaria es : La que celebrada el sacerdote sin minié- 
cJ * (7 l^""^^ ' t¥¿ , no asistiendo á ella ninfftma persona (3). . . . ' 

/I / Existen otras muchas especies de Misas (4) ; pero el sa- 

^ L^^fJi/U'^^crificio eucarístico y la oausia general y principal de ofrecer- 
lo es siempre y en todas partes ''una y la mfcsma , sea cual 
J¿hyyiy^ 4 f^^^^ el dia y lugar en que se celebre , porque la Iglesia in- 
tenta por el incruento sacrificio de la Misa reconocer el su- 
premo dominio do Dios , darle gracias por los beneficios-JM^.. 
cibidos, impetrar otros nuevos y hacérnosle propicia .(S).. .D^ 
ínahera que las diversas especies de Misas proceden de .cosas 
accidéntales á su esencia , y meramente extrínsecas al sa- 
crificio. ; 

Prohibición, de las Misas solitarias y licitud de 
las privadas.~Las Misas solitarias en el sentido que se han 
definido , traen su or f g^" dfíl frigia T^ ; y se. hallan prohibidas 
por los sagrados cánones (6), porque envu elve tm contrasenh 
tiJo que el sacerdotedigA DomÍ7íus vobiscmnr-^Sursum cor^ 

'^^a , fetc. 

tos nofvadores del siglo XVI Uaman solitarias y singula- 
res á las Misas p,p qnp-s¿Jn #*1 Sftftft rij l,^i^ ^.atmi^g^ sftf.rATnftntRU 

mente , y las rep rueban como iiícítafl*? ^-^'yfHprtriy^^ ^^'ffl"fí- 
ron después los jansenistas (7). 



K^ 



(1) Droüvkn : De Re Sacramento, lib.T, qiiaest, 8.^pá^. 2/ 

(2) Devoti : ínst. Canon., üb. II , tít. M, sect. 3.*, pftr. 61. 

(3) Devoti : Inst. Cétnon., ibíd. , nota 1.* 

(4) Droüven : De Re SacramerU., lib. V, quaest. 8.*, par. i.* 

(5) ThioüVBN : De Re SacrametU., ibíd. 

(6) C. LXI De Consecratione , distinct. 1.* 

ij) PfiRftONE r PrskcL Theolog. Be EuchmisUa , parL 2/, cap. II. 



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— 69 — 

Se trata , pues , de las Misas pri vendas y acerca de su lioU 
tud bastará observar; qu e siempre se han celebradx) e^ La 
Iglesia (1), y g^a ^i ^f^^^^,íl^/^ ^a Tr^»^^^ nnfttl ^p iatiza á los que _ 
jifyan que rqh ilipi^3.s (2) , p or más qu e la Iglesia í^ft&P.5^rip. 

sólo espiritual , S ^n<^ ,<^af>pnTrifrnfttlmPTif<^ (^^^ 

Por otra parte, el^aort^JQ eneariaticp . y a se Celebre so - 
iftTtiTiftTnfíntp y é pgQfioneia á ^\ pn^M a^jT a sin solemnid ad ni 
eoncurrencia del pueblo > no p u Q^e llan^arse con propiedad . 
privado , sino com ú n y público (4) , porque la Misa se ofrece 
siempre en acción de gracias por la muerte dd Cristo y nues- 
tra redención. 

Se ofrece por todos los fieles que pertenecen al cuerpo de 
Cristo , y^comprende en general á los infielesj^her^jes, cis* 
i g^ticos T fti^^TfmimTgftHAft , pft fAd<>f p^¿ ; en unir palabra, ITio ^ 
dos los hombres, 

' Se ofrece por el ministro de lajglesia, constituido p or au^ 
_toridad pública y mediante la solemne institución d e Dios 
para este acto (5). ^^ 

látur^a de la Misa , y su antigüedad.— La palabra 
liturgia procede de otra griega , que signific a público m igis- 
terJQ . y puede definirse : JS¿ orden de preces y ceremonias 
que se emplean en la Misa (6). 

La liturgia qatólica es en parte de ¿qstjitu^ jop Hivínn. y 
en parte d e instituciou eclesiástloi» , pues el mismo Jesucris- 
to instituyó el sacrificio y concedió á la Iglesia potestad para 
ordenar (7) el culto divino. Estos ritos y estas ceremonias, 
en las que ocupan ^ I Ji^gar pri n cipal la^s pai^Hr^^g Hp. Hrístn ^ 



(1) Devoti; ItáL Canon., lib. II , tít. II, sect. 3.*, par. 61. 

(2) Sesión 22, canon S.^' 

<3) Concil. Trid.. sesión 22^, cap, VI , Ite Sacrificio Missa. 

(4) Concil. Trid,, sesión 22, cap. VI , De Sacrificio Missa. 

(5) Drouven : De Re Sacramento, lib. V , qusest. 9.* 

(6) Devoti : InsL Canon,, lib. U, tít« U , sect. 3.\ par. 54. 

(7) €on«¿^ Trid«, sesión 21, cap, IL 



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— 70 — 

86 emplearon siempre en la Misa*; pero no fué una y la mis-^ 
ma la disciplina de todas las iglesias. 

Existieron muchas liturgias en distintos tiempos y luga-t^ 
res f siendo las más celebres en Oriente las de San Basil io jr 
^ San Juan Crisóstcmio ; y en Occidente, la ambrosiana ^ gah»^ 
" "ZSüB.^ española ó mozarábioa (1). 

^7^ )-~ Variedad de las ceremonias de la Misa.— Los rítos^ 

ceremonias y preces usados en la Misa, son múltiples y muy 

variados , procediendo todos ellos de la tradición ó institución 

divina, apostólica ó eclesiástica (2), y tienen por objeto exci-^ 

/ tar la piedad de los fíeles, y moverlos ¿ la contemplación de 

^-.-^^^^^T^^.^A^^^.^L^ ^^^ altísimos misterios ♦ que están ocultos en este sacrificio (3). 

/I Todas las ceremonias de la Misa pueden considerarse baja 

y^y^y^t^nL^^^ dos conceptos : 

/ ^^''W/^^-^'^* unas pertenecen al aparato externo del sacrificio (4), como 

— el lugar en que ha de celebrarse — aparato de los templos y 
altares— tiempo de ofrecer el sacrificio — ornamentos de los 
ministros , etc. 

Otras se hallan unidas al acto mismo del sacrificio , coma 
son — las distintas^preces — genuflexiones — bendiciones, e^A 
Idioma en ^e lia de celebrarse.— Los ApSs^les y 
sus sucesores celebraron el santo sacrificio y los divinos ofi- 
cios en el idioma com ún á cada uno de los distintos Jbegij torios 
que recorrieron: así que se usó e n Jerusalenel hebreo; ^en 
Antioquia . Alejandria yotras ciudades de Grecia , el gnegoí 
en TinnfiR y ftn tnHn Al (> ff < ^iden{eT iajengua latina (b)! peroesT 
^íaslenguas , andando el tiempo , dejaron~~3e ser vxdgares y 
sólo eran conocidas de loa hombres doctos. 

La Iglesia, fundada en poderosísimas causas, dispuso que 
los divinos oficios c ontinuar an celebrándose en las lenguaa 

(i) Devoti : InsU Canon,, lib. II , tit. II , sect. 3.*, par. 54. 

(2) Hugvenin: Expostí. metk, Jur. Cünon.,par$, speciñL, lib. II, ti« 
tule I , tract. 1.®, díssert. 2.*, cap. I* 

(3) Coneil Tríd.y sesión 22 , cap. V. 

(4) Drocven : De Re Sacrament. , lib • V, qumst il. 

<5) Dbvoti: ¡nst. Canon., lib. U , tít. II , sect. 3.^ par. 56. 



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— 71 — 

para que hubiese mayor veneración hacia estos 

8tP los errores que podrían intro- 

Sírse en el cambio de idioma , etc. 

Sin embargo , la Santa Sede permite algunas veces A \ ()^ 

jpim^cís, Tfto.tfttitftmftntft pinTnrftrt.iHnR A Ir fp ^ l a liturgia en SU 

^lengua vulga r (2). 

Quién tiene dereolia á leg^islar en esta materia.— 
La liturgia es un público testimonio de la religión que se pro- 
fesa , puesto que es la forma del culto extemo instituido en la 
Iglesia , y nadie duda que la suprem a potestad del Sumo Pon- 
tífice para regir la Iglesia universal comprende el supremo 
derecho en cuanto á la liturgia. Esta es la expresión de la fe, 
é^ instrumento principal de la religión , y en este supuesto ha 
de estar sometida al magisterio de la Iglesia y del sumo pon- 
tífice. 

Finalmente , la ji turgia es la parte más i mportante de la* 
HfsAipiip a eclesiástica, y como en esta e][ Sumo Jgon tificft es el 
&iiprftTT^9 jfigíRifl/ínr , pi^ramonf^ <m ^ft^"i^-ft Que de é l depende 

Qí Práctica segada sobre este punto. — Lft_S5Jit8L8ede 
AWpArmíti'rS P]^ pftft^ ^ ^^^ nhí spQs lef^islar CU esta materia , y de 
aquí la variedad accidental en las liturgias de las^dülintas 
iglesias. 

Desde el siglo V entendieron en este punto los metropoli- 
tanos con respecto á sus provincias , sin que por esto dejasen 
los obispos de corregir ó reformar las liturgias de sus iglesias 
en cosas accidentales. 

Por fin , la Santa Sede se reservó después, en uso de su de- 
recho, la facultad de legislaren esta materia (4). 
Axxtisr^aoostuxiibre de ofrecer pan 7 vino para el 

(i) Pkrbone : Praled. iheolog.,DeEueharUUa , part. 2.*, cap. IV. 

(2) Dkvoti : InsU Canon., lib. II , til. II . sect 3.*. par. 56. 

(3) HuGUENiN : ExposiL melh. Jur, Canon., par$ speeial., lib. 11^ ti- 
talol. tract. i.^ diserl. 2.\ cap. 1. 

(4) licGVcivíN : Etposit. meth. Jur. Canon., ibid. 



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— 72 — 

sacrifloio.— Los fieles que asistían á la Misa » acostumbra- 
ban á ofrecer pan y vino para el sacrificio, fion ftRtft pan j^ 
v ino se hacia e l <^np.rpo ^angre del Señor , y lo que sobraba , 
que no era poco , porque las oblaciones eran abundantísimas, 
sedestinaba para el sosten inii.eatQd el clero y délos pobres (1 ). 
liimosna de la Misa, y su motivo.— Los fieles dejaron 
de ofrecer el pan y vino para el sacrificio, cuando aband ona- 
ron la práctica de comulgar diari a mente ( 2) , y justituyero n_ 
en s u^ lugar dinero , el ^ual cedía en provecho de los clérigos 
adscrjtos"al ser vicio_ de la Ig lesia, del mismom odo que las 
oblaciones de pan y vino. ~ 



Desde el siglo VIII en adelante, es tas oblaciones e n dine ro 
cedían en prove cho del mi smo sace rdote que aplicaba el santo 
sacrificio , cuya costumbre fué general en la Iglesia desde el 
siglo XI (3). 

Es tajimosna^ f j^fír . ififí yil «fa*^prrtotft , guQ ft pl i>ft p1 guirnfi - 
cío deja Misa^j^Q ^Ql precio dg ^la consagracione ucarístí Q a . 
porque esto sería simonía . sino-eLestipendío debid§LaLsacwí=- 
^dote á título 4e sustentación^ ) , ó por razón del trabajo ex- 
^^rínseSrré independiente deísacrifioio , como celeb rar la Misa 
4 determin ada hora 6 en (^iftH:n ly^g^i*- 
^Xí Quién la determina.— El obispo es el llamado á juzgar 

lo que cada presbítero necesita para su congrua ú honesta 
sustenjtapion en cada localidad , y en su virtud señala el esti- 
pendio que se le haya de suministrar por la celebración (6); 
^ sin que por esto se entienda que el sacerdote no puede recibir 
mayor limosna que la señalada, si voluntariamente se lé 
ofrece, ni celebrar por menor estipendio si fuese su volun- 
tad (6). 
Obligación de aplicar la Misa por quien da la li- 

(1) Devoti : In$t. Canon., lib. II , til. II , sect. 3.*, par. 64. 

(t) Devoti : InH, Canon,, ibid. 

(3) Phillips : Comp. Jur. EccUs, , lib. V, cap. 11 , par. 341 . 

(4) Epíst. í^ad Corint, , cap. IX , v. i3. 

(5) Devoti : InsL Canon. , lib. II, lít. II , secl. 3.*, par. 65. 

(6) Phillips : Comp. Jur. Eccles. , lib. V, cap. II , par. 241. 



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— 73 — 

moBna. — ^El sacerdote tiene obligación de aplicar l a Misapor 

la intftncíoTí flftl qi^ft ift h? ^**^^ fl ^fr^t^ Ifl limfífinfl , ponivfíjlft, 

—estem odoresulta itt^ ^'i'^tn /; piy^wi^^o especial (1) en favor 

• Debe advertirse para evitar cualquiera equivocación en 
esta materia « que habrán de distinguirle tres porciones en 
cuanto al fruto del sacrificio : 

Una general , que corresponde á toda la Iglesia , y princi- 
palmente á las personas expresadas en el canon de la Misa, 
«iñ que el sacerdote que celebra pueda disponer de ella, por- 
que la aplica el^mismo Jesucristo , que es el oferente princi- 
pal (3). 

Otra especial ó media , gngjyvrfis panHp. al (> ^1<^^>rantft 
y p uede aplicarla & su arbitr io , v. gr. , po r quien dala li- 
mosna. " ~^ 

Otra especialísima , que es de tal modo propia del cele - 
bránteTque no está en su potestad ap licarla en beneficio de 
ot raper sona (4). yi ^ - 

Si íossacerdotes pueden celebrar diariamente ó Jy^/j^^^^ Jv* 
más de una vez al dia. — E l sacrificio no se celeb r aba to * ^^^^^ 
dos los dias e n^lo ^ tifimpos prrmjt í vQS de la Iglesia; así que ^^^/^yf^^^^ 
á. Pablo sólTbabla del domingo (5), y 8. Epifauio tratando ^^"^/T^^^^^ 
"^le este punto , dice que los Apóstoles establecieron al efect o z^^. /^^ 

tres dias á la semana, ó sea el domingo, mié rcoles y viér- ' ^^^ 
nes (6). 

TSftspi ^fts s ft nfSflHM a1 g4Ki^(^n, y dosdo el siglo IV SO acos 

_jtr[n}>M 4 i^.ftlphyftr HistriAynftntft px\ lajglg sia occidental ( 7) r v^^ 

menos la feria 5.^, 6.^ y s ábado de la Semana Sant a^si bien C^^'^""^^''^'''^^ $ 

(i) Perrone : Praleclion, Theolog., dé Eticharístia , part. ±^, capí- 
tulo III , prop. 5/ 

(2) Benedicto XIV : Inst. 36 , núm. fL^ y sig. 

(3) ScAvmi : Theolog, mor. univ, , tract. 9.°, disput. 4.% cap. IV. 

(4) ScAvrai : Theolog. mor. , ibid. 

(5) Epíst. i .* ad Corint. , cap. XVI . v. !• 

(6) Dbvoti : Inst. Canon, , lib. 11 , tít. II , sect. 3.% par, 57. 

(7) Pbillips: Comp. Jür. Eccles. ^ lib. V, cap. II, par. 2I0« 




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— 74 — 

se celebra una Misa solemne en todas las iglesias el juéTes y 
sábado santo (I). 

Los sacerdotes celebraban antigu amente más de una vez 
al dia y principalmente en las üesias más solenmes del año, 
con motivo de su escaso número (2) ; pero después de haber 
aumentado considerablemente el número de presbíteros, y 
que el fervor de los fieles decreció en igual proporción , je 
dis puso que ningun sacerdote celebrara más de una vez ca da 
día ( 3) , á excepcio H^d e la Pascua de Mavicíad en que sep er- 
mite á cada s acerdote celebrar tres misa s (4) , y esto para 
significar la triple natividadde Cristo, á saber: l a eterna^^ 
del Pa dre ; l a temporal , de la Vi rgen María ; la espiritual, en 
l os corazones de los hombres (5) , ó como quiere Veda : para 
significar los tres estados del hombre , que son : e l anterior á 
l a ley mosaica ; el dg^la I fiy de Moisé s , y el p osterior á la ley, 
que es el esta do. de gracia. 

También se celebran tres Misas el dia d e la Conmemora- 
^^íoTi d^f todQí^ ^Qs fiftlfts dift^ Tjitns ; pero el sacerdot gjio puede^ 
rec ibir estipendio más que por una . Por último , existen ot ros 
cas os en que puede celebrarse más de una Misa^a ldia (6), 
^~Horay lug^ar en que ban de hacerlo.— Los sagrados 
misterios se celebraba n en un principio de noch e y después de 
la cena, ya para que los fieles imitasen á Jesucristonimeii 
después de la cena legal ofreció el primer sacrificio , ya para 
ocultarse de los gentiles (7). 

Después que se dio la paz á la Iglesia, empez¿ÍLC£leh£^- 
le de dia; si bien se conservó la antigua costumbre en deter- 
minfeda^s solemnidades, co mo en la n oche de Navidad, vjsir, 

(i) Devoti : InsL Canon. . lib. II , tit. II , par. 57. 
(V) C. XI , dist. 2/ De Consecrat. 

(3) C. Lili, dist. i .» De ConsecnU.-^Csn^. XII, üt. XLl, lib. ÍH Decrel. 

(4) Cap. lII.tít.XLI.lib. IIÍDecreí. 

(5) Sto. Tomas : Summa. Theolog, , part. III , quaest. 83 , ari. 2.^ Ad 
Secund. 

(6) ScHMALZGRUKBEa .* Jus EccUs. uhív, til lib, III Decret, , tít. XLI, 
par. 2 A núm. il. 

(7) DEtoTí : Inst. Canon,, lib. 11 , tít. 11 . sect. 3.% par. 59. 



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— 75 — 

lias d e Pascua y Pentecostés , y en los días que sft (*^ft le- 
Sban órd enes (L). 
En la actualidad sólo la Misa de Navidad se celebra de <i ^ ^ ^ 



nocEj 

Las Misas privadas se celebraban á cualquier hora, ycoÉ 



arreglo á la costumbre y práctica de 1»- T^l^n^^^P^ pnftr^ftn ^a^, Am • 
br arsegeneralmentedesde la aurora hasta el medio dia f2)> L^r^ ^^"^^^ ^^^ 

^ ^^°^Q sacrificio de la Misa se celebraba en to do lug ar^. yj^ ¿^ i¡L 
ya fuera casa particular, y a j^ ^r^^-^^x el cementerio , etc.; ^^"^^ ^ § 
pero después que los emperadores se convirtieron á la fe y jsa^ 
construye ron templos en abundancia, allí se celebraban 1(^ 
sagrado s misteri os (3). 

En la actualidad sólo puede celebrar se en las iglesias con- 
sagrad as ó benditas, or atorios públicos ó privados convenien - 
emente dispuestos? et c. (4); pero en caso de necesidad podrá 
decirse Misa en cualquier lugar cómodo y decente (5), siem* 
pre que por otra parte haya todo k) necesaria para la recta y 
debida celebración del santo sacrificio (6) de la Misa (7}. 

Días en que los fieles tienen oblig^acáon de asistir 
al santo saorifioio de la Misa.— Los fieles tienen obliga- 
ción de asistir al santo sacrificio de la Mis a los domingos v dias 
festivos^ S egún la antigua disciplina, debían en dichos dias 
asistir á su respectiva iglesia parroquial , y oír allí Ift Misa qu^ 
se celebraba por su párroco (8) , pero con arreglo á la legisla- 
ción vigente, los fieles cumplen con el precepto oyendo Misa 
los dias fe stivo^ en cualquléFalglesia (9). 

(1) Devoti : íiwí. Cantm,, lib. 11 , tít. 11. sect 3.*, par. 5?. 

(2) ScHVALZGRiJEBEB : Jus Ecclcs, ufíiv. iu Hb, in Decret . tit. XLl. 
per. 2.^DÚm.46. 

(3) Devoti : ínst. Canon. , lib. II. tít. 1!, sect. 3.*, par. Gi. 

(4) ScavALZGRi^EBER : Jus Eecles, univ,, ibid., núm. 47. 

(5) C. XXX , díst. i.^'De Comecrat. 

(6) Devoti : InsL Canon. . lib. II . tít. II, sect. 3.». par. 62. 

(7) ScHVAiJUSRUEBER : Jus EcclcB. univ., ibid. , núm. 48. 

(8) Devoti : hist. Canon ^ , ibid. , par. 63. 

(9) Benedicto XIV : De Synodo diwcesana , Ub. XI > cap. XIY , nám. 7 
ysig. 



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— 76 — 

CAPÍTULO VL 

SACRAMENTO DE LA PENITENCIA. 

Etimología de la palabra penitencia , y su signi- 
ficado. — La ^BlahTHpanitenHa (penitencia) procede de poma 
6 de punü wne , porqae el hombre castiga en sí mismo el ¿e-^ 
^litoqüe cometió pecando (1). La penitencia supone por lo 
mismo xidií) y detestación d el pecado cometido. 

Aparte de las vanas signitícaóloues ijue ye dan á esta pala- 
bra (2) , suele considerarse de dos modos, ó sea en cuanto in- 
dica una virtud moral que se llama penitencia virtud, ó vir- 
tud de la penitencia; ó en cuanto se indica por ella un sacra- 
mento de la nueva ley. 

Definición de la penitencia virtud , y actos que 
comprende. — La penitencia virtud se define : wna virtud 
que tiende áia destrucción del pecado en cuanto es.ofensa de 
Dios, por medio del dolor y satisfacción (3). 

La penitencia virtud comprende los cuatro actos si- 
guientes : 

a) Mutación 6 arrepentimien tOLdñJa priinera víd^i*^ 



b) 8u odio y^ d^tfíS tecion . 

c) Propósito de mejor vida. 

d) Vindicta de la vida anterior. 

. Penitencia sacramentoTy^en qué se distingue de 
y la penitencia virtud. — ^La penitencia considéhida como 
sacramento se define : Un sacramento instituido por Jesucris- 
to para perdonar los pecados cometidos después del bautismo 
por los actos del penitente y absolución del sacerdote. 

(i) ScAvim : Theolog. mor, univ. , Iract. 40 , disput. 1.* 

(2) Catecismo Romano , part. 2.*, cap. V, núm. 2.° 

(3) S. Alfonso de Ligorio : Theolog. mor. , üb. VI • iract. 4.*i cap. I, 
dub. 2, par. i.% núm. 434. 



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-^■77 - 

La virtud de la penitencia se distingue del sacramento de 
la penitencia en lo siguiente : 

a) La penitencia virtud consiste únicamente en los actos 
del penitente; y el sacramenta de la penitencia, en los actos 
del penitente y absolución del sacerdote. 

6) La virtud d© la penitencia fué siempre necesaria á todos 
los hombres que se hubieran manchado con algún pecado 
ipa£tai (1), y el sacramento de la penitenoía sólo á los que 
después del bautismo han incurrido enpeoado, - - -.,.^. -^ 

c) El sacramento de la penitencia es un todo, en cuya 
Tirtud se perdonan los pecador; y 1». virtud de la penitencia 
sólo es una parte de la materia del sacramento. 

Distintos nombres del sacramento de la peniten- 
cia. — El sacramento de la penitencia se conoce con los nom- 
bres de reconciliación {2)-'aísol^io^—€07ifesion,'^i^poH'' 
don, reconciliatoria de las manos (3) y también con el de 
secunda tabla después del naufragio (4) «porque así como en 
»im naufragio no queda otro refugio para salvar la vida que 
«asirse, si se puede, de una tabla; así después- de perdida la 
^inocencia del bautismo, se ha de desesperar sin duda de la 
i^salud de aquél que no se acogiere á la tabla de la peni- 
tencia» (5). 

Su institución divina — ^La penitencia es un sacramea- 
to de la nueva ley , instituido por JeÉ^ucj^isto después de su 
resurrección (6) cuando sopló sotii^sus discípulos , y les dijp: 
Recibid el Espíritu /Santo: serán perdo7iados los pecados de 
aquéllos A quienes los perdonareis ; y .quedasen ligados los 
de aquéllos á quienes no los perdonareis. 

Doctrina de los montañistas acerca de la potestad 
de las llaves. — La verdad de este sacramento ha sido im- 

(i) ConciL Trid,, sesien 44, cap.*f. 

(2) PdiLUPs : Compend. Jur. EccUs., lib. V, cap. U, par. 234. 

(3) Devoti : JnsL Canon,, lib. II, tít. II, sect. 3.*, par. 67. 

(4) SAKto TonÁs: Summa Theoloa., part. 3.^, qtuest. B4,art.6.° 

(5) Catecismo Romano, part. 2.\ e&p. V, par. !,• 

(6) Concil, Trid., sesión 44^ cap. U 



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— 78 — 

pugnada de diferentes modos : los montañistas y novacíanos 
negaron la potestad de la Iglesia para perdonar los pecados 
más graves (1); cuya doctrina está en abierta oposición con 
la verdad revelada, expresada en aquellas palabras: Amen 
dico vobis , qumcumjue alliffaveritis ^ etc. (2). Accipite Spi- 
ritum/Sanctum, qíMriim remiserUis peecata, etc. (3), y por 
esta razón fué desde luego condenada por la Iglesia (4); asi 
que el Concilio de Trento condenó de nuevo aquel antiguo 
error (5) opuesto á la revelación y á la práctica constante y 
universal de toda la Iglesia (6). 

Errores de los protestantes sobre este punto, y su 
condenación.— Los novadores del siglo XVI dijeron que Jg 
pem teBfiia.Boerajgfítdadftrft f^^j^rftmftritg^ ^^>tíntodeLba utismo 
y de su memoria , cuya atrevida doctrina, nunca hasta entó^ 
ees oida en la Iglesia de Dios y contraria en un todo á la reve- 
lación, fué condenada (7) por la misma Iglesia con estas pala- 
bras: t (S[ alguno confundiendo lo8 _ sacramentos , dijere que el 
i>ba utismo es el mismo sacj ^gaj^entn dft la^enitencm^ jgomo si 
) »estos dos sacramentos no fuesen distintos ; y que por lo mis - 
)> mo no se da co n propied ad á la pen ite ncia el nombr6~"deL 3é«" 
»&inda tabla después delj ñaufragio, j ifíaJ¿ioonaurgádQ>) (8). 
" — Lus mismos movaSoresdel siglo XVI , ensañándose de un 
modo especial contra ese sacramento , sostienen que^ji]^- 
lucion del sa ceyHntft ^a ^r ü^tn jn^iViVini , sino el si^ plg my 
nisteriodedeclaTar^^ 

^nasias^emprej[u^ -^ — 

Esta doctrina se halla en abierta oposición con los textos 

(1) Diiou¥EN : Be Re Saerament,, lík Yl« qusest. 3.^, cap. I, pá- 
rrafo 1.*» 

(2) Matth. : cap. XVIII, v. 18. 

(3) JoAifN. , cap. XX. V. 22 y t^.^EpUt 2.* ad CorifU., cap. 11. 

(4) DnoüVEif : De Re Sacrament., lib. Vf, qusest. 3.% cap. I. par. i.^ 

(5) Sesión 14, cap. I. — Ibid., canon 1.** y sig. 

(6) DEVon: ínst. Canon., lib. II, tít. II, sect. 4.*, par. 87. 

(7) Droovbn : De Re Sacrameni.y lib. VJ, quee^t. 2.*, par. i.^ y sigs. 

(8) Concil. Trid,, sesión U, canon 2.^ 



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. — 79 — 

bíblicos ya citados (1), lo mismo que con este otro en que Je- 
sucristo dijo al paralítico: Remittuntur tibi peecata tna. Bt 
caperunt cogitare ser ida et pharüm, éUcentes: quis est 
hic, qui lojuUur blasphemiasl quis potest dimitiere pecea^ 
ta , etc. (2), así que la Iglesia condenó el error de Lutero y 
sus secuaces con las palabras siguientes : «Si algnno dijere, 
»que la absolución sacramental del sacerdote no es acto ju- 
»dicial, sino un mero ministerio de pronunciar y declarar 
nque los pecados se han perdonado al penitente , con sola la 
i»circunstancia de que crea que está absuelto, etc. sea exco- 
)»mulgado» (3). 

Materia remota de este saeraxnento. — ^La materia 
remota es el objeto acerca del cual wrsa la e^acia ó 9irtikl 
del sacramerUo de la pe^iitencia. 

La materia remota del sacramento de que se trata, son los 
pecados comet idos después del bautismo , y a sean mortales 6 
veniales (4)/hayan sido 6 n6 confesftdótr'; pero media esta di- 



'rerencia, que io s pecaaos mortalesno confesados son ma teria 
necesaria^ y lo sj^ecados Veniales (5), lo mismo que los pecados 
mortales ya confesados . son materia libre , si bien idónea y 
suficiente (6) , según consta hasta por la misma práctica de 
los fieles. 

Sa materia próxima.-'^a materia próxima de la peni- 
tencia comprende tres-Tictos del penitente, que son r j^ontri-^ 
cion— confesión— V satisftiftft| fv^ ^ según declaró el Concilio de 
Trento con estas palabras : Siquis negaverit ad integram et 
perfectam peccaiomm remíssionem requiri tres actus in 
pcenitente, quasi materiam sacramenti pcsnitentice, videlú 

(i) Matth. , cap. XVllI , V. ÍS.^Joann., cap. XX, v. 21 y sig. 

(2) Loe. , cap . V, V. 20 y sig. 

(3) Coneil. Trid., sesión 14, canon 9.* 

(4) ScdM ALZGRUEBKR : Jus Ecctés. univ. in lib. V Decreí., tít. XXXVUI. 
par. i /, núm. 5.* 

(fiS) ConciL Trid., sesión i4 , cap. V, De Conféssim. 
(6) Schmalzgrüebbr: Jus Eceles. univ, in lib. VDecret. tH. XXXYIII. 
par. l.«,iiúm.5.» 



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- 8Q - 

cet, oontriti&rMm^ confessimem et satis factionem... , anathe- 
miasüil): 

Esta definición dogmática del Concilio de Trento es una 
reprodu cción ^t N. ^Oftfínf^, s^nf^im^^ a por el C anc ^iQ dQ 
Florencia ¿ ^ decreto pro inetruct. armenior. (2); y sólo resta 
advertir sobre este punto, que los citados concilios llaman 
^rmsi materia (c^ inft mAtft^ ja) de j^'^tft sRP.i*a. ^ento á los acto s 
indicados , ano poi*que no sean materia verdadera, sino_ por- 
3» que no son de aquella calidad de m ateria?^ r Tie ^ ^ aplican 
»por de fuera , como el agiia en el bautismo y el crisma giMT 
«confirmación (3).» - -•" *• jf mm 

GoiitrKáSli^ T«iisespeoi».--^Ser entfende.porictwitri' 
cion: Un intenso dolor y detestación del pecado cometido^jcoM^- 
propósito de no pecar en adelante (4). 

La contrición , que fué neceísaria siempre y en todos tiem- 
pos para alcuizar el perdón de los pecados (5) , se divide en 

4' y Seiilama contrición perfecta : J?/ dolor del pecado cometi- 

í^^'T^'T^^V^^ ^^^^^^^^^ P^^ ^l amor de Dios ^^ére todas las cosas., y 
íi y^ perfecto en caridad, con propósito de no pecar en lo sucesivo 
^^^¿^ é/ ^^^'^^Hy y con voto de recibir el sacramento de la penitencia (6). 
^ » sA^^ entiende por contrición imperfecta ó atrición : JEl dolor 

Uij^¿fiy^ y detestación del pecado cometido, concebido ffcneralwfinte 

y \^^P^ ^<'* torpeza ó fealdad del pecados ó por eltemo^-de las pe- 

y¿í^l/^ "^^^ ' ñas del infierno, y que excluye la voluntad de pecar con es- 
y^ perwnm de. obtener el perdón. 
CilQ Sus efectos.— La contrición perfecta eu caridad recon- 
ciliar al hombre con Dios antes de recibir el sacramento ; pero 
nó sin el voto del sacramento que se incluye en aquélla (7). 

(i) SesioD 14, canon 4/ 

(2) Drouven : De Re Sacramení., 1¡|}. Vi, quaest. 3.*, cap. íí, artli.® 

• (3) Catecismo Romana , part. 2.*, cap. V, par. 13. 

(4) ConciL Trid. , sesión 14 , cap. IV De ConírUione, 

(5) ConciL Tríd. , ibid. 

(d) . Drouvew ; De Re Sacramení. , lib. YI , quaest 4.*, «ap. I. 
(7) Concil. Trid. , sesión 14, cap. IV, De ContriUone. , 



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— 81 ~ 

La contrición imperfecta , ó sea la que procede de la con- 
sideración de los pecados y su gravedad , de la fealdad de 
ellos , pérdida de la eterna bienaventuranza y su eterna con- 
denación, con propósito de mejor vida, es un dolor verdade- 
ro y útil que prepara para la gracia (1), y aunque por si no 
conduce al hombre á la justificación sin el sacramento de la 
penitencia , lo dispone para obtener y alcanzar la gracia en 
el expresado sacramento (2). 

Etimología de la palabra confesión, y su defini- 
ción. — La palabra confessio (confesión) pr^iiM? fifí la ffn>fy< 
e^oyioXófugw , y se llama tambien.4^yÉj^2(¡¿2$, ;^orque el peniten - 
te mamfiCTla sus P^ ^ftflm ^^ AiM^fac/>»>^ 4 Ijp ¿\p, iilp.ft.nTftl> ftl 

perdón . ^/ 

Se entiende por confesión : La acusación sacramental he^ /}^/K^ 
cha al sacerdote^ de los pecados propios cometidos después Vf 
del bautismo , para obtener el perdón de ellos en virtud de ^ 
las llaves de la Iglesia. * 

Se dice que es acusación sacramental , para excluir una 
mera narración histórica (3V— ¿g los pecados propios y cuyas 
palabras excluyen los pecados ajenos — cometidos después del 
bautismo^ porque los anteriores se borran por el bautismo y 
no por este sacramento — hecha al sacerdote, quiere decir 
que esta acusación ha de hacerse á sac erd ote aprobado al 
efecto y que tenga juristliccioq. porque de otro modo no sería 
acusación sacramental— ^Píirrt obtener el perdón, etc. , porque 
este es el fin de la confesión, f 

. Condiciones necesarias por parte del penitente 
I>ara su validez. — Las condiciones necesarias para la vali- 
dez de la confesión pueden resumirse en lo siguiente : 

Simple , ó que se expresen con sencill a? los pecados sin 
usar palabras inúti les (4). 

(4) dmcil. Trid. , sesión U, canon 5.® 

(2) ConciL Trid. . sesión U , cap. IV, De ContrUione. 

(3) Catecismo Romano, part 2.^ cap. V. par. 38. 

(4) ScAviNi : Theolog. *nor. imiv. , tract. 10, disput. i.*, cap. 11, ar- 
tículo 2.«, par. 3.** 

TOMO in. 6 



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— 82 — 

Hnmilis, que elj ) enitente se presente humillado interior 
yjrrtgrmrnftrit^ , no fi;^riHftn^^fT^ ifí ^\i s pecados. f 1). 

Pt(>Ta , q¿^^e bagr^ '^^" fíl ^^^^ objetod e reconciliarse^ iu 

Fidelis , T^^ifí ¡gf^a^rM^i^Qrn^ sjn intercalar ninguna cosa 1^ 1- 

Kl^^yy T^l^lyí.'^p^Nuda , esto es , sin ambajes ni palabras equívocas (3). 

^ Discreta^ ^^;2^_j¿^__g3j?23^fí ^^^ r^'nden s^^ 7 obre_g an^Ia 
misma en J a elección del confesor (4). 
^^ ^ Libens f ^ue se haga libremente y sin coacció n. 

Jy¿;^y/KjL é^^JjL^u^ Verecwhda , que se haga con modestia y verg üenza (5), 
y ^^^^v^f^^'^^^n^ntegra , que nada necesario se oculte . 

^^ f^ ^ _ Integridad material y moral , y cuál de ellas es 
necesaria. — Se entiende por integridad material ; La acu- 
sación de todos los pecados sin exceptuar alguno. 

Es integridad moral : La acusación de los pecados que se 
tienen presentes después de un eximen diligente (6). 

Es de necesidad en el penitente esta última, pero no la 
integridad material, porque es imposible. 

Es también indispensable que el penitente confiese todos 
los pecados mortales*, sus especies , número y circunstancias 
que mudan la especie del pecado (7) ; asi comp aquellas otras 
circunstancias que aumentan ó disminuyen notablemente ^ 
dentro de la misma especie (8), porque las razones alegjaciaa.. 
por el Concilio de Trento para probar la necesidad de confe- 
sar las circunstancias , que mudan de especie , existen igual- 



(i) ScAvim : Theolog. mor, univ.^ tracl. ÍO , disput. i.*, cap. 11 , ar- 
tículo 2.°, par. 3.^ 

(2) ScAviífi : Theolog. mor, univ. , íbid. 

(3) Catecismo Romano, parle 2.*, cap. V, par. 50. 

(4) ScAviiMí: Theolog. mor. univ., ibid. 

(5) Catecismo Romano , parte 2.% cap. V, par. bi, 

(6) Coucih Trid., sesión H, cap. Y De Confessione. 

(7) Concil. Trid,, sesión 14, cap. y De Confessione. 

(8) Catecismo Romano, parle 2.*, cap. V , par. 46 y 47. 



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— 83 - 

mente respecto á aquellas otras que aumentan ó disminuyen 
dentro de la misma especie (1). 
CyJ jBi la confesión lia de ser secreta.— Ha de ser secre- 
' ^^ de parte del confesor , porque éste no puede revelar las 
cosas manifestadas por el penitente en la confesión sacra- 
mental (2) ; cuya obligación está fundada en el derecho na- 
tural , divino y eclesiástico (3). 

Es secreta también por parte del penitente , aunque Jesu- 
cristo no prohibió que el penitente confesara públicamente 
sus pecados (4) : y de aquí que la confesión fuese pública ó 
privada en los tiemix)s antiguos (5) ; pero los abusos y conse- 
cuencias desagradables (6) de la confesión pública, fueron la 
causa de su abolición. 

Hoy sólo está en práctica la confesión auricular ó secreta, 
que es el modo de confesarse empleado ordinariamente desde 
el principio de la Iglesia , y por esta razón se halla condena- 
da la doctrina de los que impugnan la confesión secreta (7) 
como una novedad en la Iglesia (8). 

A quiénes obliga el precepto de la confesión , y 
cuándo.^El divino Fundador de la Iglesia prescribió la 
confesión , p. omn nftr.esaria á los que han i ncurrid o en pec ado 
después del b autismo (9), y por esta razón la Jglesiaanatema^ 
tiza al que negare quel aconfesion sacramentaLes-np.cfísaiia_ 
de derechoj Üadno (10). 

Este, precepto divino de la confesión obliga á los reos de 

{\) DROD\'S!f : De Re Sacramentaria, Hb. VI, qusest. 5.*, cap. II. 
(2) Catecismo Romano, parte 2.*, cap. V, par. 57. 
(3)' ScBmALiGtíüEBEK:JusEccks.univ.,inHb. Vi)ccr(í(., tít. XXXVIII* 
par. ^.^ núm.59. 

(4) Concil. Trid., sesión U, cap. V De Saeram. PmiiL 

(5) Pbillips : Comp. Jur. Eccles., lib. V, cap. ü , par. 234. 

(6) Walter : Derecho Ecles. univ., lib. Vil, cap. III, par. 281. 

(7) Devoti: Inst. Canon, , lib. II . tít. II , sec. 4.*, par. 70. 

(8) CondL Trid., sesión 14, canon 6.*» 

(9) Condl. Trid., sesión 14, cap. V De Confessione. 
(10) Concil. Trid., sesión 14, canon 6.* 



^.^ 



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— 84 — 

pecado mortal en el artículo ó probable peliyo de m uerte, 
y var ias veces e n la vida j ggug la. <^n<*^trina í^nmini mente 

Ida(T )! 

L a I^lesía^ nel Ck)ncilioJX-dal4Stran^eterminó en con- 
creto el precepto divíno^dela confesión , imponiendo á le» 
fieles de uno y otro sexo, que hayan llegado al uso de la razón, 
e l deber de confesar sus pecad os salúem semel in anno pro- 
^rio sacerdoti (2) , cuya doctrina fué de nuevo sancionada 
por el Concilio de Trente (3) y constituye la legislación vi- 
gente en esta materia. 

Están obligados á confesar más veces al año los que se 
hallan en alguno de los casos siguientes. 

a) El Que desea comulgar 6 celeb rar ftl santo sa^rifi^in dp 
Ja Misa , fij °^ ^^}^ñ fin peftadn morral (4). 

ij V,\ qii^ CiT ^^t que no puede abstenerse de algún pecado . 

ó vencer alguna grav e tentación sino por medio de la confe- 

ion , tiene obligación de recibir el_sasramento de ] 



cia, porque todos están obligados por precepto divino á em- 
plear los medios necesarios para evitar el pecado (5). 

c) El que tiene esta obligación en virtud de voto , jur ar 
mentó, penitencia impue sta p^r p.i p.anfft<^Qr/A pov razón dft 
estatuto , religión ó precepto del fiiipp,;Mnr. ^> 

d) El que por razón de conciencia err ónea se creg^eiTla 
obligación de confesarse. 

Tiempo efiljiíe-lrá ae tener lugax.-— El precepto ecle- 
siástico prescribe que ha de cumplirse una vez al año, sin 
que determine la época del año en que lia de tener lugar; 
pero el derecho no escrito , ó sea la costumbre antiquísima 



(i) Schmalzgrueber: Jua Eccles, univ,, in lib, VDecreí,, tit. XXXVIII, 
par. i,**, núm. 9 y sig. 

(2) Cap. XII , tí t. XXXVÍII . lib. V Decret. 

(3) Sesión i4, cap. V De Confessione, — ^Ibid., canon 8.° 

(4) ConciL Trid,, sesión i3 , cap. VII. -/¿id., canon H. 

(5) ScQMALZGRUfiBBR: Jus EccUs, UKiw., iu lib. VDecreL, tít.XXXVIll, 
par. 1.'', núm. i2. 



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t^i 



I 



— 86 — 

j. luüversal en la Iglesia , señala al efec to^gl tiempo pascual» 
(t^s^h. la época en que se prescribe lá comuhion (1). 

Bl Concilio de Trente dice acerca de esta práctica : Unde 
jam i% universa Ecelesia , cum ingenti animarumfidelium 
fructu^ observatur mos Ule salutaris confitendi sacro illo^ 
et moúpfmé acceptaiili tempere quadragessimúe ; quem morem 
héBc sancta synodus máxime proiaí, et amplectitur tam- 
quam pium , et mérito retiitendum (2). 

Acepciones de la palabra satisfacción.— La pala- 
bra satisfacción significa— el pago de cualquier débito — el 
pago de la deuda contraida por la ofensa hecha á Díos--el 
pago espontáneo de la expresada deuda , en cuyo caso es un 
acto de-la penitencia virtud— la pena que el confesor impone 
al penitente , como parte integrante del sacramento de la 
penitencia. En este último sentido se toma aquí : 

Su definición, y necesidad.— S3 entiende por satis- 
facción sacramental , la aceptación voluntaria de la pena 
impuesta por el confesor para reparar la injuria Aecha a 
Dios por el pecado y pOigar la pena temporal. 

T^i^^tT<sfftp^(*7'nTi giffanÁ qiifi por Ift fthfJOl^ftioTl Sfi^''<>"lPn^ftí 

jaJ^ pprHnnnd p la culpa . pero nó siempre todn ^^ p^nft t^"»- 
paral (8) debida por los pecados , y esto es una verdad funda- 
da en la Sagrada Escritura (4) y en la tradición constante de 
la Iglesia (5), así que el Concilio de Trente anatematiza al 
que dijere que de tal modo se per dona á todo penitente des- 
pues de recibida la gracia de la jostificacion , la culpa y rea- 
to de la pena etern a^ que noTe queda reatp de pena alguna 
temporal que pagaren este si^lo ó en el futuro Í 6). cuya 

(1) Schmalzgrueber: Ju$^ Ecciei, univ.. in Hb. \ íkerM, til. XXXYUf , 
par. i.^ núm. 19. 

(2) Sesión XIV , cap. Y i)e Confemone. 

(3) Drouvsn : De Re Sacrament., lib. VI, quffist. G>*, cap. I. 

(4) Números , cap. XIV, v. 20 y sig.— Libro II R$gufn , cap. 

(5) Catecismo Romano , parte 2.*, cap. V, par. 65. 

(6) Sesión $.% cáoon 30. . 



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— 86 — 

doctrina sanciona de nuevo en otro lugar (1), demostrando 
igualmente que así lo exige la equidad y la conveniencia (2). 
Sus especies. — La satisfacción , que con ftrécuenbia se 
llama penitencia (3) , se divide e n — vindicati v a— medicinal-^ 
pública— privada — solemne— y no solem ne. 
"' La penitencia vindicativa se impone precisamente para 
sa ^facer porlQ^pecados p asgdD3 TX^^^^™SdíciDaI para pre * 
c aver los pecados en lo su cesivo (4). 
^' La penitencia pública es : La satisfacción apena fue im- 
pone el confesor por los pecados maniñestos. 

Se llama penitencia privada : La que se impone por los pe- 
cados ocultos y secretos , que se dan á conocer en el acto de 
la confesión sacramental. 

La penitencia pública se divide en— solemne ó pública con 
solemnidad — y no solemne ó pública sin solemnidad. 

Se llama penitencia solemne : La que en otros tiempos se 
imponía al principio de la cuaresma con ciertos ritos y so- 
lemnidades prescritas en ^l derecho (6). 

La penitencia pública sin solemnidad es : La que se hase 
públicamente é in facie Eclesiae sin las solemnidades pres- 
critas por el derecho (6). 

Aplicación y uso de la penitencia pública sin so- 
lemnidad.— Los pecados mortales, cometidos públicamente^ 
se expiaban mediante penitencia pública , y ésta era fre- 
cuente en lo s^primeros siglos de la Iglesia por ios pecados 
másgravesT^n^üa^^ 
penitentes asi lo querían (7). 

(i) Sesión i4 , canon i2. 

(2) Sesión !4, cap. VIII DeSacram. PcbhU. 

(3) Dkvoti : Jnslü. Canon., lib. II. tít. II. sect. 4.*, par. 72. 

(4) Thoile ex Cbarmes : Theoleg, univ,, de Pumil,; ifissert. A.\ ca- 
pítuio V, qu»8t. 2.' 

(5) C. LXIV. dist. W. 

(6) Schmalzgrüebbr: Jas Eccles. univ,, in lib. V Decret,, tít. XXXVIII, 
par. 2.^ núm. 92. 

(7) Oevoti: Inst. Canon., lib. II , tít. II. sect. é.\ par. 72. 



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— 87 — 

Se cuestíona mocha sobre si la Iglesia prescribió la peni- 
tencia pública para los pecados gravísimos , aunque fuesen 
ocultos (1) ; pero es lo cierto, qué hoy sólo pueda imponef^ 
penitencia pública por los pecados públicos (2) , según el axio- 
ma : de peccatis publicis publicé . de occtUtis occuUé est 
pmititen dum (3) ; ^ánn el obispo tiene facultad para conmu > 
tar la penitencia pública en secreta . cuando lo considere má s 
conveniente^ (4). 

Su distinoion de la penitencia solemne.--Se distin- 
gue la penitencia solemne de la no solemne en que la prime- 
ra se imponía únicamente por los pecados muy graves que 
causaban escándalo y daño á una comunidad ó á toda una 
nación (5). La no solemne se imponía también por pecados 
muy graves, pero que no producían el escándalo y daño que 
los otros (6). 

La penitencia solemne se imponía únicamente por los 
obispos y al principio de la cuaresma, á diferencia de la no 
solemne , que se imponía por el simple sacerdote y en cual- 
quier tiempo (7). 

Esta puede imponerse en la actualidad , y la solemne no 
puede tener hoy lugar en ningún caso. 

Origen de la penitencia pública con solenmidad, 
7 sus distintos girados.— La penitencia pública con so** 
lemnidad se conoció en el siglo III habiéndose int roducido 
después del cisma de los novacianos , qu e negaban á lalgle- 



(i) Devoti : Inst, Canon. , ibid.— SciniALzcRijpEii: Ju¿ Eccles^ univ.^ 
in Ub.VDeereLy lít. XXXVDI, par. 3.^ núm. 94 y sig. 

(2) C. XIX , párrafo l.^ qu»st. i.*, causa 2.'— Cap. I y VII , título 
XXXVIll . lib. V DecreU 

(3) PaiLLips : Camp. Jur. Ecóks., líb. Y, cap. II , par. 2i3;' i 

(4) ConciL Trid. , sesión 24 , cap. YIH De RefbrméU. 

(5) C. LXVIH , distinct. 50. 

(6) C. XVII , dístiact. 3.% De Con$ecraUone. 

(7) ScnuLraiiJSBER: Jus Sedes. un0r., in lib. VDeereí,, Üt XXXYUI, 
par. 2.^» núm. 93. 



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^■u^ 



— 88 — 

sia la potestad de perdonar los pecados mis graves, cometi- 
dos después del bautismo (1). 

La solemnidad de la penitencia pública se hallaba arregia- 
da popTos cánones , y de aquí que recibiera el nombre de pe^ 
niiencia canónica^ 

Comprendía los cuatro grados siguientes: 

Fletus : Este era el primer grado , y ( ^p i ^sistia e n gnft al 
pen itente excluid o del inp preso ^n la iglesj jjft, .^ft ftnlnr*nKft fiías. 
"^ S de la gj uertas de aquélla^ vestid o d ^. saco . cubier t o de ce- 
niza y con el cabello extendido. En esta posición confesaba 
públicamente sus pecados, y suplicaba ¿ los fíeles que pene* 
traban en la iglesia, intercediesen con Dios y con el obispo 
^e^ favor suyo (2). 

//I /^ Jrl^'^^^^^^ • ^^® ®^* ®^ grado siguiente , y consistía e n que el 
^^^I^^C'Kyv^iy ^ peiíítente se colocaba den tro del pórtico de la iglesia, oíalas 
^agradasjlscritn ras y^as pláticas ¿ sermones, teniendo obli- 
g acionde^iir de la -Igl esia después de terminadas a^quélto s, 
con los demás que se hallaban en su caso , como l os gentiles 
y catecúmeno s (3), 

Substratio: este era el grado tercero, y comprendía ¿Jq^ 
que eran admitidos dentro del ámláto de la iglesia, y después 
át^ salir Ins A(A ^MtAc^ aniftrinT , jrg cibíau arrodilla dos la im^ 
sicion de manos _bg|o ciertas preces (4); salían despiws de lit 
igle&i^ y se eje rc i t a b a n on o bpas duras f laboriosas . 

Oonsis^ntium: era el cuarto grado, y comprendía ¿Jofi, 
que permane cían en la iglesia con el pueblo fip> liRfjta ftl fjp 
d^jaiudficia ; pero norecibían la Eucaristía, ni se admitían 
sjis^oblaciüngs (5) , hasta que , cumplidas las penitencias íj a- 
puest as, r ecuperasen el dere cho aja comuaion j^i ^mer 
grad o de dignidad j^coDao.^^^ Hpmas fifij^.Q (fi). 

(i) Dbvoti : Ihst, Canon. , lih. U , tít. II , secf. 4.*, par. 7a. 

(2) Deyoti : Id. ibid., per; 74. 

(3) Devoti; Id. ibid. 

(4) DrouveíX : De Re Saerament., lib. VI, qusst. 6.*, cap. II, par. i.** 
^ Devoti : Jnsi. Canon, , Itb. U , tít. U , seci* 4.\ par. 75. 
(6) Drouven ; De ñe Sacramento , ibid. 



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— 8» — 

Duración de las penitencias.— La especie y duración 
de las penitencias, tanto públicas como secretas , estuvo pri - 
mitivamente al arbitrio del obispo 6 dal sacardote cpnfesor (1), 
hasta que se arreglaron penitenciales que los señalaban con 
puntualidad (2), siendo de mayor ó menor duración , según la 
jq^ vedad de los delitos : a^ue al gnnos de éstos sujetaban al 
delincuei^te toda su vida 4 penitencia (3 ). 

Esto no obstante , el obispo podía á su arbitrio suprim ir 
respecto á los peniten tP.,*^ fllgiinn ^a \r\íi prados, y reducir el 
tiempo prescrito para cada uno de ellos; pero en todo cas o los 
p enitentes practicaban todas las obras seflaiadas. seartíh éi 
grado á que pertenecían ó el pecado cometido. 

También se hallaba determinad o el dia en que los peniten -- 
tes eran restituidos 4 la comunión : 4 menos que hubiera una 
justa causa para anticipa rlo (4). 

Si podrá imponerse en la actualidad con arreglo 
á los cánones penitenciales.— La especie y duración de 
las penitencias señaladas en los cánones penitenciales no es^ 
tan vigentes, y puede decirse que se abandonaron por com- 
pleto en el siglo XIII , desde cuya época quedó todo esto al 
prudente arbitrio del confesor (5). 

La j^eniten fr^»^ ^^"^'^.a no puede imponerse en la actua> 
lidad (6) por ninguna clase de pecados (7 ) ; percal espíritu de 
la Iglesia es el mismo ahora que en la época de la estricta 
aplicación de los cánones penitenciales (6) ; y por esta razón 
deben tenerse 4 la vista por los encargados de adm jníjyt-Tftr egV^ 
sAi ^ramento A los fieles , 

(4) C. 5.*, causa 26, quaest. 7.»— C. 84, Df Panitentia , distinct. i.' 

(2) Waltbr: Derecho Beles, unie,, lib. Vil. cap. Ul , par «84. 

(3) DivoTi:/M. Cañen., líb. II, tit li, seni. k.\ párrafo 76. 

(4) DcYon : hit. Canon., lib. U , Ot II, sect. é.\ par. 78. . 

(iO Cap. VIH , Ül XXXVIII, lib. V DeerM.^-Ceneil. Trfd., sesión 44, 

caps. VIII y IX 

(6) Drouvbn : De Re Sacrament.ilib. .VI , qusst. 6.*, cap. II , par. 4 .* 

(7) Dbvoti: Inst. Canm., lib. II , til. II , seoU 4.*, par. 79 

(8) DBOuvuf : De Re Sacranmní., lib. V| , qiuest. 6.^ cap. \l ,.pár« 2/ 



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— 90 — 
Absoliicion y tiempoenqueseconcedía.— Se en- 
tiende por^Absolueion : Ün acée^judicial • por $1 cual el con fe- 
st>r cofhcede alpemtení^ el perdón de ¿ojs pecados en virtud del 
poder de las llaves de la Iglesia. 

La absolución de los pecadas se concedía en los primeros 
siglos de la Iglesia d^spn ^s de Gamp lí da la penitenc ia, á me- 
nos que ocurriese un caso de necesidad , c omo enfermedad 
peli^crosa (1) , porque entonces se concedía la absolución 
ánteá de que se cumpliese la penitencia (2). 

Después fué introduciéndose la costumbre d e absolver des- 
de luego de los pecados secretos , á condición d^ c un\pUr eq 
seguidaja^nttencíftjmpue^ (3l, y esta es la práctica :g i - 
g ente, que no tiene nada de contraría A las buenas Qostum- 
<^1&es , ni á la ley divina; pues se trata de un punto de disci- 
plina variable según la conveniencia de los tiempos, ¿juicio 
déla Iglesia (4). 

Su forma indicativa 7 deprecativa^.-^ La forma in- 
(fícati va de la absolución consiste en las palabras : Ego te áb- 
soho á peccaiis tuisiñ) : las cuales expresan un verdadero 
acto judicial de parte del sacerdote (6); porque habiendo el 
Señor dado i los sacerdotes potestad de retener y de perdo- 
nar pecados i es claro que fueron ellos mismos constituidos 
jueces enr esta causa (7). 

LascitadliS palabras déla >iK<;nlnnínn v^r^ flP.nTTipftfiftdftS <|fl 

^iertas prec esja udables, j egun J^snofitM^tM»^^ Tylftsia r8^. 
La forma deprecativa consiste en l^is palabras : Domine^ 
remitte peccata Aujus N. ~ 

Validez de una 7 otra , 7 cuál de ellas es la más 

(i) C. IX . cansa 26 , (Ju^st. 6.» 

(2) DftOOVEif : De Be Saeranwnt., lib. VI , qnoest. 6.*, cap. 11^ par. 4.* 

(3) Walter : Derecho Beles, iwiíi»., lib Vil , cap. lü , pir. 281. 

(4) Dbvoti: Inst. Canon., Kb. If , tít. II . áect. 4.*, par, 86. 

(5) C(mct7. rrtd., sesión i4, cap. III. 

(6) Concii. Trid. , sefiion 14 , cap. VI. 

(7) Catecismo Romano , paM. 2.*, cap» V, per. 5»® 

(8) Coticil Tnd., sesión 14 , cap. Ilf. 



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— 91 — 

adecuada.— Es indiferente paira¡ la Validez de la forma que 
se usen palabras indicativas, como^^ te aijSalvo, ó depreca- 
tivas como ^Domine ,remitúe peecaúa kicjté^^ .{\)\ porque una 
y otra forma están en uso, pero sería reo de im gravísimo 
pecado el sacerdote de la Iglesia latina que empleara la for- 
ma deprecativa , faltando á lo prescrito por la misma Iglesia 
sobre este punto (2). ' 

La forma indicativa es , por otra parte , la más adecuada 
para expresar la potestad judicial y autoridad conferida por 
Jesucristo á sus discípulos con las palabras : Euntes docete 
afnnes gentes (Z). Quodcumque solveris super terram (4), y 
eü esto se funda Santo Tomas para sostener que las palabras^ 
ego te absúlvo son la forma más conveniente de la absolu- 
ción (5). 

Ministro del sacramento de la penitencia,— El mi- 
nistro de este sacramento fis_fiL-sacei:doíe, puesto que Jesu- 
cristo sólo á los sacerdotes se dirigió cuando dijo : Quorum 
remisseritis peccata, remittuntur eis (6) ; y así se entendió 
siempre en la Iglesia , según lo demuestra la tradición cons" 
tante de la misma : por esta razón e l_ Concilio de Trento. ana- 
tematiza á los q ue dijeren que no sólo los sacerdotes son mi- 
nistros de la ab solución, 6ino que s e dijo á todos y c ada 
u no de los figles c ristianos : Todo lo que atareis en la tie- 
rra , etc. (7). 

Verdad es que alguna ve ? sfiTiftHfl d^^a ftWin^MfmjriiflYl^ 
por los diáconos , pero esto no se refiere á la absolución sa- 
cramental , propia de la potestad de orden , gJT%n 4 \^ ^Kcnin. 
cion ceremonial , a ue absuelve al p enitente de la penitencia 

(J) Drcuyen : De ReSacramenL, líb. VI, qusest. 8.% cap. H. 

(2) Daouven: De Re SacramenL, ibid. 

(3) Matth.. cap. XXVIII, v. i9. 

(4) MATTH.,cap. XVI, V. 10. 

(5) Summa Theolog,, Paite III , qu«st 8i , art. 3.* 

(6) Joan., cap. XX, v, 23. 

(7) Sesión 14, canon 40. 



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pública, cuya potestad podía concederse á los diáconos, por 
ser mero acto de Jurisdicción (1). 

Se habla también en monumentos de la antigüedad de la 
confesión hecha á los legos, lo cual habrá de entenderse de 
la manifestación de los pecados ante los seglares por humil- 
dad y para mayor confusión del penitente. 

Necesidad de la potestad de jurisdicción en el 
sacerdote.— Para que la absolución del sacerdote valga y 
produzca su efecto, n o basta ] « p^t^rtftd íIp ^n^^n , ^ fff^fl Ig^ 
facultad ^^ara. pftrf^o|ln,^ ^^g pftj ^dos, CO i ^ferída en la ord ena- 
ción , porque ésta es incompleta y no puede ponerse en eje- 
"^uclon sino mediante lapotes tq.d dp jn^'^'sfíif.fiifíD , ó^seaja^u^, 
toridad , por la que el sace rd ote t comojuez , pue de pronun- 
ciar la sent e ncia de absolución en los subditos que al. efecto, 
se le señalen ( 2). 

liiqjDtesSS. de jurisdicción consiste en el señalamiento de 
subditos, porque sin esto carece de aplicación; así que el 
Con cilio de Tren to , fundándose en que la naturaleza y esen- 
cia del juicio exige que la sentencia recaiga precisamente 
sobre subditos , declara f onnfyyjff b á-la do ctrin a profesada ^ 
siempre en la Igieslade iHos , que es nula y de ni ngún valor 
l a absolución dada por el sacerdote á personas en quienes no 
tiene jurisdicción o rdinaria ó deleg ada (3). ~^ 

T)e q[uien Ha de recibirla y enq[uó forma.— Los pres- 
bíteros necesitan recibir de la autoridad eclesiástica compe- 
tente la jurisdicción ó aprobación, si han de administrar el 
sacramento de la penitencia en los respectivos territorios de 
ella (4). 

La aprobación no se distingue de la jurisdicción según la 
disciplina vigente , puesto que en el mero hecho de ser decla- 
rado un sacerdote idóneo para oir en confesión por documen- 

(4) Devoti : Insl. Canon. , lib. II , lít. II , sectí 4.*. par. 82. 

(2) Devoti : Jnsí. Canon. , lib. II. tít. II, sect. i.», p&r, 83. 

(3) Sesión 14, cap. VII, fíe Sacram, PcenÜ. 

(4) Devoti : Jnst. C-anon., lib. II, tít. II, sect 4.', par, 84 y Mg. 



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— sa- 
to auténtico de la autoridad superior, recibe la jurisdicción 
para ejercer su sagrado ministerio en el sacramento de la 
■penitencia (1). 

La potestad de jurisdicción para oir en confesión puede 
conferirse por el obispo ú otro prelado en quien radique. 

a) ]Pnr Ift (^.nljtAjnn rfft n n beneficio par r oquial , ó que tiene 
aneja la nira dfí almas (2). 

b) i>^i* ^]Ttiint4<^^ /^^^^i^Tifi|«ir^T| ^^ í/^qy^pij^i^^ ^ mediante e xa- 
men (3) . 

c) Pftr mnnifp'rfn^i^n ^i\ nhifipn quft declara idóneo á im 
sacerdote , fjj" ^<*^^'' ^^4"^^^ ^\ ^frifítíT para la administra- 
ción del sacramento de la penitencia (4) . " 

Quiénes tienen jurisdicción ordinaria ó delega- 
da. — La jurisdicción en el fuero de la conciencia puede ser 
—ordinaria— ó delegada. 

El Papa tiene la primera en toda la Iglesia : el obispo, el 
capítulo Sede vacante , y el Vicario general de aquél ó de 
éste , en su respectiva diócesis : los prelados regulares y se- 
culares respecto á sus órdenes ó territorios : los párrocos , en 
sus parroquias (5). 

Todos los demás sacerdotes seculares ó regulares admi- 
nistran el sacramento de la penitencia mediante jurisdic- 
ción delegada , ó sea en virtud del derecho concedido á los 
mismos por alguno de los que tienen jurisdicción ordina- 
ria (6) , debiendo advertir que los párrocos , á pesar de tener 
jurisdicción ordinaria en sus parroquianos y de poderlos oir 



(4) TnoM^ EX Charhes: Theolog, univ,, dePmnii,, dissert. I.*, 
qusest. 3.* 

(2) Schmalzgruebbr: Jus Eccles. univ., in lih. V Decret.y üU XXXVHI, 
par. l.^ núni. 32. 

(3) Ck>7icil Trid,, sesión 23. cap. XV De Reformat. 

(4) Ckmcil. Trid., ibid. 

(5) ScHMALZGftUEBER : Jus EccUs. untv., tn lib, y DecreU tít. XXXVIIl, 
p&r. i.» 

(6) SCHMALZGRUBBBR .* JuS ECCkS. lin>V., ibid., UIUD. 39. 



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ft^. 






— 94 — 

en confesión (1), uiifue Jocorum (2), no pufiden delegar 
para este acto (8). 

Distinción entre una y otra. — Las jurisdicioíies or- 
dinaria y delegada se distinguen entre sí en que : 

a) La ordinaria puede ejercerse en ^us subditos • udique 
locar um, y la delegada sólo dentro del territorio del que la 
ha concedido (4). 

6) La primera dura miéntrAs se permanece en el, cargo 
que la iftotiva , y la segunda se considera perpetua , mien- 
tras no se disponga otra cosa par el delegante ó su sucesor. 

Modos de adq^iirir la jurisdicción deIegada.-~La 
/ iurisdiccion delegada puede adquirirse por alguno de los mo- 
dos siguientes : 

a) Por derecho común , como en el caso de hallarse el pe- 
nitente en el artículo de la muerte (5) , cuya facultad se ex- 
tiende á todos los sacerdotes , aun cuando se hallen depues- 
tos ó degradados. 

6) Por comisión del que tiene la jurisdicción ordinaria (6). 

cj Por privilegio apostólico ; en cuyo caso se hallan los 
mendicarUes , que pueden absolver á los fieles de toda clase 
de pecados comprendidos en la concesión. 

d) Por error común moralmente invencible , siempre que 
el defecto sea de derecho eclesiástico , porque la Iglesia suple 
en este caso dicho error por el bien de las almas , como si 
uno ha obtenido el título de párroco , que es nulo por haber 
mediado simonía, y ejerce en su virtud el sagrado ministe- 
rio en este sacramento (7). 

(4) BEifEDiCTQ XÍV : Tnst. 86. 

(2) Vecchiotti : IiisL Canon. ^ l¡b. V, cap. V. 

(3) ScAviNi : Theolog. mor, univ , tract. 10, disput. !.•, cap. IV, ar- 
Uculo 2.^ 

(4) Vkccbiotti ; ínst. Canon,, l¡b. V , cap. V. 

(5) Concil. Trid,, sesión 44, cap. Vil De Sacrament. Pmnit 

(6) Schmalzcrüeber: Jwt Eccles. univ,, in ¡ib. V DeerH , tít. XXXVIII, 
par. 4.^núm. 40. 

(7) Soiym: Theolog, mor. univ., id. ib'tá. 



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- 95 — 

e) Por legítima costumbre inmemorial ó de cuarenta Años 
con título (1), 

Quién puede reservarse la aJ^soluoion de los pe- 
cados. — Se entiende por reserva de pecados: Un acto del su- 
perior , t/ue limita la Jurisdicción del inferior , en cuanto 
á la absohtciort^ algunos pecados, 

,£l.SumoJ^Bq^ce, como suprema autoridad de la Iglesia, 
puede reservarse la absolución de pecados (2) hallándose en 
el mismo caso ^|1t)|^'^ s v prelados ygn jurisdicción ^cuasi 
episcopal dentro de sus resp ^^ftivo^ tffrM'f.r>ym<^ 

Esta doctrina es una consecuencia lógica de la potestad, 
que radica en dichas autoridades ; y por esta razón el Conci - 
lio de Trento condenó la doctrina de los protestantes , que ne - 
gaba este derecho á los obispos ( 3). 

Las autoridades eclesiásticas proceden con prudencia 
suma en esta materia , así que sólo suelen reservarse aque- 
llos pecados más graves, que exigen mayor pericia en el con- 
fesor (4) ; siendo . por otra parte , muy conveniente este me- 
dio para retraer á los fieles de la perpetración de los críme 
nes y pecados de esta clase (5). 

CAPÍTULO VIL 

INDULGENCIAS. 

Indul^noias, y sus especies.— -Se entiende por indul- 
gencia: La remisión de la pena temporal, debida por el peca- 
do ya perdonado en, cuanto á la culpa, concedida por el legiti- 
mo ministro^ mediante la aplicación del tesoro de la Iglesia. 

(4) Schsialzgrüeber: Ju í Eccles. univ, in lib V becrct. , tít. XXXVTII. 
par. ^.^ núm.40. 

(2) Devoti : Inst. Canon,, lib. II, tít. II. sect. 4.», par. 85 y sig. 

(3) Sesión XIV, canon il. 

(4) Soimalzgküeber: Jus Eccles. Univ,, in Hb. V Decreta tít. XXXVIll. 
par. 4.^ núm. 47. 

(5) Concil, Trid., sesión 44, cap. VII De Sacrament. Pcenit. 



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~ 96 — 

Las indulgencias se dividen en las especies siguientes : 

Por razón del efecto en—toial y parcial. 

Se llama total ó plenaria : La remisión de toda la pena 
temporal debida por los pecados. 

Be entiende por indulgencia parcial : La que remite parte 
de la pena que había de pagarse por el penitente en esta vida 
ó en la otra (1). 

La indulgencia parcial puede ser : 

Indeterminada , como si ^ concede el pendón de la terce« 
ra ó c uartflL4)apte-^ft k*' p^^i^ (^fíbiHa.*;. 

Heterminada, como las indulgencias de rnnrpnta ó oi ejí 
fi^Si^^ etc., de modo que por éstas se perdona tanta pena, 
cuanta se conseguiría por la penitencia del expresado tiempo 
con arreglo al rigor de los antígos cánones peniteDCÍale^(2). 

Por razón de aquellos, en cuyo favor se conceden, en— in- 
dulgencias 2r2,££2¿^ y — pro defunc tis. 

Las primeras se conceden en favor de los vi vos_g^r jmdum 
absolutionts , las otras en bien de \(^ difuntos per modum 
suf/ragü (3). _ ,_ _]" 

En personal , real y local , se gún qué'se refiere direct a- 
mente y por sí á la persona , cosa y lugar (4). 

En perpetua y fe/wjpor^, sggim guft se connftdft por tiem- 

j^ íiímitafi Q 6 limitad o, 

Fuente de donde proceden.— La Iglesia es deposita- 
ría de un tesoro inagotable , que se compone principalmente 
á^ las .sat isfacciones y méritos infinitos de Jesuc risto , y se- 
cundariamente de las satisfaccione s de la Virgen María^^de 
los sant os (5). " 

CleSiente VI en su constitución Unigenüus, dirigida el 

(\) Sghmalzgrueber : Jas Eccles. univ., in lib. V Decret., tít. XXXVIII, 
par. 3.', núm. 417. 

(2) Drouvkn : De ReSacrament.y Mb. VI, qu«st. l.\ cap. II, par. 1.* 

(3) Devoti; Insí, Canor,., lib. ü , tít. Ul, par. 6.« 

(4) Schmalzgruebbr: Jus Eccles. univ., in Ub. V DecreL , tit. XXXYlll, 
par. 3.*, núm. H9. 

(5) Devoti : Insí. Canon., lib. II, tít III, par. i.*" 



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— 97 — 

• 

año 1349 al obispo de Tarragona y sus sufragáneos , dice en 
términos expresos, que el unigénito Hijo á^ Dios adquiri ó 
par a la Iglesia militante un tesoro , o ue había de dispensarse 
de un modo saludaV ^lft y pfnvfíc^^^^ ^ ^A«r fi^li^*í pf^r Ppt lroy sus 
sucesores los Romanos Pontífices (1); añadiendo que á este 
tesoro de los méritos de Jesucristo se agregan los méritos de 
l a beatísima Virgen María ^ de tóHos los escogidos desde el 
pr imer justo hasta ftl Altimn (2). 

Por esta razón León X condenó la proposición de Lut ero, ^ d C 

concebida en estos términos : Thesawri kccíesim , v,n<le Papa V í^^í^ ^ ^ 



Potestad de la Iglesia para concederlas.— Esta far^ 



iüti^dulffentias , non sunt merita Gkristi et íSa^ctorum (3).^ p r,^ >{(x^ 



iroiiesi^au ue la xgiesia para coiiceueri»s.— üsia *»- vv»^' dXA^ntA.eL^ ^ (■ 
cuitad de conceder indulgencias i :gdica en la Iglesia por vo -a o>x ot> '^""^^j^a 
l ontad del mismo Fundador de ella^ , demostrándolo así repe- "" ^ ^ 

lidos testimonios bíblicos (4) y la perpetua y constante tradi- 
ción de la Iglesia (5). 

Como los novadores reprod i iieran los antiguos errores de 
los Valdensesr Wiclefitas, que negaban á la Iglesia esta 
potestad . el Con cilio d e Trente la sancionó de nuev o (6)^ 

Personas en quienes existe este derecho.— El de- 
recho de conceder indulgencias corresponde á. las personas 
siguientes: 

I. El Sumo Pontífice (7), en virtud de la plenitud de potes- 
tad , que se le confirió por jAg^ii*rgto;jiift(íA ^np^^pH^r inHni. 
4g sncias sin limitación alguna (8). 

S¿l o él pued eccgi^^^^^ft^* ínHnigp pgias plenarias. y á él sólo 
está reservado el concederla sjj ios dífrmtnf; ; paro como en 

(1) Extravag. commun., lib. Y, tít. IX ^ cap. II. 

(2) Extravaff. eommun., ibid. 

(3) Pebronb : Prmlect, Theoíog,, de IndulgenL, prop. 'S,^ 

(4) Matto. , cap, XVIII, v. 18.— Epist. 2.*. ad Córint., cap. II.— 
Epíst. 1.' ad Corint., cap. V. 

(5) Daouter : De Re Sacramento, lib. VI, qucest. 7,*, cap. I, par. 3.® 

(6) Sesión 25, Decret. de indulgent. 

(7) Cap. XIT» tít. XXXVIll. lib. V Decrel. 

(8) Cap. II, tít. IX, lib. Y Extravag. commun. 

TOMO III. 7 



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— 98 — 

éstos no tiene jurisdicción , de aquí que no se las conceda en 
el concepto de absolución jurídica como á los vivos , que son. 
subditos suyos ,_sin o amanera de sufragio , siempre que por 
alguno se ejecuten las obras mandadas para ganar la indul- 
gencia , las cuales se ofrecen al Señor para que se digne 
aceptarlas j perdone en su vista la pena temporal á las al- 
mas del Purgatorio (1). 

II. V>s Qardenales de la a gntajglftsia Ro mana jueden 
conceder indulgencias de 100 diasen las iglesiasfe_^ua_res'^ 



j ctivos títulos en virtud de privilegio ó costumbr e (2). 

III. Lo s^ legados de la Santa^ ede n uedengqnceder gene - 
ralmente 100 dias de indulgenc ias ; pero sobre esto^lnrá d!e 
atenerse á la costumbre ó letrasclé su nombramiento. 

rv. Los obispo s pugden con ceder tan sólo 40 dias de in- 
dul gencia á sus subdit os (3) , pudiendo t ambién conceder^ 
flfip Ha ínHnifyftn^,jft pn i<t je dicac iou dolma igiosia (JjTcuya 
facultad compete á los obispos aún no consagrados , siempre 
que hayan sido confirmados , porque no es acto de orden, 
sino de jurisdicción episcopal (5). 

V. Los patriarcas, primados y a r zobispos pueden con ce- 
der un año de j ndulgencias en la dedicación de una iglesia, y 
j)chfíTita dias enlns __demas"casQ a.(6) ; debiendo advertir que 
también tienen este derecho en su provincia (7) , ó sea en las 
iglesias de sus sufragáneos (8) aun fuera de la visita , aunque 

(i) Schmalzgrübber: Jw Eeeles, miv., in lib. VDecreí., ÜU XXXVni, 
par. 3.*,núm, ii8yl24. 

(2) Schmalzgruebbb: Jus Eccks. univ., in Uh. Y Deeret., tit XXIYHf . 
par. 3.^ núm. 120. 

(3) Compend. SalmatiHc., tract. De Indulg., cap. I, punct. 1.® 

(4) Cap. XIV. tít. XXXVIU, lib. V I>«t«<.— Cap. I y III, tít X, li- 
bro y sext. Decrei. 

(5) ScHMALZGáuBBER .* Jus EccUs. uttiv.j ib¡d. 

(6) Cap. XV, tit XXXVIII, lib. V Decra^.— Sciyim : Theolog. moral., 
tract. 10, disput. i.*, cap. II , art. 3.* 

(7) Boüix : De EjHscopo, parte 4.*, sect 2.*, cap. IV, prop. 19. 

(8) Cap. XV, tit. XXXVUI, lib. V Decret. 



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^v 



— 99 — 

se hallen fuera de la provincia, porque es acto de jurisdic- 
ción voluntaría (1). 

Si los i>árrooos , vicario general 7 prelados regu- 
^lares pueden conceder indulgencias.— Los párrocos 
^ no pueden conceder indulgencias, porque carecen de juris- 
dicción en el fuero externo^ hallándose en igual caso : — el 
cmpitulo , fiede vacante , porque es acto de jurisdicción vo- 
luntaria ;— él Vicario general del Obispo y el Vicario capi- 
tular ; — ^los prelados seculares inferiores ;— los prelados, aba- 
des 7 otros superiores regulares , á menos que tengan privi- 
legio (2). 

Causas i>ara su concesión.— Este tesoro de las indul- 
gencias concedido á* la Iglesia en favor de los fieles ,_nojiue- 
de dispensarse arbitrariamen te , sino qu e ha de mediar cau sa 
jnsta y raznnahlft (w^). Si ésta no existe , la concesión es nul a, 
&nn fti^fin/^n prAP.AH^ rlftl Papftj4) , porque eLSumoJEontífice 
no es dueño y señor del tesoro dél a Iglesia ^ de donde se to- 
man las indulgencias , s ino mero dispensador de ell as (5) , y 
el administrador ó depositario (6) no puede disponer sin causa 
de las cosas del señor. 



Por esta razón se halla dispuesto contra los perversos abu- 
sos de los demandantes de limosnas, que las i ndulgencias ú 
otrgsjggi»ÍR5s fispiritiml^fs ^e que no es justo privar á los fieles 
por aquel abuso , se publiquen al pueblo en tie mpo oportuno 
por los ordinarios da los Ingflrfts^T). 

Las causas ex^ cuya virtud pueden concederse indulgen- 
cias son las siguientes : 



(i) ScHMALZGRDEBER : Jus Eccks, ufíiv. » tu lib. V DecréU . tit. XXXYIII, 
par. 3:*,núm. i20. 

(2) BoDix : De Episcopo , parte 5.% cap. XXVII. 

(^ Cap. II, tít. IX , lib. V Extravag. commun. 

(4) ScRMALZGftinBBR : Jus Eecles. univ., ibid., núm. 122. 

(8) ScBMALZGBDEBER .' Jus Eccks. utíiv., ibíd., DÚms. 429 y 430. 

(6) BooYiBR : InsUt Theolog., irnct. De PanU-, cap. X, art. 3.^ 

(7) Concil. Tria., sesión 21, cap. IX De ñeformaí. 



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— 100 — 

a) La exaltación de la santa Igles ia y la extir pación ds , 
lasherUTaTfT)! 

7) L a propagación jj fíJia Je cristiana y la concordia e^ fce 
Insgrinci pes cristiano s (2). 

de las^^^ H:i|dftf; y aiimftnto Hf^ ft ^ertas devociones (3). 
^d) La remuneración de obsequios y TT )#^rif.ng , tiq yp^^^g 

que el g0 P3n^^-^ PQpin'f.nal Hfí Ifii^ almag (il) 

^ gj ^La expulsión ó cesación de la peste- 6 enfermedades 
contagiosas , así como el peligro de una guerra . 1^ j geticion 

jíÍp una ^|f><;>PinTi ftnnYf>niftr|t<^. etc. (5). 

Existen otras muchas causas para la concesión de indul- 
gencias , y á este efecto habrán de tenerse presejiíe§.,las^cir- 
cunstancias de los tiempos ; asi que se ve en la época de las 
persecuciones que las preces (l ibelli ) de los mártires de teni- 
/^Acj^l^ lag p,^ff',^jpgjrpgpnf.Rf»flg á .lo$ pJbJspQS , ^rau motivo 
testante para ser atendidos aquélioT^ cuyo favor habían 
sido interpuestas. 

En todo caso ríia^de tenerse presente en. la .concesión de 

indulgencias quenistas no hayan de servir para fomentar la 

desidia y flojedad de los penitente s , sino para e xcitar la p ie- 

. ^d j «ye l dar la flaqueza humana y alenta r á los fíeles en el 

cami no de su peregrinación e n es ta vida (6) . _—^ 

Condiciones para ganarlas.--Las indulgencias pue-;^ 
den aplicarse por los fieles en su provecho , ó en favor de los 
di fií n to ri á miMM la ili * Mi fraci^^ (7). 

Es necesario para ganar las indulgencias*que las personas 
reúnan las condiciones siguientes : 

(1) Schhalzgrueber: JusEccles, univ., in lib. YüecreU, tít. XXXVIÍI, 
par. 3.% núm. i 31. 

(2) Phiijjps : Comp, Jur, Eccles,, lib. V, cap. II , párrafo ±4/6. 

(3) Phillips : Comp. Jur, Eccles,, ibid. 

(4) Schhai^grcebbr: JusEccles. univ., in lib. VDecret., iít XXXYilI, 
par. 3.*», núm. 131. 

(5) Phillips : €k)mp. Jar, Eceles., lib. V, cap. II, par. 246. 

(6) Devoti: InsL Cañota, lib. 11 , tít. III, par. 5.* 

(7) Phillips : Comp. Jur, Eccles., lib. V, cap. II, par. 246. 



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%. 



— 101 — 
a) Es de necesidad giift^l syjftto fif^^t^. b<>nti.7n/íQ^ y por 
falta de este requisito el catecúmen(»uo puede ganarlas, por- 
que las indulgencias , si se conceden á manera de absolución, 
requieren que el sujeto sea subdito del que las concede , y 
no se hallan en este caso los que no han recibido el bautis- 
mo (1). 

' '"íj Es además de absoluta necesidad en el fiel ^quejio>e¿^¿ 
ligado con excomunión mayor , porque ésta priva al hombre 
de la comunicación de los bienes espirituales de la Iglesia (2). 

c) El sujeto bautizado que se halla dentro de la comunión 
de la Iglesia, necesita para conseguir las indulgencias ^ que 

cumpla todo lo presc^rito por a] gnpprim» g^np Oí\n(*.t^A(^ PQf,^ gpa^ 

cía, porque la concesión bajo condición no existe, sino me- 
dianté el cumplimiento de ésta (3). 

d) Há de h allarse e n estado de gracia , porque no puede 
perdonarse la pena temporal, si no se perdona antes la 
culpa (4). 

e) Propósito eficaz de satisfacer k Dios, porque las indul- 
gencias se conceden á los verdaderos penitentes, y la verda- 
dera penitencia incluye el propósito de satisfacer á Dios (5). 

f) Se requiere , por último , intención al menos interpre - 
tativa de ganarla (6). 

Reqprisitos necesarios respecto á las indulgen- 
cias por los difuntos. — Respecto á las indulgencias en fa- 
vor de los difuntos se requieren las, condiciones siguientes : 

a) Autoridad y causa legítima de parte del que las conce- 
de ; así que sólo el Sumo Pontífice i)uede concederlas, porque 



(4) ScHMALZGRUEBER I Jus Eocks. uniü., lib. V Decrot., lít. XXXVIII. 
pár.'8.°. búm. 132. 

(2) C. XXXlIyCVII^qusest. 3.% causan. 

(3) ScüUALzotVE^ZK : JusEccles, univ.,\bíá. 

(4) PhilUps : Cúmp. Jar, Eccles., Hb. V. cap. IT, pal*. 246. 

(5) Thom.«:exCuarmes; Theolog. unió, de Pa$nit., quaest. 4.*, art. í.* 
(0) ScavikÍ: Theoíog, mor, wniv,, tract. 10, disp. i.*, cap. n,.a»t. 3.% 

par. 4.» 



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— 102 — 

la potestad de los obispos está limitada á lo s.yivos en Jes tér- 
minos que se dejan indicados (1). 

b) De parte del que las aplica en favor de los difuntos , es 
necesario que ejecute las obras prescritas , con intención de 
aplicarlas á los difuntos , y que se halle en estado de gracia, 
al m^nos al practicar la última obra señalada (2). 

Sus efectos.-r^Acerca de este punto me limito á las indi- 
caciones siguientes : 

a) Las indulgencias concedidas á los fieles vivientes les 
aprovechan, y su^efe gto es in fajiblfU- siempre que^ hayan 
llena dg t^^^ ^^^ r^q^^'^^'^-Ofí pnf-|MLrt^- ^gpqtte-h»^-^Qncfíde y 
^ ^1 sujeto , en cuanto que es verdadera absoluciai3\ y solución 
que proviene de la potestad de las llaves concedida por Jesu- 
cristo á la Iglesia (3). ^^..^ .,... . 

6) El efecto de las indulgencias respecto á los difunt os no 
es infalible , puesto que no pueden concedérselesTmánera de 
absolución jurídica, sino á manera de sufragio, pendiendo 
todo esto de la mera liberalidad del Señor , que acepta en la 
medida que es su voluntad los sufragios de la jjglesia (^) 

Jubileo , y su orig^en.— Se entiende por jubile o; U na 
indulgencia plenaria con los privilegios anejos á^la-fntsma. 
También puede definirse : Una indulgencia plenaria cot^íc- 
didapor el Sumo Pontífice á los que visiten ciertas iglesias ^ 
ó practiquen ciertas oíros pias , con facultad de adsolver de 
casos reservados y censuras y de conmutar votos ó juramen- 
tos (6). 

Los hebreos expresaban con la palabra jubile o el año 50> 
en que el puebl o descansaba.de la. agricultura, y los predios, 

(i) Cap. IV. tít XXXVIII, lib. V üeerd. 

(2) ScAvim : Theolog, mor. tinir., Irat. iO, disp. 1.*, cap. II, art. 3.®. 
par. 4.<» 

(3) PcRRONE : Praleet. Theolog., de Indulg., scholia. 

(4) DaoQVEN : De Re Sacrament,,iih. VI, quaest* 7.*, cap. 2.*, pá- 
rrafo 3.* 

(5} ScRM ALZGRUEBsa: Jus Bccles. Univ., in lib. V Deeret,, tit. XXXVm, 
par. 4.^ núm. id9. 



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— 103 — 

pampos , viñas vendidas y sujetas á hipoteca volvían sin pago 



alguno á sus primeros aueQ os. 

En dicho año 60 se perdonaban las^ iif^*^» y ^ftiítnc » igp 
deste rrados volvían libres á *^" p^t^^^'^ y ^^^^ Qg^^qyos rpír.fíhmj 
ban su libertad, sin que mediara precio ( 1>. 

La nueva ley, á imitación déla ley antigua, significa 
con la palabra jubileo él año de gracia co ncedido á los que 
visitan los sepulcros de los apóstoles 8. Pedro y S. Pablo, con 
plenísima remisión de los pecados y de la pena debida por 
eUos (2). 

Tiempo en qae tiene lug^ar.— El jubileo era en un 
principio cada cien año s , según la constitución dada porBo- 
mfegio-Slíl en el añoT5l)0 (3). 

El pan a Clemente YI j_ fundándose en lo prescrito por la 
ley antigua , dispuso que el jubileo se celebrara cada cincuen - 
t§Lj^os , según aparece de su constitución Unigenitiu , diri- 
gida en 1349 al arzobispo de Tarragona y á sus sufragá- 
neos (4). 

Urbano VI di spuso que se celebrara eada treinta y tre s 
años (5) . 

^a jilo II redujo la época del jubileo á cadajfiiníifiiaco 
años , cuya disposición fué confirmada por Sixto IV en su 
constitución (6) Quemadmodim, de 147^ 

Las citadas disposiciones de Paulo II y Sixto IV constitu- 
yen la legislación vigente en esta materia. 

Faoultades qxie por él se conceden para absolver 

_de los p ecados. — El confesor elegido por el penitente en 

tiempo' del jubileo , puede absolver de las censuras y de to- 



(i) Levitic, cap. XXV.^NúMBROS. cap. XXXVl. 

(2) Scbmalzgrucber: JtM Bccles. miv,, in lib. V Decret., tlt. XXXVllI, 
p¿ 4.%iiüm. i37. 

(3) Gap. I, tit. IX, lib. V Exíraoag. commun, 

(4) Cap. II, til. IX, lib. V Extravag. commun. 

(5) Pbilups : Ccmp. Jur. Ecclei,, lib. V, cap. II, par. 246. 
(6; Cap. IV, tit. IX, lib. V Extravag. commun. 



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i 



~ 104 — 

dos los pecados reservados al ardinarín y a^ i^ific 

a) a¡ ftl qiift pidftja^ absolücion es excoq^tUgado ájudice. 

cj ^^ f)} ffftsft ft^tff^ r eservado en la bula de la Cena , según 
a lgunos escr itores. 

Atribuciones del confesor para conmutar los vo- 
tos.— El confesor elegido por el penitente puede conmutar 
los votos , aunque sean confirmados conjuramento , en otra 
obra buena , siquiera sea de valor algún tanto inferior á la 
acción prometida' p^OK medio del voto : pero esta facultad tie- 
ne las excepciones siguientes (2). 

a) No puede conmutar los votos reservados al mismo pon- 
tífice, de castidad perpetua — religión— peregrinación á Roma 
ó visita de los sepulcros de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo — 
el de Santiago Apóstol en Compostela — y la peregrinación á 
la Tierra Santa. 

6J El voto hecho en favor de un tercero j aceptado por él; 
porque la potestad de anularlo no se comprende en la conce- 
sión general. ♦• : . . - 

Si podrá conmutar las obras prescritas para ga^ 
nar el jubileo. —fil confesor puede también conmutar las 
obras prescritas para ganar el jubileo , en otras obras piado- 
sas , siempre que no haya obligación de practicarlas por otro 
concepto y sean de igual valor que las señaladas ; lo cual no 
tiene aplicación á todos los fieles , sino únicamente á los que 
se hallan sujetos á perpetua clausura — eu- la cárcel.— cauti- 
verio — enfermos ó impedidos de cualquier otro modo (3). 

Si podrá concederse el jubileo en otras épocas 

(1) Sc^alzgrueber: Jus Eccles, univ,, in lib VúeoreL, tit. XXXVllI, 
par. 4.®, núm. 440. 

(2) Schmalzgrueber: Jus Eccles. unU)., in lib, VDecret,^ íít. XXXVIfl. 
par. 4.", núm. 141. 

(3) ScHMÁLZGRtiEBER: Jus Ecclss, Mtiiv.. itt lib, V Becret,, tit. XXXYIlí, 
par. 4.°, núm. 142. 



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— 105 — 

que las señaladas, — ^El Papa es el único á quien corres^ 
ponde la concesión de jubileo ; y ot orga esta gracia ordina - 
riamente en el año santo, y extraordinariamente en otras oca- 
fiíones , cuando medían eanst^ graves y públicas . Esta doc- 
trina está fundada en lo que se deja manifestado en este (Ca- 
pitulo acerca de las indulgencias plenarias , no menos que 
en la práctica perpetua y constante de la Iglesia (1). 

Observaciones. — Acerca del jubileo habrá de tenerse 
presente. 

I. Que durante el jubileo se susp enden únicamente las 
indulgencias plenarjas concedidas por el Papa (2 ) ; per o no 
las parcia les ni las concedidas por otras autoridades eclesiég- 

aicas , hallándose en igual caso : /f /^ 

a) JLas indulgencias concedidas á las iglesias y basílica s /* c^^''^"^^^ 

b) Las de la f ^^^X^^ r»^^« ^^ i^m^otcy^ _ ¿yL>C^ cy^it^^^^ 

c) Las de la Bula de la Cruzada. 

d) Las concedida^ en, favor de los difuntos. 

e) Las concedidas para el artículo de la muert^ Í3^. 

II. Que par a ^pay, ^^^^fi^ilfn f^ y^n ^p. rMimpi^i» }^^ ^^i>qc 
prescr^tí^ n pp 1n T n ""^^^ j mf^rlo sp.ñ^ ^Ad o en la bula de su con- 
cesión ( 4). 

III. Que no puede ganarse mucha s veces el jubileo, me- 
diante la repetición d^ las obras prescritas ^ según la opi- 

"^ gl5n"más probable, á menos que en la bula se diga lo contra»^ 
no^ . ~ ~ ^ 

IV. Que las obras proscriptas habrán de practicarse en una 
y la misma semanA> sft o-iin la opinión más segura y conforme 
ala práctica; pero es tam bién probable la opinión, de que 
Tnfídiart*^ ^«^ií<f«^ ^'azonnhlfí , p ueden dividírselas obras señala- 

(1) Schmalzgrdebkr: Jus Eccles. univ.,, in lib. Vbecret., tít. XXXYilI, 
páf. 4.^ . núm. 143. 

(2) Cap. IV, lit. IX. iib. V Exlravag. commun. 

(3) SofiMALnsRiTEBBK : Jus Btclos. univ.i ibtd., núm. Í67 y (^g. 
(4J ScmiALZGRUEBER : Jus Eccles. univ., ibid., núm. 446 y éig. 
(5) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles. uniíf, , ibid., núm. 453. 



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— 106 - 

das en dos sem anas, siempre j[ae la c onfesión y comunión 
ise verifique en iina misma semana , debi egto"teftiin ar las 
obr as prescritas por la ftomnninn (1). 
^ Stixnologia de la palabra sufragio , y su defini- 
ción. — La palabra sufragio procede de la latina su/fraffori^ 
y significa ayuda r á alguno ; lo cual puede verificarse ya ro- 
gando por él , ya pagando por él las penas debidas , trasla- 
da£3olás propias satisfacciones en beneficio suyo. 

Se entiende por sufragios : La traslación, de las satisfac- 
ciones de uno en favor de otro. 

Pueden también definirse : Los auxilios espirituales por 
medio de los cuales la Iglesia socorre á sus miembros ó su- 
fraga por ellos en orden a la satisfacción (2). 

Sus especies.— Los sufragios pueden ser públicos y pri- 
vados. 

Jj^f^ ppmftros Sft nfr ftriftn fin nnml^ rejft la Ig lesia por SU SL 
TTfiinií ^^ros 

Los privados son : Las obras piadosas practicadas por los 
fieles^ coma personas particulares. 

Comunidad de sufragios entre vivos y difuntos. 
—La mancomunidad de la oración no se acaba con la vida de 
este mundo , y por esta razón , aunque los vivos deben sentir 
la pérdida de los que la iñuerte arrebata de sus brazos, no les 
e stá bien abandonarse , como los gentiles , á un dolor sin 11- 
" ñutes ( 3) , y ménosltán el manifestarlo con pomposas vam - 
^^des aporque curatio funeris , conditio sepultura, pompU 
exequiarum, magis vivárum solatio sunt , quarnTsubJuíta 
mortuorum (4) ; asi que debe tenerse presente respecto á este 
punto : 

(1) Schmalzgrueber: Jus Eccles. univ., inlib, VDecret., til. XXXVni, 
párrafo 4.^ núm. 156 y sig. 

(2) HuGUENiif : Exposit. meíh. Jar, Catión., pars speeial., lib. I, ti- 
tule III , cap. I, art. 3.* 

(3) SpisLi.'^adTheísalonic.tCa,]^. IV, y. 12 y sig.— C. XXVysig,, 
quest. 2.^ causa 13. 

(4) G. XXII , quiest. 2.*, causa 13. 



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— 107 — 

a) Que los fieles pueden rogar á Dios ysatisfacerjuifís 
por otros ( 1). 

6) Que las almas de los difuntos ruegan y piden á Dios por 
los que vi ven en^ stejniinílo (?,). 

c) Que los sufragio s dejos vivos apr ovechan á los difuntos 
para satisfacer ¿ j)ios por las penas temporales , que aán tie- 
nen que P^g^r en la» Qtra yi^a . 6 sea en el purgatorio (3); 
as lque el Concilio de Trent e f^nnfífifl. Ha nnftvn píxís^ verdad 
dogmática contra los protestantes (4), 

Especies de sufragios por los difuntos.— Las espe- 
cies de sufragios por los difuntos pueden resumirse en las si- 
guáentes. 

Missapro defunctis. Las misas por los difuntos se ce le- 
brafi . A fin f^*^ q"« clrvan h» rt^fpjprftr jo ¿ las almas del purga - 
torio, para /^ue sean sacadas de allí y conducidas á la patria 
celestiaj/í^ . 

Ofjic'mm defunctorum. Desde los primeros tiempos se 
halla establecido un oficio^special por los difuntos. 8e lleva - 
ban sus, restos mortales Ala iglesia 1^ víspera del entierro, y 
se empleft hft i» nnnb^ ^j^ rAí>i f.ar himnos y salmos, hast a que 
llegado el dia se celebraba el santo sacrificio , durante el cuaf 
se hacían oblaciones por el finado. * 

' Las o rftciones usadas primiti va m ftni ft. se han conacrvad o^ 
en el ofic io de difuntos c on el mismo nombre g^yp. tfinian ; p^rn 
ni el oficio ni la misa se acostumbraban A c elebrar de cuerpo 
presente, sino de spués del entierro 6 ante un catafalco (6). 

(i) Episl, ad Coloss., cap. I, v. 24. — Epist, ad Román,, cap. XV, 
v. 30.— Ad. AposL, cap. VII, v. 60;— cap. XII. v. 5.**— Job : cap. XLII, 
v. 8.^ 

(2) Lib. II. Machab., cap. XV, y. i2 y sig. — Jeremías , cap. XV, 
v. i."— iJpwl. 2.* 5. Petri, cap. I. v. d5. 

(3) Lib. II Machab., cap. XII, v. 43 y sig.— Matth. , cap. XII, v. 32. 

(4) Sesión 6.^ canon 30. — Sesión 25 Decret, de purgat. 

(5) C. i9. 22, 23, quaest. 2.*, causa 43.— C. 72, dislinct. iM)e Con- 
secrat^ConciL Tríd., sesión 25 , Decret. de Purgat. 

(6) Waltee : Derecho Beles, univ., lib. VII, cap. V, par. 321 . 



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^^^^Vl^4 



— 108 — 

El oficio de difuntos establecido por la Iglesia para enco- 
mendar á Dios las almas.de los finados, á fin de que pasen á 
gozar cuanto antes de la eterna bienaventuranza , se repetía 
en otro tiempo álos ty es , siete . nueve . treinta 6 cuarenta 
dias (i) según la costumbre de cada país : pero lo más gene- ¡ 

ral y que se conserva todavía ^ era celebrarlo al cumplirse el ¡ 

ano de la defunción (2). ! 

Oración, liM^na y ayuno. Es otro de los medios que se 
emplean desde la más remota antigüedad en favor de los di- I 

funtos (3) ; cuyos medios están reconocidos y recomendados ¡ 

por la Iglesia (4), como que se hallan fu D<; l«dns ^n la f"ftTit.p> | 

más importante del Derecho Canónico, que eslaSagrada ¡ 

^ Escritura , según se deja demostrado. ! 

J? / 'Z Á^ ^ Altar privilegiado é indulgencias por los difuntos. .E^^ 
^y\^" J t Sumo Pontífice , en virtud de la potestad de las llaves que le 

/j * / está concedida , y en el deseo de favorecer á los difuntos, jqoni 

yy^^'ly^ fP cede indulgen cia plenaria aneja á un altar, que por esto s e 

y ^ llama privilegiado , e n el que hay& de celebrarse el sa nto^^^^ I 

ív^^r^/í^ ' crificío (ie ía Misa ^T^c uya gracia , según la m ente del (^ue 1^ ! 

y, ^"" ^ concede , libra. ^^. toHa*; las p^nas ^^\ p"TgñÍ£Iül[;!.í PgTO^^ i 

; A"^ ^1, 7"^^*^^^^^^^^^ ^ ^^nor p^tiHpí P.n w^^ \x\¿\vi H el beneplácito j _ \ 



aceptació n rlft )n TTiispnV^riifí divina (5). | 

Esto depende de que estas indulgencias recaen sobre no ■ 

subditos , y por esta razón se les apliegan á manera de sufra- j 

gio , según se deja indicado al tratar de las indulgencias (6). j 

Condiciones necesarias de parte del que los liace 
para que aprovechen. — Los sufragios hechos en favor de 
los difuntos han de reunir , por parte del que los hace , las 
condiciones siguientes : ~ ^ ! 



(1) C. XXIV, qaffist. 2 '^. causa 43. ¡ 

(2) C. vil, distinct. 4i.— C. XXXV. distinct. 5.^ De Cofi secratione , \ 

(3) Walter : Derecho Ecles, univ.. líb. VII, cap. V. par. 341. | 

(4) C. XfX, XXI, XXII y XXIII, quaest 2.«. causa 42. | 
(.1) HüíJüEMN : Expúsil. meih, Jur. Canon., pars especial., lib. I, tí- I 

tule III, cap. I, art. 3.*» ¡ 

(6) Drgüvepí : DeReSacrament., lib. VI. quaBst. 7.^ cap. II, par. 3.* | 



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— 109 — 

a) Que tenga inten ción de aplicarlos en f avor de otro, ó 
sea dé ídifunto ó diíuntos ; p orque ae otro modo, cederá en 
ben eficio propio po r fífír A^"»^ <^"y>* 
T) Que l a obra practicada sea voluntaria . 
c) Que se halle ei^fcstado de gracia^ cuya condición es de 
necesidad, tratándose de obras á las que no va anejo el que 
produzcan su efecto independientemente de las cualidade s 
del sujeto , como el sacrificio de la Misa (1). 
X £ieq[uisitos necesarios al efecto en los difuntos. — 
Respecto á las personas por quienes se aplican , es de necesi- 
dad que se hallen en estado de gracia. En este supuesto» 
los sufragios aprovechan á los difuntos siempre que éstos no 
hayan muerto en estado de pecado mortal y se hallen en su 
consecuencia pagando en el purgatorio la pena debida por 
los pecados ya perdonados en cuanto á la culpa (2). 

CAPÍTULO VIH. 

EXTREMAUNCIÓN. 

Extremauucion. , y sus distintos n.on[ibres.~-Se en- 
tiende por extremaunción : Un sacramento instituido por 
Jesucristo , que mediante la unción con el aceite dendito y la 
oración del sacerdote , con^ere á los enfermos de peligro la 
gracia, y la salud del cuerpo si conviene asi para la del alma. 
Este sacramento es conocido con los nombres de olevm 
sanctum—oleum infirmorum (3) — oratio olei y oratio cum 
unctione conjuncta ; pero e l de extremaunción ha prevaleci - 
do sobre los otros, y se le llama-a sí. « porque de todas las sa- 

{\) ScAVimiTheolog, mora/. wmV., tract. iO, disput. i.*, cap. II, 
art. 3.^ par. A,^ 

(2) HuGUENiN : Exposit, melh, Jur. Canon., pars special, lib. I, tí- 
tulo m, cap. I, art. 3.^ 

(3) Devoti: Inst Canon., lib. II, tít. II , sect. 5.% par. 88. 



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<^>7 




^ >f^ <?"^ -- ^^ P^fts iineíones . gn^ riíi^^trn flnlvador j fltfinrrnrnTnondrt 

»Á SU TfflQ^i» , ^g^« ^8 la f^^^^'^ft y^^ ^f.hft^d ministra rse TTn 

^ ^--'^í/^ "^^ ^^^ sacramento de la nueva ley.— La existencia 

^ y • de este sacramento se hall a dei gostrada gor acuellas pala- 

(y bras de Santiago : «7" Eáléf BIS' ^l^Jiú b ftt re vosotros ? Llame 

»4 los^ presbiteros j ej a Tglftsia y h^g»^" nrarinn por ¿1 , ut^ 

a giéndole con óleo en nombre del Señor , y la oración de la 

»fe- sanará al enfer mo y lo aliviará el Señor, y si es^ SnS- 

» caaos ^ se ie j[m^^^"^^" (^}^ 

Las citadas palabras contienen en si los tres requisitos que 
son necesarios en todo sacramento, á saber : — rito sensible en 
la unción del óleo y en la oración — promesa de la gracia , en 
el alivio del enfermo y en el perdón de los pe cados — institu- 
ción jjiaina , porque de ella gue¿e drrivflirfífl finíraniffltg lft_ 



gracia , con los demás efectos expresados en las citadas pala- 

Tb ras de Santiag o (3)^ " — — 

L a existencia de este sacramento se hal la apoyada en la 
doctrina perpetua de la Iglesia católica . co mo ló afirman 
m ochos coQgilios f4 ). no menos que toda c lase de monumen- 
o s de la antigüedad (5) bastando al efecto citar en particular 
la carta que el pap a Inocencio!, dirige el afio 416 á un obispo, 
y en la que habla de este saf^.ram ftntn r^.o^in Ac^ u no i*A <^ft ^^ 
r?!8!Wy^ la igiesiBL^ fiL- *" "^ 

Po r esta razón , el Concilio de Trento definió de nuevo 
^es|SSS[a£J4iñpugnétda por los novadores aei sigicLXVijT): 
Su materia remota. — La materia remota delaextr e- 
mauncion^§l|¿^j2S£Íte«dfluüis^, bendito por el obispo (^\{_ 



0) 

(2) 

(3) 

cap. I. 

(«) 

(6) 
(7) 
(8) 



nfie^tofi. 



CakeUmo Romano, parte 2.^ cap. VI , par. 2.^ 

Episi. cath. S. Jacobi, cap. V, vv. 14 y 15. 

Pbrronb : Praied. Theolog. , de Sacramento Exlrema-uncHon, 

Catecismo Romano, part. 2.*, cap. VI, par. 3.® 

Drouven : De Re SacramefU. , lib. Vil, qu»st. 1.' 

G III , disÜDCt. 95. 

Sefíon 14, cap. I, y canon 1.^ De Sacrament. ExtremW'UnctUm, 

Cofudl. Tridení., sesión 14, ci^. I, De SacratUenío Extrema' 



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— 111 — 

por el sacerdote , mediante concesión expresa ó tácita de l 
jSGmoPontifice (1 ). 

La indicada bendición se hace por el obispo todos los años 
el dia de Jueves San^ , ó sécenla feria 6.* in c(Bna DamU 
%% (2)': entre los griepfdTsSTi&^^lfeF ios presbíteros muchas 
ypcfts ^ í^ . 6 sea en cada uno de los casos que tienen nece- 
sidad d e administrar este sacramento (3^> 

Materia pr¿xiina , y partes del cuerpo que lian de 
ungirse.— La materia próxima de la Extremaunción esja 
unción hechS por el sacerdote . según consta del texto bíbli:: 
co citado . '^ 

El apóstol Santiago . al promulgar en la Iglesia este sa- 
cramento instituido por Jesucristo (4) , n o señaló la parte 6 
partes del cuerpo que han de ser ungidas ; de aquí la varie- 
dad de disciplina en esta materia (5). En otro tiempq^ parec e 
qiTftRft "^prfft v^^ ^^f^ par^^ ^ el cuerpo ; pero después gé acos- 
tumbró á ungir varias partes del cuerpo y en algunos pun - 
^ ^ Pftr^ PTifArmn^ (6), fuud&ndose en las palabras del após- ( {'^ 

tol Santiago : Et aUef>iaiit eum Dominus (7). j^/4 dXí^/«^^ ^ ^^^"^ 

La legislación vigente entre los latinos prescribe la un- 
ción en los cinco órganos de los sentidos, á saber : los ojos— 
oid ^— narices— boca— manos j además los pies y los ríñones, 
"5bn «reglo al decreto de fiu¿emo 1 V piro íiístrueí. armen . \its): 

La unción de los ríñones se omite sie mpre en las hembras, 
porho])igSJtÍda4 » y ¿nn también en los hombres , cuando erec - 
to de la enfermedad oue les agüela . no pueden moverse sin 
gyve inco ni9^i<i»^H (QV ..•^. 

(4) BEmcDlcTO XIV : De Synodo di<Bcesana , lib. VIll , cap. I , pAr. 4.» 

(2) Devoti : ínst. Canm. , lib. 11 . tít. II . sect. 5.*, par. 89. 

(3) Devoti : InsL Canon. , ibid. 

(4) Catecismo Romano , part 2.% cap. YI , par. 8.* 

(5) Devoti: InH. Canon., lib. II, tít. II, sect. 5.*, p¿r. 90. 

(6) Devoti : Inst. Canon., id. ibid. 

(7) Epist. cath.j cap. V, v. 15. 

(8) Benedicto XIY : De Synodo diceeesana , lib. VIII , cap. III. 

(9) RUual Romano , De Sacrament. Eictrenm-uncUon. 



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— 112 — 

Los griegos ungen la frente — ^barba — ojos-— pecho — manos 
ypi^sirr -^- 

Su forma. — La fbrma de este sacramento no se determinó 
por Jesucristo in specie "Ínfima , ó sea en cuanto á las pala- 
bras mismas que hayan de usarse en su administración , y de 
aquí la variedad accidental en cuanto i la forma aun en la 
Iglesia latina (2). 

El Ritual Romano señala la forma que habrá de emplearse 
en la actualidad , y es la siguiente (8) : Per istam sanctam 
unctionem, et suam pidssimam misericordiam , indulgeat 
tibi Dominus quidquid per visum deliquisti. Amén. 

Esta misma forma se emplea al ungir los demás sentidos, 
sin más diferencia que el cambio de la palabra visnm por la 
de audUum al ungir los oidos, por la de odoratum al ungir 
las narices , etc. 

La forma expresada es , sin duda alguna , deprecatimf 
á diferencia de la empleada en los demás sacramentos , que 
es indicativa ; pero «esto se ordenó muy justamente , porque 
)>co mo este sacramento se da para qu e además de la gracia 
^ »espiritual . qile comunica , fftjvtítnyn. tamhíft u la salud áí os 
)>enfermos , y no siempre se sigue que mejoren ; por esto se 
))hace la forma á modo de oración (4). 

Ministro de este sacramento.,-7::L8^ palabras que se 
dejan trascritas del apóstol Santiago señalan á los presM te- 
ros como ministros de este sacramento (5) , comprendiéndose . 
bajo la palabra presiiteros ^ | nj; nh j^pnr. y nfip.P.ytf <7^g^porqua 
unos y otros son presbíteros (6). 

Como los protestantes sostenían que bajo la palabra pres- 
Hteros se señalaba á los más avanzados en edad ó á los prin- 
cipales del pueblo , f\[ C^onmlío de Trento a natematiza ^ Ique 



(i) Benedicto XIV: DeSynodo duBcesana, líb. VIII , cap. IIl, par. 3.** 

(2) Benedicto XIV : De Synodo dioscesana^ lib. VIH, cap. II, par. í.^ 

(3) De Sacramento Extrema-undion. 

(4) Catecismo Romano , part. 2.','<»p. VI , par. 7." 

(5) Epist. cath., cap. V, v. 14. 

(6) Devoti : Insí. Canon., lib. II , tít. II , sect. 5w*, par. 92. 



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t. 



I 



— 113 — 

dijere que los pres bíteros de la Iglesia no son los sacerdo tes, 
ordenad os por el obispo , sino los más provectos en edad, de 
cualquiera comunidad ; y que por esta causa no es sólo el 
sacerdote el ministro propio de la extremaunción (1). 

Si es de neoesidad que asistan muclios sacerdo- 
tes.— Como el apóstol Santiago nombra en plural al sacerdo- 
te que ha de administrar este sacramento , se acostumbra que 
asistieran muchos presbíteros á este acto (2) ; cuya práctica 
sigue observándose en la Iglesia griega , pero en la Iglesia 
latina ha ya muchos siglos que sólo un sacerdote asiste á este 
acto , y él es el que administra este sacramento (3) , sin que 
pueda haber duda alguna sobre la validez del acto (4). 

Si todos los sacerdotes pueden conferirlo.— Cual- 
JQ quier sacerdote puede administrar válidamente la extrema- 
unción (5) ; pero sólo el párroco es su ministro ordinario (6), 
sin que sea lícito á ningún sacerdote , fuera del caso de ne- 
cesidad , administrar este sacramento , á no mediar licencia 
del mismo párroco (7). Los religiosos que se propasen á ejer- 
cer este acto sin consentimiento del párroco , incurren ade- 
más en excomunión reservada al Sumo Pontífice (8). 

A quiénes se administra , y cuándo.— El sujeto de 
este sacramento es el hombre viador ,^bautizado , giift b^y». 
llegado al uso de la razón y se halle co nstitui do en enferme- 
gad ínonai, y a provenga ae herida , ya de veneno 6 de cual- 
quie i^ 6tro ac cidente (9 ). 

{i) Sesión 14 , cap. III, y canon 4.'* De Sacram. Exlrema-unction, 

(2) Devoti : hist Canon. , lib. II , tít. II, sect. 5.*, par. 92. 

(3) BjsNEüiCTO XIV : De Synodo dicocesatia , 11b. VIH , cap. IV. 

(4) Cap» XIV, tít. XL, lib. V Decret. 

(5) Devoti ; InsU canon., lib. II . tít. II, sect. 5.*, par. 93. 

(6) Catecismo Romano , parte 2.*. cap VI , par. 13. 

(7) Benedicto XIV, De Synodo di<Bcesana , lib. VIH, cap. IV, pá- 
rralo 7.° 

(8) Cap. I. tít. VII, lib. V Clementin. Bula AposL Sedis, núm. 14, 
de las excomuniones lata setent. reservadas al Papa, 

(9) ScHMALzCRUEBER : Jus EccUs, univ,, in lib, I Decret,, tít. XV, 
número iO. 

TOMO III. 8 



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~ 114 — 

En la Iglesia griega se u nge con el sagrado óleo á lo s que 

gefZ Sn" de buena salud ; asi que el "5rsino-obíspo''gespues de 

r consagrar solemnemente el óleo de los enfermos la feria 5.* 

^- atna:^ftniH.iii^ y^ m itaTmayorTno d ispone que sejgárdapafa 

usarlo en tiempo oportuno , sino que lo c^psume ftn ñj^ftcto. 

""un giendo a tQdo sjosjaiie,¿&-hftllft" pre.^tfts (1). 

' Los enfermos de peligro deben recibir este sacramento, 
cuando conserv an por c gDa.pl^^^ <^1 y ^so de los sentidos . par a 
que puedan recÍDirio con f e y voluntad más devota (2). Por 
'otra parte , uno ae ios efectos de la extremaunción ^s dar la 
^g aliyd del cuerp o , si conviene ; y gorjojanto no se debe di- 
latar su uso al último momento de la vidaTporqiíe nó produ- 
ce el indicado efecto á manera de milagro , que sin duda se- 
ria necesario en aquellas circunstancias, sino por virtud 
sobrenatural en cierto modo ordinaria, que ayuda á las cau- 
sas naturales (3). 

La falsa persuasión que hubo en el siglo XIII entre mu- 
chos de que una vez recibida la Extremaunción, no era lícito 
al enfermo, si recobraba la sftinfl . iiaar dp. r^filz ado^ ni comer 
carne . e tc. fué la ca" ^? dfí q"^ "^ *^^ ror^^Vi^'nm pnt» «-m^r^- 
mento hasta que el enfermo se hallase á las puertas deL se- 
pulcro. M uchos proceden en nuestros tiempos de igual suerte, 
porque se supone que la Extremaunción es , por decirlo así, 
el sello de la muerte en ej jiaferfflo > no med iando raásque^un 
p aso entre la vida y el sepulcro del que IJTrecifi it^jr''^ 

La extremaunción se administraba de ordinario en otros 
tiempos áj^ont inua cion del sacramento de la penitencia, 
á fin de que se borraran por ambos sacramentos todas las man* 
chas del alma, y el enfermo recibiera la Eucaristía hallándo- 



(1) Benedicto XÍV : he Synodo dicecesana, lib. VIH, cap. V, núm. 3.® 

(2) Catecismo Romano, part. 2.*, cap. VI, par. 9.* 

(3) Benedicio XIY : De Synodo dicecesana, lib. VIH, cap. Vil, nú- 
mero 2.* 

(4) Bemedicto XIV : De Synodo dicscesana , lib. VIH , cap. VII, nú- 
meros !.• y 2.** 



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— 115 — 

se completamente limpio (1). Esta práctica ha quedado abo- 
lida por completo, 7 en la a^ tiiftl^^f^ij RA^ administr^ f^fi < ^pnAg 
dfíl.YÍátir.o (2). 

Si podrá reiteararse. — ^La extremaunción se repite tag - 
tas veces, cuantas el sujeto enfermare de gravedad después 
de haber ces ado el peligro f3V: pero no es p^rmitíiln rPit^i-firiA 
en una misma enfe ymft^fid (4.). 

Personas á q[uieiies no debe administrarse.— La 
extremaunción no puede administrarse á los que se hallan en 
alguno de los casos siguientes : 

I. Les párvulos que no l^n llegado al usn de la razón , aun 
cuando se hallen en peligro de muerte (5); porque no han co- 
metido pecado, «cu yas reliquias sea menester sanar con el 
remedio d e este sacramen to (6).» 

II. Losd ementes perpetuos y furiosos, que desde su naci- 
miento no han tenido momento alguno de lucidez^pQniUfi_fil 
»que nunca desde sunaglmiento tuvo r a^r^p n^ jn^>Í9 , nr^ bft 
JHíe ser oiea(io7>> 

Pero se dará la santa unción a l enferro n g^^fí ]5i. píHíA t^n — 
su sano r^^^^^ y ifíspiifts ^^yrt en ri l^nn delirio 6 frenesi (7). 
íambien habrá de administrarse á l os fieles adultos que han 
perdido el usodgjajazon i porque sé presume, que ellos pedí 
rían este sacramento, si pudieran (8). 

III. Los que están sanos y buenos^ porque el Apóstol habla 
de enfermos, y además porque «fué instituido, no sólo para 
«remedio del alma, sino también del cuerpo, y como sólo los 
wque padecen enfermedad , necesitan de curación , por esto no 

{i) Dkvoti; /W5Í. Ceiwo».,l¡b. 11, lít II , sed. 5.*, par. 96. 

(2) Ritual Romano , de Extrema-uncU 

(3) Concil, Trid., Sesión 14, cap. 111 de sacrammto Exlremce-uncL 

(4) Bepteoícto XIV : De Synodo dicecesana , lib. VIH , cap. VIII , nú- 
raeros 3 ** y 4.° 

(5) Bkvrdicto XIV : De Synodo dixcesana, lib. VIH, cap . VI, núm. i .• 

(6) Calecismo Romano , part. 2.*. cap. VI, nám. 9. 

(7) Catecismo Romano , part. 2.*, cap. VI, núm. 9. 

(8) -BEimiCTO XIV : De Synodo diocesana , lib. Vllí , cap. VI, núm. 8.** 



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— 116 — 

»se debe administrar, sino 4 los que parecen estar postra- 
»dos tan de peligro , que es de temer les inste el último 
»dia (1).» 

Necesidad de recibir este sacramento y disposi- 
ciones necesarias al efecto. — ^La Extremaunción no es 
de necesidad absoluta para conseguir la salvación ; pero el 
enfer mo de pelig ra fístá ^bliend^i^^Ar^^ibirlft , toda vez que se 
Salla preceptuada su recepción en Jas citaaas""pa labras del 
apóstol íáantiag o (l^JTásTgúé^j Concilio de Trento, fundado 
en el mandato divino de recibir este sacramento, anatemati- 
za á los que digan que puede despreciarse por los cr i stian os 
sm pecaao (¡5). '~~" 

El enfermo que haya de recibir la extremauncion^ ¿a de 
hallar se en estado de gracia , y por esta razón se ha de obser- 
var la práctica constante <(en lalglesia r stólica^g^j^j^ueán- 
tes de la extremauncig njg^^mlnistren los sacramentosdeTa 

Se requiere además q ue tengan intención expresa , t ácita 

^^fljjV;^^*^ pi'fí'^^''^^" > ^-f fp-f^ibir f^<ttfi saf^T^^TTjPJlííílI?) ' 7 P^^ ^''^' 

timo, se necesita en el sujeto devoci ón a ctual , según Santo 
Tomás (6). 

Efectos que produce. — ^Los efectos del sacramento de 
la extremaunción pueden resumirse en lo siguiente: 

a) T^ft^^grgr^'^ snntifio .ante propia de este sacra mento, 
que se llama segunda , en cuanto que supone al sujeto en 
estado de gracia (7), según la primera intención de su insti- 
tución. 

6) El perdón de los pecado s (8) y «en especial los leves, que 

(1) Catecismo Romano , parte II. cap. VJ , núm. 9." 

(2) EpisU raí/i., eap. V, v. U. 

(3) Sesión 14 , canon ^.^ De Sacramento Exlremce uneL 

(4) Catecismo Romano , part. 2.*, cap. VI , par. 12. 

(5) Scavim: Theolog. mor, univ.^ traet. 10, disput. 2.% cap. IV. 

(6) Summa Theolog. , part. 3.% addiliotiea , quaest. 32 , art. 4.® 

(7) ScAviNi : Theolog. mor. univ. , tract. 10, disput. 2.*. cap. I. 

(8) Concil Trid., sesión 14 , c. II De SacrameiUo EjiremcB'unct. 



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— 117 — 

»se llaman veniales , porque los mortales se quitan por el sa- 
»cramento de la penitencia (1).» 

gJ^^Borra 1^ reliquia s de los pecados^ ó sea la propensión 
al mal y debilidad ó pereza para hacer lo que es bueno, ó como 
dice el Catecismo Romana: «libra al alma del caimiento y 
«debilidad, que contrajo de los pecados y de todas las demás 
»rel¡quias de ellos» (2). 

d) jBl alivio de l alma del enfermo por la gra-n rrnnfittn^i^^^j ^^ 
la divina misftntu^rdift giift f^ fiy^^ ftapor Á] (a ), 

^) La salud corporal c uando así conviene á la del alma (4). 

CAPÍTULO IX. 

SACRAMENTO DEL ORDEN. 



1^ 



Acepciones de la palaJ>ra orden, y razón de este 
nombre.— La palabra ordo (orden) se toma en las acep- 
ciones siguientes : 

En sentido latísimo significa , la colocación de una cosa en 
el lugar correspondiente (5). 

En un sentido lato se toma , por un estado cierto y deter- 
minado de los hombres; en cuyo sentido, el orden de los cris- 
tianos puede ser secular ó clerical. 

En un sentido estricto expresa la potestad espiritual de 
hacer el sacramento de la Eucaristía, ó de asistir al que haya 
de hacerlo. 

Se ha dado ¿ este sacramento el nombre de orden , porque 
esta palabra , atendida su propia y rigurosa significación, es 
«una disposición de cosas superiores é • inferiores colocadas 

{i) Catecismo Romano , part. 2.*, cap. VI , par. i A. 

(2) Parte 2.*^. cap. VI , par. 14. 

(3) Concil.Trid.^ses. U, cap. II, De Sacramento Extrema-undionis. 
C4) ConciL THd, JáAhiá. 

(5) Schmalzgiiceber: Jus Eccles, univ. in lib, 1 Decreta tít. XI, pá- 
rrafo í.^núra. 1,^ 



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— 118 - 

»entre sí , de manera que la una dice relación á la otra ; y 
»como en este ministerio hay muchos grados y muchos oficios, 
)>y todos están distribuidos y colocados con gran concierto y 
»armonía , por eso el nombre de orden viene muy apropiado y 
«ajustado para significar este sacramento (1).» 
Su definición , y si se disting^ie de la ordenación* 
Se entiende por orden ú ordenación: Un sacTametUo de la 
nueva ley , por el que se da al clérigo la gracia y potestad 
espirittml para consagrar la Eucaristía , asistir al consor 
grante y desempeñar debidamente los demos cargos eclesiás- 
ticos. 

Las palabras orden y ordenación no pueden confundirse, 
ni usarse indistintamente pai^a expresar una mísñaa~cosa, 
porque la i)rimera significa la potestadespiritual , que se ha 
conferido á uno, y la ordena ción expresa el acto mismo de 



conferir aquella potestad , mediante Ja aplicacionogjfisuritos 
y cereTgSnJaFsagradas, señaladas al efecto ff). ^^ 

Es un sacramento de la nueva ley.— El orden ó sa- 
grada ordenación es un sacramento de la nueva ley, puesto 
que tiene en sí todos los requisitos necesarios al efecto , á 
saber : 

a) Rito_exterao^_s¡j^g_sensib^^ cuya condición se en- 
cuentra en la ordenación , toda vez que hay imposición de 
manos con la oración correspondiente , y estos signos exter- 
nos se emplearon en la ordenación de S. Pablo y S, Bernabé, 
según el texto bíblico, que dice: Tuncjejunantes et orantes^ 
imponentesque eis manus, dimisserunt tilos (3). 

6) Promesa de la g raciaó^signo^terno, que tiene la vir- 
tud de"coirfisrtrTa gracia , cuyo réquisiíose halla en la orde- 
nación según las palabras del Apóstol: Admoneo teutresus- 
cites gratiam, que est in te per impositionem manuvm 
mearum (4). 

(1) Catecismo ñomano , part. 2.*, cap. VII, par. 9.* 

(2) Devoti : InsL canon , lib. II , tít. II , sect. 6/, par. 97. 

(3) Act. Apóstol, cap. XIII. v. 3.* 

(4) Epist. 2.* ad Timoth., cap. I. v. 6.* 



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— 119 — 

c) Institución di/ina, y esta circunstancia aparece en la 
ordenación , puesto el que Espíritu Santo puso á los obispos 
para regir la Iglesia de Dios (1); lo cual consta también por 
otros testimonios bíblicos (2), 

£n consideración á esto y al unánime consentimiento y tra- 
dición constante en la Iglesia de Dios(3), el Concilio de Trento 
definió de nuevo esta verdad contra los protestantes (4). 

Sus especies. — Los órdenes se dividen— en mayores y 
menores , ó en— sagrados y no sagrados. 

Se llaman órdenes mayores ó sagrados, los fue se referen 
ó aproximan á la Eucaristía, y tienen aneja la ley de la cofh 
Hnencia y délos votos, á diferencia de los no sae;rado5 , que 
no tienen por objeto inmediato la Euca ristía ni se les impone , 
el voto d e castida d. ¡1 

Su número —Los ordenes son siete á saber ; osiiadadü 
lgi*tnr|j^n — exorcistado — acolitado — subdi§5üJiadfi^ diac' 



rfSaKfc 



jifír —presbiterado . 

Los cuatro primeros ^^nn órdf*pes mepores y loaJbr as últi- 
m os mayore s (5) , y de ellos hace mención expresa el Concilio 
Trento , sin resolver si existe alguno más , ni si todos ellos 
son sacramento (6). 

Si el episcopado es orden y sacramento distinto 
del presbiterado.— El episcopado es sacramento , pero se 
cuestiona mucho entre los canonistas . si es orden y sacra - 
menta dis tinto del p resbiterado . Como es indudable que el 
rito que imprime carácter distinto del presbiterado, es orden 
diverso de éste , lo cual se verifica en el episcopado , parece 
que este es orden distinto de aquél (7). 

(\) Act. Apost., cap. XX, v. 28. 

(2) Act. Aposl . cap. Xllf , v. 2 y síg. 

(3) Perrone: Pralect. Theolog.ydeordine, cap. I. 
(-4) Sesión 23 De Sacramento Ordinis , canon 3.° 

(5) ScHHALZGRUEBER : Ju« EccUs. unív. , in lib I Decret , tít. XL 
par. i.S núm. 2. 

(6) Sesión 23 , cap. II. 

(7) Boüix : De Episcopo, parte i.*, sect. 2.*, cap. I. 



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— 120 — 

Además , el rito que confiere verdadera y especial facul- 
tad para ejercer algunas funciones jerárquicas , que no pue- 
den en manera alguna desempeñarse por el simple presbítero, 
im prime carácter Hícfinfn ^p1 pi;gfij>i4'«»rrg?t7r7^fliiÁnH()^^ pgtA 
en el episcopado ; puesto que lleva aneja una especial é inde- 
leble potestad para ordenar los ministros de la Iglesia y para 
conferir el sacramento de la confirmación , que no puede ad- 
ministrarse por los simples presbíteros como ministros ordi- 
narios. 

Esto mismo se ve consignado en el decreto de Graciano, 
siguiendo á S. Isidoro de Sevilla , toda vez , que al enumerar 
los grados jerárquicos cita al presbiterado como distinto del 
episcopado (1) ; c uya gocMUaTse ve aceptada por e lMOo gcllttf 
de TrentTTen el mero hecho de sanciona r que los obispo s.5aa. 
superiores á los presbije ros {'/y. 

El episcopado es un verdadero sacramento distinto del 
presbiterado en el mero hecho de reunir en sí todas las con- 
diciones que se requieren al efecto , como signo externo , co- 
lativo de la gracia (3) é institución divina (4). 

Superioridad por dereclio divino de los obispos 
sobre los presbíteros. —Lo s obispos son superiores á los 
presbíter os por razón del orden y de la ju risdicción * 

En elprimer concept o les competejjdministrar losjafiíai . . 
mentos de.la confirmAcmnjf jleLór^^ en el segundoregír 
la Iglesia ó diócesis que j es^s té encomendada. _ 

" Jesucristo ligó ai carácter episcopal la pote g ^d de orde- 

jengan este sagrado caráct er (5), dándoles á la vez potestad 
ordinaria para administrar el sacramento de la confirmación. 

(i) C. I , disUnct. 21. 

(2) Sesión 23, canon 7.<*, De Sacramento Ordinis. 

(3) Act, Apost., cap. Xllf, v. 3.*— Epist. 2,* od Timoih,, cap. I, 
V. 6.'» 

(4) Aot. Apost., cap. XIII . v. 2.° y sig.— Cap. XX, v. 28. 

(5) Epíst. i^ad Timolh., cap. V, v. 22.— Bpist. ad Titum, capi- 
tulo I, V. 5.0 



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— 121 — 

La superioridad de los obispos sobre los presbíteros en 
cuanto á la potestad de jurisdicción se halla consignada en 
las sagradas escrituras , ya cuando se dice que les está e nco- 
mendado el cuidado v gnhiftrm^ dft toda la. grf^ por p.I ^]^5fa_ 
t^ai^to (1K y^- cuando se coBsiffia que ellos son jueces de los 
pr esbíteros (2) . Esta misma verdad está, por otra parte (3), 
demostrada con toda clase de monumentos de la antigüe- 
dad (4). 

Como los calv inis tas reprodujeron los lyuti gnns ftrrorfts^ 
Aerio . hereje del siglo IV . W f^i^f^ Vo.]iiAngpgy Aihig<>T^a^, 
pa ra quienes no existe diferencia alguna por derecho divi^ 
entre iQ &j ^ispos y presbíteros (5) • e l Ctoncilio de Trento los ^ 
co q^ftTiíS dg nuevo cqi\ l^ s siguientes palabras ; «8i alguno 
ndijere quej os obispos_nQ^ son superio res á los presbíteros \ ó 
»que no tienen potestad de co nfirmar y ordeQar , ó que la que 
alienen éseomun fil os presbíteros,., s e a excomulj i radojfg ).» 
"^iBi preabiterado y oíaconado son saoramentos.— 
Jesucristo instituyó el sacerdocio en los Apóstoles, cuando les y^/^ 
dijo : Ifoc /actúe in meam commemorationem (7). 'SXj&acsís:^^^?/ ^^^^ 
ció comprende la facu ltad de^> frecer el ^nt^ sai'TífifM'n Hft la^ y 

Misa y de jerdonar los pecado s ; cuyos cargos han de existir .^^^ /'^ 
hasta la consumación de los siglos, porque nja^pu ede ^^^^^^"^ j^ ^^ .^^u^ ^ ^ 
rftiigí pn si n sacrificio, ni éste sin sacerdocio (8 ). Por esta ra- "^^^"^^ 
zon , l os Apóstoles consagr aron obispos f9) y ordenaron pres- ^•^T-^.^-z^.^^'T^x^ 
bitero s (10) ; de lo cual suministran no pocos datos las cartas i§ ^ 

de S. Pablo á Timoteo y Tito. ^ /^'^ ^^t-^^ 

(1) Droüven : he Re SacramenL, lib. VIH, sect. 6.* 

(2) Epist. i.» ad Timolh.y cap. V, y. 19. 

(3) Bouix : De Episcopo , parle I.*, sect. 1.*, cap. I! y IV. 

(4) DfiOOYER : De Re Sacrament., l¡b. VIH, sect. 6.* 

(5) Devoti : InsL Canon, , lib. !, lít. II, sect. 1.», par. 12. 

(6) Sesión 23, canon 7.' De Sacramento Ordinis, 

(7) Matth. , cap. XXVI, v. 21 y sig.— Maro., cap. XIV, v. IS y sig.— 
Lüc cap. XXII , V. 19. 

(8) €k>nciL Tríd., sesión 23, cap. I. 

(9) Acl, AposL, cap. XIII, v. 2 y 3. 
ÍIO) AcL Apost., cap. XIV. v, 22. 



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— 122 — 

Esta doctrina siguió observándose constantemente en la 

Iglesia , y por esta razón el Concilio de Trento co ndenó bajo 

pena de anate ma al que dije re : que no hay en el Nu evo Tes- 

'^ tamento sacerdocio externojjvislblejJLK y que en ia^ sagrada^ 

^ ordenación iiO ^e-confieren Bspíritu IS anto (2 ) ,• ó que la sa^ 

,,. ^grada urtl eñaci n ]] no ^i vf^r^fl^^ro Rftp.r^mfín t o est ablecido por 

Cristo nuestro Señor (3). 

lldiaconado es jambien sacrament o , puesto que existen 
en él las conSicIones necesarias al efecto , como son — signo 
3rno y sens ible (4). — Se confiere por ell a gracia (5)- — Ins - 
titiii iion divina (6)." 

Esto mismo se demuestra por las circunstancias que se re- 
quieren en los que hayan de ascender á este sagrado ministe- 
rio y los oficios encomendados á los diáconos (7), 

Si el subdiaoonado y los órdenes inferiores son 

sacramento. — Estos ó rdenes son antiqulsiniosjnjajglesia 

3g£ 



:e dsd apostólic a ; pero parece lo mág ^proba- 
►le_c[ueno s on sacramento ( 8) ; hal lándose en igual oai?^>j^ 
^ tonsura , po rquojésta^nijiquiera ^s^rden^,^eguaia-QBÍnion 
i^ ^s probable (9). 

Materia y forma del episcopado.— La materia del 
Ü episcopado es la imposición del libro de los evangelios sobre 
el cuello y espaldas del obispo consagrando , así como la im- 
posición de manos sobre la cabeza del mismo por el obispo 
consagrante y asistentes (10) ; pero entre estas y otras cere- 



(1) Sesión 23, canon 1.® 

(2) Sesión 23, canon 4.<» 

(3) Sesión 23. canon 3,® 

(^) Ad. kpoHt, cap. VI, V. 6.« 

(3) Cornil, Tnd., sesión 23 , canon l.^ 

(6) Acl. Apost., cap. VI, v. Q.^-^Coneil. Trid. , sesión 23, canon «/" 

(7) Pebrone : PraslecL Theolog,, de Ordine , cap. li. 

(8) Véase el cap. X. tít. IV, lib. II de esta obra. 

(9) ScHMALZGRUEBER : Jíis Eccles. uft/v. , fu lib. 1 Decret., tít. XI, 
par. 1.^ núm. 3. 

(10) ScHHALZGRUEBER : Jus Eccles. utiiv., íbíd., núm. 4. 



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— 123 — 

monias que se consignan en el Pontifical Romano , parece 
que la materia esencial es sola la imposición de manos por el 
consagrante ; y la forma , las palabras que acompañan al 
expresado acto. 
^^ .. Se funda esta opinión en la autoridad de las sagradas 
escrituras, que sólo hablan de la imposición de manos — 
en todos los rituales anteriores al siglo X— en la doctri- 
na consignada en muchos concilios , no menos que en las 
constituciones apostólicas — en la doctrina de los Santos Pa- 
dres—en los libros litárgicos de los siglos VII, VITI y IX — en 
la práctica constante de los griegos y demás iglesias orien- 
tales (1), la cual sigue observándose en la actualidad , sin 
que la Iglesia romana haya reprobado esta conducta ni du- 
dado acerca de la validez de la consagración de obispos, he- 
cha por ellos , mediante la sola imposición de manos , acom- 
pañada de- las palabras correspondientes (2). 

Entre las tres imposiciones de manos que se verifican en 
^. la consagración se considera como materia propia y esencial 

la segunda (3). 
k ^ Materia y fbrma del presbiterado»— La materia del 
r/G'presbiterado es la imposición de manos y la entrega de los 
L instrumentos, ó sea del cáliz con vino , y de la patena con 
hostia , con las palabras correspondientes á cada uno de estos 
actos, que es la íbrma ; teniendo aquí lugar las mismas ob- 
servaciones que se dejan hechas en el caso anterior sobre la 
materia y forma del episcopado ; pero la entrega de los ins- 
trumentos es rito observado por la Iglesia latina de muchos 
siglos á esta parte : de modo que habría necesidad de reiterar 
la ordenación , si se omitiese alguna de las materias expre- 
sadas. 

Por último, como tienen lugar tres imposiciones de manos 
en la ordenación de los presbíteros, parece indudable que 

(1) Perromi : Preléct, Theolog,, de Ordine^ cap; IV. 

(2) BFjfEoicTO XIV : De Synodo dicdcesana, lib. VIII, cap. X. 

(3) fiEivEDicTo HV : De Synodo dimcesana ^ id. ibid. 



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— 124 ~ 

la materia esencial se halla en la segunda de aquéllas (1). 
h Materia y forma del diaconado.—La materia del dia- 

f //t _7 «• •• - - ___.- 



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\' 



(^ cortado es la imposición de manos y la entrega del libro de los 
Evangelios con las palabras correspondientes á cada uno de 
aquellos actos , que son lo que constituye la forma; pero la 
materia y forma esenciales se hallan en la imposición de ma- 
nos con las palabras carrespondientes , y aquí tienen igual 
aplicación las razones alegadas respecto al episcopado (2). 
^ Materia y forma del subdiaoonado.— La materia y 

/ forma del snbdiaconado son : la entrega del cáliz sin vino y 
de la patena sin hostia , así como la entrega del libro de las 
Epístolas, cuyos actos van acompañados de sus respectivas 
A' formas con determinadas palabras (3). 

i Materia y forma de los órdenes menores,— La ma- 
teria del acolüq42.QsJiütjaitsí^ga del candelero ó ciriales con 
las velas apagadas y la de las vinajeras vacías : siendo en su 
consecuencia la forma de este orden menor, las palabras que 
acompañan ala entrega de los expresados objetos (4). 

La materia del exorcistado es la. entrega del libro de los 

exorcismos; y la forma, las palabras que acompañan (5). ^. 

La materia y forma del lecúorado se halla en la entrega 
del libro de las lecciones . y en las palabras que acompañan 
alindicado acto (6). 

La materia del ostiariado es la entrega de las llaves d^la 
Iglesia ; y la forma , las palabras empleadas en jeí acto de 
esta entrega. • "" 

Ministro ordinario de la ordenación. — El ministro 
ordinario de este sacramento es sólo el obispo (7). Eugenio IV 



(1) Drouvew : De Re Sacramentaría, lib. VIH , sect. S.*, níira. 2. 

""(a) Droüven: De ReSacratnefiL, lib. Vlll,rsecl. 4.*, núm. 5.** 

(3) Drouven : De ReSacrament. , lib. VIII , scct. 3.* 

(4) Schmalzgrueber: Jus Eccles. univ, in lib. I Decret,, tit. XI, párra- 
fo d.% núms. 3 y 4. 

(5) Droüveii : Dé Re SacramefU., lib. VIH , sect 2.*, núm, 7.® 

(6) ScHKALZCRUEBER : Jus Eccles. nniv, , id . ibid . 

(7) C. I , par. 9.^ disUnct. 25.— CL IV. dislinct. 68. 



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— 125 — 

en el Concilio de Florencia dice i Jfinisiíir M'din/r.rM/ji Aufu.^ 
jacrame^úi est episcopus ^ y el Ck)ncilio de Trento enseña y 
de fine bajo pe na de anatema esta misma doctrina^ (l). 

El_ obispo no pierde esta potestad recibida en su consagra- 
ción , ánn cuando sea her e(e , djsfií lialie pxcomulffado . suapon:. 
so, entrediV.hn. dftft y fí,<rtQ f^ <iftgT«HnHa ! de modo que la orde- 
nación hecha por el que se halla en alguno de estos casos , es 
válida siempre que observe la forma prescrita por la Igle- 
sia (2), porque la potestad de ordenar ó de conf erir órdenes se 
fnnda en el carácter episcopal , que como indeleble , produce 
sus efectos independientemente de la bondad ó malicia del 
ministro. 

ICinistro extraordinario.— El ministro extraordinario 
de la ordenación puede serlo fti ^«^nf ¡ft presbítero en virtud de 
delegación pontificia , con respecto al subdiaconado y los ór- 
denes menores (3). El Concilio de Trento da por supuesta esta 
doctrina , cuando prohibe á los abades, y á todos los que se 
hallen en su c^o , con fe yi r Ja tonsura y órdenes menores ¿ 
los regulares no subditos suyos (4^. 

Los abades á quienes se ha concedido este privilegio, han 
jkL Serverdadft TnR RhftHPQ ^ qiift no obtengan en e ncomienda 
las abadías , requiriéndose además en ellos que sean presbíte- 
ros mitrados con derecho á llevar báculo y mitraj 
pontificales (bj. '~~~" 

— ScUSjamanifestado que el simple presbítero puede ser mi- 
nistro extraordinario del subdiaconado y de los órdenes me- 
nores , así como de la tonsura en virtud de privilegio ó dele- 
gación pontificia, pero se ha cuestionado mucho entre los 
doctores sobre si esta delegación podrá extenderse «i f^JRP.nnR- 

(1) Sesión 23 , cap. IV, canon 7.° 

(2) ScHMALZGRUKBER : Jus Eccks. univ. in lib, I Bea-eU , tít. XI, 
par. i.% núm. 30. 

(3) Cap. I , tit. XIII , lib. I Decreí. 

(4) Sesión 23 , cap. X De Reférmat* 

(5) ScHMALZGRüEBER : Jus EccUs. ufíiv. t» lib, I Dccret. , tít. XI, 
par. 4. ^ núm. 31. 



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— 126 — 

do (1); y debe tenerse por cierta la doctrina de los que sostie- 
nen que este orden no puede conferirse sino por ios obispos, 
porque la' skgrada Escritura y la tradición constante de la 
Iglesia sólo señalan al obispo como ministro del diaconado y 
presbiterado , sin que exista documento alguno en contrario; 
puesto que el B nvílegio que sesupoQe_g oncedido por Inocen - 
cio VIII etí 148 9 á los aba desjústercifínseg ps rmmdftrndft gjv 
mo e spüfelj (2). 

Ministro legitimo é ilegitimo.— Se llama ministro 
legítimo á_Ja ^ persona que hace válida y licitamente los 
sacramen tos , á diferencia del iiegítimo, que los hace v¿li(l ÍBr 
peroilicit afflgvitft fí^n^ra |ftj yoluntad de la Iglesia (3). 

El ministro legítimo de los órdenes es el obispo católico y 
propio del ordenando con arreglo á las prescripciones de la 
Iglesia (4), ó que al menos tenga licencia del obispo propio 
para conferir los órdenes (6). 

Solemnidades en la consagnt'acion de los obispos. 
— ^La consagración de un obispo es el acto que si^ue á la con - 
firmación del electo ( 6). Muchos son los ritos y ceremonias que 
se emplean por la Iglesia en esta solemnidad (7) : se leen ante 
tof^o las ifitr asde la Cancelaría ApostólJca, e n las que se hace " 
el nombramiento de obispo, y a] i;>.n][^sftgrnndn presta jnrapigilt^ 
^fi ob<?ClÍ [encia y fidelidad al romano Po ntíficecon ^rreglQ ¿j as 
pre scripci ones canónicas (8). —Se im ponen sobre los hombro s 

(i) ScHHALZGRUEBER : Jus Eccles. uitio,, ifi Hb, 1 Decret,, tít. XI, 
pár. 4.", núm. 35. 

(2) DR0uvfiN:/>6 Re Sacrament., lib. VIH , part. i.*. quíBst 6.*, 
cap, II. art. 2." 

(3) Drouven : De ReSacrament., lib. VIII. part. 4.*, qusest. 6.* 

(4) Drolven : De Re Sacrament. , lib. VIH, part. i.*, qucest. 6.% ca- 
pítulo HI . pár. 1.** 

(3) C. i.\ qusest 2.*, causa 9.* 

(6) Cap. VH, tít. XIV, lib. II />crrí/.— Cap. XLIV. tít. VF. lib. I, 
sext Decret. 

(7; Ponlí/icale Romanum ,x>9Tt. i. ^ De Consecrat. electi in epis^ 
copum. 

(8) Cap IV, tít. XXIV, lib. H Decret. 



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— 127 — 
y cuello del electo el Oódigade los EvangelÍQ& ri),— ^e recitan 
lasprecfts. — Sft hacft Ift bftndic^QP.—Se^un pe la ffl fí***** y ^*^? 
manos ^el elec to con el sagrado ftf^Rina (2), — Se^iñüdicfiü-fil 
b¿cuio pasTOraíTel anillo, l a mitra , etc., á menos que esto se 
haya ya hecho (3). 
Estas y otras ceremonias se hallan (4) descritas en el Pan- 

tijical Romano (5); pero la ftftftno.ial pg ln impnRiftinn Hft mft^ 

nos con las palabra s qu e acompañan á este acto ( 6), según se 
deja manifestado en este capitulo. 

Qtiién laliace, 7 si es de necesidad, la asistencia 
de otros dos obispos. — La legislación antigua de la Igle- 
sia prescribía que el metropolitano, acompa ñado de dos obis- 
pos comprovinciales, ccmsagraran al electo para ia''"sfflg^ 
ep iscopal vacante en la provincia, ó que se verificase este 
acto por el obispo sufragáneo más antiguo de la provi ncia 
c on asistencia ae otros aos obispos co m provinciales ^ designa- 
dos al efecto por el metropolitano (7). 

Enuno y otro caso se convocaba á todos los sufragáneos 
al Sínodo, que se reunía en el templo principal de la Iglesia 
vacante : y allí se verificaba la consagración á presencia del 
cle£fl ,y puebl o (8) ; d ebiendo consentir e n ?4^ ar^^ tnHng A u 
mayor V^^ ^IL^ nbis pn<^ i*n Tn p i»nv in fiiíilo<i (^)) 

L adisciplina vigente reserva este derecho al Sumo Pontí- 
fic^ : a sí que se hace la consagracio p por ftl , <^ por otr o, me- 
riiant.fí lirencla %wyf\ . 

Si la consagración se verifica en Boma suele delegarse 

(i) C. VII, disUnct. 23. 

(2) Devoti: Inst. Canon,, lib. I, tít. iV, sect. ^.^ par. 2.* 

(3) Devoti : Inst, Canon,, lib. I. ibid. 

(4) C. I. distinct. 75.--Cap. I. tít. XV, lib. 1 Decret, 

(5) Parte i.^ De Conseerat. slecti in episcopum. 

(6) Devoti: Inst. Canon., lib. I, sect. 1.*, par. 2.® 

(7) Scbhalzgbüeber: Jus Eccks. univ., tn lib* I Dacret., til. VI , pá- 
rrafo 8.®, núm. 78. 

(8) Devoti : Inst. Canon., lib. I. tít. IV. sect. 1.*, par. 3.* 

(9) Schmalzgrueber:/!/^. Eccles. univ., id. ibid. 



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— 128 — 

por el Papa ^I ciTiin fin \m cftr rln nftlnr. ó patriarcas que tie- 
nen residencia fija en la Ciudad Eterna (!)• Si el acto tiene 
lugar fuera de Roma, se delega á cualqniftr obispo ^atiSl^g ^^ 
que designe el consagrando. 

El acto de la consagración se hace por un obispo , con 
asistencia de otros dos obispos (2). 

Se cuestiona entre teólogos y canonistas acerca de la vali- 
dez de la consagración hecha por un obispo sin asistencia de 
los otros dos, que han de concurrir al acto con arreglo á las 
prescripciones canónicas. 

Morinp^^urnelyconside^^ hecha 

sin jos tres obis pos. Ot ros la consideran legítimaT si se hace 
por un solo obispo con licencia del Sumo Pontífice. 

Cabasucio y otros muchos canonistas y teólogos sostienen 
que la consagración llevada á efecto por un solo obiápo es vá- 
lida^ pero ilícita (3) , y esta es la opinión más probable , pues- 
to que existen hechos de consagraciones verificadas por un 
solo obispo que se han considerado como válidas , aunque ilí- 
citas. 

La misma Santa Sede ha dispensado muchas^ veces . me- 
difete justa causa, en esta materia , c oncediendo jQ iel&j^Qn: 
sagracion episcopal se haga por un s ofo obispo con asistencia 
de dos abades ó presbíteros constituidos endignidadj 



tica (4) , lo cual con otras muchas pruebas aducidas por los 
defensores de esta opinión , demuestra claramente que la con- 
sagración hecha por un solo obist)0 es válida y aun lícita , si 
se ha llevado á efecto con dispensa pontificia (5). 
Tiempo que se concede al electo para consagrar- 



(1) Devotí ; Fnst. Canon. y lib. I, tít. IV, sect 1.*, par . 3,' 

(2) C. V, par. !.•, dislinct. 51,-^. IV. distinct. 64.--C. lyH, 
distinc. 66— Cap. VI y VII, tít. XI, lib. I Decret. 

(3) Devotí : Ihsí. Canon, , lib. I , tít; IV, sect. 1.*, par* 4,' 

(4) Benedicto XIV: De Synodo dmc, lib. XIU, cap. XIII. 

(5) Schmalzgrleber : Jus Eccks. univ., in Hb. I Decreí, , tft. VI, pá- 
TYdiío 8.**, núm. 79 y sig. 



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— 129 — ^^ 

se. — El presbítero qiie ha sido preconizado obispo , tiene obli - /2 

ficc ión de no dilatar sn consagración más allá"^|e Jre sme^ J '^^'^''^-'^^í^ 

ses (1) contadoR HRsHft p.I ríia. ^ft su confirmaí^ínn , ó sea dcsdíe 

el dia que se le expidieron las bulas (2), quedand o privado^ 

desp ués de trascurrir dicho términ o , de la comunión hasta 

■fintoque renuncie , ó pida su consagración (3j. 

8i deja trascurrir culpablemente más H ?r7 V[nr*n m^cps sjt ) 
consagrarse, queda inhabilitado para aquel acto, s egún la 
antigua disciplina (4). 

La legislación vigente prescribe : Ecclesiis cathedraliius 
seu superioridus, qtéocumjm nomine, ac titulo prmfecti... si 
fnunus consecrationis intra tres menses non susceperint, ad 
fructuum perceptorun restitutionemteneantur. Si intra to- 
tidem menses postea id faceré neglewerint , Ecclesiis ipso 
jwre sint pTii>ati (5). 

Lugar , y tiempo en q[ue lia de veriflcar8jB.-r-Con3ág- 
ne que la consagración del electo ^e verifique en la Iglesi a 
catedral de la diócesis á que ha sido promovido , 6 por lo me - 
nos dent ro de k provincia ejle siAstica^ si puede hacerse có- ' 
modamente(6). 

La consagración de obispos ha de verificarse g^ HnTYn'Tigq, 
6 en la festividad de algu no de los Apóstoles (7) , pudiendo 
también tener lugar en otro ¿laTestivo ^ mediante concesim í 
dftja^nta Sede (8). 

Este acto tiene lugar á la hora de tercia , q ue corresponde 

{i) C. II , distinct. 75.- C. I , distinct. 400.— ConciU Tridente «e- 
sion 23, cap. ItDe Reformat. 

(2) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles. univ. , in lib, IDecret., tít. VI, pá- 
iTalb77. 

(3) C. I , par. i.*», distínct. 400. 

(4) Id. ibid. 

(5) Concil. Trid,, sesión 23 , cap. II De Reformat. 

(6) Condl. Trid., sesión 23 , cap. II , De Reformat. 

(7) Ponliíkal Romano , part. 4.% De Consecratione ekeH in Epis- 
eapum. 

(8) Pontifical Romano , part. í.\ ibid. 

TOMO ill 9 



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— 130 — 

Á nuestra hora de nona (1) , p prque á dicha hQ i:a46»cendió el, 
JRgpfritu Santo sobre los Apóstoles ^ y se verificó la consagra- 
ción de S. Pablo y S. Bernabé (2). 

CAPÍTULO X. 

OBISPO PROPIO DE LA ORDENACIÓN. 

Obispo propio para confeiir los órdenes en los 
diez primeros siglos.— Los órdenes no se confieren lícita- 
mente, sino ppr p¡ y j^isno nrnpjo de aquél que ha de recibirlos*^ 
El Concilio I de Nicea dice á este propósito en el canon 17: 
/Sfi quis ausus fuerit aliquem, qui ad alterum pertinet ^ in 
9ua ecclesia ordínare; quum non habeat consensunv episcopi 
ipsius.a quo recessit clericum, irrita erit hvjnsmodi orii- 
natío (3). 

El Concilio de Sárdica , en su canon 15 , se expresa en es- 
tos términos: Si quis episcopus ex aliena parochiavelit alie- 
num ministrum sine consensu proprii episcopi in aliquogra^ 
du constituere, irrita et infirma hujusmodi constitutio eads- 
timetur. La palabra irrita equivale á esta otra ilHcita, se- 
gún la opinión general (4) entre los canonistas (5). 

Estas disposiciones legales se refieren á los clérigos úni- 
camente , porque 1^5 l^yo'i rnTUfin i rrgl?" ^^ antip^im f^ÍR<>4pi]'- 
na^ele yir á su arbitrio obispo para recibir los órdenes ( ^): ó 
lo era el de la diócesis en que vivían, según varios escritores. 

Se citan , sin embargo , hechos en contrario , y de los ^ 

(i) C. ly V, distinct. 75. 

(2) C. V, dislínct. 75. - — - - 

(3) Veccuiotti ; Inst Canon,, lib. \ De Sacramenlis, cap. Vil!, pá- 
rrafo 17. 

(4) PsRRONE : Pralect. Theolog. de Ordine , cap. IV. 

($) Vbcchiotti : ínsí* Canon,, üb. V , cap. VUI , par. i7. 
(6) Droüvepi : De Re Sacramenl. , lib. VIII, part. 1.*, quíest. 6.% ca- 
pitulo 111, párrafo i.^ 



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— 131 — 

taales aparece que las disposiciones canónicas citadas com* 
prendían á los clérigos y legos (1). 

Obispo propio de los ordenandos en los tres sigilos 
Biguientes. — Desde el siglo X se consideró como obispo pro- 
pio a l que lo era de la diócesis en que uno habla nacido é se 
había J>autizado , 6 en la que había obtenido un beneficio 
eclesiástico (2). 

STpapa Bonifacio VIII añadió á los títulos de origen ó be- 
neficio el del domicilio en ?^u dfírri^t^ dft 1^9^ , que dice así : 
Oum nullus olericum parochim alüruB, prater superioris ip- 
si%s licentiam debeat ordinare : superior intelligitur in hoc 
t(U^ episcopus , de cujus diacesi est is , qui ad ordine^ pro- 
mover i desiderat, oriundus, seu in cujus dimceH féne/tcium 
Mnet ecclesiüsticum, seu Aaieúflicet alibi tuzúus fuerit) 
domieilium in eadem (3). 

De esta doctrina resulta . q ue si una persona nació en una 
wíA»f¡gíc ^ hftKít^ ftf ^ otra y obtuvo beneficio en una tercera dio- 

tl'esdiócesis, 

A los expresados tres títulos de ordenación se añadió otro. 
qtie es el de familiaridad. 

ObisiK) propio para conferir los órdenes segiuL el 
derecho vigfente. — El obispo propio de la ordenación es el 
de— origen — domicili o— beneficio— fa miliarida(L 

Observaciones respecto al titulo de origfen.— Es 
obispo propio por razón de origen e l de la difSc.ftsk Hft i», r'.iyn^i 
el ordenando es oriund n. El papa Bonifacio VIII usa de la pa- 
labra oriundus . y no la de natus, por cuya razón, sijiap 
nació fortuitamente en n n in^ay pon nrintí vn Hp vínj^ , ofi^jf^^^ 
legación^, etc. , ^ntón'*^^«^ i^imAa^ n] n-^j^^xí dftl padrr ( i). 

(1) VECcniOTTi : Ifisl. Canon. , lib. V, cap. VIII , par. i7. 
(i) Droi'vepí: De Re SHcramenL, lib. VIII , part. 1.*, quaest. 6.% ca- 
pítulo 111, por. i.^ 
(3) Cap. H1 , lít. IX , íib. I se-xí. fíerret. 
(A) Vecchiotti : Jnsl. CatuM,, lib. V, cap. VII! , par. 18. 



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— 132 — 

6 mejor dicho , al domicilio del padre cuando tuvo lugar eY 
nacimiento fortuítQ Hfti hijn~fr): — ' 



exceptúan de esta regla general : 

1.*^ Lo& é>¿Bpó.f!¿£o.^ , ftuvQS padrQ^ sft ^gn^ran ^ que pueden 
ser ordenados pgr e} obispo del lugar en que i^ ^^iamn y por el 
del punto en el cual se les expus o. 

2." Lgs nacidos en un lug ar nullius dÜBcesií ^ ouetie gea 
po r obispo rationt nrigijAix al n hÍRpo más pr6YiT"^ p«^ra fV^ 
efecto. ^~ 

3.^ T.ns pftgftnfff^ y ']\\iW ^^"^^^*»^« , que tienen por obispdT 
al de la diócesis e n que fueron bautizado s. 

4.0 .Tr^c lítif^rj jng^jjjx i o nn pu n d nn lo r ordn n a d i Ofip o r nl obiri 

pnjft f^^i nHpppn y yn^ p.1 dft sus patropos. 

5.° Los vagos , que podrán ser ord enadgs,jKUL-Cualquier 
obisp37si no consta el de su propio origen^ ni el de sus padres ^ 

Explicación del titulo de domicilio.— Es obispo pro- 
pio por razón del domicilio aquél en cuya diócesis el ord enan^ 
do t^^ne su domicilio, aunque baya n acido en otra diócesxS^ 

El domicilio se adquiere para el efecto de los órdenes pQr_ 
la permanencia de diez años al menos en un lugar , ó por la 
^residencia de bastante ti empo en una poMacion en la q ue sa 
"Ea esta blecido y ¿ la cual ha trasladado la mayor parte de 
sus bienes , siempre que en uno y otr o case jur e que piensa 
pe rmanecer all ^ ^pe r petuame nte_(2). 

Por esta razón , ing^p^tiiHi^mtifís que rgg^ n por laryo d^ « 
mero de años en un a población poif caus ado sus estudios no* 
adquieren allí domicilio, porque tienen el pensamiento de re-^ 
grésar á sus respectivas diócesis, y esta es la causa de que no 
pueda ordenarlos el obispo de aquella población en que hacen 
sus estudios, á menos que los interesados lleven dimisorias del 
obispo propio (3).» 

(i) ScinALZGRUKBER: Ju8 Eccks. uhív. , íh lib. IDecret, , tít. XI , pá« 
rrafo4.* 

(2) Vecchiotti : Inst. Canon,, lib. V , cap. VIII , par. 19. 

(3) ScBMAucRunER .* Jus EccUs. univ.f ibid. 



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— 133 — 

Bl obispo propio por razón del domicilio necesita en todo 
caso letras testimoniales del obispo ratione originU , si el 
ordenando salió de alli en edad de haber podido contraer algún 
impedimento canónico (1). 

Si tiene dos domicilios, puede ser ordenado por el obispo 
de imo y otro (2). 

Doctrina aoerca del titulo de beneficio,— El obispo 
propio por razón del beneficio es el de la diócesis fin ílli#-^*^l 
clérigo ti ene beneficio congruo por sí mismo . sin adición de 
ügon patrimonio ó suplemento, y lo posee pacíficamente, 
entendiéndose por beneficio , para este objeto , el residencial t " 
no residencial , de libre colocación ó de patronato (3). 

El obispo propio por razón del beneficio no puede pro- 
mover al beneficiado á los órdenes sin letras testimoniales del 
obispo propio por razón de origen y de domicilio (4). ^A^^^é^ 

El titulo de familiaridad segrun el Concilio de ^ ^'^^^^uyi^^'ln^ 
Trente. — El obispo propio por razón de familiaridad es aquél ^ JjC^yy% //^ 
qae tiene á uno á su lado y le sostiene por espacio de tres años. /^^""^ 



Bl Concillo de Trente dice acerca de este punto lo siguiente: JyO * 

ípscopus familiarem sumn non subditum ordinare non pos- /'^'^^^ ^f^ — 
#ií, nisiper triennium secumfuerit commoratus; et ienejl- ^^^ / 
mm , jíMcumque fraude cessante, statim re ipsa illi con fe- '^^'^^^^^^ ^ 
füt\ consuetudint qnacnmq%t , etiam immeTnoraiili in con- 
trarium non obstante (5). 
^11 Constitución Speculatores domus Israel de Tnocen' 
I^UkoXIL— Este Papa dice en la citada constitución dada en 
Nbviembre de ^694 (6), lo siguiente : 
1.® Que el decreto Tridentino tiene lugar tanto en la cola- 



(i) Veccbiotti : Insí Canon., üb. V, cap. VIH, par. Í9, 

(2) ScAviia : Theolog, mor. iifi<t;.,tract. ii , disput. unic, cap. II!, 
artículo 2.*" 

C3) VtccHiorn : Insi, Camm., lib. V. cap. Vni, páf . 30. 

(4) Veccbiotti ; Inst, Canon., id. ¡bid. 

(2Q Sesión 23, cap. IX , DeReformat. 

(6) Yeccbiotti : bist. Canon., ibld. per» ^. 



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— 134 — 

eion de los órdenes mayores ó menores , como de la primera 
tonsura. 
2.° Que el trienio haya de ser íntegro y completo. 
3.*^ Que la primera tonsura y los órdenes menores ó mayo^ 
res no pueden conferirse sin la presentación de letras testi^ 
moniales del obispo propio de origen y domicilio. 

4.*^ Que el obispo haya de conferir un beneficio congruo al 
familiar dentro del término de un mes , contado desde el dia 
de haberlo tonsurado ú ordenado. 

5.** Que haya de hacerse expresa mención en el testimonia 
del orden ó tonsura conferida , de las letras testimoniales del 
obispo propio, lo mismo que de la familiaridad (1). 
,/7 Obispo propio de los regulares.— Muchas disposicio- 

^/%yf''<C¿^^ nes se han dado sobre esta materia , y todas ellas pueden re- 
-^ siunirse en lo siguiente : 
^^.^7^'7^'''í^í^''''^^^-aj jiOs prelados regulare sdará n ¿ sus subditos regulare s 
// // <^ue hayan de recibir órdenes, letras dimiso rias para el qHs ^ 

po dej a diócesis en que radica el monasterio (2) , y nó par a 
etro^bispo. 

b) sTeí obispo diocesano se hallare ausente ó no celebraj e 
órdenes,, entonces el prela do r^gulfti* Cr^n<*ftdftr4 las ifitpais iti^ 
misorias para cualquier o bispo al efecto indicado en el caso 

TraterioFíS), sin^uepueda usar de este derecho en fraude, ó 
- bwa di latando la concesión de las expresadas dimisorias hasta 
el tiempo en que prevea la ausencia del obispo diocesano, ó 
que no celebre órdenes en las témporas inmediatas (^* 

c) Esta facultad de los prelados regulares se^extifindeal 
ca so de hallarse vacante la silla ep isco pal de la diócesis con 

Tas jnisin as.sal¥ €dades expu estas (5). 

(i) Yecchiotti : ImU Canon.^ lib. V, cap. VIH, par. 2i. 

(2) Benedicto XIV : Inst. 23. par. 8.« 

(3) Benedicto XIY : De Synodo diíBCS$ana , lib. IX , cap. XYII, pá- 
rrafo 2. 

(4) Benedicto XIV : De Synodo dimcesana , id. ibid. 

(5) Yecchiotti : Insí. Cíanon., lib. Y, cap. YUl, par. 22. 



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— 135 — 

d) Se ha de acompaüar á las letras dimisorias para otro 
obispo un testimonio auté ntico d el vicario capitular en el 
caso de vacan te , 6 del vicario general . cancelario 6 secreta - 
rio en sede plena , en el que se justifique la caiísa canónica 
pa ra usar del expresado derecho en la concesión de dimiso - 
rias para otro obispo q ue el dio cesano (1 ). 

ej El regular, que se presenta á recibir órdenes con las 
dimisorias d e su prelado , ha de ser examinad o sobre su apti- 
tud por el obispo que confiere los órdenes. 
"j^T Los privilegios de los regulares para recibir órdenes de 
cualquier obispo , mediante causa , no son de valor alguno , á 
menos que se les hayan concedido directa y nominalmente, 
no por comunicación , después del Concilio Tridentino. 

ffj Los superiore s regulares que prescindiesen de las re* 
glas que se d ejan señaladas, quedan privados de susoficio s 
de voz activa y pasiva , y los ordenados incurren en la pena 



de suspensión y en irregularidad , si han ejercido el orden re- 
cibido. 

h) Los obispos que los hubieren ordenado, incurren en las 
penas establfio i das (contra los qnft nrdf > nan á subditos ajeno s, 
sin dimisorias del obispo propio. 

^TDistintos nombres de las letras en qne los obis- 
pos autorizan á sus subditos para recibir los órde- 
nes de otro obispo.— El obispo tiene facultad de ordenar 
á sus subditos , y conviene que por sí mismo (2) ejerza este 
cargo propio de su ministerio ; pero existen causas que pue- 
den impedirle su desempeño , y entonces en virtud de su po- 
testad de jurisdicción tiene derecho á disponer que sus sub- 
ditos reciban los órdenes de otro obispo , debiendo tener pre- 
sente : Subditos suos noth aliter , quamjam prohatos, et exa- 
fniuatos, ad alium episcopum ordinar^dos dimittant (3). 
Las letras en que los autoriza para recibir las órdenes de 

(1) Vfcchiotti : ínsi. Canon., lib. V , cap. VIH , par. 2Í. 

(2) Concil. Trid, , sesión 23. cap. III De Re formal. 

(3) Concil. Trid., id. ibid. 



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— 1.36 - 

otro obispo , se llaman dimissoria (dimisorias) de la palabra 
dimitiere , que signigca deiar t^^euviaju 

También se les da el nombre de reverenda (reverendas) 
por j ne se co nceden por el reverendo 6 rftyfír^^nHisin^A nK|<fpn . 

CommendatiíhíB (comendaticias) por gue en ellas se reco- 

Su deflnioion , y especies. — Se entiende por dimiso- 
rias : La licencia que el obispo propio ú ordinario concede 
por escrito á un súbdi4o suyo para recibir los órdenes ó ton- 
sura de otro obispo. 

Las letras dimisorias se dividen en : 
Especiales , que se conceden para recl ^r ^rfjpn^g ^^ "" 
obis po determinado . 

Jeñerales , que se conceden para recibir (S r^^P^nfís Hp. miAl. 
Qi uer obispo católico. 

Unas y otras son de las tres especies siguientes: 
Perpetuas , q ue vulgarmente se conocen con el nombre 
d e Ej^eat, j se conceden á los clérjoros que han de ingresa^ 
^ntre el clero de otra diócesis. 

Comendaticias ó testimoniales , enjas^ue el obispo ates;^ 
t a de la probidad del clérigo que se ausenta lejos de su dióce - 
sis , ó sea sobre la fe y costumbres del clérigojQie ha de or- 
""^gnar se por otro obispo. 

Formadas f en las que se da fe de los órd p^npR f^mifpríHnR 4 
un sujeto (2 ). 

Qaién puede concederlas. — Corresponde conceder le- 
tras dimisorias á los que se expresan á continuación : 

a) El Sumo Pontífice jiu ede concederlas á todos, los fieles 
del or be,, y aun conceder, el. privilegio deque un sujeto pue- 
da ser ordenado por cualquier, obispo sin letras dimisorias (3); 

(i) ScHMALzcRüKBER I Jus EccUs. ufíiv. , ifi Ub. rDccrel., lít. XI, 
par. 5.^ núm. 43. 

(2) HuGUBNirf : Exposii. meUt. Jtir. Canon, , pars speciaL, lib. I, tí- 
tulo I , tract. ^^ díssert. 2.*, cap. 11, quíEst. 2.* 

(.3) ScoMALZGRUEBBR : Jus Bccles, unió, in lib, I Decret., lít. XI. 
p&r. 5.®, núm. 44. 



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— 137 — 

porque es el obispo propio y ordinario de todos los fieles. 

b) El legado á latere , en virt^^fi dft indulto pQ^^^fií^.io (i) 

c) El obispo propio del ordenando con arreglo A la doctri - 
na que se deja consignada en este c apitulo , hallándose en 
este caso el obispo confirmado, aungiip. un ftRt<4 com^grí^, ,5- 
porque es a cto de jurisdicción (2). 

'~dj tul cabildo sede vacante , porque la jurisdicción del 
obispo pasa al cabildo , pero no puede usar de esta facultad 
intra annum á die vacaíionis , sino con respecto á los arc- 
tados (3). 

e) £1 Vicario capitular en la forma expresada respecto al 
cabildo j pero ftl TiVflrífí gfín^ i'ftl del obispo no tiene este dere- 
chó , & menos que medie autorización especial de aquél (^XjJl, 

el obispo se b^l^<^- ^^'^ pai^pg rP.mntnQ , p^r^inP Pn ftfitOR fffiSOl 

podrá conc ederlas ', y también cuando existe costumbre en 
oste se ntido. 

f) Los prelados regulares ¿ sus subditos r egulares en la 
forma que se deja expresada i pero no pueden darlas á sus no - 
vicios , y mucho menos á sus subditos seculares ( 5). 

Gircünstancias que lian de expresarse en ellas. — 
Las letras dimisorias habrán de contener los particulares si- 
guientes : 

1.® Si son especiales, se expresará el nombre , al menos 
apelativo , del_ obispo á q uien se dirigen ; lo cual no tiene lu- 
gar si son generales, porque en este caso basta que se use la 
fórmula de á cualquier otro obispo católico. 

2.® T.n^rdftnft!^ pftrftxuyaL recepcion se conceden . 

sa por la que el obispa propio no celebra órde- 
nes , aunque sobre este punto habrá de atenerse á la practica 
■«cgmda en la diócesis. ""^ ~'~' ^ 



(i) Schmalzgrueber: Jus Eccles. univ., in lib, ¡ Decret , tít. XI. 
p4r.5.Snúm.44. 

(2) Schmalzgrueber: Jun Eccles. utHv,, íbid., núm. 45. 

(3) C(mciL Trid., sesión 7.* . cap. X, De Re formal. 

(4) ScBMALZGRUEBKR : Jus Eccks. uhív., ibíd., núm. 48 

(5) ConciL Trid.f sesión 23, cap. X De RefomuU. 



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_ 138 — 

4.® Las expresadas letras contendrán testimonio recomen- 
dtíaioJQ^ataliitcs.ataúe, s€Íentia{\),moribmac probitate (2). 

_Por esta razón . los que hayan de obtener dimisorias hac. 
brán de ser antes examinados ( 3) , á menos que se hallen au- 
^ sentesy no puedan presentarse sin notable molestia, en cuyo 
caso se deleg a para esto al obispo del punto en que residen , ó 
Rlj^jift \\i ^yf^ Hff nrHftnflHn »s (4). 

Examen del ordenando acerca de la ciencia y 
buenas costumbres.— Para que uno sea promovido al cle- 
ricato, ó á los órdenes , se requiere que haya sido examinado 
y aprobado por el obispo , cuyo requisito se ha exigido siem- 
pre en la Iglesia (5) , con arreglo al precepto del Apóstol : 
Manus cito nemi7ii imponeris (6). 

Los Santos Padres recomiendan mucho esta práctica (7), 
y el Concilio de Trente confirnia la práctica antigua, y seña- 
la tres escrutinios previos á la ordenación , disponiendo al 
efecto lo siguiente (8) : 

a) Los que hayan de recibir laprinia_toflanrft habrán do. 
estar confirmados, y s e hallarán instrui dos^p" íps niflínnqntog 
de la fe . sabiend o le^^* y p^TíHr_(Q) 

b) J.nf^ qiift Hfts een ser promovidos á los órdenes ,jn£nores, 
tendrán un certificado ó testimonio favoraM fí-dfílT¿rrocQ_j£ 
del maestro de la escuela en que se eduquen ( 10). 

ir) Lüs as | JÍi'gTltés"X ^rdenes mayores , habrán ^ de p resen* 
tarse con un jrngs de anticfp>i<*.imi ft^^Tn^o^ qui en dará comi> 

(1) SciiMALZGBUEBeR : Jus Eccles. univ., ibíd., núm. 50. 

(2) CoíuiL Trid. , sesión 23 , cap. VIH De Refornwt. 

(3) Concíl, Tríd. , sesión 23 , cap. 111 De Be formal. 

(4) ScuuxLZGñVEBEKi Jus tecles, utiiv., in lib. J ííecret,, lit. XI » pá- 
rrafos.", núm. 50. 

(5) C. II y sig. , distinct. 24.-<:. I . distinct. 70. 

(6) Epist. 1.* ad Timolh, , cap. V , v. 22. 

(7) Devoti : Inst. Canon., ILb. I, tít IV, soct. 2.% par. 10 , nota 1.* 

(8) ScHMALZGftUEBEB : Jus Eccks, utiiv. , ÍH Ixb IDecret., tít. Xli. 

(9) Concil. Trid., sesión 23, cap. iV De Reformat. 
(iO) Concil. Trid.^ sesión 23. cap. V De Reformat. 



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— 139 — 

sion al pár roco 6 á otro para que publique en la i glesia los 
nombres y resolución de los que aspiren á ser promoVrdrwr^ 
" — romando diligentes informes de personas fidedignas , sobre'el 
yacimiento de los mismos ordenandos , aujiágd , costnüibre s" 
y vi^a - ▼ remitirá estas diligencias al obispo ( 1). 

d) El segundo empieza convocando el obispo para la ciu- 
dad episcopal á todos los que pretendieren órdenes , y por sí 
mismo , asociado de sacerdotes y otras personas prudentes é 
instruidas en las leyes divinas y eclesiásticas , averiguará y 
examinará el linaje de los ordenandos, la persona, edad, ins- 
trucción , costumbres, doctrina y la fe de ellos. Este acto ten- 
drá lugar en la feria cuarta próxima á los mismos orines , ó 
■CUaildo el obispo detftrniiyfft (2). ~ 

t) El trrrTMjnmtin^ rnfinrn i\ \^ \ n i p iP ft ntí l u iljirní 
biteratferv ^diftfv^Arlo , y tiene lugar en el acto de la ordena- 
ción , cuando el obispo pregunta al arcedian o ^ si sabe que son 
dignos (3). 

f) Debe, por último, advertirse, q ue el obispo no tien e 
nhliprftm'riTi f^fí ftYfJTninfiT Á inc oi»HArmpfioR c^^^ ^ q presentan con 
letras dimisorias de.su obispo, s i en ellas con&ia que e^tán eli- 
minados y aprobados (4) con arreglo al precepto legal que así 
lo dispon e (5), pero no existe ley que le prohiba axaminarlp^t 

de nuevo , «ftgnq f^f^nlvíi^ la. ftftgrftrift HnngrAgnimnTi Hfi) C\c\r\. 

Penas contra el que ordena aun subdito ajeno 
7 el ordenado sin letras dimisorias.— El obispo que 
ordena á sabiendas ó con ignorancia afectada á un subdito 
ajeno sin licencia ó letras dimisorias del obispo propio, incu- 

(i) ConciL Trident., sesión 23, cap V üe fíeformai. 

(2) Concil. Tríd. , sesión 23, cap. VII De Reformat, 

(3) Pontifical Romano , part. 1.^ De Ordinalione diaconi ei presby* 
/«rt.— Cap. unic, iiU Xli , lib. I Decret. 

(4) Benedicto XIV: De Sy nodo dicBcesana, lib. Xl( , cap. VIII , dú- 
mtt'O'?. 

(5} Concil, Trid,, sesión 23 , cap. 111 De Reformat. 
(6) Boüix : De Ejpiseopo, part. 5 *, cap. XV. par. 3.^ 



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p> 



— 140 — 
^"7"^%^ r rft ijínn J uT p^ ftn ift p ftna^des uspension por un año de conferít 
/hJi^^^ órdenesj;i). 

^"^ Esta pena se limita por algunos á la colación del orden que 

indebidamente administró y á ^^isj^ rdon Q P supop iofes ; püdien* 
do en su virtud conferir los órdene s infe riores al que motivó 
la suspensión (2) ; pero el texto legal parece indicar que la^ 
suspensión se extien de á todos los órdenes menos la tonsura, 

norniie é% iñ no es órSSStS i^^ ^ ^ ""^ 

El ordenado sin letras dimisorias del obispo propio , queda 
suspenso del ejercicio del orden recibido, iioüJiQdo ^ el tiempo 
que pareci> r^ p.f>nv ftm>pte á su propio ordinarÍQ,(4 ). 

El ordenado nojjpicurre en esta pena si no ha mediado dolo 

6 ifi^P^^^^^^^ gravemente culpable ( 6). 

Si el obispo propio está públicamente suspenso de la cola- 
ción de órdenes por haber ordenado á clérigos de ajena diócesis 
sin licencia del obispo propio de ellos ,• entonces los clérigos 
subditos suyos pueden acudir sin permiso á otro obisipo pro? 
ximo para recibir los órdenes que les faltan (6), con arreglo á 
las disposiciones legales. 

Solemnidades en la ordenaoion de los clérigos.— 
La Iglesia emplea en estos actos muchas ceremonias (7), 
siendo las principales en la ordenación de presbíteros — la im- 
pasípinn Hft Tnytnnftrr- recitacion de preces— invocación al Es> 
plritu San to — unción de las m anos con el óleo de Jos catecá- 
menos — en trega d e los vasos pa ra elsacrificio. 
' Respecto á los diáconos : — I mposición de manos l^ojr Barte 

(i) ConciL Trid. , sesión 2.^, cap. VIH De Reformat, 

(2) Boüix : De Episcopo, part. ."{.*, cap. XV. par. 9.® 

(3) ScHHALZGRUEBER ! Jus EccUs, ufíiv., íh Hb. 1 DecrcL, tít. XI, pá- 
rrafo 7.% núm. 6C. 

(4) ConciL Trid., sesión 23, cap. VIU De R^fúrmat. 

(5) ScuMÁLíGKVEhEK iJusEccles.univ,, in Hb, I Decreta, tít. XI. pá* 
rrafo7.», núm. 67. 

(6) ScBMALZGRüEBER : Jí*.? Eccles. uuív., íh lib, I Decret.yUl Xí, pá- 
rrafo 4.®. núm. 42. 

(7) Pontifical Romano, part. 1.* 



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— 141 — 
^1 obispo solamente, á diferencia de la que tiene lugar en la 



ordenación délos presbíteros, porque en cuanto á éstos se 
hace la imposición de manos por el obispo juntamente con los 
sacerdotes que se hallan presentes ;— -recitación de preces — 
entrega de los libros de los Evangelios. 

En la ordenación de los subdiáconos , acólitos, exorcistas 
y ostiarios, se entregan los instrumentos propios de q^ ja }y ¡}^ 
de estos ófSenes, según se deja notado al tratar de la materia 
de ellos, y la ordenación se Ueva á efecto mediante ciertas 
preces (1). 

Tiempo y lug^r en giie aquélla lia de verificarse. 
— La primera tonsura puede conferirse en cualquier tiempo 
dgl^gfiQ (2). y en cualquier dia. hnrR y liryq: r honesto (3T ' 

Los órden es menores pueden conferirse no sólo en los dias 
^Aftilartfífíi MI!£L^^?T^1^^>^ <"" cualquier domingo y dia festi- 
vo (4)> po r 1« T^^fianft , An tes del medio dia (5), y aun fuera de 
la solemnidad de la misa (6J; pero entiéndase que no habr^ 
de conferirse á un mismo sujeto dos ó más órdenes seg uida- 
mftnte^sin^ aun en los ó ffJAnAg Tnftnnrpg ^^abr^P^ f?j}fi^^-"^ 
^ TOTse los intersticios ( 7). á menos que el obispo considere más 
ftOT^vftnifintP. fítm (^nsa. 

Existe en varios puntos la costumbre de conferirlos ordenes 
menores privadamente e n la feria sexta ó cuarta de las cuatro 
témporas , y por la tarde (8) ; cuy o acto podrá tener lugar en 
la i glesia ó e n cualquiop oitio honoato (ü) . 

( i ) Pontifical Romano, parte i . * 

(2) Pontifical Romano, id. ibid. 

(3) ScHMALZGncEBBR : Jus Ecclcs. univ., ifi lib. IDecret., tít. Xf, pá- 
rrafo 2.^ núm. 17. 

(4) Cap. IIÍ . til XI, lib. I Decret. 

(5) Dbvoti : InsL Canon., 11b. I, tít. IV, sect. i.\ par. 6.^ 

(6) fiENfiDiGTO XIV : De Synodo diascesana , lib. VIH, cap. XI, nú- 
mero 4. 

(7) Cmcih Trid., sesión 23, cap. XI, De Reformat. 

(8) Bomx: Be Episcopio, part. 5.*^, cap. XY, par. 4*^ 

(9) ScHMALZGRUEBER : Jus EccUs. univ.^ ibid. 



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— 142 — 

Los órdenes mayores no pueden conferirse por ningún 
obispo- á e^peion del p£ pa . sjno en lo s sábados de las cua- 

/Tfínftl .4hftda xantQ y en el <f^fífl^^ H"^ prA/*f>Hft ^ 

iTnini7a do pftfiinn.(l) . cuyo acto ha de tener lugar de^ 

tro de la solemi^idafl de la mi saí2) . y ^n la iglesia catedral^ * 
V en la más digna del punto de la dió^ ijs ^" q"*^ ^^ f>fíÍ^P'^,4^ 
celebr e órdenes (3) , sin que por esto se entienda que no pue- 
da celebrar ór'íenes en la capilla del palacio episcopal , cuan- 
do medie causa justa para ello (4) , y aun puede decirse que 
la disposición Tridentina no obliga bajo culpa grave (5). 

Pena contra el que ordena y el ordenado fuera 
del tiempo señalado.— El Derecho tiene señalado el tiem- 
po en que han de conferirse los órdenes , y e l obispo no puede 
prp.^(^^inHir (lf> Pf^t^ H kposicion legal , n i aun bajo el pretexto 
de costumbre en contrario, que en todo caso sería un abuso 
ó corruptela (6). 

•m Pi^pi^ piifiHA Hísppn<^ftr pnjes ta disposición legal y con- 
ce^^^ TPP priyílpgjo fíontrft ella - autorizando para conferir ó 
recibir órdenes extra témpora , puesto que se trata dé una 
ley de derecho positivo humano (7). 

El obispo que confiere órdenes extra témpora , sin licen- 
cia de la Santa Sede , in curre en Ig, susp ensión /grg;^¿f¿g ser^^ 
tentiíB de conferir órdelies ; y el ordenado queda igualmente 
suspenso de ejercer los recibidos (8) , incurriendo a3éinSá*Bir' 
irregularidad si se propasara á ejercerlos. 

El obispo propio puede absolverlo de la suspensión é irre* 



(i) Cap. III, tít. XI, lib. I Decrel, 

(2) Benedicto XIV : De Synodo diíBcesatuí, lib. VIII, cap. XT, ni\m. fí 

(3) Concil. Trid., sesión 23, cap. VIH De ReformaL 

(4) hovix : De Episcopo, parte 5.*; cap. XV, par. 4.* 

(3) SciiMALZCRüRBER : Jus Ecclcs, ufíiv., íti líb. IDectel.y tít XI, pá- 
rrafos.", núni. 17. 

(6) Cap. II, tít. Xr, lib. 1 Decrel. 

(7) ScuMAij^cRucBEit : Ju:t Eoclea. Wiw., ibid., núm. 10. 

(8) Cap. II y VIH, tit. XI lib. I Deeret. 



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— 143 — 

gularidad en que ha incurrido (1), por más que dicha abso- 
lución (2) esté reservada al Papa en disposiciones anterio- 
res (3). _ , 

CAPÍTULO XI. 

CUALIDADES EN LOS ORDENANDOS. 

Requisitos para la reoepoion TÓlida de los órde* 
nes. — Muchas son las circunstancias que se exigen en los 
aspirantes al clericato y á los órdenes : unas son necesaria s 
por derecho natur al y divino, y otras por derechjpeclesiástico; 
unas son indispensables j iar^ ^ y^l i^^'^ *^^ ^^ m»rlftnftr.ir>n ^jr 
otras para j a licitud. 

Respectoá la^cualidades necesarias en el sujeto para la 
validez de la ordenación habrá de tenerse presente : 

1.^ Q ue sólo el varón tiene aptitud para la ordenación , 
según consta de la práctica perpetua y constante de lalglesia. 

La razón de esto se funda en que el orden lleva aneja una 
preeminencia de potestad , dignidad y oficio en la Iglesia so- 
bre los demás fíeles, y ^«jg^'fíT nfntff^"*'^^^^^^^^ 7 presidir ftn 
la Iglesia , sino oir eja,¿ile noio y obodooor (A ) , según las pa- 
labras ael Apóstol : Mulier in silentio discat cum amni sub- 
jectione.^Docere autem mulierimn permuto , negm domi- 
nari in virum, sedesse in silentio (5). — Mulieres in Eccle- 
úis taceant , non enim permittitur eis loqui . sed subditas 
esse . sicut et lex dicit (6) . 

(i ) Cap. XVI, tít. XI. lib. I Decret. 

(2) Cap. VIH. tít. XI. lib. I Decret. 

(3) ScHMALZGRüEBEa .' Ju9 Eccles, Univ., ÍH lib. I Decrel., tít. XI. pá- 
rrafo 7.^ núm. 72. 

(4) Sto. louAS : Summa. TKeolog. , part. III, addition.. quasst. 39, 
arl. 1.° 

(5) Epíst. 1 * ad Timoth,:csí^. 11, v. íi y sig. 

(6) Epíst. i.*^ ad CorinU , cap..XlV. v. 34. 



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— 144 — 
2.*^ ^iiftji5^ fift ftfitftp iiftTijjyRHn , porque el bautismo es la 
puerta y fundamento de todos los demás sacramentos (1). 
3.** Qiift ftl offjfpon/i/^ flf^yitn tpn o:a uso de razón con in * 

Si los párvulos qne no lian llegado al uso de la 
razón podrán recibir válidamente los órdenes.^Se 

cuestiona acerca de este punto , pero Santo Tomás (3), se ex- 
presa en sentido afirmativo, fundándose en que los sacramen- 
tos que no consisten in actu , sino_PT> la p o testad . pueden 
conferirse antes de que medie act o alguno del que los recibe . 
^mo en la confirmación ; lo cu <\l no su^Hfí en la penitenci a 
y matrimonio, porq ue es esencial á ellos el acto. 6 sea la con - 

c onsentimiento e p nlimntiríwiwiin 

^ Esta misma opinión sigue el Catecismo Romano (4). 

Cosas que se rei^uieren para la reoepcion licita 
de los órdenes. — Las disposiciones canónicas relativas á 
esta materia se resumen en lo siguiente : 

a) Vocación divina (5) y estado de gracia , porque es sa- 
cramento de vivos. 

b) Confirmación f6 ) y que sea célibe (7). 

e) Instru giúon pnrrftspnndieBtttjaL¿fdea-qufí recibe (8) y 
que esté bien reputado por el público (9). 
d) Que sea subdito del ord enante ( 10) y tf>pgfl. la «dad 

(\) Cap. II, tít. III, lib. IV sext. Decret. 

(2) SaiUÁVEÁKjjEEEf^/,.Jus^ccles. univ. , in lib. I DecNCXñ: X^ pá*> 
^rafo3.^^úm.2^. , . . ^ ^* 

(3) Summa Theolog., parte III , addition., qucst. 39 , art. 2.» 

(4) Parte 2.*. cap. VII . par. 33. 

(5) Epíst. ad Hebraog , cap. V, v. 4. 

(6) Concil. Tria., sesión 23 , cap. IV, De Reformat. 

(7) Cap. IV, Üt. IX, lib. I sext. Decret. 

(S) Cap. IV, tít. IX , lib. I sext Decret.^-Concil. Trid. , sesión 23. 
cap. IV . XI . XIII y XlV De Reformat. 
(9) ScHHALZGRUEBEB : Ju8 EccUs. ühív,, ibíd., núm. 26. 
(iO) Concil. Trid., sesión 23, cap. VIII De Reftfrmat. 



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— 145 — 

prescrita para el respectivo orden que haya dejfelBtfifór J l)./ 

e) Tiempo sftñalftdn pnr ftl derecho pa? ^ rtnnfflpíii.lng V>ivy¿. 

nes» según se deja manifestado en el capitulo anterior. / { 
^ j) Titulo de ordenación— observancia da Jc^ . iyif^>4fe "TÉf 
—que la ordenaci ón no se haga mr saltu m — ^'nmnnidaAiítt 
t odA If régülaridac T 

Titulo de oraenacion, y su necesidacL-^-de entiende 
por titulo de ordeniici<m : M derecho á percibir una renta (Kr^^^ 
anual según la tasa determinada por el obispo para la ha- // 
nesta sustentación del clérigo (2). // 

Este título recibe también el nombre de titulo fflg»^^ en 
consideración á su objeto. 

La Iglesia ha exigido siempre en una ú otra forma el tí- 
tulo de ordenación , á fin de que lo s cj^ferigos no se vean p reci* 
s »dos é mendigar ó á ejercer oficios indecorosos A ^uj astágo" 
con desdoro del sagrado ministerio (3) ; así que el Concilio de 
^cedonia dice en ei canon Vi : Nullum absolute ordinari, 
nec presbyteruMj nec diaconum, neo omnino aliquem eorum^ 
qui sunt in ordine ecclesiastico ^ nisi specialiter in ecclesia 
cioitatis, vel pagi, vel martyrio, vel monasteriq , is , qui 
ordinatuTf designetur (4). 

Esta disposición comprende también á los aspirantes á ór- 
denes menores, y según la antigua disciplina se requería 
i gualm e nte para la recepción de la tonsura ^ 5). 

La misma doctrina se contiene en otros Concilios y dispo- 
siciones canónicas, y s e^observó cn nfttj^ptemftntA hfmfjt ftj^j-_ 
^In TT ^ yiT (fi); de mo do qiip los Ali^ riguj^ u u udaban adscA ' ip- 
tos en el acto de la ordenación á una iglesia^on obligación 

(i) Concil. Trid.. sesión 23, cap. XII De i{eA>rma^— Schiulzcrue-^ 
n : JusEccles. miv. in lib. IDtcret,, tít. XI , p&r. 3.^ nám. 26. 

(2) ScAvira : Theolog. mor. univ.f tract. 11, disput. unic. , cap. IV, 
art. 2/, núm. 9. 

(3) CmcíL Trid. , sesión 21 , cap. il , De BeformaU 

(4) DKvon : Bmí. Canon.^ lib. I , tít lY, sed. 2.*, par. 9/, nota 2.* 
(¡Q G. I , distínct. 70. 

(5) G.n, distínct. 70. 

TOMO lll. 10 



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— 146 — 

de servir perpetuamente en ella, y con derecho ¿ recibir da 
la misma lo necesario para virir. 

Estas disposiciones de la Iglesia sufrían alguna excepción, 
ya.cuando se concedían al clérigo letras dimisorias de su 
obispo para pasar á otra diócesis, ya cuando se le ordenaba 
sin adscripción á iglesia alguna, en bien y provecho de la 
Iglesia universal, como la ordenación de san Paulino por 
Lampio de Barcelona y la de san Jerónimo por Paulino de 
Antioquía(l). 

Desde el siglo XI hasta el presente] se sigue observando lo 
mismo en cuanto al título de ordenación respecto á la recep- 
ción de orden sacro (2).; sin otra modificación que la consi- 
guiente á la institución de beneficios (3) , así que eLCracilio 
^^Tfínto pT^^ft"ft q"ft ^^ ^ft <g;dene á nadie sin que ten- 
^ ^¡yftij||iilf^ (^f nrHft^üftinn (4) , y sí^eudo el espíritu del Con- 



cilio de Calcedonia , dispone que ninguno sea ordenado en lo 
su cesivo y sin que se destine ó adscriba A ama iglesia 6 luga r 
""píoTpor cuya necesidad ó utilidad se ha ordenado (5). 
Eso mismo se presen oe por Inocencio ^II élTsu constitu- 
ción Apostolici ministerii , y por Benedicto XIÍI en el Con- 
cilio Romano (6). 

Sus especies. — ^Bl título de ordenación puede ser de — 
heneficio-^patrimonio ó pensión— p obreza religiosa y mesa 
<5 omun— s er^'fó^jÜialglosiftT 

"Tieñefloio.— Este es propiamente áí único tit^iln^e orde- 
nación ; pues los otros no son más que excepciones (7) ; y 
acerca de él habrá de tenerse presente (8) : 

(i) Devoti : InsL Canm., lib. I , tít. IV, sect. í.% par. 9.®. neta 2.* 
{^)^Coneil. Trid., sesión 21, cap. If De Reformat, 

(3) Benewcto XIV: De Synodo di(Bdes,, Hb. Xli cap. I!, núm*8.* ysig. 

(4) Sesión fi , cap. II De Befbrmat 

(5) Concil. Trid., sesión 23, cap. XVI De RefortnaL 

(6) Devoti : /twí. Canm,, líb. !, tít. IV, sect. 2.*, par. 9.^ nota 2.* 

(7) Phillips : Comp. Jur, Ectles,, lib^ II, cap. IV , par. 65. 

(8) ScBHALZGRUEBER : Jus Eccles. univ., in lib. I Deoret., tít. XI. pá<» 
irafo 6.°, núm. 53. 



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M.'* 



— M7 — 

a) Qge^ beneficio á cuyo titato X ^^^sl i^pn li^ r>rHttTi«i»gA, 
sea perpetu o , porque de otro modo no se evitarían los incon- 
yenientes dé las ordenaciones sin titulo ; de aquí que nadie 
pueda ordenarse á título de encomienda á vicaría temporal, 
cape llanía amovible adnutum. b e neficio manual ó pensión 
¿eiesiás tlca temporal* 
^"3^ Que sea suficiente al clérigo para su honestagr decente 

subsi stencia ( i). ~ 

^"éT Q ue se posea ani P i tft y pftnififtíim fi ntt (?) . v^rí g na hagt^ 
la presentación » no mbramient o rt nlnrciioui 
^ Pali'liuuiuu, 'V ti u origen. — ^Este no es título , sino que 
se equipara á él , en cuanto que el clérigo puede por yi medio 
ascender á orden sacro. 



Se entiende aquí por patrimonio : Los bienes j>ropÍ9s del 
clérigo , poseídos por cualquier titulo legitimoj 

El papa Alejandro III dio ocasión al título de patrimonio 
cuando dispuso , que el pbispn que )iava ordenado á uno sin 
t ítulo , ten g a, ^ i MigflHnn dftiP""^'f^">^''^" Viiinin gnn ob tenga i^n 
b eneficio eclesiAstico c on el que pueda atender á su honesta 
sustentación , nisi 4alis ordinatus de sua vel paterna hmre- 
ditate , suisidiam vitmpossit habere (3). 

El espíritu de esta disposición, dada por el citado Papa en 
el Concilio III de Letran , es bien claro : se propone evitar las 
orde naciones sin titul o , y á esté" efecto impone una pena al 
ordenante ; d e modo que él no instituyó el título de patrimo: 
monio. 

Esto no obstante , los canonistas , apoyados en el expresa - 
do decreto, creyeron que los clérigos podían orden arsQLJLtitlu, 
lo de benefi cio ó patrimonio , y el Concilio de Trento lo ad- 
mitió para soioele aso de necesidad ^ ntiliiiftH rlp la Tjg^lp'^ifl^ 
á juicio del obispo (4) ; lo cual demuestra que el título de be- 

(4) Cap. IV, tít. V lib. IH DecreL^ConciL Trid., sesión 21, cap. !t 
De Be formal. 

(2) ConciL Tiid., sesión 2i , cap. II De Re formal. 

(3) Cap. IV. tít. y, lib. lil Decr^l. , / 

(4) ConciL Trid., sesiop 24, cap. 11 De Re formal. 



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— 148 — 

nefieio es el l egítimo y ordinario , y el de patrimonio ó pen- 

^on ha de considerarse como exi^rao rdinario (1). "^^ 

Requisitos necesarios en^rilé tílttlo.— Para que 

el clérigo pueda ordenarse á título de patrimonio se re* 

quiere (2). 

a) Que los b ienes sean suficientes para su honesta sus- 
teatacion (3 )i ' ' 

b) gue dichos bien es patrimoniales sean ciertos. 

c) Que sean inmuebles , porque los bienes muebles se ex- 
tinguen fácilmente , y se consumen con el uso. 

d) C ^ae sean libres v no estén hipotecados ú obligados ¿ 
r esponder de cantidad alguna j. porque de otro modo podrían 
ser reclamados por los acreedores. 

e) Qnft Rftftn pro<^^iAtivos y proporci onen al clérigo una 
renta anual , porque de otro modo nose~evitaria en ei cléri^ 
go su exposición ¿ mendigar ó á ejercer un oficio impropio 
de su estado. 

f) ( jue sean permanentes en el sentido de que no pu edan 
quitarse ft ^cT^^nt ^ al clérig o . ni enajenarse por éTTni^er 
tr asladados á otros por gesíóft^ otfa oblig ación*^ ^ 

g) Que el título de pensión fL<;igTmdaan^ mimfty | te al cléri-^ 
go, hasta que obtenga beneficio e cíesí ástico. ha de conside- 
rarse como equivalente al de patns aonio, (4) , siempre que 
reúna en si todas las garantías de seguridad y tenga las con^ 
diciones que se dejan indicadas respecto al título de patrimo^ 
nio , en la parte que son aplicables. 

Pobreza. — ^Este título se requiere y biista á los clérigos 
regulares pera que puedan ordenarse , siempre que hayan pro- 



faRftjn sQiftmnfíDaen te en religión a probada (5) , porque la pro- 
fesión tiene en ellos laj?onsideracion_de^ título , todavaz^^ 

{i) Dbvoti : InsU Canon. , lib. I , tít. IV , sect. 2.*, pAr. 9.*, nota 3.* 

(2) ScHMALZGRUBBER : J^ Ecchs, univ., in lib. IDecret., tít. XI, pá^t 
rrafo 6.*, oúm. 35. 

(3) Acta Sánela Sedis , tomo XII, pág. 576. 

(4) Concil. Trid., sesión 2i, cap. II DeReformat. 

(5) C. I, distinct. 70. 



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— 140 — 

la reUgion é in stituto religioso tiene obligación de mante- 
nerlos . 

Se exceptúan de la regla general los siguientes: 
aj Los religiosos de la Co mpañía de Jesús pueden ascender 
á orden sa crojjejsp nes de iQJ ^otosji mpies y antes d e la pro-^ 
fesionjolsmilgJBor concesión d e Gregorio XIII (1). 



i) Los alumnos pontificios, que estákñ alimentados y soste- 
nido8_¿alos tSftminario&jMM^ca usa de los estudios , según con - 
cesión de. fi-rfígoríQ XI II , y pueden ordenarse sin título (2 ). " 

c) Los padres de la Congregación de la Misión se orden an 
á tífulode ja^Congregacion Í 3^. 

muchos qnftVTftTlftj] ft Pni^AntpftrgP Pn ígiinl i^ncn^ ca nr^fiy^^p^ 

tit uló "ae la^físion (41 

Mesa comun. — Este título , que se introdujo por costum- 
bre en Alemania , no se admite en otros puntos , y consiste en 
que los príncipes y otras personas nobles ó corporaciones se 
" obliguen ¿la ¿ongrua sustentación del clérigo, que carece de 
beneficio ó patrimonio bufíciente para que le sirva de titulo de 
ordenación (5 1 

Servicio de la iglesia.— La Santa Sedeja concedido á 
varios colegios y 4 rr?^rtft*^ Hi<^/*e<=^'g , quft lf>s r.l¿rj gns s^^ Qfdft- 
nen á título de sftr yíV.ío dft la ig lesia (6). 

Tiene semejanza con dicho título el que se concede por el 
Sumo Pontífice, para que el clérigo pueda ordenarse á título 
servitii cho ri — litteraturce — sufficientice — diaceseos — 
Tnensa jeminarii, etc . (7), y de ellosliace mención el decreto 

(i) ScttVAUfiRUBBBH .* Jus EccUs, univ., in lib, I Decret,, tit. XI, 
par. 6.® 

(2) ScHM ALZGRDEBER : Jus EccUs. univ., id. íbid., núm. 58. 

(3) Hdgubnin : Exposit. meth, Jur, Canon., pars special., lib. I , tí* 
tule I, tract í.^ dissert. 2.% cap. II, art. 2.®, par. 2.® 

(4) Vecchiotti : hist. Canon,, lib. V, cap. VIH, par. 29. 

(5) Vecchiotti: Inst, Canon., ibid. 

(6) HoGUEifiif : Exposit, melh. Jur, Canon., ibid. 

(7) Veccwotti: Inst. Canon ^ lib. V, cap. VIII, p4r. 29. 



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— 150 — 

dado por la Sagrada Congregación de Propaganda pU en 27 

de Abrü de 1871 (1). 
Intersticios y su origen.— Se entiende por intersticios: 

Los intervalos de tiempo que Tiim de mediar entre uno y otro 

orden. 

La Iglesia exigió desde muy antiguo que se observasen 

ciertos intervalos de tiempo entre uno y otro orden ^ ya para 

jiiejosiüfirigasLse_ejercitasen en cada uno de losórdenesma» 

_ynrft< ? á nriftnQ res^, comomMÍQ de adquirir las virtudes propi as 

de^acerdociot ya para probar de este modo, si eran dignos de 
"seMJJpmo^i dos áunórden^perior ( 2). 

^■TJeesta ley sobre los intersticios hablan el papa Zósimo (3), 

yS^^Siricio (4); el Concilio de Sárdicay otros muchos monu' 



mento s de la antig üedad (5). 

Si la ley de los ii^rsticios se extiende ¿ los órde^ 
nes menores.— DichaVy comprendía también á los órde^ 
nes menores , pero se introdujo la costumbre , á fines del si 
glo XIII, de que éstos se confirieran seguidamente, puesto 
que muchos de sus cargo» se desempeñaban por los mismos 
legos (6). 

El Concilio de Trento prescribe la observancia de los in- 
tersticios en cuanto á los órdenes menores , pero deja todo 
esto al arbitrio prudente del obispo (7), quien no puede en 
virtud de esta facultad prescindir de su cumplimiento , á 
menos que exista una justa causa (8), sobre lo cual puede 
obrar con mucha latitud , en consideración á la práctica y 



{i) La Cruz , revista religiosa , tomo 1 de 1878, pág. 96. 

(2) Vecouotti : InsL Canon., lib. V, cap. VIII, par. 25. 

(3) C. 2. dist.77. 

(4) C. III. distinct.77. 

(5) TuoMAssmo : Yet. et nova Ecclts. dihcip., parte i.\ lib. U, ca- 
pítulos XXXV y XXXVI. 

(6) Vecchiotti : Inst. Canon,, lib, V, cap. VIII, par. 25. 

(7) Sesión 23, cap. XI, De Reformat. 

(8) Dkvoti : Jnslit. Canon., lib. 1, tít. IV, sect. 2.», par. 8.* 



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— 151 — 

costumbre general de conferir en nn mismo dia todos los or- 
denes menores (1). 

Debe mediar el espacio de un afio entre el acolitado y el 
subdiaconado, lo mismo que entre éste y cada uno de los 
demás órdenes (2) mayores (3) ; pero el ordenado de acólito 
podr¿ ascender á orden sacro, si necessitas , aut ecclesioe 
utUitas , judicio episi^pi, aliud exposcat {^) , lo cual tiene 
i^^ualmente aplicación para ser promovido al diaconado (5), 
y al presbiterado (6). 

Quién puede dispensar de ellos.-^Acerca de este 
punto habrá de tenerse presente , con arreglo á la ^^ina 
que se deja consignada en esta obra (7) : 

lí) Que el Sumo Pontífice , co mo suprema autoridad de la 
Iglesia , puede dispensar en los intersticio s., en cuanto quej g^ 
totta de una ley de derecho meram^te eclesiástico * 

2) Que los nuncios apostólicQyfSeden dispensar en e sta 
materia . con arreglo á las faculta dfíS- Aue h a yan recibi d o de l 
Pa£a,_ 

c) Que los obisp os pueden , fl i <pftTi<tfty co n sus sábditos dio- 
cesanosycon losTegulares no exentos, 

d) El cabildo catedral sede vacante, pero sólo en los casos 

qi g_p uede <*nnf*ftHftt^ Ing^RiSMjtgs dio Cg^fiU^^ 1í<». n y i#» ín p^nn 

ordenarse ó recibir órden es. 

e) j^os prel ad os regu la res con s u» f^fibdit Qs reg ulares en 
cuanto á los órdenes menores si ellos los confieren ; y respecto 
¿ los may ores, sólo c uando son prelados exentos con ju risdic^ 
cien cuasi episco pal. 

(i) ScBMALZGRUEBER : Jos EccUs. utUv., in lib. I Decret., tít. XI, 
par. 2Anám. íi y U, 

(i) VECCBíom: !nst. Canon., lib. V, cap. VUI, par. 25. 

(3) Ck)ticil. Trid., sesión 23, cap. XI. XIII y XIV. 

(4) Concil, Trid., sesión 23, cap. XI, De Reformaí. 

(5) CondL Trid., sesión 23. cap. XIII De Ref&rvMU. 

(6) ConciL Trid., sesión 23, cap. XIV De Refarmat. 

(7) SouiALzcRCEiiER : Jus Eccies. univ, , in lib. I Decreta, Ut. XI, pá- 
rrafo 2.^ núm. i2. 



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— 152 — 

Causa justa para eUo.~Se deja consignado qne lo6 
obispos pueden dispensar de los intersticios , mediante justa 
causa, 6 se^^ r"a^"<?f> ^ Tí*^^f sidad 6 utilidad de la Igles ia así 
lo aconseja ; y partiendo de este supuesto podrá dispenia^S^ 
eQ los casos siguientes (1): 

a) ^'^ffPfti^it^ i Infi 4rdftnf *; ni fínores , no se exige causa al- 
jgma, porque &&[ ft onsta de la práctica g e neralmente seguida . 

i) Encmanto ^ los árd pii^s ^y^ynyp.g , ó sea del acolitado 
al sul)3iacoiaado , j de éste respecto á cada líno de los mayo- 
res , será causa bastante , si Jos orde nandos son maestros. 
doctores . ó licenciados en Teología"ó Derecho Canónic oT 
siempr e que los hayan recibid o en univ ersidad aproJb ^da. 
"■""?? §i pi>seen un benefic io que exige orden sacer3otaI , lo 
cual tiene aplicaeion álas capellanías colativas. 

dj La escase z H^^ai^ftTílTiiHs s eculares y regulares enjg^ 
proyincjfi , /íi7>í*Agig ¿) m^" ?_sterÍO. 

e) Si el ordenando pasa de veint iséis años, ó sus padre s 
^asi^l] Hft (*iT]y.nftntft^ sift mpre que lleve y a por lo mé nos^tres 
años vistiendo hábito clerical. 

^ Que la facultad ae aispensar en los intersticios no se 

ext iende á conferir^ muchos órden es may ores en uil ' mismo 
dia (2) ni_uno 6 más órdenes menores y el subdiacon ado (3). 

Orden g radual en la recepoion de los^rdenes se- 
gunla antig^ua disciplina.— Según la antigua legisla- 
ción de la Iglesia, seconferían á vece s los órdenes mayores 
sin hab er recibido ios menores , y u no sup erior sin que se_hu- 
Hj ^ranrdenado de l^ inferior , no considerándo s e tal ordena - 
cion com o ilícita , ni había ne cesidad de supli r el o rden 
"emitid """^ 



(1) ScHMALZGRUKB» : Jtts EccUs, Ufiiv, , itt Itb. I DecrH. . tit. XI, pá- 
rrafo 2.*, núm. ÍL 

(2) Cap. Xlll y XV, tít. XI , lib. í Decret. 

(3) Cap. II , tít. XXX , lib. V Decret.^ ConeiL Trid. , sesión 23, ca- 
pítulo XIII De Refórmate 

(4) Thomasswo: Veíus et nova Eceles. Dhcip. . part. i.*, Ub. II , ca- 
pítulos XXXV y XXXVI. 



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— 153 — 

Los ordenados de presbíteros sin haber recibido ios órdenes 

inferiores, podí an ejercer los ministerios propios de éstos; 

porque, como dice Santo Tomás : Inferior potesias compre- 

'^ henditwr in superior i virtute^ sieut sensus in intellectu, et 

ducatus in regno (]). 

liegislaoion vigente. — ^Los órdenes han de conferirse 
gradualmente, empeza ndo por la prima tonsura y siguiendo 
sucesivfl m^nt^ «r'n Piff^fllTi ; ^^ manera que no se verifique que 
^ Tftfiihft un orden f^npp.ríor ^rn hytbftffip, confeTKlo el Inme- ■ 
^ato inferior íg L. 

La recepción de un orden omitiendo uno ó más de los que 
u> |<T»^^^pfj^ir. ^ ^a 1/^ q^e ^ Rama ordenación per saltum; y es 



ilícita , q\ iéd ando el que la ha recib ido suspenso-d ersu éjorci- 
cio j_pero el obispo podrá dispensar con él es causa Ceaítima^ H 
_ nan ministraverit (3); después de habe r hechnpftnítATiftift. (4)^ 
y suplido el orden ú órdenes omitidos ( 5). 

Cuando el ordenado jp^r saltum ha e jercido el ór^fí ^ nAftíhi. 
^^/^g fíSt*^ "^^^^ íHp.itn , Ant fis de obtener dispensa del obispo. 
q ueda irr e ffi^lar . y l^^^^^jiUin,^ ^'f ^i^pñ^^ar ^^ ^^^^ *^<^*^ ^- 
servada a l Sumo Pontífice (6) . 

"Dt&nposiciones penales.— Todo lo relativo á este punto 
puede resumirse en lo siguiente : 

a) El que confiere la prima tonsura á un sujeto iliterato , 
casado ó antes de la edad legítima, queda sus penso ipf^ fm^tn 
ge la coíacion de la misma por un año (7) ; cuya penalidad 
extienden algunos al que confiere los órdenes menores á suje- 
tos que se hallan en el mismo caso (8) , aunque es más probá- 
is) Summa Theolog., part. 3.*, addilion., qusest. 35, art. 5.* 

(2) C. n , distinct. 59.— Cap. imic. , tít. XXIX, lib. V Decrtt. 

(3) Concil, Tríd., sesión 23. cap. XIV De ñefoí^mat. 

(4) Cap. unic. , tít. XXIX, lib. V DecreL 

(5) Devoti: Inst. Canon, . lib. I , tít. IV , seo. 2.», par. 7.* 

(6) Vbcchiotti : ínst. Canon,, lib. V, cap. VIII, par. 24. 

(7) Cap. IV. Mí, IX, lib. I sext. Decret. 

(8) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles. unio,, in lib. I Decreí,, tít. XI, 
par. 7.®, núm. 60. 



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— 154 — 

ble la opinión de los que sostienen que la pena contra éstos 
queda al prudente arbitrio del superior del delincuente. 

b) El que confiere orden sacro á sujeto q ue no tiene la 
^edadjreserita porjgjgy in<*.nrrA p>ti f ^nispension /(grg»¿<g jgg»- 
tentuB (1). 

cJErbbispo que ordena á uno de orden sacro sin título 

tiftTift ohlígnpínn Hft ppovPftHn (^fí In Tiftr>ftRAyio para viv^y hfrsta]^ 

que obtenga beneficio eclesiástico (2). cuya obligación pa sa 
á su sucesgr. 

?T'"^RlordftnadQ^¿ ntfts dft la pHaH IP.gitimR ni ^] ^f^P.n^^iM> 
Jjdn ftft iinn dA Ior mayores y h^ p^nr^P^iHo dp ma,fA fc_ijf;£g¡;^ 
rre ivsofacúo en la suspensión . y si lo ejerce an tes de haber 

sido absuelto, en irregularidad (3). En igual pena incurren los 

regulares que reciben orden sacro antes de la edad prescrita. 

e) El que ordene en af jenq. di ócesis sin consentimiento de l 

ordinario Hf ^ piin^^ queda suspenso ipso fació del e jercÍQ^o 

de pontificales . y el ordenado del ejercicio dejo ^jkdenes (4). 

/) El que confier e órdenes eífftra tem ^or^ ípi^rnTA pt^ rus- 

pensign.^í^r5«^ sententm de ordenar, y el ordenado en la 

jsmx>fínsi>n fyf<?/2¿g(g,dg_gíer cer el órdéDrr^ íbido_(5). 

g) El que confiere en un mismo dia dos 6rdf pf^ ««^yf^K i^- 

curi^éenTa jUspe nsion de conferir dic ^h^s ordene? , y 9\ f^rjp- 

nado en la f^n^ipeiTiion del 'íegunjJM Ífi lo ñ da *! órdft Ti ft fí re r ftii- 

''^dorrtasta^ggeigigfe^a dispensa pontificia j 




(4) Cap. XIV. tít. XI, lib. I Deere/. 

(2) Cap. IV y XVI, tít. V. lib. 111 Decreí.-Cap. XXXVII, tít, WOli- 
bro 111 sext. Decret, 

(3) ScHHáLzcRUfiBCR : Jus Eccles. univ., in lib. 1 Decret , tit. XI, pá- 
rrafo 7.", núm. 61. 

(4) Concil. Trid., sesión 6.*, cap. V De Reformat. 

(5) ScuMAxzGRUEBER : Jus Eccles, univ., in Ub, I Decret,, tít. XI, pá- 
rrafo 7.^ núm. 72. 

(6) ScuMALZGiiiJEBER : Jus Ecclcs. wiiv,^ íbíd.» núm. 74. 



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(I 



^ 165 -^ 



CAPÍTULO XII. 



IRREGULARIDADES. 

Irreg^aridad, y su distinción de la censura.*- Se 

entiende por irregularidad : Un impedimenCo canónico, que ^^ ^^^^ 
^ iflAaiiiiMjiitecíamente al sujeto para recibir los órdenes, y 

, secundariamente para ejercerlos. 

La irregularidad se distingue de la censura en que ésta es 
una pena medicinal , y la irregularidad no tiene este carác- 
ter , sino el de inhabilidad señalada en el derecho , j por esta 
.jrazon se incurre en ella sin necesidad de sentencia judicial, 
- á diferencia de lo que sucede á veces con las censuras (1). 
Sus especies. — ^La irregularidad puede dividirse así: 
Irregularidad por defecto jpor delito. 
Total y parcial, según que inhabilita jara bee ibir ó ejer- 
cer todos los órdenes ó alguno de ellos. 
^^ ^^erpetuaj temporal , se^un inhabilita para siempre , A 
no mediar dispensa , ó por tie mpo determinado. 
«^—Ouiéii|iU(ide imponerlas é inouirir en ellas. — ^Sólo 
el Sumo Pontífice pu edejm ponerlas ^ porque se trata de un 
dnpedjjBiento señalado en el derecho común , y ninguno más 
qjae el Papa tiene la potestad de dictar leyes generales. 

Sóloji hombre baut izado y su jeto á la jurisdicción dft_al^ 
gnn Q , pn( > de incurrir en irregu laridad^ y de aquí que las 
mujeres y los infieles no pueden co n traerla , porque son inhá- 
\ííes para recíbifTósórdenes. 

Tampoco el Sumo Pontífice pu ede hacerse irregular^ por- 
que no esta sujeto a sus leyes quoádvim coercitivam (2). 

(i) ScHMALzcBüEBEK : Jw EccUs. utiiv., íti Hb. V Deereí. , tit. XXXVIL, 
par. 2.\núm.66 ysig. 
(2) ScwALzcRUEBEE : Jus EccUs, Univ., id. ibld., núm. 51 . 



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% 



Causas necesarias para incurrir en la irreg^a- 
ridad por defecto. — La irregularidad ex defectu se con- 
trae ipsofacto Dorlosquese encuent ran en alguno de los 
casos señalados en el Der echo üanómco, sin que se tenga para 
'HMuia tíU CUéüla el conocimiento ó ignorancia de la ley de 
parte del sujeto. 

Requisitos para incurrir en la irreg^ilaridad por 
delito. — La irregularidad «a? delicio sr contrae, según al- 
gunos, si se tiene conocimiento d e la ley divina gugjr Qhíbe 
el delij q. 

Otros exigen, además, el conocimiento de la ley eclesiás* 
tic a que lo pro hibe. 

Opinan otros, que es necesario el_cgnaiüiaisfííg_dela 
misma irregularidad aneja al delito , p^ara que se incurra en 
ella: 

Esta última opinión parece la más aceptable en la prác- 
tica ; sin que por esto deje de conocerse , que l a primera p are- 
ce m ásjrpbablft ft.Rpp.f^^j^tivump^n tP^, y jgás r» onfni*mft \ Inq 

principios de derechojgn^ esta materi a (I). 
Dsefvaciones.— Además , habrá de tenerse presente. 

a) Que el delito por el que se incurre en la irregularidad 
ha de ser externo, consumado y perfecto. 

b) Que el delito público ú oculto sea grave por el objeto y 
la materia (2). 

c) Que la duda del derecho , ó sea cuando la ley es tan os- 
cura, que los hombres más entendidos dudan si se halla im- 
puesta irregularidad por un acto determinado, excusa de in- 
currir en irregularidad. 

d) Que la duda de hecho, en cuya virtud una persona duda 
si ha ejecutado un acto, al cual va aneja la irregularidad, 
V. gr., si ha cometido homicidio en una guerra, dicha 

[i) PríBlect. Jur. Canon, in seminar, S, Su/p//.. part. 4.*, sec- 
ción 7.*, núm. 803, art. 3,S par. 1.° 

(2j Schmalzgrdeber: Jus Eceles. univ.f in lib. V Becrei., tít XXXYH, 
par. 2.^ núm.74ysig. 



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Vio 



— 157 — 

persona habrá de considerarse irrregular en este caso ; pero la 
duda de hecho en otros casos exime de incurrir en ella , á jui- 
cio de respetables escritores. 

Si la irreg^aridad priva al sujeto de los aotos 
oomimes á clérigos y legos.— Ninguna irregularidad 
priva al sujeto de aquellos actos que son comunes á los cléri- 
gos y legos , como recibir los sacramentos , á excepción del 
orden , oir Misa y asistir á los divinos oficios , comunicar con 
los fieles , etc. 

Efectos de la irregularidad.— Los efectos principales 
de la irregularidad son los siguientes: 

a) Privacionje recibir órdenes , sin excluir la prima ton - 
sura . y de e jercerlos. 

b) Privación de obtener beneficio eclesiástico. 

c) ^ Privación del beneficio obtenido antes de incurrir en 
i rregularidad (1 1. ^ "~ 

Su cesación. — ^Las irregularidades pueden cesar. por — 
profesión r fíllp-iosn^c ésacion de la causa que la motivó— d is^ 
pensa. 

Procesión religiosa» — ^Por ésta cesa únicamente Ja» irre- 
gularidad, que procede (txd^f^c^n^alií^i^ , en cuanto á la 
recepción de los órdenes sagrados , pero no respecto á las 
prelaturas y dignidades (2); á menos que la religión en que se 
profese tenga privile gio esp ecial al^fecto (3). 

Cesación de la causa que la motivó. — ^Las irregularidades 
temporales desaparecen desde el momento q ued^jajie existir 
la^c ausa ó causasj jt dojode^rogeden^ así que , las irregulari- 
dades ex defectu de edad , ciencia y lib ertad, etc., se hallan 
en este caso (4). 

Dispensa, y quién puede concederla.— Todas las irregula* 

(1) ScHMALZGRUBBKR : Ju8 Eccks. ttutv., inlib. VDecret., tít. XXXVII„ 
p¿r. 2.^ núm.89y slg. 

(2) Cap. I , tít. XVII . lib. I Decret. 

(3) Schmalzgrueber: Jus Eccles. univ., in lib. V Decret., tit. XXXYIK 
par. 2.*, núm. 414. 

(4) Devoti; Inst. Canon., lib. I. tít. VII, par. i7. 



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— 158 — 

ridades de derecho eclesiástico pueden quitarse por la dis- 
pensa (1). 

Sólo el Sumo Pontífic e puede dispensar de todas las irregu- 
laridades procedentes del derecho huinaA0> porque tiene ple- 
nitud de potestad. Esto no obstante , no dispensa ordinaria- 
mente e^JasJígeg ularidades procedentes de bigamia^ r^o- 
^icidio voluntario (2). 
Y/ yi Si l^os obispos podrán dispensar de las irregnila- 
ridades. — Los obispos no pueden dispensar en las irregula- 
ridades , porque proceden del derecho común , á menos que: se 
les conceda esta facultad, como de hecho la tienen en los ca- 
sos siguientes : 

1.^ En la irregularidad ex defectu natdlium, para recibir 
la tonsura , órdenes menores y beneficio simple (3). 

2.® En las que proceden de delito oculto , que no se ha lle- 
vado al foro contencioso , sin otra excepción que la proce-: 
dente de homicidio voluntario (4), 

Para que el obispo pueda dispensar en esta irregularidad, 
se requiere : 

a) Que la irregularidad proceda de delito oculto , que se 
ignora por la mayor parte del pueblo ó corporación en donde 
se cometió , aun cuando pueda probarse por testigos (5). 

b) Que no se haya llevado al foro contencioso , porque si 
se ha delatado ante el juez y la declaración se ha intimado á 
la parte , el obispo no podrá dispensar (6). 

c) Que el sujeto sea subdito del obispo (7) ^ pudiendo éste 

(4) PralecL Jur. Canon, in seminar. S, Sutpit., part. 4.*, sect. 7.% 
art. 3.0, par. 4.®. núm. 826. 

(2) ScHMALZGRUEBER .* Jus Eccles. uuiv,, in lib. V Di^creU, tit. XXXVIl, 
par. 2.', núm. H3. 

(3) Cap. I , tit XI , lib. I sexL Decret. 

(4) (Joncil. Trid,, sesión 24 , cap. VI De Reformad*. 

(5) Schmalzgrüeber: Jus Eccle^, univ,, in lib, V Decret. t iít. XXXVI!. 
par. 2.°, núm. 416. 

(6) Schmalzgrüeber : Jus Eccles, nniv. , ibid. 

(7) Concil, Trid, sesión 34. cap. VI De Reforma I . 



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— 15» — 

conceder la dispensa, ya se halle-dentro de su diócesis ó fuera 
de ella (1). 

3.^ En las irregularidades reservadas ai Sumo Pontífice, 
cuaado existe una urgente y gravísima causa y no hay faci- 
lidad de recurrir á la Santa Sede ; pero en este caso , el dis- 
pensando tiene necesidad de acudir al sumo Pontífice ¿ la posi- 
ble brevedad (2). 

Esto mismo tiene lugar cuanto hay duda , si el clérigo ne- 
cesita de dispensa. 
^l//y ) Otras personas que tienen esta faonltad.— También 
pueden dispensar en las irregularidades del modo y en lá for- 
ma que puede hacerlo el obispo : 

aj El cabildo sede vacante , porque sucede al obispo en 
aquellas cosas que le competen por derecho ordinario (3). 

dj Los abades y prelados regulares con jurisdicción cuasi 
episcopal independiente del obispo. 

c) Aquellos á quienes el Sumo Pontífice ó los obispos con- 
cedan esta facultad , porque es acto de jurisdicción volunta- 
ria que puede delegarse. 

Breve reseña de las irreg^ularidades e» de/ectu.— 
Existen ocho especies de irregularidades, que proceden de 
defecto; á saber : animi — corporis-^natalium^fanuBSta-' 
tis — sacramenti — lanüatis — Ubertañs. 

Santo Tomás dice acerca de este punto lo siguieute : Or- 
dinatiin quadam dignitate prm aliis constituuntur. Ideo, 
ex quadam honéstate requiritur in eis claritas quadam . non 
de necessitate sacramenti, sed de %ecessitatepracepti;ut 
scilicet sint boTUBfam^ , bonis moribus ornati , non pudlice 
ptBTiüentes et quin obscuratur hominis claritas ex vitiosa 
origine , ideo etiam de illegitimo thoro nati a susceptione or- 

(1) Pralect. Júr. Canon, in seminar, S. SulpiL, part. 4.*, sect. 7.*, 
arl. 3.% par. 4.®, núm. 829. 

(2) Pralect, Jtir. Canon, in seminar, S, Sulpit., part. 4.*, sect. 7,*, 
art. 3.^ par. 4.®, núni. 830. 

(3) Scbmalzgrukber: Jus Eccles. univ., in Uk. VDecret., tít. XXXVII, 
par. í.*, nám. 121. 



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— 160 — 

dinum repelluntur , nüi cum eis dispensetur^ et tanto est 
difficilioT iispensatio quanto eorum origo est turpvr (1). 

Irregularidad e» defeotu animL'-8e hallan comprendi- 
dos en esta irregularidad: 

I."* Los que carecen del uso de la razón , aun cuando ten- 
gan algunos mteryalos de iucidtez ; como los dementes , ener- 
gúmenos , epilépticos. 

Estos son excluidos perpetuamente de la recepción de los^ 
órdenes (2) y i^ su ftjftmVio , fii, l os han recibid o (3) ; pero no 
puede procederse de ligero en esta materia (4J 

2.° Por defecto de ciencia estto excluidos los iliteratjtg , 
6 se^ ^s que no tienen los conocimien^ ^ que ln« rt^]]^<;>Tiigft 
exigenpa ra la recepción de losórdenes (5). 

to de fe probada so n excluidos de los órdenes 
ó recien converti dos á la fe ^ de la idolatr^ , 
Tnn.hpmfttiRTT|n j judaismo (6) fhal lándose en este caso lo s hijos 
de herejes (7), 

Si la irregularidad ess defectucorporis se joouooió eu 
la antigüedad. — Los defectos corporales no eran en otro 
tiempo obstáculo para la recepción délos órdenes, á menos que 
los sujetos se hall asen imposibilit ados materialmente para las 
sa OTadas funci ones (8) ; pero andando el'tiempo se introdujo 
este impedimento, para evitar que los defectos corporales del 
clérigo fueran m otivo dft - e^^'-A^dalp ¿ lo s fíeles débiles eli 
¿í^^^^-^t.^^^ la fe (9). 

{i) Pralect. Jur. Canon, in seminar. S. Sulpit. , part. 4.*, sect. 7>, 
art. 3.', par. 2.% núm. 804. 

(2) C. II y sig., distinct. 33. 

(3) C. I , qu»st. 2.', causa 7.* 

(4) Prmlect Jur. Canon, in seminar. S. Sulpit., part. 4.*, ibid., nú- 
mero 105. 

(5) C. I y lí. distinct. 36. 

(6) Epíst. 1.» ad Timoíh. . cap. lU , v. 6.* 

(7) Cap. lí . par. 2.^ tít. 11 . lib. V sext. Decret. 

(8) Canon, apóstol., núm. 76 y 77. 

(9) Cap. II y IV. tít. VI. lib. 111 Decret. 




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— 161 — 

Si los obispos pueden dispensar de ella.— Las irre- 
g:ularidades e» defectu eorporis pueden dispensarse por el 
obispo, s i los defectos en qu e se fundan, ofrecen duda sobre si 
l levan añ^'a la irregularidad ; po rque enaste caso . ffláS biétt 
que dispensa, es una declaración de no halla rse comp rendido 
el defecto entre los que producen incapacidad para recibi r íoT 
órdenes (1). 

"^Defectos que la producen. — Son irregulares todos los 
que tienen u na_dBfiir m idad m r p^^oT g^]P les impide la decente 1 

administración de las cosas santas , ó que produce escándalo, I 

horror y desprecio de la persona , hallándose en este caso los I 

siguientes : 

I. El que carece de una mano ó del dedo pólice g ): el que 
se ha privado de su dedo (3) . ó parte de él , á mdnos que i^a 
Qft^y y^dn fo rtuitame ntfl ó r.ontra ip ^ voluntad (4), hallándose 
en igual caso aquél á quien se ha sacado un ojo (5 ) , ó ha per- 
fliin ^^^ ^y ( P)> (^el igquíerdí) (7). 

II. Los sordo s que han perdido ambos oídos (8) ; Jos cojos ^ ^ 
que no pueden auMt sm ii^Sói^) ; ios gibosos , gigantes, /^C^-^^ ^^^^^^ 
wgm ^s y etíopes (1 0). ^ // fí*^ 

m. Los leprosos, abstemios ó aguados que tienen honor /^^^t^^'ti^^^^ Jj/^ 



al vino , y los trém ulos de manos (11). 
rv. Los eunucos7l2), que voluntgriamente y sin legítima / 



causa se han colocado en este estado. ^S>t^-*<^ 

(1) ViccHiOTTi : Insí. Canon, llb. V, cap. IX , par. 33. /f 

(«) Cap. YI, tít. XX, Mb. I Deeret. ^ 

(3) C VI, distinct. »5. 

(4) Cap. I y Yll. tít. XX , Ub. I l^tfcre^.— G« XI, distíact 55. 

(5) C. XUU disÜDCt. 55. 

(6) Prmleci. Jur. Canm. , in seminar. S. Sulpit., parte 4.', sect. l.\ 
vi. 3.«, par. 2.*, nútñi 808. 

(7) Prmleci, Jur. Canon., id.ibid. 

(8) Canon, apóstol., núm. 77. 

(9) C. LYII. dist. !.• De Consecraí. 

(^0) ScAYiNi : TTuolog. mor. univ. , tracl. H, dlsp. unic, cap. V, 
artí.* 

(ií) SciYim : Theolog. mor. un(v., ibid. 
(12) DUtinct. LV.— Tít. XX. hl). 1 Deeret. 

TOMO in. 11 



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-* 162 — 

V. Los que cagc ^ de algroi lafembgo , ri eata f»l t»_h|i de 
p roducfirTiorro r enlosgeles (1). 

'''Origen de la irregXLlaiadad e» ¿Ufsct% nataliumi-^^ 
se conoció esta irregularidad en los diez primeros siglos de h 
Iglesia^ 7 según los textos de los Santos Padres parqce que 
para nada se tenia en cuenta el nacimiento de los aspirantes ¿ 
los órdenes , siempre que ellos reunieran personalmente las 
condiciones necesarias. 

La primera constitución canónica, que excluye de los ór- 
denes á los hijos ilegítimos , se dio el año 1078 e n el sínodo 
^SÍ^xiense^Poitiers), presidido por un legado de la Santa 
Sede (2), 

Quiénes incurren en ella.— En virtud de dicha dispo- 
sición, son irregulares : 

I. Los que han nacido fuera de matrimonio , ya seiua es- 
purios ó naturales , sin que importe nada para este efecto 
que la ilegitimidad sea oculta ó pública. 

n. Los que han nacido de matrimonio nulo por algún im- 
pedimento dirimente , ¿un cuando se haya celebrado con to- 
das las solemnidades legales , si el impedimento era conocido 
por los padres , ú obraron de mala fe (3). 

Si los padres ó uno de ellos procedieron de buena fe y el 
matrimonio se celebró con las solemnidades prescritas por la 
Iglesia, los hijos han de considerarse como legítimos (4). 

III. Los que han f^acido de matrimonio meramente civil 
•en los puntos donde está vigente la disciplina Tridentina so- 
bre la clandestinidad. ': 

IV. Los que han sido llevados en la infancia á las casas de 
expósitos ; pero en cuanto á esto hay variedad de opiniohés"(5T. 

(i) ScAVtm: Theolog. mor. univ., tmct. il , disp. unic, cap. V, 
art. 2.* 

(2) Cap. I, tít. XVII, lib. I Decret. 

(3) Prmlect. Jur. Canon, in seminar. S. SulptL, parte 4.^, sect. 7.% 
art. 3.*», par. 2.*. núm. 809. 

(4) Cap II y XIV, lít XVU, lib. IV Deerei. 

<5) Pralect. Jur. Canon. insen\inar. S. Sulpit., ibid. 



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^ 163 — 

V. IiQsJi iíos ílegitunos se lefiAtiman por subsidíente hm i- 
^rimonio , y p or roncftfii on del Sumo PontíficeJ l). 

Bspeeies de irregularidad esp defectu fama.—Ptín 
Comprender bien esta irregularidad, debe advertirse que la 
infamia puede s^v—jufidiea^legal^j popular. 

lufamUí ^wridiea.-^Se denomina asi, porque mediante 
acto judicial , afr-ded ara á uno reo de un delito infamante , ^ 
se le ca stig a como tal. 

Grixndnes iüfamantes , y su pexialidad.-^Los crí- 
menes infamantes se hallan designados en el derecho y son : 
sodomía — * sa<^ihffiwi^-^malefieium—in€estv^'--perj^^ 
cometido en juicio — Aomidium — lenocinium—adulteriw» — 
héfíresi^-^ueilmm-^crmen lesa manstatis^percussio inju- 
riosaac violenta oardinalium—exercitium usurarum—rap- 
tms mulierum (2). 

Las penas infamantes son : la exeo^utyion'''^posicion — 
degradacüm. 

Infamia legal, — Se la da este nombre « porque en virtud 
dé la ley se incurre en ell a antes de la sen tencia ú otro acto 
jndinnljTginprfí quft 9\ d ftli tff dftf lirado inífíní i finto por f LiJf- 
^osga^pública (3). 
Infamia popular. — Se la llama también infamia de he - 
clw) , y no proviene de ley ó sentencia del juez , sino de la 
^?síim*>'*^'^^ *^» lo s hombres. 

Sfeotos de la ipregfolaiddad tx defectu fama.—LK 
infamia jurídica producé irre gu laridad perpet ua , que sigué^ 
¿ la persona adonáeqiiiera quese trasIáSe , y n o se quita por 
la enmienda del reo, sino únicamente por la revocación de 



(i) Frmleoí: ittr^ Canon, in seminür. S. Sulpit*^ parte 4.^, sect. l.\ 
art 3.% par, a;^ núm. 810. 

(2) C. IX. quaét. «*, causa 3*«^-C. XVII, qiiCBst. i.\ causa 6/— 
{Janeil. Trid., sesioo 124, cap. VI De Ae/ormoi.- Id., sesión 25, capitu- 
lo XIX De ReformaL 

(S) Pr/íliá.Jufúanon^ insetninar. S. Sulpií., parte A.\ sed. 7,*. 
art. 3.«, par. 2.\ nám. 813. 



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— 164 — 

la sentencia ; pero el Sumo Pontífice puede dispensar de esta 
irregularidad. 

La infamia legal se halla en igual caso que la anteréc^ en 
cuanto á sus efectos. 

Respecto á la infamia popular debe desde luego asegurar- 
se que ^duce inhabilid ad para recibir los órdenes (1) , é 
inutiliza moralmente al sujet 5 p ara obtgSer cargos eclesi ás* 
ticos {^ ¿f. '^ 

Irregularidad esp deftctu atatU^.-^Se hallan comprendi- 
dos en esta irregularidad todos lo s que no ha n llegado á la 
oAuA <tAfiftiflf^ft ^ el derecho para recibir la tonsur a y los 
órdenes. 

prprima tonsura puede conferirse á los que han llegado 
al uso de la raz bfT, con tal que sepan leer y escribir , estte 
instruidos en los rudimentos de la fe y reunían las demás cir- 
cunstancias necesarias. 

El derecho no señala la edad que se requiere jarajoj^ 
den es menores^ , "peto pueden conferirse á los eomprendrabs 
entre los siete y catorceafio s de edad <3) , porque la práctica 
comunmente seguida es opH^a iuris interpres (4). 

La legislación canónica vigente señala la edad de veinti- 
dós añosj >ar a el subdíaconado , la der vgintitres para el 4 iaeQK 
"iadí^, veinticinco para el presbiterado (5) , y treinta para el 
episcopágoX6)7^~ — — 

Basta que se haya incoado el año que req>ectivatiiinte 
se exige para cada uno de los órdenes (7), á excépcioii^^el 
episcopa do . para el cual e^jtejoecesidád haber cumpli do los 
treintaañ2§_(8). ' 

(1) YECcmoTTi : bul. Canon., lib. V, cap. IX, par. XXXVÍ. 

(2) PraleeL Jur. Canon, in seminar. S. SulfdL, ibid«, núm. 814. 

(3) Pralect. Jur Canon, in seminar. S. Snlpit. , Ibid., ii6m. 81L 

(4) Ybcchiótti : !n$t. Canon., \ib. Y, cap. IX, par. 34. 
(8) Concil. Trid., sesión 23, cap. XII De Reformat. 

(6) Cap. YII, tít. YI,l¡b.IZ)«Te<. 

(7) Praieet. Jur. Canon, in seminar. S. Snipit.^ ifaid., núm. Mi. 
<8) Cap. Vn. tít. YI, líb. I Decrd. 



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— 165 — 

iTPegpilaridad e» defectu sacramenti.-'Toáos los-bí^- 
mos se hallaa comprendidos en esta irregularidad ; porque 
las segundas ó ulteriores nupcias llevan an eja la sospecha de 
mcontin encMfc ; y por otra parte, no representan perfecta^ 
J"*^^t^ ^f^ iininn <4a firj?* ^ cou la Iglesia . que es de uno pon 
una (1). 

Su origen. — La bigamia fué desde el principio de la Igle * 
fija un impedimento para la recepción de lo s órdenes, y loí 
que la han contraido tienen inhabilidad para recibir los órde- 
nes mayores y menores, lo mismo que para ejercerlos; á me- 
nos que tengan dispensa pontificia (2). 

Espeoies de bigpamia. — La bigamia puede ser : 
Verdadera , que es el matrimonio consumado , contraido 
sucesivamente con dos ó más mujeres ; de manera que no 
KftftR ftl TTlfttri'^^^í^ rat'^ l^l^V^ qn^ hay^ vardadera biffa> 

Interpretativa f que es el matrimonio celebr a<^Q «^^c.esiva- 
mente con dos mu jf?rfíñ i mediando imp^^^'^^ftptn d^rimante^al 
menos en vin(> ^^ ft^^^ ; hallándose en igual caso el que ha 
celebrado matrimonio con viuda ó mujer no virgen, aun 
cuando sea nulo (4). 

Similitudinaria , que es el matrimonio contraido y con- 
sumado con virgen, jg pr el que ha hecho voto solemne de cas- 
tidad en reli^on ap robada -^ por el que ha recibido orden sa-" * 
ero (5). 

~ »e cuestiona sobre si esta bigamia produce irregulari- 
dad (6). 
Irregnilaridad ^ defectu lenitatis , y su motivo. — 



(i) VcccHioTTi : ImL Canon., lib. V, cap. IX, par. 39. 

(2) Vbgchiotti: Insi, Canon,, id. ibid. 

(3) Cap. y, tit. XXI, lib. 1 Decrel. 

(4) Cap. JV, tit. XXI, lib. I Deere/.— C. IX y XI, dist. 34. 

(5) C. XXIV, quíBst. \ .*, causa 27. 

(6) PrígUtt. Jur Canon, in seminar. S. Sulpit., parte 4.', sect. 7.*, 
art. 3.', par. 2.**. núm. 815. 



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— 166 — 

Esta jgorífí^^ '^^ >^^^^>Ídioóttuti lacion, verifloada después 4e 
recibido el bautism o. ^^=^"'^— ^^^ — 

La Iglesia estableció esta irregularidad , porque los hom- 
bres que se hallan eti éste caso , se consideran como menos 
idóneos para-Hin ministerio que respira mansedumbre ; y 
porque los fieles no podrían ver sin repugnancia en el ejerci- 
cio de las funciones sagradas á personas que habiatx derra- 
mado la sangre de sus hermanos. 

Su origen, y á quiénes oomprende.— Desde ios prime- 
ros tiempos se dictaron disposiciones prohibitivas de la recep* 
cion de los órdenes, ó de su ejercicio , t^-^j}^ !^ff q\\^ \iñr^ ^^^^ 
^urrido volun tarjaj ^)róximam eHt e ¿ la m ue rte ó mutilacian 
de alguno (1), 

— Se'íallan comprendidos en esta irregularidad losipilitare& 
en guerra ofensiva, aun cuando sea justa (2), los que con- 
burrenála prueba y ejec ución de s entencia judicial en cau- 
sa de muerte, com o el juez , notapo j.3es5 gosT^^»u ^^ ó" 
que excite á otro al efecto, j el ejecutor ( 3). 
^ Excepciones.— No incurren en dicha irregularidad : . 
a) Los que han matado ¿ alguno fortuitamente ó en justa 
^ defensai 4). 

/^^ i) Los que ha n matado A ftl gunoen guerra defensiva.^ sea^ 

y^ ^^J'^'^^ dgfeiTijjfindn k sí miRmn y 4 ^\i patHadgJ os enemigos, q uedan 
/ ^U^Í^^^'T^lrV^ e xentos de irregularidade s), hall¿¿doseen I gual caso los que 

/ impiden l a muerte del inocente , a un matando al agresgr ^uM. 

f^^ ^ ^M^TTO^gay^t ro medio de salvariej[ 6). 

/ / « j^ c) El que denuncia al malhechor por at^c fer j&. ^jjgismo, 4 

y^^jyifu'^^ /^"^^í^u faffiíria, ó a su patria , ño incurre en Irregul aridad , á uh 

^VVW^y^i— (*) C- VüTy XXXVIII, distínct. 50. -^ap. XVIII. tít. XII, lib.V. 
Deeret, — ConciL Trid., sesión i4, cap. VII Be Refqrmat. 

(2) Cap. XXIV, tit. XII. lib. V Decret. 

(3) Cap. IX. lít. L. lib. lU DecreL 

(4) Cap. unic. tit. IV, lib. V Clementin.-^. XXXVIII. distmct. S0« 
—Cap. XVIII, tít. XII, lib. V Decret. 

(5) Benedicto XIV: Inst. 401, núm. 9.° y sig. 

(6) PralecL Jur* Canon, in seminar. S. SulpU., parte 4.*, sect. 7.*, 
art. 3.«, par. 2.®, núm. 816. 



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— leí — 

cuando de esta denuncia haya resu ltado que se le ha impuesto 

^ ~^~ — =-**^ 

^"3) Tampoco íucinTen ^n irregularidad los que se presen- 
tan aun v cTOnt^rífl.mfttttft Rntft el ^ueg ¿ deponer contra el i¿ar « 
he chor, para atende ^^ y nf^p^^*^^ ^^ ^^'^ I^^ic^^} 
^J Los individuos que constituyen el jurado y están obli- 

jgado s 4 declarar sobre el delito, en c umplimiento de la ley7 
no inanrrftn ^^ry^giilA ridad ¿ JgüCJodo al gunos canonistas, 
porgue el jurado nopr onuncia la s^Qtenci£¿3)_jjiim cuando"^ 

^iSftf^aeScaz^Híe^ella,^ 

^^ESp^sii^n del texto Tridentino acerca de este 
imnto.— Dice el Concilio de Trento: «Si se expusiere que no 
»se cometió el homicidio de propósito, sino casualmente, ó re- 
Bchazando la fuerza con la fuerza, con el fin de defender la 
»vida propia ; en cuyo caso se le debe en cierto modo de de- 
)»recho la dispensa para desempeñar los órdenes sagrados y 
»para obtener dignidades ó beneficios : cométase la causa al 
iK)rdiu^iodel lugar... quien no concederá la dispensa , sino 
»con conocimiento de la causa , etc. (4).» 

Las citadas palabras se entienden , según doctos canonis- 
tas y declaraciones de la Sagrada Congregación , en el senti- 
do de que se tema fundadamente en los casos señalados , de 
haberse excedido en los límites de la justa defensa y por esto 
necesita dispensa (5). 

Irregularidad^ defectu liderúatis,Se bailan com- 
prendidos en esta irregularidad : 

a) Los esclavos , á menos que medie el consentimiento de 
sus señores (6), y los que se ordenaren furtivamente sin este 
requisito (7), quedan sujetos á la esclavitud; pero si se han 

(i) Cap II m.njih y. sextDeeret. 

(2) Pratlect, Jur. Canon, in seminar, S. SulpiU, ibid. 

(3) PrcBlecL Jur, Canon, in seminar. S, SulpU,, ibid. 

(4) Sesión 44, cap. Vil, De Reformat. 

(5) Prailect. Jur. Canon, in seminar. S. Sulpit„ihid. 

(6) C. I , distinct. 54. 

(7) Cap. II , tít. XVIU, lib. I Decret. 



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— 168 — 

ordenado de diáconos , pueden poner otro en su lugar, y los 
que han recibido el presbiterado, quedan libres, siendo cas- 
tigados con la pérdida de su peculio en compen^gcion del 
daño causado ¿ su dueüo (1). 

dj Los casadosj iiip ^r^Tifínim^^^ h ^oi^ndo vida marital Í 2h 

cj Los que mediante juramento ó sueldo AttAn nh}jgAdoft A 
desempeñar oficios seculares de o rden militar ^ judicial 6 ci- 
^ {'ó), como IOS mu iíares, ju^eg^ abogados y otros minis^ 
tros ^ mientras desempefiañ^dichos cargos (4), 

dJ Los que están obligados á rendir cuentas , como los te- 
soreros públicos , tutores, curadores, procuradores, etc., has- 
ta que hayan salido de este compromiso y se hallen absueltos 
de toda obligación (5), 

Irregularidades es9 delicio. —Los delitos que producen 
irregularidad son: — la hereHa^-reiteracion del dautismo-- 
recepción ilegitima de los órdenes y su ejercicio ilicito^Ao- 
micidio ó mutilación. 

Herejía.— Incurren en esta irregularidad los^^fiCQifiS, 
sin que cese por el acto de su conversió n á la fe cató lica ; así 
' que el Cüüci l í ó"aellíberis establece , qué n^oj^ean p romo vidos 
á la dig nidad Crlfírinal Ws qnfíhuhifíreav gnido de la herejía (6), 
cuya disposición se halla consignada igualmente en el cuerpo 
del derecho (7); pero en esta materia habrá necesidad de ate- 
nerse á las costumbres legítimamente introducidas en algunos 
países (8). '" 

(1) PralecL Jur. Canon, in seminar, S. Sulpit. , part. "»:*,' sect . 7.*, 
art. 3/, par. 2/, núm. 812. — --^ 

(2) Cap. IV, tít. IX . líb. I sext D^creí.— Cap. V, tit. XXXII, lib. Ul 
Decret. 

(3) Pralect, Jur, Canon, in seminar. S. Sulpit. , ibid. 

(4) C. lysig., distinct i^i. 

(«) Cap. unic. , tít. XIX , lib. I Decret. — C. XXVI, distinct. 86. 

(6) Cap. LI. 

(7) C. XVIll, qü«st. 1.*, causa i.^ 

(8) Pralect, Jur. Canon, in seminar. S. Sulpit.^, parl.4.*, sect. 7.*, 
art. 3.\ par. X\ núm. 825. 



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— iw — 

A quiénes se extieiide.--B6ta irregularídad se extien- 
de á los siguientes : 

aj f^í^ ftii« participan am ^os Bere/«s en n t^^.^Ti^w^n ap.h«- 
PBJíaq). 

6) Los que prestan auxilio 6 favor ¿ ios herejes , ¿un (Mian- 
do no profesen '>\ fír^'* (?) 

ej Los que siendo católicos» estén unidos por consangui- 



nidad á los herejes dentro del segu ndo grado en la linea pa^ 
^ma Y de l p^^"^^^^ ^^ la Tjatftr na (3 ). 

d) Los apóstatas de la fe cristiana se hallan inclui dcg^^ 

la doctrina que se deja consiycna^ft rftftp^»^''^ ^ ^^« hay^jAc (4) 

^ los hijos de padres herejes y los oismátieos in- 

otirreii en iireg^nlaridad. — Los hijos de padres herejes 

convertidos á la fe, no contraen irreguiaridad y pueden ser 

Se cuestiona sobre si los hijos de padres católicos , bauti- 
zados en la Iglesia católica^ se hacen irregulares, si sus 
padres se hacen después herejes (5). 

Los cismáticos no incurren por serlo ^n jrregula ridad , Á ^ 
menos que sean también herejes (6)> 

Reiteración del bautismo.— Esta irregularidad com- 
prende á los siguientes : 

a) Los que á sabiendas bautizan 4 los ya bautizados. 

6) Los que sabi endo que están bautizados consienienen 
s er bau tiy^^os otra, vftz (7). 

c) Lq ^ que re^^ ibifíro^ ^1 ^»'H.ísb?^ ^^losherejes sin nece- 
j |4ad(8 ). 

(i) VEcauorn: Inst Canon. , lib. V, cap. IX . par. 43. 

(2) Cap. 11 , tít. 11. lib. V sext. Decreí. 

(3) Cap. II , par. 2.» y cap. XV. tít. II . lib. V sext. Decrel. 

(4) Pralect. Jur. Canon, in seminar. S. SulpH., ibid. , núm. 82i. 
\!S) VEcaiiOTTi : ínsL Canon, , lib. V. cap. IX. par. 43.--Pr<ífecí. 

Jur. Canon, in seminar. S. SulpU. . part. 4.'. sect. 7.*. art. 3.", nú- 
mero 825. 
(6j Vecchiotti : Inst. Canon,, lib. V. cap. IX, par. 43. 

(7) Cap. II . tu. IX, lib. y Decret,-^. LXV. distlnct. «0. 

(8) C.XVllI,pár.2.',quaBSt. f.^.causai.» 



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— 170 — 

d) Los^ue asiste n imnedi atsmeirte ál ministfo retattt i- 
léante (1). 

li comprende á los niños yá los que reíbantizoii 
bajo condición.— Esta irregularidad no ^omprende á los 
niños bautizados por los herejes , porque el fundamento de 
ella es el crimen , que no cabe en Iqs párv ulos (:gn 
-^ »e cuestiona mucho entre los doctos sobr^ si incurren en 
dicha irregularidad los que temerariampafe rebautizan bajo 
condición (3). 

Recepción ilegitima de los órdenes. -^e halhin 
comprendidos en esta irregularidad: 

a) Los ordena dos furtivamente , ó sea los que sin ser apro- 
Dados ni admitidos , se Introdujeron con dolo entre los ocde^r 
nandos ignorándolo el obispo ordenante. Todoaiú&JOStífiSados 
furtivamente quedan inhabilitados para ascender al grad o 
su perior (4 ). 

"^J Los que han recibido los sagrados órdenes de im obis po 
exc omulgado denuncJac^ o. pueden, hecha penitencia , ejercer 
los órdenes recibidos con licencia y autorización del obispo: 
pero se les prohibe ascender á orden superior, á menos que 
medie necesidad 6 utilidad de la Iglesia. El obispo puede dis- 
pensar con ellos, si medió ignorancia (5). 

c) Lns q ^ift r ecibieron órdenes de u n^obispo que había re- 
n unciado á su dignida d ^ ó sea á la jurisdic ción y ej^ ucion 

"" ^1 orden (6). 

d) ^ ¿0S que h an «jf^n pmTnnvidnR k óydftn sac.tcí dftpfppfts dft 

contraído matrimonio . áun cuando no se hay a consumado, si 
la mu jer se opone , fuera de los casosadmítídos por la ley (7). 

(i) Cap. II , tít. IX. lib. V Decret, 

(2) Vecchiotti: JnsU Canon., lib. V, cap. IX, par. 40. 

(3) PralecL Jur, Canon, ih seminar. S. Sulpit. , ibid. , núm. 823. 

(4) Cap. I y sig. , lít. XXX, lib. V Decrel. 

(5) C. IV, quflest. 4.*. causa. 9.— Cap. ü. tít. XUI, lib. 1 Decret. . 

(6) Cap. I, tít XIU, lib. I Decret. 

(7) Cap. unic, tít. Vi, extravag. loann. XXII. 



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— 171 — 

e) Los que reciben orden saero hallándose íneureos en ex ^ 
comunión mayor {\ \ y íqs gn^ hnn drtn/^aA^flrf^i/^Afí y f ^n4f^im- 
dos como infames f2 ). 

Syercieio ilícito de los órdenes.— Esta irregularidad 
comprende á los siguientes : 

d) L os^clérigos que ejercen un orden sacro no recibido (3)» 
siempre que lo hagan temerariamente, porque s j proceden de 
buena fe y con ignorancia no afectada, no contraen irre^ula- 
ridad ( 4). Se cuestiona entre los doctores, silos legos, que 
ejercen un ministerio propio de los clérigos, incurren en esta 
irregularidad (5). 

b) Eiqueligado con excomunión mayor, suspensión ó 
entredichor^eí ^gB~ ^olcmn o m o nt o i é-tte^acio, ¿rden sagro _ 
fuera^déi caso de nec esidad (6 ). 

c) El que celebra, á sabiendas^ en lugar entredicho (7 ): 
pe yó nomcurre en irregularíSad^gue celebr a^áun á sa- 
biendas, in ecclesia polluta (8). 

d) J .0S ordenados per saltum, ó sin título de ordenación 6 
mediante simonía, asícomo los que reciben dos órdenes ma- 
yores en el mismo dia , si ejercen el óf den recibido ilicita- 
mente (9). 

Doctrina del Concilio de Trente acerca del Iiomi- 
cidio ó mutilación.— El Concilio de Trento renueva y 
confirma la disciplina antigua , según la cual los j i omici d asó 

(1) Cap. XXXII, tít. XXXIX. lib. V Decreí. 
(«) Cap. XVII , tít. XI, lib. I üecreU 

(3) Cap. I, tít. XXVIU, Ub. Y Hecrei, 

(4) PriBleet,, Jur. Canon, in seminar. S. Sulpit., part. 4.*. sect. Vil, 
art. 3.^pá^. 3*^núm. 820. 

(5) VEcanoTTi: Inst. Canon,, lib. V. cap. IX, par. 42. 

(6) C. VU, quiest. 3.% causa 11. — Cap. 1, tít XIV, lib. Usext. 
Deere/.— Benedicto XIV, De Synodo dicBcesana , lib. XII, cap. VIII, nú- 
mero 5.'— Cap. XX, tít. XI. lib. V seoít. Decret. 

(7) Cap. Vil, tít. XXVII, lib. V Decreí. 

(8) Cap.XVni.tít.XI.Ub. Víeaí/. Deereí. 

(9) Vegchiotti : Inst. Canon., lib. V, cap.tX, par. 42. 



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— 178 — 

que h abían mutilado algtm miembro, na podían recibir los 
r ^rdenes, ni ejercer los recibidos, y dice: Oum etiam qui per 
industriam occiderit primimum suum, et per insidias, ai 
altariwoellidebeat: qui i%av9ÍuiUate hamicidium perpetra- 
ver it etiam si crimen idnec ordinejudiciario proiatum, nec 
aliaratione pudlicum, sed occultum fuer it, nullo tempore 
ad sacras ordines pramoveri possit: nec illialiquaecclesias' 
tica ieneicia , etiam si curam non habeant animarum, con- 
ferri liceat: sed omni ordine , ac beneficio, et officio eccle- 
siastico perpetuo careat (1). 

Especies de bomioidio.— El homicidio puede ser : 
Voluntario^ q ue es cuando se int enta directame nte en 
si, ó en la causa ¿ la cual va unido in separablemente el 
efecto. " 

Casual , ó sea cuando de la acción se sigue el homicid io 
prceter intentionem , de suert e que el agente no previo ni 
po día prever el efecto , ~ " ~~^ 

Mi»to,Q\xB, uáo el agente no previo el efe cto, pero debi ó 
pre verlo é impedirlo, poniendo mayor diligencia 6 abstenién- 
dosejie-xma a cc i ón peligrosa ,(2). 

Mutilaciony sus especies.— Se entiende por mutila- 
ción: La amputación de algún miembro . 

La mutilación puede ser — v olunta ria — casua l—mixta.» se- 
gún se deja indicado respecto al homicidio. 

Qué mutilación produce iiíregularidad.— La difi- 
cultad está en saber qué mutilación, de miembro se requiere 
para incurrir en esta irregularidad. La opinión más común 
entre los canonistas entiende por miembros al efecto de que 
se trata, las partes del cuerpo, que tienen oficio propio, dis- 
tinto de los otros , j£fimo_los ojos para ver, las n aric es para, 
oler, l a lengua para ha blar^las_inanos^pa ra palpar, los pie s 
par a andar , etc. 

(1) Sesión i4, cap. VU, De Reformai. 

(2) Prcelect, Jur. Canon, in eeminar. S. StUpU., part. lY, sect. Yll, 
art 3.' par. 3.^, núm. 8«. 



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— 173 — 

Las demás |>aftes que pertenecen al ornato del cuerpo, 
como k>s r.fthftllos y la barba - y que no tienen operación dis- 
tinta de las demás, como los dedos , dientes , etc., no son 
miembros propiamente del cu ei'po , pa ra el efecto de íncurfir 
en irregularidad , porgue Us palabr as deja ley han de inter-_ 
pretarse estrictamente en las cosas ocíiosas/ ' " 

^"^pS^es incurreii en ella i>or homicidio ó mutilA- 
oiou.^ — Supuestas éstas nociones, incurren en irregularidad 
por el delito de homicidio ó mutilación r 

aj Todos los que cometan injustamente homicidio volun - 
t ario (1)^ y los que de común acuerdo proceden á este acto, 
"Sun cuando el homicidio ó mutilación se cometa por uno 
solo (2). 

6) Los qu e infl uyen en la muerte 6 mutilación , mediante 
consejo , <S dft otro c.nfllquí^T^mndn ftfic.az^ 
*— ^^"'"' "Eoscaudillos de una guerra ciertamente injusta, aun- 
que ellos no haya nmatüHn A TnntiluHo inmed iatamente . 

d) Lqs m ilitares que por com pafiias ó escuadrones acome- 
ten^ enemigo, se comprenden entre los que ca usaron bajas 
en aquél p or muerte 6 mutilación , lo cuai no es aplicable á los 
multares del mismo ejército^ que se hallan á gran distancia 
sin entrar en acción (3). 

ej El clérigo que se entrega 4 una cosa ilícita y peligrom 
jpcurre en irregularidad ^, si realmente se veriñca el homici- 
dio ó mutilación , aun cuando sea prater intentionem (4). 

f) E Lflue pract ica «na aAsn. Hftita y mata 6 mutila po r 
ÍTOt;grHftjLomisir>n ^ 9^ \^ ^i^ig ^^n ^in d jebiá ^ * incurre en irre^ 
gOlaridad^). 



(i) Tít. Xn , Hb. V Decr«l. 

(2) Pralect Jur. Canon, fn seminar. S. SulpiL^ part. 4.* sect. T\ 
art. 3.«, par. 3.*, núm. 818. 

(3) Benemcto XIV: InsL iOI , núm. 8. 

(4) Cap. XIX , tft. XII . lib. V DwTaf.— €ap. flí , tít. IV . Kb. V seai. 
DecrH. 

(5) Cap. VII , tít. XII , lib. V Deer^f; 



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— 174 - 

g) El qae ejeeuta una cosa ilioita y mata ó mutila , iun 
tunando haya puesto toda diligencia para evitar este efec- 
to (1). 

Excepciones. — ^No contraen irregularidad los que matan 
'ó mutilan en defensa de la propia vida (2). 

Los que producen komicidio O mutilación puramente ca- 
sual , practicando una cosa licita y poniendo lasdebidas dili- 
gencias , mediante las cuales no puede preverse aquel resul- 
tado (3); pero si qued^ .alguna. duda. sobre la práctica de las 
diligencias necesarias , habrá de pedirse rescripto de dispen- 
sa ad cwtelam (4). 

^^/^^^^'^^CAPÍTULO XIII. J^^ ¿^^ 

^ ESPONSALES Y PROCLAMAS. 

Bti2nologp[a.de la palabra esponsales.— La palabra 
sponsalia (sponsales) procede de spondeo (5) ; pocque.sa acos- 
tumbró entre los antiguos para tomar miyer >j|&u d i r ásuspa - 

J^TgSr ^_^J|y^ pp.rgnnft^ hnjnmijf^ r>iiída(l<;^ A itntnriHR#1 í^a h^U^- 

ban, pidiendo se le diese en T^^^^'^^^^f^ y ^j nnufifPi^ii^^ ""H 
ello , prometían librenjbente su concesión: de aquí que lajr^ 
metida se llamaba esposa > y el sujet<> ^ q"í<^n gr PTf^^<*^*^ ^' 
g05a(6). 

Acepciones en que puede tomarse» — La palabra es- 
ponsales tiene las acepciones siguientes : 

a) Se toma en un sentido impropio por las arras y regalos . 



(i) Cap. IX , tít. L , lib. III Deerel. 

' (2) Cap. wttic. , tít. IV, lib, V Glementinar. 

(3) Cap. IX , XV, XXHI y XXV, tít. XII , lib. V Decrei, 

(4) Benedicto XIV : De Synúdo dimoesiina, lib. XIII , cap. X. 

(5) Divon: fnsL Canon., Hb. H , 9ect. 7.% par. iOB. 

(6) SaiMALZGRUEBER : Jus Eccles. ttfti'v., in lib. IV Decret.^ tit. h 
ipár. !.•, núm. í.^ 



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— 176 — 

d ados por el ftgpoaQ ¿ la ftipps^ , if en este seBÜdo se euciien- 
tra usada esta palabra eu la Sagrada Sscritura (1). 

b) Por el matrimonio rato t aún no consumado , porqne en 
los esponsales hay cierta promesa de mutua entreg a , y en 
este sentido se halla usada en el Evangelio (2). 

c) Por la promesa de fi ítum mutr^p^pn^ , y en este senti- 
do es como preliminar del matrimonio ; Uamtodose esponsa- 
1^ de futuro para di&tnt^in plos d^ l mat rimonio r^to TaTcuM 
^0 da jal nombre de esponsales de pregant e (3) , siquiera no se 
acepte por todos e^ta denominación (4) , fundándose en que 
ilespues de promulgado el Concilio de Trento , no cabe la dis- 
tinción en esponsales de presente y de futuro (5) > jt oda vez 

d) Se conocen también los esponsales con el nombre de 
..fide^ pactionis y fides conseusus (6). ^ f^-C-rl 

e) Se les da el nombre de spes matrimonii . scu nupti4- ^^/ 



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f) Se llaman sacramentalia matrimonii , porque sonuna ;-:^^^^;^^^-?^^ 
'í^QfiiftJQ n previa pa ^fl fíl co/>i>oT«or.in f\^] ^T^ftf^fJTP^?^'^ (8). 

Su deflnioion.— Los esponsales en su sentido estricto ''^^"^'^^^'^-^^-'*^ 
son , según el papa Nicolao I , en su contestación á las con- 
saltas de t o« ht^'^ff"^""'' ^^/.»#^/f^^^ nuptiarum promüfdl9): 
También pueden definirse : La mutua y reciproca próvida 
de futuro matrimomo. 

(i) UA>. I B0gum , cv^. XYUI , v. 25. 

(^ Matth. . cap. I. V. 18. 

(3; Cap. XIU, tít. XXIll.^íb. II Dweí.—C. XII, qujBst. S.», causa 27. 
—Cap. II. tít. IV, líb. IVDecreí.— Cap. XXII y XXXI, lít. I. lib. IV. 
íhcret. 

(4) ScBMALZGRUEBiR : Jius Eccles. uHiv.^ %n lib. IVDecret., tit. I, pá- 
rrafo i.\ nóm.S y sig. 

(5) Concil. Trideni. , sesión 24, cap. I y lU De MefoTtMU fíairim. 
(e) Cpip . , I. tít, >V, lib. IV Decrei. 
(7) Schmalzgrueber: Jus Eccles. tm<v., ibid», núror 8» • 

. (9) ScnuuGRUKBBii: Jué Eccles. nwin. , ibid. 
(9) C. III, qusest 5.*, causa 30. 



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— 176 — 

Motivo de su institución. — Los esponsales preceden al 
matrimonio por las razones siguientes : 

a) La razón principal de su existencia entre los antiguos 
se fundab a en que la mu ¿erjio era fuijuris , sin o que se ha- 
liaba haip Ja autoridaJlie l os padres 6 h ermanos , y eEa.^ecg: 
sario su consentimiento , á cuyo efecto se les había de conce- 

" de^ él lltímpu suflcitíUte'para proveer , del mejor modo posi- 
ble, á sus h^os ó personas sujetas ásu autoridad (1). 

b) Los esponsales son e l medio de que los esp osQS-Conozcan 
sus respectivas costumbres y otras^ ualidades \\6 cual es de 
I fflma importa ncia , porque se trata de una unión perpetua é 
indisoluble, en la que es necesario proceder con gran madu- 
rez y circunspección para que los resultados del matrimonio 
no sean funestos á los mismos cónyuges. 

c) Qon un medio para qu e los esposos preparen lo nece- 
sario , á^fai deaten deráTa s jp*avlsi mas cargas ¿el matrímg- 
nio ; y por esto s e concedía á los esposo s . en la antigua ley, 
la inmunidad del servicio m ilitar (2) , gor^espaciode un año. 

d) La misma dilación de l^^ s n upcias es un n^dío para 
q)lg..eLespQSiLguarde en ¡o guGQsivojnayores^ onsideracionéS 
¿ la esposa (3). 



é) je da tiempo para las proclamas y p ara descubrir y 
probar algún impedimento, si lo hubiere ( 4). 

Todas las raines que se dejan indicadas en apoyo de esta 
institución , no son concluyentes , porque los mismos resul- 
tados pueden obtenerse sin la celebración de los e^nsales» 
mediante el mutuo trato de las personas, y con la ventaja de 
salvar los inconvenientes de la celebración de este contrato; 
por cuya razón se han suprimido en la legislación civil de 
algunos países. 

(i) ScHMALZGBcni» : Jus Eecles. univ.^ in lib, lY íhcreí., tit. I, pá- 
rrafo I.**, núm. 10. 

(2) Deuteronamio, cap. XX, ▼. 7.^-— Ltb. I Maehab., cap. lü» v. ^6. 

(3) G.XXXlX¿qu8B6t.2.\ causa 27. 

(4) Cap. III, tít. III. lib. lY Decret.-^CoHeií. Trid., sesión U, cap. I» 
De BefartnaíMaMm. 



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— 177 -- 

Quién puede celebrarlos.— S ólo las personas que e stán 
en condiciones de contraer Tálida y licitamente matrimonio 
"entre sí , pueden celebrar esponsales ; puesto que éstos no 
son más que un medio p ar a plegar 4 su fin, que es el matri - 
monio. 

No es de necesidad absoluta que las personas tengan apti- 
tud para celebrar el matrimonio en el acto de los esponsales: 
basta que esto tenga lugar en el tiempo señalado para cum- 
plir la obligación contraída. 

Por lo tanto , los imp úberes , que han llegado al uso de la 
razón , puede n contraer esponsales, á pesar de no tener en^ 
tonces aptitud para celebrar el matrimonio ; pero quedan 
en libertad para desistir de ellos cuando lleguen á la puber- 
tad (1). 

También pueden celebrarlos l as personas que han hecho 
voto temporal de c astidad ( 2). 
Ml/"TtíüCtíBlilSffael consentimiento paterno en los im- 
púberes. — Se deja manifestado que los impúberes pueden 
contraer esponsales ; pero e^TiecBsario que sus padres con- 
sientan en ellos , ó que no se opongan (3) , porque la natural 
reverencia de los hijos para con los padres así lo exige (4), 

Personas que no pueden celebrarlos.— No pueden 
contraer esponsales: 

a) Los párvulos que no han llegado al uso de la razón . 

i) Los dementes y furiosos por igual razón que los ante- 
riores (5), á menos que haya en ellos intervalos de lucidez, 
en cuyo caso podrán celebrarlos válidamente en aquellos mo- 
mentos ó época de perfecto conocimiento. 

e) Los ebrios , porque también se hallan privados del ejer- 
cicio de sus facultades intelectuales. 

[i) Cap. Yin, tít. II. líb. f V Decret 

(í) ScmiALZGRUEBER: Jus Ecclcs. Univ., in lib. IV DecrH., tít. I, 
párrafo i. Miúm.i3. 

(3) C. I y III. quaest. 5.». causa 30. 

(4) Dbvoti : Inst. Canon., lib. II . tit. II , par. i09. 

(5) Cap. XXIV. tít. I. lib. IV Decret. 
TOMO III. 12 



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- 178 — 

d) Los sordos y mudos pueden celebrar esponsales (1); pero 
no tienen aptitud para ello los que son á la vez sordos, mudos 
y ciegos (2). 

Forma en que lian de Terifloarse los esponsales. 
— ^El derecho eclesiástico no determina la forma en que los 
esponsales han de celebrarse , ni su validez depende de la 
forma mandada por el Ck)ncilio de Trento para contraer ma- 
trimonio (3), y por lo tanto no hay necesidad de sujetarse á 
fórmula determinada en este contrato ,J;tfstan(^o nLefectojque 
se e xprese dd un modo cl aro la voluntad de los contray entes. 
' Jin su consecuencia habrá de tenerse presente : 

a) Q ue las palabras ^ *^i gñ^*^ amp^Q< ^ /ínc ^ ftntfíudAi^n 
según el modo de hablar usado y a ceptado en la respectiva 
localidad (4). 



ÍJQxxe cuando las palabras del que contesta tienen una 
significación dudosa, habrán de entenderse con arreglo á las 
empleadas por el que promete p rimeramente, si so n cía - 
ras(5j[. 

c) Que si las palabras empleadas por ambos contrayentes 
son dudosas . y r>.nnRtfL su RpntíHn ^^a tendidas las circun stan- 

j?ias , á él habrá de atenerse . " " 

d) Que las palabras y señales, sean cuaíes fueren > noobli- 
gan por si , sino medi ante el consentimiento en los esponsa les 
d e ios que las usaron. "" "'• " 

e) Que si el que usó de las palabras, ó signos . puede pro- 
\ ^T ante el juez que las empleó con otra intención que laj fe 
¿ontrq-ftr fígpnngftifis.^, no vendrá obligado ¿ell os"fttfír en el 
fa ero extgr no. ~ 

■^) Que la fórmula á^—^p ntrahafn tecum nuUrimanivm^ 

(i) Cap. XXIII, tít. I, líb. IV Decret. 

(2) ScHMALZGRUEBER : Jus EfícUs. univ., in lib, IVDeerei., tít. I, 
par. i.^núm. 17. 

(3) PmLUPS : Comp. Jur. Eccles., lib. V. cap. II, par. 254. 

(4) Cap. Vn . tít. I. lib. IV Decret. 

(5) ScHMALZGRUEBEii : Ju9 EceUs. utíiv. , íh Hb. IV Decret., ibid., nú* 
mero 50. 



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— 173 — 

ducam te in cünjuíjem^accipiam te in fneam, etc., se conside- 
ran comunmente ^nTi(in aT^pi*o<^JYas ^*^ ^^^r'^^^^'^lfía (U* 

ff) Que las palabra»— ^¿¿^n^ne me in virum vel in wforem 
Heeiperesí nnsftr.nnf;i<^f,rftTi cnnin ftxponsalfts (2V 

k) Que si- los signos ó palabras son dudosas , después de up 
diligente examen , ha de estarse por la libertad de los quedas 
pronunciaron . á juicio de muchos canonistas . 

Gondioiones necesarias para su validez.— Para que 
la promesa de f ilturo matrimonio sea válida , se requieren las 
condiciones siguientes : 

a) Que la promesa sea libre , ó con plena advertencia 
y deliberación perfecta; de suerte que no haya engaño , ni 
miedo graveé injusto; porque &i bien los demás contratos 
celebrados con miedo grave son válidos por derecho natural» 
no sucede lo mismo respecto á los esponsales , puesto que si- 
gnen la naturaleza del contrato matrimonial, que es nulo por 
derecho positivo (3), cuando se ha celebrado con miedo grave 
éinjnsto. 

b) Que sea acepta da , porque la promesa no aceptada es 
inútil y vana (4). 

c) pue ^ mutua , porque este contrato es oneroso, y por 
lo mismo recíproco (5). 

d) Quesea verdader a, sin que medie ficción ; pero en el 
faepo externo se consideran las palabras como expresión de 
lo qne se siente para evitar fraudes (6). 

e) Que se exprese de palabra ó con o tro signo externo, 
porquede no ser asi , el consentimiento del uno no podría ser 
aceptado por el otro (7). 

(1) ScHHALzcRUEBEii .* Jm Eccks, univ. , in lib. JV DecreL^ tít. K 
pár.r.núm. 51. 

(2) VEccmoTTi: JnsL Canon., lib. V, cap. XI, par. 46. 

(3) Vecchiotti: IhsL Canon.^ lib. V, cap. XI, par. 47, 

(4) ScHMALZGRUERBR : lus EccUs. univ,, ibid., nám. 40. 

(5) ScoMÁUOiuEBER : Jms Eccles. univ., ibid., núm. 42. 

(6) Veochiotti : Jnst. Canon., lib. V, cap. XI , par. 49. 

(7) Vecchiotti : Inst Canon. , lib. V, cap. Xl, par. 51. 



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- 180 — 

f) ()\\^- ^ pr omesa mutua sea entre personas hábiles (1). 

g) Q ue se refiera ¿ persona determinada (2 ) . porque los 
esponsales son un preliminar del matrimonio, y asi como 
éste no puede celebrarse sino con una persona cierta y deter- 
minada , de igual modo es indispensable esto en los esponsa- 
les (3). 

Si los padres pueden celebrar esponsales en nom« 



y »i IOS paores pneaen ceieDrar esponsales en nom« 

/úyv^yi/ Af ^^® *^ ^^^ Ilijos. — Es indudable que los padres puej en cele- 

^ri'i^rt^ brar-este-eoBtiatofinnombre de sus hij os impúber esfSvTpgrD 



br^T-^s to oontratg ^ nnombre de sus hijos impúberes f4VrpgrD 
éstos no están obligados á su cumplimiento, á menos que con* 
sientan en ellos expresa ó tácitamente , cuando lleguen á la 
^-T/ pubertad , según declaró Bonifacio VIII , reformando en esta 

fil/P<Z^^^ ' parte la legislación antigua (5). 

Esta misma facultad compete á los padres respecto ¿ sus 
hijos adultos ; pero ftsn gegsario el consfintimient o-da^ástos 
para que produzcan en ellos obligación (6), según repetidas 
disposiciones del Derecho (7). 

Doctrina canónica sobre los esponsales condicio* 
nales. — Debo advertir para la recta inteligencia de este 
punto , que la condición puesta en los esponsales puede ser : 

Honesta , como si se dijere : ducam te in uxorem, modo pa- 
rentes consentiant, en cu ^^ftso lo» Agpnngnigs *^^" v¿iiHn<; , y 
obligan desde el momento que se ha verificado la condic ión. 

Deshonesta ó torpe ; lo cual haráquejos^esponsales-sean 
lyilos, s ijrepugnan á la esencia dermatrimonio. 

Las condiciones torpes , que no pugnan contra la sustan- 
cia del matrimonio, son válidas , y los esponsales celebrados 

(i) Schmalzgrueber: Jus Eccles. univ., in ¡ib. IV Decret», tít. I , pá« 
rafoi.\riüm.42: 

(2) Phillips : Comp. Jar, Ecck$,A\\>^ V, cap. II, par. 2£>4. 

(3) Schmalzgrueber : Jus Eccles, univ,^ ibid., núm. 35. 

(4) Cap. I , tít. II . lib. IV Decreí. 

(5) Cap. unic, tít. II, lib. IV $ext. Decref. 

(6) Cap. I , tít. II. lib. IV/íccr^í'.— Cap. unic, tít. H, lib. IVsftrf. 
JDecreL 

(7) PuiLUPS : Comp, Jur. Eccles,, lib. V, cap. 11 , párrafo 254. 



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— 181 — 

de este modo son obligatorios , si la condición se cumple» 
Impasible, ó sea c uando se pone en los esp ons ales una con* 
dicion que por su naturaleza ó de hecho no puede tener efec - 
toj e ntonces ios esponsales han i^ft considerarse como nu - 
los (1). 

"Ufanera de probar la celebración' y Talidez de 
este contrato. — ^Los contrayente5_JdenenjiesdfiJiieggjghJ¿ 
g acion de cu mplir la pr^n esa de futuro matrimonio, silos 
esponsales reúnen Tas condiciones que se dejan indicad as; 
pgfu este debe T"^é"c5ñciencia se hará también obligatorio en_ 
el fuero externo, cuando pueda probarse judici almente la ce- 
lelSrg CÍD n de ^estgSorrtrato . „ 

Esta prueba puede hacerse por'medio de — t estigos— escrí- 
tiira g áblica— (^ Hf^ftnTnftTit,^ privado . r econocido judicialme n- 
te por el que lo hizoí2 ). 

Obligación de llevar á efecto los esponsales. — Las 
personas que los han celebrado t^finftn w gra ve obligación de 
#Mrmji]ir ift prmnpgf^ ^^^rhft (^} , 6 sca de uuirse en matri mo- 
nio, cuando hay a ^l^ggftdo p\ t^ei^ pQ s eñalado en aqué llos. 

Si um» de Ins coi^tr^yentey exípe el cumplimiento de lo 
pac tado^x^^ Otro ^ft npQpg^ la jarte agraviada tiene el dere- 
che de ac udir á la autoridad eclesiástica , pidiendo se em- 
pleenlosmedios legales para su ejecuc ión, 

negias qne lian de tenerse presentes .—Sobre este 
punto ha de tenerse presente : 

a) Que h abrá de amonestarse á los contraye ntgs^emplean- 
do todos los medios de persuasión , para que lleven á efecto 
el compromiso contraido (4) , porque la amonestación más 
bien que la fuerza procede en esta clase de asuntos (5). 

b) Que si las amonestaciones ^o 4w resultado, y uno de 

(1) Vecchiotti : Insi. Canon, , lib. V, cap. XI, par. 53. 

(2) SCHMA12GRUBBER : Jus Eccks. ufíiv,, iu Itb, IV DecTd. , tit. I , pá- 
rrafo i.^ núm. 77. 

(3) ScHMAUGiiDEBEa iJus Eccks, univ. , ibid., par. 2.^, núm . 8i« 

(4) Gap. U. tíU 1. lib. IV Decret. 

(5) Cap. XVII, iít, I, lib. IV Decret. 



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— 182 — 

los contrayentes se obstina sin justa causa en no cumplir este 

contrato , se {e^b ligarA ¿ ello con censuras eclesiástic as (1), 

c) Que fií Al j|7fty. ftp.ift«^if^gtiV.n p revé que laexcomunioiL^ 

"hfi. HftjigT» ^ftftnlt«i^n , fttpnHi cLa la pertinacia del culpab le , se 

"ftíístftnHrÁ Hft ^'mprniprifl. para evitar escándalos y otro sjatta^ 

A^*-^-^-^^ ¿L^ dj Que una causa leve alegada y probada por la parte, ha- 
^^^ /J j^ / l>rá de considerarse como bastante para no obligarla por me- 
>^2^"í^ ^^2?"^^^Cdio de las censuras á la celebración del matrimonio (3) , por- 

jfr ^ Á ^^® losjr a&iiltn do fí do I oí t matr i m ou ips contraidos con re pug- 
^yrpí^ íyfí/¡^ nancáaL-Son fnnft<it.ns..>. se gún dice Lucio II I (4). ^ " 

/^^^^x^^— ^ \A Cuándo IiaJ^ráji de cumplirse si no se lia fijado 

/2 . tiempo. — Si no se ha señalado la época ó dia en que ha de 

(¡¿yi ^ ^"^ celebrarse el matrimonio, entonces debe cumplirse cuanto 
y Á0, antes con esta obligación (5) , porque la ejecución de lo pac- 

^^ / '^^^''^''í'i^^jtado puede ser útil á los interesados , y por otra parte, el de- 
y É i- ber de cumplir este contrato empieza desde el dia en que se 

^¡M^'^^''*^ ^X-^ celebró ó tuvo efecto la condición señalada (6). 
/ Vy^. 1^ Otros efectos^ de los esponsales.— Los esponsales pro- 
'^^^ J^ ducen, además de, la obligacionMe llevar á ejecucipu lo pacta- 

y///Á//A7^ do , los efectos siguientes: 
^ ' 1.** Son impedimento de pública hone stidad , que ia habili- 

•"^^-Z^^^^'^^^^Z-^lJí? tft ^ esposo paracontraer matflmonio^ T) con ios con $g^ngui- 

y. >; neos de la esposa , y áés ta con los de aquél^ ¿eniro del pnmer 

><7 Tx^^'lxl^ 8Tado (8) , siempre que los esponsales sean válidos. 

Este impedimento subsiste aún después de la^isoíuoíon 
de aquéllos • sea cual fuere la causa de donde provenga (9). 

(J) Cap. X. tít. 1, l¡b. IV 2>ecre(. 

(2) ScoMALZGRUEBER : Jxis Eccles, univ., in Hb. IV Decreí., tít. I, 
par. 2.^, núm. 94. 

(3) Veocuiotti : Inst, Canon., lib. Y, cap. XI, par. 59. 

(4) Cap. XVII. tít. I . lib. IV Becret. 

(5) Vecchiotti : Inst. Canon, , lib. V, cap. XI , par. 59. 
(6j ScHMALZGRUEBER : Jüs EccUs. ufttt;., ibid., núm. 90. 

(7) ScHMALZGRUEBER .' Jus EccUs. untv., íbid., núm. 96 y sig. 

(8) Concil. Trid., sesión 24 , cap. III De Reformat. Matrim. 

(9) SCHMALZGRUEBER : Jus EccUs. nfíiv., ibíd. , nám. 112 y sig. 



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— 183 — 

2.® Los esponsales válidos producen la nulidad de otros 
ulteriores , si están en vigor i n^ pyJTyyftyoK (1). 
^ 3.** L as arras se pierden por el que dejSiyte^ifl^stamente 

de 10S^eSQOnS^fiS42) y t^TiH^ii nMigoY^ínn Hft HAirnlvAHAg jji, 

pilcadas . etc.. si sejíactój v hasta tendrá ohlip ^ eion de pa- 
gar la pena impuesta en los esponsales contra el que rehuse 
inju stamente su cumplimiento, según much9s, c anonistas (Sf; 
pero se considera nula y de ningún valor, cuando se extiende 
al que se separa justamente de los esponsales contraidos (4). 

Causas por las que se disuelven.— Los esponsales no 
pasan de ser un contrato humano , y que como tal puede di- 
solverse , aun cuando hayan sido confirmados con j(u*amento, 
porque si éste se ha hecho en favor de la otra parte , lleva 
siempre la condición nisi ai isla remittatur (6). 

Las causas de la disolución de este contrato son las si- 
guientes : 

a) Por el mutuo ( ^nnsftp^JTT^^ epto dft los fíoptraventes , si han 
llegadoá la pubertad (OK porque todas las cosas se disuelven 
genelí Bhimüte t>6r laFTmsmas fiftnfWfí qiif^ f^ pr^ii^ftn (7). 

O) ái s^ - han r>^^ip[hrfl/^r. p/^^ m^ ^ipp^ijo|»^ ¿ste no puede se- 
pararse de-ellos hasta que llegue á la pubertad (8) , porque 
ate ndida la volubilidad propia de s& edad^ , pasaría á contraer 
^prem fiditm1í>''i"''^T^^t*°''=°^T^^ se le permitiese; 

debiendo advertir^en este caso , que si ha mediado juramejQ - 
to, es nec e sario el consentimiento de la otra parte para se- 
pararse de los esponsales i^\\ ^ 



les (9). 

(i) Walter : Derecho Ecles. uní»., lib. VII, cap. IV, par. 297. 

(S) SoMALZGiiUEBmi : Jus EccUs. mniv., m Hb^ IV Decret,, tít. I, 
pár. S.'*, núm. 126 y siguientes. 

(3) ScHif ALZGftutBEft : Jus Eccle$. univ., ibid., pár. 4.<^, núm . i39 y sig. 

(4) ScBMALZGRUEBER .* Ju8 Eccks. UTiiv,, ibid. , núm. i38. 

(5) SawALZGRmcBBR : Jus Eccles. univ. ibid., núm. i58. 

(6) Cap. U, üt. 1, lib. IV Decret. 

(7) Cap. I, Ut. XLI, lib. V Dccreí. 

(8) Cap. VII, tít. II, lib. IV Deeret. 

(9) Cap. X, tít. I, lib. IV Decreí. 



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— 184 — 

c) Por la muerte de uno de los contrayentes. 

d) Por la recepción de oraen sacro^^rqiie^e hace inhábil 
para contraer matrimonio meoianteel voto solemne de cas- 
tidad (1), y en su consecuencia los esponsales de futuro cele- 
brados anteriormente no pueden obligar. 

ej P or la profe sión en instituto religioso aprobado por la 
Santa Sede, porque^disolviendo-el mismo matrimonio rato (2), 
con mayor razón anulará los esponsales de futuro, 

/) El simple ing reso en peligion anul a los esponsales en 
c uanto á la part¿^ que queda e n el siglo (3)", porque la otra 
renunció á los esponsales por aquel acto. 

ffj Por los votos s imples hechos en la Compañía de Jesji& 
d espués del novicia-fin (4). 

hj Si uno de los esposos contrae ^niatri monio vál jdo con . 
otra persona , 6 esponsales de presente (5); p or que ástos^ 6 se a 
grmatrimonio , son un vínculo mucho m^^ fue rtA gna in» ft^- 
ponsales de futuro . 

tj Por la fornicación dp, nnn dft los esposos (6). después de 
celebrados los esponsales , porque éstos se celebraron bajo la 
condición de que ninguno de los contrayentes faltase á la fe 
ó promesa hecha en aquel acto; y además, todu^yi^cada^una^ 
de las causas suficientes p ara el divorcio , lo son con mayor 
razón para anular losj egpr?p»^ftift<t ~ 

j) La he rejía y apastasía de uno de los esposos, porque 
mediiTíniamiay un peligro para la salvación (7). 

(i) Cap. I y II. tít. Vi, lib. IV Dcíjrírf.— Cap. único, tít. XV, lib. Hl 
DecrH. - 

(2) Cap. Vil, tít. XXXII, lib. III Dccrcí.— Cap. XVI. tít. I. iib. IV De, 
cret.—CondU Trid,, sesión 24, canon C.** 

(3) ScAviNi : Theolog. mor, univ., tract. i2. disput. ±.\ cap. III, ar- 
tículo i. °. par. 5.® 

(4) ScHMALZGRUBBBft : Jus Ecclcs. utiiv., in lib, Pí Dectet., tít. I, 
par. 4.^ núm. 152. 

(5) Cap. XXXI, tít I. üb. IV Dccreí.—Cap. I, tít. ÍV. ibid. 

(6) Cap. XXV. tít. XXIV. lib. 11 Decrcí. 

(7) ScHiULZGRUEBBñ : Jus Eccles. univ.y ibid. 



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^^Xc^^ ¿>t^->^^^^^'^^ 



^v^ 



— 186 — 

1) Una notable mutación de cuerpo ó fortuna en uno de 
los esposos (1): porqué tMOS 105 pftftt()¿, y de un modo esp^cía^^^ 
los esponsales, ll evan aneja la condición Añrelmsm eo^^^ ^ 
statu manentibus f^ ^. 

m) Si falta 6 no se ha cumplido la condición bajo la cual 
se celebraron (3) , porque en este caso falta el consentimiento. 

n) Por la afinidad en primero 6 segundo grado^ que so- 
breviene después de contraidos los esponsale s (4), lo mismo^ 
que por la cognació n fi>ffpír^'^^ f'^) porque la promesa hecha 
en los esponsales no puede tener efecto. 

ó) JPorJegítima dispensa del Sumo Pontífice (6), que es el 
único á qriiencompete concederla, y esto mediante j ustas 
causas (7) . 

Si podrán disolverse por liaber trascurrido el 
plazo señalado. — Si el término señalado en la obligación 
índica que el matrimonio podrá dilatarse hasta el dia fijado, 
pero nó más allá , entonces obligan los esponsales, porque re- 
sultan dos obligaciones: una de celebrar el matrimonio, y 
otra de no dilatarlo más allá del tiempo designado. Esta cesa 
desde el momento que ha pasado el dia prefijado; pero per- 
manece en su vigor la primera, que es la principal, asi como 
qifóda la obligación de pagar la deuda, que no se satisfizo en 
tiempo debido (8). 

Cuando el plazo fijado tiene por objeto poner fin al com- 
promiso contraído en favor de uno, si se deja trascurrir el dia 
señalado por culpa del otro; entonces, uno y otro quedan 

(1) Cap. XXV, tít. XXIV. lib. II Decreí.— Cap. III, lít. VIH. lib. IV 
Decret. 

(2) Devoti: InsU Canon., lib. II. tít II, par. 143. nota 4.* 

(3) Cap. lil, tít V, lib. IV Decra. 

(4) Cap. II, tít. XIII. lib. IV Decret. 

(5) Cap. VI. tit. XI. lib, IV DtcM. 

(6) ScHHALZGRURBBR : Jus Ecclss, univ., in lib. IV Decret, tit< I, 
pir. 4.^. núm. 154. 

(7) ScHHALZGRDEBEa : Jus Eccks, univ. . ibid.. nám. 214. 

(8) ScaiiALZGRUEBBR .* Ju8 Eccks. uhív., 'híá., nám. 194. 



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Tu 



— 186 — 

desligados de los esponsales siempre que ambos hayan sido 
culpables en la falta de su cumplimiento; pero si la culpa 
procede únicamente de uno d^ ellos, sólo eL inocente queda 
libre (1). 

Si el término fijado en la obligación se estableció, d fin de 
que ninguno de los contrayentes quedara obligado después 
de transcurrido, fuera cual fuese la causa de no cumplirse, 
entonces ambos quedan libres de los esponsales (2). 

Si se disuelven por la ausencia de uno de los es- 
posos. — Si uno de los esposos se ausenta á países remotos sin 
conocimiento del otro ó contra sn voluntad (3); éste queda 
libre, si la ausencia fué con ánimo de mudar su domicilio ó de 
np volver (4): pero cuando se ausentó uno de los contrayentes 
con ánimo de regresar al punto de su anterior residencia ,. y 
hay facilidad de volver, queda obligada la parte , que no se 
ausentó, á el cumplimiento de los esponsales , si la ausencia 
ha sido por poco tiempo. 

Cuando es difícil el regreso del ausente, ó hay razón para 
creer que tardará en volver, entonces la otra parte quedará 
libre de los esponsales contraidos (6). 

Si liabrá de mediar sentencia judicial. — Señaladas 
ya las causas , por las que se disuelven los esponsales , falta 
saber si será necesario que el juez declare la cesación de los 
esponsales, ó si bastará la existencia de la causa para que 
queden desde luego disueltos. 

Sobre este punto habrá de tenerse presente : 

I. Qiip. ft^i<tú«nHn (»i>r tamente al guna de las causas ya se-_ 
figlndriirn ni pArrnfe nntrrigr, no se n ecesita la declaración 
del juez, porque no está mandado en ninguna disposic ión de 
derecho cjnun qu e intervenga esta autoridad al efecto, y por 

(i) Cap. XXll. tít. I, líb. IVDecreí. 

(2) S€HMALZGRUEBER : Jus Ecclss, uhív., t» Ub.lV ÍMBcreL^ tit. 1, 
pár.-l.^*, núm. 195. 

(3) Cap. V. tít. I líb. JV Decrel. 

(4) ScHMALZGRUEBfiR : JtAS Eccks. univ., ibid., Qúm. 201. 

(5) SamALaGRUEfiER : Jus Eccles. univ , ibid., núm. 202y sig. 



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— 187 — 

^ra part e, l os esponsales llevan siempre implícita la cpD¿i- 
cion áeTTh^ in eode ^ ^pitu pArfu/iitP^ de modo que si so- 
T)reviene alguna de las causas por las que se disuelven, la 
obligación de los esponsales cesa ipsojure (1). 

II. Q ue es necesaria la declaración del j u pz , cuando la 
caus a es midosa de derec ho en cuanto ¿ la suficiencia , 6 de 
techo en cuanto STsu existencia; p orque en estos casos ningu- 
no ha de ser primado de su derecho y meliar est couditio 
possidentis (2). 

m. Que también es necesaria la intervención del juez ♦ 
cua ndo asi está prescrito por derech a ft^pfírí»^ dpi pi^^s ^n^ 
que esto tenga Ingar^ 

IV. Que se necesita la declaración del juez para separarse 
de los esponsales» s iempre que de no hacerlo así pueda resul- 
tar ftsn¿nf^^ln- '^^.ixí siíéle tener lugar cuando los esponsales 
son conocidos del público, y la causa de su disolución es 
desconocida ó secreta (3). 

La legislación civil de España exigía que los esponsales se 
c elebraran por escritura públ ica, para que fuesen obligato- 
;áds^ 4). Esta disposición fué anulada por el artículo 3/ de la 
ley de 18 de Junio de 1670, en el que se dice que la promesa 
de futuro matrimonio no produce obligación alguna civil, 
cualesquiera que sean las formas y solemnidades con que se 
otorgue (5). 

El decreto del Ministerio*Regencia de 9 de Febrero de 1875 
anula en el artículo 6.^ la citada ley de 1870 , sin otra excep- 
ción que las disposiciones contenidas en el capítulo 5.^ de la 
misma. 

Examen de los esposos. — Cuando los contrayentes 

(i) ScHMALZGRUEBER : /us EccUs. univ,,in Hb. rv Decret,, tit. I^ pá- 
rraío 4.^, núm. 2i5. 

(2) SCEMALZCRUEBER : Jus Ecclcs, uñiv., ibld. , núm. 2i6. 

(3) ScuMALZGRüEBER : Ju8 Eccks. Ufiív,, ibid«. núm. 217. 

(4) Ley 9 y i8, tít. 11, lib. X de la Navis. Recopilac. 

(5) Ley proTÍsional del MaU'imonio civil de 18 de Junio de 1870w 



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] 



— 188 — 

tratan de llevará efecto el matrimonio proyectado, deben 
s er ex^gi}nado s> á fin de ver si reúnen las circunstancias ne- 
cesarias para su válida y lícita celebración • 
A quién corresponde. — Los matrimonios no se llevaban 
efecto en los tiempos primitivos de la Iglesia , sin que pre- 
cediera la licencia del obispo, y éste no la concedía hasta 
haber examinado todas las circunstancias de los contrayen- 
tes, como medio de llegar á conocer, si había entre ellos algún 
impedimento que obstase á su celebración. 

Esta parte del ministerio episcopal pasó, como otras mu- 
chas á los párroco s^ y ^.^f-n<i típ.r^ftn una estrecha obligación de 
investigar si los que tratan de unirse en matrimoni o (1) 
reúnen todas las condi ciones |fara su legítima unión. Esto se 
obtiene, en primer termino, por medio del examen de los esp o- 
sos, quienes tienen obligación de presentarse anta el párroco, 
y éste los examina de doctr ina cristiana , é investiga si media 
entre ello s algún impedimento que obste al matrimoni o^ 
p/V? Reglas que han de tenerse presentes.—Cuando de 
este examen de los esposos resulta que carecen de los cono- 
cimientos necesarios en los rudimentos de la fe , se dilatará 
el matrimonio entre ellos hasta que se instruyan suficiente- 
mente (2). 

Lo mismo habrá de hacerse cuando del expresado examen 
resulte que media entre ellos algún impedimento ; pero es 
además necesario en este caso que el párroco lo ponga en 
conocimiento del obispo ú ordinario, para que provea lo con 
veniente (3). 

En estos casos no procede á las amonestaciones ó procla- 
mas de los contrayentes hasta que se hayan removido los 
obstáculos que las impiden ó inhabilitan para llevar á efecto 
el matrimonio proyectado. 

(1) Phillips: Comp, Jur. Ecfíhs , lib. V. cap. !f , par. 255. 

(2) Benedicto XIV : De Synodo dicecesana , lib, VIH , cap. XIV, nú- 
meros 2.® y 8Íg. 

(3) ViaHiOTTi : Inst. Canon., lib. V, cap. Xí, par. 71. 



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— 189 — 

Proclamas , y su origen. — Se entiende por proclamas: 
Las amonestaciones púilicas que preceden al matrimonio , A jy^ /j^ 
fin de que si alguno tiene noticia de la eosistencia de algún . f 
impedimento canónico entre los contrayentes y lo ponga en co- O 
nocimiento del párroco á los efectos oportunos. 

El origen de las proclamas esa ntiquisimo en la Iglesia , y 
algunos encuentran vestigios de ellas en los escritos d e Tertu - 
liano (1) ; pero es lo cierto que Benito Levita habla en el li- 
bro VII de los capitulares de una costumbre,/ según la cual se 
procedía á inquirir públicamente sobre si existía impedi- 
men to canónico entre los que aspiraban á unir fifí fín Tnflt^*^'Tnn. 
mo , y nadie duda de que esta costumbre se observaba en 
Francia (2)7 [ 

Leyes generales de la Iglesia que las prescriben. 
— ^El Concilio IV de Letran , á fin de evitar los males que se 
seguían de los matrimonios clandestinos, dispuso lo siguiente: 
iSpecialem quorumdam locorum consuetudinem ad alia gene- 
raliter prorogando ; statuimus , ut cum matrimonia fuerint 
contrahenda , in ecclesiis per presbyteros publice proponan- 
tur, competenti termino projinito: utintra illum, qui volue- 
riú , etvaluerit y legitimum impedimentum opponat, etipsi 
presbyteri 7hihilominus investigent, utrum aliquod impedi-- 
Tnentum obsistat. Cum autem apparuerit probabilis conjec- 
tura contra copulam contrahendam , contractus interdicatur 
expresse, doñee, quid fieri debeat super eo, m^anifestis 
constiterit documefUis (3). 

El Concilio de Trento reprodujo dicha ley lateranense y 
dispuso : Ut in posterum^ anteqtKim matrimonium contraha- 
tur ter a proprio contrahentiumparocho tribus continuis die- 
busfestivis in ecclesia inter missarum solemnia publice de- 
nuncietur, i7iter quos matrimonium sit contraJiendum (4). 

Quiénes lian de hacerlas , y en dónde.— Las amo- 

(4) Vecchiotti : InsL Canon, , lib. V. cap. XI , par. 71. 

(2) Phillips : Comp. Jur, Eccles., lib. V. cap. II, par. 2Í55. 

(3) Cap. III , tít. UI . lib. IV Decret. 

(4) Sesión 24, cap. I De Beformaí. Malrim. 



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7^ 



— 190 — 

nestaciones han de hacerse por el p&rroco propio de los con- 

M ^^Tfty**"^^*' (^ ) I ^ r^^ ^*^ i^Umgn A jft go con Ucencja de aqaél. 

'^^^yi^ "^/T ^^^ ^^^^ habrá de tener lugar en la iglesia parroquial ^ 

/ y donde los contrayentes tienen su domicilio ó cuasi domicilio, y 

/^yC^.^T^'^^^-^ientro de la solemnidad de la misa en tres días festivos y con- 

/ ' tinuos , según el texto de la ley. 

/^¡yv^ Si los contrayentes pertenecen á distintas parroquias, ha- 

j)rán de hacerse en la s dos (2), y además <>p i^ p<^^A/^ii^a¿ 
parroquias en que antes estuvi eron domiciliados^ s iempre q ue 
'liftyg^jnotivn pfi|TA tftmftr qii<rpiidiftron contraer allí algun 
impedimento , atendida la edad y larga permanencia en aquel 
p unto , l o cual tiene lugar si su residencia actual es de poco 
tiempo ó menos de cinco ó seis años (3). 

Si podrán liaoerse en las fiestas suprimidas, y 
faera de la igflesia. — ^Las amonestaciones pueden hacerse 
aun en las fiestas suprimidas respecto á la obligación de oir 
misa, siempre que se observe la misma solemnidad en cuanto 
al culto con obligación en los párrocos de aplicar la misa jpf<> 
populo^ y concurra gran número de fieles á la iglesia (4). 

En todo caso , las proclamas no pueden hacerse en los dias 
feriales y fiestas abrogadas , aun cuando haya gran concu- 
rrencia de fieles , á no mediar una causa grave y autorización 
del obispo (5). 

Algunos escritores dicen que pueden hacerse las procla- 
mas con licencia del obispo^ aun fuera de la iglesia y en dia 
no festivo, cuando se verifica una gran solemnidad religiosa, 
á la que concurre todo el pueblo (6) ; lo cual se niega por 
otros escritores (7). 

(4) ConciU Trid., sesión 24 , cap. I De Reformai. Matrim, 

(2) ScBMALZGRCEBER .* Jus EccUs. uhív., ibid. , DÚm. 13. 

(3) ScHMALZGRUEBER : Jtts Ecoles , utiiv., ibiá y núm. 15 y sig. 

(4) Vecchiotti : Inst Canon., lib. V, cap. XI, par. 71. 

(5) VECcaiOTTi : Inst, Canon., id. ibid. 

(6) ScHHAucRUEBEi: Jus EccUs. univ., in lib. IVDecret., tit. 111, pá- 
rrafo 1.% núm. 24. 

(7) Phillips : Comp. Jur. Eccks., lib. V. cap. II , par. 255. 



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— 191 — 

^^^^Cc^alidez del matrimonio celebrado sin preceder 
las proclamas. — £lí matrimonio celebrado sin preceder las 
amonestaciones ni mediar dispensa de ellas por quien puede 
concederla es válido aunque ilícito, según se desprende de las 
palabras mismas de la ley (1). 
^^T^Qué lia de expresarse en las amonestaciones.-^ 
Como el fin de las proclamas es descubrir cualquier impedi- 
mento que pueda existir entre los contrayentes, es preciso 
que se exprese en ellas los nombres y apellidos de los intere- 
sados, su estado y domicilio, sus padres , y si es la primera, 
seg^unda p tercera amonestación ; pero omitiendo toda noti- 
cia que sea ofensiva, como si es ó son ilegítimos (2) , etc. 
|^2J^ Obligación en los fieles á manifestar cualquier 
^''^^qjedimento de los contrayentes.~Los que tienen no- 
ticia, fuera de la confesión , de algún impedimento entre los 
contrayentes , vienen obligados á manifestarlo por precepto 
natural , divino , positivo y eclesiástico, porque tiene por ob- 
jeto evitar la ruina espiritual y un grave pecado en el próji- 
mo , no menos que una irreverencia hacia el sacramento. 

Esta regla tiene varias excepciones (3) , y entre ellas las 
siguientes : 
a) Si puede descubrirse el impedimento por otro medio. 
6J El grave escándalo que ha de originarse. 

c) Si consta que se les ha dispensado ya el impedimento. 

d) Si hay fundado motivo para creer que no ha de dar re- 
sultado. 

ej Cuando resulta un grave daño al denunciante ó á 
otros , etc. 

Dispensa de proclamas, y causas^ justas para con- 
cederla. — Los ordinarios , bajo cuya palabra se compren- 
den los obispos — legados de la Santa Sede — el cabildo ó sea el 

(1) ScBMAtzcRCSBBii : Jus EccUs. univ,, in Ub. ¡VDecrH., Ut. III, pá- 
rrafo l.^ Dúm. 9 y 8ig. 

(2) Pbillips : Comp, Jur, EccUs. , lib. V, cap. II , par. 255. 

(3) ScHVALZGRUEBiR : Jus Ecclés. uni9., ibid.y núra. bi j sig. 



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— 192 — 

vicario eapitolar, sedé vacante — los prelados vtré nmlH%s — 
el Vicario general del obispo y cualquier otro , en quien el 
obisponieleguéTsía faciiítad (1) , pueden dispensar las procla- 
mas en todo ó en pariie , porque el Ck)ncilio lo deja al juicio y 
prudencia del ordinario (2). 

Esta facultad no es ilimitada ; és'prefciso que medie justa 
causa para ello , según lo requiere la naturaleza y esencia de 

toda dispensa (3). ^^ 

Las causas mediante las cuales puede concederse la dis- 
pensa-son-: — — ' - - 

a) Cuando hay temor fundado de que se impida malicio- 
_8 amente la celebración del matrimonio , si preceden las tres 
amoijestaciones- ó alguna de ellas (4)r*'''""^ 

b)- flí^inc /*^T]trfl.ypnt^9 ^ytán y^'^An/^o pi p conm^b j^iato^ 
son consi d erados por el publico como casados (5). 

c) J}}^^r^¿\c^ Hft >in/^Qff^ft jas amon estacioues se exponerlos 
esposos á ser objeto de escarnio ante el público , como si el 

"mat rimonio va á tener lug^ ^ntre un ftgcjanojy una jóvenT 
^ Tentre un noble y una plebeya ( 6)."^ 

d) Pji d o Ifti puhliníi n i nn ftfi hn dn r es^il^ar es cAndalo^^j nfa- 
mift ix otro r^ftñA Agpirif.nt^j /S í^^ofpnyfti ^ rtomn ene j^ caso de 
hallarse en el artículo d e la muerte uno^de los contrayentes, 
y media entre ellos prole (7). ^. 
""^ E sfómismo^iene lugar en los matrimonios que trata n 
de^celebrftrfift ftntrp. insyfi YOs y otras personas aristócrat as, 
po rque se conocen con anti cípacion jor el púb lic g^ sime- 

13 5ara algunTimpedimen to habria de denunciarse sin necesi- 
^^^ d de las proclamas (8). 

{i) Schvalzgrueber: Jus Eccles, univ, in lib, IV DecreL, tit. IIÍ, pá^ 
rrafo 1.% núm. 25 y sig. 

(2) ConciL Trid., sesión 24, cap. I, De Reformal. Matrim. 

(3) ScHHALZGRUEBER : Jus Eccks. utUv., ibid. , núm. 25. 
(f) ConciL Trid., sesión 24, cap. I De Reformat. Matrim. 

(5) Benedicto XIT: en su Gonstitut. Satis vobis, de 1741. 

(6) Schmalzgudeber : Jus Eccles. unió,, ibid., núm. 34. 

(7) ScHüALzcRUEBEa : Jus Eccles. univ., ibid. 

(8) Ybccbiotti ; Inst. Canon., lib. V, cap. XI. par. 71. 



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— 193 — 

f) Cuando se ha celebrado solemnemetite el mateniaonio , 
y se descubre después u n impedimentoi.»j^^e exige,j.fefcratifi - 
cacion del expresado matrimonio , renovando el mutuo con- 
sentimiento ae ios interesados (i). 

"7? Bise aproxima el tiempo de adviento ó de c uaresma , 
en que se prohiben las vela ciones , y ha y peligro áe pecado 
entre los interesados , 6 d e que no se lleven á e fecto los es^ 
p onsales contraídos {^1\. 

t) Cualquiera comodidad 6 inc omodidad notable que pue- 
da resuÍtar~de^Mede^^ 

nesxaciones en todo ó en parte (3). bastando al efecto el cono - 
tdmiento extrajudicial ae la causa para otorgar la dispensa. 

CAPÍTULO XIV. 

MATRIMONIO. 

Etimologría déla palabra Matrimonio , y sus dis- 
tintos nombres. — La palabra ifiMtTimoni%m (matrimonio) 
procede de maPte , ó s ea de la madre, y nrt del p^ ^ra^ porque 
el matrimonio tiene por objeto principal la procreación de la 
Bjpole , constando de un modo cierto la madre, y sólo por la 
presunción de derecho el padre. 

Además , l^mftdrft tiene una carga más g rave respecto á 
2^ prole , pi^ e^ que la llera en su seno , y después de salir 
d e él , la alimenta con su sustancia (4). 

El matrimonio se conoce también con los nombres de= 
Conjugium, porque une 4 los dos bajo un mismo yugo 

^ (1) ScmALzcBUEBiai : Jus Eecles. univ., iti¡ lib, JV Deereí. , tít. III, 
pár.l.^.núra. 35. 

(2) VECCHiom : Inst. Canon , lib. V, cap. XI, par. 74. 

(3) ScHMALZGftCEBER : Jus EccUs. utrív., Ibíd. , núm. 37 y sig. 

(4) ScBMALZGRUEBER : Jus Eccles. uñiv., in lib. IV Decreí., tít. I , sec- 
ción $.•, par. i.^ núm.2íi, 

TOMO ill 13 



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— 194 — 

]jeppetuo , habiendo mutua obligación entre el varón y la mu- 
jer , y los dos estánsíijetos á las incomodidades y disgustos 
consiguientes (1). 

Consortium , por razón de la com unicació n y comunión de 
la misma condición y suerte , porque los cónyuges son entre^ 
sí consortes de los bienes y derechos (2). 

Connubium ó nuptia^ que proceden de la palabra nubendo 
ú obnubendo, porque l as esposas se cubrían en la antigüedad 
con un velo al celeb r arse el matrimo ^^p . por razón del pu- 
dor (3), y p ara denotar que han de ^nr h nmil Hpi y nfi tar sift ni» 
pre so metidas á su smaridos. 

Esta costumbredaía~aela más remota antigüedad ; y las 
escrituras del Antiguo Testamento hacen mención de este 
velo (4), que los escritores antiguos \\^,mB,n Jlameum , por ser 
del color de la llama que produce el fuego (5). 

Su definición como contrato.— El matrimonio consi- 
derado como contrato es : Una junta maridable del hombre y 
la imtjer entre personas legitimas, que retiene una compañía 
inseparable de vida (6). 

El matrimonio encierra en síj bI consentimiento in terno 
pacto ex terno Q-rpi>Q<^n/ío g on palab^ --obligac ÍQ v vínculQ 
que nacen del pacto y la unión de los casados, por la cual se 
co nsuma el m atrimonio (7); y esto es lo que tiene virtud y na- 
turaleza de matrimonio, consignado con el nombre de Junta. 
La otra palabra maridable excluye de la esencia del ma- 
trimonio l as demás clases de pact os con que hombres y mu- 
jeres se obligan á hacer alguna cosa unos por otros. 

Se añadió en la definición entre personas legitimas , ^or- 
^ue no pnftdftTMumtrafír matrim^nift los qu? se hallan excluí- 

(I) Vegchiotti : Insí. Canon., lib. Y, cap. XII ^ par. 72. 

(9) Vecchioiti: Inst. Canon,, id. ibid. 

(H) C. VII y VIH . qu«8t. 5.», causa 30. 

(4) Génesis . cap. XX . v. J6.— Cap. XXIV, v. 65. 

(K) Vegchiotti : insí. Canon., lib.. V, cap.^ XII^ par. 72. 

<6) Catecismo Romano , part. 2.\ cap. VIII , núm. 2.^ 

(7) Catecismo Romano , part. 2.*, cap. Vlü , jaúm. 3.** 



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— 195 — 

dos de la unión conyiiga^ per las leyes , como el varón ante s 
'Ue los catorce años y la hembra antes de los doce. 

Se dice , por último , en la definición , qtie retiene una com- 
pañía, etc., con cuyas palabras se declara la naturaleza del 
la zo indisoluble con que quedan libados el hombre y la ma- 
■jer ü). 

Natiiraleza y esencia del matrimonio.— Resulta de 
la definición que se ha dado del contrato matrimonial , qii#^. 
éste s e considera en su c ausa eficiente ó i n ñeri , mediante lo 
cual nace el mismo vinculo llamado matrimonio (2) , entón-"* 
ees constituye su esencia el mutuo consentimiento de íoFcoIi= — * 
^yéntes , manifestado de presente con palabras u otro Biguo-* 
¿Ttfírinr. ~ ' " 

8i el contrato matrimonial se c onsidera in facto esse , 6 en 
su causa formal . c onfstitnyft su nat uraleza y fij^e nflig-jg— 
^i^acion V vi p<^n[n q ue resulta del consentimiento interno 
y pacto externo entre el varón y la mujer (3). 

En este supuesto; l a esencia del matrimonio se halla e n 
un acto transeúnte . si se considera en su causa eficiente . ^ 
en u n acto permanente en su causa formal (4). 
'necesidad del consentimiento en ios i^ontrayen- 
tes. — Es de absoluta necesidad el mutuo consentimiento de 
los contrayentes para que este contrato sea válido (5) J^asta 
et punto que ninguna autoridad eclesiástica ó civil puede sub- 
sañ aFó suplir este defecto , porque es una sociedad , y las so- 
ciedades no pueden constituirse sin el consentimiento de pre- 
sente (6), ya se exprese de palabra, ya por signos claros que 
no ofrezcan duda alguna (7). 

(i) Catecismo Romano , part. 2.*, cap. VUI, núm. 3.® 

(2) Drouveh : De ReSacramént., lib. IX, qusest. 4.', par. i.* 

(3) Drouven: De ReSacrameiit., lib. IX, qusest i.^, par. 2.* 

(4) ScBMALzGRucBKH : Jus EccUs, tfn^v., ifí Ub. IVDeeret., tit. I, sec- 
ción 2.\ par. i.\ núm. 223. 

(5) C. I , H, V y VI , qu«8t. 2.\ causa 27, cap. XXHI y XXV! , tit. I, 
Wh. TV DecreL^Concil. Trid., Sesión 24, cap. I de Rcformal, Matrim^ 

(6) Devoti: InsL Canon., lib. II , lít. U , sect. l.\ par. i04. 

(7) Catecismo Romano, part. 2.» , cap. Vlll, núm . 5.*^ y sig. 



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, .. 196 — 

Éste consentimiento es necesario en el matrimonio , consi. 
derado in fieti y no m facto esse , porque verificado el matri- 
monio resulta un vínculo indisoluble que los cónyuges no 
pueden romper por su voluntad. 

Requisitos que ha de tener.— Acerca de la doctrina 
que se deja consignada sobre el mutuo consentimiento de los 
cónyuges habrá de tenerse presente: 

a) Que el consentimiento ha de ser verdadero é interno, 
como lo exige la naturaleza de todo contrato oneroso, de modo 
que si uno de los contrayentes dio su consentimiento fingida- 
mente , el matrimonio es nulo en el fuero de la conciencia; 
pero válido en el fuero externo y judicial (1). 

b) S e ha de expresar por medio de algún signo extem o 
para que pueda ser conocido y aceptado por la otra parte (áJT 

c) Ha de ser mutuo , según lo exige la misma naturaleza 
de este contrato ; de modo que el consentimiento de uno solo 
no basta para constituir matrimonio (á). 

d) Ha d e ser de presente (4) ysimultáneo moralmente , de^ 
manera que el consentimiento dado por el uno no se haya re- 
vocado cuando lo preste el otro (5). 

e) Debe ser lí^rfí y ^y^nto dn mifldft grflVf^ (fí) producido in- 
justamente por una causa libre para arrancar el consenti- 
miento, porque si es justo (7), ó producido por una causa ne- 
cesaria , como una tempestad, guerra, etc., entonces es váli- 
do ; lo mismo que en el caso de imponerse aun injustamente 
con otro objeto (8). 

Doctrina acerca del consentimiento condicional, 

(4) Cap. XXVI. Ut. I. lib. IV DecreU 

(2) Cap. XXIII , tít I , lib. IV Decret. 

(3) Cap. I . tít. IV, lib. IV De$reL 

(4) Catecismo Romano^, part 2.*, cap. VIII, núw. 6.* 

(5) Cap. IX, tít. XIX, lib. I sext, Decrei. 

(é) Concil. Trid,, ses. 24, cap. IX , De Beformat. Jíoíriw.-Cap. XV 
jy XXIX , tít. I , lib. IV Decret. 
(7) Cap. X. tít. I. lib. IV Dtfcr»/. 
(8} Tbovx ex Charmes : De Maitim. , dissert. 4.% cap. II, qu«8t. 4.* 



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— 197 — 

El consentimiento dado bajo una condición honesta de p re- 
sente, pasado 6 futuro , es válido en los do^ primerar^sp^ si 
eiiste la condición puesta , no surtiendo su efecto en el c aso 
tercero hasta que se cumpla la condici ón (1). 

Cuando la condición puesta es deshonesta , es válido el ma- 
trimonio , si aquélla no se opone 4 la esencia ó Sustancia del 
"^^0, ó es imposible (2); pero nulo si pugna contra la sus- 
tancigTdel matrimonio, c om o en el caso d e ser contra la pro- 
le, indis olubilidad, et c. (3). 

Gonsentiinieiito por medio de procurador, y el que 
dá el hijo de familia. — El consentimiento ó matrimonio 
celebrado por medio de procurador^fiSJzAlido • siempre que me- 
die poder especial al efecto (4), y éste no se revoque antes de 
su celebración (5). 

El consentimiento ó matrimonio celebrado por los hijos de 
familia sin el consentimiento de sus padres e§_válidí) , si.M^ 
adole.cft dfí otra falta., pero ilícito r 6). 
r^lj^ el consentimiento habrá de extenderse al acto 
conyugal. — ^No se requiere el consentimiento en intentar 6 
llevar á efecto la unión carnal de los contrayentes (7), porque 
erte consentimiento es posterior á su celebración , y así re- 
sulta , por otra parte , del matrimonio entre la Santísima Vir- 
gen y San José ; pero se requiere el consentimiento , al menos 
implícito, para los actos conyugales que se refieren á la pro- 
creación (8). 

Diferencia entre el contrato matrimonial y los 
demás contratos.— El contrato natural del matrimonio es 

r 

(1) Cap. V. tít. V. lib. rv DecrH. 

(2J Cap. Vil , tit. V. lib. IV Decreí. 

(3) Id. ibid* 

(4) Cap. IX, tít. XIX , lib. I sexl. Decret. 

(5} ScHMALZGRUEBER : Jfus Ecclcs. uTíiv., íu lih, IV DecTet., tít. I, sec- 
ción 2.% p¿r. i.% núni. 251. 

(6) Caneil. Trid , sesión 24, cap. I De Reformat Matrim. 

(7) C. III , quffist. 2.», causa 27. 

(8) Sghmalzgiiuiber : Jiis Eccles. univ., ibid., núm. 261 y sig. 



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— 198 — 

de índole especial , y por esta razón se distingue de los demás 
contratos en lo siguiente : 

a) El contrato matrimonial esde^dterefiho-^JiaturaLj 
divino positivo , al cual van anejas ciertas condiciones que 
no están sujetas á ninguna potestad humana ; y los demás 
contratos proceden en todo, ó en gran parte, d el derecho e spe- ■ 

cial de cada pueblo 6 nación (1); así que el matrimonio según 
se hallaba establecido antes de la ley evangélica , fué coná- 
derado por los padres de la Iglesia como sacramento en un 
sentido lato (2), y los mismos gentiles y paganos lo miraron j 
como cosa religiosa en la que había algo de divino. \ 

b) El consentimiento matrimonial no pu ede suplirse por j 
ni ngun'poder humano , y enlos demás contratos l a autoridad 
pfflblica puede obligar á sus subditos ¿ ce^ ft]Jrft^ mftrt.n$^ con- 
tratos , s u pliendo su conse ntimiento, si no lo prestan , c omo 
decía Pío VI en sus letras de 11 de Julio del año 1789 (3). 

c) E l matrimonio se ri^e por la ley natural , divino-positi- » 
ya y eclesiástica, si n que penda en mane i'fl ftignna. Hf^.1 libra 
arbitrio d f>l pndpr c ivil cnmo los dem as con tratos . 

(y\ C Origen del contrato matrimonial.— El Señor lo insti- 
tuyo después de la creación deí hombre y antes del pecado en 
que incurrió, desobedeciendo el mandato divino (4). con el fin 
de que se propagase , educara la prole y se prestara mutua 
ayuda. Por esta razón concedió al varón y á la mujer las dotes 
naturales necesarias para la consecución de aquel fin (5). 

Esta simple relación del origen del matrimonio demuestra 
claramente el grave error en que incurrieron aquellos anti- 
guos herejes , que condenaban el matrimonio como obra del 
principio malo y del diablo (6). 

\ {i) Vecchiotti : Inst, Canon., lib. V, cap. XII, par. 75. 

(2) Cap. VIII, tít. XIX, líb. IV ürcret. 

(3) Vecchiotti : Insi. Canon., Uh. V, cap. XII, par. 75. 

(4) Génesis, cap. I, v. 27 y sig.— Cap. II , v. 48y sig.— Mattb. : ca- 
pítulo XIX. v. 4.° y sig. 

(5) Phillips : Comp. Jur. Eccles., lib. V, cap. II, par. 249. 

(6) Perkome : De Matrim., cap. I. 



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Sna propiedades. — Son : Ja^jinidad^é — indisolubi- 
lidad. 

Unidad.--'^\ Señor creó un hombre y una mujer , que se 
unieron en matriíñ^io con lazo indisoluble, como tipo de todos 
los^atrimonios que habrían de celebrarse en lo sucesivo (1); 
peroñlesde el pecado de nuestros primeros padres^l matrimo- 
nio degeneró de su primera dignidad, sirviendo, además de su 
propio destino, para templar y satisfacer la concupisc encia 
de la carne (2 ). 

Los pueblos , á medida que se iban separando de las tra- 
diciones primitivas , i ban desnaturalizando esta santa insti - 
tucion hasta que por fin llegaron á introducir la poli^mia en 
lugar de"Ta monogamia, se^un la institución del miamp 
Diosj;3). 

Poligamia, y sus especies.— Se entiende por poligamia 
lú, pluralidad de mujeres. 

La poligamia se divide en = 

Bigamia, que es : El matrimonio contraído sucesivamente 
por el hombre ó la mujer , con otra mujer ú homóre después 
de morir la primara. 

Poligamia, que es : El matrimonio simultáneo de un va- 
rón con dos ó mis mujeres. 

Poliviria ó poliandrifl. que es : El m^ttrimxynio simultáneo 
de una mujer con dos ó más, homíres. 

Licitud de la bigamia.— La bigamia no se opone al dere- 
cho natural, y siempre se ha consid^n^dp ( *oTno licita por todo s 
los puebloS;>^o jnénos qu e pnr Hp.jpfífiho divino dft la anti gua 
ley > y d^la ley e v angélica ( 4); así que la Iglesia condenó el 
error de los montañistas y novacianos, que consideraban las 



(i) Génesis, cap. 11, v. 24 y sig.— Mattii. , cap. XIX , v. 5 y sig. 

(2) Carta 4.* ad Corinth. , cap. VII, v. 2.— C. U, nota de Graciano, 
ftisest. 2.*^ causa 32. 

(3) Philups: Comp. Jur. Eccks. , íib. V, cap. II, par. 250. 

(4) Epist. ad Román, <i cap. VII, v. 3.*— Epísi. 1.* ad Corint., ca* 
pilylo VII, V. 39. 



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— 200 — 

segundas nupcias como ilícitas y malas por su natura- 
leza (1). 

Si la poligamia se opone á su primitiva institu* 
cion y al dereclio natural.— La poligamia , ó sea la si* 
multánea unión en matrimonio de un hombre con dos ó más 
mujeres , se opone á la institi n^inn jirím itiva del matrimonio , 
puesto que allí se verifica la unión de un varón con una hem- 
bra (2 ), lo c ual excluye la poligamia , porque, como dice Ino- 
cencio III en su contestación del año 1212 al obispo de Tibe- 
riades: Erunt dw> in carne una, non dixit tres vel plures, 
sed dm: nec dixit adharebit uxoriiics, sed uxori (3). 

Se opone también al derecho natural por lo menos en cuan- 
to á los principios remotos del mismo, porque Ifl pquidnd natu- 
ral exige qi^ft haya igualdad en todo contrat o. 

Dispensa de esta ley en la antigüedad.— Como la 
poligamia no se opone á los pi'imeros principios del derecho 
natural pudieron existir razones para dispensar en esta ma- 
teria, y por eso ^fíft nhsürva qufí p.i s^fínir ftispp.nsfS np ^esta je y 
con los antiguos patriarcas y el pueblo de Israel (4) po r gra- 
yes motivos. 

ProMbieion absoluta de la poligamia en üTtey 
evangéliea, — Jesucrista restableció el matrimonio en su 
primitiva dignidad, revocando toda dispensa en este punto (5), 
según las expresivas frases: Omnis, qui dimittU ua^orem 
suam, et alúeram ducU, mcechatur : et qui dimissam áviro 
ducU, moichatur (6).— Qui fecit hominem ab iniúto; masvfh 
lum et faminam fecit eos. . . propter hoc dimittet komopatrem 



(i) Inst. Júr. Canon, por R. de M., lib. XII, cap. II, núni. 5.^, párra- 
fo 3.', prop. 3.* 

(2) Génesis, cap. II, v. 24. 

(3) Cap. VIII . til XIX, lib. IV Decret. 

(4) Cap. VIII, lít. XIX, lib. IV Decret,-^C. VII, qu«st. 4.», causa 32. 

(5) InsLJar, Canon., porR. de M., lib. XII, cap. V, núm. 5, pá- 
rrafo 3.^, prop. 2.* 

(6) LüC.,cap.XVI,v. 48. 



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— 201 — 
et matrem, et adAareíit ufsorisiím, et ernntduoin carne 

La Iglesia ha sostenido constantemente esta doctrina (2), 
sm-g ngrhava declinado de ella en ningún caso. 

La poliandria se opone al dereclio natural y divi- 
no-positivo . — La poliviria está prohibida por derecho divi - 
TKLx nfíturnlj ro mo opuesta al fin primario (^el matrimonio^ 
que es la generación y educación de la prol^j 

Se cuestiona mucho entre los doctores, si podría llegar ¿ 
ser licita mediante dispensa divina , ó en otros términos, si 
Dios puede dispensar en ella (3). 

Indisolubilidad del matrimonio. — El vínculo conyu- 
gal es de tal índole , que sólo puede disolverse por la muerte 
con arreglo á su primitiva institución ( 4); pero esta institución 
degeneró de su origen hasta el punto de concederse la ruptu- 
m HpI vinp.nlñ ponyngal por (Mm lf ^nÍAr f^.ftiígn^ (P ) 

Entre los mismos israelitas estab n Tlflmitida la fiftlnhilirlníl 
de l matrimonio (6) mediante dispensa divina y atendida la 
dureza de corazón de aquel pueblo, á fin de evitar el uxori - 
ci dio. 

Jesucristo restableció el matrimonio en su primitiva pure-_ 
ga y ab r ogó el libelo de repudio J 7). 

Si el matrimonio entre infieles puede disolverse. 
— El matrimonio contraído entre infieles puede disolv erse en 
cuanto al vínculo, si el infiel no co nsiente vivir en paz^ ó sm 
ofensa dei unaaor, con el otro cónyuge, que se ha convertido 



(i) Matto. , cap. XIX , V. 3.« y sig. 

(2) Cap. VIII, tit. XIX, lib. \\ Decret.^Concil. Trid.. sesión 24. 
canon 1,^ 

(3) Scbmalzgrceber: Jus EccUís, univ., inHb,IV Deeret, tit. lY, 
par. I.% núm. 12 y sig. 

(4) Matti.: cap. XIX, v. 3 y sig. 

(5) Philups : Comp. Jur, Eccles, , lib. Y, cap. U, par. 250. 

(6) Deuteronom.^ cap. XXIV, v. 4.** y sig. 

(7) Matth.: cap. XIX, t. 3y sig. 



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— 202 — 

jt la fe (l } i S fí gun 1^ ^octrína común do lofi Santos -Pa dres (2). ^ 

^ las sanciones eclesiásticas (3). 
_ ai Ihq d fí . g rrtnju g fí fi f ift ^^nvi^^**^^ A Ifi f ^'J g,^ ], ^'^ trímonio 
es consumado no puede disolverse en cuanto al vinculo (4): 

^ p^ro^ fíl mM^^moTilo no «t^ ha cons umado, entonces "puede 
romperse el vínculo por la profesión religiosa y medi ante dis- 

'^ns adel Sumo Pont ífice . — 

Cuando el infiel se convierte ala fe, y está ligado en matri- 
monio con dos ó más mujeres, y ellas consienten vivir en paz 
con él sin injuria del Criador, ó se convierten á la fe, e ntonc es 
(lupdnrájjgndo i^nicnmontc con la priinfíra dp nqii<?1lH^5). 

" €asos en que el matrimonio rato puede disolver- 
se. — El matrimonio celebrado entre fieles se disuelve (6 ) por 
la solemne' profesión religiosa, si no se ha consumado ( 7). 

También puede disolverse por dispensa pontificia, me- 
diante causa justa (8), que ha de ser realmente grave como= 
a) Nota ble dftsigiialdad de estado y condición entre los^ 
cónyuges. 

'^ d) Grav^^ fíyiPTm'gfarípg , HÍQr*()^fi¡ft ^ y cscáudalos entre los 
cón yUS^ y sus con^ft ng"^'"^^^*' 
*"*?]) La impotencia superven iente ftl matrimom 'fLrat/i. 

d) La lepra ú otra enfermedad contraída de smifíg ^e cele^ 
brado el matrimonio, que impide su uso , et c. (9). 

(1) Epist. 1.* ad Corinth,, cap. VIT, v. i3 y sig. 

(2) Perroive : Pralect. Theolog., de Malrim,, cap. II, prop. 2 ** 

(3) Cap. vil, tít XIX, lib.IV Decrcí— Benedicto XIV: De Synodo 
dicec, lib. VI, cap. IV, núm. 3. 

(4) ScBMALZGRUEBER : Jus Eccks. ufíiv., ff» Itb. IV Decr^., tít. XIX, 
par. 4.*, núm i9. 

(5) Cap. VIII, lít. XIX, lib IV i)cr;rel.— Benedicto XIV: De Synodo 
dieecesana , lib. XI(If cap. XXI, núm. 2 y sig. 

(6) S<uiiialzgrueber: Jus Eccles, univ.,, in lib, lIIDecret , tit. XXXll, 
par. i.^ 

(7) ConciL Trid,, sesión 2i, canon 6. 

(8) Perrone : De Matrimonio chHsíiano, lib. III, sec. altera, cap. VI. 

(9) Schmaizgrdeber : Jus Eccles. Univ., in lib. IV Decret., lít. XIX, 
par. i.*, núm. 53 y sig. 



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— 203 — 

El xoatrimonio consumado no puede disolverse 
en ningún caso.— El matrimoT iio p.nnf;innft.Ho r^ \r\ ^iso\{ih\e 
por derec ho natural . puesto que así lo exige su fin primario , 
que es la procreaci ón y educación de la prole. 
' Ül deréóhü divino sanciona esto mismo respecto al matri- 
monio consumado entre los cristianos , según aquellas pala- 
bras: Quicumjwe dimisserit uxorem suam, nisi ob fornica- 
tionem, etaliam duxeriú, mcec/iaCur; eú qui dimissam dtixe- 
rit, mechatuT (1). — lis autem, qui matrimonio juncti sunú, 
pracipio 7ion egosed Dominus^ uxorem d i>iro non disceder e: 
quod si discesseriú, manere innupúam auú viro suo reconci- 
liari : et vir uxorem non dimittat (2), 

El Concilio de Trento , fundado en las Sagradas Escrituras 
y en la constante tradición de la Iglesia , sancionó esta verdad 
dogmática (3). 

Por áltimo, Pió IX condenó la proposición 67 del Syllabus, 
qviB'^Áñ^^Jv/re naturas matrim/>nii vinculum non est indisó- 
luóile^et in variis casibus divortium proprie dictum auctori- 
-iate civili sanciri potest. 

CAPÍTULO XV. 

SACRAMENTO DEL MATRIMONIO» 

Sacramento del matrimonio, y su existencia en la 
Iglesia.— Se entiende por sacramento del Matrimonio : Vi- 
tí ac muUeris maritalis cont'unctio ínter personas legitimas 
iíidimduam vitce consuetudinem retinens, et á Christo ad 
dignitatem sacramenti elevata. 

También puede definirse : Un sacramento de la nueva ley^ 
por el cual se significa la unión de Cristo con la Iglesia , y^e 

(4) Matth. :cap. XII,v.9. 

(2) Epist. í: ad Corint, cap. Vil , v. 40 y 11. 

p) Sesión 24 , cánones 5 y 7 . 



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— 204 — 

conñere la gracia para santificar la legitima unión del varón 
y de la mujer, unir mis estrechamente los ánimos de los cón- 
yuges , y para criar y educar la prole pía y santamente en la 
fe cristiana. 

Todos los escritores están contestes en que el matrimonio 
en la antigua ley fué únicamente ur contrato nati^ij^ l, y no 
sacramento, sino en un sentido lato é impropio , en cuanto 
que figuraba de algún modo la unión de Dios con el hombre 
por la gracia , y la de Cristo con la Iglesia (1). -^ 

Los protestantes consideran al matriiQonio cristiano como 
un mero contrato d e institución 4iyi^^ y a)[ cual acom paña 
cierta_s a¿tlda(l^ ^er oniegan que fuera elevado porJesucnsto" 
Jula 4ignidad de sacramento , y por esto el Concilio deJCrento 
condenó aquel error con las siguientes palabras: Si quis di- 
xerit, matrimonium non esse veré • et proprie unum ex septem 
legis evangélica sacramentisá GhristoDomii^mimtitiétum, 
sed ai hominíóus in JScclesia inventum, ñeque gratiam-con-- 

ferT0.,.anathtma sit{2). 

Jí/yj^^ El matrimonio fué instituido por Dios en el paraisoeo p^: 

^ m) (rnT^f.ff^t .i nn t nrfll , y Jesucristo lo elevó á sacramento, da n- 

^ ./f-o-xn/^i' ^^ ^^ virtud de santificar á los contrayentes bien dispuestos, 

según se insinúa por el apóstol S. Pablo en aquellas palabras: 

"TXi^-^ A/PiP yi^i^ díligite uxores vestras , sicut et Christus dilexit Bcele- 

/Y siam,etse ipsum tradidit pro ea.... sacramentumAoc mag- 
fViH>^ ^^^ ^^^ » ^9^ «i^fcw dico in Ghristo et inEcclesia (3). 

El Apóstol presenta aquí al matrimonio como sacramento 
ó signo y representación de la unión de Cristo con la Iglesia, 
señalando los oficios de los cónyuges en virtud de esta unión» 
y principalmente el amor sobrenatural^ para lo cual es nece- 
saria la gracia permanente , cual proviene del sacramento; 
porquee í vínculo matrimonial es perpetu o^, y los cónyuges 

están obligados á la cohabitación constante que impone gra- 

_ -__^ — »- 

{\) Cap. VIII. tít. XIX, lib. IV í)«creí.— Cap. V, tít. XXI. Ub. I Decrtí. 

(2) Sesión 24, canon i. 

(3) EpisU ad Ephes.j cap. V. v. 2S y 32. 



fKii^^ 




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— 205 — 

vlsimas cargas , para cuyo cumplimiento se necesita la gracia 
permanente y propia del sacramento (1). 

El Concilio de Trento (2), el Catecismo Romano (3), y los 
teólogos más insignes han entendido así el texto del Apóstol, 
que se deja citado; pero en todo caso, la tradición, el con- 
sentimiento y práctica constante y perpetúa de la Iglesia en- 
señan de consuno sin género de duda lo que las sagradas Es- 
crituras insinúan (4), bastando á mi objeto citar ¿ S an Agi^ s- 
tln, que dice áeste propósito: In Ecclesia, nupúiarum non 
solum vinculum , sed etiam sacramentum, commendatur (5). 

Esta misma doctñna es la que enseñaron todos los santos 
padre s^ todos los papas, los concilios , los eucologios de Jos^ 
griegos y j^itua les latinos (6). 

En este contrato se hallan , por otra parte, todas las con- 
diciones que se requieren para verdadero sacramento, como 
son —signo sensibl e , colativo de gracia — i nstitución d ivina — 
y q ^ ue sea perp etuo y constante en la Iglesia? 

Por esta razón el papa Fio IX condenó la proposición 65 del 
Syllabus , que dice: Nulla ratione ferri potest Ohristum 
ef>exisse matrimonium ad dignitatem sacramenfi. 

Cuándo fué instituido.— Creen algunos que Jesucristo 
instituyó este sacramento cuando¿sistiá¿JasJ]iQdasjieJuaná 
en Galilea ( 7). 

Otros sostienen que Jesucrist o aprobó el matrimo nia **"^ 
su asistencia al celebrado en dicho pun to : pero la institución 
del sacramento tuvo lugar, á su juicio, cuando abrosfó el an» 



{\) ScmiALZGRCEBER : Jus Ecclcs. univ.y in lib, IV Decret., tít. I, sec- 
ción 2.*, par. 2.% núm. 284. 

(2) Sesión 24 , De Saerament. Matrim. 

(3) Part. 2.% cap. VIII. núm. íñ. 

(4) Perronb: PreUct. Theolog. de Matrim. , cap.'.I. 

(5) Schmal^rueber: Jus Eccles. univ., in lib. IVJiecret, tit. I , sec- 
ción 2.*, párrafo 2.*, núm. 284. 

(6) Drouven : De Re Sacramento, lib. X, qusest. !.• 

(7) JoAifif.:cap. II. 



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'H 



— 206 — 



rrM^í?»?rfínrfSfn 



tiguo libelo de repudio, y restituy endo el mat rimon io á su 
primittEfl LfístadOf sanci onó sulí 



Según otros, la institución de este sacramento se verificó 
des pués á^f la resurre^í^ion , y durante a qnftllns r^nafATitp ^jflc; 
que pasó en la tie rra , dejándose ver de sus discipulos y ense- 
ñSñdoles muchas cosas de las relativas al estado de la Iglesia 
que acababa de fundar (2). 

Sus especies.— El matrimonio , en su concepto de contra- 
to y de sacramento, se divide en = 

Legitimo, que es e l celebra do entre personas legítimas s in 
q ue sea sacr amento , cual fué el mat rimn^]9'^.ntp.<; H^ f^^ 
IftyftVflingglica , y e\ gnp. rp. i^.nntraft hoy ftntrp. Ins jnrlíof; y g^n- 
Tgesii^ 

XaCOf que es el celebrado según las ley es divinas y ecle- 
siásticas por los fíeles ó bautizados, sin que entre ellos haya 
mediado cópula. 

Consumado, que es el que se ha perfeccionado ó comple- 
tado, me diantfí j& ópul a carnul entrñ lfí ?i 5* /ónyuges (4). 

Verdadero, que es el celebrado válidamente y como tal 
pu ede probarse {^ ). " 

^'^ Presunto, se llamaba así en otro tiempo por la presunción 
de derecho, c omo si después del consentimiento de futuro , el 
varón se uniese con la mujer (6); per o este matrim onio es nulo 
según el derecho establecido por el Concilio de Trente (7) . 

. Putatipoj^ que se llama así por ser nulo, mediante un 
impediment o ocu lto ; pe ro es válido en especie, porque ambos 

{i) MATin.: cap. XIX, v. 7y sig. 

(2) Ací. Apoííoíor,, cap. I. 

(3) C. XIV y síg.. qu»st. í .», causa 28.— Cap. VII. tít. XIX. líb. IV, 
Decret. 

(4) ScHMALZGRUEBER : /(!« Ecclcs. xifiív,, xu lih, JV Decreí., tít. 1, 
sed. 2.* par. i.% núm. 227. 

(5) ScuMALZGRUEBER : Jus Ecclcs, tifift;., ibid., núm. 232. 

(6) Cap. XXX. tít. I , lib. IV /)ccre^— Cap. 111 y VI, til. V, lib. IV 
BecreL 

(7) Conci!. Trid. , sesión 24 , cap. 1 De Reformat, Matriman. 



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— 207 — 

contrayentes, ó uno de ellos , lo ignoraban , habiéndose cele- 
brado en la forma prescrita por la Iglesia : de aquljiíiejos^. 
hijos de este matrimonio son tenidos por legítimos ( 1). 

Canónico, que es ftL<*<?1fíhrft^^ ^^^ strrftjp^ifi A ins prgfff.rijv^ 
ciopes de la Iglesia (2) . 

Morgamtico (3) , que es e l celebrado con arreglo á l as 
prescripciones de la Iglesia, con dispensa de proclama s , por 
un noble viudo de mujer noble, de la que tuvo hijos, con una 
mujer plebeya ó de condición humilde, estipulándose que 
ella y los hijos que sean fruto de este matrimonio ,^no pu e- 
dan adquiri r derecho alguno, á excepción de lo necesano 
para el sustento . '^ 

L a mujer queda excluida de tener particip ación en la dig- 
nid gjdel marido, y los hliós quedan privados de todos losxi- ' 
tuCsThiOnores y bienes paternos (4) ; cuya condición se con- 
sidera licita por muchos canonistas (5). 

Esta especie ó clase de Tna.trimmn'n j^jjjjf^pft^ ^tgi^pns pun- 
tos de Alemania. 

De conciencia , que es el celebrado ante el párroco ú otro 
sacerdote delegado el efecto, y dos testigos. bi^jf> ifi f>fflfii^^>n ,■ 
de Qu e^no se publique. 

El matrimonio de conciencia no pu ede cele brarse sino me- 

, — — ^ — . ^ • ■ . . ■ ■ ^ ^ ^, 

dia nte causa justa y gravp. npmbftdft oor el obispo (6 ) , y bajo 
fi^as condiciones (7). 

PolHico, que es e l^eontraido con todas la solemnidades 
í^ft Rft rftqniftrpí^ (^.\^r\\ y p olíticamente para el matrimonio, 

(i) Cap. XI, tít. XVIL lib. IV DecreL 

(2) ScaHALZGRUEBER : Jus Eccles. univ., ibid., núm. 236. 

(3) Devoti : Ifist. Canon. , lib. II, tít. II. par. 407. 

(4) Benedicto XIV : De Synodo dimcesana, lib. XIII, cap. XXÜI, nú- 
mero 12. 

(5) ScHMALZGRüEBBR : Jus Eccks, uniü., inlib. IV Decrel., tít. I, 
«ect. 2.*, par. í.\ núm. 238. 

(6) Devoti : InsL Canon., lib. II . tít. II, par. 407. 

(7) Benedicto XIV : Ck>nst. Satis vobis de 4741.— De Synodo dUBCes., 
lib. XIU, cap. XXIII, núm. 42 y sig. 



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— 208 — 
llamánd nsft í»nTi(Mi>n'Ti|i. Ala mujer que h a celebrado sn rf]f\i¡\^ 

faODJ O sin ftstfls spIftmníHfl^Pg (1), 

^servaciones sobre el matrimonio político ó 

civil,— Sobre este punto ha de tenerse presente : 

I. En el matrimonio hay que distinguir— lo que es intrín- 
seco al mismo, ó que afecta á su misma naturaleza, á la sus- 
tancia y vinculo del mismo,— lo que es extrínseco al matri- 
monio , ó que le acompaña ó sigue. 

El poder civil no puede cosa alguna en cuanto á lo prime- 
ro, ó sea en cuanto al contrato matrimonial de lo^ crístinn o s p 
que no se distingue del sacramento. 

La autoridad política tiene potestad sobre aquello que es 
extrínseco y accesorio al matrimonio, como lo relativo á la 
dote y herencias, oficios y cargos públicos ó privados, ilegiti- 
midad de la prole en el fuero civil y otras cosas accidentales al 
vinculo matrimonial, porque el matrimonio, en cuanto que se 
ordena al bien político, está bajo el precepto de la ley civil (2). 

II. Que el matrimonio civil , tal como se ha establecido en 
nuestros tiempos , se funda en la separación de lo que por su 
naturaleza es inseparable , ó sea en la distinción entre el con- 
trato' y el sacramento, siendtt-eirtsi» sentido un torpe concu- 
binato penado por la Iglesia (3), que se opone á la indisolubi- 
lidad y unidad del matrimonio cristiano (4), conduce á la co- 
rrupción de costumbres y tiende por su naturaleza á la ruina 
de la familia y de la sociedad (5). 

III. Que este matrimonio civil es el celebrado ante las au- 
toridades seglares sin la presencia del párroco en los puntos 
donde se ha publicado el Concilio Tridentino... 

De modo que no se comprende bajo el nombre de matrimo-» 

(4) C. IV y V, disünct. 34. ^ '"T^ 

(2) Perrone: De Matrimonio christiano, lib II, sect. alter. , cap. lít 
articulo I. 

(3) Concil. Trid., sesión 24, cap. I De BefortnaL 

(4} Perrone: De Matrimonio ehrisliano, lib. I, sect. alt^cap. I^ 
art. 2 y 3. 

(5) PBRROifE : De Matrimonio christiano, ibid.. art. IV y V. 



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I 



— 209 — 

nio civil el celebrado aute la autoridad civil , ó en otra for- 
ma, entre infieles ó entre fieles en los puntos que no se ha pu- 
blicado el decreto Tridentino (1). 

Materia 7 forma de este saoramento.— Los teólogos 
y canonistas disienten mucho sobre este punto, que es conse- 
cuencia de la opinión ó doctrina seguida respecto al ministro 
del matrimonio-sacramento. 

Los que consideran al sacerdote ó párroco como ministro 
de este sacramento, dicen que la materia de él es el matri- 
monio mismo, en cuanto que es contrato civil y legítimo. 
porque la materia de un sacramento es aquello que mediante 
la forma se hace sacramento. 

La forma, según los mismos teólogos y canonistas, con- 
siste en las palabras : Ego vos in p ¡/r^^íMi/in4.um Mti^f^i^^f^^ ¿^ ^ 
nomine Patris, et Filii, et fSfpiriúus Sancti , ú otras semejan- 
tes según la costumbre de las respectivas iglesias, pronuncia- 
das por el párroco ó sacerdote (2). 

Otros teólogos y canonistas, para quienes los mismos con- 
trayentes son el ministro de este sacramento , dicen que la 
materia remota del mismo son los cuerpos de los contrayentes^ 

La materia próxima , la^unjoy de los mismq§. 

La forma, el mutuo consentimiento, e xpresado con pala- 
bras ú otro signo externo por ellos mismos (3). . * / 
Opinión de Melchor Cano y otros sobre el minis- ^\^ \/^-t t^ 
tro del sacramento del matrimonio.— Todos los teólo- ^ y 
gos y canonistas sostenían antes del siglo XVI , que, el mi- ^ P^ -^ ^ 
nistro de este sacramento eran los mismos contrayentes; . ^fyyf ¿^ /a 
pero Melchor Cano, célebre teólogo español , fué el primero, Jf 
que con M objetolie impugnar á los protestantes , ssstuyo 



aue el pjSrmftn h gftf^fifd^^-^*^*^ el ministro del sacramento del 



matrimonio ( 4) y desde entonces se ha sostenido esta opmion 
por muchos teólogos y canonistas. 

(1) Pbrronb: De Malrim. christíano, lib. I, sect. alt., cap. I, art. i.* 

(2) Drouten : Z>« Re SacrametU., lib. X, qusest. 3.* 

^ (3) Perroke : Pralect. Theolog,, De Matrim., cap. I. 
(4) De locis Theolog., lib. VIH, cap. V. 

TOMO ni. 14 



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— 210 — 

Las razones en que se fundan pueden resumirse en las si- 
guientes: 

a) Citan en apoyo de su opinión las palabras bíblicas : Sic 
nos existimet Jiono ut ministros Christi, et dispensatores 
mj/steriorum Dei (1), j dicen que en las palabras mysterio- 
rum Dei se designa sin duda alguna los sacramentos de la 
ley evangélica , que han de ser administrados según el Após- 
tol por los sacerdotes (2). 

b) Dicen que Guillermo, obispo de París, y P e dro Paluda - 
no , teólogo del siglo XIV ( 3), enseñaron que el ministro de 
este sacramento es el sacerdote, y Melchor Cano apoya su opi- 

" ^ion en mucno¿ otros teólogos, doctores, Pontífices ycon dl- 

^os (4). Jlegando . muchos dñ l os defensores de esta opin ión, 

á sostener que se halla apoyada en el consentimiento de las 

igles ias de todos los tiempos y edades , en los decretos dé la 

Tglesia v dop^trina de los Santos Padres f5V 

c) Señalan aquellos textos de los Santos Padres, en los 
que se consigna q ue la bendición sacerdotal santifica las nup-_ 
cias (6). 

¿r Dicen que el Concilio Tridentino apoya su doctrina, 
cuanjjo manda que el sa c erdote dig a al celeb rarse el matri- 
j^"ÍOr' ,^i7(>^^-^ ^^ maúrimoniu m /iñn^'un/fn ^ de igual suerte 
que dice al administrar el bautismo : JSffo te baptizo y J^ffo te 
aisol^o en el sacramento de la penitencia (7). 

e) DicenjQi e el ministro de los demás sacramentos es e^ 
sacerdote . y no hay r azón alguna para. ftYf»P.ptnftr p1 mafri^ 

(4) Epíst. 1 .* ad CoHnU , cap. IV . v. 4 / 

(2) Perroin'e: DeMalrimon. chrislia fio ,lih. I, sect. 4.*, cap. IH, 
arl. 4.*> 

(3) Benedicto XIV ; De Synodo dicecesana , lib. VIII , cap. XIII, nú- 
meros 4 y 2. 

(4) De locistheolog,, líb. VIII, cap. V. 

(5) DROüVEif : De ReSacramenU^ lib. X, quaest. 2.*, par. 4.® 

(6) P^RRONE : De Maírmon. chrislian,^ lib. I , «ect. 4.^ cap« III, ar« 
lículo 2.^ 

(7) Perrone : PralecL Theúlog., De Afa/nm., cap. I. 



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— 211 — 

m onio de lo que se observa en los otros sacr amentos, cuand o^ 
P^r fítr^ pQT*«-Q , mnpling dViA^nc njBmft p al sftfíf^f dote ministro 
del sacramento del matrimonio (!)• 
f) j ¿ombaten la d octrina contraria ; alegando la variedad 

d e opiniones en sus defensores acerca de la mataría y form». 

,^-- " ■■-■■. ■/ ...■ ■ .^ 

d e este sacramento ( 2). 

Ministro de este sacramento según otros .—La ge- 
neralidad de los teólogos y canonistas sostienen que el minis- 
tro de este sacramento son los contrayentes , y se fundan en 
las razones siguientes : 

I. El Concilio de Florencia dice : Septimum esú sacramen- 
ticm matrimonii... Causa efficiens matrimonü, regulariter 
loquendo , est mutuus eojisensus per vería de prmsenti ex- 
pressiis. 

Be modo que según las citadas palabras, los contrayen. 
tes son únicamente los ministros de este sacramento , puesto 
que ellos lo hacen por su mutuo consentimiento (3). ' 

II. El Concilio de Trento enseña , que el matrimonio insti- ¿M^ 0^ 
tui doen el paraíso como contrato meramente natura T^ cu- /y 

yo co ncepto continuó entre los israelitas , fué dignificado por 
Je sucristo, porque lo suministró (4) su graci a, elevándolo á la 
dignidad de sacramento (5), 

De manera que Jesucristo ho alteró el contrato matrimo- 
nial: se limitó á elevarloájacramifia^ y como el contrato 
natural se lleva a electo por el mutilo consentimiento de los 
contrayentes , es evidente que éstos son el ministro por me- 
d io del consentim i ento mutuo y legítimo. 

III. El mismo Concilio Tridentino dice: Clandestina maúri- 
monia, libero contrahentium consensu facúa, rata et vera 



{i) Perrone : Pralecí, Theolog. , De Matrim., cap. L 

(2) Melchor Cajio: De loéis Thealog., lib. VIII , cap. V. 

(3) Perrone : DeMatrim. christian,, lib. I, sect. 4.*, cap. V, art. 3.° 

(4) Concil. Trid. , sedion 24, De Sacra^rmto Matrímon, 

(5) Perroiíe: De Mottimoíw chrislian. , lib. I , sect. 1.*, cap. V, ar- 
tículo3.° í , 



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— 212 — 

esse matriimnia, quandiu Ecclesia ea irrita non fecit (V). 
Estas palabras del Concilio demuestran claramente que los 
contrayentes son el ministro del sacramento , porque Inocen- 
cio III (2) y el uso conlun en la época que se celebró el Conci- 
lio de Trento, entendía por matrimonio rato y verdadero el 
que era sacramento (3). 

IV. El matrimonio celebrado ante dos ó tres testigos y el 
párroco es válido y verdadero sacramento, aun cuando el pá- 
rroco se oponga (4), y por est o la Iglesiarilo exige que se le s 
Sé después la bendición .n i los admite á ella , aunque arre- 
pentidos de su pecado se hallen dispuestos á recibirla (5). 

V . También es indudable que el matrimonio celebrado ante 
el párroco no sacerdote, ó ante el vicario general ó cardena- 
les no sacerdotes , es verdadero sacramento (6). 

VI. Consultada la Sagrada Congregación del Concilio, en 27 
de Marzo de 1632 , acerca de la manera de celebrarse válida- 
mente el matrimonio en los puntos donde se halla publicado el 
Concilio de Trento, y la iglesia parroquial carece de párroca 
y la catedral de obispo y cabildo , que le suceda en el gobier- 
no durante la vacante , c ontestó que^ considejaBLhfl vá lirio el 
matrimonio sin la presencia del párroco, siempre que asistie - 
sen al menos dos testigos ( 7). 

VIL Citan en apoyo de su opinión los matrimonios celebra- 
dos en países heréticos é infieles sin asistencia de iUiCeinloier^ 
^u e , sin auaa alguna , son^verdaderos y ratos , ó sacramen- 
^toTí^l^ "^ ' 

(1) Sesión 24, cap. I , DeReformat, Matrimon. 

(2) Cap. VII, lít. XIX, lib. IV Decret. 

(3) Perrone: De Malrim. chrislian,, lib. I. sect. 4.*, cap. V, árt. 3.* 

(4) Benedicto XIV : De Synodo diescesana . lib. VIII , cap. XIII, núme- 
ro 8.<> 

(5) Vemíove: De Malrim. chriHiano,, lih. I, sect. í.\ch^, V, ar- 
tículos.® 

(6) PERROifE : De Maírim^ christia$io., id., ibíd. 

(7) Vecchiotti : hiií. Canon., lib. V , cap. XW , par. 76. 

(8) PERONÉ : Prelecl. Theolog., De Malrim.. cap. I. 



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— 213 — 

VIII. Hallan una prueba decisiva en favor de su opin ión en 
la c oncesión de los sumos pontífices respecto á ciertos países, 
para que puedan celebrarse matrimonio s entre católicos y he- 
Tejes^ bajo las condiciones por ellos prescritas , ordenando que 
si no se observasen , entonces el párroco prescinda de todo 
aparato religioso, niegue á los esposos la bendición» y su pre- 
sencia se limite á una asistencia meramente pasiva. Los ma- 
trimonios celebrados de este modo , aunque ilícitos , han sido 
considerados por la Iglesia como válidos y verdaderos sacra- 
mentos (1). 

IX- L ft nronosicion 66 del S^ llaAuís dice . que el sacramen^ 
to del matrimonio se halla solamente en la bendición nupcia l. / ¿f^ ^ ^ 

X. Se hacen cargo de lo alegado por la opinión contraria, 
y dicen que Melchor Cano fué el primero en sostener que el 
párroco ó sacerdote es el ministro de este sacramento, porque 
G uillermo , obispo de Par ís , se limita á recome ndar la bendi- 
c ion nupcial , y Pedro Paludaiu ) enseña lo con trario (2) 71o 
mismo que otros doctores anteriores á MeichorTJano , citados 
4e contra , sin que haya solidez en ninguno de sus razona- 
mientos apoyados en la autoridad ó en la razón (3). 

El contrato y sacramento en el matrimonio cris- 
tiano son inseparables por disposición divina.— Es 
indudable que el contrato matrimonial puede concebirse en 
nuestra mente como cosa distinta del sacramento , y que 
nuestra razón puede considerar en abstracto como indepen- 
dientes los dos conceptos de sacramento y contrato (4), pero 
se trata aquí de la cuestión concreta , ó sea de si el matrimo^ 
nio considerado como contrato, que es de institución divi- 
na , puede de hecho separarse del sac ramento en trgj os cri s- 
tianos (5j. " 

(4) Perrone: he Malrim, chrisíiam,, lib. I, sed, 4.*, cap. V, ar- 
tículo 3.» 

(2) Perronk : De Malrim, chrisHano, lib. I, sect. i.% cap. II, art 4.° 

(3) Perrone : De Malrim. cfiristiano , lib. I . sect. i .*, cap . IV. 

(4) Peerohb: DeMatrim. ehristiatto.Uh. I, soct. 4.*, cap. VI, art. 4. 

(5) PuiLLiPS : Comp. Jur. Eccles., üb. V, cap. 11 . par. 254 y 253. 



^y-^^ 



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— 214 — 

Para resolver este punto es necesario fijarse en la institu- 
ción misma del sacramento por Jesucristo, fundador de la 
Iglesia. 

El matrimonio instituido por Dios en el paraiso (1), fué ele- 
vado por Jesucristo á sacramento de la nueva ley según apa- 
rece de los textos bíblicos ya citados (2), siendo por conse- 
cuencia una misma la razón del contrato y del sacramento, ' 
^§ínque pueda ocurrir enlreTos cristtaños'que se verifique él 
contrato matrimonial y nó el sacramento (3). 

Esta inseparabilidad del contrato y del sacramento se 
funda además en las razones siguientes (4). 

a) El Concilio de Florencia y el Concilio Trento dicen 
expresamente en los textos ya citados que el- matrimoni o de 
^os fieles es verda d ero y propio sacram ento , y ensenan ^o 
en términos absolutos sin di stinción ni excepción alguna; lo 
cual es una prueba c oncjuy ente de que compr enden todos los"^ 
matr imonios celebrados válidamente por los cristianos._ ^ 

'b) Los_fíelesjl co ntraer matrimonio , deben cel ebrarlo se- 
gún la institución de Jesucristo , y no segun_la_costumbre de 
HgsigentilefH es así que todo matrimonio legítimo en razón de 
contrato, es s acramento entre los fieles segú n la voluntad de_ 
Jesucristo; luego los que contraen matrimonio, que sea legíti- 
mo entre fieles por razón del contrato, quieren también hacer 
sacramento. 

c) El que quiere una de dos cosas conexas entre sí insepa- 
rablemente, ha de querer precisamente la otra conexa: es así 
que e l concepto _5acramento__entr,e fieles es inseparable dri^ 
concepto matrimonio por in stitucionde Jesucristo^ ego_¿Jft^ 

(i) ScHMALZGRüEBER : Jvis EccIbs. utiiv. , in Hb. rv Decret., tít. I, 
sect. 2.*, par. 2.^ núm. 287. 

(2) S. Matth. , cap. XIX , v. 4 y sig.— ^'pí^. ad Ephes., cap. V, 
V. 28ysig. 

(3) Pkrrone; De Matrimonio chti8tiano,lib. I, sect. i.', cap. VI» 
art. 4.* . 

(4) ScuMALzcRUEBER : Jus EccUs. uñiv. , ífi Ub. IVDeereí.y tít. I, sec- 
ción 2.% par. 2.^ núm. 302. 



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— 215 — 

intención legítima de hacer matrimo nio como contrato , re- 

d) Si los fieles pudiesen contraer válidamente matrimonio 
sin hacer sacramento , podrían lip '.jtp mpntft g^p^rfíf y excl uir 
la razón de sacramento del contrato matripionial; puesto que 
no se citará ley alguna divinaó humana que los obligue á uno 
y otro acto á la vez , si realmente pueden separarse. 

ej Si el sacrame nto pudiera separarse del contrato matri- 
m onial, la Iglesia no hubiera podido d^pír ^n tárminos ab so- 
l utos que los matrimonios clandestinos eran Ter(^aderos v 
ralos, ó s ea sacramentos; porg iip. p.ra dfí p res umir lo contra - 
fio, atendida su conducta de cel^brarlns ocultamente y de un 
moHomSJJo^ 
(l^Priineros impugnadores de esta verdad.— La doc- 
' trina que se deja consignada respecto á la inseparabilidad 
del contrato y sacramento entre los cristianos se siguió cons- 
tantemente en la Iglesia , hasta que después de los protestan- 
tes (1), para quienes el matrimonio no es sacramento, el após- 
tata Marco Antonio de Bommis se permitió, á principios del 
siglo XVII, hablar del contrato matrimonial y del sacramento 
como cosas distintas y separables , á fin de abrirse camino 
para sostener que los príncipes seculares tienen potestad y 
derecho para establecer impedimentos dirimentes del ma- 
trimonio y legislar en las causas matrimoniales, porque 
sentando como principio que el matrimonio es un contrato 
meramente humano, es claro que pende de la jurisdicción 
civil , aun en la hipótesis , de que sea sacramento, toda vez 
que, según dicho escritor, esta condición sobrenatural sobre- 
viene al matrimonio pleno y perfectamente constituido como 
contrato civil (2). 

Esta misma distinción entre el contrato y sacramento fué 
defendida en 1672 por Juan Launoy , doctor parisiense , y aun- 

(i) ScHMALZGRUEBER : Ju8 Eccles, uhív., iti lib, IV Decret., tít I, sec- 
ción 4.*, cap. VI, art. 4.® 

(2) P&11R0NE: De Matrimonio christiano, l\h. I, sect. 4.*, cap. VI, 
art. 4.^ 



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— 216 — 

que impugnada desde que se conoció , fué acogida desde fines 
del siglo XVIII como cosa corriente por una turba de teólo- 
gos y. íjanonistas áulicos ; asi es que Pió IX proscribió la obra 
de Juan Nepomuceno Nuyz , profesor de la Universidad de 
Turin , que defendía la misma doctrina (1). 

El mismo Papa, en su alocucbn de 27 de Setiembre de 1852, 
dice: ínter Jideles matrimonium dari non posse ^ quin uno 
eodemque tempereMt' sücramentum (2), y esta misma doctrina 
reproduce en sus letras de 19 de Setiembre de 1853 y en la 
alocución de 29 de Octubre de 1866 (3). 

Por último el mismo sumo Pontífice condenó la proposi- 
ción 66 del iSyllabus , que dice : Matrimonii sacramentum 
7u>n est nisi quid contractui accesorium ab eojue separabile. 
ipsumque sacramentum in una tantum nuptiali ienedictionf 
situm est. 

Efectos del matrimonio.— Los efectos que resultan del 
matrimonio proceden d e la naturaleza misma del contrato 
matrimonial , del sacra mento ó del derecho human o : unos 
son comunes á los dos cónyuges, y otros son especiales del 
marido ó de la mujer. 

Efectos comunes á los cónyuges. — Estos pueden re- 
sumirse en lo siguiente : 

Orada sacramental (4), ó sea el auxilio ó don sobrenatu- 
rftljjpTft^ftj_g ftfinr p.nn ^^pde k rada unft dft los rf^nyurr^s parn qjig 
pueda sobre ll av ar m a s f áci hn e n tel a s carga s p ro pi a s del ma^ . 
trimon íg^ — , 

Vinculo conyuga? , en cuya virtud se obligan á una com-^ 

pftfl-íftJnRftp^rphlft , TTi¿g á m^nnc fiiP^fg* g^gUU qUft ^^ TTiftfpimf). 

nio es lep^itimQ —-rftto — ó c onsumado (5) 



(1) Perroke: De Matrimonio christiano, lib. I, sect. i.^, cap. VI, 
art. 1.'^ 

(2) Perrone : De Matrimonio christiano, ibid. 

(3) Vecchiotti : Inst. Canon., lib. V, cap. XII, par. 77. 

(4) ConciL Trident., sesión 24, canon 1.- 

(5) Schmalzgruebkr: Jm.v Eccles, uviv., in lib. IV Decret., título I, 
seco. 2.*» , par. 3.^ 



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_ 217 -^ 

Fe conyugal, por la cua l m^n Hft 1n<; r*/;nynprQc nn pnni^r», 

contraer nuevo matrimonio, viviftndo el otro, ni unirse car- 
Tiftimftntft rtnnntrajigrg^PTiA (1)r j ambos cónyupfes están en la^ 
obligación de cohabitar y mostrarse mutua amistad y amo r. 

El hien de la prole , que comprende — legitimida d de la 
prole , la cual se hace capaz d^ sucesión en los bienes pater- 
nos y maternos (2 ). — Su recta educación — alimentos. 

Muiua comunidcfifl de cosas y bienes, en cuanto al uso, 
pero no en cu ^ntrO 3^- la propiftHRd. 

lESéctos singulares á favor del marido. — Estos son 
principalmente los dos siguientes: 

Potestad ntarital . por la que la mujer está sujeta al ma- 
rido como cabeza ^en orden al ffn})ifirTin y ttHiim'm'gf.r».f*ion Ag-^ 
méstica, se gún la ley divina (3). 

Patria potestad, e n cuya virtud rige á sus hijos , dirige 
sus ac ciones en bien de la familia y aplica sus bienes (s ervata 
péculíorum distinctioné) en utilidad de ellos (4). 

Efectos especiales respecto á la mujer.— Son los si- 
guientes: 

a) Pa rticipa de la dignidad y nobleza del marido ( 5). 

b) Participa de muchos privilegios del marido, como el 
f uero , inmunidad, etc . CG). 

c) Adquiere el domici li o del marido y el derecho á los alí- ^ 
mentosj[7)- 



(1) Cap. XIX . tít. I , lib. IV Decrel. 

(2) Vecchiotti : Inst, Canon., lib. V , cap. XIV , par. 124. 

(3) Génesis, cap. III, v. 16. — Epist i.^ad Corinih., cap. XI, v. 3. 
—Episi. ad Ephes , cap. V, v. 22. 

(4) ScHMALZGRUEBER .' Jus Eccks. univ, iti Ub, rv Dcci'el., tít. I, sec- 
ción 2.*, par. 3.** , núm. 338. 

(5) Scbmalzcrüeber: Jus Eccles. univ,, in lib, TT Dccrcl., til. I, 
sección 1.*, par. 3.** níim. 347. 

(6) ScuMALzcRüEBER : Jus EccUs. utiiv. , ¡b¡d , núm. 349. 

(7) SCHMALZGRUEBER : Jus Eccles, tt/íi». , ib¡d, núm. 350 y síg. 



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— 218 — 
CAPÍTULO XVI. 

IMPEDIMENTOS DEL MATRIMONIO. 

Impedimentos del rntatrimonio, y sus especies.— 

La palabra impedimento significa en su grlgen : El obstáculo 
que impide á uno ir donde quiere^ 

Por esta causa se llama impedimenta en el ejército, á los 
equipajes, carros y vehículos que se oponen al movimiento y 
velocidad de los soldados en su marcha (1). 

Se entiende por impedimento del matrimonio, en general: 
El obstáculo moral ó inlmbilidad para la licita ó cálida cele- 
bracion del m^trim^onio. 

De la anterior definición resulta , que los impedimentos del 
matrimonio pueden ser: 

Impedientes, que son los obstáculos que se oponen á la 
just icia, honestidad y licitu d de las nupcias , pero no á su 
validez. 

Dirimentes , que^o n^los que se oponen á la válida cele- 
bración del matrimonio. 

De derecho divino ó natural, como l a demencia , impoten- 
cia ^^ error , l igámen , c onsanguinidad en línea recta jyjsnel^ 
prim er grado de la trasversal , etc . (2), 

De derecho humano, como la consanguinidad y afinida4» 
desde el secundo al cu arto-^ rado, cognación y afinidad es- 
piritual , ^paridad de c ulto, j rapto, etc. 

Absolutos , que es la inhabilidad para contraer matrimo - 
nio con cualesq uiera personas . 

Relativos, que es el ob stáculo ^ara^ asarse con det ermi- 
nadas persona s. 

(4) ScHMALZGftUEBER: Jttj EccUs, uuiv, , íw Ub. IV Decrel. , título I, 
8ect3.»,pár. i.^.núm. 354. 
(2) Phillips : Comp. Jar. Eccles , lib. V, cap. H , par. 260. 



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— 219 — 

Públicos y privados , según que pueden ser conocidos de 
algunos individuos 6 del páblico (1). 

Potestad de la Iglesia para establecerlos.— Como 
sobre esta materia se ha cuestionado mucho entre los docto- 
res (2) , y por otra parte se ha incurrido en graves errores por 
los waldenses , luteranos y calvinistas , Marco Antonio de Do- 
minis y Launoy , á quienes han seguido otros muchos , ha- 
biéndose dictado no pocas disposiciones por los poderes civi- 
les bajo la influencia de estas doctrinas, es preciso consig- 
nar con claridad todo lo relativo á este punto , sin entrar en 
un examen prolijo de la materia , puesto que corresponde á la 
Teología dogmática (3), bastando al canonista tener presente: 

a) Que la I glesia tiene potestad por derecho divino para 
declarar ó establecer las cosas , que pertenecen á la legítima 
administración del matrimonio cristiano , porque esunsacga- 
mento_mstitujdo por_Je^^ (4). 

6) Que esta potestad de la Ig lesia es su prema é indepen- 
diftntg^nrquft sejrata de una cosa n\?^*ftJ?^entg^spiritTiaT7y 
poresto la Igle sia entendió desde un princip iojen eímaibri- 
monio de los cristianos con entera independencia de los^^o^ 
d eres civiles (5L ._ ' ^ 

é) Que lapotestad de que se trata, es exclusiva de la Igle- 
sia en cuanto al vínculo del matrimonio cristiano , porque él 
contrato conyugal Jué elevado á sacramento p or Jesucris ■ 

d) Que l a potestad de la Iglesia para esta ,blecer impedi- 
mentosdírimentes del matrimonio fué definida por el Con^- 



(1) Phillips : Comp, Jur. Recles. , lib. V , cap. II, par. 260. 

(2) ScHMALZGRUEBER : Jus Ecclcs. tiüiv. (ti lib. IV Dccret, , tít. I, 
sect. 3.*, par. i.^, núm. 357y síg. 

(3) Perrone: PnslecL theolog., de MaMmonio , cap. TIL 

(4) Perrokb : De Matrimonio chrisliano, lib. 2.®, sect. 1.*, cap. I, 
articulo i.® 

(5) Peerone : De Malrimonio chrisiiano, ibid , art. 2.® 

(6) Perr05e : De Matrimonio christiano , ibid , art. 3.^ 



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— 220 — 

lio de Trento can4as palabras siguientes (1): jSí gruís diwerit 
JEcclesiam non potuisse constiúuere impedimenta m^úrimo- 
niumdirimentia, vel in iis constituendis errase ; anatJiema 
sit. De modo que es un dogma de fe , sin que obste al efecto 
nada de lo que en contrario afirma Launoy (2). 

Dereclios del poder civil en el matrimonio cris- 
tiano. — La doctrina que se deja consignada respecto á la po- 
testad de la Iglesia para determinar y señalar lo^ conveniente 
á la administración del sacramento del matrimonio, recibe 
mayor claridad al examinar los derechos de la potestad tem- 
poral en esta misma materia , y acerca de los cuales me li- 
mito á las indicaciones siguientes: 

I. Que elji atrimonjo en cuant o_sg ^ordena al bien político 

flftlft snp.ip.flaf^, st> T\ c r9^. pop las leyes civiles, según dice Santo 

Pomas , y cuya doctrina no se niega por ningún católico ; así 

'^que el jioder seglar puede legislar sobre todo lo que esextrín- 
seco al sacramento, ó sea al contrato natural elevado á^- 

"^amento, comoJ¿dote, sucesión hereditaria , admisión ó ex- 



chision de ciertos cargos públicos o privados , legitimidad^ 
ileg itimidad de la prole para los efectos civiles; porque todo 
esto puede tener, y de hecho tiene, su importancia en el Es- 
tado , ó sea en el buen gobierno de la sociedad temporal (3). 
II. Que c omo las leyes de la Igrlesia tienen por objeto el 
bien general de todos sus hijos, podrá suceder que alg unas 
nupcias pue dan ser perjudiciales en algunos países ó nacio - 
nes ; en ^uyo caso el poder civil podrá dictar disposicione s para 
impedir dichos matrimonio s ^ (> q.sti gar á los contrayente s , d e- 
"cretar Tailegitimidad d^ los matrimonios celebrados contra 
las prescripcione^ci viles , etc . 

' For esta razón ciertos matrimonios legítimos y aun lícitos 
in facie Ecclesice son considerados conioconcubJMtos^goMa^ 

(1) Concil. Tnd.y sesión 2i» De Sacram, Malrim. . canon 4." 

(2) Perrone: De Matrimonio chrisHano , iib. 11 , sect. 1.*, cap. 11, 
art. 4." y sig. 

(3) Perrone: De Matrimonio chrisUano , Iib. II, sect. alter. /ca- 
pítulo 1 , art. 4.° 



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- 221 — 

l ey civil , y son mirados como cónyuges legítimos ante la Yey 
civil algunos que la Igles ia rechaza como concubinarios (1). 

III. Q^}9 If^s r Wnr . lp^s íTnfiTTfinfffí Tif^npn l a p asión de secun- , 
dar la acción de la Iglesia . que como sociedad suprema tie , g g^^ 
derecho á que la sociedad inferior la preste su ap^yo para la 
consecución de su fin, que á la vez lo e^ mediataip^Ulg^e Ta 
misma sociedad civil. 

Por esta razón el poder civil debe arreglar sus leyes á 
las de la Iglesia en esta materia, procurando proceder de 
ac uerdo con ella para evitar los con flictos que pueden sur- 
gir de seguir otra línea de conducta aun en lo qué es eilrín- 
^y. seco al matrimonio ó vínculo conyugal (2). " "" • 

rC^ El poder civu no xiene ael^éCHír exclusivo á esta- 
blecer impedimentos del matrimonio en cuanto al 
vinculo. — Los príncipes cristianos no tienen derecho origi- 
nario y exclusivo de establecer impedimentos dirimentes del 
matrimonio cristiano; puesto que Jesucristo y los Apóstoles 
obraron en esta materia sin dependencia alguna del poder se- 
glar, viniendo en apoyo de esta doctrina la tradición, sin que 
tenga valor alguno lo que de contrario se dice respecto á las 
disposiciones dictadas por los emperadores y reyes sobre este 
punto , toda vez que tales leyes tenían por objeto la ejecución 
y defensa de los cánones. 

Si los poderes civiles dieron algunas leyes por autoridad 
propia respecto al vínculo del matrimonio , no tuvieron fuer- 
za alguna en el fuero de la conciencia, sino mediante la acep- 
tación de la Iglesia (3). 

LiOS principes no tienen derecho alguno en lo re- 
lativo al vinculo matrimonial. — Los príncipes cristia- 
nos no tienen potestad común con la Iglesia acerca de los im- 
pedimentos dirimentes del matrimonio en cuanto al vínculo, 

(i) PKRftONE : De Matrimonio chrisíiano , lib. 11 , sect. alt. , cap. I, 
art. i.« 

(2) Peraonb : De Matrimonio chrisiiano, id., art 2.** 

(3) Peirone : De Matrimonio chrisiiano . id., cap. II, art. 4.' 



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— 222 — 

ó sla en cuanto al contrato natural y divino , porque éste co- 
rresponde exclusivamente ¿ la Iglesia por voluntad del mismo 
Jesucristo (1). 

Tampoco los príncipes infieles tienen derecho á establecer 
impedimentos dirimentes del matrimonio entre infieles, por- 
que el matrimonio es de institución divina , y el vinculo del 
matrimonio, del cual nace la sociedad conyugal , es interno 
en un todo , de modo que la potestad humana no puede cosa 
alguna acerca de él ; así que los príncipes infieles podrán le- 
gislar en esta materia , y de hecho han dictado disposiciones 
sobre lo que es extrínseco al vínculo ó contrato natural en- 
tre los contrayentes (2). 

Proposiciones del Syllabus sobre esta materia.— 
En nuestros tiempos se han dictado por los poderes tempora- 
les no pocas disposiciones contrarias á la naturaleza del con- 
trato matrimonial , que es sacramento entre los cristianos. 
Se ha establecido en casi todos los países el matrimonio civil, 
y se ha procurado defender como doctrina corriente é indis- 
cutible , la separabilidad del contrato y del sacramento. 

Estos errores se resumen en varias proposiciones del 
Syllabus , que fueron condenadas por el sumo pontífice 
Pío IX , y son las siguientes : 

PROP. 68. Ecclesia non kabet potestatem impedimenta 
matrim^mum dirimentia inducendi ; sed ea potestas civili 
auctoritati competit, A qua impedimenta existentia tollenda 
sunt. 

69.^jEcclesia sequioribus sceculis dirimentia impedimenta 
inducere cmpit , non jure proprío , sed illo jure usa quod á 
ci/vili potestate mutuata erat. 

^O.— Tridentini cañones , qui anatkematis censuram illis 
inferunt , qui facultatem impedimenta dirimentia inducen* 
di Ecclesice negare audeant , vel non sunt dogmatici , vel de 
TuLC mutuata potestate intelligendi sunt. 

(i) Perrone: DeMalrím. christiano, lib. II, sect, alt„ cap. H, 
art. 2.*^ 
(2) Perrohe i De Maírim. cHHHiano , lib. II, sect. alt., eap¿ IIL 



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— 223 — 

Ih^-Tridentini forma sub injirmitatis poena non obligat, 
ubi lexcivilis aliam formam priBstitimt , et velit, hae nova 
forma interveniente , Tnatrimonium valere, 

73. — Vi co7itractus mere cívilis potest inter christianos 
constare veri nominis Tnatrimonium : falsumque est , aut 
contractummatrimonii inter christianos semperesse contrae- 
tum , aat nullum esse contractum si sacramentum exclu- 
datur. 

Impediinentos impedientes del matrimonio , y su 
examen. — El derecho antiguo señalaba doce impedimentos 
impedientes del matrimonio , pero en la actualidad se hallan 
reducidos á los siguientes : 

Ecclesioe vetitum , tempus , sponsalia votum 
Impediunt fierl , permitíunt facta teneri. 

Ecclesiídvetitum.^Es la prohibición de la Iglesia , hecha á 
los que tienen que casarse , para que no contrai g an matrimo - 
nio (1) hasta la solución de algunas dificultades. 

Ksta prohibición puede^ema nar de las sanciones eclesiásti - 
cas^ ó del legítimo superior eclesiástico, como el obispo 6 
párroco de los contrayentes (2). 

Tempus. — Es l a prohibición de celebrar solemnemente las 
nupcias desde el domingo primero de Adviento hasta la E pifa- 
nía inclusive.^ desde el dia de ceniza al domingo octava de 



jáPasp.na d Q Rftsn ri*ft^^^nn jjTrVhTgjvft (3) ; pero esto no obsta 

de l os contrayentes (41 . 4f 

Sponsalia, — ^Es la^ prohibición de c ontraer lícitamente 



(i) Cap.m. lít. Ill.lib. IV Decref.— Cap. ly Ilf. tít. XVI, lib, IV 
Deeret. 

(2) ScHMALZGRUEBKR : Jus Eccles. univ,y in lib. IV Decret., tft. XVI, 
par. I.® , núm. i.° y 8¡g. 

(3) Concil. Trid., sesión 24 , cap. X, De Reformai, Matrimon. 

(4) ScBMAi^RUEBER : Jus Eccles. univ, , in Ub. IV Deeret, iiL XVI, 
par. 2.^ 



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— 224 — 

matrimonio con otra persona que aquella con quien se han 
— CBleBrado esponsales (1); pero si,^l,ma trimonio se celebra con 
o trarTes válido ," á menos qufí si^^ ^onfíanguínoft nn prinarL 
grado de la otra (2\. 

Voúum. —Es la prohibición de contraer lícit amente matri- 
monio, si media voto simple de continencia . de recibir "SrgeH" 
^ sacro, de ína^resar en religión 6 de no casarse , etc. 

Los que habiendo hecho alguno de estos votos , contraen 

TnRtrinnnTiin^ falfnn A la fc Ha,^«. (^^ ; pero SU matrimon io (4) es 

válido ( 5). ' ^ ~ ~^ 

Iinpedimentos dirimentes , y su explicación.— Los 

impedimentos dirimentes del matrimonio son quince, y se 
hallan comprendidos en los versos siguientes : 

Ettot, conditio, votum, cognatio^ crimen, 
cultm disparitas , vis , ordo, ligamen, honestas, 
amens , afjinis, si clandestinus , et impos, 
si mulier sit rapta , loco nec reddita tuto. 
Hacfacienda vetant connubia-y facta retractante 

Sigrnificacion de la palabra error , y su definición. 

— ^La palabra error en su sentido estricto, se distingue de la 
ignorancia , porgue ¿sta es la c arencia ó falta de ciencia , y 
aquél es un juicio positivo que consiste en tomar una cosa 
porotra(6). 

El error én un sentido lato, y c omo aquí se toma, es lo 

(4) Cap. I. tít. IV, lib. IV Dccrcí.— Cap. XXTI y XXXI, tít. I, lib. IV, 
Decr^. 

(2) ScHMAL^RUEBER : Jus Ecclcs. univ. , ¿/I Ub. IV Decret, , tít. IV, pá- 
rrafo 2.® 

(3) Cap. VI. tít. VI. lib. IV Decret,— Q. IX, qu©st. ^.^ causa'27.— 
C III. díslincl. 27. 

(4) C. lí, distinct. É7.— C. XLI. quaest. i.*, causa 27.— C. I, qu«st, 3.* 
causa 20.— Cap. HI y sig., tít. VI, lib. IV DecreU 

(5) ScHMALEGituEBBR: Jus EccUs. uhív,, ibíd., par. 3.^ 

(6) C. VI, quKst. 2.*, causa 22. 



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C^í^^^t, /^ 



¿r-ífr-^^ 



r 



— 225 — 



mismo que ignorancia ; así que el error ó ignorancia es impe- 
dimento ain mente del matrimonio (l). 

Se^ntíendeporimpedimentode error: La inhabilidad para 
contraer matrimonio, procedente de un juicio equivocado acer- 
ca de la persona ó de la cualidad que redunda en la persona. 
Cuándo es impedimento del matrimonio. — El error 
puede versar acerca de la sustancia de la persona con la que 
se celebra el matrimonio, como en el caso de contraer con 



T 



una, pensandoj i^i^g-^s^traj lo cual tuvo lugar en la unión de 
Jacob con Lia^ cr eyendo que era Raquel (2 ). y entonces ^ 
matrimonio es n ulo, poi*que falta el consentimiento, ya sea el 
error antecedente ó concomitante (3). 

El e rror acerca de la simple •cr rajidad de la persona, como 
si uno cree que contrae matrimonio con persona rica, pu l- 
cra , e tc., y ^ealmente es pobr e , fea, e tc., no anula el ma - 
tri naonio, á menos que el con sentimiento se dé únicamente 

Jbajo la expresada condición ( 4)] ~~~T ~~ 

El error de cualidad, qu e redunda en la sustan cia de la per- 
sona tiene lugar, cu a ndo la cualidad det fft^^Tm'nfl y Hi.gtingij^ A 

Ta persona de cualquiera otra , como si el contrayente intenta 
celebrar matrimonio con la primogénita á quien no conoce, y 
se le da la segundogénita, etc., ento nces el error anula el ma - 
trímonior del mismo modo que dc^jamos manifestado respecto 
al error acerca de la sustancia de la persona, porque falta (5 ) . 
el consen timiento (6). 

El Impedimentq^d írimente de er rnñ^ ftg rlp. derecho na - 
turalj T). 

(1) ScHVALZGRUEBER : /í*.? Eccles. utiiv,, «» Ub, IV Decreí.y lít. I, 
sect. 3.*. párrafo 3.®. núni. 433. 

(2) Génesis : cap. XXIX, v. 23 y 24. 

(3) ScniíALZGRiiEBER : Jus Eccles^ univ, , ibid., núm. 434 y sig. 

(4) ScHiiALZGRUEBER : Jus EccUs, uuiv,, íbid., núm. 447 y sig. 

(5) A cía ex iis decerpta, qwB apud Sanctam Sedem geruntur, vol. I, 
pág. 257y 8¡g.-ld vol. VIII, pág. 667. 

(6) SciuiALZGRUEBER : Jus Eccles, univ,, ibid., nilm. 445. 

(7) Phillips : Comp. Jur. Eccles.^ lib. V, cap. II , par. 264 y sig. 

TOMO ni. 15 



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— 226 - 

Conditio, y cuándo es impedimento dirimente del 
matrimonio. — La condición de la persona es : La inhadili- 
dad para contraer maúrimonio , que resulta déla esclavitud 
ignorada por la parte libre- 

Si la persona libi*e tiene noticia de que la otra es esclava, 
ftnt(STicftsjiirnTal>rá^ im pedimento dirímente del matrimonio ( 1 ), 
"^ m tampoco cuando después de tener noticia de la condición 
de la persona ha cohabitado con ella. 

Este impediment o es de derecho eclesiástico (2) ; pero mu- 
chos canonistas sostienen que es de derecho natural (3). 

Voto— orden— y origen de este impedimento.-rSólo 
el voto solemne hecho en religión apr obada por la Sante Sede. 
^Tmftjj ante la recepción de orden ja cro. dirime el matrimo- 
n ^9 (4.) ^ hnilÁT^^ ns e en ip^ual caso losgue han hecho los votos 
sim ples en la Compañía de Je si^is^ -sftfíri m declaró Gregorío XIII 
en su const. Ascendente Domino. 

Este impedimento es de derecho eclesiást ico, porque la 
solemnidad de los votos , única que es impedimento dirimente 
del matrimonio, procede solamente del derecho eclesiás- 
tico (5). 

Por último , ha de tenerse presente la proposición 72 de 1 
Syllahus, que dice: Bonifacius VIII, votum castitatisín 
ordinatio7ie emissum nuptias nullas reddereprirnusasseruit- 

Gognacion, y sus especies. — Se entiende por cogna- 
ción : La inhabilidad para contraer matrimonio entre perso- 
nas propincuas. 

Este parentesco puede ser : 

Carnal , q ue se llama consanguinida d. 

(4) Cap. 11. tít. IX, lib. IV Decrel. 

(2) Cap. ¡V, tít. IX, lib. IV Decrd. 

(3) ScHUALZGRiiEBER : Jus EccUs. uhív., íh Ub. IV Decret.y tít. IX, 
núm. 2S. 

(4) Capit. únic. , tít. XV, lib. III SexL Decret.-^Conc. Trid., sesión 
24, canon O.*' 

(5) ScHiiALZGRUEBER .* Jus EccUs, uñiv., tu lib, IV DecreL, tít. VI, 
párrafo 4.^ luim. 44.-Ibid., par. 2.*, núm. 48. 



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— 227 — 

Espiritual, que se conoce con el nombre de compater- 



nidad. 



Legal, míe procede de la adopción. ^^X, A/i-^ 

Significado de la pal9J3ra consanguinidad , y su í /_ 
definición. — La palabráconsanguinidad sig-nifica casi uní- ^ v-^y^^^ r^^ 
dad de san^rre . porane los consanguíneos descienden de la ' ^ . . ^ 



-t ^ t-v^^s^ 



mism a sangre-tl). 

Se entiende por consanguinidad: El vinculo de personas ^T^t^^yx^^^ 
grí^e descienden una de otra por la generación carnal, ó ambas 
de tena misma, como de un tronco próximo y comttn. 

Se dice vinculo de personas , porque los consanguíneos 
tienen entre si cierta unión natural', que proviene de la co> 
munidad de sangre. 

Que descienden una de otra , como^ eljiijadel pad re , ó am- 
bas de la misma , como dos hermanos . ^^ 

Se añade de un tronco, etc. , sirviéndose de la metáfora 
del tronco de un árbol, del cual balen muchas ramas, así 
como los hijos proceden del padre y de la madre , expresando 
además la proximidad , porque si descienden de un tronco re- 
moto, como de Adán, Noé, etc. , no son consanguíneos. 

Las palabras por la generación carnal^ expresan el fun- 
dam ento de la consanguini dad ; así que no son consanguíneo^ 
los áng eles y los hombres entre sí ^A dan y Eva , etc. (2). 
""Busespecies. — La consanguinidad puede s^rT 

Sólo natural, que proviene de la unión carnal fu era del 
matrimonio ^^^jent^nces se llama parentesco ó cognación na- 
*tural, se rvll^concubíñar ia , etc. 

JSaturaly civil, q ue procede de la unió n natural , me- 
diante el matrimonio cejftbrft^n o.fvn arreglo alas prescripcio- 



nes legales. 

^"ijfneas^n la consanguinidad, y sus especies.— 

La consanguinidad consta de líneas y grados. 

(1) Quaest. 5.*, in declar. arbor, consang., par. 6.**, causa 33. 

(2) Schmavigkveüer: Jus Eccles. umv.,in U^.lVDecreU.üi' XIV, 
párrafo i.', núm. i.' y sig. i 



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— 228 — 

Línea es: La serie ordenada de personas que descienden 
de un tronco comun , y contiene diversos grados. 

La línea se divide en recia j trasversal. 

Secta 9 que es la serie de personas de las que una procede 
de la otra , como padre , hijo , nieto , etc. 

La línea recta puede ser : 

Hecta de descendientes, si^de los progenitores bajamos ¿ 
l os engendrados ^ como padre , hijo, nieto. 
^ Secta de ascendie^ites , si de los engendrados sub imos 
á lo s progenitores, como hijo, padre, abuelo, etc. 
" trasversal á colateral qu^ es: La serie de personas, que 
sin proceder U7ias de otras , reconocen un tronco común. 

La línea trasversal puede ser—igual— ó desigual. 

Será igual— Cuando las personas de cuya coTisaiíguinidad 
se trata , distan en igual número de grados del tronco común, 
como dos hermanos que distan un grado del padre, dos primos 
carnales , que distan dos grados del abuelo , que es el tronco 
común de ellos. 

Será desigual , si las personas de cuyo parentesco se tra- 
ta , distan en número desigual ó diverso de grados del tron- 
co común, com^ tio y sobrino. 
Grados en la consang^uinidad, y su computación. 

Grado es : La distancia de una persona de otra, en la mis- 
ma escala ó linea de co7isanguinidad. 

La computación canónica de los grados se hace conforme 
á las reglas siguientes: 

a) Los ascendientes j;^descendigntes distan entre^sí tanto s 
grado s en lín ea recta, cuantas generaciones medien entre 
élIosTasí que Ticio y su hijo distan un grado entre sí, dos de 
"su nieto y tres del biznieto , según que media una , dos ó tres 
generaciones (1). 

6) Los consanguín eos colaterale s di stan entre sí tantos 
grados'én la fínea trasversal igual , cuantos uno y otro distan 

(i) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles. univ, , in lib.IV Decrei., tit. XIV, 
par. 4.*, núm. J6. 



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— 229 — 

del tronco común (1), porque como estas personas no están 
-imlaas entre sí , sino por razón del tronco común del cual re- 
cibieron la sangre , no pueden distar más ó menos entre sí 
que lo que distan del tronco común ; así que el hermano dis- 
tará un grado de^u hermano , dos del primo carnal , tres del 
hijo del primo, etc.^ , 

c) Dos consanguíneos colaterales distan entre sí tantos 
grados en la línea trasversal desigual , cuantos el más remoto 
de ellos diste del tronco común (2); así que el hijo de Ticio y 
el nieto de éste por el hijo , distan entre sí dos grados , porque 
el nieto de Ticio , que es el grado más remoto , dista de Ticio 
dos grados. 

Dentro de qué grados se prohibe el matrimonio 
en la linea recta. — La consanguinidad en la línea recta 
dirime el matrimonio en todos los grados hasta el infinito, 
como dijo el papa Nicolao I en contestación á la consulta de 
los Búlgaros; de modo que si Adán yiviese no podría contrae r 
m atrimonio, porque todas las mujeres des cie nden de él en lí- 

Origen de este impedimento.— Esta prohibición es 
de derecho natural en toda su extensión , según muchos au- 
tores, y se funda enje l_pudor y reverencia que los hijos deben 
á sus padres y descendientes , cuyos deberes no pueden conci- 
llarse con los que existen mutuamente entre los cónyuges (3). 

Grados dentro de los ouales se prohibe el matri- 
monio en linea trasversal. — La consanguinidad en la 
linea trasversal era impedimento dirimente del matrimonio 
hasta los grados y generaciones que podían conservarse en la 
memoria (4); pero después se limitó al séptimo grado (5). 
Inocencio III, en el Concilio IV de Letran , estableció que 

(1) C. II y IV, quaest. 5.\ causa 35. 

(2) Cap. IX, Ul. XIV. lib. IV DecreL 

(3) ScEMJLLLGhüEBERiJtisEceles.nniv., in lib, IV Deeret.,üi, XIV, 
par. I.*, Dúm. 20 y sig. 

(4) C. XVll y XVIII, quaest. 3.», causa 35. 

(5) C. VU y XIX , qua»t. a.*— C. II , quast. 5.», causa 35. 



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~ 230 - 

la consanguinidad fuese impedimento dirimente del matrimo- 
nio hfl.5;ta pi\ (Miarto ffi'fid o inclusive, c on las siguientes pala- 
bras: Prohibitio quoque copulm conjngalis qiuirium consat^ 
guinitatis et afñnitatis gradum de catero non excedat ; quo^ 
niam in uUerioribus gradibus jam non potest absque gravi 
dispendio hujmmodi prohibitio generaliter observari (1)^ 

Oríg^en de este impedimento. — Se cuestiona mucho 
entre los doctores si el impedimento dirimente del matrimo- 
nio en el primer grado de la línea trasversal igual , como en- 
tre hermano y hermana , es de derecho natiiral ; pero parece 
lo más probable que es sólo d e derechoe clesiástico , puesto 
que el género human óse pr opag5""gñ"Tí ñ^priiic ipio mediante 
ing T||^triTYif^ nios entre her p^ft^pft, fi^n (¡jup. C onste que Dios dis- 
pensase en estg jifíy (2). 

Dentro de qué grados se prohibe el matrimonio 
en la consanguinidad que procede de cópula ilíci- 
ta. — La consanguinidad que procede de cópula ilícita, es im- 
pedimento dirimente del matrimonio hasta el cuarto grado in- 
clusive , á juicio de canonistas doctísimos ; porque el Concilio 
de Trento al limitar al segundo grado la afinidad procedente 
de aquella , nada dice de la consanguinidad , lo cual es una 
prueba de que nq quiso modificar la legislación canónica en 
esta parte (3). 
Cognación espiritual, y razón de este impedimen- 
^^^^^to.— Se entiende por cognación espiritual : El parentesco es- 
/ /^ tailecido por derecho eclesiástico ^ que proviene de la adm- 

"^^^^^'"^'^^ Á^jhistracion y recepción de los sacramentos del bautismo y con- 
firmación. 

La razón de este impedimento se funda en que se recibe en 
estos sacramentos una cosa espiritual ; concurriendo el bau- 
tizante y confirmante como padre , y el padrino ó madrina los 
recibe en nombre de la Iglesia , como madre. 

(i) Cap. VllC, tit. XIV, lib. IV Decrei. 

(2) ScHMALiG^jjEMEK : Jus Eccle$,univ.tin lib* rVDecret., tít. XIV, 
par. 1.^ núm. 44 y sig. 

(3) Schmalzgrueber: Jus EccU$, nniv,, ibid., núm, 55 y B\g. 



j- 




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— 231 — 

Los hijos deben reverenciar á sus padres , y por esto no 
paede celebrarse entre ellos matrimonio , cuya razón milita 
en el caso presente, porque el bautizante y confirmante , lo 
mismo que los padrinos , contraen un vínculo espiritual de 
amistad y familiaridad con el bautizado y confirmado , más 
digno que el recibido por la generación carnal (1) 

Su extensión — ^Este impedimento se extendía á muchas 
personas según el derecho antiguo (2); pero el Concilio de 
Trento, á fin de evitar los peligros de las almas, escándalos y 
otros daños que resultaban de la gran extensión de este impe- 
dimento, lo redujo á sus justos límites (3), disponiendo que 
hubiera impedimento'dirimente para la celebración del ma- 
trimonio; 

I. Entre los padrinos del bautismo y confirmación con los 
bautizad os y confirmados y los padres de éstos. 

IL Entre los ministros de dichos sacramentos con los qu e 
l o reciben y sus padres. 

Observaciones. —De esta doctrina resulta que el pa- 
drino y madrina no contraen entre sí este impedimento, ha- 
llándose en igual caso los siguientes: 

a) El bautizado ó confirmado y sus padres» pueden contrae r 
m atrímonídl!?Dn~el e ányule"so5reviviente del padrino ó ma- 
drina^ 

i) Los cónyuges , padrinos del bautis mo 6 confirmación , 
no__COlltrafin-_fintrfi . sí e& te imp edimento, sj j\^ snn hijn.^ Hp 
ejlos.^ 

c) ^Tministro de es tos sacramentos no con trae parentesco 
espiritual con ell) adrino 6 madrina] - 

3]) Tampoco "se contrae este impedimento por el padre 
ó la madre que bautizan á Ift pfoie legitima en el artlcuig uSe 

(i) ScmuL£GAUEBER : Jwt Ecclés. UHÍV*, in Ub. IV Decret. , til. XI, pá- 
rrafo 4. «. núm. 3. 

(2) C. V, quaest. i.»— C. I. H y III, quaest. 3.^ causa 30.-C- 1 y III, 
quaest. 4.*, causa 30.— Cap. IV, VI y Vil, tit. XI, lib. l\ Decret.-^J&p. I, 
Ui.m,lib.rfsext. Decret. 

(3) Sesión 24. cap. II, De Reformat, Matrim. 



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— 232 — 

la muerte, si do hay otra persona que lo ha ga (1) ; hallándose 
en igual caso , cuando ignorando este impedimento ó por ma- 
licia hiciesen de padrinos en el bautismo de algún hyo su- 
yo (2), 4 pesar de lo que se dice de contrario (3). 

e) No contraen parentesco espiritual con el bautizado 
y sus padres , l^s qufí hn^'^n ^<> p^"^^^^"^ P*^r^ gnpli> luj^^erg- 
mo ní n^ ( io l iM i n t íAmn, pnnnHn íirfn m n dministró en caso de 
n ecesidad (^ ). 

/) El procurador padrino del bautizand o en nombre de 
ot ro ^ iiycontrae e f^**^ pftrP>ntP.gf»n ^ sino aquéj_á_quien repre^ 
gAiTtfl^(fi); pp]»(^ QP f^.nntrftft ftl parftntpsc.o por ftl qnft_j>autiz¿. 
mediant e comisión al efecto, porque no desempeña este rníms - 
terio e n nombre del que le comisiona , sino de Jesucris to. 

Sí^dñcado de las palabras cognación legal, y su 
definición.-— Se da á este impedimento el nombre de cogna- 
ción legal , porque trae su origen de las leyes civiles, apro- 
badas por la Iglesia (6). * 

Se entiende por cognación legal: Bl parentesco que provie- 
ne de la adopción perfecta. 

La adopción perfecta, que se conoce también con el nom- 
bre de arrogación, es lapersoryi extraña j sui juris ^i^ 
mediante rescripto del principe, pasa á la potestad y fami- 
lia del adoptante con derecho á suceder le en la cuarta parte 
de sus bienes, como los hijos naturales (7). 
Origen de este impedimento, y á quiénes corn- 
il) C. VII, qufiest. 1.*. causa 30. 

(2) Cap . 11, lit. XI, líb. IV Decrel, 

(3) ScHUALzcnuEBER : /tí5 ^¿^/e«. uníz;., inlib, IV Decret.,. ÜU XI, 
par. i.°, núm. 46 y sig. 

(4) ScHMALZGRCEBER : Jus EccUs, utUv,, íbíd., núm. 37. 

(5) ScHXALZGKOEBEft: JttS Eccles. univ., ibid., párrafo 3.^ n¿m. 9i J 
siguientes. 

(6) C; I y V, quaest. 8.*, causa 3a.^Cap. unic, lít. XII, lib. IV 
Deeret. 

(7) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles, uuiv.y in Ub. IV Deerel.y lít. XII, 
núm. 3. 



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— 233 — 

prende. —Este impedimento es de derecho eclesiástico, y 
tiene lugar en los casos siguientes : 

aj Es impedimento dirimente entre el a doptante y el ado p- 
tado, aun cuando se haya disuelto líT adopción (1) , porque ^ 
subiste la razón de honestidad , aun cuando no quede entre 
ellos vestigio alguno ni la consideración de hijos por la eman- 
cipación. 

ó) Lo es igualmente entre el adoptado y los hijos legíti- 
mos del adoptante , mientras dura la adopcióh (2) ; de mudu- 
que SI el padre emancipa á su hija adoptiva y cesa por consi- 
guiente la patria potestad en ella , puede ésta contraer matri- 
monio con un hijo legítimo de aquél (3). 

c) También es impedimento dirimente entre el adoptan te 
y la mujer del adoptado v entre el adoptado j la mujer del 
adoptante , cuya especie de cognación legal reviste la forma 
de anniaad, y este impedimento dirimente dura siempre, aun 
cuando se disuelva la adopción por muerte del adoptante , ó 
emancipación del adoptado ; pero no existe impedimento al- 
guno para el matrimonio entre distintas personas adoptadas 
por uno mismo (4). 

Crimen , y su origen.— Este impedimento dirimente del 
matrimonio puede definirse : La inhabilidad para contraer 
matrimonio, proveniente del homicidio ó adulterio, ó de los 
dos á la ve^. 

El crimen e s impedimento del matrimonio por derecho 
eclesiástico. 

fJuándo tiene lugar. — Este impedimento dirimente del 
matrimonio puede tener lugar de los tres modos siguientes. 

Homicidio solo, y requisitos para que sea impe- 
dimento del matrimonio. — Este impedimento tiene lu- 

(4) C. I, quaest. 3.*. causa 30. 

(2) C. V, qufflst. 3.», causa 30.— Cap. unic, tít. XU, lib. IV 
Jkcret, 

(3) Cap. único , lít. XII , lib. IV Decret. 

(4) ScHMALBGauEBBR : Jus EccUs. Ufíiv., ift li^, IV ¡kcTet., tít. XIf, 
núm. 34. 



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— 234 — 

gar mift-ndo uno Tnfttft al fií^Tiyiigft de otro . que coDspija> 6 

en mat rimonio con el homicida. 

-"--^PaTaque resulte el indicado impedimento se requiere : 

a) Mutua conspiració n : de modo que si el marido conspira 
contra la vida de su cónyuge y la mata, ignorándolo ü opo- 
niéndose la mujer con quien desea casarse, entonces no 
existe impedimento dirimente entre ellos , á menos que haya 
mediado adulterio (1) , según se deduce de la misma ley (2). 
¿) HojgaifiidiaxfiítU como consecuencia de la mutua conspi- 
ración , y no efecto solamente de la impericia , negligencia 
úA*a falta del médico ó cirujano , ó del mismo paciente (3). 
^y Q ue la mutua conspiración y la muerte se verifique con 

¿njmn n ii^tfinp.ion mftnífpftti^dfl pv^^^^^i'mpnfA HpApfrg^gr" 

matrimonio . bastando al efect o que uno de ellos ll eve este 
pensamiento (4). 

— 'SOio adulterio, y cuándo es impedimento diri- 
mente. — Esto tiene lugar, cuando uno de los cónyuges se 
une carnalmente á otra persona, mediante pacto anterior ó 
posterior al acto criminal , de contraer matrimonio después 
de la muerte del cónyuge (5). 

Para que exista este impedimento se requiere : 
aj Qu e medie adulterio y matri monio con el cónyuge 
adúltero , ó pacto de contraer ma trimonio después de la 

'^muerte del cónyuge legitimo (6). 
""^ Q (ie tan to el adull^iQ_como la prom esa de matrimonio 
ó celebración de ¿ste . tenga lugar viviendo el legítimo con- 
>uge del adúlter o. 

(i) Schmalzgrueber: Jus Eccles, univ.y in lib, lYDecret,, tit. Vil, pá- 
rrafo 2.^ núm. 53. 

(2) Cap. I, tit. XXXIII , lib. 111 DecrH. 

(3) ScmiALZGRtJEBER : ^tt^ Ecdes. univ, , íbid., núm. 54. 

(4) ScoMALZGRUEBfia : Jus Eccles. univ., ibid., núm. 55. 

(5) Cap. V y sig.. lít. Vll.lib. IV becreL-^. IV. qujest. 1 .*. causa 34. 

(6) Schmalzgrubber: Jus Eccles. univ., in lib. IVDecreí., tit. Vil, p¿* 
rrafo 4.*, núm. 4 y sig. 



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^^ _ 236 — 

cj Que el matrimonio del adúltero con el p rimer cónyuge 
¿ea valide 



d) Que los dos adúlteros tengan conocimiento d el matrí- 
monio á que está ligado uno ae eiios. ' 

~^ Que la promesa aei uno sea acepxada por la otra p arte . 

/J Que la cópula entre ellos sea perfecta y consum ada. 

Adulterio y homicidio , y condiciones necesarias 
para que exista este impedimento.— Existe este im- 
pedimento entre los adúlteros y á la vez homicidas del cón- 
yuge de uno de ellos , siempre que medien los requisitos si- 
guientes : 

a) Qu e el adulterio sea material y formal, 6 lo que es lo 
misma, que uno de ellos al menos esté unido en verdadero 
matrimonio con el asesinado , y que el otro tenga noticia de 
ello. 

6) Que tan to el adulterio como el homicidio j ga consum a- 
do (1) ; porque las leyes penales deben entenderse del crimen 
perfecto y consumado , á menos que expresen otra cosa. 

c) Queel adulterio preceda al homicidio ; porque si le si- 
gue , no haBrá realtíiénte adulterio. ' 

dj Que el homicidio se verifique con áni mo de unirse en 
matrimonio con el cómplice del adulte rio ; porque las ley^"- 
establecen esta pena con el fin de impedir que se cometa el 
homicidio de los cónyuges con la esperanza de unirse en ma- 
trimonio con el adúltero (2). 

Matrimonio de mala fe. — La persona c a sada qu e_fin- 
giéndose lib re , cQptrae matrimonio con otra persona , qu eda 
i nhabilitada par a ce lebrar verdadero matrimonio con la per- 
sona engañada , desp np« d^ )^_mu erte del primer cónyuge , s i 
aquélla quiere separarse de la pa rte dolosa (3). 

Cuando los dos contrayentes obran de mala fe , porque la 

(1) C. V. qUíBst. i .\ causa 31.— Cap. IH, tít. VII, Hb. IV Decret 

(2) Schmai^rueber: Jus Eccles. univ., in lib, IVDecreí., tít. Vil, pá- 
rrafo i.\ núm. 52. 

(3) Cap. I y VII, tít. Vil, lib. IV Decret. 



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— 236 — 

parte libre se halla enterada de que el otro contrayente es 
casado , y sin embargo , contrae con él matrimonio y coha- 
bitan, entonces no pueden vivir juntos , ni contraer verdade- 
ro matrimonio entre sí, aunque haya fallecido el primer cón- 
yuge (1). 

Cuando una persona casada contrae matrimonio con otra, 
que se halla enterada del impedimento dirimente que existe, 
pueden unirse en verdadero matrimonio después de la muerte 
del cónyuge , si viviendo éste no se han conocido carnal- 
mente (2). 

El matrimonio entre católicos y herejes ó após- 
tatas es ilícito, pero válido. — El matrimonio entre un 
católico y un hereje ó apóstata está j r ohibido no só lo por de- 
rec ho eclesiástico^ sino por derecho natural, en consideraci ón 
al peligro de p ervei^$ ^ p^ ^ q^^ se expone la parte fiel y los ET- 
jQ s^que resulten de esta unión, novenos que por ios aisgus tos 
con siguientes entre los cónyuge s . 

Si el matrimonio se lleva á efecto, y no existe entre ellos 
algún impedimento, es indii^ft l^ifírn^r^^ yA1^'^<^t porque los 
dos contrayentes están bautizados, y tienen en su virtud ca- 
pacidad para recibir este sacramento ; lo cual por otra par- 
te se halla apoyado en varios textos del derecho (3), y en la 
práctica de la Iglesia. 

Cuándo estos matrimonios son válidos y lícitos.— 
Los matrimonios ^ntre católicos y herejes ó após tatas , sise 
contraen (4) con las condic iones pre scri tas por lalglesia ^han^ 



de ser considerados como lícitos, porque desaparece el peli- 
gro de perversión que motiva su ilicitud. 

Condiciones necesarias al efecto. —El matrimonio 
entre católicos y acatólicos^seriL Üclto con arr eglo &}s^ rli's- 

(1) C. IV. títvn, iih. l\ DecreL 

(2) Cap. VIH , lít. Vn . lib. IV Decreí, 

(3) ScHM ALZGBUEBER : /tfs Eccles» Httiv,, iu lib, IV Dccrel , tít. VI, 
párrafo 4.®, nám. i32 y sig. 

(4) Perrone : De Matrimonio chrisUatio , lib. II , sect. i.^ , cap. VI, 
artículo 4.* 



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— 237 — 

posiciones eclesiásticas, si se observan las condiciones si- 
guientes: 

a) Dispensa del Su mo Pontífice . 

b) Promesa formal de la parte acatólica , que no molesta- 
r& á la otra pa rte en el ejerci cio de su reugionr """ — 

c) Que la prole de este matrimonio se eduque^en la religión 
católic a. 

d) Que no se dé la bendición sacer dotal. 

e) Que no se o.filfthrft la misa en presencia ^el acat ólico, ni 
que el matrimonio se contraiga dentro de la iglesia. 

' "Eslas condiciones se hallan comprendidas en lo que se con- 
signa por Benedicto XIV sobre la materia (1). 

Ultimas disposiciones sobre esta materia. — En 
estos últimos tiempos se ha agravado todo lo concerniente 
¿ los matrimonios mixtos , porque los gobiernos de algunos 
países, en donde el número de católicos es muy conside- 
rable , trataron de obligar á los sacerdotes^atólicos á que 
bendijesen y autonzMéirigsfós^'atrim^ sin exigirla la 
parte católica lap romesa dF educar eñ la religión catóFíca- la 
prole , y la de procurar la con ver sión del otro cónyuge , según 
se hallaba dispuesto por Pió VIH. 

Las gravísimas circíínstanciasliue venía atravesando la 
Iglesia en Alemania . movie ron al citado Papa á condgscen-^ 
derhasta donde le era permitido, disponiendo qu e los sacer- 
dot es católicos se ajustarían en Alemania á las^g Tggji- 
guientes (2): 

a) Que el obispo ó párroco manifieste á la mujer católica 



quejrata de casars e cnn un ar.RtóliV.f^ , las dj^pnsirionfts cañó- 
nicas re specto á estas nupcias y ad virtiéndola del gravísimo 
pecado en que incurre , si permite educarSsus hijos en la re- 
ligi ón del padre y no hace lo posible por la conver siorilíg 
éste (3). 

(1) De Synodo dicscesana , lib. VI , cap. V. 

(2) YECCfflOTTi: Inst. Canon. , lib. V, cap. XIII, par. 98. 

(3) Perrone : Prmled. theolog.. De MalnmoniOy cap. IV. 



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— 238 — 

6) Que si la i "" ifír t^^fl i^ ^frfft\ií? i r pii m^trimonín - s^ti Ihr 
condic iones indicadas en la regla anterior , entonces el sacer - 
"dote católi co se abstendrá de solemnizar estas nu pcias con el 
^lo sagrado, v de aprobarlas de modo alfi^üno. iinutánaog g^ 
la asistenci a pasiva á este acto (1)» 

--iffsttrinioiiios aefleles con infieles en la antigrüe- 
dad , y si eran sacramento respecto á la parte fiel. — 
Las sagradas Escrituras nos hablan de matrimonios de fieles 
con infieles , como el de Moisés con Sófora , hija de Ge tro ^ sa- 
cerdote d pf ]VíftdiRn ; el de Ester , con Asnero etc . (2). 

Consta esto igualmente en la ley evangélica y en muchos 
monumentos de la antigüedad , como el de Eunice. mujer 
p iadosa y fiel , con varón gentil (3) , d de Santa Cecilia con 
Valeriano^ s anta Ménica con Patricio .^nta Matilde con Cío- 
jo yp^Q. e tc. (4). 

Parece muy probable que el matrimonio de que se trata 
c^ cgpi^umontQ r^ ^pecto A la parte fiel( 5). 

SuJLicitud ó ilicitud.-~ LQS hechos que se dejan citados 
d emuestran su licitud, porque lejos de haberpeíigro de peí-- 
version respecto á la parte fiel , fué un medio de t raer á la fe 
á otras person as. 

Estos matrimonios serían ilícitos por derecho natural y di- 
vino-positivo , c uando mediasen los inconvenientes que se de- 
ja n indicados respecto á los 7 r| fttrT*imnn ing Ha Pnt/;iif>nf; c.cm 
^Béreies ó apóstatas (6). 

Nulidad de estos matrimonios seg^n el dereclio 
vigente.— La nulidad dftl muhiHmnnm P.nt.rft fiftl ^ jnfie^ no 
ge p rescribió por r ^^m ^ ^^^pí>^iiTÍ^n t^lgunfl ge neral de la, 

(1) Perrone: Pralect. íheolog.. De Matrimonio, ibid. 

(2) ScHMALZGRi'EBER : Jus Eccles. ufíiv., íh lib. IV DecreL, iii. \í, 
par. 4.% núm. 427. 

(3) Epíst. 2.* ad Timoíh, , cap. I , v. 5.® 

(4) Perrone: De Malrimonio chrisliatio , Vih. ±\ soci. 4.*, capí- 
tulo Vil, art. 1 .^ 

(5) Perrone: líe MéUrimonio christiano, id. ibid., art. 1 .° 

(6) Schmalzgrübbkr : Jus Eccles. univ., ibid., núm. 420 y síg. 



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— 239 — 

Iglesia, sino por derecho no escrito (1) ó costumbre univer- 
saU que tiene fuerza de ley, como dice Benedicto XIV al tra- 
tar de esta materia (2). 

Fuerza ó miedo (vis) , y sus especies. — Se entiende 
por este impedimento; majoris reí ímpetus, qui repelli non 
potesL 

Se divide en= 

Absoluta, que excluye por completo el consentimiento 
libre. 

/7/)W/Z;>;:/)^./7./, qiift diRnm'nnyPi ftl r*nnsp.ntimiftnt(> Ijl^re en más 

Ó me nos parado 

ferencia entre la fuerza y el miedo , y especies 
de éste. — La fuerza se confunde ordinariamente con el mié- 
do, pero se distinguen entre sí, porque ra uélla se halla en el 
s ujeto ú objeto que causa el miedo, de modo que tiene el con - 
cep to de agente ; y el miedo se halla p.n la persona. ¿ gniftn y 
hace fuerza , tenie ndo ^" «" virtn d pI t^.o^ ftft pto de paciente. 

El miedo se divide en= 

Necesario y libre , se gún que se produce por una ca usa_ 
n ecesaria, co mo el naufragio , fuego , e nfermedad . etc.. 6 por 
lina causaTTThrft, pomo p.1 (l^^(^ prnyifipp de un hombre^ 

Justo ^ que es cuan do^s e ha dado mot i vo por el que le pa- 
dece , como el castigo en los criminales. 

Injusto, quedes cuand o se produce sin motivo en el ino- 
c ente, y puede tene r por objeto arrancar el consentimientoji 
otro fin . 

Grave y /^gi?. se giin_que cae 6 no en varón constante . 

Absolutamstííegrave ^ como la muerte , mutilación . escla- 
vitad , etc. 

t — 'Relativamente grave , qu esi bien el mal no es^rmidable 
á un varón cons tante , debe considerarse tal enun niño ,_niUi— 
j|¡er;_angíafi o ú hombre meticuloso (3 ). * 

(i) ScHMALZGRU£BER : Jus Eccles. univ. , ibid. núm. 128. 

(2) Const. SingularicúnsolaUonijáeil49, 

(3) ScHMALZGRüEBER : Jus Eccks. univ,, inUb, I Deeret. , tít. XL, 
párrafo i,^, ndm. 1 y sig. 



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— 240 — 

Cuándo es impedimento dirimente del matri- 
monio. — El miedo es im¿e¿ÍTnpntt7 dirimPTitp f^ftl m^ trimo- 

^Mniftf m\^^^ ^^ ftfAf^tn^ Ag TifíCfsflr^ 1"^ g^t^ sravfí, pro- 
ducido por causa libre é injustament e, aunque no tenga por 
objeto arrancar el consentimiento para el matrimonio , sino 
otro fin , según respetables decretalistas (2). 

Orden saero (ordo).— De este impedimento se trató al 
hablar del voto, y únicamente debo manifestar aquí, qi ^^e el^ 
^^rjpn gf|(^,rn rflfrihiHn ^iftR pues de coutraido matrimonio , no 
disuelve el vínculo conyugal , á diferencia del voto en reli- 
gión a probada, etc. , que disuelve el matr imo nio rato ^yno 
^consumado. 

Ziffamen. — El impedimento de que se trata puede defi- 
nirse : ElvÍ7hculo matrimonial , durante el cual no puede cele- 
brarse licita ni válidamente matrimonio con otra persona. 

Para que este impedimento dirimente exista , es de nece- 
sidad que el matrimonio contraído no adolez ca de vicio algu - 
node^nuEdfid (3). 

Todo lo demás concerniente á ^ste punto se ha tratado en 
el capítulo anterior. 

Honestas. — Este impedimento dirimente, por derecho ecle- 
siástico, procede del matrimonio rato y de los esponsales, de 



cuyos dos casos paso á tratar. 

Cuando e l matrimonio se ha celebrado entre d os fieles , y 
uno de ellosmuere áíites de consumarse , el sobrevivie nte 
fíftñftjm pedimQ ntQ dirimente para cont raer matri moni o con 
los parientes del cónyuge difunto , dentro" del cuarto grado , 
"ségiín declaración de San Pió V, en su decreto AdJZofH(lJk3&^/\ 
lo cual tiene lugar aun cuando dicho matrimonio rato se de- 
clare nulo. 

{i) Cap. XÍV, Xt y XXVIU, tít. i.", líb. IV Deere/.— Cap. U, tlt VH, 
libro IV Decrcí. 

(2) Scumalzgrueder : Jus Ecdes. univ.j in lib. IV Decrel, tít i.*, sect. 
3.*, par. 2.% núm. 3W y sig. 

(3) ScHMALZGRCEBER : Jus Ecclcs. UTíiv, , í bid. , tít. IV, par. i • 



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— 241 — 

Los esponsales celebrados válidamente son impedimento di- 
rimente para contraer matr imoi^ iQ qoh los padres ó hermanos 
respectivos de los que celebraron dichos esponsales , s iendo 
indiferente para el caso de que se trata, que se hayan disuel- 
to aquéllos por muerte ó mutuo consentimiento ; de modo que 
son impedimento dirimente del matrimonio dentro del primer 
grado solqTP*^"*^ 9) 

Amens.--L 9k demencia es impedimento dirimente del ma - 
trimo nio , por derecho natural, cuan do ag^^llq, p«f p^fp^^nn y 
'absoluta , porque es de absoluta necesidad el consentimiento 
mutuo entre los contrayent es. 

Por esta razón , los furiosos (2), dementes y ^fatuos , s e ha- 
llan incapacitados para contraer matrimonio , á menos que 
tengan intervalos lúcidos , po rque entonces podrán contraerlo , 
en aquellos moment os de lucidez, aunque h abrá necesidad de 
usar de las convenientes prec auciones iZ). ~^ " 

— gto hallan en lguarcaso Tos dormidos . ebrios^ Ips que su- 
frftn^ftjq nafíiQn mental transitoria, mien t ras dura este e^ - 
tadoj4). 

Lo« sn^^o-mu dos que ^media nt e su educación , pueden ma- 
n ifestar su mutuo consentimiento . t ^fífifi" npfífnH pa^n (*ot^,. 
traer mat r^aonia.(5). 

J&tas. — Es de necesidad en los contrayentes que hayan 
llegado á la pubertad, ó l a edad de 14 afios en el varón y 12 
en la m ujer (6). 

Los matrimonios celebrados antes de la edad expresada 
han de considerarse como nulos, á menos que la malicia su- 



(i) Condl. Trid., sesión 24, cap. III De Reformat. Matrim. 

(2) Cap. XXIV, tít. I, lib. IV D«creí.— C. XXVI, quffist. 7.*, causa 32. 

(3) PttiLUPs: Comp, Jur, Eccles , lib. V, cap. II , par. 26i. 

(4) C. VII , quaest. !.•, causa 45. 

(5) Cap. XXIII. tít. I , lib. IV Decret. 

(6) Cap. II , III , VI, X, XI y XIV, tít. U , lib. IV Deereíi 

(7) ScoMALZcauEBER : Jas Eccies. univ. , in lib. IV Decret. ^Ütlh 
pár.2.* 

TOMO in. 16 



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— 242 — 

Este impedimento es de derecho eclesiástico (1). 
Etimología déla palabra afinidad, y su deflnicioxi. 
— La palabra af finitas (afinidad) procede a finium propinqui- 
tate (de la proximidaa de los fines) porque el varón y la mu- 
jer se ha<^ft T1 iin,^ pftrnft pf>r Ir f*/ípn1a. , y los f>nn<;ftngninQnR f^^l 

uno se aproximan á los fines del otro ^ de aquí ^ue los consan- 
Isuloe^s dé la mujer son afine sdel mar ido ^ y viceversa^ 
Se entiende por afinidad : El parentesco que resulta de la 

/¿) , ^ unión carnal per fecta , licita ó ilícita , entre el varón y los 

^-^^.yrn^a^^n^ parientes de la mujer , y entre la mujer y los parientes del 
' varón. 

Causa de donde procede, y su extensión.— Este im- 
pedimento procede de la unión entre el varón y la mujer. 

La afinidad, resultado de la unión carnal lipita ó ilícita, 
dirime e l matrimonio del varón con los parientes de la m ujer 
fa sta lo infinito en la lí nea recta , lo mismo que el de la mü- 
jer con los parientes del varón (2). 

La afinidad, efecto de la unión camal lícita, dirimía el ma- 
tri monio entre el marido jr los parientes de su difunta' muje r 
en la línea transvers al hasta el sétimo grado (3 ); pero se re- 
dujo hasta el cuartog rado ínclusiv eTyés el derecho eclesiás- 
ti co vigente (4). 

La afinidad . efecto de la unión ilícita , dirimía el matrimo- 
nio del varón con los parientes de la mujer , á quien se unió 
carnalmente , hasta el sétimo grado , estando hoy reducido al 
segundo grado en la linea transversal (5). 

Reglas que han de tenerse presentes: L^ELgradp 
en que uno es consa nguíneo del varón , es afin de la mujer , y 
v iceversa 76) 1 

(i) Philups : Comp. Jur. Recles., lib, V, cap. II. par. 262. 

(2) ScHMALKGRUEBER : Jt^$ EccIbs, uhív. , ÍH lib. IV DecveU^ tít. XIV, 
par. 2.°. núm. 409. 

(3) C. I, Vil y XÍII. quaest. 3.*, causa 35. 

(4) Cap. VIII , Ut. XIV , lib. IV Decret. 

(5) Concil. Trid., sesión 24 , cap. IV, De Reformat. Matrim, 

(6) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles, unív. , ibíd. , núm . 84 . 



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— 243 — 

En este supuesto Petra, hermana de Luisa , se halla eft 
primer grado de afinidad con Ju&n, marido de ésta , porque 
las das están en primer grado de consanguinidad entre si (1). 

n. Bs re gla general que la afinidad no engendra afinidad, 
y por ^glrazon los consanguíneos de Juan son afines de Liq- 
sa su m ujer, y viceversa; pero los afines de Luisa no lo serán 
de lospar íentes de ¿sta . ni los afines de Juan serán afines de^ 
losj arientes 6 consanguíneos de éste (2)._ 

Es igualmente cierto que el varón y la mn jar no a^ n afines 
entre sl j^si no principio déafinidad . porque la afinidad no 
existe ni se contrae, sino mediante otra persona (3 ). 

IIL Que la unión car nal de uno de los cónyuges con al- 
gimo délos parientes por afinidad , no disuelve el m atrimo- 
nio, y sQlamftntft impide el uso de éste en cuanto áj apetici^ 
del débito r^cpp^t/^ «.1 ftiSnyngm giift ln^ faltado ál a^deJldad 
ftftnyngftl , mas no respecto del inocente (4). * 

dandestinidad, y su ilicitud. — Se entiende por clan- 
destinidad: Un impedimento dirimente ,^ue proviene de no 
tdebrarse el matrimonio i presencia del párroco y dos ó tres 
testigos. 

Los matrimonios clandestinos se miraron sie mpre como un 
delito^cóntra las disposigione s de la Iglesia y contra la moriJ^ 
según consta de muchos textos legales (5): pero se considera- 
ron como verdaderos, ratos y válidos (6), hasta el siglo XVI. 

Origen de este impedimento dirimente.— El Conci- 
lio de Trento , fundado en justísimas causas , estableció este 
impedimento dirimente del matrimonio , disponiendo : Q»i 



ih) Tít. Xiri y XIV, lib. IV Decrel. 

(2) Cap. V. tít. Xl^, lib. fV Decret. 
* (3) ScHMALZGRUEBER : J(i5 Eccles. univ.,in lib. Pí Decret. , tít. XIV, 
párraío 2/>, niím. 68. 

(4) Cap. X, tít. XIII, lib. IV líéwreí. 

(K) C. IV, qufflst. 4.*, causa 3.*— C. I y sig., qusst 5.*, causa 30. 

(6) Cap. II. tit 111, lib. IV Deerel.'-CottciL Trid., sesión 24, cap. I 
De Reformal. Matrim. 






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— 244 — 

aliúer, guam prasente parocAo , vel alio sacerdote, de ipsius 
parochi seu ordinarii liceriXia, et duoóus^veltrióus testibus 
fnatrimonium contrakers aútentadunú, eos sancta synodus ai 
sic contralendum omnino inhábiles reddit; et hujusmodi 
contractus írritos et nullosesse decernit , prout eosprasenii 
decreto írritos facit , et annullat (1). 

Su extensión. — Este impedimento dirimente no existe en 
los países donde no se ha recibido el Concilio de Trento ; de 
modo que H, Tnfl^rim^nlfí r . lflni^^tinft iif>ntrm^fí ^n flqnfll í^g 
piTTitns, ^^r^ il^(; titQ^ pn^n iMIíHn y nnju , yfl ñ fí Yf ^rifique entr e 
he rejes, ya entre católico y hereje (2), ó entre c atólicos (3 
'Tmpotencia en su sentido lato y estricto. — Esta pa- 
labra tomada en un sentido lato significa : Cualquiera inha- 
bilidad del varón ó de la hembra para la procreación de la 
prole y propagación de la especie. 

La impotencia en un sentido estricto y específico es: La 
inhabilidad proveniente de las partes genitales del cuerpo, 
que impide la uniq^ carnal del varón y de la mujer. 

Si se distingue de la que impide la procreación 
por vicio natural ó Qn>v^-íHoT>f^i —j^fljmp^^^Ti^j^ gueim^ 
pide la procreaci ón de la prole , mediante un vicio natural, 
como la senectud , ó acciaentai, como"TiresteriIid ad.^j;íodebB 
confu ndirse con^ quéllaL_^gtga ^au e im pideJ acópula ó unión 
carnal del v aron^daia mujer-r ^r vicionatura T ó acciden- 
tal de ambo s ó uno_¿a.eIlQS s^jaotg ue^la primera no es unpe ^ 

dimento dplTTmb«irnnnin y si la <^ftg-pTiHft 

SUS^especies. — ^La impotencia de que aquí se trata se di- 
vide en = 

Perpetua, qu_ejQ- ffiede desaparfícerjp orja edios lícitos y 
naturales, ó_sin^grave4)fíligro de !« vida, , 

Temporal, que puedejiesaj ^ecer por medios lícitos y na - 

(i) Sesión 24. cap. I De ReformaU Matrim. ii; 

(2) Benedicto XíV: Const. Malrimonia, de i741 , par. 2,^ al 5.« 

(3) Scomalzcrueber: Jus Eccks. univ., in lib. IVDeerd., tit. Ill» pá< 
rrafo2»* 



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— 245 — 

torales (1) , sin peli gro d e la vida , aun cua n in Ae Hli: rflRi i Uft 
^na grave enfermedad (2). 

Absoluta y q ue impide la iinian carnal con todas las,^ers o- 
ñas de otro se^ íu 

Relativa , guj ^no impide la cópnla sino con una ó m¿s pe r- 
sona s de diverso sexo. Esta impotencia puede también ser 
perpetua y temporal, según canonistas muy respetables (3). 

Natural, qne jaroeedft de un defecto que acompaña á la 
p ersona desde su nacimien to. 

Accidental, que proviene de causa ac cidental intrínseca t 
como el ex ftftsn í^p. h" jnores> calor, frió, humedad, etc. . o 
extrínseca , como enfermedad, malefic io , etc. 

Antecedente, 1^\9 prptrfíflfi á la gfilfíhra ^ion del matrimonio. 

Superveniente , que se contrae después de verificado el 
matrimonio, 

" (juái de'eilas es impedimento dirimente del ma- 
trimonio. — Sólo la imp otencia perpetua que impi de la cópu- 

t rimonío, yft.g<^ftn^t"^«^ ^ **^^Hfínt^ . absoluta 6 relativa , 
es imped j mentd diri m^^^^ ^fíl jpa'trimonio. 

Cuando hay duda acerca de su existencia se concede á los 
cónyuges tres años para que vean si desaparece el obstáculo 
que les impide consumar el matrimonio (4). 

Origen de este impedimento. — La impotencia per- 
petua, con las demás circunstancias expresadas , es impedi- 
mento dirimente del matrimonio por derecho natural (5). 

La impotencia temporal, que existe por falta de eda d 
en los impáberes Jin me el matrimonio entre e llos p or dispo - 
sición de la Iglesia, siempre que ambos, 6 uno de ellos^ seme- 

{\) Cap. VI , tít. XV, lib. IV Decreí . 

(2) ScmfALZGRuiBER : Jus Eccles. univ., in Hb. IV Decret., tít. XV, 
par. l.«, núm. -*.• 

(3) ScHMALZGRDEBKR : Jus Eccks. uhív., Ibíd., núm. 6.^ y sig. 

(4) Cap. III. V. VI y VII. tít. XV, lib. IV iDecreL 

(5) ScBMALZGRCEBEB : Jus EccUs. uhív., íh lib. IVDecTeí., tít. XV, 
par. 2.», núm. 66 y sig. 



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— 246 — 

guen á prestar su consentimiento (1); de modo que la nulidai 
'Se este matrimonio procede más bien que de impotencia, de 
falta de consentim iento, según se desprende de las disp^cfiP* 
nes del derecho. 

Haptns, 7 sus requisitos para que sea impedimeii- 
to dirimente del matrimonio.— Se entiende por rapto: 
La extracción violenta de una mujer honesta, ó varon^ de un 
lugar á otro moralmente distinto, con objeto de contra&r con 
ella matrimonio , ó de unirse carnalmente á ella. 

De esta definición resulta que el rapto como impedi- 
mento dirimente del matrimonio ha de reunir las condicio- 
nes siguientes: 

aj Que se haga con violencia respecto ¿ la robada ó á sus 
pnjh^'!, Tn^rijo, pfrp^?^, tutifír, fít.fi (?), 

" i) Q ue tenga por objeto acto de lujuria, 6 unirs e en matri- 
moni^O'J ). 

^^) Q5 e la mujer sea trasl adada de un l ugar á otro moral^ 
mente^aístinto, y que sea de vida honesta (4^. 

"^ Origen de este impedimento. — ^ rapto fué c onside- 
rajo por ins rn^n^ nos como un grave atentado, digno de ejem-^ 
pi ar castigo^ y el emperador _Justiniano prescribió que la ro- 
b ada no pudiese unirse nunca en matrimonio con el raptor; 
pero la Igle siajco r ioir l rrrtTrtl ic!^ ft<tft m atrimeaio^^mpreque 
la robada p restase lib rAmPTita ^u consentimientoí5). 

La le^slacion vigente de la Iglesia considera el rapto como 
impedimenjoairiniente del máy íffionfarsirtréel raptor 705 " 
robada , mientras ésta permanezca bajo la potestad del raptor , 
áunc uando rin naíp^tia IjHrftmAnf^ p,^ ^^ Tnatt rimonio (6). 
"Tíslie necesidad para que desaparezca esteimpedimento y 

(i) Cap. VI, IX, X y XIV, lít. II, lib. IV Dteret. 

(2) G. Ifl, qusest. i.<^, causa 36. 

(3) Schmalzgrugber: H$ Eccles.univ., in lib. V DeereUy tít XVII» pá<> 
rrafol/, nüm. 3. 

(4) ScBM ALZGRUEBER : Jus Ecclcs, uñiv,, ibíd.» núm. 4.^ y sig. 

(5) Cap. Vü, tít. XVII. lib. V i>ccre<. 

(6) Candi. Trid.^ sesión 24, cap. VI De Reformad. Afatrim. 



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— 247 — 

el matrimonio sea válido entre ellos, que separada del raptor y 
pae sta en un lugar se^ro y Ijbnr '''^rlc^ar^isL pn t^npr ¿ tLe^nd} ^ 
p6r marido (1)7^ 

impedimentos que pueden dispensarse.— Los impe- 
dimentos de derecho natural y divino-positivo no pueden dis- 
pensarse (2), y únicamente podrá hacerse esto con los que 
proceden de derecho eclesiástico, que son- joto solemne — con- 
sanguinidad en línea trasversal , excepto entre hermanos — 
aoopcio n -;jargn tftsco espiritual-- crimen — disparidad de 
xulto — orden sacro— páblica honestidad — afinidad — los impe- 
dimentos impediente s. 

" Quiénes ti^zíen esta facultad. -'*Las personas que 
tienen facultad para dispensar de estos impedimentos de de- 
recho eclesiástico son las siguientes : 

I. pi SumQjontífíce puede dispensar en los impedimento s 
impe dientes y dirimentes del matrimonio que proceden de de- 
recho ec lesiástic o, porque es superior á este derecho (3), como 
liutor deTas leyes que los establecen y porque no se requiere 
mayor autoridad para dispensar ó derogar una ley que para 
darla (4). 

Respecto á los impedimentos que impiden el matrimonio 
por derecho natural y divino-positivo, como los esponsales y 
voto simple de castidad , es necesario para la validez de la 
dispensa que medie justa causa , porque la facultad concedida - 
al mismo por Jesucristo es tan solamente administrativa, y 
en cuanto lo exija el bien de la Iglesia y la salvación de los 
fieles (5). 



(1) Ada ex iis decerptüy qua apud Saíiciam Sedera geruntur, vol. I» 
pág. 15 y sig. 

(2) Perrone : De Matrimonio chrisUano, lib. II, sed. i.% cap. III, 
art. A^ 

(3) Cap. IV, tít. Vin, lib. III Decret. 

(4) PEMioifB : De. Matrimonio christiano, ibid., art. i.° 

(5) Sghmalzgrueber: Jvís Eccles\ univ, in lib, IV Decret. , tít. XVI, pá- 
rrafo 4% núm. 59 y sig. 



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— 248 — 

II. j^s Qbkpos 6 pre lados inferiores aUPajia pueden dis- 
pensar en los impedimentos impedientes de derecho eclesiás* 
^Jififí. porque~srbíen el derecho no les concede esta lacmtad, 
la suprema autoridad de la Iglesia (1) y la misma costumbre 
aprobada por la práctica de casi todas las iglesias les ha au- 
torizado al efecto ; pero respecto á los esponsales y voto 
simple perpetuo de castidad no pueden dispensar , porque se 
trata en los primeros de un derecho de- tercero, y el otro está 
reservado al Sumo Pontífice (2). 

Los obispos considerados separadamente ó reunidos en 
concilios particulares , no pueden por derecho propio abro- 
gar ni dispensar en k)s impedimentos dirimentes del matrimo- 
nio , porque el inferior no puede dispensar en la ley del supe- 
rior según un principio de derecho (3). 

Los obispos pueden dispensar en el fuero de la conciencia 
de los impedimentos ocultos , dirimentes del matrimonio ce- 
lebrado de buena fe , siempre que = 

a) H ayan precedido las amonestacion es ó se hubiesen dis- 
pensado. 



oj Se haya celebrado de buena fe, ó sin tener noticia del 
impedimén^ . ""^^ 
c) D ifícil acceso al Sumo Pontífice 6 á otro que tenga esta 

fsLf>iiTgT"ftp yirf.n^flp P^'WJl^g'ifS W^^^ pnbrP.y.fl. <^A los intere - 
^j ados y distanO iÍQ ^**^ 1"g^^ y p<-1igi'oHp inf*nnf.iTif>]j^rm^ 

d) Mpfi imfíPf) P^ ^^ n"" cnnlf> /yr>nr»a/íargA Ij^, ^ íg p PTigRy 

nó en primero 6 segundo grado de consanguinidad. 

?r ^Impediment o oculto (4). 

III. El comisario general de ürugada. los obispos, le gados 
de Ig-gSnt ^ftHfl , niinfti(;^s_jj>tr>17 pu eden dis pensai * de algunos 
i mpedimentos dirimentes por derecho especial ym edian te cier- 

(4) Cap * II , tít. XIII, lib. IV Decret. 

(2) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles, univ.,in Itb. IV Decret., ii%. XVI, 
par. 4.'*, núm. 63. 

(3) Perrone : De Matiim. christiano , lib. II , sect. 1.*, cap. III, ar- 
tículos 2.» y 3.» 

(4) ScBMALZGRUEBER .' Jus Eccks, utiiv,, Ibíd., núm. 78 y sig. 



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— 249 — 

tas condíc í<>»>^s, <¡^p \nrfMA Hftd ele^raeipndel Samo Pontífice fl) . 
Si median las circunstancias del párrafo II en su última 
parte , puede también dispensar antes de celebrarse el matri- 
monio, siempre que exista una urgentílsima necesidad de que 
no se dilate su celebración, como si alguno de ellos se hallase 
prdximo á la muerte y mediase prole— ó no hubiese medio de 
evadir la sospecha de un crimen oculto (2). 

Esta facultad pasa al cabildo ó vicario capitular sede va- 
cante. 

Doctrina del Concilio de Trente sobre la dispen- 
sa de impedimentos del matrimonio. — £1 santo Conci- 
lio de Trente dispuso que si uno celebró , v consumó el matri- 
monio con íro pftdínrift xito conocido á(^ ¿1 ^ se a separado sin espe - 
r anza de alcanzar dispensa, hallándose en igual caso el oue 
c ontrajo matrimonio con un impedimento que ignoraba , si 
no observó las solemnidades prescritas por la Iglesia (3). 

Ordena asimismo que se dispense más fácilmente con el 
que contrajo matrimonio con impedimento , si lo ignoraba y 
observó por otra parte las formalidades prevenidas per la 
Iglesia. 

Cansas i>or las que se concede la dispensa.— Pue- 
den considerarse como causas permanentes para la legitimi- 
dad de la dispensa de impedimentos dirimentes del matrimo- 
nio (4): 

a) La prerogativa de dignida d regia ó principal. 

d) La conservación de ima familia ilustre y su esplendor. 

c) Excelencia de mérit os y extinción de ün^ ple ito, ó dis^ 
Dsyjsc^jjaJns entre las familias. 
Angustia de lugar , fclta de dote y edad de la mu- 
jer.,etc. 



{i) ScHMALZGRURBER : Jus EccUs. univ., til Hb. IVDecret, tít. XVI, 
par. *.•, nám. 72 y sig. 

(2) ScHMALZGRUEBBR : Jus Ecclss. Htiiv, , íbíd., núm. 83 y sig. 

(3) Sesión 24, cap. Y, De ReformaU Matrim. 

(4) ScHüALzeRüEBUi: Jus Eccks. vniv,, ibid., par. 5.*" 



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— 260 — 

No desciendo á otros pormenores sobre esta materia f que 
como esencialmente práctica corresponde á la Disciplina 
eclesiástica. 

Qtiiéii lia de resolTer sobre la existencia de ellas. 
—^ISumo Pontífice ha de juzgar sobre la existencia y legí- 
timi3^ Jlü las caiii^U^ que se alegaen en esta materia, porqué 
""como punto de disciplina, habrá de prooed erse con más 6 me- 
nos lemciad, según lo recla men las circunstancias y la utili- 
dacfde los fieles (1). ~ ' 



CAPÍTULO XVII. 



DIVORCIO. 

Disolubilidad del matrimonio, y sus especies.--Se 

entiende por disolubilidad del matrimonio : La s&paracion it 
los cónyuges en cuanto al vinculo ó en cuanto al lecho y ha- 
bitación. 

La disolución del matrimonio puede ser--propia ó—im- 
propia. 

Se entiende por disolución propia: La separación de los 
cÓ7i,yuges en cuanto al vinculo. 

De modo qu e ambos cónyuges quedan completamen te 
libres para c ontraer otras nupcias, si lo tien en por conve- 
niente. 

La disolución impropia del matrimonio es: La separación 
temporal ó perpetua de los cónyuges en cuanto al lecho y ha- 
bitación , quedando a salvo el vinculo matrimonial. 

En este caso, los cónyuges pueden vivir separados, y se 
hallan libres de las mutuas jobligaciones anejasLáJaL^ociedad 
conyu gal ; pero no puede ningun o de ellos co ntraer nuevo 

(1) PALLAviaNí : Historia del CohcíUo Tridentino, lib. XXUI , capi- 
tulo VIII. núm. 11. 



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— 251 — 

™*^'TÁtt?IP^^j viviendo el otro, porque permanece en todo s u 
vigor el celeb r ado entre sí. 

Si el matrimonio consumado puede disolverse 
entre fieles en cuanto al vinculo. --Se manifestó en el 
capitulo XIV de este título, que eJ Lmatrimonio legí timo y el 
^ rato lpb5Ia''disol verse en algunos casos ü ). y dejando á un ~ 
lado este punto y las múltiples cuestiones acerca de la indi- 
solubilidad perfecta» ó en cuanto al vínculo, atendido única- ^ 
ínente el derecho natural y la ley mosaica (2), se pasa á tra- / 
tar del punto, objeto de este epígrafe. ^ 

JBljttatf j ynonio celebrado entre fíeles v consumado no pu e- 
de dis olverse en cuanto a l vínculo, sino por la muerte natu- 
^^1 de alguno de los cónyuges,^cuya verdad consta de la coñ- 
^ testación dada por Jesucrisjto^ll los fariseos que le pregun- 
taban, si era lícito al varón dejar á su muier dándola el libel o 
de repudio con arre glo á la ley mosaica (3). Ah iniúio, autem, 
dice, creatura masculum ecfcsmtnamfecit eos Dem. Propter 
hoc relmgmC homo patrem suum et matrem, et adharebit ad 
u^orem suam... quod erffo Dem conjun^U, homo non se- 
paret (4). 

El mismo Jesucristo decía después á sus discípulos, que le 
preguntaban sobre lo mismo : Quicumque dimisseriú uxorem 
suam, et aliam duxerit^ adulterium commUtit super eam. 
Et si UQfor dimisserit virum suum^ et alii nupserit, ma* 
chatur (5). 

Esta misma doctrina de la indisolubilidad perfecta del ma- 
trimonio s e contiene en el Evangelio de S. Mateo (6 ) sin que 
acerca de su inteligencia pueda surgir duda alguna racional, 

(1) PEKROfiE : De Matrimonio christiano, lib. 111^ sect. alt., cap. VI. 
—Id. Praslect. Theolog., De Matrimonio, cap. lí. 

(2) Pcrrone: De Matrimonio christiano, líb. III, sect. alt., ca- 
pitulo 1. 

(3) Marc: cap. X, v. 2.* y sig. 

(4) Marc: cap. X, v. 6 y sig. 

(5) Marc: cap. X, v. 40 y sig.^Luc: cap. XVI, v. 18. 

(6) Matth.: cap. V, vv. 31 y 32. 



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— 252 — 

á pesar de las argucias empleadas de contrario (1), cuando se 
trata de textos claros y repetidos sobre la misma materia , en 
la que se insiste por el Apóstol de un modo igualmente claro y 
expresivo: An igmratis, dice, fraúres (scientibus enim legetn 
loquor)quiale(BÍn Jiomine dominatur quanto tempere vivitf 
Nam qu(B sub viro est mulier ^ vívente viroy alligata est 
legi: si autem Tnortuus fuerit vir ejus, soluta est a lege viri. 
Igitur, vivente viro , vocaiitur adultera si fuerit cum 
alio viro: si autem mortuus fuerit vi^ efus, literata está 
lege viri: utnon sit adultera si fuerit cum alio viro {2). 
La misma doctrina se reproduce por el Apóstol en otros lu- 
gares (3). 

La tradición constante de la Iglesia está en todo conforme 
con la doctrina que se deja consignada (4), y el Concilio d e 
T^*f|pf.ni<^ satic ionóde nuevo anatematizand o á los que dijeren 
que el vínculo m atrimonial puede disolverse por la herejía, 
nmift^t». ^ohahit ftcion 6 afectad a au sencia del consorte ^ lo 
mismo que á los que digan querí a Iglesia yerra enseñando 
que el vínculo del matrimonió nó se disuelvepor^Ladultfirio. 

T de uno aeTos^ónyuges (5 ). '■ '^ 

En igual caso se halla el matrimonio de los herejes entre 
sí, ó el de un hereje con un católico, puesto que es sacramen^- 
como el celebrado entre católicos , en el mero hecho de ser 
inseparable el contrato y el sacramento por voluntad del 
mismo Jesucristo (6) , á menos que uno de ellos ó los dos ten- 

.,ganJntencjon.expre&a3huiü celebra r el matrimonio si no Bajo 
la condición de que sea disoluble , porque entonces no hay 
contrato ni sacramento. 



(4) Pekkohe: De Matrimonio chrisH ano, líb. Illr.sect. altera., ca- 
pítulo II. 

(2) Epist. ad Román,, cap. VIÍ, v. i y sig. 

(3) Epist. i.' ad CoHnih. , cap. VII. v. 10, ii y 39. 

(4) Perrone : De Matrimonio christiano, ibid., cap. III. 

(5) Sesión 24 , can. 5.<> y 7.« 

(6) ScHMALZGRüEBER : Jus Eccles. univ. , in lib. !V Decret ., tft. XIX, 
par. i.^ núm. 64 y sig. 



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— 253 — 

Divorcio, y sus especies.— La disolubilidad impropia 
del maírimonio es lo que se llama divorcio , que puede defi- 
nirse : La separación de los cónyuges en cuanto al ledo y ha- 
Htacion. 

De esta definición se desprende que los cónyuges quedan 
p.Tftntn?; Hft in, n^)|igi^f^ínn Hp iiTiírsp, ^\i %TQ SÍ carnalmeute y de 
h abitar juntos; lo cual se expresa con las palabras quoad 
thortim y quoad AaiHationem. 

El divorcio puede ser —perpetuo — e xtemporal , s e??un que 
se declare por tiempo limitado , ó para siempre. 

Causas que lo motivan.— El divorcio no puede decre- 
tarse por cualquier causa, es necesario q ue medie un motivo 
p oderoso que así lo aconseje , porque se trata de un asunto de 
trascendentales consecuencias, y grave por su naturaleza; 
así que el divorcio no puede tener lugar, á no mediar al- 
guna de las causas siguientes: 

Mutuo consentimiento.— Los cónyuges pueden sepa- 
rarse perpetuamente, sí uno de ellos ^ consintiéndolo el otro, 
ó los dos de común acuerdo , hacen voto solemne de castidad 
por med io de la profesión religiosa ó recepción de orden sa - 
cro(l); pero es de necesidad que dicho consentimiento sea 
libre de m ^'^f^o p^yn^p <¿ ínjncfn (9) ^ y que respecto á la parte 
que queda en el siglo se presten garantías; c omo voto de 
continencia , respect o ai anciano que es aé bueña vida y cos - 
tumbres ; y cuándo es joven ó hay peligro de incontinencia, 
que ingrese e n religión. 

"^dulteno culpable.— Si uno de los cónyuges incurre en 
a dulterio por su voluntad, s in gnof medie buena fe ó violen- 
IS^^ entonces elg¿nyu ge inocente puede separarse perpetu a- 
mente del adúltero, según la doctrina evangélica (3), y las 
íEsposícioñes de la Iglesia (4) , por que el adulterio se oponga 

(4) Cap. IV y V . tít. XXXII, líb. III Decret. 

(2) ScHMALZGRüEBiR : Ju$. EccUt. ufiiv. , ¡n lib. III Decret. título 
XXXII, párrafo 2.* 

(3) Matth. , cap. V, v. 32,— Cap. XIX . v. 9. 

(4) Cap. IV, V y VIU , lít. XIX, lib. IV Decret. 



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-- 254 — 

, la fe conyugal y á la misma naturale za del contrato matri* 
raonial ; asi que este derecho es común al'^^ffido y á la mu- 
jer (1) contra el que de entre ellos sea culpable (2). 

Reglas que lian de tenerse presentes.— Para que 
el adulterio sea causa legítima de divorcio entre los cónyu- 
ges, se requiere: 

a) Que haya acto camal consumado por la cópula , porque..,^ 
el divorcio procede de la falta en el cónyuge á la fe del ma- 
trimonio (3). 

6) Q ue tal acto tenga lugar con otra pe rsona que el cón- 
yuge ; demodo que si mediase acto abusivo .como la sodomía , 

^l^IL'^lPr^P^^ ^"^^^y^^Pi^ ^^ ^<^>^r?fl can?** p«>rn /íivni>f*in perpC- 



^^P T "^jVir^ tan sólo p^ffft ^«^ gftpftraff^nT] t^pr^ poral . ó seamienx 

no desistajl£.sujnaldad^4). 

tfjQue el adulterio ha de ser no sólo material sino formal^ , 
porque el (brecho al divorcio sólo tiene lugar , cuando media 
violación injuriosa de la fe conyugal ; así que no habría de- 
recho á dicha separación, si mediase unión con otra persona 
creyendo que era el cónyuge , ó si contrajese matrimonio ó 
fornicase en la inteligencia de que había muerto aquél , lo 
mismo que en el caso de mediar violencia para semejante 
acto (5). 

d) Que el marido no sea causa del adulterio de la mujer 
prostit uyéndola, ó consintiendo exp resa_ójt¿^ amente en_s ii 
TJda iicehciosa (6), porque la concesión de divorcio es en fa- 
\or del inocente por la injuria grave que se le hace ; pero^sL 

(i) C. V. , qu8B8t. í.\ caqBa 28.— C. XIX y XXIII . qu»st 5.\ cau- 
sa 32.— Cap. II . IV y V, tít. XIX, lib. IV Decrel. 

(2) Epist. i.* ad Corinth., cap. Vil, vv. 10 y H. 

(3) Vecchiotti : InsU Canonic, lib. V, cap. XIV, par. 423. 

{i) ScüMALzcRUEBER : Jus EccUs, univ. , in lib. IV Dccret., tít. XIX , 
par. 2.^ núm. 104. 

(5) Santo Tomás: Summa Theolog, . parle 3.*, addit.. qucBst. 62, ar- 
tículo 1.'' 

(6) Cap. VI, tít. XIII, Hb. IV Zwcreí.— Cap. III, tit. XVI, libro V, 
Decrel. 



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— 255 — 

la mujer honrada tiene noticia de la ví ^a Hcftnpj'Qj;». HaI mu, 
_ridOt podrá peair ei üivorcioV áun cuando no se haya opuesto 
ni quejado de su conducta, atendida la debilidad de su sexo, 
y los atropellos por parte del marido (1). 

e) Qge el cónyuge no puede con seguir el divorcio por el 
adulterio de su consorte , s i es igualmente reo del mismo 
delito (2) ; lo cual tiene también lugar « si después de ob- 
tener la sentencia de^vorcio á su favor , ha cometido adul- 
terio (3). 

f) Que si e l inocente se ha reconciliado con el cóny uge 
adáltero , perdonándole expresa ó tácitamente su delito , no 
p uede pedir el divorcio por aquel crimen (4 ) , porque cada 
cual es libre de renimciar al derecho introducido en su fa- 
vor (5) ; pero se hará reo de igual crimen , si el adúltero 
continúa en el mismo delito y él vive pacificamente con 
aquél (6). 

Herejía y apostasia de la fe,— fl . Mat^ o habla sólo del 
adulterio como ca usa para el div orcio perpetuo y absoluto; 
pero además existen otras muchas causas para el divorcio por 
fiempo limitado ó indeterminado (7) . según definió el CJoncilio 
de Trente bajo pena de anatema respecto á los que acusen de 
error á la Iglesia en la doctrina que sostiene sobre este pun- 
to (8). 

Una de estas causas es la herejía y apostasia de la £0^(9 ), 
que como fornicacion^spiritual puede ser alguna vez causa 



(i) ScnMALZGRUEBER:/2i5£cde5. untt;., ibid., núm. 106. 

(2) Cap. VI y VH, tít XVI , lib- V DecreU 

(3) Cap.V. tít. XIX, lib. IVDccreí. 

(4) G. XXIX, qusest A.\ causa 23. 

(5) Schmalzgrceber: Jus Eccle$, univ> , ibid, , núm. i08 , 118 y sig. 

(6) Proverbiar. , cap. XVIII. v. 22. - Cap. 111 , tit, XVI. lib. V Deeret, 
C7) Perrone : De Matrimonio chrisHano, lib. 111, seet. altera, cap. V, 

(8) Sesión 24, cáoon 8.^ 

(9) C. V y .VI, quaes!. i.% causa 28.— Gap. VI y Vil. tít. XIX. lib. IV 
Deeret. 



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— 256 — 

justa para el divorcio perpetuo , porque la cohabitación con el 
b erej^Tmirtinaz puede ser para él cónyuge fiel y para la pro>^ 
iftjpftHgTojjgjM>^ ny 

Peligro espiritual. — Existe esta causa de divorcio, 
cua ndo uno de los cónyuges incita ú obliga ftl otro ¿ fiometer 
u n grave pecado en el uso del matrimonio ó contra los demás 
prec eptos del decálog o (2), y de la Iglesia, porque mediajje^^ 
"l igro de pervers ión fíp \f^ ^^ ^ ^yinf^a inc ^n^Tmscos tumbrcgs , 
y esto es más que suficiente pa ra la concesión del divorcio, 
toda vez que puede r esultarTa ruina e spir itual d el cónyu- 

ge (¿T ^ ^ 

''T^ligro corporal.— Cuando de cohabitar los cónyuges 
jresulta á uno de ellos un grave daño corpora l , y no puede 
evitarse smo por medio del divorcio, entonces el inocente 
puede de sde luego acudir á este medio , porque ni el derecho 
nat ural^i el divino-g ositi vo proh ibe emplear est e - rcmodioj 
así que e j^ cónyuge sano podrá separarse de su consorte"lepro' 
so(4) , ó que^pa dece otra en fermedad contagiosa , lo^mismo 
q ue en el caso detemer prudentemen te q ue se le castigí^ 
como cómplice^ si continúa viviendo con la otra^parte, que 
se j^edica al robo ú otra mdu stna crimmáR5): pero si no re-^ 
sultan estos inconvenientes para eTcónyuge n o^ede sepa- 
rarse dejuconsortfijí6). * 

Sevicia . -~ Si el cónyuge profesa odio mortal á su consor- 
te; pone ftfi fícha n zaf i A fi íi vida por m o dio del v e n en g; hierro ^^^ 
etc.; ijj^^pnRzft RfinqniPnt^ f]^ muf rt,e ó mutilació n, ó la tra- 
ta cruelmente de otros varios modos (7) , t^nVfl ilfUiTailíg^lJ^ 

(1) Schmalzgrueber: Jus Eccles. univ. , in lib. IV Decreta ^ ttt. XIX, 
par. 3.^núm. 440. 

(2) Matt.. cap. XVni. vv. 8 y 9.— C. V. quaest. i.*, causa 28. 

(3) Cap. II y VI, lít. XIX, lib. IV Decret. 

(4) Cap. I. tít. VIII, lib. IV Decret. 

(5) Schmalzgrueber : Jus Eceks. univ., in lib. /V Deereí», tít XIX, 
par. 3.^ núm. 142. 

(6) Cap. II. tít. XIX, lib. IV Decreí. 

n) Cap. VIII y XUI, tít XIU, lib. U Decret. 



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^ 257 — 

es esclava del marido > sino su consorte y compañera , y ade 
más hay derecho á la ífefensa de parte de uno contra la fuer- 
za inj usta del.otroT " ' ' 

Goliabitaoioii molesta. — Esta causa existe , cu ando me- 
di an riñas y escándalos frecuentes, producidos por el carác- 
ter indómito y perversidad inveterada de uno de los cónyuges» 
porque el miedo que acompaña al víctima de estos actos , es 
grave y que cae en varón constante , peligrando á la vez la 
salud espiritual y corporal de es te matrimonio (1) . 

Uóservacwnes, — El interés de esta materia me mueve á ha- 
cer las indicaciones siguientes : 

1.^ Cuando e ljnarido ip f^rPffP' ^^ ^^''^1% Y consiente vivir 
pacíficamenie^sininjuria del Criador con su mujer, estaño 
tiene obligación á pedir el divorcio , si no media peligro de 
perversión, 

II. jl cónyuge inocente tiene obliga(!Íon de vivir con el 
que se hizo hftr ^^je . de spués de su ar repentimiento , si se había 
separado de él por autori dad propia , porque la herejía no es 

^ausa de divorcio perpetuo, á menos que se haya decretado - 
por la Iglesia (2). » 

III. Cuando el cónyuge he reje trata , después de hab erse . 

arrepentj^ri, Hft n^íncA ^nn Al i^Ar^y^iyp.. q^^^^ hft ohtftp irlo Sftn- 

tenc ia de divorcio á su favor ; é st e no tiene obligación de ad - 
Hutirle á su lado , si q uiere en trar e n religión ( 3); lo cual ten- 
(IPA luuibíéHlugar , si quiere permanecer en el siglo (4), aun-., 
que otroscanonistas creen que tendrá obligación de unirse al 
delincuente arrepenti doTpoFquescao el ^adul terio es causj T 
pot su naturaleza para el divorcio perpetuo , y por otra parte, 
no deb e conceders e lácilmente la separación del matrijaonio^ - 
porque lleva aneja el p eji grn de i ,ncfíntin Qncia y otros dAñn« 

(1} ScHMALZGRCEBER : Jus Ecclés. UHÍv.y íh lih. IV Decret,, tít. XIX,' 
par. 3<^. núm. iU, / ; / . 

'jaj Cap. VI, tu. WXvIíhaV Iteore/. 

(3) Cap. XXI, tít. XXXIl, lib. 111 i)ecreí. j 

(4) Cap. VI, tít, XIX, lib. IV Decr^. 

TOMO iii. 17 



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— 258 — 

y escándalos , h allándose además esta do ctrina fundada &ae\ 

derecho (1). 
^ vi. EL cónyuge que h ajn currido en herejía no pued§.^ - 

di r el divorc io por la hereji a del otro cónyuge , según algu- 
^^§jiaaQ2ܧtas ; pero parece indudable . que si amhns Krti-sÍ; 

do ^ndenados judicialmente por el crimen de herejía, jino 
^ otro se hallan en libertad para, vivir ^ppara^n^, f*n ^í\j^ 

caso se encuentra el cónyuge no condenado como here iepor 
TaJgíisia-JCfispfi^ cónyuge sob re el cual ha^ gcaido 

Sent encia judicial por este d e][itoj(2). 

"TT Cuando el marido golpea levemente á su mujer , esta 

sevicia no p uede ser causa legítima de divorcio, p orque ha 
de considerarse como acto de corrección que se permite al 
marido. 

Tampoco procede el divorcio en el caso de que los golpes 
hayan sido graves y excesivos , si esto procedió de un acto in- 
sólito de ira ó perturbación que no hay temor de que se repi- 
ta, atendido su carácter y otras circunstancias ; porque un 
acto de esta naturaleza no arguye sevicia, en cuanto que ésta 
requiere repetición, ó al menos propensión y tendencia á infe- 
rir un grave mal. 

Si l a percusionista ve y Jiayjundadotemor de que se 
repit a en lo sucesivo, entonces es causasufícíeule para el di- 
vorcu) , aun cuando la mujer haya cometiao íaiia digna dé"' 
un duro castigo ; porque la imposición de éste corresponde al 
juez y no al marido. Se entiende que la percusión es grave y 
cruel, cuando, atendidas las circunstancias de las perso- 
nas, etc., produce miedo grave, que cae en ánimo constante, 
Aunque no medie peligro de la vida, como si produce aborto, 
herida enfermedad, etc, (3). 

VI. Muchos canonistas creen que eljaaridojio-puedejpedir 
él divorc jiij^ p la oQv ici ft da 1> ^ ipuj er^ y^se fundan en que las 

(4) Cap. Vil, Ut. XIX. lib. IV Decret. 
' (2) ScHMALZGRUKBKR .* /líj EccVti, uuiv,, in lib. IV Decret., tít. XIX, 
par. 3.*, núm. 151 y sig. 

(3) ScBMALZGRinsBER: Ju$ Bccles. tmtr., ibid., núm, i63y síg. 



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— 259 — 

leyes canónicas sólo hablan de la mujer (1) y en que la mujer 
está sometida al marido ; pero es indudable que la sevicia 
puede alegarse por el marido como causa de divorcio contra 
su mujer , porque la ley natural concede á todos el derecho 
de defenderse contra la fuerza injusta , y de evitar el peligro 
de muerte que les amenaza, lo cual puede tener lugar sin 
duda alguna en el marido con respecto á su mujer (2). 

Vir. Que cuando no se ha probado concluyentemente la 
sevicia en el pleito de divorcio contra el cónyuge , podrá de- 
cretarse la unión del matrimonio , exigiéndola aquél (3) cau- 
ción bastante de no inferir daño alguno á la parte , y al efecto 
dará fianza ó fiadores como medio de exigir la mujer ó el cón- 
yuge satisfacción aun pecuniaria, en el caso de lesión del 
marido (4), debiendo en caso de no ser esto posible , prestar 
juramento, y si la mujer desconfía de esta garantía , atendi- 
das las circunstancias del marido, será depositada en casa de 
sus padres, parientes á otro lugar seguro (5). 

VIH. Se ha de tener siempre presente , que el divorcio no 
puede concederse por causas lev es (6), y por esta razón mu- 
cüos escritores creen que la lepra no es causa de divorcio (7). 

IX. El cónyuge inocente puede separarse en cuanto al 
lecho del criminal por autoridad propia , pero no le compete 
este derecho para el divorcio en cuanto á la habitación, sino 
mediante sentencia judicial (8), porque se trata de la separa- 
ción de derecho y de la obligación del sacramento del matri- 

(i) C. XXII, quaest. 3 *. causa 32. 

(2) ScHMALZGRUEttER : Jus Ecclcs, utiiv., íu lib, !V Decret., tít. XDC, 
par. 3.*^, Dám. 468 y sig. 

(3) Cap. VIH y XIII, tít. XÜI, lib. II Decret. 

(4) ScuMALZGRUEBER : Jus Ecclcs univ., ibid., núm. 172 y sig. 

(5) ScHMALZGRUBBER : Jus Eccles. ufíiü., iH lib. II Decrel., tít. XIII, 
par. 3.*, núm. 62. 

(6) Phillips : Comp. Jur. Eccles., lib. V, cap. H, par. 283. 

(7) Cap. II, tit. VIII, lib. IV Decret. - Drouven: De Re Sacramentaría, 
lib. IX. quaest. 4.». cap. II, par. 3.<> 

(8) Cap. I, VIII y XIII, Üt. XIII, Hb. II Dccreí.— Cap. III y IV, tít. XIX, 
lib. IV Decret. 



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— 260 — 

monio, lo cual cedo en grave daño del otro cónyuge, y por 
esta razón no puede llevarse á efecto sino mediante el corres- 
pondiente juicio. 

Esto no obstante , el cónyuge inocente podrá separarse sin 
esperar la decisión judicial, cuando hay peligroenla tardanza 
y no puede recurrirse al juez para evitarlo (1). 

Causas matrimoniales, y quién ha de entender en 
ellas. — Las causas de divorcio ó nulidad de matrimonio han 
1*" ^^r rpi^nfltr^^ r""* ^'^ f^"''^^^^'f^f\^ pi^ihh>.fl.. 

Esta autoridad ^ue ha de conocer en ellas e ^el juez ecle* 

siásti co , porque se trata de c ausas espi rituales , y por esta 

j*agnn ftl Onnp.ilin Hr Trfi nto dp£nin esta verdad con las pala- 

b ras siguientes: ^^ <y?g¿.y dixerU, cEusas macríTñdñfales no K 

spectare adjudices ec desiás ticos, anathema sitJ2). 

Si la autoridad civil podrá entender en estas 
causas. — Marco A.deDorainiS) Launoy , Tamburini, Litta» 
Nestio y Nuytz dicen que las causas matrimoniales pertene- 



^cfin ? ^1 podp.r p.ivil ; pero los poderes civ iles no tienen atribu- 
i%Wi ^ip^nTi«> f>n ^cfa iriñtfírí ^ porque es espiritual y sacramei^r 
tal , según declar ó Pió VI en sus letras de 17 de Setiembre del 
a ño 1788 {H). JJnjnasdicejj^Hft «óin ] ^ Iglesia tiene derech o ¿ 
juzgar estas caus as en lo relativo á la vali dez ó nulidad del 
matrimonio; c uya doctrina se halla , por otra parte , apoya- 
da en la revelación y en la práctica perpetua y constante de 
la misma Iglesia. 

Es también cierto, que t odas las causas matrimoniales per- 



tenece n á sólo los jueces ecl p^i^^^t^fA^- ?iin gn^ pnr e^to se nie- 
gue el derecho q u^tienep los poderegl ii vfTfeS pnrfnxnioc CT^ 
lo que eséxtrínseco al vinculo matrimonial ó sacramen to (4 ),J 
como l a dote > alim entos^ sucesión h ereditaria , et c. (5). 

{i) SciiMALZGRUEBER : Jus Eccks. tt/iíi'., íw /íft /F í/^creí., l¡t. XIX,, 
par. 3.", núra. 172 y sig. 

(2) Sesión 24, canon 12. 

(3) Perrone: De Maiñm, chrisL, lib. II, sect. 4.% cap. V, art í^ 

(4) PüRfRONB: PreUcl* Theolog. De Mairm.f cap. 111. 

(5) Véase el cap. IV, lít. IV, lib. II de esta obra. 



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— 201 — 

TÍTL'LO SEGI'M)0. 
días festivos. -ayunos. 

CAPÍTULO h 

CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS. 

Etimologia. de la palabra feria, y sus distintos 
nombres.— El nomhve feria procede de hostiis feriendis, 

porque gp^n^rifi^^nK^y^ f¿ iumnlahan vif*.f:ima,s ^ Ins Hingpg 

^pi^nn H'ftkt.o fll. ftndfttñrq]inaí1^*^^^'"<^j 1"*^ por este motivo se 
WhxñdíToví feria, ^^ 

Estos días se conocían taflBen con los nombres de = 

Dies feriati (dias feriados)^ á diferencia de los otros 4 ^ 
de la ^*>n^p^)2jLll^!l^ ^^ Qfímint^n r^iy>^p^p^ pt^r^ ^istingrnirlftfg 
de aquellos. 

Dies devotiorium , j)nrqnB miichas ^ft ) as fe^'iq^s ^e ipstitü- 
yeron con el fin de qge el pugblo las emp leara eu la oración 
y en otra s obras piadosas (2). 

Píes nefasti, porque^ se prohibe en tales di^s proponer 
< sosaalo:una ó actuar en juicio, ¿(^iferencia de los demás dia^ 
qge se Uama bau /éa^.y^¿ , y en ellos podta ^ j"^^ t^f^o^ 1q ^^r spí 
-comprende en las palabras— ^3 dico^ abdiqo, lo gual se^ eK-_ 
^sa por Ovidio en esta for ma Í 3) : 

Ilh nefastus erit per queirb tria 

Verdá sileníur: 
Fastu^ erit, per quem le¡)e licebit 
MÍ 

(i) ScHMALZGRüEBER : /ws EccUs. unW.;iilUh. íí Deivet., tít. IX 
par. ^.^ núm. 1.° , 

(2) C. II, quaesl. 4.**, causa iVu ^ , , 

(3) ScaMALLGiKmntjx : JaS'Kocles, t4fi9V., ibid. 



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— 262 - 

Signiflcaoacion dada por la Iglesia á la palabra 
feria. — La Iglesia llama, ferias 4 todos los días de la semana, 
menos el^min go, porque todos ellos deben ser ferias para los 
clérigos (1), dis tinguiéndos e por el_papa Honorio III el dia 
festivo del feriado , llamandoleria al d ía común de lasemanal 
y festivo al dedica d o á los divinos oficios. 

Acepción en que se toma aqui.— La palabra feria se 
toma aqui ^r los días festivos , y todosa guellos en que están 
ce rrados los tribunales, e n cuyo sentido puede definirse : Loi 
días en que se cesa ó descansa de lo^ negocios forenses y ae^ 
tuaciones judiciales. 

Sus especies, — Las ferias suelen dividirse en= 
/Solemnes ü ordinarias, que son l as_establecidas porj^ 
leyes ó sagrados cánones, y se guardan igualmente todos los 
años. Por esta razón se iiB>msj¡k£iata ei anniversaruB. ^ 



nmms 



lEí^traordinariasJi repenmms, que son las establecidas 
por circunstancias especiale ^ ^ y fiíera de l^ orden acostumbr a- 
do, como por la cesación de una peste, victoria alcanza^ t 
coronaci ón de un principe, et c. 

Saaradas, que son las establecidas para el culto de Diosy 
e n honor de los Santos , c omo los domingos y dias de fiesta (2). 

Profanas, que son las establecidas ^n ohspqi"^ dfí \^ ^^ 
Ji^rgl-XJlftl^ su^^ih'^ff^ , cr^TTi^ las ferias de mieses y vendi- 
mias , de mercados y nupcias , etc. « 

Fijas y las que se cel ebran todos -los- años en igual dia, 
co mo la Natividad del^ñor. C ir cuncisión , j pifanía , IS , 
fiestasjg ja Virgen y de los Apóstqíg sr] 

Movibles, las que no se celebran en igual dia de cada afio» 
siendo la más c^Zlft bre entre éstas, y déla cual pegdé"lamQ ^ 
vilidad de las demás, la ffífttiY^'^*'^ ^*^ ^a i^^^'^^^fltq"^ vapre« 
cedida del ayuno cuadragesimal, /^fí>¿PTijo rpipl^rftrgft ^" ^\ 
domingo que sigue i nmedi atamente ájaju na 14 de Marzo 
<lespues"delequinoccio de la pr imavera (3). 

(i) Cap. Xr, tít. XLI, lib. III BtcrtU 

(2) Cap. V.títlX, líb.II/)«crí/. 

(3) Devoti : Inti. Canon., lib. II . tít. V. par. 3.* 



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— 263 — 

Universales^ que son to s Cftlp.hr adfl.s en tod o el orb e cri*»- 



tiano, como los domingos, JBascua, Pentecostés, etc. 

Particulares, que son las especiales á un reino ó nación, 
j província. diócesis ó ciudad , etc. 

De precepto y de devoción , se^gun qu e hay ó n ó obligació n 
d e celebrarla ^ " 

De primero y segundo orden , se^un llevan aneja la obli- 
gación de oir misa y abstenerse de obras serviles, ó sólo 
obligan á oir~misaXI77 " ^ ~~ 

Fin de süTinstitucion.— Todas las festividades han sido_ 
establecidas par a traer á la memoria los divinos beneficio s, 
d ar culto á Di os y para nuestro consuelo. 

Además de este fin c^mun , algunas de ellas , como la& 
fiestas de los santos, se han estableci do para tributar glo- 
ria á Dios por la victoria obtenida por éstos con la gra- 
cia de nues^ divino Redentor, así como para que cele-^ 
bremos las alabanzas de los santos, promovamos él cul tor- 
nos protej an óófl su interce siou y üO¿ i movamos á imltftf sug 
virtudes (2). 

Existencia de los dias festivos en todos los pue- 
blos. — Todos los pueblos tuvieron sus dias festivos , en los 
que tributaban homenaje y rendían culto á sus divinidades, 
como que la misma luz natural prescribe que se «d é culto ex- 
et erno y se den grac ias , á quien pi adosamente adoramos con 
« interiores afectos , movidos de la fe y esperanza que tenemos 
«depositada en él (3). Y como estas cosas no se pueden cum- 
i>plir fácilmente por los que están metidos en las ocupaciones 
»de negocios humanos ; por esto se determinó cierto tiempo en 
»que cómo damente puedan ejecutars e^) 
HfcaTsagradas Escrituras hacen mención de la festividad 

(i) Breve de 2 de Mayo de 1867 sobre reducción de fiestas en Es- 
pana. 

(2) HuGOENiN : Exposil. meth Jur. Canon., para ipeciaU, lib. 11, tí^ 
ulo I, tract i.», díssert. 2.*, cap. I. art. 3.*> 

(3) Catecismo Bunnano, part. 3.*, cap. IV, par. 4.* 



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— 264 — 

del sábado v otras flftst^s 

Dias festivos entre los cristianos desde un prin- 
cipio. — Entre los cristianos se conocieron desde la edad apos- 
tólica muchos dias festivos , como = 

a) El domingo , primer dia de la semana, en me moria de 
la Resurrección del Se ñor (2) , á cuyo dia se trasladó por los 
'^smos A póstoles la fiesta del sáb ado*^ 

t] La Pascua de Resuireccion . 

c) La Aseen a'ftn y Prntnnófitei (ft) 

Otras festividades antiquisiaias.— Se cuentan desde 

los primeros siglos otras festividades , como l a Natividad del ^ 

Señor, las de la Virg en , Apóstoles , mártires , confesores y 

otras muchas , que de continuo adoptaba la piedad y fervor 

"TléTorfieles (4). 

Autoridad que puede establecerlas. — Es indudable 
qufi_I^; ^3test r«d tempoi'alyuede est ablecer fiestas profanas y 
ma ndar á sus sub ditos quesej^tü^itáng»" ^^ ^ti«=^ti ^\^^ ^^^ tra^ 
bajo y obras servile s, imponiendo penas contra los trasgre- 
sores, porque estas festividades tienen un fiji meraxaente 
politico, que cae por lo mismo bajo la jurisdicción del podep 
civil. 

J¿osprotestantes sostienen esta misma po testad en elp oder 
temporal , respecto á las fiestas sa gradas , no faltando je nt re 
loT católicos, quienes defiendan ser asunto propio d^, l as dos 
potestades, ó en que debe intervenir ol consentimiento del 
jv-wjAP sfíi^iy]ftr pnf> p| rnnrflfiiQ^ue ti enen las fiestas coa el ré- 
gimen civi l <5). 

La doctrina cierta y común entre los católicos niega al 

(4) Exod., cap. XVI, v. 23 y sig.— Ler///c.. cap. XVI. —Deuteron., 
cap. V» V. i±— Isaías, cap. LVI, v. 2." — Jeremías, cap. XVII, v. 22.— 
Ezeokieí^Chp* XX, v. 12. 

(2) Catecismo Romano , part. 3.*, cap. IV. 

(3) Dbvoti: Itt^t. Canon^, Ub U , tít. V. par. i.« 

[A) C. I , distinct. 3.* De ConsecraL—Cnp. V, lit. IX , lib. II Decret. 

(5) Walter : Derecho Ecks^univ., lib. Vil, cap. UI, par. 286. 



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J 



— 265 — 

poder civil esta fiwultad, porque ^^ iy^tlt"<"-^" <^ft fi^Rf-gi^^n^ 
h onor de Dios y de los santos es cosa espiritual que pftrte> 
nece á la reli gión y al culto divino: l o cual corresponde 4>to^ 
pastores de la Iglesia , y nó á l os legos, q ue en estas maíerias 
son subditos de aquélla con obligación de cumplir sus manda- 
tos (1); asi qu e Inocencio X^ en su constitución Cum nupÁ T 
<|ftjg57, Hft(^.lftrrS niiln y dft ninppnn valor el edicto del Senado 
jr gobernador de Milán que pr escribía la celebración de la 
fiesta de Sa nto^D omingo ( 2h 

Quién SíT^eroe en la Iglesia.— Esta potestad de la 
Iglesia para establecer fiestas sagradas corresponde : 

I.® Al Sumo P ontífice, supremo jerarca de ella ♦ y él sólo 
puede establecer^estáé universales que oWiguen en toda la 
Iglesia; porque es el únic o que tiene jurisdicción espir i- 
tual en losc ristianos de todo el orbe. 

lí? Los obispos tienen esta facultad (>S)_en..c uanto á las 
fiestas particulares de sus respectivasfdiócesj s (4); porque el 
obispo puede en su diócesis lo que el Papa en toda la Iglesia , á 
excepción de aquello c[ue el Sumo Pontífice se haya reser- 
vado (5); debiendo advertirse en consecuencia de esto qne=*t 

a) £1 obispo habrá de tener 4 la: vista la constitueiouide 
^ rbano Vílí. q ue am ji ^^sta ¿ Ins nh^^pps para quer se absten-» 
gan de establecer nuevas fiestas (6). 

Santa Sede (7), y por esta razón l os obispos no pueden insti* 
tuir fiest as de sant os goe no estén canonizados (8). 

(1) Cap. X. tít. 11. l¡b. I í>ecre<.— Cap. XIU tít. XIII. lib. III DecreL 

(2) Schmalzgrüeber: Jus Ecclen, univ., in lib. II Decret., tit. IX. 
pár. 1.", núni. dOy sig. , . í 

(3) Concil. Trid,y sesión 25, cap. \\\De Begul. ,t ... 

(4) C. I. dist. 3.* í)e ConsecraL-^Oi^p. V, m, IX» lib. U Drcnt. 

(5) Cap. lY, tít. VllUlib. 1 Decrel,-, Qip.Xlll . tjl.l , lib, U DecreL 

(6) Devoti : Inst, Cauon. . lib, II. tít. V, piir. 9.° 

(7) Cap. 1, tít. XLV. Ijb. (11 Decr^t^ ; , . , . 

(8) HüGOE.NiN : Exposil. Metfi. Jur, ^anon.^ pars spect^l,, lib II, tí- 
tulo I, tract 1, dissert. S.*", copw I, art. 3.*" 



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ty; 



— 266 — 

c) Es necesario que ^ obispo p roceda á este acto coa 
el consejo y cons* ^"tí"^i fíP^^ ^<*^ i-\txr^t\ y ocíc^Qn^j^ i\^\ ^^m^- 
blo(l). 

3.** ^sta misma facultad corresponde á los concilios gene- 
rales, nacionale s y provincial es; pero el derecho de los con- 
cilios nacionales y provinciales está sujeto á las limitaciones 
que se dejan señaladas respecto á los obispos. 

4.® La^ mera costumbre de los legos no puede producir 
obligacio iTde^o Eser varia fiesta de un santo^ á menos que me^ 
die el consentimiento de quien puede establecer las fiestas, 
porque se trata de una ley, y como tal ha de reunir las cir- 
cunstancias necesarias para que produzca obligación. 

Tiempo en que empieza y termina la festividad, 
— Las fiestas sagradas comprenden el espacio que media de 
vísperas á vísperas del día siguiente (2), no sólo en cuanto ¿ 
los divinos oficios, sino en la cesación de obras serviles; x>ero 
la costumbre universal y la práctica de la Iglesia ha estable- 
cido, que la cesación de obras serviles sea desde la media no- 
che hasta la del dia siguiente y ó sea el dia natural de veinti- 
cuatro horas (3). 

Oblig^aciones que impone.— Los fieles tienen obliga- 
ción , durante la festividad , de observar lo siguiente : 

a) Oir misa enterar á menos que medie impotencia física 
ó moral (4), y además babran de emplear el dia en las div i- 
nas alabanzas , preces y otros oficios religiosq^ (5). 

b) Abstención de obras servile s (6), las cuales se llaman 
^sí_5j)orque entre los romanos se ejercían principalmente por 
Jos_siinM]¿(3) , y son las que ceden en utilidad y comodidad 

(i) ScHMALZGRüEBBR : Ju5 Eccles. utiiv., in Hb. ¡I DecreL, tít. IX, 
par. i.*, núm. i4. 

(2) Cap. I. tit. IX Jíb. II Z)6<Tel. 

(3) ScMMALZGRUEBEii : Jus Eccles. ttnt't;., ibíd., núm. 16. 

' (4) SciiMALZGRdEBER : Jus EccUs. univ. , ibid., par. 2.®, nútn. 22. 

(5) Catecismo Romano, part III, cap. IV, par. 25. 

(6) Cap. III, Ul. IX , Hb. II DecreL 

(7) Devoti: Inst. Canon. , l¡b. II, tít. V, par. ?.• 



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— 267 -" 

próxima é inmediata del cuerpo, á diferencia de las obras /¿■ 
¿erales f que se ejercen m ás bien con 1^^ p^^^^^^^^'^ts dfíl nlma^ 
que con las del cuerpo, y éstas no están pr ohibidas en los dias 
festivos. . 

cj MercatuSf 6 sea la compra , venta e tc.. las ferias ó 
mercado^ (1); per o esto ha sido derogado en gran parte p or 
cnstiimhrft r.r»ntraria y o.QT^septimiftnto de la autorida decle- 
siá§ti<iau(2). "" ■ 

dj Juramento aun extrajudicial (3), á menos que excu- 
se la necesidad , entendiéndose por tales palabras aque llos ju- 

rüTP'^"^^'*' I q"^ infprvípnftn ptí Ins POTitPatOS y Ufí gOCios prohí> 

bidos. 

e) Placitum, cuya palabra expresa l a prohibición de en- 
tender en toda causa judicial ó forense (4), si no media una 
necesidad. 

f) Las causas criminales^ y a se tr ate de saque ll as en que 
se imponMajopa dp muert*^ , jm de las que tienen por objeto 
otr a pena corporal ó pecuniaria f/ S) , y la sen tencia qu e_se 
pronu ncie en t al^? ^\^^ "» ^^^^ ^^ íHp.ita, Rínn m^íft (fi) , á me- 
nos que medie una verdadera necesidad (7). 

Excepción. — En caso de necesidad pueden también ejer- 
cerse las obras serviles ó trabajos corporales (8) en dia festivo, 
y por esto dice el Catecismo Romano: «Tampoco se ha de juz- 
7>gar que estén vedadas p y r fístfl l^y Ifls ^^r^f ^^ «^ q nfílln^^ c q- 
» sas que se perderían si se dejaran en el dia de fiesta (9) :» 
pero si esta causa de necesidad se halla prevista , entonces ha- 

(4) Cap. I , tít. IX , lib. ÍI Decret. 

(2) ScBMALZGRUEBER : Ju8 Eccles. uhív., íu lib. 11 Decret, , tit. IX , 
par. 2.®, núm. 23. 

(3) Cap. I , tít. IX . lib. II Decret. 

(4) Cap. I y V, lít. IX . lib. II Decret. 

(5) Cap. I, tít. IX, lib. II Decret. 

(6) Cap. V. tít. IX , lib. II Decret. 

(7) ScHMALZGRUEBER : Jíis Ecclcs. uuiv., ibid., núm. 5i y sig. 

(8) Cap. I y V, tít. IX. lib. II Decret. 

(9) Parte 3.% cap. IV, par. 23. 



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— 268 — 

brá de aciidirse al superior en solicitud de dispensa (1). 
A quién compete la reducción ó supresión de ñas- 
tas sacadas.— La supresión 6 reducción del número de 
fiestas universales y de observancia general en la Iglesia póm- 
pete al Sumo Pontífice 6 C oncilio Ecuménico únicamente, 
porque se trata de una ley ^^ral. 

En cuanto ¿ las fiestas ]^nculares , corresponde también 



moces 



esta facultad á los obispos ffocesano s, concilios provinciales 
6 nacionales, según que se hayan establecido por aquéllos ó 
éstos con arreglo al principio, de que ejtis est tollere , cujw 
est condere {2) . 

Si los fleles tendrán también esta facultad, — Los 
fieles no pueden á su arbitrio renunciar á las f fistividaHftg^a- 
gradas , porque han sido establecidas en hon or de Dios , y en 
consideración al bien público . ya sean solemnes ú ordinarias , 
ya repentinas ó extraordinarias. 

lespecto á las ferias rústicas , como la de vendim ias y re- 



coleccion de mieses, que han sido otorgadas en favor de lo s 
litigantes , pueden éstos renunciar á su derecho (3 ). 

_En cuant o ^ á las fie stas m eramente civiles, claro es que 
pueden r ftdfjrM'rsp. <S ?;nprim¡ rse por las personas ó cornoracio- 
nifí5Jiüe4a6 h an intr o du cido^ , 

CAPÍTULO 11. 

AYtNOS. 

Ayuno, y su origen.— La palabra ayuno sigtiiíica absti- 
nencia , y en su sentido lato s e toma por la abstinencia de la 
iniquidad y de todos los pl aceres ilícitos (4). 

(1) ScHMAf^GRUEBER : Ju8 Ecclcs. uuh . , til Hb. tíDecret.UiW , pá- 
rrafo 2.", núm. 22. -.— --^ 

(2) Benedicto XIV : De Sy nodo dimresam, lib- XUl, cap. XVIIl, nú- 
mero 10 y síg. 

(3) ScnMAizGRUEBER: Jus Eccles, Unie., ibid., par. 1-**, núm. 20 y sig- 

(4) C. XXV, distínct. 5.* De Consecrat, 



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— 269 — 

En su sentido propio es : La abstinencia de comidas , ó la 
tasa en la cantidad ó calidad de la comida. 

Los ayunos pertenecen á los oficios reli^osos de los cris- 
tianos , como la celebración de las fiestas, y t raen su origen 
de los judios^ así como del ejemplo de Jesucristo y sus discí- 
pulos. 

Se introdujeron en laJÜ^i, como medio de excitar y 



ítencl^i 



sostener el espíritu de penitencw|| devoción y abnegación ( 1). 
ha biéndose convertido en obligación reli giosa pr>T i« ^^stu?7^- 
b re y ley escrita. 
Sus especies. — El ayuno se divide en= 

Natural^ que es : La absoluta abstinencia de comida y be- 
bida. 

Este ayuno es de necesidad desde las doce de la noche á 
los que hayan de celebrar ó comulgar al dia siguiente. 

Moral y que es: La moderación en el uso de la comida y be- 
bida^ según las reglas de la aprudencia. 

Este ayuno debe observarse siempre (2). 

Libre , que es: La abstinencia según la recta razón y por 
Hkotivo de alguna virtud, sin, que medie obligación de pre- 
cepto. 

Este ayuno puede ser vario según la intención del que lo 
practica. 

Eclesiástico, que es: La abstinencia según la forma pres- 
crita por la Iglesia, 

Ayuno eclesiástico, y en qué se distingue de la 
abstinencia. — El ayuno eclesiástico suele definirse : La 
abstinencia de carne y abstención hasta el dia siguiente de 
toda comida después de la cena ó comida Ú7iica del dia. 

De esta definición resulta que el ayuno eclesiástico, del 
que se trata en este capítulo , consiste en — lajabstinencia_íifiL 
carnes — una comida — t iempo en q u e ha de tener lug ar. • 

La abslmenda es una parte del ayuno, y consiste única- 

^1) Wai.ter : Derecho Ecles. univ. , lib. Vil, cap. IIT, par. 284. 
(2) C. XVllI, XIX y XX ,' distínct. 5.* De Consecrat. 



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— 270 — 

mente e n no comer car nes y ser parco en los manjares ; así 
que no se falta á ella por comer áix)mar aumento á cualquier 
hora del dia ; pero el ayuno requiere la abstinenciade^cS^ yr 
una sola comida al dia y hora detg ffljínftiíjL < ^it gmj aq gfflg-faa 

Fin del ayuno , y deberes que impone.— La Iglesia 
se propone por medio del ayuno , que demos g ra cias al Señor 
por los beneficios recibidos, imp loremos sus divinos au xilios, 
expiemos nuestros pecados y alcancemos buenos minis tros del 
altar (Tj. 

'^ Las obligaciones que se imponen en el ayuno eclesiástico 
pueden resumirse en lo siguiente: 

1.^ Abstine ncia de carne (2), que se observa siempre en 
todos los dias de ayuno , y bajo la pftlabrfljmi^ppf; rr (^ompr^n- 
de todo lo que tr ae origen de la carne , como hue vos , leche^ 
^uésó~(5j; " '^ 

Los fieles se abstenían también en los primeros tiempos de 

la Iglesia hasta del agua y del vino ; pero en la actualidad no^ 

se qu ebranta el ayuno por las bebidas , á menos que sean de 

"líquellas nutritivas que pueden ser consideradas como coiA- 

da, hallándose en este caso la leche, caldo, etc. (4). 

2.* ^ Única comida, cu^ aQbligaciou-Jteae^ or igen de ímg 
c ostumbre _uni versal r antiquísima y contemporánea^ álos 
misD OOs Apóstol es, porqu3 habién dose introducido el a yuno 
param ortificá Fel cuerpo, era p reciso privarlo de la múltip le 
alimentación ^ y consentir únicamente una sola comida para 
evitar su decaimiento y destruccion ,(5). 

3.^ Hora determinada. La única comida que se permite en 
los dias de ayuno , te nía luga r en ntrns^^ pipns dp.yp uig g 4^ 

(X) Devoti : Inú. Canon. . lib, II, tít. VI. pan 4.* 

(2) C. IV, distinct. 4.*— C. XI , distinc. 3.» De Consecraí. 

(3) C. VI , disíinct. 4.» 

(4) ScHMALZGRncBER I Jús EccIbs. univ,y fft lib. Ul DeerH., tít XLVI, 
^úm. 4.* 

(5) Santo Tomás: Summa Theolog. , gecunda secundm , qussst. i47, 
art. 6.* 



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— 271 — 

vísperas , ó á la puesta del sol , egj ja cuaresma ( 1) . y fuera de 
piift^Á Ir Tinra ^fí j)r\nn que correspoude á las ares de la tarde; 
pero se introdujo, en tiempos posteriores, la costumbre legí-' 
tima de que la comida se hiciera al medio dia , sin que por 
esto se entienda que no puede dilatarse, y sí únicamente se 
prohibe anticiparla notablemente , á menos que medie causa 
honesta , porque en este caso puede hacerse lícitamente (2). 

Colación, y liora en que ha de tomarse.— Gomo se 
introdujo la costumbre de anticipar la cena, ^ sea lo que 
efecto de esta alteración pasó á denominarse comida , vino la 
p ráctica de tomar alguna c osa pnr la noc.hft^ porg na pifidian» 
do tantas horas desde la comida hasta eA tiempo de ac^ ostarse 
habría dificultad en conciliar el sueño, siendo consecuencia 
jde esto alguna alteración en la salud. 

A este ligero alimento se da el nombre de colación , que^a^ 
jft sfif parra, fíp la rtftntiHnH , y respecto á la Calid ad sej^equiere 
que consista en pan , frutas , verduras 6 legumbres (3). 

La colación se tomaba por la noch e . poco antes de acos- 
tarse; pero p uede también tomarse >^1 yn^dín día, dejando la 
co mida para la ^ochfí-^i media causa justa y razonable ; y en 
"este sentido contestó la sagrada Penitenciaría en 19 de Ene- 
ro de 1834 (4). 

Dias de ayuno.— Los ayunos se hallan prescritos por:= 
Ley geiteral^ como los de cuaresma, cuatro^t^mp oras , v 
vigilias. 

Ley especial, respecto á ciertos lugares ó personas, como 
los jnandados por el obi spo en su diócesis, y los que se hacen 
por vot ojLs^mjonen ajos peni tentes en ^t isfasgjonde sus 
pecados, écomo m edicina. 

Ayunos prescritos por ley general.— Respecto & los 

(1) C. L , distinct. 1.* De Cmsecrat. 

(2) SanfALZGROEBER : Ju$ Eeeles. univ., in lib. IHDecrtí.y tít. XLYI, 
núm. 21 y slg. 

(3) SanfALZGRUEBEn : Ju$ Eeele$. univ.^ ¡bid.,núm. 5U$y sig. 

(4) Ada ex iis decerpta, que apuá S. Sed. geruníur, tomo 1.^, pi- 
nina iU. 



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— 272 — 

ayuBfcOs. generales y solemnes entre los cristianos, me limito 
á las indicaciones siguientes : 

I. El ayuno cuadragesimal , que fué establecido por lo s 
Apóstoles , á ejemplo de Jesucrist o , Elias y Moisés, q ue ayu- 
naron cuarenta dias, y tiene jugar antes de la Pascua ( 1). 

Este ayuno c omprende cuarent a dias, que empiezan el 
jiiércoles de ceniza y concluyen el slibádo santo, porquo l os 
cristianpsj^Laj^nna n el Domingo^en memoria de la Res urrec- 
oion del Señor, y con arreglo á la antigua costumbr e. 

II. El ayu no de las ferias cuarta , sexta y sábado de las 
cuatro témporas , que tienen lugar al principio de cuaresma 
— después de Pentecóstes — en el mes de Setiembre— y en eT 
mes de Dici embre. 

Los Apóstoles in stituyeron p arte d Q estos ayunqp . y U^ 
restantes^son de instituci^ ^n ftntiquíRimft. y Ha in^f tifímpo^ 
^apostúliooti (2). 

III. La Iglesia honra con ayunos las vigilias de las princi- 
pales festividades del año , como son : 

> a) La Nativid ad í;^ p.^ Sttfínr y P e ntecostés. 
d) Asunción de la Virgen y las de los Apóstoles (3). 
cj 8. Juan Bautista, y S. Lorenzo. 
d) La festividad de Tod o s los Santos^ _ 

IV. '^El ayuno de las ferias cuarta y sexta de cada se mana^ 
que d¿ta de los primeros siglos de la Iglesia ( 4) y se prescri - 
bió, p orque los judíos determinaron en la primera da r mim^ 
alSalyador_, v en la segu nda lo llevaron á la ejecución (5). 

El ayuno de la feria cuarta ha cesado por costumbre ^_ j^gL 
d e la feria sexta quedó reducido á la abstinencia de^ arnfi¿t 

V. EL ayuno del sábado se practicó en la Iglesia romana 
y otras de Occidente desde temas remota ^ntigü^ad, OJoM- 

(1) Devoti : Inslit. Canm.. üb. 11. tít. VI, per. 2.° 

(2) ScHUALZGftucBER; Jus Eccle&t tmiv., tu lib. III DecreL\Ui- XLVI, 
número 32. 

. (3) Caps. I y U, tít. if, lib. lU üeeret. - 

(4) * C. XI, dist. 3.* De Co^seeriU^CAp. 111, tít XLVÍ, lib* lU Decret. 

(5) Devoti: Inst. Canon. . lib. II. tít. VI, par. 3." 



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— 273 — 

ñor de la sepultura de Cristo y de la Santísima Virgei j f (1). 
Este ayuno ha quedado reducid o k niftra AhRtTnfi7^^.in^(9.) 

VI. El ayuno de adviento se observó en la Iglesia ro - 
mana ( 3) , y queda de él algún vestigio en el rito del Bre - 
' víarió^omano^ y en las reglas de algunas órdene s religio- 
sasj[4). " ' 

Vigilias en su origen. — Las vigilias eran las reuni ó- 
nes noctumas que tenían los ^^n'g^ianng <^n igp ^pjf.c.j^|^ j^.. Y^^^, 
pe ras de las festividades principales . para la celebración de 
los divinos oficios , y duraban la mayor parte de la noche , por 
cuya razón se les dio el nombre de pernoctationes ^ per- 
ingilia. 

Estas reuniones han cesado por completo (5) , y sólo-i^ueda 
de ellas el ayuno, q ue tiene lugar en algunas vigilias. 

01)ligacion^ae impone el precepto del ayuno.— 
La obligacion d pi ayuno m grave j}qt s^i T^fttnral^za ; asi que 
los cánones llamados de los Apóstoles imponen á los trasgre - 
sores la pena de excomunión , si son leg os, y la d e deposición 
si son clérigos (6), y el Concilio de Trento exhorta á los obispos 
para que recomienden y h a ^an que se observe este man - 
dato (7)7 

A quiénes se extiende. — Este precepto comprende á to- 
dos los que no se hallen exentos de su observancia por alguna 
de las causas siguientes : 

Eiad. Los que no hayan c umplido veintiún años ó sean 
mayores de sgsenta ó seten ta ; pero no se eximen del ayuno , 

0) C. XIII. distinct. 3.' Z)e Cf/iweí?raí.— C. XXXI. distint. 5.*. he 
Cmsecrat. 

(2) Devoti : Inst. Canon,, lib. II. tít. VI. par. 3.® 

(3) Cap. II. tít. XLVI, lib. III DecreL 

(4) Schmalzgrueber: Jus Eccles. univ,, in lib, 111 Decreta tit. XLVI, 
número 35. 

(5) Devotí: /fwí. Canon, lib. II. tít. VI, par. 5.<» 

(6) Cánones. 

(7) Sesión 25, De refomud. Decret. de deleclu cibor., jejun. et die- 
hHs festis. 

TOMO III. 18 



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— 274 — 

prescrito en la concesion del jubileo , si han de ganar las in- 
dulgencia sjsoncedidas por la Santa Sede (1). 
" 'Enfermedad corporal, en cuyo caso se hallan los c onva- 
legiggtgcjj,.: pp.rf;nnfl.s de complexion delicada, etc. (2). 

Necesidad , proveniente de pobreza ( 3), en cuyo caso se 
hallan los mendig os. 

Trabajo corporal, que no es compatible con el ayuno, ha- 
llándose comprendidos en esta exención l os labradores, via ^^ 
jeros¿3lbafiilPS , hftrrWos, etc. 

Piedad, y se comprenden en esta exención losj[ue_se em- 
plean en obras corporale s 6 espirituales de misericordi a 6 ca- 
ridad, porque no conviene que el ayuno sea causa para impe- 
dir un bien mayor espiritual (4). 

Costvmbre, siempre que sea legítima (5 ). 

Dispensa , que puede concederse por el Sumo Pontífice 
en toda la Iglesia y por los obispos en sus respectivas diócesis; 
cuya facultad T)asa al cabildo ó vicario capitular, sedera- 
cante. 

Entre estas dispensas es muy notable l a bula de la Cruza ,- 
da , cuyas gracias y privilegios son extraordinarios (6) • 



(1) S»(MUkiSÁ;fí\}fx^:JusEccles.univ,^%nW>.niDecr^., tít. XLTI, 
núm. 42. 

(2) C. XVl. dist. 5.» De Consecrat.'-CAip, II, tít. XLVI . lib. HI De- 
creí, 

(3) Cap. II , tít. XLVI. lib. HI DecreL 

(Á) ScHKALzcRUEBCR ! Jus Eccks. uhív,, íMd., núm. 46. 

(5) Cap. II, tít. XLVI. lib. Iñ DecrM. 

(6) Devoti : InsL Canon , lib. II , tít VI , par. 8.* 



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— 275 — 

TITULO TERCERO, 

GOSAB SAGRADAS T BENDITAS. 



CAPÍTULO I. 

IGLESIAS. 

Iglesia, y sns distintos nombres.— La palabra iglesia 
tiene varias acepciones, según se deja consignado en otro lu- 
gar de esta obra (1); pero se toma aquí en su sentido materiaU 
y puede definirse : El lugar ó ediücio sagrado en donde se reú- 
nen los fieles para celebrar las divinas alabanzas y recibir 
los santos sacramentos. 

La iglesia en la acepción expresada tenía los nombres si- 
guientes : 

Orarium, ó sea el lu^ar en que se ^diríffen las preces al ■ 
Señor (2). 
'^^Ubminicum^ ó gftn /'.«.gn. ^p rimg (3). 

Basílica , ó sea las casas d adas por los e mperA^nrfts A \r^ 
cristianos para sus ^ ^ union eg. 

Templo y de cuyo nóm brelo usaron los cr istí^^no^ ^ priT|« 
cipio . porque era propio de las reunion es religiosas de los gen- 
lígsti^ 

- Tituli, ó sea loslugares consagrados^ 
sacerdotes y n ^ inistrr ><y ^dfinrJtfífí ^ los mismos . 

Proplisteum — aposúoleum — martyrium , según que se ha- 
bían edificadA>éJamemorm^^^ 
ti r(5). 

(1) Lib. Il.tít. I,cap. L 

(2) DEVon : ¡mi. Canon. , lib- n , tít. TU , par. 2.® 

(3) Phillips: Comp. Jar, Kccks.^ lib. IK, cap, 11. par. 2i6. 
(Á) Dbvoti : rnst. Canon. . lib. 11 , tít. Vil . par. 2.» 

(Í5) Detoti : ÍPist. Canon., íhiá. 



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— 276 — 

Ecclesia , ó sea e l lugar en donde los fieles s e reúnen para 
tribuj nr k T>iof^ ^^ iinmpnfljg dcbído y ^^ éste,fí&jiin ombre que ^ 
hapresflIecido-sQbr^> los dfífíias. 

^'^Sus especies. — ^Las iglesias se distinguen en las especies 
siguientes : 

I. Por razón de la dignidad y preeminencia en= 
Basílicas , que son las iglesias principales, á las que acu- 
dían los príncipes para asistir á los divinos oficios. 

•^ás basílicas se dividían en= 

Mayores , que son las de Letran, Vaticana^^^S ^ablo y Santg 
yitrjfi in. Mayor en Romaj que representan las cuatro prime- 
ras iglesias patriarcales de Roma, Constantinopla, Alejandría 
y Antioquía (1). 

Menores , y son lasj[uejhaji_i)j34^^ 
^ mano Pontífic e : de éstas hay muchas en Roma y en otros 
j^lses, las cuales tienen varios privilegios (2). 

II. Por razón de los rectores de ellas en= 

IglesisLs patriarcales— primaciales — metropolitanas y ca- 
tedrales. 

III. Por razón de las funciones propias de cada una en= 
Colegiatas^ que son insignes j no insignes {3)—parrofm(^ 

Jes—regulares ó conventuales y de cofradías ó hermandades. 

IV. Se dividen también en= 

Matrices y no matrices , según qua,d fí_^ellas pro c^deaAno 
proceden otra s. 

Capillas publicas, entre las cuales sobresalen lasdejogjce-^ 
^jfis^y capillas privadas ú oratorios. 

Las iglesias en nn principio y en tiempos poste- 
riores. — Era natural que las^primeras iglesiasentrejesucn^* 
t ianoi fuesen reducidas . pobres y sencillas , sise tiene en 
cuenta la situación del cristianismo con respecto á los pode- 
res temporales en los tres primeros siglos* . . r.-»r:-s^--' — 

(i) Pralect. Jur. Canon in seminar. S. Snljiil., part Ill,sect ni, 
artículo ^.^ par. 4.*», núm. 562. 

(2) PralecL Jur, Canon, in seminar. S. SulpiL, ibid,, núm. 563. 

(3) Concil. Trid., sesión 24, cap. XII y XV De Reformat. 



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L 



~ 277 — 

Caando la Iglesia de jó de ser perseguidajr los emperado- 
res abrazaron el cristianismo, eñiSncés se aumentó eY^ ifanr» 
dínariamente el ná qiero de iplesías . porque los cristianos ad- 
quirieron facultad para construirlas . 

Lo s emperadores ¿ su vez construyeron muchas: m andaron 

que se COnvirti gran pri íglpcms Ing tAmplng Hp. Ins gftyitil^Q , y 

dotaron co n magT^ifif^ftn^in in^ iglfísiB- s <^el verdadero y>inf f n, 

Su forma en la antigüedad.— La antigui^Jorma de las 
iglesias no^ft jo rnal en todas ellas , así que iíS¿ÍÉUB|||||g¡2^ 
y estregEas ,^á_gian era de nav e, otras redon das ó^dé muchos 
l ados, ó e n forma de cruz. ' ' 

E l frontis de las mismas, miraba á Occidente, y el santua* 

río al Oriente, porque l os^cristianos acostumbraban ¿ ora r 

nAirando al üriftnte ; p ero era muy frecuente que no revistie- 

ran ning una .^ft ARta.<^ j prmasTy s e cions t r u^eseü TO negalqnter 

sitio y forma (2). 

ir'artes interiores de qpie se componían. — Las igle- 
sias , principalmente las mayores , constaban de muchas par- 
tes interiores , que se hallaban incluidas dentro de sus pare- 
des , y eran — el vestíduh ( narthex.)~el templ o — j^eLsautua.- 
rio (bema) . 

Forma del vestíbulo, y quiénes se colocaban allí. 
— El vestíbulo era un edificio largo y angosto, á manera de 
f¿i>niQ ^ ^v^af^-^ínTriF>4^atam gntgrgéspú ftx 4ft ^^ pne^t^. 

Allí se quedaban in s infiftipgT herejes , catecúmenos y los 
penitentesJ1^Tn«r!ns n^^^fay , miÁntras las Sagradas lecciones ' 
y pláticas. 

Nave, y á quiénes se admitía en esta parte de la 
iglesia. — Seguía después aquella parte de la iglesia que 
se llamaba templo ó nave , y e ra prenerai niñTi^ft cuadrada . 

Se hallaba ^eparada del vestíbulo por una verja de made - 
ra, q ue llamab an puertas regias et s peci os as, porque se en- 
traba por ellas al real palacio de Dios , ó sea ¿ la iglesia, ó 

(i) Devoti : hisU Canon., lib. II, üt. VII, par. 3.* 
(2) Devoti : Inü. Canon,, lib, JI, tit. VII, par. -4.^ 



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— 278 — 

porque los reyes deponían allí sus coronas cuando entraban 
sn el temp lo. 

En la parte inferio r de la nave , que era la más próxima al 
vestíbulo , s e colocaban los penitentes sustractos f stiistrati) 
y fin Ift partft snpfírjnT» flft la misma nave , que era la más pró- 
xima al santuario , s e colocaban los consistentes {consistentes) 
mientras la Misa , y después Ips fieles > hallán dosft se para dos 
por una balaust rada de m adera l os hombres de las mujer es. 

T gmHé n^coloc aban en distinto lugar las yírgenes ;gj§s 

En medio de la nave estaba la tribuna , á la cual se aseen- 
día por una ¿.fír«d¿<s, y allí se colocaban los cantores y lecto- 
res que leían las Epístolas y el Evanp^elio . recitándose desde 
el mismo lugar, que también se llamaba pulpito y tribunal, 
(ambo) las dípticas (diptycJia). 

Santuario, y quiénes podían colocarse en este 
lugar. — La jarte tercera , que era la más elevada y santa ^ 
de la iglesia, l á constituía el santuario, llamado por los grie- 
gos bema , y estaba separado de la nave por un enrejado, no 



siendo permitido á los legos penetrar en ella mientras los sa- 
grados oficios. 

La parte suprema de l santuari o se llamaba apsi s^ y tenía 
ift fnrma Hp. nn fiftimp.lrp.iiln^ 411£estab a colocadoel tronoj ^ 
ob ispo V los asientos de los pres bíteros (2). 

Altar, y su materia. — El altar, llamado también «r«, 
mesa sagrada-^ sanctum-sanctorum, &q hallaba c ojocado e n 
m edio del santuario , y separado de la pared. 

Los altares e ran en un j grinci pio de madera ; de spués s^ 
construyeron de pied m, h allándose cubiertos en muchas v§ í- 

tes de o ro y pi^tp. " '"• ^ 

, Número de ellos en cada iglesi&7ysu ornato.---EiL 
Jas iglesia s de los griegos solía colocarse íux'^qTq ftfliifü^i.pero 
entre los latinos sé ft€6stumbró jegdg^ la más remo ta^ an* 

(i) Devoti : Inst. Canon., lib. II, tít. Vil, par. 10. 
(2) Devoti ; InsL Canon., lib. II. tít. Vil, par. 41 . 



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— 279 — 

Jigüedad á p oner m uchos altares en una misma iglesia ( 1). 

El altar jejiftllftbft (Mihíftrtn ^on imR S5ih^a^ia ; en medio 
de él había una cruz > v junto A la cruz por uno y otro lado 
los candelabros^ que se hallaban encendido s mí^^ntr as se ce- 
lebr aba el santo sacrificio . 

Imágenes y pinturas en las iglesias.— La persecu- 
ción de que fué objeto la Iglesia en los primeros siglos , fué 
causa de que no abu ndaran las imágenes en las iglesias (2 ), sin 
que por esto se entienda, que fué desconocido su uso entre los 
cristianos, porque se demuestra lo contrario por innúmeras 
b les monumentos de la antigüedad (3) ; pero después que la 
Iglesia fué considerada como sociedad lícita en el Estado , y 
que el culto de los ídolos y la idolatría desapareció en casi to- 
das partes, creció extraordinariament e el número d e imág e- 
nes , pinturas y e statuas en las iglesias , como el medio más & 
prO)¡)óstto para excitar la piedad de los fieles , y traerles á la 
memoria las grandes virtudes de aquellos cuyas imágenes tie- 
nen á la vista para su imitación. 

Partes exteriores de las iglesias.— Se llaman así 
aquellos edificios que no se encuentran incluidos dentro de 
las paredes de la iglesia , estrictamente dicha , pero que per- 
tenecen á ella. 

Estas partes exteriores eTBknieo^úeriornarúheíff, que com- 
prendía el vestíbulo y atrio ó área — ^y las Exedras (pórticos). 

El vestíbulo era la prime ra entrada , y entre él ;y^la.prim.e- 
ra parte interior inart^ex sive ferwlaS . s e hallaba el atrio y 
era un edificio, cuy o centro estaba descubierto , uniéndose sus_ 
lados por cuatro pórticos. 

üabia en medio del atr io unas fuentes , pozos , co nchas ú 
t\^^ ^^ aiósitos de agu a , d onde los cri stianos se lavaban m a- 
nos y cara al entrar en la iglesia, d ft Jo ^"«1 traft su prfprgn 
el uso del agua bendita (4). 

(1) Devoti: InsL Canon,, lib. II, tít. Vil, par. 12. 

(2) Dkvoti : ¡nst. Canon., líb. II. tít. VII, par. 43. 

(3) Perrone : Pralect. Theolog,, De cuHu Sanct,, cap. V. 

(4) Devoti; InsL Canon., lib. 11, tít. Vil, par. 14. 



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- 280 — 

Exedras (pórticos), con cuyo nombre se designaban los de- 
mas edificios que estaban alrededor de la iglesia (1) y eran lu- 
gares de quietud y descanso, Gomo el— daptisterium—secre- 
tarium ó diaconicon—pastophorinm—schola—bibliotJieca. 

El baptisterium era u n edificio espacioso , que constaba de 
dos partes, ó sea del vestíbulo en do nde los catecámen os ha- 
cían su profesíon de fe , y el lugar interior en donde se hacía 
la ablución con los demás ritos prescritos para el bautism o (2). 

El secretarium era el lugar en donde se g ynftrHfth^yi in& y^. 
sos, orna mftntnq ,<^ ff.gradQs v todo lo demás perteneciente al 
culto (3). 

La palabra pastophorium tiene varias acepciones, pero 
significaba ordinariament e los edificio s que *t? hallaban k iifíj) 
-jL-Otco jado de la iglesia á su extr emidad oriental , y eran las 
habitaci ones de los guardas y ministros del templo. 

Ei Tescuela y biblio teca era el lugar destinado á la ense- 
ñanza com ún. 

Forma moderna de las iglesias.— La exposición he- 
cha de la antigua forma de las iglesias y de sus partes, da 
desde luego á conocer la diferencia entre aquéllas y las de 
nuestra época. Las iglesias en general sólo constan en 
lftft^ct]ml^f^fl.(í Hft Hns partpj; , que sou : l a navc Y el santuario , 
en el cual se halla col ocado^el altar mayor, y allí el presbite- 
ri o y_ el coro en muchas iglesias, de modo que está n confa n- 
didos. ~ 

La nav e de la iglesia abunda ordina ri amente en altares ¿ 
unoy_otr(> lado. y el pulpito, que tambi en^suel e hallarse en 
la nave, sólo pued e servir para la predicación de la divina pa- 
labra . En la parte inferior de la iglesia está el bautisterio, 
que es un pequeño receptáculo de agua, trasladado délas 
antiguas exedras á la iglesia. 

Muy pocaslglftsias tiene q atrio : pero éste se halla cubier - 

(1) VECcmoTTi : ¡nst. Canon., lib. IH, cap. V, par. 55. 

(2) Devoti: Insl. Canon. , ibid. par. 15.^ 

(3) Dkvoti: Insl. Canon., ibid. 



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— 281 — 

to, y no hay fuentes en él. Todas las iglesias tienen s acristía , 
"enlgTTmj s« tfüafd attjos^ ornam entos sagrados y otros objetos 
destinados al culto. 

También se halla en las iglesias de nuestros tiempo^aux^ 
torre para las campanas (campanario) , de las que se sirven 
para anunciar las festividades y celebración de los divinos 
oficios . 

Por último, debo advertir que hoy nojeobserva una for- 
ma detfi rminfl^fl en la r!o nRtrn( >p.in n de los edificios para e l 
culto , y 'q ue los existentes ofrecen una gran variedad en las 
partes componentes de lo s mismos, de manera que no es po si- 
b le hacer una descripción exacta de ellos. / 

En todo caso se cuidará que tenga la forma de nave , se- 
gún la práctica observada desde los primeros tiempos de la 
Iglesia, porque se expresa de este modo, que c olocados en 
este mun d o como en me dio de un mar tempes tuoso, fluctua- 
gios entre los peligros de la vida en dirección al puerto^ 
nuestra salvación eterna ( 1). 

Uiceiicia necesaria para la erección de iglesias. 
— Aunque la edificación de iglesias es un acto la udable y que 
recomienda desde luego la piedad del que le practica, nou. 
pued e ejercitarse á su arbitrio por los fíeles, porque esto 
traerla no pocos inconvenientes ; y de aquí que n o pueda (> Qns- 
^^''^^^'g^^ft niip^yq igl^«TÍfl ^^í" iif*fíBf*^j,n. He la autoridad ecle« 
siás tica competente , según repetidas disposiciones legales (2 ). 

Como son muchas las especies de iglesias , según se deja 
consignado, de aquí que sean distintas las autoridades ecle- 
siásticas á Quiftnfts c. nrrftgpnndft conceder su licencia para la 
constr ugrínn d^ a.qii< ^,llas ; y al efecto sTpasa á tratar deeste 
asunto en part^í ^jilar . 

Quién autoriza la erección de iglesias catedra- 

(i) ScHMALZGRUEBEa : Jus Ecclcs. ufíiv,, iti lib. IlL Decret, tit. XLVIII, 
párraío i.^, núm.31. 

(2) C. 4.*», 5.^ 8.° y 9.', distinct. i^De Consecrat.—C^,^, qumU 
5.», causa 16.— Cap. IV, tít. Vil, lib. V sea^t. Decret. 



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— 282 — 

les. — Bajo el nombre de iglesia catedral se comprende aquí 
no sólo las simples catedrales , sino tambifin \^ ^ j a^lesias me- 
tropolitanas , primaciales y pnt rinrcnlftfii pnninrt una es la 
condición de todas ellas respecto á la autoridad que ha de con- 
ceder su erección , y cada una de ellas tiene aneja á sí la cá- 
tedra del propio prelado. 

Sólo el Sumo Pontificepuede con^ r^flft^* ^ft ftrftfio.jnn d^ 
i gSsias catedrales . po rq ue á él corresponde únicamente la 
erección de obisp ados , y estas dos i dQ ^s se hallan tan unidas 

V conexas ftPtrft RJ, fj^np^ un fi-yicfQ ^hicpo/íf^ dn ip^lofria <^RtA. 

dr al u obispo sin cátedras así que el Sumo Pontífice siempre 
que erige un obispado señala territorio , pueblo y la iglesia 
que ha de ser la principal ó cátedra del futuro obispo , con 
arreglo á las disposiciones canónicas (1) , de lo cual ofrece 
muchos ejemplos la historia contemporánea. 
'^ ) Causas para su oonoesion. — El Sumo Pontífice no con- 

cede la erección de una iglesia catedral , sin que medie al- 
guna de las causas que motivan la creación de una nueva 
diócesis , como — el aumento del culto divino y — la necesidad 
ó gran utilidad de las almas. ♦ 

Como la erección de una catedral es causa mayor , re- 
quiere por lo mismo razones poderosas al efecto . y se halla 
dispuesto , que no tenga esto lugar sino en las ciudades ó po- 
blaciones de gran importancia, á fin de que la dignidad epis- 
copal no se envilezca (2); lo cual no es regla inflexible, por- 
que si la necesidad ó evidente utilidad de la Iglesia reclaman 
otra cosa, ajuicio del Romano Pontífice, es indudable que 
procedería la erección de iglesia catedral en una pequeña po- 
blación, y esto suele tener lugar en pueblos recien converti- 
dos á la fe y países nuevamente descubiertos. 

Si será necesaria la licenoia pontificia para la 
erección de colegiatas..- Los canonistas se hallan divi- 
didos acerca de este punto , porque no existe texto alguno 

(i) Cap. I, tit. IX, lib. lU Z>ecreí.— Cap. IV, tít. XXX. lib. I Decret. 
(2) C. 3.° y 4.°, dígtincL 80. 



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— 283 — 

en el derecho, que expresamente resuelva esta cuestión ; pero 
es preferible la opinión de los que sostienen como necesaria 
6fc agtopígacion y lifténcla del Sumo Fontitice, puesto que se 
halla ñmdada en decisiones de la sagrada Bota Bomana y en 
muchas declaraciones emanadas de la congregación de 
obispos (1). 
^^ Causas en que lia de fundarse.— La erección de una 
colegiata no debe concederse , sino mediante causa justa , ó 
sea el aumento del culto divino y la utilidad de los fieles ; así 
que el Papa suele acceder á su erección cuando concurren : 

a) La dignidad del lugar , como si es ciudad ó población 
insigne. 

6) Docilidad, piedad y concurrencia del pueblo, princi- 
palmente de clérigos. 

c) Estructura y amplitud de la iglesia que se desea erigir 
en colegiata. 

d) Abundancia y preciosidad de ornamentos sagrados. 

e) Dote para las prebendas de canónigos que se conside- 
ren necesarias , según la calidad del lugar y costumbre de 
las demás colegiatas de la misma provincia. 

fj Si las condiciones de la fundación y erección no son 
exorbitantes ajwre. 

g) Si no se origina perjuicio á tercero. 

h) Si el obispo de la diócesis aprueba y recomienda su 
erección. 

Cuando median las causas indicadas , el Sumo Pontífice 
suele conceder dicha erección mediante voto favorable de la 
sagrada congregación del Concilio (2). 

Qxdénes pueden autorizar la erección de iglesias 
regpilares. — Una iglesia regular supone casa ó convento de 
religiosos , para cuyo uso sirva , y no puede erigirse aquélla 
sin la competente licencia (3) del obispo ú ordinario del terri- 

(i) Inst. Jur. Canon, por R. de M., parte 2.^, lib. F, cap. II, artículo 
i.\ par. 2.^ 

(2) Inst. Jur. Canon, por R. de M., id. ibid. 

(3) Cap. IV, tít. VII. lib. V sext. DecreL 



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— 284 — 

torio (1) y de la Santa Sede, según se deja manifestado en 
otro l ugar de esta obra (2). ' ' 

" £iicencia del obispo para la erección de iglesias 
parroquiales . — Iglesia parroquial es : La q%e tiene pueblo y 
territorio demarcado con un reetor propio bajo la dependen- 
cia y autoridad del obispo. 

La erección de parroquias no puede hacerse sin consent í- 
miento y licencia del obispo ó su vicario con licencia especial 



paraellio (3). 

"" Causas necesarias para ello en la erección por 

rrrnnnTi FjjThjjjj n^ti n nr r 1 flr m ah o y A w ^^j^j ^^-fAUgit. 
^cion de eriy^r jo-lesifis pytrrngm'aifts^ siempre que la neceaSaB 

ó utilidad de la Iglesia lo reclame , bastando al efecto. 

a) Jp^^^ríterio rn"^r'^^^"^p 

t rata de la erección por creació n (4). 
Requisitos necesarios para erigirse por división. 

Cuando se haya de erigir parroquia dentro de los límites 

de otra , ó sea por división , no basta ge neralmente que haya 

crecido número de fieles, (5): es necesario que además megié" 

a lguna causa 6 necesidad á la que el párroco no pue da aten- 

<^er fácilmente por sí, ni por medio de sus auxiliares , y esfo 

*T;iene lugar: ~~ --— — ^-.^ 

'^ Sj existe gran difieu^ tflH ^n ins fpj jgreses para acudir á 

la parroqui a, ^ «Ij^tor ^^ *^1^ft pnr la Hisf.flnr»in ¿\ nfífynn ntyn 

impedimento (6) , como siJijTbifírfí un ri^ ^ t^rr*>nt,fi internae- 



(1) Concil, Trid., sesión 25, cap. III De Regul. et Moftial. 

(2) Lib. H, lit. V, cap. IH. 

(3) C. XI, quaest. 7.% causa i6.—Conc¿í. Tnd., sesión 24. capítulo 
XIII. De Reformai. 

(4) Insl. Jur. Canon., ipor R. de'M., parle 2.*. lib. I. cap. II, art. i.*, 
párrafo 4.*» 

(5) Concil. Trident., sesión 21, cap. IV De Reformat, 

(6) Cap. III, tít. XLVIII, lib. III Decrel.—ConcH. Trid. sesión 21, ca- 
pítulo IV De Reformal, 



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— 285 — 

dio, q ue no admitiese puente y no pudiera vadearse en cie rtas 
épocas del año (1). 

^i f ^Tiatifln mn^liQg fn - mílífta Hn 1n fnlippnog^q YITl fífT^ n fU fí r^^ 

de las murallas de la población, dentro de la cual está la 
parroquia. ^ " • 

cj l4a ^xistencia de muchos leprosos en la feligresía, etc. 

Oratorios púl)licos. — Se llama asi : La iglesia destinada 
perpetuamente por autoridad competente para el cubito de 
Dios^ y que tiene libre entrada y salida á la via pública. 

Los oratorios que no tienen libre entrada ni salida á la vía* 
pública, pero q ue sirven para utilidad de un colegio^ cárcel 
f^ hoi^p^t al , se asimilan á los oratorios públicos . y como tales 
se reputan ( 2). 

Quién puede autorizar su erección, y mediante 
qpié causas.— Los oratorios públicos no pueden construirse 
sin licencia y autoridad del obispo (3). 
El obispo podrá conceder su permiso : 

1.® ^^i-j<iiftnft P9T 9bjfít>0 f 1 aumento de l culto divino y n6 
e l interés ma terial. 

2.® Si cuenta c on la dotacionnecgs aria para el sostem^ 
miento de los ministros y con todos los objeto s que se requ ie- 
irénj ^ra el culto divino (4 j. " 

3.® Es además necesario, que no resulte perjuic io á ter- 
cero ¿"^Totra iglesia (5). ^ 
— uratoriosprivados, y quién puede erigirlos.— Se 
entiende por oratorios privados. Los lugares, qtce sin tener co- 
municación á la vía pública, ni ser de libre acceso al público^ 
están destinados al culto divifio, á voluntad de losparticur 
lares , para satisfacer allí su piedad y devoción. 

(1) ScHMALZGRUEBER : JusEccUs. untv., in lih. IIIDecret,, tít. XLVIII, 
párrafo l.^núm. íi. 

(2) Inst. Jur, Canon.j por R. de M.. parte 2.». lib. I, cap. II, artículo 
i.^pá^.5.** 

(3) C. 9." y 10. distinct. 1.* De Consecrat. 

(4) C. 9.**, distinct. !.• De Consecrat. 

(5) Cap. I, tít. XXXII, lib. V Dectet. 



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— 286 — 

Jodosjos ^eles ti engnjfr.nltflfi pnr» '"^f^^ g^n ,«^ps osu^nn 
est os oratorios, en donde puedan orar fl ); per o si tratan d e 
que allí s e celebre el santo sacrificio de la Misa , TiAírA^ítan li- 
cencia de la autoridad eclesiástica. 

A quién coiTes]f)óll(l(¿ dar sn licencia para qne 
pueda celebrarse en ellos el santo sacrificio. — El 



7^ 



obi spo podía, según la legislación antigua, conceder q ne se 
aleb rase el santo sacrificio de la Misa en estos lugares priva - 
"dos (2). y los regulares dominicos y franciscanos podían , en 
virtud de sus privilegios, celebrar sobre altar portátil en 
cualquier lugar (3). 

Este privilegio de los regulares , lo mismo que el derecho 
de los obispos para conceder á sus diocesanos licencia de ora- 
Horio privado, en el que se celebrase el santo sacrificio de la 
Misa, fué abrogado por el Concilio de Trento (4) , según el te- 
nor de sus palabras, y la sagrada Congregación, intérprete 
del expresado Concilio , lo declaró asi por mandato de Paulo V 
en 1615 (5), sin que haya lugar á duda alguna (6) ; así qu£los^ 
particulares tienen necesidad de impetrar de la Santa Sgie 
licgn p.ia de orat orio privado , si quiergn_ oir allí el santo sacn- 
fiAÍcule-ULMÍ£^. 

ClenientfiJS^ , en su decreto Qwoniam sancta de 15 de Di- 
ciembre de 1703 (7), reiterá^espeoiOLálos regulares lajgohi 
bicion de usar altar portátil en cualquier lugar sin licenc ia 
d e los ordina rios^(8) . 

Derecho de los obispos á celebrar en sus orato- 
rios, y á usar altar i>ortátil.— Los obispos tienen dere- 
cho á celebrar en sus oratorios y á oir allí el santo sacrificio 

(1) C. 33, distinct. 1.* De Consecratione, 

(2) C. i% distinct i,^ De Consecratione. 

(3) Cap. XXX, til. XXXIlí, lib. V DecreL 

(4) Sesión 22, Decret, de observ, eí evit. in celebraíione Missa. 

(5) Beniíidicto XIV: De sacrificio Missa, líb. III, cap. VI. 

(6) Inst. Jur. Canon., por R. de M., parte II, lib. I, cap. lí. artículo 
1.°,pár. 6." 

(7) Benedicto XIV :fie sacrificio Missa, lib. III, cap. VI. 

(8) InsU Jur. Canon,, por R. de M., id. ibid. 



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— 287 -^ 

de la Misa (1), cuya facultad tiene un sólido fundamento en 
la antigüedad (2) , y aun les está concedido usar altar portátil 
fuera de su diócesis (3; , sin licencia del prelado local (4), siem- 
pre que se verifique sin faltar á las prescripciones del decreto 
dado por Clemente XI en 15 de Diciembre de 1703 (5) y de« 
claraciones posteriores (6). 

Dotación de las iglesias ^ y personas que tienen 
este deber.— Es ley general que no puede construirse igle- 
sia alguna, sin que se la dote de los medios necesarios para 
el sostenimiento de l culto y sus ministros (7). 

El obispo es el llamado a exigir lalRtacion y juzgar de la 
suficiencia de ella respecto ¿ las iglesias que se construyan 
en su diócesis {^) , con obligación ae dotarla él mismo en pena 
de su negligencia , si ha consentido en su erección sin el in- 
dicado requisito (9). 

Esta dotación habrá de hacerse por las personas que se ha- 
llan comprendidas en alguna de las reglas siguientes : 

a) Las pers onas que por su voluntad y pieda d quieren edi- 
ficar « il ffuna iglesia, t ienen obligación de proTX)roionarla dote 
suficiente para sostenerla, porque sin este requisito no se les 
concede la facultad de construirla (10). 

í) Lo s^que tienen o bligación de construir una iglesia sin 
desmembr ación de otra, está n en este mero hecho obligados^ 
á'dotarla convenientemente (11). 

c) La dotación de una iglesia, que es desmembración de 

(1) Benedicto XIV: De sacf i/icio Misste, lib. III, cap. 6.®, num. 6/ 

(2) Benedicto XIY : Episí. encycl. de USO. 

(3) Cap. XII, tít. VI. lib. V sext. Decret, 

(4) Benedicto XIV: De sacrificio Missa, lib. III, cap. 6.^ 

(5) Benedicto XIV: ÉpisL encyclic. de 4750. 

(6) Benedicto XIV: De sacrificio Missa, lib. III, cap. VI. 

(7) C. 9.^ distinct 1.* Dé Consecrat — C. 4.°, quaest. 2.*, causa 1.* 

(8) C. 1.®. quaest. 2 *. causa Í.^—Concil, Trid., sesión 21, cap. IV 
De Reformat. 

(9) Cap. VIII, til. XL, lib. III Decret 

(10) C. 9.*, distinct. 1.* De Consecrat, 

(11) Inst Jur. Canon., porR. de M., parte 2.*, lib. I, cap. II, artículo 
2.^ par, 2,<> 



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- 288 — 

la yk existente ^ ha brá de hacerse con los frutos que de cual- 
quier modo pe rtenezcan á la iglesia matriz, aun cuando me- 
die oposición del rector y patrono (1) , á menos que aquélla 
no cuente con los medios necesarios para atender á la iglesia 
filial nuevamente construida, porque en este caso el pueblo 
será el obligado á ello (2). 

Solemnidades en el acto de proceder á la erección 
de una iglesia.- -El obispo procede á la designación del lu- 
g ar y atrio f 3) .^coloca por sí mismo ¿^ pm* fift/^.ArHnfi> Hftifíg||4f^ 
^l^ftfpírtn nnn. p.riiz ftn ftl sitio donde habrá de estar el al- 
ta rmayor (4 ) , cuidando de que se coloque hacia Oriente , se- 
gún tradición apostólica , aunque esto no es necesario (5); pgne_ 
después la primera piedr a, que habrá de ser cuadra da y an- 
gular Í6) , procediendo en seguida á su bendición co n aFreglo 
á ía forma de^signada en el Pontifical Romano. 

A quién corresponde la reparación de iglesias. — 
Las iglesias y templos destinados al culto del Señor están su- 
jetas, como todas las cosas humanas, á^ inutilizarse y des- 
íruirse por la acción del tiempo y otras contingencias. Cuando 
esto ocurre, es necesario proceder á una repaWlCiou, que ha- 
brá de costearse con arreglo alas observaciones siguientes: 

1.* Es regla general que los gastos para la rftparacitíon d^ 
igl esias se harán por aquéllos á quiénes in cumba este debe r, 
según las costumbres particulares de cada localidad (7), y los 
estatutos ó convenciones especiales (8). 

(i) Cap. V, til. XLVlíí, lib. III Decrei. -^ConciL Tríd, . sesión 21, ca- 
pítulo IV De ReformaU 

(2) Concil Trid., sesión 21, cap. IV De ReformaL 

(3) C. 9.**, distínct. 1.* De Consecrad 

(4) Pontifical Romano, part. lí, De Beuedieí. ei impoHU prim. lap. 
pro Eccles. wdific. 

(5) ScHMAi^GRUEBER .* Jus Eccles, utiiv», iu lib, III DocT^.y tit. XLVín, 
párrafo l.®,núm. 32. 

(6) Pontifical Romano, parte II, ibid. 

(7) Cap. XLII, lít. III, lib. V Decret.-^C. X, qoíest. i.\ causa 10. 

(8) Sghxalzgrueber: Jus Eccles. univ., ibid, par. 2.% núm. 33, 



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— 289 — 

2.* Es también regla general , que s i la iglesia cuya repa - 
i^<*inT| ^R TiPCftsftp ^a. tiene rentas bastantes al efecto, se aten - 
derá con ellas á esta obligació n (1). 

3.* La Iglesia catedral se reparará con sus rentas (2), y,^ 
no las tuvi ese, 6 fuesen insuficiente s , se agregarán las Tontas 
superfinas del obispo, ú en su defecto las de los canónigos {ó), 
pudíendo el obispo con el cabildo decretar , en el caso de 
no existir las rentas indicadas, ó de no ser bastantes, que 
contribuyan los clérigos inferiores con los bienes super- 
finos , ó destinar á este objeto los frutos de los beneficios va- 
cantes (4). 

4.* La reparación de las iglesias parroquiales se hará con ^ 
la porción de re ntas correspondientes á sus fábricas ( 5), y si 
éstas no existiesen , l os rectores y todos los beneficiados de la s 
mismas contribu irán á prorata para sufragar los gastos nece - 
lanos (o j, g tienSoobligacion de los patronos y feligreses aten- 
der á esta n^Cesid fld PP i'iltimn t^rminn (7). 

5.* Si e l pueblo es pobre y no puede sufragar estos ^gjtos. 
entonces podrá destruirse por completo aquella iglesia rui- 
nosa^ y conve rtirse en usos profanos no sórdidos , erecta 
tam^h tbi cruce (8). trasladando sus derechos y fundos dótales 
ala iglesia matriz , si es filial, ó en o tro caso ája^jgleslft más 
próxima, con autoridad del obispo (9). 

%jx este caso, se trasladará también á la iglesia matriz 
más próxima el beneficio ó beneficios simples que radiquen en 
aquélla, asignándose, á voluntad del obispo, á determinado 

(1) C. I. If y III. qusest. 3.*, causa 10. 

(2) C. XXVII , quffist. 2.*. causa 12. 

(3) Cap. IV . tít XI, lib. III Decret. 

(4) Jnsi. Jur. Canon., por R. de M., part. II, lib. I, cap. IV, art. 5.° 

(5) C. X, qdsest. í.\ causa 10.— C. I. II y lU, quaest. 3.», causa 10. 
--Concil. Trid.y sesión 21, cap. VII De Reformat. 

(6) Cap. I y IV, tft. XLVIII. lií). III DecreL 

(7) Concil. Trid., sesión 21 . cap. VII De Reformáis 

(8) Cancil. Trid,, sesión 21, cap. VII De Reformat. 

(9) (Xmcil. Trid., sesión 21, cap. VU De Refonmí. 

TOMO m. 19 



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— 290 — 

altar, bajo igual advocación, con las cargas y emolumen 
tos, etc. anejos á los mismos (1). 

6.* La reparación de iglesias no parroquiales, que ca- 
recen de fondos ó rentas suficientes al efecto , sehar4 por 
l os que tienen beneficios en ellas (2 ), y si éstos no tienen 
recursos eclesiásticos para ello , s e procederá 4 su des truc- 
cion, trasl adándose sus derechos, etc., á la iglesia matriz 
6 másjr ó^ima ^ en l a forma expresada rpgp^<**^ ^^ (^n-on^n 
tenor (3). 

Ty^B doctrina que se deja consignada tiene completa 
aplicación á los casos en que sea preciso reedificar una iglesia 
ó reparar el palacio episcopal (4), la casa del párroco ó bene- 
ficiado. 

Los obispos, párrocos ó simples beneficiados, no tienen 
obligación de atender á esta necesidad con sus bienes pa 
trimoniales , y sí únicamente con los bienes y rentas ecle 
siásticas (5). 

CAPÍTULO II. 

GOnSikGRACIOIf Y BENDICIÓN DE IGLESIAS Y OTROS OBJETOS DEL CULTOi 

Gonsagrraoion de ig^lesias y su origen.— Las pala* 
bras consagración y dedicación expresan una misma cosa; 
asi que laiglesia que se consagra , se dedica en honor de Dios 
y memoria de los santos. 

Se entiende por consagración: La dedicación de una iglesia 
hecha por el legitimo ministro, mediante la materia y forma 
correspondiente, con la debida intención, 

(i) Schxalzgrueber: Jus Eccles. univ., in lib. IIlDeeret., tít. XLYIil, 
párrafo 2.°, núm. 38 y sig. 

(2) Cap. I. tít. XLVIII. lib. III Decret. 

(3) Ck)ncil THd., sesión 21, cap. VII De ReformaJÍ. 

(4) InsL Jur. Canon,, por R. de M., part. II, lib. I. cap. IV , ar- 
tículo 5.* 

(5) Schmalzgrueber : Jus Eccles, univ.^ ibid,, núm. 47 y sig. 



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[ 



— 291 — 

La Iglesia tomó este rito del antiguo Testamento, e n el 
que se habla— del aceite derramado por Jacob sobre la piedra 
que erigió en titulo ó altar, cuando se dirigía & la Meso pb- 
Jasaia (D— de la especial y solemne dedicaciondel tabe rnácu- 
lo por Moisés en el desierto — de la so lemnísima dedicación del 
templo de Jerusalen por Salomó n. 

La Iglesia de Cristo, cuyos templos están destinados á 
mayores misterios y hostias más excelentes, no podía pres- 
cindir de aquella práctica (2) y pnedft asftg iirar5;ft q ue el rito 
en la c onsagra ción de iglesias fué observado por aquélla desd e 
el tiempo de los Apóstol es (3). 

El papa S. Silvestre instituyó las ceremonias que habían 
de emplearse para la dedicación de las iglesias , después que 
Constantino dio la paz á la Iglesia y autorizó á los cristianos 
para construir templos al Señor. 

Su necesidad . — La iglesia nuevamente cons truida no 
puede destinarse al^ulto sin que preceda l a con sag r ación 6 ^ 
bendición de el la (4) en la forma proscripta por el papa San 
Silvestre (5) y sus sucesores, la cual se halla determinada en 
el Pontifical Romano (6). 

Cuándo puede celebrarse fuera de la Iglesia.— La 
ley general de la Iglesia , que exige la celebración de los sa- 
gfados misterios de nuestra santa religión en iglesias consa- 
gradas ó benditas, tiene las excepciones siguientes: 

L ED_casoji enecesidad podrá celebrarse el s anto^acrificio 
d e la Misa fuera d<^ h\Q;Ar gagrado (7) como-sa^ifirificó^nT 
tiemp o de las persecu ciones, y esta necesidad existirá = 
' ap ^no miblere^iglesia en algún pusblo, ó si está inu ti- 

(i) Génesis, cap. XXVIÍI, v. i8. • 

(2) Cap. II. distint. 1.* De Consecrat. 

(3] SciuiALZGRUCBER : Ju& Ecclss. uniV', in lib. lll Decrel., tit. XL« pá- 
rrafo ^^núnl. 5." 
(4) Cap. L 11, XI, XII y XV, dislinct. 1.» De ConsecraL 
(i») ScnvAiJu:RUEBER : Jus Eccles. univ. , ibid.. núm 6.** 

(6) Part. ^.'^De Eccles. Dedicat. scu Consécrala 

(7) C. XI, dislinct. 1.* De Consecrat. 



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— 292 — 

l izada y hay necesidad^ e celebrar para que el pueblo oiga 

Misa^lij^ 
^ b) S i la estrechez de la iglesia no permite la entrada en 

pIlaAJjjijflultit^^ que acude^j jang"' 5a^rillcío ( 2). 

c) S i^ se ha de celebrar para q ue 9í\ ejército oiga Misa en 

el campa mento. ^ 

'^ Pojirá f filftbrflrsp á T» orilla del mar p ara los navepran» 
tes, y ep ^^ rpígTnft navA imn in^ dfíN' das precauci ones. 
e) En el campo para lo s peregrípos , si j\c\ se pnedeftciidiT 

á la ig lgsia ó no existe, 

II Los cardenales, arzobispos y obis pos pued en celebrar 
en altar portátil, cu ando van de camino (3 ), no sólo en caso 
de necesidad , sino p or causa de comodida dójg yocion , según 
repetidas declaraciones de la sagrada congregación del Con* 
cilio (4), hallándose en igual caso : 

a) TodQs los que tienen privilegio ó licenc ia pontífígia de^ 
altar£Qrtátil^ 

b) T.nR qne fiRn ^btem'do esta misma licencia del obispo 
para usar altar portáti l (5) ; pero debe advertirse que los obi^^^ 
po s no pueden hoy conceder es ta facultad, sino m ediante 
justa causa, ó en caso d e necesidad (6). 

'^ A quiénes compete la consagración de iglesias. — 

Sólnjog^ ohispns típnfín rifíreriho á consagrar ig1esi>? (7), sin „ 
que puedan d elg p^ar al efecto á nn simple sacerdote .porque la 
consagración es acto del orden episcopal (8). 

Ministro ordinario de la consagración ó bendi* 
cion de ellas.— Só lo el obispo de la d if^^*>g^'g «^^i gne r adica 1^ 

(1) C. XXX, distínct. i.* De Consecral. 

(2) ScHMALZGRUEBER : Ju8 Eccles.'utiiv,, ibíd., núm. 8. 

(3) Cap. Xil, til. VII, lib. V DecreL 

(4) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccks, univ.,in lib. lIIDecret.,Üi, Xí., 
par. l.^ núm. 9® 

(5) C. XII y XIV. distinct. \ .* De Consecrat. 

(6) SCHMALZGRUEBER : Jus Ecclss. utiiv., íbld. , núm. 12. 

(7) Cap. 11, distinct. i.» De Comecrat-^C X, qu»st. 1.*, causa 16. 

(8) C. IV, disünct. 68. 



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— 293 — 

iglesia nuevam ente construida es el ministro ordinario de l a 
consagración y benalcion ae ella (1); aun cuando la iglesia 
pertenezca á institutos ú órdenes exentas. 

El obispo que sin licencia del ordinario de la diócesis se 
propasase á ejercer este acto, queda suspenso ipsojure por un 
ftfinjg p.pifthriir Mira (g) p or ejercer pontificales en ajena dio- 
cesisXS); pero el acto ejercido es válido aunque i lícito, y por 
lo mismo no ha de r epetirse la consagración de aquella iglesia. 

Ministro extraordinario.— Eljjrnple preshitftrfrRftTft, 
gado especialmente por el Sumo" Pontífice puede consagrar 
una iglesia , porque es acto de ora^n episcüpal" procedente de 
derecho eclesiástico. 

También los §imples sacerdotes pueden bendecir las i gle- 
8ias y h abilitarlas de este modo para el culto . med iante li- 
cencia ó deleg ación del obispo ordinario de la diócesis {áf. 
~ I)lferencia entre la consagración y bendición de 
una iglesia. — La^consagraci on afecta á las paredes de la 
iglesia, y i« hfiy)^íi(*if>r^ n^ pnyiTT^Qnfn ; así quo l a iglesia pier- 
de su consagración por la destrucción de las paredes , x.la 
bendición se conserva, s ie mpre que el edificio no se haya des- 
t ruido con autoridad del superior y sin esperanza de reedifi- 
cólo (h). 

Ritualidades en la consagración de las iglesias. 
No siempre se han observado los mismos ritos y ceremonias 
en la consagración de las iglesias. En la antigua disciplina 
se citaba ¿ los obispos más próximos para Que-asi sti^an 4 
esteacto^ y d e este modo se daba mayor re alce y solemnidad 
á la función religios a Qon su p rf^Rftnp.iR y sermones que^re ST 
ÓEEañT " 

(1) C. XXVI, quaest. l.\ causa 16.— Cap. I, tít. XXXVI, lib. III De. 
<?re(.—Cap. II. til. XL. lib. III Decret. 

(2) C. XXVIIl. quaest. i.\ causa 7.» 

(3) Concil Trid,, se8,6^,c&p.\, DeReformat, 

(4) Scumalzgrueber: Jus Eecles. univ. , in lib. IIIDecrH. , tit. XL» 
par. ^.^ nám. 16. 

(!Q ScHXALZGauEBER : Jus Eecles. univ. , ibid. 



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— 294 — 

Todos ellos Hiríginn pp^rips al AltisimOr yj^ Consagra- 
ción se hacía y llevaba á efecto c on los divinos sacrificios^ 
Est icas oblaciones, himnos y otras obra^ de piedad en medi o 
del gozo y satisfacción de todos ( 1). 

£1 Pontifical Romano describe las ritualidades que han de 
observarse actualmente en la consagración de las iglesias (2)» 
acerca de lo cual me limito á las indicaciones siguientes: 

I. L a consagración puede hacerse en cualquier d ía , pero 
será muy conveniente que tenga lugar en domingo 6 en la s 
solenmidades de los santos (3 ). 

II. £1 obispo consagrante y los patronos de la iglesia que 
se ha de consagrar , ayunarán la víspera y habrán de estar ea 
ayunas en el acto de la consagración , debiendo amonestarse 
<\] p"ft>^if^ y ^ifíf" ^ \o mismo (4). ~" 

III. Las vísperas habrán de cantarse ante las reliquias que 
se hallen colocadas bajo el altar. " 

" El día de la consagracionpor la mañana (5) el obispo con- 
sagrante da tres vueltas al rededor de la igl esia por la parto 
exterior , asperjándola con agua bendita . 

IV. Seguidament e penetra en la iglesia,y delineados sobre 

ftlmjsrnQ pnvimftntn Hftl tP.Tnpln In^ Aq^ alfabetos griego y la- - 
tmo , forma una cruz en la puerta y doce en las p ar ajes inte^ 
riores del jemplo (6 ). 

^ T. La consagración imita á la materia y forma de los sa- 
cramentos , si endo_ su jnateria re mota el sacado crisma» yja 
priSTimfl^ la iiVu^ioTí de las paredes sobre doce Qr"<*-ft^ P^'^^^^í^ 
¿grabadas en el las . 

La forma son las palabras que pronuncia el consagrante 



(i) Devoti : Inst Canon., lib. II, tít. Vil, sect. i .', par. 16. 

(2) Part. 2.* />e Eccles. dedicat. sen consecrat. 

(3) Pantifical Romano, part. 2.», ibid.— Gap. lí, tít XL, lib. lU 
Decret. 

(4) PofUi/tcal Romano, ^ri,l.\ihiá. 

(5) Devoti : Insi, Canon., lib. II, tít. Vil, sect. ^•,.pár. 17. 

(6) Devoti : Insí. Canon., lib. U , üt VU, sect. 4.*, par* i7. 



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' 
. 



— 295 — 

en el acto de la unción (1) , y este acto debe tener lucr ar 
dentro de la solemnidad de la Misa (2) , aiingiift no p, f^ ^(f nfti^ft- 
sidad , sino de decencia (3) . 

Si la consagración de una iglesia puede reiterar- 
se. — La consagración de una iglesia no se reitera (4) , y úni- 
camente tendrá esto lugar en los casos siguientes : 

I. 8i aquélla no se ha verificado con la materia y forma 
conveniente (5) , ó no consta . 6 hay duda . si está consagra- 
da (6) . 

ST C uando la iglesia ha sido execrada , y esto tiene lugar= 

a) Si las paredes de la iglesia se han destruido totalmente 

¿i f^p fin mujnr pRrtA 

6J Si se ha quemado ó abrasado la mayor parte de la super- 
ficie exterior de su part^ intp.riop . ¿nn r'^^j anHo las pared^& j^a. 
conserven. 

En estos casos únicamente se puede y hay necesidad de 
consagrarla de nuevo (7). 

Casos en que tiene lugar la violación de las igle- 
sias. — La iglesia puede violarse : 

aj Por c opiosa é injuriosa efusión de sangre himiana (8). 

i) Por hornj(f*i4 ¡o voluntario á in^'uricso cometido en la 
i glesi a, aun que el herido muera fuera de ella (9). 

'cj Voluntaria seminis huntani ef/usto , aun cuando sea 

(i) Inst. Jur, C^non., por R. de M., part. 2.*, l¡b. I, cap. III, art. i.\ 
pár. 1.' 

(2) C. III, distinct. l.*Z)e ConseeraL 

(3) ScHMALZGRUEBER : Jfis Eccks, Ufíiv, , in lib. ni Decret, , tít. XL» 
pár. 4/, núm. 18. 

(4) C. XX y XXIV. distínct. i M>e Consécrate— Cap, VI. tít. XL> 
libro ni Decret. 

(») C. XX. distinc. 1.* De Consecrad 

(6) C. XVIII. disünct. I.* De Consecrat 

(7) SCHMALZGRUEBER : Jus EccUs. utiiv., íh lib. ÍÍI DecTel., tít. XL» 
pár. 4.°. núm. 24 y sig. 

(8) Cap. IV. tít XL. lib. HI Deeret. 

(9) Gap. IV. tít. XL, lib. 111 Decret, 



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— 296 — 

lícita (1) ; pero es necesario que sea públicamente conocida. 

fiel (2). 

"^Bti reconciliación.— Cuando la iglesia está consagrada, 
^T\jífí rprnnrUiíH ' ^ por^el-ehifiíin , nh^ervando la forma presr 
jí^rit^ f n fi í PontificQ ^l fif^mann (^) , sin que pueda hacerse por 
un simple sacerdote 3 menos que tenga privilegio ó licencia 
especial de la Santa Sede (4). 

Si la iglesia fué bendecida , p uede reconciliarse por un 
simple sacerdote (6) "en la forma que prescribe el Pontifical 
Romano (6); pero necesita al efecto comisión ó licencia del 
obispo , aunque no faltan escritores gnft fiostiftnen xyc^ ser ne. 
cesaría la delega ción de éste (7). 

Büitintas cíales ae altares , y su materia.— Los al- 
tares pueden ser fijos ( \ pnrtAtíiP^g , según que pueden ó nó 
trasladarse de un sitio á otro. 

Es necsario que los altares sean de piedra . al menos en 
cuanto á la parte superior ; s obre la cual se pone el cuerpo y 
sangre de nuestro Señor f8h 

La piedra habrá de s ^t» r»^^ftHi;Rngninj* ^ de una sola pi eza, 
y diTla m ftQ ["^^"^ ^Q<^^-^^^*i^ P^r^ Q^Q pueda colocarse cóm^o ^ 
damente el cáliz v pate na. El altar ^ sea la piedra . ha de 
tenerse pulcro ó cavidad en la que se coloquen las reliquias 
delosslíñtos (9). '^ 

Su consagración, y quién la hace.— Todos los alta- 

{\) Cap. X, tít. XL. lib. III Dtcret. 

(2) Cap. VII, tít. XL, líb. III Decré/.— C. XXVII, distínct. !.• l)t 
Cansecrat. 

(3) Part. 2.*, de EccleHa reconciliatione. 

(4) Pralect. Jur. Canon, in aeminar. 5> SulpU., parte 3.*. sect. 3A 
art. ^.^pá^.2.^núm. 558. 

(5) Cap. IX y X, tít. XL, lib. III Decrei, 

(6) Parte 2.* De Ecclesiíe reconciliatione. 

(7) Pralect. Jur, Canon, in seminar. S. Sulpit., ibid. 

(8) C. XXXI, distinct. !.• De Consecrat. 

(9) C. XXIV y XXVI, distinct. 1.* De Consecrad. 



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— 297 — 

res fijos ó portátiles han de ser consagrados, s i se ha de cele- 
brar en ellos el santo sacrificio de la Misa (1), y esta práctica 
se observó siempre en la ley natural , escrita y evangé- 
Uca (2). 

Su consagración se verifica ungiéndolos con aceite y el 
s agrado crisma en la forma^ aeña l adá por el_ Pnntífif.n.i Ro- 
mano (3). 

Este acto corresponde al obispo (4 ) , porque es acto del 
orden episcopal de derecho eclesiástico, y sólo el Romano Pon- 
tífice podrá autorizar á un simple sacerdote para hacer dicha 
consagración (5). 

Si podrá reiterarse. — La consagración de altares no 
puede reiterarse sino en los casos indicados al tratar de las 
iglesias, como= 

a) Sí no se ha verificado con la debida materia y forma. 

6) Cuando hay duda ó se ignora, si fué consa grado. 

c) Si el altar ha sido execrado. 

Execración de altares. — La execración de altares tie- 
ne lugar : 

aj Cuando s e ha fracturad o de manera que en ninguna de 
sus partesp uede colocarse el cáliz con la paten a (6). 

fij Cuando el sepulcro del altar ó el lugar de las reliquias 
se quita , abr e, rompe ó disminuye (7 ). 
"^ bi la mesa del altar fijo , ó la piedra superior , se r e- 
mue ve"de la base á la cual está unida (8). 

(4) C. XIX y XXX, distinct. 4.* De Consecro/.— Cap. I, tít. XL. li- 
bro III Decrel. 

(2) ScHMALZGRUBBER .* Jus Eccks. uuív., íh lUf. 111 Dectel., tít. XL, 
par. 2.% Dúm. 3Í5. 

(3) Parte 2.' De Aüaris consecratione. 

(4) C. XXV, distinct i^De Consecrat.—C. IV, distinct. 68.— Capí- 
tulo V, tít. XL. lib. m Deeret. 

(5) ScHMALZGRUEBER : Jus Ecclcs utiiv., íbid., núm. 37. 

(6) Cap. \, 111 y VI, tít. XL, lib. III Deeret. 

(7) ScHMALZGRDEBER : JtíS EccUs. univ., Íbid., núm. 43. 

(8) C. XIX, distinct. 4.* De Consecrat.-^-C&ip. III y VI, tít. XL, lib. IIl 
Deeret. 



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— 298 — 

'^Y\p Observacioiies.— I. Si la iglesia ha sido execrada y nó 

\el altar, éste no se volverá é consagrar , debiendo decirse lo 
mismo respecto á la iglesia no execrada , aunque lo haya sido 
el altar, porque la consagración de éste no es dependiente de 
la consagración de aquélla , ni viceversa (1). 

n. La violación (poUutio) del altar por la efusión de san- 
gre f>el seminis humani produce también la violación de la 
iglesia; y viceversa,, la violación de la iglesia produce la vio- 
lación de los altares fijos existentes en ella ; porque la viola- 
ción afecta á todo el cuerpo de la iglesia y ¿ todo lo que 
dentro de ella existe, á diferencia de lo que sucede con la 
execración (2). 

Materia empleada antiguamente en la construc- 
ción de cálices y patenas. — Los cálices y patenas eran 
en un principio dgja^g^, plata , estaco , madera , vidrio ó pie^ 

jísq, (3), porque se atendía más á la dignidad de la persona 
sacrificante . (j ^ ue á la mater ia del cáliz o patena. 

S. Bonifacio, obispo y mártir, alude á esto cuando pregun- 
tado si p odrí a usarse de cálices de madera para el santo sacr i- 

^ficio, contestó : Quorhdam sacerdotes aurei Ugneis calf^.ibns 
utebantur; nunc e contrario lignei sacerdotes aureis utuntwr 
caliciius (4). 

Cuál lia de ser su materia en la actualidad.— La 
I glesia prohib i6_p9r j"*^-^» pniiftas, gnft se usa^e de cálices g_ 

patenas de madera (5) , vidrio á cri^ l (6) , b ronce ó co bre, 
latón (7), ó piedra Í8 ). or denando que seai ^ pyftf^í'^ft.mpr^t^ de 



(i) ScHMALZGRifEBER : Jus EccUs, uhív, , iñ lib. III DecTeí, , tit. XL 
par. 2.% núm. 46. 

(2) ScHXALZGhUEBER : JiM EccUs. utiiv., ib¡d., núm. 47. 

(3) BcNEDicTO XIV: De sacrificio Missa, lib. I, cap. IV. 

(4) C. XUV, distinct. i.^ De Consecrat. 

(5) C. XLIV, distinct. 1.* De Cofisecrat. 

(6) C. XLV, distinct. i.* De Cansecpoi. 

(7) C. XLV. distinct. 1.* De Coinecraí. 

(8) ScHXALZGRLEBER : Jtis Eccles. univ.^ ibid., núm. 48. 



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~ 299 — 

oro 6 plata (1) y ftn f^.Rso At) tifti^ psidad de estaño, 4 2), sin 
j| ue pueda en manera alguna usarse de aluminio ( alumifUwn) 
puro 6 mezclado con otros metale s, según declaró la Sagra- 
da Congregación de Ritos en 1.** de Setiembre de 1866 (3). 

Su consagración , y quién la hace.— Los cálices y pa- 
tenas han de estar consagrados para que puedan usarse en el 
santo sacrificio de la Misa. 

Este acto habrá de hacerse por el obispo con el sa nto 
crisma en la forma que prescribe la Iglesia (4) . 

El cáliz y patena podrán también ser consagrados por pre- 
lado sinferiores en virtud de privilegio ^ y ñor K^Tiap!^? sacer- 
d otescon licencia es pecial de la Santa Sede (5 ). 

Su execración. — Cuando el Cáliz ó patena h an perdido 
su forma , f racturándose notablemente . ó s e dora de nuevo su 
parte interior , hay necesidad ^de- consagrarlos nuevamente , 
^ según declaró la sagrada Congi'egacion de Ritos en 14 de Ju- 
nio de 1845 (6). 

Campanas en la iglesia, y su objeto.— El uso de las 
campanas en la Iglesia es antiquísimo (7) , y tiepe por objeto 
convQ(;^fty ^1 puebj f) fipl á l^s divinm ofifi í ns (8), lo cu^¡ se ex- 
p resa en las siguientes palab ras (9): 

Latido Deum verum, plebem vaco, congrego clerum, 
def uncios ploro , pestem fngio , festa decoro. 

(1) C. XLIV, distinet \ .* De Ck>nsecr(U. 
(?) C. XLV, distínct. i^De Consecrat. 

(3) Acta ex iis decerpta , qwB apud Sanctam Sedem geruntur, 
tomo II , pág. 238. 

(4) Pontifical Romano , part. 2 ^, de patena et calicis consecrat. 

(5) ScuMALZGRCiEBER : Jus Ecvlcs. untt;., ibíd.» núm. ¿iO. 

(6) Mach : Tesoro de Sacerdotes, pág. 265 de la 5.^ edición. 

(7) Inst. Jur. Canon. , por R. de M., part. 2.% cap. 111 , art. i.*, pá- 
rrafo 3.® 

(8) C. L , dislinct. 4.* De Cóníecraí.— Cap. 1 y II , tít. XXVII , lib. I 
Decret. 

(9) In^t. Jur. Canon. , por R. de M., ibid. 



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— 300 — 

Su consagración. — La consagración de las campanas 
Ijorresponde al obispo (1) , y habrá de hacerla en la forma 
¿rescripta por 1¿ iglesia: (2). 

El Sumo Pontífice puede autorizar al efecto á un simple 
sacerdote , porque es acto del orden episcopal de derecho ecle 
siástico. 

Si pueden colocarse en los oratorios privados.— 
Las campanas tienen por objeto llamar al pueblo á los divinos 
, oficios y sagrados misterios que se celebran á determinadas 
horas en las iglesias, cuyo fin no existe en los oratorios priva- 
dos , porque éstos se han instituido en provecho y utilidad de 
los particulares, y por esta razón estáju^ ohibido colocar cam - 
panas en ellos (3 ). 

Tamp oco puede colocar se mka ^p^ iin«. p.RTnpnnn^ <>nJjü^jglA- 

s ias de los regulares mendicante s , según declaró Juan XXII; 
^U menos q"^ xafídiV^^Vífi^^'*^ ' especial de la Santa Sede (4) ; pero 
esta disposición legal ha sido derogada por costumbre en 
contrario (5). 

Bendición de vasos y ornamentos sagfrados^-r- . 
Todqs jns Q^j et»-^ qp^ sirvftn para el santo sacrificio de l a , 
Misa han fifí hpndflftirfig A fi n dft giift se celebre aauél con 
mayor reverenc ia (6). 

Quiénlaháce. — El 0bÍS] ; ^( ; )ftJvftlmi ni5;tpn ¿gm'ftn r.nrpfts. 

ponde bendecir los ma^^telfiS I rt .coKaníiing _p^) — eorp QralgS;^- 

jálea. — velo del cáliz — ^fílsa dp ^^° i^AifpnroiQc^mnifn — alba— 

cíngulo— manípulo— e stpla— cjtsulla — copón y tabernáculo. 

Estos objetos pueden también bendecirse por simples"saCBr- 



(1) Benedicto XIV: Inst. Al , núm. 38. 

(2) Pontifical Romano, part. 2.* De benediclione signi vel campana. 

(3) Cap. X, tít. XXXIII . lib. V Decrel. 

(4) Gap. uníc, tít. V, lib. I Extravag, commun. 

(5) Scomalzgrueber: Jus Eccles, univ., in lib, líl Decret,, tít. XL» 
par. 2.®, núm.. %. 

(6) C IX, dist. 23. -C. XXXIX, XL y XLII. dist. 1.* De ConsecraL 

(7) Rubricas del Misal Romano, par. 20. 



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— 301 — 

dotes, mediante licencia del obispo, que suele otorgarla en 
virtud de autorización de la Santa Sede (1). 

Lfts(*|*^^^^fi dft loR 5|] tares y de las procesione s , lo mismo 
gue las imágenes, no necesitan bendición " " '^ 

CAPÍTULO IIL 

CEMENTERIOS Y LUGARES SANTOS. 

£timologia do la palabra cementerio, y su defini- 
ción. — La palabra cosmeterium ( cementerio ) procede de 
_KotttTiTT)pto v . que signifíPA ftl lugar, doT^dft se diiftrme^ jorgue el 
yerbo Kot|xa(»> su raíz, significa hao.ftr c^prnm'r. sosegar, matar, 
dar la muerte . 

La Iglesia usó desde un principio la palabra cementerio 
pa ra designar el lugar en que se daba sepultura á los cristj ar 
nos, p orque lo s cuerpos de los fieles duermen allí ha¿ta qu e 
despiertanj yTi i?^ ypTiiHu. Ha Jftflnrtyí stn ftn el dia de la ^esu- 
rreccion-f 2). 

Se entiende por cementerio:^/ luffar destinado para sepul- 
tura de los que han fallecido. 

Sitio en que se construían. — Como las leyes romanas 
prescribían que los cementerios se hallasen fuera de las ciu- 
dades (3), los r,i:ii^ t^ft"»-*^ Rep ultayo n sus padáve res fuera deJas 
poblaciones . porque nada ha bía en es to que se opusiera á su 
religión (4). 

enterramiento en las iglesias. — ^Las leyes sobre las 
sepulturas en despoblado se observaron en toda su extensión 
hasta que , c on el trascurso del tiempo, se empezó por sepul- 

(i) Benedicto XTV : Inst. 24.-5. Alfonso Ligorio, Theolog. mor., li- 
bro VI, núm. 377. 

(2) Dkvoti: Inst. Canon., 11b. D, tít. IX, par. !.• 

(3) Vecchiotti: Inst. Canon. y lib. UI, cap. V, par. 57. 

(4) Dkvoti: hist. Canon., lib. II, lit. IX, par. 4.*» 



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W //y y ^ ^ - ^^¿i^^ 



r<^^^L^ 




— 302 — 
tar en la iglesia á los obispos, abade s , prpig^^^^-^»^^ /^i'gnr^cy 
fieles distinguidos (1), conce diéndose también el privilegio de 
ser enterrado s en los atnoTáe las iglesias á algunos fíeles (2), 
-k los emperadores v reyes, según consta de muchos m onu- 
mentos de la antigüed ad (3). 

Después se extendió á todos los fieles el enterramiento en 
los atrios de las iglesias, y entonces los emperadores y rey es. 
ios abades y fieles que morían en olor de santidad , fueron eg- 
t errados en las iglesias (4), 

Finalmente,_se concedió á todos los fieles el derecho de ser 
en terrados dentro d ft l«<r Tg^^sí^^ — 

Su causa ó motivo. — Los fieles desearon siemp re descan- 
sar en las iglesias , porque creían pja dofiRmfty^f.^ c^t^ ^ yitarlafl 
más fácilmente las penas del infierno por medio de lo s méritos 
y patrocinio de los mártires y santos, h all ándose sus restos 
mortales al lado de los de éstp s. según decían San Máximo de 
Tourá (5), S. Agustín y otros santos padres. 

Este deseo vehemente de los fieles se fundaba también en 
que así se harían participantes de los sacrificios celebrados 
efl las if >-lp^s7a,g y Hp Imc pygi^Qg ¿Ko, \ ^^ fifties que entr^ft^n 
enellasj[6), 

^ Estasfueron las causas de introducirse la costumbre del se- 
pelio en sagrado, y de que esta costumbre prevaleciera sobre 
la ley escrita, llegando á ser en el siglo VI ^ ^ ó poco después, 
una ley gener al , sin que pueda recQnQ( ;^eyse otr a caus aen^te 
cambio de disciplinaJT}- 

J Kn estos üitimostiempos se ha vuelto al enter rami-efí^^ 
cementerio s c onstruidos en despo blado , según el deseo de la 

(4) C. XVm, quaest. 2.*, causa 13. 

(2) C. XV, qu8Bst, 2.*, causa 43. 

(3) Devoti: ImU Canon., lib. II,tít. IX, par. 2.*^ 

(4) Devoti: Inst. Canon., ibid. 

(5) Pralect. Jur. Canon, in seminar, S. Sulpil., part. 3.*, sect. 3.*, 
a^l.2.^ núm. 566. 

(6) C. XVII, quaest. 2.", causa 43. 

(7) Devoti : InsL Canon., lib. II, tít. IX, par. 2.°, nota 6.* 



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^-^-^^--^ffi/ ^y^-'^^ 



Iglesia, expresado en el Ritual Romano con estas palabras: 
is^Ubi vige^ antijua consmúudo sepeliendi morúuas inccsme, 
teriis , retineatuT , et ubifieri potest, resúituatur (1).» 

El oementerio entre los romanos.— Los cuerpos hu- 
manos podían sepultarse entre los romanos en cualquier 
lugar honesto , y esto bastaba para que aquel sitio se hi- 
ciese religioso , quedando por lo mismo fuera del comercio 
humano , siempre que consintiera en el sepelio el dueño del 
predio (2). 

Requisitos neoesarios en el cementerio católico* 
La legislación romana quedó abrogada por el derecho ca- 
nónico , según el cual un sitio goza del derecho y privilegio 
de lugar sagrado y religioso por la sepultura ó enterramiento 
de un cuerpo humano , siempre que sea destinado á esto por 
la autoridad pública del obispo (3) , según se deduce de las 
mismas disposiciones eclesiásticas £4). 

El cementerio h a de cercarse de pa red y signarse con una 
cruz colocada en lo alio oei muro ,T'despues se procede A sU 
5;aTitificftc.ionbgTif^jf ^.Í4T>dnln <*.nn ritn solemne en la fo rma de- 
s ignada en el Ritual Romano (5) p or sacerdote que el obispo 
delegue al efecto , p o rque este es el ministro de la bend ición 
del cementeriom , y cuando la hace por sí mismo procede al 
acto con la ritualidad prescrita en el Pontifical Romano. 

Los cementerios se han bendecido siempre , por gue son nUf 
rados como un apéndice de las iglesias y y porque las almas de 
los difuntos se consideran de este modo meno s e xpuestas á la 

in^U Qncia , dP lO^ Pcpi^íinc inTnni^/^p^^ (7) 



(4) Deexequiis. 

(2) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccks. utiiv., in lib. ÍII Decreí., tit. XXVIII, 
párrafo 4.*, núm. 1." 

(3) Cap. IV. lít. XXXVI, lib. 111 Decret. 

(4) Cap. IV, tít. XXXVI, lib. III JOecr^. 

(5) De ritu benedicendi novum ccsmelerium. 

(6) Pontifical Romano, parte ^.•, De C€Bmeterii benedid. 

(7) SCHMALZGRUEBER : Jus Etcles. univ,, ifí Hb. niDecrel,, titulo XL, 
párrato 2.% núm. 62. 



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— 304 — 

Ocurre también que los cementerio s tienen sus c ^^pillas er^ 
las que se celebra el santo sacrificio de la Misa y otros actos 
del culto, lo c ual es u n motivo itiAr para hallar justificada 
esta practica universal y constante de la Iglesia. 
— Viülacion del cemeiileHo.— El cementerio queda vio- 
lado (pollutus) por las mismas causas que se dejan indicadas 
al tratar de la violación de las iglesias en el capitulo ante- 
rior: debiendo además advertir: 

1.° Que si el cementerio está contiguo á la iglesia, queda 
violado en el mero hecho de serlo aquélla, y nó vicever- 
sa (1), porque es un apéndice de la Iglesia, y lo accesorio si- 
gue á lo principal, y nó lo principal á lo accesorio: de aquí, 
que si el cementerio ha quedado profanado por violación de 
la Iglesia, ha dft ftnn.s i/íArayfta ^ftAi^t^/^ JUado por la reconcilia - 
ción de aquélla (2). 

1¿.^ Uuando^el cementerio está separado y á larga distan- 
cia de la ifflfigi»^ r j^f^ queda profanado por la violación de 
aquélla (3). ' "^ 

3.° Sí dos c rjnrntnrioi ^r hallnn tanjiróx imos entre sí , que 

sólo los divide una p^r^d íntft rmftHm , In. víolftirinTi dftl \}r\(\ nn 

puerta del otro (4) , según disposición terminante del derecho. 
Cuando la violación se verifica en la puerta misma de la 
pared intermedia que los divide , entonces quedarájóoladíi. 
aquél de los ác^ ^ rtp.mfti^^ n' ns que se halla más pr óximo á la 
pnfiyta, y fin p1 (*^ftf ^ de que lf| HiRf.fl.npia Rfta igpnal . se cqqsí- 
dera violado aquél en cuya gracia se h ia^ la pn^^rt^ y; p«>^d 
di visoria ( 5). 
^"§us efectos.— Una vez violado el cementerio , iio puede 

(4) Cap. úníc, tit. XXI, lib. HI ieaU Deeret. 

(2) Scumalzgbceber: Jus Eccles. univ., in lib. Ifí Deeret. tit. XL, pá- 
rrafo 3.*, núm. 69. 

(3) Cap. únic, tít. XXI. lib. llt sexl. Deertí. 

(4) Cap. úníc, tít. XXI, lib. III sext. Deeret. 

(5) ScHMALZGRUEBEB : Jus EccUs. utiiv., íbid, núm. 71. 



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— 305 ~ 

tanto que se Tenfique su reconciliación m ^ 

Puede ocurrir que haya ni^^¡id?d de inhumar aleun 
cuerpo antes de que se verifique la reconcihacionTl 

Keconciliacion del cementerio violado.-si el ce- 
rnen eno se hallase consagrado, lo cual no suele ocu.. r en- 
tonces la reconciliación se hace por el obispo en la forma qul 

aigg.^acersepoiM ^^ sacerdote delegado al efecf^vp n: 

el obispo . en la fomaqúe_prescribe el Ritual Romano (4) 

ruJ^ f P'""? ^? ^^^"^^^^^^^^^^^SEíorrm^emrnem violado 
por haberse dado sepultura á un excomulgado vitando (5) 
hasta la exhumación del cadáver («) , si puede distingui.-se 
de los demás . pero si esto no es posible (7). se hará la recon- 
ciiíacion del lugar y podrá servir de sepultura á los cadáve- 
res de los fieles ; á menos que pueda trasladarse fácilmente 
el cementerio á otro sitio (8). 

DerecHoen los fieles á elegir sepultura.-Todas 
^s personas de uno y otro sexo (9) que han llegado á la pu- 
tertad y tienen uso de razón ._£uedenelegirje£uU^^ 

(1) Cap. únic. tít. XXI, lib. III se.rt. Decrel. 

(2) Prailect. Jar. Canon, in Seminar. S. Sulpil.. parte 3 " sec 3 « 
artículo 2.«, núm . 567. ^ ' ' 

(3) Parte 2.» De Reconciliatione ccemelerii. 

(4) Ordo reconeiliandi carnet, violat. 

(5) ScH»MZGKVEBER:JusEccles.miv..inlib.inDecrei. tít XI 
par. 3.°, núm. 72 y sig. . ' »• ai., 

(6) C. XXVII y XXVIII . distinct. 1.» De Consecralione 

(7) Cap. XII , tít. XXVIII, lib. III Decret. 

(8) Pralect. Jur. Canon, in seminar. S. SulpU., parte 3.\ sect 3 " 
»n. 8.», núm.. '567. ' ' * 

(9) Cap. VII, tít. XXVIII, lib. III Decret. 

TOMO III, 20 



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— 306 — 

fuera de su parr oquia ó sepulcro de sus mayores (1) , porque 
debe cumplirse^n"uu todo y cuuiu ley suprema la voluntad 
del testador (2). _. ^ . 

Quiénes no tienen este derecho.— Acerca de este 
punto habri de tenerse presente que no tienen derecho á ele- 
gir sepultura : 

a) Los dementes , porque la elección de sepultura es acto 
humano , del cual son incapaces los dementes (3). 

6) Los impúberes p or falta dft e dad y madurez de juicio 
para este acto ; pudiendo sus padres elegir sepultura para 
ellos, si existe esta costumbre , y en caso contrario se les en- 
terrará en el sepulcro de sus mayores , ó en la parroquia (4). 

c) Los religioso s , porque han renunciado á su propia vo- 
luntad , y ímicamente podrán elegir sepultura , si se encuen- 
tran á una distancia tan grande del monasterio , que no pue- 
den ser trasladados á él cómodamente (5) ; pero si no eligen 
sepultura, s ftj^u ¡fií.jn A b1 jiipalí Q ^j\ fíj ^ ATTTPnf.Aiñn de la parro- 
<q uia y donde han fallecido^ á menos que se halJe^prSSmcrun 
monastfj^i p ^ o dft su ord en (6). 

d) Lq s i^fi íigjngng ft Y (Clau strados se consideran para este 
efecto como los demás feligreses de la pa ryn/^m'g^ ^n gvigjpT- 

e) La facultad de elegir sepultura no es absoluta en las 
personas á quienes se concede este derecho : es necesario que 
TUKse opon ga á las prasctrípeiones del derecho ; así qu e, si un o 

(i) Cap. I, tít. XXVIII, lib. Ill Z)c(?r<?í.— Cap. Ill y IV, tít. XII, lib. DI 
sexL Dficret. 

(2) C. IV, qu8Bst. 2.», causa 13. 

(3) Scíim<ilzgruebbr: JusEccUs. univ., in lib. lll Decret,, tít XXYIII. 
par. 2.®, núm. 11. 

(4) Cap. VII. tít. XXVIIl. lib. III Decrcí. -Cap. IV , tít. XIf. lib. Ill 
4text. Decret, 

(5) Cap. V, tít. Xn, lib. III sext DecreL 

(6) Sghmalzgrdeber: Jus Eccles. univ:, id. ibid. 

(7) Acia ev iis decerpta, qum apud Sanctam Sedem geruntur, tomo 
I, pág. 168. 






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— 307 — 

elige sepultura en un monasterio de religiosas, habrá de ser 
enterrado eu el s epulcro de sus mayores ó en el cementeria 
de la iglesi a parroquial , porque dicha elecciuu es. liula (1). 

EnterradlíSliió én panieon ó sepulcro ae familia. 
*— Ta p^'^' ^nnR qiiPi fal1ft<".p. sin hahRr ftlfíopido sepultura ^ será 
enterrada en el sepulcro de sus mayores ^ si lo tiene la fami- 
lia , según las disposiciones del derecho (2) ; porque se supone 
que esta es la voluntad del difunto , en cuanto que todos de- 
sean por instinto natural descansar más bien al lado de sus < 
mayores que al de los extraños. 

Sa entiende en el caso presente por mayores el padre, 
abuelo y otros ascendientes (3). 

Reglas que lian de tenerse presentes.— Las muchas 
cuestiones canónicas, que surgen acerca de esta materia, 
pueden resumirse en lo siguiente : 

a) Cuando el padre y ab uelo de una persona se hallan en- 
terrados en un lugar , y los demás ascendientes eñ^tr'óTTia- 
brá de ser enterrada en el sepulcro del padre y abuelo con 
pre fe llénela al de los otros ascendientes ; pero sí el padre ha 
siao enterrado en un lugar y sus ascendientes en otro , mu- 
chos canonistas creen que el hijo será enterrado en el ¿a n- 
teen de sus a sce ndientes con preferencia al del padre (4). j^ y^ a 

b) Lo s hijos naturales serán enterrados con el padre . á c^ ^y/T^^^. 
menos que éste se halle constituido en dignidad. / 

c) L os hilos espúreos, como indignos del nombre del pa-^'^^^^^^i^'^^^"^ 
dre, serán ente rrados con la madre . si no es de condición /^ ( 
ilustre. " ' ' C^iH^^^T^ 

d) Lo s hijos adoptivos . en el sepu lcro del padre adoptivo, /J? 

si aún vive , porque se hallaban baio su potestad ': p erQ_sj"siT^^^^ (yíLii^ií^^ 

(í) ScHMÁLZGRUEBER : Jí*í EccUs. untv,, in lib, IIíDecrei., lít. XXVII , /\^ 
J)á^.2.^núm.^7yí^¡g. * ^^^ * 

(2) Cap. I, tít. XXVIII. lib. III DecreL-^-C, II y VII, qu«st. 2.\ 
causa 13. 

(3) ScoMALzcRUEBER. JusEccles, wiiv., in lib. 1I¡ DecreL, til. XXVIII^ 
par. 3.®, num. 27. 

(4) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccks. uuio,, íbíd., núm. 28 y sig. 



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— 308 — 

muerte es posterior á la de dicho padr e , serán enterrados con 

su padre natural, porque la adopción cesa por la muert e del 

adoptante. 

""^^ LaTmu jer casada será enterrad a en el sepulcro de su 

m aridoya difunto , si no engio sepultura (1 ) , y cuand o haya 

sido casada sucesivamente con dos 6 más . será ent^rrad a^en 

el sepulcro del último marido ( 2). 

f) Cuando la mujer ha muerto antes que su marido , éste 
se rá enterrado en el sepulcro de sus ascendientes ó en el c e - 
me nterio parroquia l , si no ha elegido sepultura, po rque la 
mnjg r sig-nft la (^.nridicion del marido , y nó viceversa. 

g) Los fámulos y domé sticos de las órdenes religiosas meu-^ 
dicantes serán enterrados en los cementerios de dichos ms- 
titutos , si murieron dentro del monasteri o (3). 

Enterramiento en el cementerio de la parroqiiia. 
— Las personas que no han elegido sepultura , ni tienen pan- 
teón de familia .serán sepultadas en el cementerio de la p a- 
rroquia en que tienen su domicili o , y en donde recibieron 
los sacramentos y demás auxilios espirituales (4) ; lo cual 
tiene aplicación al caso en que la muerte del sujeto se haya 
verificado fuera de su parroquia en una población , á donda 
había ido por causa de recreo, estudio, etc., siempre que 
pueda trasladarse cómodamente el cadáver á la sepultura 
parroquial (5) , porque la traslación desde el lugar del domi- 
cilio á otro punto en el que la persona habita temporalmente, 
no priva del primer domicilio , á menos que la costumbre d 
convenio de los párrocos , aprobado por los respectivos ordi- 
narios , haya establecido que el sepelio se verifique allí don- 
de la persona haya fallecido. 



(4) C. II y III, quffist. 2.^ causa i3. 

(2) Cap. Ill, par. i.^ lít. Xll, lib. III %^xt. DecreU 

(3) Boüix : De Jure ñegularium , parte 5.^ 

(4) Cap. I y V , tít. XXVIII , lib. III />ecr«^— Cap. I, tit. XII. lib. III 
zext. Dccret, 

(5) Cap. III. tít. XII, lib. III sexL DecreL 



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— 309 — 

Observaciones. — Acerca de esta materia habrá además 
de tenerse presente. 

a) Las personas que se ausentan de la parroquia de su do- 
micilio á un punto con ánimo de permanecer allí un año, ó la 
mayor parte del año , serán enterradas en este punto de sa 
fallecimiento , porque han adquirido cuasi domicilio, y en su 
virtud el párroco del lugar les ha administrado los sacra- 
mentos (1). 

b) Los peregrinos y extranjeros serán enterrados en el ce- 
menterio de la parroquia donde fallecen , si no pueden ser 
conducidos fácilmente á su parroquia ó panteón de familia, y 
esto mismo se observará con mayor razón respecto á los va- 
gos (2). 

c) El clérigo será enterrado en la parroquia donde tie- 
ne beneficio que exige residencia y servicio personal ; & 
no ser que haya elegido sepultura ó tenga panteón de fa- 
milia (H). $ 

Porción canónica parroquial— Se llama así : La parte ¿J^^(f^ 
que con motivo del funeral y sepultura verificada fuera de yj 
la parroquia , corresponde á ésta. // 

Esta porción canónica es ordinariamente la cuarta par- ^ 
te d e todas las obvenciones que resultaron á la iglesia en 



aónde se hizo el funeral f4) : pero esto no obsta para que s3a 
la tercera parte ó la mitad (5) en virtud de costumbre en las 
respectivas localidades , y á ella habrá de atenerse en los ca- 
sos que ocurran (6). 

A quién corresponde, — Esta porcion ^debe abonarse á 
la iglesia parrofj iiial . e n donde debía haberse hecho el sepe- 
lio y funeral del difunto , si éste no hubiese dispuesto otra 

(1) Schmalzgrleber: Jas Eccles. nniv., in lib. ¡11 Decret., tít. XXVIII, 
par. 4.^ núm. 39. 

(2) ScBMALZGRUEBEH : Jtis Eccles. Uíitv.t íbíd., núm. 41 . 

(3) ScHMAizGRüEBKR : Jus Eccks.univ,, ibid., núm. 45y6ig. 

(4) Cap. VIH, tít. XXVJU, lib. 111 Dccret. 

(5) Cap. I y 11, tít. XXVIII. lib. 111 Decret. 

(6) Cap. IX, tít. XXVIII, lib. III Decret. 



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— 310 — 
qosaóno hubiere tenido panteón de familia fuera de la 
garrQauiSLí,^^^?^® intmya en nada el que naya muerto en el 
distrito de su parroquia ó fuera de él (1). 

Si el difunto tuvo en vida dos domicilios y en la parroquia 
de uno y otro recibió los sacramentos y^ otros auxilios espiri- 
tuales , la-porcion canónica se dividirá entre los pArr ocosda 
ambasjglesias , cpgnn HTgjw^g^r^^^np tffírminflnt^ ^*^1 dfírf^^lí£).(^) 
nnftn/JTTftl flifnnto' fl(^, ostumbró á recibir los sac ramentos 
e n una de las parroquia s , entonc es la porción canó nica co- 
r rgsponderá á ella exclusivamen te , según se desprende de 
Jfífi ^isr^si^^'onp-^ iftgflip-s (.^). 

Su fundamento. — La amplia facultad que la Iglesia con- 
cede á todos para elegir sepultura, no debía perjudicar los 
sagrados derechos de los párrocos , que administraron el pas- 
to espiritual á sus feligreses y los acompañaron asiduamente 
en todos los trabajos de la vida ; así que se ha dispuesto por 
aquélla hermanando y conciliando los derechos de los par- 
ticulares y los del párroco , que se abonara á éste l a porción 
lar roquial , porque digno es el operario de su inerced (4) ó 
del alimento y sustentac ión (5) ; y los que fueron socios en 
Í^'ÍJL^ /yt%^ las tribulaciones, deben serlo igua lmente en 10i> co nsuelos (6). 
/f^^ --Be-que^cosas se lia de aJ3onar.-- La^"cuarta funera l 

habrá de abonarse (7) de = 
dejadas para miRas. 
h) Bienes dejndos pn h e ren rifl i\ la iglesia elegida para 
epultura. 

Legados he chos á una iglesia en testamento.^ 




^^^¿^1,.''^^^ ó^porcioiLparrcxiuiaL 
^ ya) Las cantidad es 



(1) Cap. I. tít. XXVIII, lib. III Díscret 

(2) Cap. II, tít. XII, lib. III sexL Decret. 

(3) Cap. I, tít. XXVm. lib. III jD«cre<.— Cap. lí, tít. Vil. lib.in 
CUment, 

{A) Epist. 1.* ad Timoth., cap. V, v. 48.— Lüc. , cap. X, v. 7. 

(5) Matth., cap. X, v. 10. 

(6) Epist. 2.* ad Corinlh», cap. I, v. 7. 

(7) Cap II. tít. VI, lib. III Exlravag. comí».— Cap. II, tít. Vn, li- 
bro III ClemeiUin, 



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~ 311 — 

d) Cosas dejadas por donación causa mortis. 

e) Dinero que se deja á un religioso par a que lo distribu- 
ya á su volu ntad , en cuyo caso se ded ucirá la cuarta parte 
de lo que dé á lo s regulares de su monasterio. 

f) Arm**«rj \^ ^^^ f[p~KAilA , ele, . que ac ompañen al fére- 
jtroil). 

Otros dereclios del párroco con este motivo.— Es 
igualmente derecho del párroco , cuando el cadáver ha de 
ser enterrado fuera de la parroquia : = 

a) Asisti r á la traslación del cadáver . 

b) nevar la estola , asperjar el cadáve r y entona rjajinjl- 
fona Es^uUabuyit Domino (2) 7 ' 

c) Absolución al pueblo (3). 

d) Señalar el camino por donde ha de ir el acompafia- 
miento (4). ' 



— VJuién lia de abonarla. — Es obligación de la iglesia en 
donde se ha elegido sepultura , pagar á la parroquia del di- 
funto la cuarta funeral , según las disposiciones legales (5), 
y esto tiene lugar, aunque la iglesia tenga el privilegio de 
enterrar en su cementerio á los que elijan allí sepultura (6), 
ó sea exenta (7) , ó el sepelio se haya verificado en la iglesia 
catedral , ó la persona se haya trasladado á un monasterio, 
cuando se hallaba enferma ♦ y de cuyo padecimiento falle- 
ció (8) , ó se haya enterrado en panteón de familia. 

(1) Bouix : De Parocko , parte FV, cap X, par. 3.'. quaest. 4.* 

(2) Declaración de la Sagrada Conprregacion de Ritos en 12 de Oc- 
tubre de 1619 , 15 de Setiembre de 1668 y 20 de Diciembre de 1828. 

(3) Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos en 23 de Marzo 
de 1619. 

(4) Dscreto de la Sagrada Congregación de Ritos en 45 de Setiem- 
bre de 163 i. 

(5j Cap. I, tít. XXVIII. lib. 111 Deere/.— Cap. II, tít. XII , lib. III 
sext, Decret. 

(6) Cap X, üt. XXVIII, lib. III Decret 

(7) Cap. Il.tít. VII, lib. III Cieme/iítn. 

(8) Cap. IV, tít. XXVIII . lib. III Decret. 



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— 312 ~ 

Cosas excluidas de la porción canónica. — La cuar- 
ta parroquial no se debe de = 

1."^ T^s c.n^^.9, qiiñ p^l Hifnntn dt^jfS f\, ntni'ff Iglnnirtf fiiitint.nfL 
de aquell a en que se verificó el sepelio. 

2r* DeTo que dejó a la iglesia en '^'r^nrlp ^^ depufiitó H rn 
dáver p ara ser trasladado perpetuamente á otro pu nto. 
^~37 De lo dej ado sin fraude á la iglesia de su enterramien - 
to , p ara ornamentos, fábrica, aniversario y culto divino 
jperpetuo. 

4.^ De la donación ó legado dejado en testamento antes 
de elegirsepultura é mdependientemente ae eliaT] 

Cuándo no hay dereclio á ella. — El párroco del domi- 
cilio del difunto no tiene derecho á exigir la porción canónica 
en los casos si anuientes: 

1.^ Si el ^ ifn nto no pudo recibir e n vida los sacra mentos 
y ntn*^ fl. nxiljns espirituales de la iglesia parroquial p or ha- 
llarse mucho tiempo sin párroco ó rector . 

2.*^ Si la parroquia se hallaba entredicha por culpa áej yx 
párroca . 

3.*^ Si el difunto era novicio en un instituto religioso, ha- 
biendo ingresado en él cuando se hallaba sano. 

áJ* Si dejó legiMJQ á la iglesia par roquial ^^ ^^rUt?'^ ^^ ^^g- 
tante pfl,rH rubrir Ifl p'^rri fín canónica y bajo condición de que 
^f) pnPfhi PYigi]',sfí o.osfl. alguna ftii r.ont^.ftpto de ruartajgarro- 
quial^ 

5.*^ Si la iglesia donde se ha verificado el sepelio está espe- 
cialmente exenta de abonar Ifí, pm*<*.inn f^.finónip.a , pp^ prjyile- 
gio ap ostólico. 

6? STe\iste costu mbre , que exime de abonar al párroco 
la expresada porcioncanSfíica (1). 

Si la porción canónica pertenece en su totalidad 
á la parroquia. — La cuarta parte de la porción canónica 
ha de abonarse por el párroco al obispo como ordinario del 

{i) SciiMALZGRüEBER : Jus Ecclcs. iitiiv, íti Itb. JII Dccrd, tít. XXVIll, 
párrafo 7 ° 



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I 



— 313 — 

lugar según se desprende de las disposiciones canóni- 
cas (1) , resultando de esto= 

a) Que si el difunto habia elegido en vida sepultura fuera 
de la parroquia p.n hi p ear no exento, habrán de abonarse de 
los emolumentos recibidos por la iglesia, en donde se verificó 
la sftp^^ltiira. ^os porciones canónicas, una episcopal (2) , y 
oíra£arraauial(3). 

b) Qu é según el caso anterior resultan al obispo dos por- 
ciones, una ( ^e la ig-lesia en que se verificó el funeral , y otr a 
'Hftjft parroquia en que debió hacerse el sepelio. 

c) Que si l a sepultura tuvo lugar en sitio exento , el obis- 
po sólo percibe In pnarta Hft la pnrp.inn <>nnóm>.a (^<^p'Pspnn- 

Hjp.nffí al pi&i*i>ní^n dfi Ifl igl^sífl flu QU P dftbió hacerse el fun e- 
r al y si el difunto no hubiese elegido sepultur a (4). 

Fundamento de la privación de sepultura ecle- 
siástica.— La sepultura eclesiástica es una continuación de 
la comunión cristiana (5) entr<5 los fieles , y por esta razón se 
hallan privados de ella como indignos , los que en vida care- 
c ian de esta comunión y fallecieron separados de la I glesia (6). 

A quiénes comprende. — Están excluidos de eñte- 
rramiento en sagrado los que se hallan en alguno de los casos 
siguientes : 

a) Los pap^anns, jndíns y dftma< ^ ¡nfiftifts (7) . 

b) Xqs herejes y los que caen en el crim en de. herejía . sus 
encubridores, fa vprp>cftHnrfts y dftfftn<;nrfts (S) , hall ándose en 
I gual ca^ n los r.i^^M^'^^" (^) 

(4) Cap XVI, tít. XXXI, lib. I Decret. 

(2) Cap. XIV y XV, tít. XXVI. lib. III DecreU 

(3) Cap. 1 y VIII. tít. XXVIII, lib. 111 Decr^, 

(4) ScHXALZGRLEBER : Jus EccUs. Ufiív, íh lib. III Decvet. , tít. XXVIII, 
párrafo 7.**, núm. 9i y sig. 

(5) Devoti : Insi. Canon., lib. lí, tít. IX, par. IX. 

(6) Cap. XII, tít. XXVIII, lib 111 DecreL 
(7j C 27 y 28, distint. i.'' De Consecrat 

(8) Cap. VIH y XIll, tít. Vil, lib. V Z)ecr(>^ —Cap. II, tít. II. lib. V. 
sext. Decrel. 
(9j C. III, quaest. II, causa 24. 



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— 314 — 

c) / i ffs p ?^^^"! ^*^ ^m£L- TnTieren «in hab e r 
tismo( l). 

d) Los catecúmenos. p<;)r^i]ft >^"ti <Mi>^T^fl n la Iglesia Qr a4>Qr 

ellos, no haD^iTip^T>P^fl,fl^ ^n 1q mígmo pm» a1 l^ftnf,j<^mAj9) 

ej Los ex comulgados vitandos, aunque hayan dado seña- 
Ifts d<g> ^rrftpp.ntimiP.ptñrpT: "^ ^ 

f) Los ftntrft ^ifthos not nrína y HPTin7)mftfíns, A menos que 
conste ó se presuma racionalmente que dieron señales de pe- 
nitencia (4). 

ff) Los usureros manifi es tos , á menos que hayan restituido 
ó dado caución idónea al efecto (5). '^' " 

A) Los ladrones manifiestos ó violadorg sdela iglesia , si 
antes de restituir mueren sin dar señales de arrepentimien- 
to (6) , hallándose en igual caso los incendiariosd e iglesias (7). 

i) Los que retienen injustame ntelos diezmoTdeBíHósTla 
Iglesia (8). 

T) Eos maldicientes ó blasfemos contra Dios ó alguno d e 
los san tos, principalmente contra la Santísima Virge n (9). 

'^ Los religiosos propietarios sin licencia del superiorl lO). 

1) Los que faltan voluntariamente al pr ecepto de la con- 
fesi ón anual y comunión pascual (11). 

(i) Ritual Romano, de exequiís. 

(2) Schmalzgrueber: Jus Kccles, univ., in lib. III Decret., tít. XXVIIl, 
párrafo 3.®, núm. 49. 

(3) C. XXXVII. quaest. 3.*, causa XI.— C. I, quaest. 2.*, causa XXXÍV. 
— Capítulo XII y XI V. tít. XXVIIl, lib. III Decreí.— Cap. XX . tít. XI. li- 
bro V i^ext. Decret. 

(4) Cap. XXVIIl, tít. XXXIX, lib. V Decreí.— Cap. XX, tít. XI, lib. V 
sext. Decrc/.— Cap. I, til. X, lib. V Clemetüin. 

(5) Cap. III, tít. XIX, lib. V ¿>ecr<?í.— Cap. U. tít. V, lib. V sext. 
Decret, 

(6) Cap. II, tít. XVII. lib. V Decret. 

(7) Cap. V, tít. XVII, lib. V Decret. 

(8) Cap. XIX, tít. XXX. lib. III Decret. 

(9) Cap. II. tít. XXVI. lib. V Decret. 

(10) Cap. II y IV. tít. XXXV. lib. III Decret. 
{ií) Cap. XII, tít. XXXVIII, lib. V Decret. 



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— 315 " 

mj Los que mueren en torneos fl) s i media peligro proba - 
ble de m uerte (2j. yV 

nj LosTuicidas, ó sea los que> se causan la muerte con hie- ¿yrí^i^t^^t^ 
Tro, vf.Tip.T)n, 1ni7'^, ^ flirii^'*^^^^°^ ^ ^m prfíí^ipi^i^ ■ rio ó pozo^ et- 4 y 

cétera (3) . si no sft arrepintiesen antes de morir (4). /V^ ^^ /^ 

o) Los que mueren en desafío , aunque den segales de pe - 
nitencia (5) , e ntendiéndose que incurren en esta pena aunque ^ ^T'^'i^ir'^ 
no medie sentencia judicial , y a la muerte se verifique en e l 
sitio donde se recibió la herida, ó f ue ra de él , ya el duelo sea ¿ yí^^ly^f^^l^'^l^ 
publico ó privado , sin que obste para ser privados de sepul^^ . J^ ^ 
t ura eclesiástica , que antes de la muerte hayan dado señal es ^^ ^i^-^^^L-^^ 
ciertas de penitencia y hayan obtenido la absolución í ¿). 

p) L os públicos perCUSOTRS f^^ f*.lftrí | y^ ^<^ ¿^ TP.^nlnrft^ , ^ n)é- 
DOS que den señ^ l f <^ í^a ^Qjwip n n^ími n nfn li n JAg Hft \ f^ Tnnp.r> 

q) Los ladrones (8) que mueren cometiendo el delito ; lo s 
concubinarios y todos los peca d ores públicos que muerea sin 
dar señales de penitencia ó arrepentimiento ^). 

(J) Cap. I , lít. XIII, lib. V Becrd. 

(2) Cap. 11 , tít. XIII . lib. V. BecreU 

(3) C. XII, quaest. 5.% causa 23. 

(4) Mixidl Romano, De exequiis. 

(5) Ritual Romano, De exequiis. --Concil, Trid., sesión 25, cap. XIX» 
De Reformat, 

(6) Const. ¡)etestabilem, de dO de Noviembre de 1752, párrafo 9.^ 

(7) Cap. XIV, tít. XXVIH, lib. 111 Decrel. 

(8) Cap. 11 , tít. XVIII , lib. V Decret. 

(9) C. XVI, qusest. 2.% causa 43. 



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A^, 



— 316 — 

CAPÍTULO IV. 

INMUNIDAD DE LAS IGLESIAS Y CEMENTERIOS. 

Inmunidad eclesiástica, 7 en giié se disting^tie del 
privilegfio.— Se entiende por inmunidad eclesiástica: La 
exención de las persoias , lugares ó cosas eclesiásticas de las 
cargas ú obligaciones comunes. 

Esta inmunidad se distingue del privilegio especial de un 

lugar, persona ó cosa , en que éslfi.íLMiariÍ£u]aTyaquéIla se 

extiende á toda una sociedad ó estado en cuantoá los j uga^ 

res_; ^sas ó pers onas (1). 

Sus especiesl^^a inmunidad eclesiástica se divide en= 

Personal n que es : La exención de las personas eclesiásti- 
cas de las cargas ú obligaciones comunes á los demos miem- 
bros de la sociedad. 

Esta inmunidad versa sobre aquellas cosas, que penden 

del trabajo corporal ó intelectual, como la tutela ó cúratela. 

la milicia y otras cargas y servicios del Estado, provincia ó 

municipio. 

/t/^/t ^ Real, que es : La exención correspondiente á las cosas , que 

/ pertenecen a las personas ó lugares eclesiásticos. 

Esta inmunidad exime 4 las cosas eclesiásticas de los tri- 
butos, alcabalas y otras cargas que pesan sobre los bienes de 
los demás ciudadanos. 

Local , que es : La exención concerniente a las iglesias y 
otros lugares sagrados ó religiosos. 

Esta inmunidad prohibe ciertos actos ó acciones en- los 
lugares sagrados , y se funda en la reverencia debida á los 
mismos (2). 

(d) Schmaij:grueber : /wí Eccles, univ., in lib, III Drcret,, lít XLIX. 
párrafol.", núm. l.^y sig. 
(2) ScuMALzcRüEBER : Jtis EccUs, utiiv., ¡bid., núm. 3. 



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— 317 — 

La inmunidad local en los distintos pueblos.— Se 

trató de la inmunidad de los clérigos y de las cosas particu- 
lares , temporales y mixtas en el tomo II de esta obra , de- 
biendo añadir aquí respecto 4 la inmunidad local , queJiüiifíS. /2 / 
l os pueblos tuviero r^ Riy^^ ^-^^plo.^ ^ p.fisftR H^ dicadas 6 c onsa- ^¿,,^é^^Pl^ yZ 
gradas á los dioses en el mayor honor y reverencia ; asi que 
¿nadie le era li cito violar el tempin nj h«^.p.r ^n ái p.nRq,j 




desdi jese de su destino . ^ y ^ 

La veneración con que los hebreos miraban al templo del "^^ ^C^-^ 
Señor , se halla descrita en la historia de aquel pueblo y en los A /^ Jt 
sagrados libros del Antiguo Testamento (1). ^f^^rVíf- /¿.f)^ 

Los^risti anos sobresalieron, como era justo, en este respe- 
to y veneración á la casa de Diosy . porque en sus iglesias no ^"^-^yP'i!L''P'U^ 
se ofrecía la sangre de las reses que el pueblo judío ofrecía á 
Dios omnipotente . uLsu culto tiene nada que ver con el de^ 
los gen tiles politeístas ^ q ue adoraban ffQP^n Hiosfts i\ |í^s obras 
de sus manos y á otros seres semejantes á ellos , g nft habían 
sobresalid o en la maldad é iniquidad. 

Él culto de los cristianos en sus iglesias se dirige á Dio s 
criador de todo lo que existe , y allí se ofrece el j^ntQ sacri- 
fi cio del Cordero inmaculado , ó sea de Jesucristo nuestro 
Dios y R edentor (2 ). 

Fué tan grande la veneración de los cristianos hacia las 
iglesias , que no consintieron nunca en ellas acto alguno aje- 
no al culto, ó que no tendiese de algún modo á la piedad ; de 
aquí que = 

a) L os obispos prefirieron perder la vida ¿ntes que^onsen- 
tir la prof anacion^ ejasjglfísias por los herejes. 
^ 0} JLOS r^ yfts Hftp onian la djftdp.ma q.) jngrpsar ftn las ip;lft- 
sias. 



c) Todos l os fieles se lavaban las manos v la cara a l pgne-^ 
t ^r en la casa de Dios , para sigr^ ificaiL - por este mpflio la p u- 

(i) Génesis, Cap. XXVIII. v. M.-Exod., cap. III, v. 5.— fíéflf. capí* 
tulo VIII, y. 43 y sig.; cap. IX. v. S.—Machab., lib. II. cap. 111. v. 42. 
(2) Devoti : InsL Canon., lib. TI, tít. Vil , sect. 2.^ par. 21 y sig. 



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'0^ 



— 318 — 

feza é inocencia con que todos debían acudir á aquel lugar 
"Tleno d e majestad yreveren cia. 

'"^ Se quitaban el calzado y se arrodilla ban é inclinaban 
l a cabeza en el mismo vestíbulo de la iglesia . 

e) Besaban y se abrazaban á sus puertas y columnas ^ y 
consideraron á las iglesias como lugar segurísimo para guar - 
dar las cosas y ponerse á cubierto las personas desvalidas _d e 
l a violencia y malas pasion *^^ ^p» los f>ftTTntg 

Procede de derecho natural. — ^De los hecbos consig- 
nados resulta que la inmunidad local procede de derecho na- 
tural , ó sea de un sentimiento grabado por Dios en el cora- 
zón humano , y que su origen na se encuentra en las leyes 
positivas , siendo en su virtud derecho exclusivo de la potes- 
tad eclesiástica dictar las reglas conducentes para conservar 
en todo su vigor aquello que es propio de esta inmunidad (1). 
Cosas á que se extiende.— La inmunidad de las igle- 
sias ó cementerios y demás lugares sagrados comprende dos 
partes : 

La una probí bft gn^ sft ftj erzan allí actos profanos que dés > 
dice n de la santidad y reverencia debida ájsto s lugares. 
^^ X^Totra pone en .seguridad y á salvo las personas que se 
refugian en las iglesia s. 

Los actos prohibidos en las iglesias y cementerios son de 
dos especies : 

Unos son pecaminosos , como el — homicidio — e fusión d e 
sangce—ftctos de sensualidad — sepult ura de infieles ó fieles 
e xcomulgad os. 

Otros son^£n,^LJícitos , p ero se prohiben e n las iglesias 
por la especial reverencia d ebida al Inp^r sagrado. 

Actos judiciales proMbidos en las iglesias.— Se 
prohiben los actos judiciales, ya s^a^j xgiminales (2) 6 civi - 
les (3), seguidos por jueces lego s , po rque las causas eclesiás- 

(1) Devoti : In$t. Canon., lib. II, tít. VII. seci. 2.*. par. U. 

(2) Cap. V. tít. XLfX, líb. III DecreL 

(3) Cap. lí, tít. XXIII, 11b. III sext. Decrel. 



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— 319 — 

ticas pueden agitarse en las iglesias ó cementerios , aunque 
siempre será más conveniente que se discutan en otro sitio (1). 

Esta prohibición se extiende á las casas de la iglesia (2), 
I)orque se trata de lugares exentos de la jurisdicción seglar; 
& menos que el prelado consienta en ello , lo cual no puede 
conceder respecto á los juicios en la misma iglesia (3). 

Baio el nombre de juicios se comprenden las sentencias 



da das pQTSfbltfós ae derecho ó compromisarios , porque es- 
tosaritn.^ ^npJnvftn ftl ftstrf^.pitn jndiV.iftl ^ qufi ^«tájT ohlbldoTn 
Iftfr iglftRÍ«s ' ppTn nn rp. }}fú\^ n Comprendidos — 



a) Los arbitradores ó amigables componedo res , en cuan- 
to que sus sentencias son meras transacciones. 

d) Tampoco se comprenden otros actos extrajudiciales, 
coniS^ ^ar tutores ó curadores al pupilo ó m enor —conter ir 
""^^ gfflflf ^s de doctor 6 maestro— s o stener conclu siones en la 
.ciencia sagrada. 

Se prohiben los mercados y contratos.— Los mer- 
cados , ferias , contratos y negociación (4) están prohibidos 
en la casa de Dios ; pero se considera lícit a la venta de velas, 
rosarios v otras cosas qna üirv^n á la pJi^H ad de los fieles, 
siempre que se verifique sin estrépito en el cementerio ó á la 
puerta d e la iglesia ; p orque cesa la razón de esta prohibición, 
y por otra parte se funda en una costumbre casi universal. 

Si se proMben alli las reuniones profanas y 
otros actos de igual Índole . — Las reuniones profanas y 
políticas de todas clases • como l os parlamentos , se siones de 
las diputaciones provinciales ó ayuntamientos , academias 
ineramentesgg lares, etc.. están prohibida s eñ las^iglesla s^) ; 
pero no se comprenden los sínodos ó concilios , ni otras reu^ 

(1) ScHMALZGRUEBER : Jus EccUs. unív., t» lib, IIIDecret., tít. XLIX, 
par. 2.^ núm. 79. 

(2) Cap. I. tít. XLIX, Hb. III Decret. 

(.3) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccks. ufíiv., ibid., núm. 78. 

(4) Cap. II. tít. XXIII, lib. III 5ea;M)ecreí. 

(5) Cap. II, tít. XXIII, lib. III sext Decret, 



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— 320 — 

niones en las que se trata de cosas pertenecientes á la reli- 
gión , piedad ó reforma de las costumbres (1). 
j/ Se prohiben también l as representaciones teatralus V^-^ 

^¿X>^ ^^;?¡^ J)ectáculos ó conciertos , á menos que tengan por nhjp.to \^ 
^ -'- / piedad (2). 

"prohiben en las iglesias ó cementerios toda clase de 
actos profanos , como celebrar convites . exprimir las uvas, 
trillar las mieses (3). 
^ - Custodia ae 'aUiajas en las iglesias , y si podrán 
destinarse para cuarteles.— Se prohibe admitir en depó- 
sito y para su custodia alhajas ú ntrns nhj fttn<; Hp. n.iftrígAg ^ 
J7 U ^ legos, á no ser en los casos de invasión de enemigos,, incen dio 

¿/ ¿^^>4My^' ú otras ne c^,p.<;idnHp<; nro-ftntfts (4). 

Las jo^lesias v cementerios no pueden destinarse p ara 
cu arteles ni pa ra ning ún otro uso militar ; per o en casóle 
^x^.^<\á^á y TYiPHiantP ^ff^Pi^r^ia f^p.1 nhispo pod ráu ocupa rse 
por los militares como sitio á propósito para defenderse de l 
en emigo ( 5). ^^~' 

La s iglesias, cementerios y monasterios se hallan exent os 
^ de Ta ca rga de al^jfími^nto (6). 

^ / Etimología de la palabra asilo , y sn definición. 

¿yy '^^"^^^^--La palabra asylus (asilo) procede de la griega ggoXov , que 
signific a inviolable. 

Se entiende por asilo : La inmunidad de toda violéffcia 
externa , ó sea el privilegio qm impide la extracción de las 
iglesias á los que se refugian en ellas, 
^!-^^ ^-^yp^^ En qué consiste, y su antigüedad.— El asilo es lo 
^ / /I M S^^ constituye la otra parte de la inmunidad de las iglesias y 




IhS^ 



¡y^^^ ¿yíf^i^ iS) Schma lzgrüeber: his Eccles, univ. . in lib. III Decret.yüU XLIX, 
y par. íg.^iTúm. 83. 

yf/^ J ' (2) C. I. , disl. 92.— Cap. XÍI, til. I, lib. 01 DecreC-^CMíetlr'Tnd.. 
/y^/ i^^Cyl/J ^ sesión 22, Decreí. deobserv. eievit, in celébrala Missa, 

(3) ScHMALZGnvEBERi Jus Eccles. univ,, Má. y núm. 85. 

(4) Cap. II, lít. XLIV, lib. Ifl Decret. 

(5) Schmalzgrüeber : Jus Eccles. univ., ibid., núm. 86 , 

(6) Cap. I, tít, XLIX, lib. 111 Decret 



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— 321 — 

lugares sagrados , y en su virtud los deudores y r e os de crí- 
menes ó delitos , que se ponen al abrigo ó bajo el amparo de 
e stos .lugares , no pueden ser extraídos violentamente dQ 
ellos, atendida l a- ^ftptíHRH Hp.i inp-nr y ]si re verencia debida 
á la casa de Dios , bajo cuya protección se han puesto . 

Este sentimiento íntimo de respeto y veneración hacia los 
templos consagrados á la Divinidad hizo que los griegos y ro- 
manos guardasen esta consideración á los templos , altares y 
simulacros de sus falsas deidades. 

Los hebreos constituyeron seis ciudades de asilo por m>^,n - 
dato divino , y el altar del templo servía de garantía á los 
que se acogían á é\( l). 

El asilo de las iglesias y cementerios entre los cristianos 



data desde la más remota antigüedad . 

Si procede de derecho natural.— Parece probable 
que el asilo de las iglesias no procede de derecho dívi nongr 
tural , porqujQ ftl f^ctc^ dp, extraer al malhechor ó criminal d e 
las iglesi as ó lugare s saoprados no es en sí malo , ni como tal 
lia sido n unca considerado , en el mero hecho de haber sido 
extraldos violentamente de dichos lugares los reos de críme- 
nes exceptuados de esta g racia . lo cual n o habría podido ha- 
cerse lící ^^nifí^^ p "^^ ^^t íi inmnnidnd pror.p.diese del dere cEo 
natura l. 

Además , g1 f|prftf>|in natnral Pg QiPmprfl y eQ fAifftf^ pflrt^S 

uno y el mismo . l o cual no se verifica en el asilo , puesto 
que ofrece gran variedad en cuanto á su extensión y aplica- 
ción según los tiempos y países (2). 

Si es de dereclio divino, eclesiástico ó civil entre 
los fi-Hgf.Ta.Ting — Tftfflpop'.opiiftdft sostenerse (31 quesea dft 
áerecho divino en la ley evan gélica > po rgue no existe en las 
sagradas Escrituras del Nuevo Testamento , ni en la tradi- 

(1) Vecchiotti : InsL Canon,, lib. III, cap. V, par. 74. 

(2) ScHMALZGRüEBER : Jus Eccles. untv., in lib:ni Decret. tít. XLIX, 
par. 2.^ núm. 93. 

(3) Vecchiotti : Inst. Canon., lib. IIÍ, cap. V, par. 7i. 

TOMO ni. 21 



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t 



— 322 — 

cion divina , dato alguno en que pueda sólidamente fundarse. 
Debe , pues , considerarse esta inmunidad eomo de dere- 
cho humanojcl¿§i45Üfii^^ fundado en un'sentlmie nto 
^"' general de los pueblo s ; así que las iftyft^^ da Tp.nflnRin sob^^ ^i 
asilo no lo establecen , lo dan como exis tente y lo regulari- 
zan (1) . 

Disposiciones de la Iglesia acerca del asilo ede- 
^ siástico. — La Iglesia dictó no pocas disposiciones sobre esta 
materia (2) , fundadas en la reverencia debida á las iglesias 
- que el derecho natural y divino positivo aconsejan; y Grego- 
rio XIY en su constitución Cum alias , de 24 de Mayo de 1590 , 
redujo á determinada forma lo que se hallaba establecido 
en disposiciones anteriores (3). 

En tiempos posteriores se han dictado otras muchas reglas 
canónicas sobre el asilo eclesiástico , como las constituciones 
JSs quo de Benedicto XIII, en 8 de Junio de 1725.—/» supre- 
mo , de Clemente XII , en 1.^ de Febrero de 1734.— Cum alias ^ 
de Benedicto XIV , en 24 de Enero de 1744 y Officii nostri^ 
en 9 de Marzo de 1750. — Breves de Pió VI en 18 de Abril de 
1776, 11 de Diciembre de 1779 y 9 de Abril de 1782; porque 
estando fundado el derecho de asilo en la santidad y reveren- 
cia de las iglesias, era consecuencia legitima, que se rigiese 
por la autoridad de aquél á quien está encomendado el régi- 
men eclesiástico (4). 

Su oonvenienoia. —Todos se hallan de acuerdo en que el 
asilo eclesiástico eraj^oa geniente dentro de cierto s li mites , y 
él fué desde luego salvaguardia útil contr a una justicia 

K^^i^bftri^ Y j^jp y y^qi^ías . lo mismo que contr a el uso domiaaír 

te en ciertos tiempos de vengar la sangre derramada (5). 



(1) Dkvoti : Ind. Canon,, lib. II, tít. Vil. sect. f .* par. 27. 

(2) C. VI . dist. 87. -C. VI. VIII. IX, XIX. XX y XXXVI, qujRSt. é.\ 
causa i7.— Gap. VI y IX. tít. XLIX, líb. III Decret. 

(3) Sghm ALzeauKBER : Ju$ Eccks. univ*, in lib. lU D$crél,^ tít. XLIX, 
párrafo 2.^, nám. 94. 

(4) Dbvoti: IusU Canon., lib. II. tít. VII. sect. l.\ par. 28. 

(5) Walter: Derecho Kcles. univ., lib. VIH. p¿r. 339. 



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I 

L 



— 323 — 

Distintas opiniones sobre este punto.— Los doctores 
católicos disienten sobre la conveniencia ó inconveniencia 
del asilo en la extensión y amplitud que las leyes le dieron. 

Al gunos escritores creen que fué p erjudijcial á la sociedad, 
porque de este modo q uedaban in^i punes graves delitos jji anjo 
oca sión y aliento" a los criminales para continuar e n el 
c rimen . 

Además ,^dii:£]j, la santidad del lugar sagrado no puede en 
manera alguna quedar lastimada por la extracción de ios cri- 
minales ( 1) que allí se refugiaron. 

La opinión contraria parece más probable , porque este 
privilegio del asilo eclesiástico está conce_dido á los lugares 
sagrados y religioso s en consideración á la religión y fe cris- 
tiana, nó como favor á los delincuentes , sin que pueda decirse 
que los c riminales quedan im punes , etc. , porque están suje- 
tos, á pesar de esto, á durísimas penas y castigos, y áuñl TIa 
misma muerte , si se trata de crímenes horrendos que siem- 
p re se exci ny^r^^ ^^ ^^^-^ fyrft<*ift (2). 

Si puede abolirse por la costumbre. —Muchos escri- 
tores sostienen q"? no p"*^^» nhoii>gp. , porque la constitución 
del papa Gregorio XIV dice : Quod si quis quacumque digtii- 
taU, et auctoritate prr^ditus pramissorum, auú quovis alio 
prcetextu, qmdquam prcdter aut coíttra hujus... constitutio- 
nis tenorem aUentare prasumpserit , ipso facto censuras et 
peanas easdem incihrrat. 

Se fundan también en que el Concilio de Trento enseña 
qne las sanciones apostólicas dadas en favor de personas ecle- 
siásti cas y de la Ube i*tf\f^ ^^ ^^ TglftRÍa. r.rm^^fl. jjiit i^^fgfií^jnmftc^^ 

éxacté ab ómnibus observari deberé (3). v w 

• Se apoyan , por último • en la constitución Romanáis Pon- 
tifex dada por Urbano VIII en 5 de Junio de 1641 : allí se dice 

(i) C. XIJV. quffisl. 5.\ causa 23 

(¿) SciiMALZGRUEBER : iiift Ecclcs. utiiv., iti lib, HI DecrH., lít. XLtX, 
párrafo 2.*. D6m. 89 y sig. 
(3) Sesión 2.^. cap. XX, De ReformaL 



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— 324 — 

que^milflOüceET ueba todas las costiimbres contr a ipimunita- 
Um ecchsiasticam militante s (1). "~ ' 

Parece, á pesar de esto, más probable la opinión contra- 
ria, porque to das las leyes huma nas pueden abrogarse por 
_gi QStumbre contraria en el mero hecho de poder ser anulad^ 
por otra ley escrita; lo cual existe de hecho en el caso pre- 
sente , sin que tengan valor alguno las consideraciones cita- 
das en defensa de la otra opinión , porque se refieren á las 
costumbres existentes en la época que se dictaron dichas dis- 
posiciones, ynó alas que puedan introducirse en lo suce- 
sivo (2). 

Si este privilegio es de estricta ó lata interpreta- 
ción. — Esta cuestión puede suscitarse únicamente en el caso 
de que haya duda acerca de si un reo go/a ó nó de l derecho de 
asilo ; y creen notables canonistas y como Covarrubias y el Car- 



denal de Luca , que ha de interpretarse estrictamente , porque 
se ^ata de un^ inmunidadderQgatoria del derecho común y 
hasta del natural , en el que se prescribe que los delitos no 
queden impunes_j l¿5e"más= ' " 

a) Porque los rn^W^^ns y? i^n^^^ri más audaces con est6 
pri vilegio para cometer crímenes. 
' T) Porqnft lajrn ismft proximidad de las ifíplesias en las^ iu- 
dades le s serviría de amparo para poner en ejecución suy 
jTTjtintnsfiríminalr-i 

c) Porque e n concurrencia del bien públicay privado defee 
preferirse el primero (3). 

Otros muchos canonistas sostienen que el derecho de asilo 
se ha de interpretar latam ente , y esta opinión parece más 
probable = 

a) Porque se trata de una causa piadosa y favorable é la 
Iglesia , puesto que est a inmunidad fué establecida en consi- 

(1) ScHVALZGRUEBER : Jus Eccles, univ,, in lib. III Decreí,, tit. XLIX, 
párrafo 2.®. núm. 99. 

(2) Schmalzgrueber: Jus Eccles, univ,, ibid., núm. iOO y dg. 

(3) Schmalzgrueber : Jus Eccles, univ., íbíd., núm. 102. 



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— 326 — 

deracion á la reyerencía debida á las ig] f«íftg, y nA fí j| fay^f 

i) Porque el dftfPf^h t ^ in afilio m un f i rJTilnfarif) ¡7 h n n c ficio 
concedido por el pri ncipa ftspirítim] j tp^ mporal , y se halla 
incluitio en el cuerpo del derecho . el cu al exige una inter- 
pretación lata ó extensiva. 

c) Porq ue esta interpretación no perjudica & ninguno en 
particular . 

Lugares que gozan del dereolio de asilo.— Este de- 
recho y privilegio , concedido en consideración al respeto y 
reverencia debida á la casa del Señor , comprende = 

a) Las iglesias que han sido erigidas con licencia del obis - 
po, aun cua ndo no estf^n ftf>nj;ftgPA<l^^.q (1) n i benditas ^ siem- 
p re que tengan las condiciones necesarias para e ste efecto , 
sin qu e obste para ello que hayan sido entre dichas 6 esté n 

í) Los pórticos y atrios de i«^ igip-síft (9.) ; los luga res y^- 
bitaciones adheridas ¿ la misma ^ como >la sacri stía , ca^paj^ 
nario, etc. (3) : extendiéndose hasta cua renta pasos de la 
i f^lesia c^ tf ^^^^ y f rf^íptft Hft l5 ^ demás iglesia s'í4) ; pero'estcT 
ha quedado abrogado (5). 

ej Los cementerios , sin que influya para nada el que se 
tollenpFá ximos y cfüntígiiaR'yift iglftsla rt ftn sitin dy^^jgjgft^ 
de ella ( 6). 

d) tiOa hospi^ ft^es erigidos cpn autoridad del obispo y en los 
que hay altar para celebrar el ^anto sacrifiojoji e l a M isa (7). 



(1) C. VIII y IX, quaest. Á.\ causa 47.— Cap. V y IX. tít. XXXIX. ü- 
bro ni Decret. 

(2) C. XX y XXXVI. quaest. 4.*, causa 47. 

(3) SaniALZGBUEBER : Jwí Eccles, univ.,in lib. Ill Decreí,, tít. XLIX, 
par. 2.**, núm. 422 y sig. 

(4) C. VI y XXXV, qu«st. A.\ causa 47 . 

(5) DcTOTí : InsUt. Canon., lib. II. tit. Vn, sect. 2.*, par. 29. 

(6) Cap. X, Ul. XLIX. lib. Ill Deeret. 

(7) Cap. IV, tít. XXXVl . lib. lII Deeret. 



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— 326 — 

e) Los monas tftrins. cn^Yfin^Qg y />n^Qyy}f^£. ^^^ Irjs jegu^re a 
con sus h uertas, hospederías ,_estal)lo s, etc. (1). 

fj Los oratorios, erigidos con autoridad de l obispo y des - 
tinadorperpetuam entc al euUo diviii o L ^er o no rp. rLnip ppp.n^ 
den por lo mismo los oratorios de casas particulares , aunque 
se celebre el santo sacrificio áei la. Mfsn (9.). 

ff) La casa ó r »1«^Íft ^pignnp»! (a) ftnnf¡nfi ^^ ^^f gpft j;;^ 

halle ausente , ó la silla episcopal vacan te. 

/i) La casa de la parroquia en que halflta el pá rroco— las 
casas de los canónigos y hermandades ó cofradías que es t¿p 
unjiiasJuSUsJiglesias (4). 

ij El derech o de asilo compete, por último , á todos los 
áfíiTiñSf inpflppR qn e sou cousíderados como religiosos por el 
derecho ca nón ico . aunque no sean sagrados (5). 

Si se atiende á las cruces colocadas en los cami- 
nos y lugares donde se hallan reli<iuias de santos. 
—El papa Urbano II extendió el derecho de asilo á las cruces 



cniftCftHns ftp ]q^ cftmínng ^ p<^f(L^e sta disposicjou uo se hal la 
f jT^^^]}}^^ ^^ ^^ Anftrpo (]fíl derechOp ni f ujadmitidla enla Djjiíl- 

^^tica. :7 

/^ y ^'^ *■ Respecto al lugar en que se hallan reliquias de santos, 
'^'^^■^ ' A hfi^irá if^ntrnn i 'fin AiyTi*n *í trr mlj r ea>do lan refsp crt^vft^ V ;^i^ 

/¿) L. U 4adfis46). 

^'•^^^^^¿V^'TV^^ersonas á quienes se extiende.— Es regla general 

// /p ^ que todos los c ^ifitiarins ipp^Qg dft a mbos sexos , sin distinc ión 

^^^^ ^"'^'^^T'^Vf^ de edad . es tado y ^vniic jon , pueden utilizar^ esta inmuni- 

>jf ^ M dad , refu giándos e en alguno de los lugares señala Hn<|/f;ie nI^ 

l\y{^^ ^¿-^ pre que no sean reos de crímenes excluidos de esta g racia (71: 

(1) ScHMALZGRCEBER .* /u5 Tlccles. utiiv., íh lib. lirDecrtí., tit. XUX« 
par. 3.». núm. 408 y 428. 
^^^^^^.^ Í2) Dbvoti : Insí. Canon. . lib. U, tít Vil, sect. 2.'. par. 29. 
^tm) C. XXXVI. qu8Bst. A.\ causa 47. 

(4) Devoti: ínst. Canon. , ibíd. 

(5) Scbmalzgrubber: Jus Eccles, univ,, ibid., número 444. 

(6) SoMALZGRUEBER .* /u9 Eccles. tinsv., Ibid., núm. 4.^0 y sig. 

(7) Sghmalzcruoer: Jus Eccles. univ. , ibid., par. 4.^ núm. i54 y 
Biguientes. 



^^. 



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— 327 -^ 

^DO obsta al efecto giift sfia n ftTf^mTmlgfl.anR á entredicho^ , 
aun cuando estén privados^íe entrar en la iglesia. 

Si comprende á> los inneiea y lierejéa.— Los^ judío s, 
mahometanos y demás infieles gozan del asilo ecfósiástico , 
según la opinión más probable , si se refugian en lugar sagrado 
y desean sinceramente convertirse á la fe (1). 

Los herejes están excluidos del asilo, y han de ser casti- 
gados por >;]! hfírpjift ftn o.nftnt.Q que este delito se hall a exftftp- 
tuado; pero si se trata de otros delitos cometidos por ellos, 



fuera del de herejía , es probable , que si se refagian en lugar 
sagrado . gozan del privilegio é inmunidad del asilo , porque la 
1 ev no los e xceptúa (2j. " ^^ ^ 

Sentido en que los clérigos gozan del asilo.— Los 
clérigos y religiosos gozan de esta inmunidad respecto á los 
j ueces seglares, en cuanto que no están sometidos á su juris- 
dicción ; y aun cuando pueden ser extraídos de lugar sagrado 
p or sus jueceseciesiásticospara sufrir éTc afl tigo por y ía^ 
' gixriplina y p.orrftri aion ftc^ psiAstirta ^ no pueden ser extraído s 
de allí para entregarlos al brazo seglar , sí el delito no se haí la 
exceptuado. " 

Esta doctrina parece la más probable entre las diversas 
opiniones que existen con respecto á este punto (3). 

Su extensión á los esclavos deudores y fugitivos. 
—Los esclavos gozan de esta in munidad con respecto al j uez 
^ laftgiiSti^^^*^ , porque s u condic ión es accidental v se reputa 
libre para él ; pero como no tienen esta consideración para su 
"^dueño , de aquí que si el delito cometido es leve, puede s er 
obligad o ^ volver á p oderd e su señor , siem grej[U¿éste j^^ 
te f 4) juramento de no castigarlo ; y c uando el delito cometido 
es grave , debe e xigirse por la autorida d eclesiástica caución 

(i) Schmalzgboebbr: Jus Eccles, univ., in lib. 111 Decret., tít. XJJX» 
par 4.**, nám. 460.y síg. 

(2) Scumaizcruebeb: Jus Eceles. univ., íbid., núm. 157 y síg. 

(3) ScHMii^GRUEBER : Jus Ecclés. utiiv, íbíd.. núm. 164 y sig. 

(4) G»p VI. tít. XLIX, lib. ¡II DecrH. 



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- 328 — 

bastante pfty>t la Rpp^n»iH5^^ H^l p sclavo , á fin de que no se abu- 
se de él inconsideradamente por su dueño íl)> 

Los deudores , que se acogen á sagrado para evit ar que 
se' les encarcele; á petició n de sus acreedores, gozan del ae- ~ 
recho de a silo según la opinión más probable (2). 

T..osfiip ^iti yns de las ^ árceles , g ozan de la expresada inin u- 
Jiidttd,i ise acogen á sagrado , según la opinión más probable , 
porque este derecho se concede á todos los que se acogen á 
sagrado (3). ^ 

Delitos excluidos del derecho de asilo.— El asilo 
eclesiástico recibió una gran extensión entre Iojí pueblos que 
se repartieron el imperio romano , con no pocas ventajas para 
aquella sociedad; pero variadas las circunstancias de aquella 
época en tiempos posteriores , vino á ser perjudicial lo que an- 
tes era útil y muy conveniente. Por esta razón las leyes ecle- 
siásticas excluyeron del asilo los delitos siguientes : 

a) Los ladrones públicos (4) , llamándose asi para este efec- 
to los que se presentan en la vía pública ó penetran por ase- 
chanzas, ó violentamente, en las. casas, despojando alas 
personas de sus bienes é hiriendo ó matando á los que se re- 
sisten (5). 

h) Los s altead ores de caminos (6), que se distinguen de los 
ladrones públicos , en que 'H^ttéllos acometen á los viajeros y 
los despojan sin mediar herida, mutilación ó muerte (7). 

c) jjnri tTilftdnrai nnrtiir^os da^^tampos (8) , llamándose asi 
los que de noche y á propósito ponen fuego á las mieses , ár- 

(i) ScHMALZGRUEBER : Jíui EccUs. utiiv., íh Hb. Ill h^jA.y tíí. XLIX. 
par. 4.^ núm. 170 y sig. '^ "^ ^^^ 

(2) ScHMALZGRüEBER : /u5 EccUs, uhív., ibid., núm. i75y síg. 

(3) Scrmalzgrüeber: Jus Evcles, wiiv,, ibid., DÚm. 180 y sig. 

(4) C. VI. qu8B8t. 4.*. causa 17.— Cap. VI, tít. XLIX, lib. III Deeret, 

(5) SCHMALZGRUEBER : Jim EccUs. utiiv,, ifi lib. !][ Dccret.^ tít. XLIX, 
párrafo 5.*, núm, 187. 

(6) Cap. VI, tít. XLIX, lib. III Decret. 

(7) ScHMALZGRUEBER : Jití EccIbs. univ.y íbid., núm. 192 y sig. 

(8) Cap. VI. tít. XLIX, lib. III Decret. 



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— 329 — 

boles ú otros frutos de los campos » siendo indiferente para el 
caso que esto se haga con ánimo de reportar utilidad , ó por 
venganza ú otro fin (1). 

d) Los que cometen en la iglesia 6 cementerio ho micidio 

6 mutilación de miembro s (2) : sin Que esto se extienda á, 165 •* 
reos de otros delitos graves ó más criminales que el homici- 
dio ó mutilación , según la opinión más probable (3). 

e) Tim homiridflig prnditnrinsj spcun la constitución del 
papa Gregorio XIV , ya se entienda por esta palabra la muerte 
del prójimo producida por asechanzas 6 maquinació n <ilan- 
destina ü oculta , ya se produzca bajo la forma de amis tad , sin 
preceder motivo alguno de odio , cuyo crimen es unoTle los 
más atroces , porque H í n^^^tn t^ f?^ p^^^^P R^ gnipTA sospechar 
nada maln d^l gnft tiwnft por amiffn (4). 

fj Los asesinos , 6 &pft, Ipg gnp Tnp^^ftnf Q dinero ú otra cg sa 
estimable en precio , recibido ó prometido , matan á al guna 
persona 6 la mandan matar, aun cuando no se siga la muer- 
te (5), comprendiéndose bajo la palabra asesino' á los que 
prestan su auxilio y consejo . reciben ú ociJtan , ó de cual- 
q uier modo defienden al asesino (6). 

g) Los reos del crimen de herejí a , según la constitución 
del papa Gregorio XIY, hallándose en igual caso los apóstatas 
de la fe cr istiana y \ ^ mQmAtírLnR^^ <;)j[flmt1n p.I ftíii^^ft ya a co iQr 
panado de herejía. (7). 

h) Los reos del crimen de lesa majestad , s egún la citada 
constitución de Gregorio XIV. 

i) Los judíos, que habiendo recibido la fe cri sti ana, deser- 
tan de ella—los que extrae^i -einjfipfjimftiif a h^ la ípriftcm ¿ las^_ 



(i) ScHMALZGRUEBni: Jus Eccles. univ. , ín Hb. 111 Decreí., tit. XLIX, 
par. 5.^ núm. id5y sig. 

(2) Cap. X, tit. XLIX, líb. III De^ret. 

(3) Schmalzgrubber: Ju$ Eccles. unir., ihíd., núm. id8 y sig. 

(4) ScBíULZGfiüEBER: Jus Ecclcs. uttiv., ibid., núm.220y sig. 

(5) Cap. 1, tit. IV, lib. Y sext. Decret. 

(6) ScBMALZGRUBBiR : Jus Ecclcs. univ., ibid., núm. 24i y sig. 

(7) ScBVALZGuuEBBR .' Jus Ecclcs. uhív.j Má.y núm. i86. 



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— 330 — 

acogidos á ella ,r-l os que fingiéndose ministros de justiciaen - 
tran en las casas y roban en ellas , matan 6 mutilan — ^los ad- 
ministradores de montes de piedad ú otros luga res' seméjan- 
tes. que son reos de muerte por desfalcos en sus caj as» i^tc. (I). 
Bfectos del asilo eclesiástico. — ^Los efectos^e esta in- 
munidad local pueden resumirse en lo siguiente : 

pelidos , ni extraidos violentamente (2). 
í) No pueden ser allí encarcelados ni castigados (3). 

c) El juez seglar no puede impedir que se suministre a l 
n^n Pi fliiTnPTifn j HPTn^pj*(^fift<^ np.fíftsftHfts , porque de lo con- 
trario resultaría inútil esta inmunidad (4). 

d) No puede privarse al delincuente acogido á sagr ado de 
los bienes propios , que lleva consigo (5) , ni ser condenado i 
muene ü otra pena corporal grave por sentencia del juez, 
mientras se halla dentro de la iglesia ó en lugar sagrado (6). 

e) El reo y la Iglesia tienen derecho á resistir al juez s e- 
glar Que procede á la extracción de lugar sagrado fuera de 
T os casos exceptuados, y si á pesar de esto se le extrae, toda s 
l as diligencias y actuaciones seguidas son nul as (7) , siendo 

'"obligación de aquél restituirle ante todo al lugar sagrado (8). 

f) El juez ec 1°'ii?'t^^TiQ, nft pn^^^- ^jL^^^J:'' ^^ magistiado 
seglar para extraer del asilo al reo de crimen no except uado, 
á menos que medie licencia del Sumo Pontífice ú otro delega- 
cto suyo al efecto { 9), 

(1) Devoti: Inst. Canon., Ub. II , tít. VH, sect. 2.*. par. 30. 

(2) C. VIH. a, X y XXXV, quaest. 4.*. causa 17.— Cap. VI. tít. XUX, 
lib. III Decret. 

(3) C. XXXV , qufiBst. 4.*, causa 47. 

(4) ScHMALZGRUEBBa : Jus EccUs. univ., in Ub. lUDecrti., tít. XLIXt 
par. 6.S núm. 269. 

(5) C, VI y XXXV, qu«9t. 4.', causa i7. 

(6) C. IX, quflest. 4.», causa 17.— Cap. VI, tít. XUX, lih. III DecreL 

(7) ScHMALZGRUEBBK : Jus EccUs, Uftív., íbíd., DÚm 272 y 8Íg. 

(8) C. VIH, queest. 4.% causa 17. 

(9) Schhalzgrobbkr: Jus Eccles. univ., ibíd., núm. 284^ 



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— 331 — 

g) El refugiado á lugar sasprado no puede ser exfami^ de 
allí por el poder civil sin licencia de la autoridad eielesiásti 
caT, aun cuando se trate dé crimen exceptuado , debiendo" 
además en este caso , ser llevado á la cárcel en nombre del 
obispo , y permanecer allí hasta que la autoridad eclesiástica 
resuelva , si el delincuente es reo de crimen exceptuado (1) ó 
^ .si el lugar goza del privilegio de asilo. 

Penas contra los que los violan.— Las personas que 
infringen las leyes indicadas respecto del asilo , están sujetas 
á pena pecuniaria v á penitencia pública (2) , incurriendo 
además e n excomunión mavor f3) reservada al Sumo Pontí* 
fice (4). 

Esta censura comprende á los gyypi con anylacia temerari a 
quebrantan el asilo eclesiástico, ó mandan quebrantarlo / 5). 

Observaciones.— Ho^o lo que se deja manifestado en este ca- 
pítulo sobre el asilo eclesiástico ha sufrido grandes modifica^ 
. clones en cuanto á los lugares que gozan de esta inmunidad y 
respecto á los delitos que comprende ; lo cual ha de tenerse 
., presente .para proceder con acierto en esta materia ,'3e*suyo 
espinosa y expuesta á conflictos entre la autoridad eclesiásti- 
ca y civil. 

Las modificaciones introducidas en los últimos tiempos no 
—han sido las mismas en todos los países ; así que cada cual 
. . habrá de atenerse á lo que se halle dispuesto para el país en 
que vive , y como esto afecta á la disciplina particular de 
cada nación , no entramos en el examen de la que rige en Es- 
paña , porque este estudio corresponde á la asignatura de*dis- 
ciplína eclesiástica , lo mismo que las reglas prácticai> y de 
procedimiento que han de observarse en estos casos. 

(i) ScHMALZGBUEBER : Jus EcoUs, uuív., m Ub. lU Deeret.y tít. XLIX» 
par. 6.*, núm. 305 y síg. 

(2) C. XX y XXI, quaest. 4.*, causa 17. 

(3) C. VI. Vm, X y XXXV. quaest. 4.*. causa 17. 

(4) Bula Apostolicse Sedis, áe éxeommwUcaHoniíms laiw sententim 
summo Fontiflci reservaíiSj par. 5.^ 

(5) Bula Apostolice Sedis, ibid. 



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— 332 ~ 
CAPÍTULO V. 

VENERACIÓN DE LOS SANTOS Y DE SUS RELIQUIAS £ IMÁGENES. 

Culto, y sus distintos nombres.— Se entiende por 
culto : £1 honor que se tributa á Dios , óálas criaturas con 
relación á Dios. 

El culto ú honor es , según Santo Tomás , cierto signo y 
testimonio de la es^celencia que existe en el objeto honrado (1). 

Este honor ó culto se designa con los nombres d e adoración 
—respeto— veneració n — reverenci a , 6 servidumbre , g iip. tie- 
úen diversa significación según el objeto á que se refieren (2). 
Sus especies.— La diversidad de excelencia produce di- 
versidad en el honor ó culto que se tributa á alguno , y de 
aquí sus distintas especies que son las siguientes : 

Latría , que es e l cul^o supremo v a^gAinf ^ HnHn ¿ tiiac, 
como ente necesario y eterno é ^nfinitn v criador dp | ^^^^ ig^ 
c osas. 

Dulia , que es ft] rnito^ adoA los santos con relación á 
Dios por ST 1 pfírfaftr.inn g^Krftnftfnyni y ^^; ^j ^celeucia de fl;yacia 
y gloria^ 

Hyper dulia , que es el culto tributado á la Virgen María 
con re^^ ^^'^^ k T>'^^ , p^^ sn grun ATPPiPTipin (a) sobre todas 
las demás criaturas y tiene un lugar intermedio antra ^1_ 

c ulto Olfe ffft ¿a A nfos j q] gim rp. trihiitü 4 Ioq Ritntoft. 

El culto de latría , dulia é hyper dulia puede 8er=: 
Absoluto^ que es el dado á Wjriismfl divinida d 6 ¿ los 
mismos santos. 

Recatwo , que es el trfM i ti»^^ ^ ^^«f im ai g ft"^ ^ dp THoq a Hp 
sai 



(t)' Summa Theolog. prima secunda, qusest. l.\ art. 2.* 

(2) Pkrroiib : Prakct. Theolog. De CuUu Sanelorum, cap. L 

(3) G8ARVI8 : Theolog. univ. de Dea incarnato, dissert 7.*» cap. Vil. 



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-■^333 - ^ y^^^^-T^^^^Z^^j^^^^ 
Culto de los santos , y utilidad de su invocación* ,/ ^y 

—Este honor tributado á los santos está recomendado en las ^ ^^^--í^^Th^ 
sagradas escrituras (1) , y e n esto se funda la institución y y 

celebración de las fiestas en honor de ellos (2) , que data des- ' 

de el principio de la Iglesia. 

Esta doctrina guarda perfecta analogía con lo que se 
practica entre los hombres. Siempre se acostumbró á honrar 
con culto civil á los hombres , que mere cieron bien de lapa- 
tna : se recuerda sumemorfe , se condecoran sus sepu Tgrpg^ 
se les erigen estatuas , sus cenizas son llevadas con gran 
pompa . 

Los hombres que ocupan el primer puesto del Estado, 
como los emperadores y reyes , gni^ ^innmHnft r>r^n cuito su - 
prftjpo r*ivij , tributándose honores k los proceres y personas 
más allegadas á los príncipes en consideración á su a mistad 
T privanza con éstos . 

El culto é invocación de los santos e s de /aran utilidad Jt 
losmortalea^ porque los santos que reinan con Jesucristo, 
ofrecen á Dios sus oraciones en favor de los hombres , á fin de 
alcanzarnos de Aquél beneficios por Jesucristo su Hijo, nues- 
tro Señor, que sólo él es nuestro* Redentor y Salvador (3). 

Ellos , apoyados en los méritos de Jesucristo nuestro úni- 
co mediador, no^a lcanzan del mismo lo que pedimos^ en 
cuyo concepto y en este sentido impropio ion nnftstr^ff ty\'^- 
diadores secun darios. para con Dios . 

' Este .medio empleado por los mortajes para obtener lo que 
pedimos , se halla fundado en las sagr adas Escrito ras (4J, 
que nos recoi gíendanJ aTInvócacion de los santos y manifies- 

'^Sñ ó la vez su poderoso valimiento para con Dios en favor de 

(i) GéiieWí,cap. XVIII , V. 2 ; cap. XIX, v. l.—^ícodo, capítu- 
lo XXIII, V. 20 y síg.— Josué , cap. V, v. 15. -Lib. IV fíc^wm, cap. I, 
V. 43 ; cap, ff . v. 23 y sig.; cap. IV, v. 37. 

(2) Perrone : Prétlect theolog, , de cuHu Sanctorum, cap. H. 

(3) ConciL Trid.^ sesión 25. de invccaHone Sanctorumi 

(4) Epist. ad Román., cap. XV. v. SO^Episí. ad Ephes., cap. VI, 
v. iS.—Epist. i^ad ThessaL, cap. V, v. 25* 



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— 334 — 

los hombres (1) : no menos que en la tradición universal j 
constante (2) de la Iglesia , como que arranca de un senti- 
miento natural y se halla apoyado en la razón y en la misma 
analogía de lo que se observa en la vida. 

Nadie que de sea conseguir una gracia del rey u otr as 
persónasTlleJfrHe servirse de intermedia rios , mediadores 6 
in tercesore s . que se hallen en condiciones favorables, como 
laTamistady otras circunstancias , para alcanzar lo que soli- 
cita ; y esto cabalmente es lo que tiene lugar en nuestras sú- 
plicas al Sefigr por medio de los santos. 

Quiénes llevan este titulo , y autoridad que lia de _ 
darlo. — La Iglesia honra la memoria de los que merecieron 
bien de ella, no reconociendo ptros jnéritos^á este efecto, que 
'la rifíílftfi y ^^ ^j^r^iirrift ^^ ^" ^ sublimes virtudes cristianas. En 
este principio , señalado por el mismo Jesucristo ,^e funda 
payo, i^.rftP.f que aquéllos cuya memori a, cele bra ^" ^^^^^ mnnHA , 

Nunca se ha prescindido de la práctica de diligencias ex- 
quisitas para averiguar con tníjA p^ft^ícinTi i>^g viiH:nHA<s, mf\^z 
ti rio ó milagros de figni^iins cuya memoria trata de l^ p prarse 
en los altares , presentándolos á la consideración de los fieles 
' cpmo amigos de Dios y modelos que hayan de imitar. 

La Iglesia esté evidentemente auto rizada para dar e ste h o- 
ñor; pero n^ Ri<¡>piprft fue ron i ;tnas mismas laglcutorig ades que 
intfírvpniíin ^n pfita mfítp.ria/ La declaración de santidad (ca- 
nonización ó beatificación) se hacía en los j)xUnetaSi .tiempos 
por los Q i^i'gpng pp ir^g sí nodos con su clero (4), y aun to maban 
^a£t£LÍQS.fifil£&; pero «ritRi <;íftmpi>p c<^ ^?y**un*?AríMa hlf^ rn^r^ 

(i) Zachar., cap. I» V. 12 y sig. — Dahiel, cap. X.— Lib. 11 Macbab., 
cap. XV, V. i2 y sig. ^Ep(s(. 2.*Pbtri. cap. I, v. íH.^ApocaUpsis, ca- 
pítulo V, V. 8. 

(2) PsRROiac : PrakcU theolog., de cullu Sanctorum, cap. III. 

(3) Walter : Derecho Ecks. wiiv., lib. Vil, cap. III, par. 285. 

(4) Berarm: Comment. in Ju$ EceUs. univ., tomo IV, parte 1.% di- 
sertación 3.*, cap. 111. 



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— 335 — 

tire s , aunque después se extendió ¿ otros en quienes no me- 
diaba este título (1). 

EMeclarado santopor el obispo era venera do como tal en 
l a diócesis, cuyo cuitóse ex te ndía á otras diócesisuó provm - 
cias^ mediante ac eptación de las respectivas iglesias , no sien - 
do raro e l caso de que los obispos mandaran al Sumo Pontífic e 
las ac tas de su declar ación para que se dignara aprobarla s 
y que el culto del declarado sa nto se celetoas e en toda la Igj ^ 
sia (2). 

~"^sta facultad se reservó después ctel siglo XI á la Sant a 
Sede, no sólo respecto al culto en todas las iglesias , sino tam- 
bién en las diócesis particulares , y consta que ftn tíftmpQ 4^ 
Alejan dro III ya estaba así declarad o (3). 

[¡ós sumos Fontífíces no procedieron é, la declaración de 
santidad s \no mediante un d ^t^níHo ft xAmen de las causas , 
que se hacía en sínodos reunidos al «fecto . ó fuera Hftl sínodo 
con ftudi ^ncia^ y c onsejo de varones ilustres en difi^nidad y pru- 
dencia (4) , hasta q ue Sixto Y íri^itítnyA 1r Sagrada Oop^rfiga- 
cion de Rito s , que es la^encaj rgftfla Hp. P.Yjnm'TiRr y seguir esto^ 
procesos^segun se deja ya manifestedlo en otro lugar de esta 
obra (5), 

Orados distintos entre los que mueren en opinión 
de santidad. — Los nombres correspondientes ¿ cada uno de 
estos grados son los siguientes : 

Siervos de Dios , y son los que han fallecido con pública 
fama de s antidad. 

Venerables , llamándose así aquéllos cuya fama de san- 
t idad ha sido probada judicialmente, ^ ^^-^^ 

Beatos, que son a quéllos cuyo c ulto ha sido permitido y ^^^^^ /^^^^ 

(i) Walter : Bereeho Ecks. univ., lib. VII. cap. UI, par. «85. ^^Z^l^::^i,.^¿^'r^ ^ 

(2) Berabdi : CommerU. in Jus Eccles. univ., tomo IV. parte i.*, di, 
sertacion 3.^ cap. III. 

(3) Cap. I. Ut XLV. lib. UI Decret. 

(4) BiRARDi : Comment. in Jus Eecks. univ., tomo IV. parte i.*, di^ 
I tertacion 3.\ cap. III. 

I (5) Lib. I, tít. H. cap. VI. 




4 . 



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// // ^ /aprobado en una diócesis , ciud ad ó instituto religioso . m e- 
jy'^L^^'^^J j^ss^^ simple decréto^ontific io. 

^ * S¡(L7itox . son lo ^ siervos de'Pios . q u e se mandan venerar ep 
toda la Igflesia por supremo juicio del Papa . que recae sobre 
los Que han sido beatificados (1). 

Diferencia entré la beatificación 7 canonización. 

— La beatificación se distingue déla canonización, en que 

p.^.fl.^ gil p significa adscripci ón en el c anon ó catálog o.d£jQg 

santos , es un acto , ó sentencia definitwa del Sumo PonUfice, 

e/i la que declara, que las almas de ciertos justos reinan con 

Jesucristo, y han de ser veneradas en toda la Iglesia con el 

^ ^ >^ y^w/fe debido a los santos (2) ; á diferencia d e la beatificación 1 

^ vLé^ grMa q^]P. p1 í^nmn Pm^t^fic e sóIo permite 6 couced e el culto de 

c/; ^ <^ un^si grvo dft Hins p.ti dfttft]7 ;it^ inado lugar, provincia, reino 6 

y^ y Qft^^oP > 6tc. (3). 

X^.^.'^iyihT''^ Lo relativo al procedimiento y práctica de diligencias en 
la beatificación (4) , y canonización de los santos corresponde 
á ja asign> »>"rft dA "níg^jpiínn Q/*iAgi^gfiVn ; y pnr esta razpn.no 
trato aquí de este punto. 

Reliquias de los santos , 7 sus especies.— Se entien- 
de por esta palabra: Los cuerpos de los santos ó cualquiera 
parte de ellos, como los huesos, cadellos , dientes ,ceniui ó 
polvo , en que se han convertido (5). 

Se comprenden también bajo el nombre de reliquia s los ves- 
ti dos de los santos , paños, velos /etc. deque sft siryi Qronen 
vida, ó en que se envolvieron ^uff <Mift^pns , /> ftlgnnft P^'*^ '^ 
ellos, despu és de la mu erte. 
<^ Las reliquias pueden ser= 
Insignes , como la ca^za. brazo ú otra parte del ^cuerpo 

(1) BenARDi : CkmmenL in Jus Eccles. univ., tomo IV, parte 1.*, di- 
sertación 3.*, cap. III. 

(2) Berardi: CommenL in Jus Eccles, univ., id. ibid. 

(3) ScHMALZGBCEBER .* Jus Eccks*, uiUv», til lib, fíl Decrst., tit. XLV^ 
par. I.*, núm. i.« 

(4) PralecL Jur, Canon, in seminar, S. SulpÜ,, parte 3.*, sect. i^ 

(5) ScHMALZGRüEBER : Jus EccUs. univ., íbid. , páurraío 2;®, núm. 40. 



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— 337 — 

en laque el m4rtír padeció ^ s iomprp. gnp rp haiift infnprro y t^^^ 
sea peque ña. 

Notables , c omo el dedo « costilla, ó u na parte no pequefirt , 
de un miembro principa l, i 

Pequeñas , como las partículas incluidas en círcutoa' t)fe- 
queños ó concavidades del cuerpo, y que las personas piadoáps 
llevan al cuello ó se conservan en orator io (1). jy 

Su veneración, y oíase de culto que se les 'tri-.'^^^^^ 
buta. — I#as sagradas Escrituras nos hacen mención de este /^ 
caito tributado á las reliquias (2) de los santos y de los bene- ^C^ 
fieles conseguidos por este medio ; así qu e desde los primero s 
tiempos de la Iglesia se tributó cu lto á laRmisnins^ sp.gim p.otv^- 

t a de innj imerfl^^^*^ mnmimpr^t,Ag Hp Ia nntigflpHflH (,^) , y ^ 

C oncilio deTre^^*^* , ^'""^rlaí^^ en estas consideraciones, aprobó 
V recomendó el culto de las reliquias de los santos, porque fue* 
ro n miembro sj vivos de Cristo y te mnlos jiel Espíritu Santo (4) . 

Las reliquias de los santos pueden honrarse con cn llo de 
dulia. Y este puede ser público ó privado , de igual suerte que 
el culto de las personas á quienes se refiere n. 

Las reliqu ias de los siervos de Dios son dignas de solo culí o 
fiSiiado. 

Las de los beatifi cados obtienen culto público limitad o. 

has reliquias de loTsantos canonizados reciben culto pú •• 
bbco en laTglesia universal (5). 

Condiciones necesarias al efecto. — ^Acerca de este 
punto habrá de tenerse presente : 

(i) BoüviEn: iwíí. Theolog, Deprwceptis Eccles,, cap. I. art. 2.®, pá- 
rrafo 3.«. núm. 6." 

(2) Exodus, cap. Xlll. v. 19.— Lib. IV Regum., cap. XIl!, v. 2i; ca- 
pitulo XXIII, V. 47 y Big.'-EcclesiasUcus, cap. XLVUI. v. 14 ; capitulo 
XLIX, V. 16 y sig.— Matth., cap. IX, v. 20 y sig.— Ac/. AposL, cap. V, 
V. 15 ; cap. XIX, v. 12. { 

(3) Pkbbonk : Pralect. Theolog., De cuUu Sanct., cap. IV. 

(4) Sesioo 25, De invocat, veneraí.el reliquiis Sanclor. 

(5) Boüvier: Inst. Theolog. Depr(BcepHs Eccles,, cap. I, art. 2.**, pá- 
rrafo 3.^ núm. 2.» 

TOMO III. 22 




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I 



— 338 — 

I. Que basta para dar culto privado á dichas reliquias la 
autoridad de una persona proba y relígiosS X^) , sobre su legí- 
timidad ó autenticidad. 

II. Las reliquias de santos descubiertos en las catacumbas 
pueden exponerse á la pública veneración de los fieles^ si han 
sido reconocidas por el obispo , con licencia de exponerl as (2). 

III. Las reliquias de todo punto nuevas no pueden expo- 
nerse á la veneración páblica sin autoridad de la San ta 
^ftfíft (^), í»iiyn decreto ó licencia ha de ser presentado á la sa- 
grada Congregación de Indulgencias j Sagradas Reliquias 
para que pueda llevarse á efecto según se deja manifestado en 
otro lugar de esta obra (4). 

IV. Cuando las reliquias antiguas de algún santo nueva- 
mente descubiertas se hallan comprobadas por escritura 6 
instrumento público encontrado con ellas üiasta ráel recono- 
cimiento y aprobación del obispo , para que se expongan á la 
veneración de los fieles (5). 

Si queda duda acerca de su legitimidad ó verdad , entonces 
^s necesario obtener la licencia pontificia para r.Tponnrlftfi á 
la públicaveneracion (6) . 

^TI Si basta la aproba cjon del obispo , sftp^nn p.i ^a^o «.ntfl- 
^^rior, éste deber á <í^*jf *^^ ^^^ o g s ultar á ieólogos y otros varones 
p robos V doctos y resolviendo después con arreglo ¿la verdad y 
piedad (7). 

VI. Si surgiera alguna grave cuestión , entonces habrá de 
resolvers e en^ lj^7nr;ilín prftviní:inl (8) ¿pluralidad de vo- 
tosía). 

(i) ScniAi^RUKBEii : Ju$ Eceks, univ., in Hb. Hl Deeret., tít XLY, 
párrafo 2.^ núm. 44. 

(2) hovyiMA: Inst.Theolog,, id. ihíá, 

(3) Cap. I!, tít. XLV. Itb. III Decret. 

(4) Lib. I. tít. II. cap. VIL 

(5) Concil. Trid., sesión 25, De invocai., vemrat., H reUq. Sanct., 

(6) Coneil, THd„ ibid.— Cap. II. tít. XLV. lib. IIÍ DeorH. 

(7) ConciL Trid,, sesión 25. De invocat., veneraí. et reUq. Sancí, 

(8) Condl . Tríd , sesión 25. ibid. 

(9) C. XII. distinct 56. 



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— 339 — 



^cesis , porque es acto de^jurisdiccion vo- 



VIL El o bispo puede dar la aprobación, aun cuando se 
talle fuertH 
Inntaria^ ^ 

Las reliquias, una vez aprobadas por decreto pontificio 6 
testimonio del obispo según los casos , no necesitan nueva 
aprobación , cuando se traslada n á otra diócesi s , bastando 
"^que el obispo de ésta vea si son las mismas que están apro- 
badas por las autoridades expresadas (1). 

VIII * Sí las reliqui as aprobadas se unen á otras no^gro- 
badas , y no pu eden distmgui i*i>B uuai¿ de uLras, BUlóüce^lüilF 
gjinade_ellas puede proponerse al rtnlto pi^hlií^n, ^Jlfjl!:^ 
de^coíocarse en lugar decente , separándolas de aque llas 
otras qu e son verdaderas { :¿)l "" ' 
- üi-xpbsicion de reliquias , y si pueden venderse. 
*^Las reliquias que han obtenido la competente aprobación , 
pueden exponerse al culto públic o ^segun se deja manifesta- 
do ; pftro dfthft nrlv^rtirfi'^ , q"^ ^«^ yAií/jnifts ftT^tJgtiftg «a at- 
pondrán al pueblo sin extraerse de la caja en que se hallan 
j?olocadas ^ ^ncftrra(^a s (3) , porque de no hacerlo ag í , podría 
^ ser motivo de retraer al pueblo del culto y veneración á las 
mismas , s i observa que los huesos del santo ó santos se ha- 
llan^om pjetamente desnud os de carne y piel . 

Se debe evitar toda especie de avaricia en la exposición 
de las mismas ; de modo que todo pacto de precio por ense- 
barl as envuelve el gravísimo ne^ nd^ íp ^^ím^^nt^o , sin que por 
gjtQ sea ilícito recibir las oblaciones ú obsequios hechos por 
los fieles voluntariamente y sin m ediar pacto ^guno_ (4). 

Kespecto á la venta de reliquias es preciso distinguir en- 
tre el precio pecuniario pedido =t 

a) Porjazon de la santidad del difunto. 



(i) ScBMALzcftUEBER : Jus Eccks. univ., in Hb. ni DtcreUj tít. XLV» 
par. 2.®, núm. 49 y sig. 

(2j SamALZGRUEBER : Jus Eceles. univ., ibid., núm. ¿J2 y sig. 

(3) Cap. II. til. XLV, lib. III Decret. 

(é) Schmalzgrukbbr: Jus Eccles. univ., ibid , núm. tS^. 



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— 340 — 

i) Por razón de la bencflcion ó fr uto espiritual que hay a 
de percibirse de eii asT ' ~" 

c) Por razón del oro, plata ó p í p.^ I rRf; prftmn«a^ 5 ^ con q ue 
se hall an adornadas. 

d) En compensación de los gastos hechos para trasladar-_ 
las, t ragrlA.1 ^ adnrnftrlnrn 

Únicamente puede venderse y exigirse precio por razón- 
del oro^ plata ^ etc. y de los ^ as ^s hechos en las mismas , 
poi que todo esto es temporal y estimable en preci o {Vf: 

Su traslación y sustivecion de ellas.— Los cuerpos 
y reliquias de los santos pueden ser traslada ^f^^ ^jfí pnn. ¿ cúji^ 
i glesia con permiso del obispo . porque este acto no puede ser 
considerado como causa mayor, y por lo mismo no se halla 
reservado al Papa ; pQro el obispo no está antopiyado para Rila 
á no mediar iust *^ i^a"^^ y ^1 /^nn^^onfím^anfr^ f^g¡ <;.fl.l;>^'^f^ p), 
p orque es una especie de enajenac ión. 

La sust racción furtiva de reliquias es un sacrilegio, á 
menos que se hallen en países infieles ; sin gue obste al efec- 
to , ni ex<^. |isp la. (^nnsiflñPftP.ion de qnfi sft hag-a por cansa dft 
devoción, porque esta no puede cyercerse con perjuicio de 
owo [^ó) , debiendo , p^r iiltimíb^advertir, gwt^ inp.nrrftn fin qy-_ 
^ comunión lata ^g;^^g;g^¿g reservada á la Santa Sede los, (ui e 
extraen , sin legítimo permiso , reliquias de los sagrados ce- 
nne nterios ó catacumbas de la ciudad de R oma y de su terri- 
" tori o , y los que les prestan auxilio ó favor ( 3^ 

Sagradas imágrenes, y culto debido á las mismas. 
Se entiende por imágenes ; Toda pintura ó escultura que re* 
presenta d los santos ó los misterios de la religión. 

L a Sacada J Escritura^j^co mienda. el uso y veneración 

(i) ScHMALZGRUEBER : Jus EccUs. utiív,, tfi lib, ÜI Decrcí,, tít. XLY^ 
par. 2.% DÚm. 88. 

(2) C. XXXVH , distínct. i.* De Cofisecrat. 

(3) ScmiAijZGRUBBKR : Jus Ediles, univ.^ in lib. III Decret,, tít. XLV, 
par. 2.®, núm. 65. 

(4) Bula Apostólica St4is,. par. i$. 



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^¿- ./^¿^^-7^ ér€^ c^^^ <7^^/^ 

— 341 - 

debida 4 las sag radas imágenes (1) , y la Iglesia usó ya en los 
tres primeros siglos de las imágenes , según consta de mu- 
chos monumentos de la antigüedad (2) , si bien su número 
fué exiguo en un principio (3) , atendida la pobreza de la Igle- 
sia , las circunstancias de aquella época , en que podían ser 
objeto de escarnio por parte de los gentiles (4) , no menos que 
peligro de idolatría en otros (5). 

El uso de las imágenes es e l medio de con servar y robus - 
teeer el T ecuerdu dFlOs"santor( 6) y e l de sus virtiid^ , y pop 
eso 8. Gres^orio I decía que las imágenes eran los lib ros 4e 
l os que no sabían Jecj ^ffl. 

L os Concilios VII y VIII generales sostienen la licitud de l 
cu lto de las imágenes ( 8) , y el Concilio de Trento declara que 
J eHeben tener v conservar principalmente en los temólos las^ 
Jmi^fí TlP 'i tlft firifítfii ^ft Ift Virgen M fi í l re de DiosT de otros 
santos, y que se las debe dar el correspondiente honor y ve- 
neración ; nó porque se crea que haya en ellas divinidad ó 
virtud alguna por la que merezcan culto , ó que se las debe 
pedir alguna cosa, ó que se haya de poner confianza en ellas, 
como hacían los gentiles, que colocaban su esperanza en 
los ídolos ; smo ];)g raue ej hono r dado á las imágenes se refiere 
á los origínales representados en ella s (9). // 

liUgares santos, y su veneración.— Se da el nombre ^^^i^ ^/l 7 ¿ 
de lugares santos, á los sitios en que y ^^f ^'^ro^ ^ Tiahítump y 
ftqnft11os^(S fti^ los qiift se conservan sus r^,liqnías. rA^ ¿^^ 7 /\ 



,.j^/^ 




(1) Exodus, cap. XXV, v. 48 y sig.— Núm ., cap. XXI, v. 8.-4oANif., 
cap. IH, v. 14.— Josué, cap. Vü, v. 6; l¡b. (I Regum, cap. VI, v. 6y 
siguientes. / ¿i^^y^^A^C^ 

(2) Perronb : Pralecl. theolog, de cultu SancL, cap. V . ./ 

(3) BooviER : Inst, theolog. de Eueharistia , parte 2.', cap. VI, Ht-C^ >^^C- 
ticulo 4.^, par. 8.** >^ 

(4) Devoti : InsL Canon, , lib. II , tit. VII , par. 43. L/i-i^^^^y/' 

(5) Walter : Derecho Ecles. univ., lib. VII, cap. III, par. 285. ^<i^i>*>^'7^ A^ 

(6) C. 28, distínct. 3.* De Consecraiione. ^f 

(7) C. 27, distinct. 3.» De Consecralime. ^-7^ l^/¿^A^ 

(8) Bouvier: ffwí. theolog, de IncamaL , cap. X, art. 3.® 

(9) Sesión 25, De invocat. , venerat. et reliq. Sanct. et saer. itnag. 7""^^^^ ^ ^ 

y /y 
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— 342 — 

El interés y veneración de la Iglesia para con las personáis 
ilustres en la historia del cristianismo , se extiende hasta loa 
sitios en donde se conservan sus reliquias. y.os p rimeroscrifl* 
tianos visitaban la t ierra consagrada por la pasión vmuer^ 
d e nuestro Redentor ; lo i Jülano que loslepulcros de los már-i. 
jBres sobre los cuales orab añl 

Romerías, y su origen.— Se da el nombre de romerías. 
á las vi g^tflfi >^p^>^«^ p.niAfitiyamftntft ¿ los sitios 6 lugare s 
santos. 

j}ff íftjs visifng ViPí»íing ^ particular por los cristianos á 
los lug a res santos surgieron las romerías, siendo las princi " 
pales entre todas — las de Jerüsale n — Roma — ^y Santiago de ^ 
Compostela ( 11 , que no excluyen otras infinitas conocidas en 
el orbe católico ó en distintos puntos y países. 

Su forma y especies.— Estas visitas ó romerías á loa 
lugares santos se llevan á efecto = 

Por medio t ^fi prfí(;>^ ^.ffinn es á los puntos más próximo s. 

Por medio de peregri nac iones á lugares rem otos. 

Las romerías son— ordinarias— extraordinarias — genera^ 



tes — particulares— eclesiásticas — seculares ó mixtas Qi). 

(i) Walter : Derecho Ecks. univ., lib. VII , cap. III , párrafo 487. 
(2) HüGCEMN : Exposit. meth. Jur. Canon, ^ pars special., lib. II, tí-» 
tule I, Iract. i.^, dissert. 2.', cap. II. art. ^.^ párrafo 3.* 



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343 



L. 



TITULO IV. 



SDIFICIOS DESTINADOS Á LA ENSEÑANZA 
T BENEFICENCIA. 



CAPÍTULO PRIMERO. 

ESCUELAS DESTINADAS Á LA ENSEÑANZA. 

Escuelas , y sus especies. — La Iglesia, como maestra 
de la verdad, profesó siempre el principio de que la doctrina 
opaesta á la verdad divina es falsa , porque la verdadera cien - 
cia humana no Pí ]fíf^^ r*a^^^^n^ul> a in fp Hjy^g (i) J\n]n p:í^ 
base procedió desde un principio á la predicación de las veN 
dades reveladas con arreglo al mandato divino , é impugnó 
dire cta ó indirectamente )a s falsas doctrinas del politeismo . 
sm que omitiera aquellas instrucciones particulares necesa- 
rias á los que hablan de ingresar en el clero . á cuyo efecto 
tuvo'sus escuelas, entre las que se distinguió laüélebre es=. 
cuela cat equistade Alejand ría , regida por Panteno Sículo , y 
aespues <¡Pé[ por ^CJemente Al^rj^ndrino v Qyiffenes f2 > 

Cuando la religión católica echó hondas raíces y llegó á 
concluir con el politeismo é idolatría, s us espuelas florecie - 
ron dando sazonados frutos. 

lAS escuelas CVeadas^or la Iglesia se dividen en — prima- 
riy^sf^ri Bgfl?^"'-^ — superiores . 

Las escuelas superiores se dividen en — teoló^icas —^emk. 
narios — universidades . 

£iScuelas primarias 6 elementales.— Estas escuelas, 
las m^ humildes en ^^r t^^if^r fw ^nnHiV.j^p ,/¿nn de grandt 

(1) Phillips : Comp. Jur. Eceles., lib^ V, cap. IV, par. 294. 

(2) Berardi: Comment. inJus eeeks. univ., tomo 1!, dlsert. 2.\ 
•bserv. !.• 



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tes (1). 
^l/ P fy^ EL Soncilio Lugdupense , apoyado en li 
C^^'t^^'^^'^del Evangelio, dice que la educación de la . 



JU 







— 344 — 

y universal utilidad. L a Iglesia se propu so_extgnde r á todas 
las clases de la so ciedad la doctrina y educación cristiana , 
acomodándola ¿ la capacidad de todos ; y á este efecto creé 
escuelas hasta en l a s poblaciones rurales de menor importa n» 
cia en virtud del precepto ^S!T!S^ Data est mihi omnis po- 
(estas in calo et ín térra. JSwUes ergo docete omnes gen- 
tes (1). 

las citadas palabras 
que la educación de la juventud cristiana 
corresponde á la Igles ia , como madre y maestra de los cris- 
tianos , sin exclusión de sex.o 6 edad (2). 

La Iglesia, usando del derecho que la compete, y cum- 
pliendo con el mandato impuesto á la misma por su divino 
Fundador . procuró inculcar k los niños los prim g Tos rudi- 
mentos de la ciencia en sus ft .«:<*.nft]ftf^ monAf^al^^ (3 ) y parro- ^ 
^júale^ (4), creando además un maestro e n todas las iglesias 
catedrales para que enseñase gratuitam ente álo s^pobresj ü). 
porque consideró propio de su misión hasta la enseñanza de 
la ciencia más sublime (6). 

Esta solicitud de la Iglesia por la instrucción y enseñanza 
de los niños aumentó en proporción que crecía la ignorancia 
en el pueblo y la corrupción de costumbres ;- asi que ha pue s: 
to siem pre el mayor cuidado en l a fundación y vigilancia de 
las escue las populares de instrucción primaria, no desciuf^, 
dando la creación de escuelas doannicftle^ en beneficio de las 
personas entregadas á los trabajos corporales. 

Muchos institutos é innumerables congregaciones religio- 
sas de uno y otro sexo han sido creadas con este objeto , redo- 



MATTH.:cap. XXVilI, v. 18 y i9. 

Inst, Jur, Canon., por R. de M., parle 2.", líb. II, cap. IV. 

Thdmassino : Vet. et nov. Eccles, Dhcfp,, parte 2.*, lib. 1, eapi- 



'¿-^/^ 



uloXCIII,núm.l2. 

(4) Gap. 111, tít. I, lib. III DeereL 

(5) Cap. I , Üt. V, lib. V Z>í5<Teí. 

(6) Gap. I, tít. I, lib. V Clemeníin. 



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/y^C^t.^z^^'^íí^^ /^i^^/ 7^^^^ '^^^z^k- 

""^ ^ 345 — ^ 

blando la Iglesia de este modo su solicitud por la instrucción 

y educación religiosa de los párvulos de ambos sexos (1). ^rf -^^ - 

En estos últimos tiempos se ha excluido á la Iglesia de la 
dirección de estas escuelas , y hasta se )^ ha negado ei dere^- 
cEo de intervenir en ellas res pecto á la parte religiosa. Esta 
tendencia á emancipar por completo las escuelas primarias 
de la intervención del clero . ha dado ya sus perniciosos fru- 
tos (2). 

La Iglesia , por medio del Sumo Pontífice , ha condenado 
l a doctrina que justifica estos abusos del poder civi l , en las 
proposiciones 45 , 47 y 48, que se dejan consignadas en otros 
lugares de esta obra ; cuya condenación se funda en los prin- 
cipios ya indicados y en la naturaleza misma de la sociedad 
cristiana (3). 

Escuelas secundarias ó de segunda enseñanza.— 
Se enseñaba en el Imperio Romano l a p;ramática , retórica v 
filosofía en las escuelas municipales^ , cuyos maestros tenían 
su asignación y muchos privilegios (4). Estos establecimien- 
tos, que desaparecie ron con el tiempo , f ueron reemplazado s 
por las escuelas episcopales y de los monasterios (5), á las que 
concurrían clérigos y legos (6) ; pero también estas desapa- 
recieron con el tiempo, y l os concilios del siglo XVTprescr i- 
¿feron su restablecimiento bajo la omnímoda inspección y 
gobierno de personas ftftl«5;iA5d:iV.f^| ;. 

Los enemigos de la religión han proclamado en los últimos 
tiempos l a exclusión del clero en la dirección de estas escue- 
las, y su doctrina ha s ido condenada por la_Santa Sede, con 
arreglo á los principios que se dejan consignados (7) , sin que 

(1) Véase el líb. II. tít. V de esta obra. 

(2) Walter : Ihrecho Ecles. univ., lib. VII, cap. VI, par. 330. 

(3) Floeian Riess : El Estado modetno y la Escuela cristiana. 

(4) WALTsa : Derecho Ecles. univ., lib. Vil, cap. VI, par. 381. 
(5j Waltbr : Derecho Ecles. univ., lib. V, cap. I, par. i97. 

(6) TuoiAssiifo: Vet. el nov. Eccles disdp., parte 2.*, lib, I. cap. XCIII. 

(7) HoGOENiN : Exposü. Meth. Jur. Canon., pars spedal.y Hb. I, tí- 
tulo III , cap. II. 



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px 



_ 346 — 

tales doctrinas tengan otro objeto que minar por su base la 

verda derainstruccionbajola especiosa palabra de libertad (1). 

— SiSoueias teológicas en las catedrales.— La escolas- 

tería es : La escuela eclesiástica civiúaúense , establecida por 

la autoridad competente para la instrucción del clero de h 

ciudad. 

7 ^A^Z^-i^^^^^ ^* P^P* Alejandro III prescribiá en el tercer Concilioj e 

Letran que en xoaas las iglesias catedrales se proveyera d e 

ün beneficio á un hombre sabi o, q ue enseñase, sin estip endjo 

/ /¡// /j alguno, ¿ los clérigos de la misma iglesia y á otros eclesiás- 

íuC- ¿/^é'''P*^£'^ 'ticos pobres sacras litteras ac disciplinas (2). 

Jl / ^^^ disposición no se llevó á efecto , y por ese motivo 

/3 2?i^-T""'^^t^ ^jQQ^^^^^ÍQ m confirmó en el Concilio IV de Letran el d ecreto 

' ~ d e Alejandro III . ordenan do además que se designe un'l eS- 

logo en todas las iglesias metropolitanas para que ensefleTás 

sagradas letras y todo lo que concierne á la cura de almas, 

señalando al efecto la renta que debía percibir (3). 

gi n^nf^iiin ri<> ^n gil Aa.^7g te ndió la disposicion ^dfi j^en- 
CÍ9 jj[^ á Ij pf^ fi yiR ig^lftsísij; r.fttftf^fftift.q , y el OoncJlJo Tridenfi- 
n ^mpKó éste decreto á las co lAgíatnj; situadas^ algmi la- 
¡ej^ ordenando que se proveyese en dichojnaeOTola 
prebenda que primero vacase f4). Dispuso asimismo que se 
enseñasen públicamente las sagradas letras en los monaste- 
rios , si pudiere hacerse cómodamente. 

Por último , el^ papa Benedicto XIII dictó nufí'^^^ /tispnsi- 
ciqges a cerca de esta prebenda de Lectoral (5). 

El oficio propio del lectoral con$ds te.£ n enseñar y e ia)li c v 
pú blicamente en la catedral la flftgwiilft Hsftritpy^ (ft). 

El papa P^^V prescriba, que además de ISuSagrada Es- 

(1) Floriaiv RiEss : El Estado moderno y la escuela cristiana 

(2) Benedicto XIV : Inst. 37, nám . 2.<» 

(3) Benedicto XIV: Insl. 57, núm. 2.^ 

(4) Sesión 5.*, cap. I De Reformai. 

(5) Benedicto XIV : Inst. 57, núm. 3.* 

(6) InsL Jur, Canon., por R. de M., parte 2.*, lib. II. cap. III, art V 



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— S47 — 
critura, s e enaeñase ^a los monasterios la lengua hebrea, cal- 

Sigiiificado de la palabra seminario , y su deflni- 
oion. — La palabra gemUiarium (seminario) que sigDifícase- 
mjnftm <S planteL ha sido usada desde muy antiguo ; pero ^ 
Concilio de Trentoja^empleó p ara desippi ^r los f^.nlp.gmR Hft<^^ 
tinados k i>^ ftHn^Af»i/^^ ^^ i^q jATTftpAc aspirantes al ministerio 
sagrado y ¿ la recepción de los órdenes , porque, en expresión 
de dicho Concilio, hoc collegium Dei minisúrorum perpetuum 
stminarium sU (2). 

Se entiende por seminario: La escuela eclesiástica diocesa- 
na , creada por la autoridad competente para la recta educa- 
ción ¿instrucción déla juventad en las sagradas letras y 
santas costumbres (3). 

Su orig^en. — Los seminarios , considerados en su esencia, 

datan en la Iglesia desde la más remota a ntigüedad^ porque 

siempre hu b o necesidad de instruir á los que aspiraban al^ - 

^cetíÍQCÍíL.y de prepararlos convenientemente para el ejercicio 

de las sagradas funciones. 

Benedicto XIV dice á este propósito , que nuestros mayo- 
res instituyeron los seminarios episcopales desde el moment o 
que cesaron las pe rsecuciones cont r a la Iglesia (4). 
' IjCís. canoT >fts Tn>.fti^nR, trAfliirJHftf; del árabe, pyftsftnfcan 
vestiglos de esta institución , puesto que allí se prescribe á 
los corepíscopos instruir á los ministros , distribuirlos por las 
iglesias y monasterios y que cuiden de que aprendan y se ha- 
gan idóneos para prestar los servicios necesarios. 

Otro vestigi o de los seminarios s e encue ntra en el Concilio 
II de Tolano , celebrado el año 527, en cuyo cáhóñTsé"dice: 
J)e Ais quos voluntas parentum áprimis infantia an7»is ele* 
ricatus oficio manciparit , statuimus observandum , ut mo9 

(i) Inst. Jur. Canon., por R. de M., ibid.» art. i.** 

(2) Sesión 23 » cap. XVUI De Reformat. 

(3) Inst. Jur. Canon, por R. de M., part. 2.^, lib. II, cap. U, articulo 
i.\ par. !.• 

(4) De Synodo diiBeesana , lib. Y, cap. XI , núm. 1 / 




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L 



— 348 — 
€uní detonsi , f>el ministerio electorum contraditi fuerint, 

IN DOMO EGCLGSIiE SUB EPISGOPALI PRiCSENTlA, A PRiEPOSITO 8IBI D£- 
BEAKT ERUDIRI(I). 

El Concilio IV de Toledo, celebrado el año 633 , dispone en 
el canon 24 lo siguiente : NiAil enim incertius , quam vita 
adolescenúium. Ohhoc constituendum oportuit , utsi guiin 
clero púberes, aut adolescentes emstunt^ omnes in uno concia- 
vi atrii commoreyhtur, ut lubrica etatis annos non in luju- 
ria , sed in disoiplinis ecclesiasticis agant , deputati probar 
tissimo sénior i, quem magistrum doctrina et vitoe testem ha- 
beant (2), cuya disposición se halla consignada en el decreto 
de Graciano (3). 

Otros concilios de la misma época hablan con igual clari- 
dad de los seminarios , y si apenas se hace mención de ellos 
en los siglos siguientes, fué debido á la erección de colegios 
^ de clérigos en los monasterios (4). 

♦ Obligación de erig^i^los, y en qpié iglesias.— El 
^^ ^.^iyyt'^i'^^ Concilio de Trento prescribe, que todas las iglesias cátedra- 
^ ^^ les y metropolitanas tendrán obligación de fundar un colegio 
^^^^"^^^^^^^ y^^^Q-^ ^^ mismas iglesias, ó e n otro lugar conveniente , ele^ 
^yjL^^^ y ^ J^ido al efecto por el obispo , y olere ac religiosé educare el 
^^^^ ii/?/;//!.g¿/7,c/7>i:.c disciplinis instituere á un número mayor ó 
menor de jóvenes de la misma ciudad y diócesis , ó de la pro- 
vincia, si no fuera posible de la diócesis, en proporción á las 
necesidades de cada iglesia y á los medios con que cuente 
para atender ¿ su subsistencia (5). 

El papa Benedicto XIII inculca la obligación de crear estos 
establecimientos de educación y enseñanza en su constitu- 
ción Oredite nobis (6) , y Benedicto XIV se expresa en igual 

(1} YiLLANuNo: Summa Condliorum Hispania. 

(2) ViLLANUf9o : iSuninia Condliorum Hispania. 

(3) C. I , quaest. i .\ causa í 2. 

(4) Benedicto XIV : De Synodo dicBcesana , lib. V, cap. XI , núm. 2.* 

(5) Sesión 23 , cap. XVIII De Reformat. 

(6) Inst. Jur, Canon, por R. de M., parte 2.*, lib. lí. cap. II , ar- 
tículo 2.^ par. 4.« 



,/V. 



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— 349 — 

sentido y previene q ue no pueda (1) eludirse este prec epto en 
considft rftcíoq k la existencia de universidades en dond e Tos 
j óvenes pueden proporcionarse la enseñanza ( 2). Advierte, 
que únicamente podrá permitirse la erección de un solo se - 
minario para dos iglesias ó diócesis , cuando la penuria de 
éllaá no permita atender ¿ esta necesidad (3)jde^trojaodo, 
según lo dispuesto por el Concilio de Trento. 
9'2a>' Fondos que habrán de utilizarse al efecto.— El 
Concilio de Trento dispono acerca de esta materia lo si- 
* guiente : 

I. Los fondos que están destinados en algunas iglesias y 
lugares para instruir ó mantener jóvenes serán aplicados á 
levantar la fábrica del colegió, pagar su estipendio á los 
maestros y criados, alimentar la juventud, y otros gastos, 
bajo la dirección del obispo {4). 

II. Los mismos obispos con el consejo de dos canónigos de 
su cabildo , de los cuales el uno será elegido por él y el otro 
por el mismo cabildo , y de dos clérigos de la ciudad , uno de 
ellos eleigido por el mismo obispo y el otro por el clero, toma- 
rán para el objeto expresado en el caso anterior = 

a) Alguna parte de bienes concernientes á la mesa epis- 
copal y capitular. 

b) Alguna porción de rentas de cualesquiera dignidades, 
personados , oficios , prebendas , porciones , abadías y prio- 
ratos de cualquiera orden , aunque sea regular , ó de cual- 
quiera calidad ó condición. 

c) De bienes de los hospitales, que se dan en título ó adr 
ministracion , según la constitución del Concilio de Viena 
Quia contingit\ y de cualesquiera beneficios aun de regula- 
res , aunque sean de derecho de patronato , sea el que fuere. 

(1) EpisU conimonit. ad univ. epíícopos, par. 2.® 

(2) Inst. Jur, Canon, por R. de M., parte 2.*. Ub. lU cap. II, art. 2.*», 
par. i.^ 

(3) Concil Trld., sesión 23, cap. XVlll De RefwmaU - 

(4) Sesión 23, cap. XVIll, ibid. 



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— 350 — 

d)^ De las rentas pertenecientes á las fábricas de las igle- 
sias y otros lugares , lo n^ismo que cualesquiera otras rentas 
ó productos eclesiásticos • aun de otros colegios en los que no 
haya seminarios de discípulos ó maestros para promover el 
bien común de la Iglesia , etc. 

A quiénes se recibirá en los seminarios para su 
educación.— El misma Concilio de Trento ordena acerca de 
este punto : 

I. Que se recibirá el numero necesario de alumnos de la 
ciudad y diócesis, ó de la misma provincia en su defecto, de- 
biendo aquéllos ser = 

a) De doce años al menos y de legítimo matrimonio. 
i) Que sepan leer y escribir. 

c) Que tengan voluntad de ingresar en el estado eclesiás- 
tico , y que su índole así lo manifieste (1). 

d) Que sean principalmente elegidos para su educación 
en el seminario los hijos de padres pobres , sin que por esto se 
excluya á los ricos que reúnan las demás condiciones y pa- 
guen los gastos que ocasionen (2). 

II. Que^el obispo dividirían diytintas>cla&e&ios alumnos, 
según su número , edad é instrucción , y esilfih^r..suyo = 

a) Sacar de allí para ejercer el sagrado ministerio los que 

se hallen en condiciones al efecto. ^ ,... 

h) Admitir otros en lug€y,de los qnf>. \\fcn ,sfllidQ,¿ P^i de que 

el seminario sea un perpetuo plantel de ministros de Dios (3). 

iV^ Disposiciones relativas á los que poseen benefi- 

' cios con obligación de enseñar.— El citado Concilio de 

Trento dice en cuanto á esto : que los sujetos poseedores de 

; beneficios ó pensiones con obligación de enseñar, haycm de ha- 

tjerlo en estas escuelas por sí mismos , si fueren idóneos; y si 

no lo fueren, por sustitutos idóneos, que han de ser elegidos 

I)or los mismos propietarios y aprobados por los ordinarios (4). 

(i) Sesión 23, cap. XVIII, ht RefornMt. 

(2) Sesión 23. cap. XVIII, ibid. 

(3) Sesión 23, cap. XVIII. ¡bid. 

(4) Sesión 23, cap. XVIII, ibid. 



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— 351 — 

Instruooioii 7 educación c^ue lia de darse en el 
seminario.— El ña de la erección de seminarios es = 

I. La instrucción de los jóvenes , que ingresan allí , en las 
ciencias eclesiásticas. 

II. La práctica de las buenas costumbres p or parte de los 
misiQos. 

En cuanto á lo primero , se ordena que aprendan la gra - 
mática, canto , cóm puto fi glftsiAstiV.o y aliarum bonarum ar- 
tium disciplinam ♦ aprendiendo de memoria la sagrada Es» 
entura , l os libros eclesiásticos , homilías de los santos y las 
fórmulas de administrar los sacramentos, en especial lo que 
conduce á oír las confesiones y las de los demás ritos y cere- 
m onias ( 1). 

Los concilios provinciales celebrados después del Concilio 
de Trento, fundados en lo dispuesto por el mismo, desarro^ 
liaron su pensamiento, prescribiendo = 

a) La enseñanza del catecismo en toda su extensión. 

6) La retóric a y filosofía. 

c) Las lenguas. 

d) La historia y ciencias fís^ p ^ s, 

e) Teología dogmática y mora l. 
/) Sagrada Escritura . 

ff) Santos Padres. 

h) Oratoria y derecho canónico, etc. (2). 
El mismo Concilio diee respecto al pimto segundo , ó sea 
en cuanto á la práctica de las virtudes = 

a) Que asis tan todos los dias al santo sacrificio de la 
Misa. 

í) Que confiesen sus pecados á lo menos una vez al mes, 
y reciban ft jnírin ^'^l ?^nf??^r ^^ ^"^^pft ^*^ " uestro gefibr 
Jes ucristo . 

c) Que sirvan e n.1a (Catedral y otras iglesias d el pueblo en 
losdi ag festivo s. 

(1) Sesión 23, cap. XVIII De Reformat. 

(2) Inst. Júr. Canofi. » por R. de M. , part. 2.» , lib. II, cap. II , ar- 
tículo3.«,pár. 1.*^ 



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— 352 — 

Otras disposiciones del Concilio de Trento sobre 
los Seminarios. — Ordena igualmente que el obispo, con el 
consejo de dos canónigos de los más ancianos y graves, ele- 
gidos por él mismo , arreglará estas y otras cosas que sean 
oportunas y necesarias, cuidando en sus frecuentes visitas, 
de qnft gft nhgp^fve lo mandado, y al efecto castigará grave- 



mente á loB díscolos é incorregibles , lo mismo que á los que 
dieren mal ejemplo , expeliéndolos del seminario, si fuere ne- 
cesario (1). 

Su administración temporal.— Esta corresponde tam 
bien al obisp o por medio de las personas que al efecto de sig- 
ne, á las que recibirá cuentas en unión con los dos indivi- 
duos del cabildo y otros dos del clero déla ciudad, que han 
de ser nombrados del modo expresado en este capítulo , no 
pudiendo sin su consejo disponer cosa alguna en la adminis- 
tración temporal de las rentas ó bienes del seminario. 

También el obispo necesit a del consejo de los j ^jtarinsin - 

dividuos para dictar los reglamentos ó constituciones del se- 

minario , no menos que para la elección , admisión y expul- 

's íbn dé^ alumnos , designación de maestros, libros de^ense"- 

^ ^anza , visita y administración de J as cosas temporales (2). 

Régimen del seminario por religiosos re^ula- 
res.— Los institutos religiosos no quieren generalmente en- 
cargarse del gobierno de los seminarios , sino bajo la condi- 
ción de que el prelado de la Orden tenga facultad de nombrar 
rector al religioso que le parezca, con otras varias cláusu- 
las que están en oposición con lo mandado por el Concilio 
de Trento , y en su virtud el obispo no puede ponerlos al fren - 
te del seminario , sin que med ie dispensa pontificia (3) , d:e las 
leyes tridentinas sobrelajaateriaX4); 

(i) Sesión 23 , cap. XVIU De Re formal, 

(2) Inst. Jur. Canon., por R. de M. , part. 2.^, Hb. II , cap. II, ar- 
tículo 3.^ , par. 3.° 

(3) Beihcdicto XIV: De Sgnodo dimcesana , Uh. V, cap. XI, nú- 
mero 9. 

(4) Inst. Jur. Canon. , por R. de M. , ibid. , art. 4.^ 



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— 353 — 

Siffiúficado de la palabra Universidad, y sus dis- 
tintos nombres. — La palabra universidad expresa univer- 
salidad de estudios ó ciencias que en ella se enseñan á todos 
J os que quieren concurrir á la misma ; de modo que esías~es- 
cuelas no se han erizado en obsequio á los habitgjitpj_HftriT> 
distrito 6 provincia, sino en beneficio de loj^fíeles je todo el 
orbe católico. 

Estos establecimientos de enseñanza se conocen también 
con los nombres de = 

Estudios generales . porque se enseñan en ellos todas las 
ciencias en obsequio de todos los que quieren concurrir 
allí. 

Academias , q juo nombre procede de Ecademo óAc ade- 
m o, quien tenía su escuela fuera de la ciudad de A tenas , en 

un lugar ameno ,^á donde concurrían muchos alumnos. 

Su definición"! y origen de las Universidade^.^^^Se^ 
entiende por universidad : Una escuela suprema en su arden, Cj / ^^f^ ¿^^^ 
instituida por autoridad pública con ciertos privilegios para ^\ , yf 
enseñar en ella todas las ciencias (1). ¿:£^ ^PnÁ-y 

La escuela de Academo y otras de la anti güedad . en las 
que se cultivaban las ciencias entonces conocidas, son una 
imagen de las universidades , y en ellas puede encontrarse el 
origen, aunque imperfecto, de estos establecimientos. 

Fin y utilidad de las mismas.— El fin de las univer- 
sidades es, enseñar las ciencias en toda su extensión , formar 
hombres doctos , conferirlos el título de doctores , y servirse 

de ellos utilizando g"<f fiQy^^ÍTm'pntng An prnvpr*l>n dfi 1» gn. 



ciedad. 

Las bulas de erección de estos establecimientos y los res- 
criptos dirigidos por los papas á las universidades yá^ exis- 
tentes, prueban concluyentcmente la utilidad de ellas en 
la época que estaban bajo la tutela de los sumos pontífices. 
La fe católica y la Iglesia contaban c on un cue rpo de dóc- 
il) 7fWf. Jmt, Eccles. por R. de M. , part. 2.* , lib. II , cap. I , arfícu- 
lo4.%pár. 2.« 

TOMO iii. 23 



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^ 



— 354 — 

^f^i 1"^ ^^^ ^^ pu reza de su doctrina y sus grandes conoQJ - 
mientos , pulv erizaban las argucias y razon amie ntos cojatra- 
rios á la verdad, se oponían al desarrollo y progresos de las he- 
"rejías, reduclétidó á la impotencia ¿ sus autores, é impidiendo 
que sus errores se difundieran entre los fieles. 

Ellos ilustraban al mundo c^n sus esf^.ritpf^ ^ y contribuían 
con sus consejos y luminosos dictámenes ¿ que se pronun- 
ciasen sentencias justas , y diesen leyes sabías y cAnf> n<>g fiyrft- 
CJjl'^ Q r> A 1""' nn i ^ ni Hn rl n dn Im pn n blofi , co n nn pnr o provecho 

E stas academias produjeron varones insignes en sabiduría^ 
que llegaron por sus méritos y virtudes á ocupar la silla pon- 
tificia, honrar la púrpura cardenalicia y sillas episcopales, 
no menos que otros elevadísimos puestos eclesiásticos y ci- 
viles. 

Su erección y régimen.— Las universidades han de ser 
creadas por autoridad pública, que será el príncipe ó supremo 
poder temporal, si se trata de universidades- civiles , y el 
Sumo Pontífice, si la universidad es eclesiástica; debiendo 
intervenir ambas supremas potestades cuando dichas escuelas 
revisten un carácter mixto (1). 

Como las universidades constituyen un cuerpo moral, 
compuesto de muchos individuos , hay necesidad de una ca- 
beza que lo rija con el nombre de rector, prefecto ü otro. 

Había en las universidades, además del rector , otros jue- 
ces y oficiales , cuyos oficios y autoridad no puede determi- 
narse de un modo general y común á todas ellas , poique cada 
una ofrecía en cuanto á esto una variedad especial;. pero, en 
casi todas habla = 

Un cancelario que ejercía funciones importantes, conu> 
conferir los grados literarios y expedir ~sustitulafi'¿4os-gca- 
duados. 

ün síndico que ocupaba un lugar importantísimo entre 

(i) Inst, Jur. Canon., por R. de M., parte 2.M¡b. II, cap. I, ar- 
tículo 3.* 



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— 355 — 

4os oficiales de la universidad, pudíendo considerársele como 
promotor general que vigilaba sobre la disciplina del estable- 
cimiento y doctrina de cada uno de los profesores, entendien- 
do con otros diputados de las causas que surgían. 

Existían además un crecido número de oficiales . de los 
que habla Benedicto ZIV en su constitución In superemir 
ngnti (1). 

Número de facultades.— Bajo la palabra facultades se 
comprenden l os diversos estudios y ciencias que sq enseg a- 
ban en las universidades. L as más antiguas de éstas , que eran 
mixtas, ó sea eclesiásticas y civiles , comprendían las tacul- 
tades siguientes: 

Facultades de artes, y su número. — Estas son el preám- 
bulo ó preparación necesaria para ingresar en las otras , y 
comprendían lo que en aquel tiempo se llamaba artes li- 
berales. 

Las facultades de artes ascendían al número de siete á sa- 
ber t — gramátic a— retórica — dialéctica— a ritmética— música 
— geometría y astronomía, y se hallan expresadas en estas 
palabras; 
Lingria , tropus , ratio , numerus , tonus , angulus , ostra. 

Las tres primeras artes liberales se llaman trivium, y las 
cuatro restantes quadrivium. 

Reglamentos especiales para los estudiantes de 
Bolonia y París. Como estos estudios de artes eran requi- 
sito indispensable para emprender los de las otras faculta- 
des , de aquí que p1 n/ii^firn Hp. i^t^iTn nos en la facu l tad de ar - 
t es fuese numerosísimo , y esta es la razón que hubo para que 
se diesen reglamentos especiales sobre jurisdicción en los es- 
tudiantes extranjeros, acerca de lo cual existe u na ordenan^ 
za, dada por el emperador Federico I en 1158 resp ectj^j&Ja^ 
universida d dfí B^^<^t^^'^^, y un decreto dado por Felipe Augusto 
en 1200 respecto á la universidad de París. 



iirulo 3. 



JuHi. Jnr. Qinon.. por R. de M., parle 2.**, Jil). II. cap. I, ar- 



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— 356 — 

Los estudiantes extran jeros se clasificar on por nacio nes 
en Bolonia , y las nacioneTse reunían en"c[oscuerpo s,^decifr- 
montanos el uno y de ultramontanos el otro, eligiendo cada 
uno su rector (1). 

También se reunieron por naciones en la universidad de 
París, y cada una de ellas comprendía á maestros y discí- 
pulos, pero sólo los primeros concurrían á las juntas y vo- 
taban. 

En 1206 se contaban en la universidad de París cuatro na- 
ciones, á saber : — franceses — picardos — normandos — -ingle- 
ses^ y ftiy lu ?^^ dft f stos, que dejaron de asistir con motivode" 
las guerras entre franceses é ingleses , se contaron los alema - 
_nes (2). 

Había un procurador al frente de cada nac ión^ v losmiA^ 
tro procuradoras elfíM an rftp.t.ni*T H"*^ fír^ ^^ J^ co mún deja 
liniversidad (3). 

Facultad de Teología. — Esta era la más esclarecida por 
su objeto , y porque contaba con mayor número de alumnos, 
^enía dos cátedras' de prima y dos de vísperas para lar teolo- 
pía escolástica — cátedra ,de Sagrada Escritu ra— cátedra^e 
Durando- cáted rade Santo Tomás-neátedra d^ Escoto (4). 

Faculta^de Derecho , que comprendía e l estudio de los 
sagrados cánones , el cual se hizo primero por el decreto de 
t rraciano T y d ^jspues por las colecciones de Decretales que s u- 
cesivamente se fueron publicando. 

8e hacia también e l estudio déT derecho civil por su íntima 
afinidad con el Derecho C anónico , y de aquí que esta facul- 
Itad llevara el nombre de facultas jurium {5). ' 

Facultad de Medicina.— ^^^a se debe consignar aquí res- 
pecto á esta facultad , como meramente civil. 

(1) Waltkr : Derecho Ecles. univ.. lib. Vil. cap. VIj^ par. 332^ _ 

(2) Inst, Jur. Canon., por R. deM.» parte 2.*, lib. 11, cap. I, ar- 
tículo 5.^ 

(3) Walter : Derecho Ecles. univ*, ibid. 

(4) Inst. Jnr. Canon., por R. de M., ibid. 

(5) Inst, Jur. Canon., por R. de M., ibid. 



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— 357 — 

Como complemento de dichas facultades y principalmente 
de la Teología, debe hacerse mención del estudio de lo s idío - 
mas hebreo , árabe y caldeo , que se prescribía como obliga- 
torio en laTuniversidades ¿e la curia romana, París, Osma, 
Bolopia y Salamanca , ord enándose que hubie ra dos profeso- 
res para cada uno de estos idiomas (1). 

Grados canónicos en las universidades. — Los 
grados canónicos, que se conferian en las universidades, eran 
los honores ó promociones hechas en favor de los escolare s, 
que los merecían , como justo premio debido á la aplicación y 
t alento. a 

Estos grados se conocían con los nombres de Bachiller , Li- y^^^-^^^Lv*-7 A^ 
cgiciado Y Doctor ó Maestro. ^ / 

Tleqxiisitos para obtenerlos.— Los escolares que aspi-/í-^?í^-^-^i--^ 
raban á los grados académicos habían de reunir en sí las cir- ^ ó^ (7 

cunstancias siguientes : y.P^^-^^^ 'M/^; 

a) Sexo masculin o, porque se prohibe á las mujeres ense- 
ñar (2). 

h) Se exigía en algunas universidades la edad deJL2_años. 
con arrreglo á las prescripciones del derecho romano ; pero^ 
esto dependía de las costumbres particulares de cada univer- 
fiidad, Era de absoluta necesidad la circunstancia de ser^hijo^ 
le gítimo . h asta el punto de que l os legitimados no podían ob- 
ten er este honor (3 ). 

c) F e católic a , cuya condición sobresale entre todas las 
demás , porque se trata de ciencias sagradas. 

d) Buenas costumbre s , porque la ciencia que no va acom- 
pañada de costumbres sin tacha , puede ser de funestas con- 
secuencias en los maestros. 

t) Examen científico , q ue se hacía con el mayor rigor, 
juramento y profesión de fe católica . 

(1) Cap. I, tít l. lib. V C/ementt«. 

(2) C. XVII , quaest. 5.% causa 33. 

(3) h\9i^ Jut. Canon., por R. de M., part. 2.^ lib. 11, cap. I, ártica» 
lo6.^pá^. «.• 



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— 358 — 

f) Los reculares necesitan ade más licencia de su prelado^ 

Privilegios de los doctores.— LiOs que eráú condece 
rados con el grado de doctor en Teología, Derecho y Medicma 
se consideraban constituidos en dignidad (i), y por este solo 
hecho: '^ 

a) Eran cont a^n?^ ^:K\\:^f^. io<t nnhlp.s y ^^Qpfift/y nlan verdader a 
nobleza. 

h) Existía en su favor l a presunción de virtud , integridad 
^ ipnppi^^í^, ^ debiendoser promovidos á lo soficios y dignid t^ 
dft<^ ftpjftsiÁstif^nfi ¿\ sft^iiftTftj; (*QD pretiBréncia á los que^n ote^ 
níim pstp rofi\iinitoi 

e) Debía seguirse la interpretación dad a por ellos á una 

seguirssLáuMiajifiJfiy. 



d) Se daba fe al doctor versado en la p ráctica y anciano, 



que atestaba sobre la costumbre del lugar, estilo uopinion co- 

mun en el tribunal á que pertenecía , mientras no se probase 

lo contrario. 

t) Se les debía especial honor y reverencia 
^ f) ' ^Be les eximía de d ar ftIííjami*>ntA y (le tf4>>utfOS y ftlrf \ 

balas. 
^ ^ Se PiRgtíg<^,bit^ gng HpHtp s con más humanidad que á los 

pl ebeyos"(2 )I 
' li) Disfrutaban además de priv ilegios especiales, seguü 

l a respectiva fRcult n ^ 4 finft pe rtenecían ( 3) 

(i) Cap. Ilf. lít. V, lib. V Dccre/.— Cap. II. tít. I. lib. V CiemenHn. 

(2) ScHMALZGRCEBER : Jus Ecclcs, uttiv,^ ÍH hb. V Dccreí., tít y, pá- 
rrafo 4.*» 

(3) Walier : Derecho Eeles. tinív., lib. VII , cap. VI , párrafo 334.- 
SCOMALZGRUBBBR : Id., íbíd. 



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— 359 — 
CAPÍTULO IL 

ESTABLECIMIENTOS DE BENEFICENCIA. 

Significado de la palabra hospital y su definid 
^^^•— La palabra hospital (hospitale) designa eLhospedaje 
qne se da gratuitamente en al^un lu^ar ; así que dicHa pa- 
labra es general y común á toda especie de caridad. 

Se entiende por hospital : Todo lugar destinado para soco- ^4u<r 
rrer gratuitanvente á las personas indigentes y desvor \J^ 
lidas. /y 

Sus distintos nombres.— Los hospitales tienen diversos 
nombres según las distintas especies de necesidades corpora- 
les ¿ que atienden . llamándose = 

SevoSo^^eía (xenodochia) los lugares destinados propia y es- 
pecialmente^ jfljaLTfí^i r á los peregrin os (1) 

NoaoAojxsia (nosocomia) f los que tienen por objeto curar á 
los jsnfermos. 

nxcu^orpotpeta (ptoc\otrophia) l os destinados para los pobres . 

Tepovxoicoixgta (geroutocomia) ^ q ue son los hospicios para l os 
ancianos. 

Bpe<potpo»eia (brephotrophia) , los establecidos p ara alimen- 
tar ¿ losp^fY"^^^ 

OpípavoTpocpeta (oTphanotropkia) , para educar á los huér- • 
fanos. 

IlfluóoTpo^eía (píBdotrophia) , para la educ ación é instrucción 
de los niños. """ 

Existen además otros muchos establecimientos para aten- 
der á las diversas necesidades de la humanidad (2). 

(1) Cap. III, tít. XXXVI, lib. ÍII Decreí.-Cap. lí. tít. XI, lib. 111 C/e- 
mentin. 

(2) Jnst. Jur, Canon, porR. de M. , part. 11 . lib. III, cap. 1 , ar- 
ticulo i," 



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— 360 — 

Sus especies. — Los hospitales se dividen en= 

Eclesiásticos , que son l os construidos. .CQjx ^ aiitorídad de 
la Iglesi a (1)> y por esta razón son considerados c omo Ii 
res religiosos. 

Profanos ó laicales^ que son l os erigidos por la piedad 
de los fieles sin intervención del a^autoridad eclesiásti ca , y 
por lo mismo no son lugares propiamente religiosos, pero se 
cuentan entre los lugares piadosos. (2) por el fin á que se des- 
tinan. 

Los hospitales eclesiásticos se dividen en= 

Seculares, que son l os regidos v gobernados por per sonas 
seculares. 

Regulares , que son ^^ ^irÍF^^*r r^"* ^^'^ r^^^^'gifíS^ (3). 

Erigidos en beneñcio , que son los que se confieren en tír 
tulo á un determinado clérigo como verdadero beneficio ecle-_ 
sxastíco, bajo la carga de emplear sns frn tns, 4 ftxftp.pcionde^ 
su cong rua sustentación, e n uso de los pobres y personas mi* 
serables. según lo> f fí ^ t?tut^fí t 1 ? In fnnif i fi^n ( 4| 

Encomendados en mera administración , qu e son J os en-^ 
comendad os á un clérip¡-Q sin título ^ y de aquí que no pu ede 
ser considerado como beneficiado en su sentido propio , sino 
"c omo m ei^ Q adní ims trado r. "~~ * 

Exentos , y se da este n^mhr^^Jris hmpitfll**«f q^^e no 4^ 
penden del obispo en su administración temporal ó en ^nada. 
como son TrwWpif^ific Ho loe AH^ufífi p iüitares (5 ) y los que 
se hauan bajóla inmediata protección de los reyes (6). 

No exentos , y son los^ue^están bajo la dependencia de l 
obispa,(7). 

(1) Cap. IV. tit. XXXVI. l¡b. III Decvid, 

(2) Cap. VIH. tít. XXIV. líb. III Decrcf. 

(3) Jtist. Jur. Canon. . por R. de M. . part. II, lib. III , cap. I, ar- 
tículo 2.^. par. 2.^ 

(4) Cap. II, tit. XI. lib. III aementin. 

(5) Cap. U, par. 2.% til. XI . lib. III Clementin . 

(6) Concil. Trid. . sesión 22, cap. VIII De RefornuU. 

(7) Jnnt Jur. Canon. , por R. de M. , ibid. 



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— 361 — 

Origen de los liospitales , y su propagación.— Los 

hospitales datan desde el principio de la Iglesia (1), puesto 

qufl4 Qg , mismos Apóstoles cuidaron de socorrer á las viudas y 

personas desvalidas con las limosnas que recibían de los fie- 

jesJ2) , y de aquí el motivo de la creación de los diáconos (3), ><7 

ya que los Apóstoles no podían atender por sí mismos al des- // A^--^^ ^^^ 

empeño de esta parte del ministerio, sin desatender la predi- ^^ 

cacion de la divina palabra. ^-¿^^-^ <^*''a-^ 

La Iglesia fué tan solícita desde su principio en socorrer^^^^ /^i^^/^ 
las necesidades de las personas desvalidas, que %pió desde ^ 

luego bienes de los pobres á los que ella poseía (4) , y cuan- ¿^ -Ó^T^'^l^'"^ 
do fué creciendo el patrimonio de las iglesias , s e destinó ¿ • y ^ ^ 

l os pobres la cuarta parte de todas las rentas . Los diáconos te- ¿^f^ ^Cl /V_ . 
nian el encargo de distribuirla (5) y repartirla por las casas 
de los necesitados. ¿^^^'^'T-^^^ - 

Cuando se dio la paz á la Iglesia, los obispos , como cura- _ 
jnrfts d ^ los pQbres . emplearon sus economías y muchas jo - 
naciones y legados píos en la fundación de casas para pobres , 
enfermo s , huérfa nos ^ expósito s . ancianos y p eregrinos nece - 
sitados (6) , como medio más á propósito que la distribución 
porc&da una de las casas , para socorrer á los pobres (7) y 
afianzar la tutela de los desvalidos (8). 

Una vez construidas estas casas , y notada su utilidad, se 
extendió por las diversas iglesias la erección de hospitales; 
de lo cual da testimonio S. Gregorio Nacianceno cuando dice 
que Juliano el apóstata proponía á los infieles la construccion_ 



(4) Devoti : ImU Canon., lib. II . tít. XII , par. 4 .• 

(2) Act, Apóstol , cap. IV, v. 34 y sig. 

(3) Act. Apóstol. , cap. VI, v. 4.* y sig. 

(4) Phillips : Comp, Jur. Eccles . , lib. V, cap. IV , par. 295. 

(5) Walter : Derecho Ecles. univ., lib. VII , cap, VI , par. 322. 

(6) Devoti : Inst. Canon* , lib. II, tit. XI), par. 1 .* 

(7) Jnst. Jur. Canon, por R. de M., parte 2.*, lib. III. cap. I, ar- 
tículo 2.^ par. 4. « 

(8) Walter ; Derecho Ecles. miv., lib. VII, cap. VI, par. 323. 



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— 362 — 

de hospitales, y los exhortab a á esto poniendo á su vista el 
ejemplo de los cristianos (1). ^''^ ' ~~ " 

/^Autoridad ael oDispo en los hospitales.— Muchos 

hospitales se fundaron por los particulare s , sin que mediara 
la aprobación de los obispos , y los fundadores los reglamen- 
taban á su idea , nombrando personas que cuidaran^^e^trad - 
ministracion. 

^ Justiniáno sujetó toda esta cla^e de fundaciones á la su- 

prema intervención de los obispo s. 

.^ A / 1/^ / Como consecuencia de esta disposición , todos los hospí tS: 

/^ ' ^ *les estuvieron bajo la autoridad de los obispos hasta. 9\ sigln 

^ XIII ; pero desde el siglo XIV , mu chos de estos establec i- 

jnientos se emanciparon de ella con grave daño del fin de 

su institución , como nota el Conci lio de Viena (2) , y al 

efecto dictó varias d isposiciones con el objeto de remed iar 

estos ma les , sigH Jendo el mismo cami no el CongiliOLde 

Trento (3). 

Disposiciones vigentes sobre esta materia.— La 
doctrina canónica vigente sobre esta materia puede resumir- 
se en lo siguiente : 

(£) Los hospit ales ecles i ásticos n o exentos ni bajo la inme- 
d iata protección de los reye s , están e n_iodQsuje tos á la ju - 
risdiccion ordinaria^deTo bispo (41. 

*"7]í El ob ispo, como delegado de la Santa Sede y puede res- , 
tablecer en toda su integridad la rect a ftf^pnínistrftfriní^ ^ Ins 
hospitales exentos (5). 

c) El obispo puede visitar los hospitales que están bajo la 



(i) Selvagio: ImL Cauxon., lib. 11, (ít. XV. par. 6.® 

(2) Cap. II . tít. XI. lib. in Clemeniin, 

(3) Selvagio : Inst. Canon., lib. II, tít. XV, par. 10 y sig. 

(4) C. X, quaest. 2.» causa 18.— Cap. 10. tít. XXXVI. lib. III Decrd. 
Candi, rríd., sesión 22, cap. VIH y IX, De J?f/brmaL —Sesión 2í, 
cap. Vlll De Beformat 

(3) Cap. II, tít. XI, lib. III Clement.^Concil. Trid., sesión 7. capí- 
tulo XV be Reformat. 



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— 363 — 

protección inmediata de los reyes en lo relativo al culto^ m- 
no sola^fijotg^íl). 

d) La administración temporal de los hospitales corres- 
ponde ordinariamente al obisp o ; pero como ellos no pueden 
desempeñarla por sí mismos , atendidas sus muchas obliga- 
ciones , de aquí la creación de oficiales y ministros par a este 
^.ftrfío , q ue se ejerció en un principio por los diáconosTZT; 
debiendo en todo caso ser personas proba s é idónea j¿ f 3) ^ue 
empleen las rentas del establecimiento en los usos á que se 
hallan destinadas. 

é) El obispo p uede exig ir JjLje Qdicion de cuen tas de los 
admiñistra doresde hospitales y otros lugares píos (4) ¿üü "^ 
cuando sean erigidos sin intervención de la autoridad ecle- 
siástica (5) á menos que se disponga otra cosa en la funda* 
cion (6). 

/) La administración del pasto espiritual á los acogidos 
^n es tos asilo s correspo nde sm duffáTalguña'á la autoridad 
écIe Sástica (7 ). 

(i) InM. Jur. Canon., por R. de M. , parte 2.% lib. lU. cap. 11. ar- 
tículo 3.° 

(2) Inst. Jur. Canon., por R. de M.. parte 2.*, lib. Ili, cap. IIJ, ar- 
tículo i. • 

(3) Cap. II, tít. Xf. lib, III Ciernen tin, 

(4) Cap. II, til. XI, lib. ni Clementin, 

(5) Concil Trid., sesión 22, cap. IX De Re formal. 

(6) Scumalzgrueber: Jtts Eccles. univ,, in lib. lIIDécret., tít. XXXYl, 
ii6tn.2i. 

(7) htsL Jur. Canon., por R. de M., parte 2.% lib, III, cap. III, ar- 
tículo 2.<> 



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— 364 — 

TITULO QIINTO. 

BIBNES TEMPORALES DB LA IGLESIA. 



CAPÍTULO PRIMERO. 

BIENES BE LA IGLESIA EN GENERAL. 

Bienes temporales , y facultad en la Iglesia para 
adquirirlos seg^nn el derecho natural. — Se entiende 
por bienes temporales de la Iglesia: Las cosas mueiles ó in- 
muebles y rentas destinadas i usos eclesiásticos. 

La Iglesi a , reino visible de Dios en la tierra , necfisitade^ 
^^j^^^ ^^Uap^ralP*^ V^V^ ^^ <* onsecucion del fin á que estA ^gs- 
Tmada(l) por s u divino Fundador , y tiene facultad para ad- • 
quirir y poseer bienes por derecho natural, en cuanto que es 
inherente á toda sociedad visible, en la cual hay necesidad de 
hacer gastos como medio para conseguir el fin de su insti- 
tución. 

TAjígjPi^íft pg gnffíf^rlftrí vígiKift y pftrfftp.tft. seguu se deja 
probado en otro lugar de esta obra (2) ; vajine jo á ella la c g-^ 
lebraeion delculto^divino > la sustentación de sus mini stros y 
el socorro de los pobres y p ersonas desvalidas , para lo cual 
necesita bienes temp orales (3). "^ 

Su atribución en cuanto á esto por derecho jdir 
vino positivo.— Este derecha de la Iglesia se h alla además 
^^oyado ^n la voluntad de su divino Fundad or, e n cuanto que 
la^dotó de todo JQ npr.esari a para la consecución de su fin , y 
así consta » por otra parte , del ejemplo de Jesucristo (4), 

(i) Pmilups: Ck>mp. Jur. Eecles,^ lib. III, sect. 3.\ cap. I, par. 2(H, 

(2) Lib. I. tít. I, cap. VII. 

(3) DfivoTí: Inst. Canon,, lib. U. tíL XIII, par. i.<> 

{i) Márc, cap. VI, V. 37. — Lüc, cap. IX, t. í3.--Joánfi., cap. IV, 
V. 8; cap. XII, v. 6; cap. XIII, v. 29. 



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— 365 — 

puesto que teniajo necesario pa ^ft ftlímftntar A los A póstoles, 
discípulo s y pobres. 

' üste iQÍsmo ejemplo siguieron los Apóstoles (1). San Pablo 
apoya este derecho de la Iglesia con las palabras siguientes : 
Afea defensio apud eos, gui me interrogante Jufc est: Nunir 
quid non hdbemus potestatem manducandi et iiiendif... quis 
militat suis stipendiís unquam'i quis plantat vineam, et de 
fructu ejus non edífí quis pascit gregem, et de laete gregis 
non mandúcate... si nos i>odis spiritualia seminavimus , mag- 
nuTn est, si nos carnaliavestra metamusf... nescitis quoniam 
qui in sacrario operantur, quce de sacrario sunt, edunt: et 
qui altari deserviunt , cum altari participante lia etBomi- 
ñus ordinavit iis , qui Evangelium annuntiant, de JSvan- 
qelio vivere (2). 

Esta doctrina se profes ó siempre en la Iglesia, según cons- 
ta por los santos padres (3), disposiciones canónicas (4), con- 
denación de los errores de Wiclef en el Concilio de Constanza, 
y práctica universal y constante de la Iglesia ; asi que el sumo 
pontífice yio IX cat^ clenrt just amente la proposición siguiente: 
Ecclesia non Tiábet nativum ac legitimumfus acquirendi ac 
possidendi (5). 

Ijeyes civiles que limitan este derecho de la Igle- 
sia. — Los poderes civiles de los distintos reinos cristianos se 
abstuvieron en los tiempos antiguos de ordenar cosa alguna 
contra la libre adquisición de bienes temporales por la Igle sia. 
Después prohihjftpmTtrft^fftrir á la Iglesia el do ggdnio_deJas 
cosas tem pnr^ lf s in niiiftblf^s sin consentim iento ó licencia del 
prínc ipe ó potestad laical . 

E^stas disposiciones del poder civil se conocen con el nom- 

(4) AcL Apost. , cap. lí. v. U; cap. IV, v. 34. 

(2) Epist i^ad Corinth., cap. IX. v. 3 y síg. 

(3) InsL Jur. Canon,, por R. de M.. parte 2.% lib. IV, cap. I, ar- 
tículo 4. • 

(4) C. XIII y XVI. quaest. 4.% causa 42.— Concií. Lugd., c. 42.— 
Coneil. Trid., sesión 22, cap. XIV 2>e Refomiat. 

(5) Prop.zeáéi Syllabus. 



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— 366 — 

bre de amorUmcion , y han estado vigentes en ca^í todos los 
países hasta estos últimos tiempos. 

Si pueden justificarse. — Las disposiciones dictadas por 
los poderes temporales contra la libre adquisición de bienes 
por la Iglesia, no pueden en manera alguna. jnf;tififMirs ft = 

1.^ Porque el derec ho de adquirir y poseer bienes por la 
Iglesia para atender á sus necesidade s es divino , s egún se 
deja probado, y en este supuesto, sólo la Iglesia tiene jgLde- 
recho de juzgar y conocer so >^yf> pff^ müit^ria ^ en lo relativo 
á la extensión y recta inteligencia del precepto divino, no 
menos que sobre los bienes que la son necesarios para su con- 
grua sustentación (1). 

2.^ Porque l a Iglesia es sociedad superior á las socie d^es 
civiles, y en este concepto no pueden éstas de terminar , ni 
juzgar sobre los med ios que aquélla con sidere necesarios páñT 
l a consecución de su tin, ségun Sé dt;japrobado"en7)trcrtt[^r 
de esta obra (2). 

III. Porque cohibe la libre voluntad de los fieles r especto 
^ la disposición de sus bienes , sin que medie justo motivo 
para ello (3). 

Su condenación. — La Iglesia , fundada en las razones 
que se dejan indicadas, ha condenado dichas ieyes de amorti- 
zación , é impuesto c ensuras co ntra sus autores (4). 

Inviolabilidad de los bienes eclesiásticos.— La 
Iglesia , como sociedad perfecta, distinta é independiente del 
Estado , tiene perfecto derecho p ara adquirir ó poseer bienes, 
y mediante esta facultad adquirió bienes con justos y legíti- 
mos títulos , teniendo en su consecuencia dominio propiamen- 
te dicho en ellos. 

(i) Inst. Jur. Canon., por R. de M.. parte 2.*, lib. IV, cap. I, art. 2/, 
prop. 2.* 

(2) Ub. I. tít. I, cap. VII y VIH. 

(3) Inst. Jur. Canon., por R. de M., part. 2.*, üb. IV. cap. I. art. 2.^ 
prop. 2.* ^ 

(4) Cap. 1 y V, lít. XXUI , lib. III sext. Decret.—Bula de la Cena. 
cap. XV. 



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— 367 — 

Ninguno, por otra parte , puede por au toridad propia y pri- 
vada hacer que las cosas cuyo dominio corresponde ¿ un iMi; 
viduo, pasen á manos de un tercero contra su voluntad , sin 



una manifiesta injusticia, que durará mientras dichos bienes 
no Tuelvan á poder de su legitimo dueño. 

En su consecuencia, todo el que usurpe ó atente de cua l- 
quie r modo contra los bienes de la lylesia. comete una ínjug - 
ttciáTy está obligado á la re sti tueion de ellos , hallándose com - 
prendidos en esto lo s mismos poderes civiles , porque se trata 
de una sociedadTndependiente y superior á todas las socieda- 
des temporales (1), 

La propiedad de la Iglesia en los bienes eclesiásticos es 
además sagrada , y por lo mismo incurren en un gravísimo 
^fíri^^PT'^ ^^*^ 1""* ot^ntftT^ f n ntra e^a; puesto que se trata de 
bienes ofrecidos á Dios , destinados á un fin sagrado y puestos 
en manos de la sociedad espiritual para la dotación del culto 
divino é iglesias y para el sustento de los clérigos y pobres (2), 
Por esto Martino V dispuso que se preguntara á los sospecho- 
sos de la herejía de Wiclef : Utrum credafi^, quod auferentes^ 
tollentes et invadentes dona ipsa ecclesiástica sint tamquam 
sacrilegi puniendi, etiamsimalé viverenú perstma ecclesias* 
ticce dona Aujusmodi possidenúes. 

Penas oontra sus trasgresores. —El papa Gr egorio IX 
impone la pen a de excomunión á los invasores de los biene s 

eclesiásticos ■ Oftnrin rftng i^fí ^i^nilftprÍA (3). 

El Concilio II Lugdunense imi)one esta misma censura 
universos et smgulos gui... dona ecclesiarum, monasteriorum 
auí locorum ipsornm vacantittmoccupare presumimt, ,qr$a%- 
taeumque dignitatis Tionore prafulgear^ (A). 

(4) InH, Jur. Camn,, por R. de M., part. 2.*, lib. IV, cap. III, ar- 
tículo 4.®, prop. 4.* 

(2) C. I , III , V y X , quaest. 2.*, causa 42.— roncfl. Trid.y sesión 
35, cap. I De Raformal. 

(3) Cap. XYI.tít. II, lib. II Dei?r«l. 

(4) Inst. Jur, Canon,, por R. de M., part. 2.*, lib. IV, cap III , ar- 
líenlo 4.", prop. 3.* 



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— 368 — 

El Concilio de Trftntn Hiagone que la eT Com pninn impiip lg^ 
álos detentadores de los bienes eclesiástico s sea l(Ue senten- 
tia, y r eservada al Sumo Pontífice (1). 

La bula Apostólica Sedis impone la censura de excomu- 
nión lata sententimy reservada de un modo especial al Sumo 
Pontífice , á los que usurpan la jurisdicción, ó secuestran 
bienes ó rentas que pertenecen á personas eclesiásticas por 
razón de sus iglesias ó beneficios (2). 

A quiénes comprende. — Las censuras expresadas 
comprenden á los que se hallan en algunos de los casos si- 
guientes: 

a) Todos los que usurpan ][ajurisd|i>.<*ioTi ftf^.^es iástica. como 

sHíiftra ppppíft dft ftl1n<t (a) 

b) Los sec'jestradores ó usurpadores de los bien es de algún 
beneficio eclesiástico , lo mismo que los secuestradoras de las 
distribuciones cuotidianas. 

c) Todos los que usurpa n los jrutqs , rentas 6 productos de 
la Iglesia ó beneficio vacante. 



lios que impiden la recepción de las rentas 6 frutoj je 
las iglesias 6 lugares pios á aquellos á quienes^p ertenecen. 
^^ Los que usurpan los bie nes ó derechos eclesiásticos' por 
autor ida f1 púb lica ó privadaTyaTsean cl^rigóT S^ legos. 
^'^"Distintas clases de bienes temx>orales y eclesiás- 
ticos. — La inmunidad eclesiástica es: Un derecho en cttyc 
virtud las personas j lugares y cosas eclesiásticas se dallan 
libres y exentas de las cargas conmnes. 

Esta inmunidad se divide en personal , toga] yj:eal« De las 
dos primeras se ha tratado en otros lugares de esta obra, resta 
únicamente la tercera, ó sea de la inmunidad real, que afec- 
ta á las cosas ó bienes temporales. 

Estos bienes pueden ser = 

Patrimoniales , cuyo nombre se da á los qi^e poseen ^jos^ 

(i) Sesión 22, cap. XI De Refórmate 

(2) ArUÍÍ. 

(3) Imt. Jur, Canon, , por R. de M., ibíd. 



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I 



— 369 — 

or otro títiilo que el de beneficio , oficio ó ministe- 



rio eclesiástico , Qpmalifirfillília., legado , donación , contra to? 
su trabajo é industria. ^ 



Cuasi patrimoniales, que son l os adquiridos por los clér i- 
gos como tales, en consideración á su trabajo , com o la pre- 
'aleación^ enseñanza, funerale s, di stribuciones cuotídi a- 
ñas, etc., contándose también entre éstos los_ _gue econom i- 
" ^zan de los frutos de sus beneficios^ correspondientes^ >sucon^- 
g rúa sustentación , y que por este motivo reciben el nombre 
ae parsimomales. 

Eclesiásticos , de los cuales unos corresponden á los clé- 
rigos, y se llaman = 

Beneficíales, y son l as^ntas anuales q ue los clérigos 
perciben por razón de alguna dignidad ó bene fi^^'^ prtiAgiJ^gtí, 
eo conferido en titulo á los mismos. 

ülrus Jt^erLeneceu á lás^Tmusmas iglesias , monasterios ú 
otros lugares pios por haberlos donado á ellos la liberalidad 
de los fieles , y son los que se llaman simplemente = 

Bienes eclesiásticos, ya «^^n mn*^^^f^s ó iní TmeMes. d e- 
biendo emplearse en la fábrica de dichas iglesias, pago de los 
ministros^ limosnas á los pobres, curación de enfermos, etc. 
Su inmunidad. — ^Los bienes eclesiásticos en generalse^ 
tollan ex gntosjde-ia s cargas c jalHS (\\\f^ pesan sobre los de- 
mas bienes^ y de esta inmunidad se encuentran precedentes 
en la ley antigua (1) recomendándose en la nueva (2) no me- 
nos que en muchas disposiciones canónicas , en las que se 
prescribe de un modo expreso la inmunidad de los bienes 
eclesiásticos (3). 

Si se extiende & todos los bienes temporales de 
las mismas iglesias. — Como la materia que se trata es de 
suma trascendencia , y por otra parte se halla contrariada 

(i) GénesU, cap. XLVll , v. 26.— Lib. I Esdra, cap. VII. v. 24. 

(2) Matth. , cap. XVII, V. 24. 

(3) Cap. IV y Vil, lít. XLIX. lib. III Decrcí.--Cap. I y III. tft. XXIII, 
lib. 111 sext. DecreL—CAp. único, tit. XVII , lib. III Clementin. 

TOMO in. 24 



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— 370 — 

por no pocas disposiciones civiles de la época moderna , creo 
más conveniente resumir la doctrina canónica acerca de 
este punto en lo siguiente : 

I. Lo s bienes muebles ó inmue bles que corresponden á la 
fundSí cion y dotación de las iglesias . se ñauan exentos"por 
derecho común de tributos y cargas civiles , si pasaron al do- 
minio de la Iglesia con consentimiento de los señores de quie- 
nes eran tributarios (1) , y esta exención se extiende á las 
cargas ó tributos públicos y privados (2) , sin que esto obste 
para que haya obligación de pagar algún módico tributo , si 
el fundador de la Iglesia puso esta condición con consenti- 
miento del obispo, 

II. Los bienes que pasaron á poder de la Igl esia por otros 
títulos se hallan _ jxentQs de nuevos tributos ¿ ^cargas civi- 
lesj[íí), porque el poder civil dejó de tener jurisdicción en 

^los desde aquel momento (4); pero respecto á las cargas con 
que estaban gravados perpetuamente en virtud de dominio y 
pacto precedente á su trasmisión á la Iglesia , es indudable 
que no se hallan exentos de los tributos á que venían suje- 
tos (5), porque las cosas se trasmiten con las cargas afectas á 
las mismas , y por otra parte la donación pia y religiosa no 
es motivo para faltar ó invertir el orden de la justicia (6). 

III. Los bienes que ante s dft pasar al domi nio dft 1?^ TjD^Iftgift 
se hallalban gravados c on cargas impuestas por la a utoridad 
püb^oaen vlriua de su jurisdiccjo n . quedan exentos detaJes 
cargas dftsdt^ ftl morgento que pa san á poder de aquéll a^, 
porque la jurisdicción se ejerce en las personas y en las cosas 
por la persona ; y los tributos de que se trata no son cargas 

(1) ScHMALZGRDEBER : Jus Eccks. tmiv„ iu lib. III DecTet., tít. XLIX, 
par. l.^núm. 20. 

(2) C XXIV y XXV. quaest. B.\ causa 23. 

(3) Cap. IV, tít. XLIX, lib. 111 Decret. 

(i) ScHHALZGRCEBER : Jus EccUs, utiiv,, ib¡d„ núm. 21. 

(5) C. XXII, quaest. 8.*, causa 23. 

(6) Inst, Jur, Canon,, por R. de M., parte 2.*, lib. IV, cap. lü, 
art. 2.*», par. 2.*». prop. 4.» 



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— 371 — 

meramente reales , sino mixtas , no teniendo en su conse- 
cuencia la autoridad civil poder para imponer gravamen al- 
guno á dichos bienes , puesto que se hallan en poder de la 
Iglesia , sobre la cual no ejerce jurisdicción (1). 

Inmunidad de los bienes de los clérigos.— Como los 
bienes temporales de éstos pueden ser de distintas clases ha- 
brá de tenerse presente : 

a) Los bienes de los clérigos que proceden de diezmos ó 
predios " eclesiásticos , se hallan exentos de todas las cargas ó 
tribuios civiles , toda vez que el título de su posesión es sa- 
grado y espiritual , y la persona á quien pertenecen está 
exenta de la jurisdicción civil (2). 

i) Los bienes patrimoni ales de los clérigos están sujetos á 
las carlas impuestas á los mismos en virtud de pacto ó con- 
^^^5^ptprínr tti n/^fn Hp pflQflr ^, ^1] p^^?r i ^^g"" se deja Con- 
signado respecto á los bienes de las iglesias en un caso 
igual (3). 

c) Los _ expresado s bienes patrimoniales se hallan exen- 
to senlos demás casos de~pagar tributos y otras^argasttn- 
puestas por el poder civil , según las disposiciones del dere- 
cho (4), y así se ha decidido en repetidas declaraciones de la 
sagrada Congregación del Concilio (5). 

Su obligación á contribuir á prorata en ciertos 
casos. — Los clérigos tienen obligación de contribuii» á pro- 
rata con sus bienes jm ra^ la reparación de pu entes , giuiQi, 
fj^mipns y otras necesidades particulares del municipio : pero 
las autoridades seglares no pueden obligarlos á ello sino por 

(i) ScHMALZGRüBBER : Jus EccUs, utiiv., iu lib. IlIDecveL, tit. XLIX, 
par. 1.*, niim. 22. 

(2) Cap. X, tit. II. lib. I Deere/.— Cap. XLIX. tít. XXXIX, lib. V De- 
lírcí.— Cap. IV, tít. XX, lib. 111 sexl. DecreL-^ConcU. Trid., sesión 25, 
cap. XX De Reformat, 

(3) ScHMALZGRUEBER : Jus EccUs. utiiv,, íbid., núm. 25. 

(4) Cap. IV y Vil. til. XLIX, lib. III Deere/.— Cap. IV, tít. XX, lib. II 
sext» Decret. — Cap. I, til. XXlll, lib. III ^e:r/. Decret. 

(5) SCHMALZGRUEBER : Jus Eccles. uitiv,, Íbid., núm. 28. 



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— 372 — 

medio de las autoridades eclesiásticas que ejercen jurisdic- 
ción en dichos clérigos (1). 

Los clérigos no tienen obligación á contribuir con sus 
bienes en los casos de necesidad ó utilidad de toda la na- 
ción , á no mediar consentimiento del Sumo Pontífice ó del 
obispo , SI no hay facilidad de acudir al Papa (2), 

Los bienes patrimoniales de los clérigos no se hallan 
exentos de las contribuciones civiles en las grandes j ex- 
traordinarias necesidades del reino (3). 

Requisitos necesarios al efecto. — ^Para que los cléri- 
gos hayan de contribuir con sus bienes en los casos citados 
es necesario : 

á) Que la necesidad 6 utilidad sea común á los clérigos y 
legos,(4). "" ~ ] - 

i) Que sea l a necesid ad extraordinaria, ó la utilidad evi- 
dente. ' " ~ " 

c) Qnftjinjin^pn sl\ ftfftr^tf^ as facultad es de los legos. 

d) Que medie p.1 p.nnsftntimíftntn del obispo con el del cle- 
ro , sin que baste el del obispo con el del cabildo catedral. 

Que se cuente con el ben g 



é) Que se cuente con el be nQ plAftítn tj el Papa. (.*>). 
Es de necesidad que medien todas las condiciones indica- 
das para que los clérigos puedan lícitamente y en concien- 
cia pagar dichos tributos (6). 

Quiénes se liallaa comprendidos en la inmunidad 
real. — Esta inmunidad corresponde de derecho = 

a) A las iglesias, monasterios y demás lugares sagrados y 
religiosos. 



(i) ScHMALZGRUEBm : Jus EccUs, Univ., in lib. III Decret., tit XUX, 
par. i.^. núm. 32. 

(2) ScHMALZGROEBER : Jt$s EccUs. univ., ibíd. núm. 33. 

(3) Cap. IV y Vil, lít. XLIX, lib, III Decrei. 

(4) Cap. IV y Vil, tít. XLIX lib. 01 Decret. 

(5) Inst, Jur. Canon., por R. de M., parte 2.*, lib. IV, cap. III, a^ 
lfculo2.*», par. 2.^ prop. 5.» 

(6) ScHMALZGRUEBER .* Jus Eccles. univ. , ibid. , núm. 44. 



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— 373 — 

dj A los regulares de ambos sexos, comprendiéndose entre 
«líos los n ovicios» oblatos^ etc. 

^ A los clérigos sin exc luir á los tonsurados ; gi,ng han 
iC ontraido matrimonio . m ejercen negociación prohibida á 
los mismo s (1). 

Si la inmunidad real procede de derecho divino. 
Los canonistas que s ostienen ser da dñr a^ho fíivínQi ftsta in> 
munidad^se apoyan en las razones siguientes : 

a) Se fundan en (2) la s palabras de Bo nifacio VI II : Cum 
igitur JEcclesia, ecclesiashcaque persona, ac res ipsarum 
non solum Jure humano, quinimo et divinóla secular ium 
personarum exactionibus sint ímmunes (3). 

6J j)n el texto del Concilio de Trento, que d ice : Ecclesia^ 
^t personarum ecclesiasticarum immunitatem , Dei ordina- 
tione , eú canonicis sanctionibiis constitutam (4). 

c) En las palabras de Jesucristo: J S'r^Q liberi sunt filii (5), 
refiriéndose al pago de tributos por parte de los hijos de los 
reyes y muy especialmente al Hijo de Dios , hallándose tam- 
bién en este caso los clérigos , según aquellas palabras : Dii 
estis^ et filii excelsiomnes (6). 

d) En que si la inmunidad de que se trata, fuese de dere- 

<^ho humana , p^^i'^n /^ocoi» pn^ Ip^ rt r^nstnmbrp pn pontrarin; 

lo cual no se admite por la generalidad de los teólogos y ca- 
nonistas (7). 

Si es de derecho natural. — Muchos canonistas dicen 
^ ue dicha inmunidad es de derecho natural . en el sentido 



(i) ScBMALZGRUEBER : Jus Ecclcs. utiiv,, iñ lib. IIIDecret., tít. XLIX, 
par. 4Anúm.5d. 

(2) Thomassino : Vet. et nov. Eccles. discip,, parte 3.*, lib. I, capí- 
tulo XXXIII. 

(3) Cap. IV, lít. XX, lib. 111 sexL Decrei. 

(4) Sesión 25, cap. XX De Reformat. 

(5) Matth., cap. XVII, V. 25. 

(6) Salmo LXXXI , V. 6.^ 

(7) ScHiiALZGRDEBER : Jus Ecclcs, uft/v., íbid., núm. 56. 



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— 374 — 

de que r ía equidad natural dicta que los bienes eclesiásticos 
deben gozar dealgunammuüidad y fttv orX^T ' 

La inmunidad de los bienes patrimoniales de los clérigos 
se considera de este modo por algunos de los que defienden 
ser de derecho divino en cuanto á los demás bienes (2). 

Si es de derecho de gentes.— Esta opinión coincide 
con la anterior, y dicen que es de derecho de gentes , en c uan- 
to que todos los pueblos siguiendo el dictamen de la razonla 
establecieron , sin que pueda tener valor alguno en contra 
¿e esta opinión la práctica moderna de la mayor parte de los 
pueblos y estados, que han suprimido esta inmunidad y hasta 
se han apoderado de los bienes eclesiásticos, porque á ellos es 
aplicable lo que dice el Apóstol de aquéllos que despreciando 
la religión, sirvieron á las cosas temporales y criadas dicentes 
enim se esse sapientes jStuUifacti sunL... qui commuta^e- 
funt veritatem Dei in mendacium : eú coluerunt^eú servk- 
rtmt creatura potius quam üreatorij qui est benedictina in 
sacula (3). 

Si la expresada inmimidad será de dereclio ci- 
vil. — Muchos políticos sostienen giie proced e dft derecho ci- 
vil>jy partiendo de este principio dicen , que la potestad civil 
concedió esta inmunida d^XEB^-^^- P"^ ^^ mismo revocar este 
privilegio. 

Algunos canonistas sostienen también esta opinión, pero 
niegan que los príncipes se hallen en libertad para r evocar lo 
que concedieron libremente una vez aceptado p orTa Iglesia,' 
como sucede en la inmunidad de los bienes eclesiásticos (4),~ 
üin toao caso habrá de tenerse presente la proposiciíái 30 
del Syllabus, que dice : Eclesia etpersonarum ecclesiastica- 
rum immunitas a jure civili ortum haimt. 

(i) Inst. Jur. Cawo»., porR. de M. , part. 2.*, lib. IV, cap. Uf, 
art. 2.*>. núm^ 2.<> 

(2) DevotÍ: InsL Canon, , líb. lí, tít. XX, párrafo 2.* 

(3) Epist. ad Román. , cap. I, vv. 22 y 25. 

(4) Jfist. Jur. Canon. , por R. de M. , part. 2.% lib. IV, cap. 111, 
art. 2.«,núm. 2.* 



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— 375 — 

Origen de la inmunidad real según otros.— Sos- 
tienen muchos escritores cjue esta inmunidad es de derech o 
divino fundamen talmen te en cuanto á su esencia, y de dere- 
cho eclesiástico en cuanto á su determinación y aplicaci ón 
específica . Esta opinión se apoya en las razones alegadas por^ 
los defensores de las dos opiniones primeras , y es la más 
aceptable. 

Penas contra los que quebrantan la inmunidad 
de dichos bienes. — Como la inmunidad de los bienes ecle- 
siásticos f ^ f<í jv^stft y lftgiti];p ft en cuanto que es de institución 
divina y eclesiástica , y tiene un fin honesto y útil , ó sea la 
decencia y honor de la religión ; de aquí que Jos trasgresores 
de ella incurren en excomunión mayor lata sententuf^ ; 
pero habrá d_e tenerse presan tft que I g. bula a post ólica Sedis 
^^ hftfff ^^pi^^gft Tn^^^ion dfí ftsta cQ nsurgjJo cual es debido 
sin duda , á que efecto de las mayores necesidades de las na- 
ciones (2) , y otras circunstancias . ^va cesad o esta inmuni* 
dad en casi todos los países (3). 

CAPÍTULO n. 

DOMINIO, ADMINISTRACIÓN Y ENAJENACIÓN DE LOS BIENES 
ECLESIÁSTICOS . 

IjOS clérigos son dueños de los bienes patrimo- 
niales, y cuasi patrimoniales.— Los clérigos so n dueños 
y tienen el donninio d^ los bie nes patrimoniales y cuasi patri- 
monialesjj^diendo disponer libremente de ellos ínter vivos 

(i) Cap. IV y VII , tít. XLIX , lib. III Decrc^— Cap. II . tít. XX . li- 
bro III sext DecreL—Ca,p. únic. , tít XVII. lib. III C/^menrtii . —Capítu- 
lo único, tít. XIII . lib. III Exiravag. commun. 

(2) Pbilups : Cknnp. Jur. Eccles., lib. III , sect. III , cap. I , párra- 
fo 205. 

(3) Walter : Derecho Ecles. univ,, lib. VI , cap. II, párrafo 251. 



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— 376 — 

y por última voluntad (1), porque el orden 6 clericato no los 
h ace incapaces de domini^ , y porque las cosas recibidas como 
jíaerced de su trabajo se les dan sin gravamen ó carga al- 
guna (2). 

Si tienen i>erfecto dominio en los frutos de sus 
beneficios. — Los clérigos tienen perfecto dominio . según la 
opinion jni^g prn>>«Kin , nn inn ^riit"'! '^^ ^Ufi bf ^ n p fir jrn^^ sólo 
en la parte correspondiente á su congrua sustentación y ne- 
cesaria para conservar la decencia propia de su estado , sino 
también respecto á la parte superflua de los mismos « según se 
desprende de muchas disposiciones del derecho (3). 

Por otra parte , no consta que los fundadores y otros fieles 
hayan querido , ni quieran , que los clérigos reciban dichos 
frutos sólo como administradores , en cuyo caso está la pre- 
sunción en su favor , porque melior esú conditio possiden- 
tiitm (4)i 

En quién radica el dominio de los bienes eclesiás- 
ticos.— La gran cuestión entre los canonistas versa princi- 
palmente respecto á los bienes simplemente eclesiásticos, y 
dejando á un lado lo que se dice por algunos de que la potes- 
tad civil tiene el dominio de estos bienes , bajo cuyo pretexto 
se ha incautado de ellos , porque esta doctrina no es de cano- 
nistas, sino de depredadores sacrilegos (5), paso á consignar 
as distintas opiniones sobre esta materia: 

1. Sostienen unos , que los fieles tienen el dominio de estos 



(1) C. XIX y sig.. quaest. 1.*, causa 12.— C. II. quaest. 3.», causa 12. 
Cap. I y IX . tít. XXVI, lib. lll Decret. 

(2) ScHMALzcRDEBER : Jos. Ecclcs. Ufíiv., ifi lib. III DcTTeí., tíl. XXV, 
párrafo 1.**. núm. 6.° 

(3) Concil. Trid.y sesión 23 . cap. I De ReformaL—Sesion 24, capí- 
tulo Xll De Reformat,-- C. XXVII, qusest. 2.*. causa 12.— Cap. II, ütulo 
XXII, lib. III DecreL 

(4) ScHMALzcRCKBER : Jus Eccks. ufíiv,, itt lib. III Decrel,, tít. XXV. 
párrafo d.®, núm. 9.® 

(5) HüGUENw: Exposit. meth. Jur. Catión., pars special., lib. 11 , ti- 
tulas 1. tract. 2.**, dissert. 1.', cap. I, art. 2.® 



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r 



— 377 



bienes , e ntendiéndose por la palabra fieles en los tiemp os pri» 
TTiitivns la iglesia episcopal que según la organización de. 
aquella época formaba con todos sus fieles un cuerpo único» 
<5on respecto á la vida espiritual , y en cuanto á los medios 
temporales. 

Después que varió esta forma primitiva se considera á 
^Añ pfírr^nift ffvmf> un jpfl ívjf^ ^ Q ^ ^ y á sus bienes como pro; 
pios de una persona mora l (1). ^ 

II. CoTis j^firR Á los pobres como sujeto en que^reside el 
dominio de los bienes eclesiásticos (2 ^. 

III. Sostiene OUe el Su rncf prnitifir*.» tiPnft p1 HnTTiim'n ñPt 

•estosjiigxxes. 

IV. Que pertenece este dominio ¿ los santos, á quienes se 
l^an dedj ciníln ú ofrnniflo» 

V. Las corporaciones religiosas ó eclesiásticas que los 
pA<^fiftn 

VI. La Iglesia universal (3). 

VII. Que dicho dominio corres ponde al mismo Jesucristo , 
y sefunda en InsJip^^^g ^fíl derep.ho que llaman ¿ los indica - 
dos bienes . yf?rr?^^ >^ nh^i^H (4) , j mtrimonium ChrisH (gK res 
DsUfi). 

7III. Que el dominio particular de los bienes simplemente 
eclesiásticos corresponde ájas mismas iglesias , corporacio- 
nes ó cabildos de clérigos seculares 6 regulares . y esta opi- 
nión , que es lá comunmente seguida , se funda en varios tex- 
tos del derecho (7) , y en que estos bienes fueron cedidos y do- 

(i) Walter : Derecho EclesTuniv., lib. VI, cap. II, par. 246. 

(2) C. LIX , quaest, 1.*, causa 16. 

(3) Véase á Phillips : Comp. Jur, Eccles., lib. III, sect. III, cap. I. pá- 
rrafo 207. 

(4) C. I y VI, quaest. 2.*. causa 12. 

(5) Cap. XVI. lit. V, lib. III i>ccreí.— Cap. XXXIV, tít. VI, lib. I sext. 
hecret. 

(6) CmciU Tnd,, sesión 25, cap. I, De RcformaL 

(7) C. XI, quaest. 1.*, causa 12.— C. LXVIII, quaest. 1.», causa 16.— 
Cmeil. Trid., sesión 25 , cap. III De Regular.— Ca^, I , tit. XXVI, 
libro III Decret. 



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— 378 — 

nados por los fieles á las mismas iglesias , monasterios ó cor- 
poraciones eclesiásticas , aunque con la obligación de emplear 
sus frutos ó rentas en provecho de las mismas iglesias, culto 
divino , salvación de las almas ó socorro de los"p(fl5rós (1). 

Este dominio particular de las mismas iglesias no-raduye 
e l dominio eminente del Sum o Pontífice en los bieneseclesiás- 
ticos de la Iglesia universal ; ni la inspección d e los obisp os en 
los bienes eclesiásticos de las iglesias de sus respectivas dió- 
cesis (2). 

A quién pertenece laadministracion. délos bienes 
eclesiásticos. — La administración de los bie nes correspon- 
de naturalmente á sus le g ítimos dueños, como^ue"peTtenece 
ffTa integridad del dominio y es una consecuencia del mismo. 

La iglesia en su virtud tiene perfecto derecho pa ra admi- 
nistrar sus bienes por medio d^ (*.i<^.ri^o<; }) pt ras personssjte ^ 
signadas por ella , y el Estado no tiene facultad para interve - 
nir en esto sin una manifiesta violación de la ijbftfta^ ¿ ij^ 
TTijipi/íftH rrilfífíif^fftfifift ('^}: asi que los Apóstoles recibían los 
bienes cedidos por los fieles y hacían la distribución de ellos 
en un principio , encomendando después este cargo á los siete 
diáconos, cuyo ejemplo siguió constantemente la Iglesia. 

Los Sumos Pontífices y los concilios consideraron siempre 
como cosa sant a la recta administración de fíf^t-^« Mftnftsjor 
la misma Iglesia con exclusión omnímoda de toda ingerencia 
de los legos en el patrimonio eclesiástico (4). 

Quiénes son los administradores de ellos.— La 
Iglesia como cuerpo moral no puede administrar sus bienes, 
y nec esita de personas ó indivj ^"^^ pfl^^^^^g^^ tt}íjfíV* 



(i) ScnMALZGRUEBER: Jus EccUs, univ., in lib. IIIDecret,, titulo 
XXV.pár. ^.^núm. 4. 

(2) Philups : Comp. Jur. Eccles., lib. III , sect. 3.*, cap. I. par. 207 
y siguientes. 

(3) Inst Jur. Canon., por R. de M., part. 2.\ lib. IV , cap. IV. a^ 
tículo2.« 

(i) HuGUENDf : ExposU. meth. Jur. Canon., pars spedah, üb. n. 
tít. I , tract. 2.*. dissert. i.*, cap. UI, art. I." 



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t-f 



— 379 — 

Toda la doctrina relativa á este punto se resume en lo si- 
guiente : 

I. promano Pontifi^se es el supremo administrador de los 
bien es de la Iglesia . 

n. j.Qs ohispof^ ftdn\iní<; traban en los primeros tiempos los 
bienes eclesiásticos de sus respectivas diócesis , y á fin de que 
Tiubíese testigos de su administración , encomendaban toda 
esta parte al ecónoiq o ^ fyrr^AHinnn i*r^x\ obli gación de rendir 
c uentas al mismo fl). 

Estos bienes formaban un a masa común , y el obispo aten- 
día con ella^ sus necesidades^ las del clero, pobres y culto . 

Después se dividió este cúmulo de bienes en cuatro par- 
tes (2). 

TTpíi pnrn ni obispo 

Otra para eidero. 

Otra para los pnhrftf; . 

Otra para el culto . 

En algunos, puntos, como Esp aña, se hacían tres por- 
ciones (3) , porque quejaba excluida la de los pobres > en 
cua nto que eran atendidos por el obisp Q,(4). ó se suponía que 
el obispo y sus clérigos darían á los pobres cuanto pudiesen (5). 
III. La división en cuatro partes no fué bastante para 
atender á las nuevas exigencias de los tiempos, y de aquí 
que los presbíteros se apropiarán las oblaciones hechas en sus 
iglesias y se dividiesen los frutos de los bienes inmueble s per- 
tenecientes á las mismas : lo cual dio por resultado que ellos 
fuesen los administradores natos de estos bienes , si bien bajo 
la dependencia del obispo ; pero como estas rentas se daban á 
los clérigos /wr^ ieneficiario durante su vida, volvían al obis- 
po á la muerte de aquéllos (6). 

{i) Devoti; Inst. Canon. , lib. II, tít XIII , par. 6.** 

(2) C. XXllI, XXV. XXVI y XXVII , quaest. 2.», causa 12. * 

(3) G. VII del Concilio I Bracar., celebrado en 564. 

(4) Devoti : Inst. Canon,, lib. 11 , tít. XIII, par. 6.® 

(5) Walter : Derecho Ecles. univ,, l¡b..VI, cap. I , par. 240. 

(6) Inst. Jur. Canon., por. R. de M.,part. 2.*, lib. IV. cap.lV,art. 1.' 



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— 380 — 

IV. Los párro finñ níinniriiTriii i'uii i'1 l¡i'iii|iii 1 1 
percibir las rentas provenientes de sus iglesias , y entonces 
es te derecho quedó vinculado á las mismas iglesias ó títulos 
Sé modo que la persona agraciada con el benencio ó titulo te- 
nla por este mero hecho el derecho á percibir los frutos ane- 
jos á él , siendo , en su consecuencia, ellos los administradores 
de los bienes correspondientes al benencio y de los que perte- 
necían á la fábrica de la iglesia ó al culto (1). 

Esta nueva forma en la división y administración de los 
bienes eclesiásticos se hizo de disciplina general en la Iglesia; 
no sólo en cuanto á los párrocos, sino también respecto á los 
demás clérigos , cabildos seculares y regulares ó monaca- 
les (2). 

Resulta de la doctrina consignada , que la administración 
de los bienes eclesiásticos corresponde en primer término al 
Sumo Pontífice respecto á la Iglesia universal, y á Jos bene- 
ficiados é iglesias particulares bajo la inspección (3) de sus 
respectivos obispos, sin que esto obste para que se encargue 
de ella á los seglares (4). 

Clasificación de las distintas cosas de la Iglesia. 
Las cosas pertenecientes á la Iglesia pueden ser : 

Corporales, ó sujetas á los sentidos externos ^ como casas, 
campos, viñas , etc. 

Incorporales , ó no sujetas á los sentidos externos , aun- 
que suministren la facultad de hacer alguna cosa sensible, 
como la servidumbre , acciones , obligaoÍQaes ^derechos, etc. 

Las cosas corporales se dividen en =^ ,« . .. „ _ 

Muebles , que son ^fts q"^ pno^pT^ TTr^o vftr,sft por si mi smas 
de un lugar á otro , como la& cosas Animadas.:, d jaediaptgjip 

(1) HuGUENiN : ExposU, meth, Jur. Canon., parí spBctaüTX'i^^^^* 
tít. I , Iract. 2.°. dissert. 2.*. cap. IV. "" 

(2) Inst. Jur. Canon., por R. de M., part. 2,», lib. IV. cap. IV, ar- 
ticulo 1.* 

(3) Walter : Derecho Ecles. univ., lib. VI, cap. IV, par. 266. 

(4) Pralect, Jur. Canon in Seminar. S. SulpU., parte 3.*, sect. 4.*, 
art. 3.^pá^.2.« 



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— 381 — 

tercero , sin deterio rarse ni dividirse , como las cosas inani- 

madasl '' " "^^^^^^ 

Inmuebles , ljfl.Tifi¿nda<;p. n,;^ ! las que no pueden ti'ftRi5if^a^ft 
iryj^^us. y sin ílfttiP.riQrarse ^ destru irse de u n lugar á ot ro> 

chos . 



Las cosas inmuebles pueden ser tales naturalment e, como 
una tierra ó casa , ó qhilmerUe. porque se hallan destina- 
das perpetuamente al ornato ó utilidad de una cosa in- 
mueble. 

Entre los inmuebles de la primera clase hay unos de gran 
importancia y otros de exiguo interés sobre cuya apreciación 
no puede darse regla fija. 

Respecto á las c osa s muebles, unas pueden conservarse 
sin que se destruyan 6 pierdan su mérito , y otras n o se ha- 
llan en este caso . 

Entre las primeras, unas se llaman preciosas po r su espe- 
cial esplendor, a rt^i ^>n^^^fg^^p^n/^ 4 pr^c^,^. *^f^Tnn las alhajas de 
oro ó plata, imágenes, etc., y oítsls no preciosas, como los or- 
namentos comunes y ordinarios p a ra el culto . 

Se ha dado una idea general de la palabra cosas , y resta 
hacer lo mismo respecto ¿ la palabra iglesia , cuya denomi-^ 
nación se toma aquí en un sentido latísimo, é incluye, no 
sóL) los templo s . ^anillas . gratorios y otr os lugares destina- 
dos por las ceremonias sagrad as al culto de ÜiOS , veaeracioi r 
y memoria de los santos , po r la celebración del santo sacrifi - 
cio y ios oficios alvinos , si no también cualesquiera ot ros lu-^ 
gares pios destinados ñor ef obispo ú otra autoridad e clesiás:_ 
tica p ara ejercer en ellos 9bras de religión , piedad ó miseri- 
cordia, como los monasterios ^ conventos . colegios , congre- 
gacíones , casas de Iqr rftp-nin rn d o nnn j ni i i r r* , ^' nnpífn 
les, hospicios . e tc. (1). 
Enajenación en su sentido estricto y lato.— La pa- 

(I) Schvalzgruebbr: Jus Eceles. univ., in lib. WDecreí., tít Xm^ 
párrafo i.* 



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— 382 — 

labra enajenación en su sentido estricto, es : El acto de tras- 
ferir á otro el dominio directo de una cosa , como la venta, 
donación, permuta, etc. 

Tomada en un sentido latísimo es : JEl acto de trasmitir i 
otro el dominio directo y útil , ó uno de ellos , asi como cual- 
quier derecho in re. 

Sentido en que aqui se toma.— La palabra enajena- 
ción se toma aquí en este último sentido , según aparece de 
varios textos legales (1) , porque l a enajenación de las cosag 
eclesiásticas se prohibe en cuanto que el bien y utilidad d¿ 
la Iglesia así lo exige ; lo cual tiene aplicación no sólo á la 
traslación de dominio , sino á cualquier otro derecho (2). 

Cosas que no pueden enajenarse libremente.^ 
Los obispos ó prelados y rectores de las iglesias no pueden 
enajenar libremente las cosas que se expresan á continua- 
ción (3) : 

aj Cosas ÍTim nAlj]f|<: r^A Ing igl^.l^ng (4). 

cj Usufructos por largo tiempo , censos ó rentas. y j>^nsío- 
nes a nuales de las cosas inmuebles (6). 

] Las acciones de cosas inmuebles ój oauebles precio^ 
sas (7).^ 



,^P 









^í-^^ 



(1) Cap. V, tít. XIII, lib. ni Dccr«í.-Cap. I. til. IV, lib. III CUkmh- 
linar, — Cap. úníc, tít. IV, lib. 111 Extravag., coinmun. 

(2) Walter : Derecho Ecles. univ., lib. VI, cap. II. par. 248. 

(3) Vecchiotti: Inst, Canon., lib. III, cap. I, par. 9.** 

(4) C. XIX. XXXIV. LI y LII, quíBst. 2.». causa 12.-.Cap. 1, Vy VI. 
tít. XÍII. lib. 111 Dpcreí.— Cap. I . VII y VIII. tít. X. lib. III Decrd.-' 
Cap. I y II. tít. IX. lib. Ill sext. DecreL^-Csip. I y II. tít. IV, lib. IH 
Clemenlin. — Cap. únic, tít. IV, lib. III Extravag, commun.—Oencil 
Trid,, sesión 22, cap. XI De Re formal. 

(5) Cap. únic. tít. IV, lib. III Exlravag, commun.'-C. XIII. qu«st. 
2.*. causa 12. 

(6) Cap. I , tít. IV. lib. III Clemenlin. 

(7) ScBEALZGRüEBER : Ju8 EccUs. uhív., til lib. IJI Decrel., tít. XIII, 
par. 2.°, núm. 29. 



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j 



— 383 — 

e) Reliquias insignes de los santos (1). 

J) L as bibliotecas (2 ). 

g) L os siervos (3) , á menos que fuesen fugitivos ó bene- 
méritos de la Iglesia , ó el prelado compensase á ésta en su 
valor (4), 

h) Los rebaños de ov ejas , los bueyes y los jumento s (5). 

i) Los árboles necesarios ó útiles á la ^fiafía,; lo cual no 
tiene aplicación á los árboles que no son frutales y sirven de 
^^ obstáculo á la finca para el aumento de frutos (6). 
y¿^ Actos y contratos á que se extiende la proMbi- 
cion de enajenar los bienes eclesiásticos.— La pala- 
bra eBajenacion prohibe á los clérigos los actos y contratos 
siguientes : 

a) La donació n , yp^^» y p^^^^^*» ^^ ^^^ <^.f\^^ eclesiásti- 
cas ( 7). 

b) La constitución especial sobre d ios de pre nda 6 hipo- 
teca(8). 

gP Xa concesi ón '^y} ^^^^i^^^^ ^ ATif^tenfí^'^. (Q) ?>.-,.-^. .... 

d) Ji» |Q(»fyf*inn A arrftiiHflTm'PT^^n pnrn^ de UU trienio (10) 

si produce frutos anualmente, porque siesto tiene lugar cada 
bienio ó trienio , entonces podrá arrendarse por seis ó nueve 

(i) Phillips: C(mp. Jur. Eccles,, lib. III, sect. 3.*, c»p. III, par. 221, 

(2) ScHMAi^GRUEBER : Jiis Eccles, univ. , ibid., núm. 31. 

(3) Cap. IV. .lít. XIX. lib. III Dccreí.— Cap. IV. tít. XIU. lib. III 
Decrel. 

(4) C. liV y LVII, qaaest. 2.», causa 12,— Cap. IV. lit. XIII , lib. III 
Decret. 

([)) ScmALZGRtEBER : Jus Eccles. univ,, ibid., núm. 3i y sig. 

(6) ScHMALZGRUEBER : Jus Ecclts. ufiív,, íbíd.. núm. 36. 

(7) Cap. V. tít. XIII. lib. III Deere/. -Cap. I. tít. X, lib. III Decret. 

(8) Cdp.V, Üt.XIII, lib. III Deereí.— Cap. unic, tít. IV. lib. III 
Extravag. commun, 

{9) Cap. V. tít. XIII, lib. III Z>ecree. — Cap. únic, tit. IV, lib. III 
Extravag. commun, 
(10) Cap. I. tít. IV, lib. m Cíemwítn.— Cap. únic. tít. IV, Hb. III 
Extravag, commun. 



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— 384 — 

años respectivamente , según la opinión común de los cano- 
nistas (1). 

e) No puede hacerse arriendo de un predio eclesiástico 4 
«n Tn^j^ TTinja ^mpo , por tres años & uno y por otros tn^ff aft<>cT ^ 
otro , etc. (2) ; pero los frutos del beneficio pueden arrendar- 
^ uíúra triennium por el beneficiado, aunque el sucesor en 
el beneficio no tiene obligación de someterse á este contrato ^ 
ni aun en el caso de que el arriendo sea por menos de un 
trienio (3). 

^J^Jj^fíp^n'^n ^n fíl p^ftíto pr omovido sobre una cosa de 1^ 
Iglesia, que se prohibe enajenar (4). 
^ — "§] 1^ frap ^^^i i j iii i iiii i ii li nn(ii lii imul ii 1 1 im rmiii ft iiliii 

nn a cosa de la Igles ia ó su posesión. 
^ Tí) El c ompromiso , cuando de él pueda seguirse trasla- 
ción dSTacosa ó su posesión á un extraño ; porque el que no 
puede disponer libremente de una cosa ni enajenarla , tiene 
incapacidad para comprometerla. 

i) La " ^l>" poypgfn^ fjft YiW^ íp;lft ^ia ¿ beneficio^ áotra 
iplfsfartban eficio . y el obispo necesita para hacer esta umon 
del consentimiento del cabildo (5). 

j) La condición > ó_ sea todo pacto ó convenio por el 
cual puedii originarse algún perjuicio á las cosas inmuebles 
^-y-v ó muebles preciosas de la Iglesia (6). 
"^ /¿X^Si el prelado ó rector de una iglesiarpodrá re- 
niuxciar la lierencia dejada á la misma. — Se cuestio- 
na entre los canonistas, si se prohibe ó nó al prelado ó rector 
de una iglesia la renuncia de la herencia ó legado á la mis- 
ma ; pero la opinión más común cree -que- pttede-hacerse esta 

(i) Devoti : InsU Canon. , l¡b. II, tít. XIX, par. 2.*>. nota 2.* 

(2) ScuHALZGRUEBER : Jus EccUs. univ,, tfi lib. ni Decrd., Ut. XVm,. 
par. í.*, núro. 30. 

(3) ScHMALZGRUEBER .' Jus Eccles, univ,, ibíd., núm. 96 y síg. 

(4) ScHMAiJSGRDEBKR : Ju8 EccUs. univ. . ifi Ut. 111 DecTei., tit. XDT, 
par. l.^núni. 9. 

(5) Cap. II, tít. IV, lib. III Clementin. 

(6) ScmiALZGRtJSBER : Jus Eccles'. univ., ibid., núm. iO y sig. 



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— 385 — 

renuDcia , porque dicho acto no es propiamente enajenación 
de una cosa de la Iglesia , debiendo , antes bien , considerar- 
se como una no adquisición (1). 
CflJI' Si los bienes de una iglesia podrán hipotecarse, 
trasladarse á otra iglesia ó sigetarse á servidum- 
bre. — Las cosas eclesiásticas pueden obligarse con hipoteca 
general, ptiro nó con hipoteca especial (2). 

No pueden trasladarse los bienes ó rentas de una iglesia 

á otra, á menos que se observen las solemnidades de la 

- ley (3) , porque dicho acto es una especie de enajenación; 

pero el obispo ü otro prela do c on jurisdicción cuasi episcopal, 

tendrá facultad para ello en los casos siguientes : 

d) Si media justa causa. 

V) Si se provee de lo necesario al rector y ministros de la 
Iglesia cuyos bienes se trasfieren á otra. 
c) ' Si media el consentimiento del cabildo (4). 
No puede constituirse servidumbre real ó personal sobre 
cosas que no pueden enajenarse. ^^ v . 

Cosas que pueden enajenarse sin las solemnida- 
des de Derecho.-— Las cosas que pueden enajenarse libre, 
mente, ó sea sin observar las solemnidades del derecho, son 
las que se expresan á continuación : 

I. Las cosas mufíbles no pret^iosas y 0.^^ ^^ pueden conser- 
varse , como son las que se consumen con el uso ó se deterio- 
ran en breve tiempo , hallándose en este caso las frutas , el 
trigo , vino , aceite , etc. (5). 

II. Las cosas inútiles á la Igles ia ó que la perjudican^ 
como los siervos fugitivos (6), las casas cuyos reparos produ- 

(i) ScüMALZGRLEBER : Jiis EccUs. uñiv., Ibld., núm. i3 y sig. 

(2) Schmalzgrubber: /«í Eccícs. imtv., ibid., núm. 20y sig. 

(3) C. XLIIÍ , quaest. i.*, causa 46.— Cap. I. tít, Xíll, lib. III DecreL 

(4) ScHMALZGRUEBER : Jus Ecclcs, ufíiv., iu lib. 111 DccreL , ibid., 
nám. 22 y sig. 

(5) SCHMALZGRUEBER I Jus Eccles. utiiv,, ¡bid. , nám. 38. 

(6) Cap. IV. tit. XIX, lib. 111 DecrcL— C. LÍV, quaest 2.*. causa 42, 
TOMO III. 25 



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- 386 — 

cen más gastos que productos ó utilidad (1), las tierras y otras 
cosas inmuebles de exiguo ó ningún producto (2). 

III. Las cosas aun inmue bles, donaHas ¿ una. íglftsia á mo- 
nasterio , que no pueden retenerlas con arreglo á sus consti- 
tuciones (3). 

IV. Los bienes que desde tiempos antiguossehall^^Quda- 
dos en feudo ó enfitelísis . si vuelven á la iglesia, pueden ena- 
Jenarse libremente ó darse de nuevo en feudo ó enfiteusis (4). 

V. Todas las cosas y bienes en los casos de una gran i^ e- 
ce sidacTuryente , que no da tiempo para acudirán-la Santa Se- 
le^sin grave perjuicio ó daño de la Iglesia , porque entonces 
es lícito lo que ordinariamente no lo es (5); pero la enajena- 
ción hecha de este modo habrá de ratificarse despud«-«dB4as 
debidas solemnidades (6). 

Observaciones. 1.^ Las cosas que se dejan indicadas , pue- 

den enajenarse por jns prelados^ no. ob'itant.fí fíl jurfím^nt^ 

*■ prestado d6 üó proceder á este acto sin- consultar al Bapa > por- 

que este juramento se refiere á la enajenación, proliibida.por 

el derecho (7). _ ^...,=«.,.w, 

doS; e tc., jmfídft dfísHp, luggo gA*^^^^*^"^' r^^"^ lo ^^ procede de 
donación ó manda (8), de venta de una cosa inmueble ó mue- 
ble preciosa con el fin de comprar otras de la misma especie, 
no puede distraerse á otro fin sin las solemnidades canóni- 
cas (9). 



(4) C. XX y Lll, quaest. 2.*, causa 12. 

(2) Cap. Vil y VIII , tít. XIII, lib. III DecreU 

(3) Sghmalzgrueber: Ju5 j^cc/es. umv., ibid, núm. 40. 

(4) Cap. II, tít. 11, lib. III Dccrc/.— Cap. unic. ü't. IV. lib. UI Ex- 
Irav. commun. 

(5) Cap. IV. tít. IV. lib. I Dícrc/.— Cap. IV De Regulis Jar. 

(6) ScuMALZGRUEBER : Jus Eccks. ufíiv., íbid., núm. 42. 

(7) ScHMALZGRUEBER : Jm Eccles, univ. , ibid., núm. 47 y sig. 

(8) PrcBlect Jur, Catión, in seminar. S. Sulpü., part. 3.\ sect. 4.* 
art. 3.% par. 1.* 

(9) SCHMALZGRUEBER .* Jus Eccles. uhív., ibíd., núm. 50y sig. 



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— 387 -^ 

Causas necesarias para la enajenación de los bie- 
nes eclesiásticos.— La enajenación de los bienes eclesiás- 
ticos inmuebles ó muebles preciosos está prohibida ; pero esta 
prohibición no esnbsoluta, y en su virtud hay casos en que 
es lícito enajenarlos. De ellos se pasa á tratar brevemente : 

Necesidad urgente de l a Iglesia , como si se hallase gra- 
vada con una déMa qué'norpudiera satisfacer por otro me- 
dio (1), ó fuese indispensable para su reparación, ornamentos 
necesarios del culto y sustentación de sus ministros. 

Utilidad evidente de la Iglesia (2) , porque la enajenación 
está prohibida para evitar daños á la Iglesia , y en este caso 
la resulta un bien. 

^Piedad, como la redención de cautivos entre infieles (3 ), 
socorro de pobres, construcción de cementerio (4), edificación 
de templo ó necesidades de la nación (5). 

Inutilidad de la cosa , com o si el ca mpo, viña, casa, et c . , 
exigen reparos superiores á sus productos , ó se hal lan á gran 
distancia de otras fincas de la Iglesia, pudieñdocomprarse 
con su p roducto otra más próxima y útil (6). 

Solemnidades qué ñabtán ae observarse.— La ena- 
jenación de las cosas eclesiásticas inmuebles ó muebles precio- 
sas , se permite, si media alguna causa justa , según se deja in- 
dicado; pero es además necesario que se observen las solemni- 
dades prescritas para la validez del acto, y son las siguientes: 

I. El prela do habrá ante todo de tratar con su cabildo so- 
T>re la necesidad ó utilidad de la enajenación ( 7), cuyo acto 

(i) Cap. I . tit. IX, lib. Ilí sexL Decrei.^CA^, I , tít. IV, lib. III Cíe- 
"mentin, 

(2) C. Lll. quaest. %^, causa 42.— Cap. I , tít. IX, lib. III sext. Decret, 
Cap. I, tít. IV, lib. líl Clementin, 

(3) C . XV, XVI y LXX , quaest. 2 . \ causa 42. 
(i) C. LXX , qu.Tst. 2.*, causa 42. 

(5) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles. uhív. , ifi lib, 111 DecreL , tít. XIII, pá- 
rrafo 3.°, núm. 57. 

(6) C. XX, LII y LIII, quffist. 2.*, causa 12. 

(7) C. LII, quaest. 2.», causa 12.-Cap. I, tít. IX, lib. III sext. Decrd. 
Cap. I, tít. IV, lib. III Cl^mentin, 



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— 388 — 

precede al consentimiento del mismo , y se distingue de él 
como el principio del término. 

Este acto preliminar es neceario cuando se trata de iglesias 
que tienen cabildo, bastando con las demás que su rector 
cuente con la licencia y consentimiento del obispo (1) ó vi- 
cario capitular , Sede vaca7hte (2). 

II. Consentimiento de la ma yor parte del cabildo ó corpo- 
ración (3j , porque el obispo y el cabildo constituyen un cuer- 
po para el gobierno y administración de las cosas eclesiás* 
ticas. 

III. "R^i nhígpn Tio/*ft<^íj¡ a fti consp rif.jiYijpnfn HpI r^flKiiHn /ca- 
tedral para enajenar cosas nertenecientes á iglesias inferiQ- 
S'es á la cátedra^ ; pero si dichas iglesias son colegiatas ó con- 
ventuales , la enajenación puede hacerse por su propio prelado 
con consentimiento de su cabildo y del obispo , al cual se halla 
sujeta , sin necesidad de que intervenga el consentimiento del 
cabildo catedral , porque esta solemnidad no se expresa en el 
derecho. " ■^-— •'— 

IV. F^ i»n/>tn^» rio nnQ igiPRia. g^jp i^Q tjftne cahüdo puede 
enajenar las cosas de aouél ^^ Tffín anfi^ri7:apioi)^?Pi^^n>ngpn fi), 
porque el consentimiento del cabildo sólo es necesaria para 
el caso en que la enajenación se haga por el prelado (5). 

V. Si laigl esia^ cuyos b iAn^f^ t^^tnn dfí finfljfínnrsPj sp 
h alla vacante , necesita nombrarse un curador ó defensor por 

^ ""elPapa, si es iglesia catedral . ó por el obispo . si es ig lesia in^ 
ferior (6). 



(1) C. Ll , quaest. 2.', causa i2. 

(2) ScHMALZGRUEBER : Jus EccUs . UTiiv.y ifi lib. IIl DecfeL, lít. XIII^ 
párrafo 4.*, núm. 73 y sig. 

(3) C. LII. quaest. 2.^ causa 12.— Cap. 1. III y VIII, lít. X. lib. U. 
Decret. 

(4) Phillips : Comp. Jar, Eccles.^ lib. IIl, sect. 3.% cap. III, par. 223. 

(5) ScHMALZGRUEBER : Jus Ecclcs, utiiv,, iu lib. UI DecrcU, tít. XIII. 
párrafo 4.®, núm. 82 y sig. 

(6) ScflMALzcRüEBER : Jus EccUs. ufiív., ibid., núm. 88. 



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— 389 — 

VI. Consentimiento dei Sumo Pontífice (1) á menos que se 



trate de cosa legada ó daa a á iglesia^ monasterio , que no 
puede adquirir bienes inmuebles según sus constituciones, ó 
^el caso de una grave y urgente necesidad , que no da tiempo 
para acudir á la Santa Sede (2) , lo mismo que si existe (3) le- 
gítima costumbre en contrario (4), 

Efectos de la enajenación de cosas eclesiásticas. 
Cuando las cosas eclesiásticas han sido enajenadas con arre- 
glo á las disposiciones de derecho , el dominio de ellas pasa na- 
turalmente ^\ que las compr ó ; pero si faltaron los requisitos 
legales , ó alguno de ellos, entonces ha lugar á la anulación 
del contrato y á las penas fulminadas por el derecho contra 
los que enajenan los bienes de la Iglesia. 

Toda la doctrina relativa á este punto puede resumirse en 
lo siguiente : 

I. La enajenación de cosa inmueble ó mueble preciosa he - 
cha mediante causa justa . sin las solemnidades de derecho , es 
nula en el fuero externo ipso fado, p orque las solemnidades 
prescritas por la ley pertenecen á la forma de la enajenación 
. de las cosas de la Iglesia , y el acto es nulo si no se observa la 
forma que da el ser á la cosa (5). 

Cuando se duda si se han ó nó observado las solemnidades 
de ley en la enajenación de las cosas eclesiásticas, y este de- 
fecto se alega en juicio por la parte contraria, habrá necesi- 
dad de probar el cumplimiento de este requisito , puesto que 
se trata de un hecho que no se presume si no se prueba ; á me- 
nos que haya mediado decreto judicial ó conste del consenti- 



(1) Cap. II. tít. IX, lib. 111 sejd. Decret.^Oip, únic. tít. IV, lib. 111, 
.Extravag. commun, 

(2) Scüu ALiGRmBEn i Jtis Eccles, univ., in lib, III Decret.,\iUX\llj 
par. 3.°, núm. 61 y siguientes ; par. IV, núm. H2 y sig. 

(3) Puaups: Comp. Jur, Ec^les., lib. III, sect. 3.% cap. III, párra- 
fo 223. 

(4) ScBMALzoRLEBER : Jus Ecclcs, untv,, ibid. , par» 4.^, núm. 122 y sig. 

(5) Schmalzgrueber: Jus Eccles, univ., ibid,, par. 5.^ núm. i29 
y siguientes. 



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— 390 — 

miento previo del cabildo , ó si ha trascurrido mucho tiempo 
desde que se hizo la enajenación, sin que nadie hasta enton- 
ces la haya impugnado, porque en estos casos se presum^^ue 
se observaron todas las solemnidades legales (1). 

II. Cuando la enajenación se hubiere hecho sin justa causa 
ó sin las solei]flnldfede¿ de la le ^ , lia-tngar a l a acción ^érs^ 

^a¿ contra el preiaao o aammistrador que enajenó malamente 
la cosa , para que resarza de su propio patrimonio el daño 
causado (2) ; y á la acción real contra el poseedor de la cosa 
enajenada para que la restituya, porque se trata de un-aeto 
nulo é írrito (3). 

III. La nulidad de la enaje nación mal hecha puede acor- 
da rse por el mismo que l a hi zo (4), por su supe rior, y en de- 

nfecto de é ste por el sucesor (5), ppr fí^ ^"Hí^^o t ^"" pnsRflft 
t^ piena (O) , y en su defecto^por pin^igm'pr ínHiyi duo del clero j g^ 

la iglesia lesionada , pudiendo á fa ]t.« ^^ ^nH os p^dirsT* pQp I05; 

l egos, feligreses de la ip ^lp.sia , f\ pnii>nn/^<^ ^ of/^ (7j. • 

IV. La petición de nulidad puede_iaíiacse--en.-ciialquifij: 
tiemp o , sin que pueda alegarse de contrario la prescripción, 
si es poseedor de mala fe (8), y aunque las disposiciones del 
derecho parecen absolutas (9) , es indudable que la-posesion 
de buena fe prescribe á los cuarenta años (10), á menos que se 
trate de la Iglesia romana y otras, especialmente privile- 
giadas. 

(i) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles. utiiv., ibíd., núm. 146 y sig. 

(2) C. XVIII, quaest. 2.», causa 12.— Cap. 111, tít. XXI, lib. UI DecrH. 

(3) C. XXXIX, quaest. 2.% causa 12.— Cap. IV, tit. XIII , lib. m 
DecreL 

(4) Cap. VI. tít. XIII, lib. 111 Decret. 

(5) Cap. IV y IX. tít. XIII, lib. III Decret. 

(6) Cap. VI, tít. XIII, lib. III Decret. 

(7) SCHMALZGRUEBER : /t/5 Eccles. utiiv,, tti lib. III Decret, tiit^lU 
párrafo 5.% núm. 155. 

(8) Cap. V y XX, tít. XXVI, lib, 11 Decrel.'-Regula 2.» Jur. tít XII,. 
libro V sext, Decret. 

(9) Cap. II, tít. IX, lib. Ulsext. Decret. 

(10) ^SCHMALZGRUEBER : Jus Eccks. utiiv., ibíd., núiu. 159. 



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— 391 — 

V. La Iglesia g oza del beneficio de restitución in inte- 
grum . cuando la enajenación se ha hecho con las debidas c?5ti- 
^iciones (1) , si ha sido perjudic ada gravemente , pudiendo en 
su consecuencia pedir que se la compense aei aano sufrido , ó 

~la resxiiuclon de las cosas al estaao que ames teman (i¿); por- 
que si la enajenación se ha hecho sin aquéllas , deberá pe- 
dirse la nulidad, no siendo en su consecuencia necesario em- 
plear este otro recurso. 

VI. E l beneficio de resti tuf^^inn in inffifff^m déhe utiliz arse 
dentro de los cuatro años siguientes al acto de la enajena- 
ción , é menos que la lesión sea enorme (3). 

Penas antiguas contra los que enajenan indebi- 
damente las cosas eclesiásticas. — La enajenación he- 
cha contra las prescripciones canónicas llevaba anejas en el 
derecho antiguo las penas siguientes : 

La peri j^i p íqiie había hecho la enajenación , y aquél en 
^^.nyn ffl-trf^yjj^^kífi f^níH^ j^gar ^ inc urrían en excomunión ( 4), 
lo mismo que los que pres taron su consentimiento (5) . que- 
dando depuesto el que enaj enó (6), y los clérigos que no'de^ 
nunciarox^^ate hecho al superior,, suspensos por tres años de la 
percepcj^^'los frutos y rentas de sus beneficios (7 ). 

*^'' ^lyfyi^^ ^ajenó fuese religioso , incurriría ipso facúo en 
lape2^^¿us2en§ÍQii48). 

^Legislación vigente sobre esta materia.— Los que 
enajenan cosas de la Iglesia, incurren actualmente en las 
I)enas siguientes. 

(4) Cap. XI, tít. XIll, lib. III Decrcí.— Cap. I. tít. XLÍ. lib. IDecret. 

(2) Walter: Derecho Ecks. univ., lib. VI, cap. U, par. 248. 

(3) ScHMALZGRCEBER : Jus EccUs, utiiv., in lib. 111 Deci*et., tít. XIII, 
párrafos.®, núm. 467. 

(4) C. XIII, quSBst. 2.% causa 42. 

(5) Cap. VI, tít. XIII. lib. lll DecreL 

(6) C. XIX, quaest. 2.*. causa 12.— Cap. lí , tít. IX , lib. III sext. 
Decret, 

(7) Cap. II, tít. IX, lib. III *ea^. Decret. 

(8) Cap. I, tit. ÍV. lib. íll Clemeniin. 



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— 392 — 

a) Si el que hace la enaienaeion es inferior á obispo ó 
^hflrt I inffiírrfí fín i^Tí^nrnrmifrn lata sententjuB, reservada al 

Sumo Pontífice (1), lo mismo que la persona en cuyo favor 
se hizo. 

b) T.os} nhispns y flh^ft s quedan iyso j ure en tredichos de la 
e ntrada en la iprl^sia^ . y si perseverasen por espacio de se is 

Cmeses en este estado , q uedan suspensos ipso facto de la a d- 
^ni'itríi^^'^^ j ^^^^<^1'nn ¿\(^ ^hq í^jA^ias y monasterio s (2). 

c) Los prelados infe riores , comendatari os y rectores de 
iglesias ^ i r>p hp^^^/^iyjn 'i y ^^^^^ «rTT mniritipnrlO M ' i ¡ i iu ii n Mi 

P.^ f^iVhfl PTp^mnninn y gn^r^fl,]] HnFÍ^"^ privaHnQ jj^^^Q ^ni^f^ 

d e los oficios y beneficios cuyos bienes enajenaron (3), con 
inhabilidad para el ejercicio de los órdenes y para obtener 
beneficios (4). ^_ ,.. 

Causas que excusan de incurrir en diclias penas. 
Los que han enajenado los bienes eclesiásticos no incurren en 
las censuras fulminadas contra ellos en los casos sigmentes= 

a) sj^]gg /^nncfifj^^í^T^pg qiiA las iTnp(;^r>pn se hallan ab - 
r ogadas en sus r P^^ pfírf^ivnS pa^-nr pni» »nrfnmV>rP Pn r^mitr a-^ 

no (5) . 
" ? ! 'ffi Harto de la ftn?,jfíTir^^'^ n no se haconsumado p orme- 
d io delatradicion real y paclficaJ eJQsláenp.s p,clfíf>i¿s5cos(S7: 

"c) L a buena fe del que enaie pn 6 d*=*^ q"^ rfí^j be dichos 
bienes , como si ignorasen que pertenecían á la iglesia ó m o- 
na sterio (7). 

3] üa i gnorancia probable de que estaba prohibi da la 
enajenación de dichos Jüfíne^ , y ^^^^TT^^^ípn (Mmlgniera otrá^cgiv 
sa que los exima ó excuse do- j ificado grav e 

(i) Concil. Tnd., sesión 22, cap. Xl De Reformali 

(2) Cap. únic. , tít. IV . lib.lll Extravag, comnun-. "- "* 

(3) Cap. únic. , tít. IV, lib. ÍIl Extravag. commun. 

(4) Ck)nciL Trid,, sesión 22. cap. XI De Refórmate 

(5) Schmalzgrueber: Jus Eccles.univ.Jn lib, líl Decret., tít. Xlll, 
párrafo5.°.núm. 165. 

(6) ScuMALZGRUEfiER : Jus Ecclcs, univ.y ibid. 

(7) SCBMALZGRÜEBER : JtlS ECCkS. ttMIV., ibid. 



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— 393 — 



CAPITULO III. 

OBLACIONES, PRIMICIAS Y DIEZMOS. 

Acepciones de la palabra oblación en un sentido 
lato. — La palabra oblación tomada en un sentido lato y ge- 
neral expresa toda^ la s cosas muebles ó inmuebles que se 
ofrecen voluntariamente (lepara ei cuno, y comprende los 
diezmos . primicias y el mismo sacrificio. . 

Significa en un sentido menos lato, cualquiera cosa tem- 
poral , que en consideración á la religión se ofrece inmedia- 
tamente á Dios para u so de la Iglesia v sustentac ión ^^ -^"-^^ 
ministros, 

La oblación en este sentido se distingue = 

De los diezmos, porque éstos se deben de iustysia. 

De las primicias, porque é st?^?^ son nnifíamente Ins prima- 
ros frutos. 



Del sacrificio . p^rqp^ ^^ f*n s fl qiifí fifí fíf i ffrífign f i fí rnnñflgrp 
primeramente (2) . 

Oblación en sentido estricto, y cómo se toma aquí. 
La palabra oblación en su sentido estricto es : La cosa ó 
don ofrecido por los fieles al altar iyimediatamente por si ó 
por medio del diácono para que llegue á manos del sacer- 
dote (3). 

La palabra oblación se toma agui^jiorj asjgosas m u ebles^ 
y comprende = 

Las que se ofrecen al altar en el acto de proceder á 
celebración del Santo Sacrificio , como el pan, vino, aceite, 
incienso, nuevas espigas y otras ofrendas que servían en el 
altar ó para el sostenimiento del clero. 

(i) Vecchiotti : /ws/. Canon. , lib. III , cap. I , par. 2.® "^'^^^^^A^ 

(2) ScHMALZGRUEBER : Jus Ecclcs, utiiv. , ¿w lib, 111 Dccret., tít. XXX, 
par. 3.\ núm. 80. 

(3} ScaMALZGRUEBER : Jus Eccks, Ufíiv, , ibid. 






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— 394 — 



d^%r^ 



. ^ Las que se ofrecían fuera del sacr ificio, llevándose á la 
^y ^TOsa nabitacion aei opispo o se depositaban en una arcaTgÜT 



se llamaba CorJona 6 ( ^/^^^^^f'/f^^^'^^-^ >, colocada ctentro dfe 
^lí iglesia ó fuera de la misma en eMugaOEHadSl^afC- 




^'T'^^íT^^iíU/ Las que s e ofrecían por lo s cristianos en las exequias de los 
. y-^^y difimtos ", al recibir los sacramenlói; v eu otros oficios sagnt*^ 

ptp^^'^ ' ~ 

é^ / / Su origen,— Las oblaciones dátair3esde'éUltilJjyilBB-LQ&^ 

Lpóstoles . -j^ de ellas nos hablan innumerables monumentos 
'áe la antigüedad (3). 

Los Apóstoles instituyeron lasj.ga pas ó convites sa^rados^ 
como consecue ncia de las oblaciones ofrecidas áf aftar ja oc 
IOS fieles, porque tomada la parte de pan y vino para el sa- 
Srificio. lo restante de ellas se consu r^i?^ ^n lag ¿gftpft<i <^ <^nn- 
vites comunes de los fiele<^ , y á ellos alude el Apóstol cuando 
dice: Co7ivementi6us ergovobís ínuhum^jam non e^tdomi- 
nicam cm^iam manducare. Unusquisqiie enim^suam ccsnam 
prasumiú ad manducatidüml^M alius quidem esurif, alius 
autem ebrius est (4). ' " '^ 

Ca rácte r de las oblaciones.— La misma palabra obla- 
ciones expresa que eran voiuntai^lH ^rSiff^ue mediase man- 
dato alguno que obligara á los fieles á hacer estas ófrenías; 
per^) ^r y ^,.mal vi stos aquéllos que, teniendo medios ^jr escin- 
díanjis_aJia&^ y por esto IS. Cipriano reprendíala conducta 
dft imn. mii jftr rj¡ <;ta^ qnft nada ofrecía. "" 

San Agustín excita la piedad de los fieíeiTeii' esté Sgirt ido; 
y tomo iba decayendo aquella ferviente caridad de los pri- 
meros siglos , se prescribió á los cristianos que hicieran estas 
oblaciones en ciertos días al menos (5)!""* "^,. -~ ' ^'" ^ 

El mismo S. Cipri ano dice qu5"5B citab an públicamen ífi^ 

(i) Devoti: InsL Canon,, lib. II, tit. XVII, par. 5.° 

(2) Vecchiotti : Insi. Canon. ^ lib. 111 , cap. I , par. 2.* 

(3) Devoti: /n^í. Canon., lib. II , tít. XVII, par. 3.* 

(4) Epist. i.' ad Corínth,, cap. XI , v. 20 y 2i . 
(3) Devoti: InsL Canon., lib. II, tít. XVII. par. 3.^ 



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— 395 — 

en la iglesia los nombres de las personas cuyas oblaciones 
eran especiale s. 

Si se recibían de todos los cristianos.— La Iglesia 
no admitía las oblaciones de todos, p orque éstas, y sob re todo 
las eucarlsticas, signlñcaban la comunión e clesiástica ; y por 
esta razón rechazab a = 

Las que provenían de los pem 'tf.Titfts^ ¿ntpg Hp hgJ2gJl/;^l2-_ 
tenido la reconciliación. 

Las d e los que hahían cs^íñn ftn hf>]»ft]WR, 

Las de los excomulgados y de los que oprimían á los po- 
bres (1). _ "^ ^ 

Las de los pi^^iiV.fvs pp.f*.«.dnrPR ^ j^n siendo tampoco r aro que 
l a Iglesia devolviese las oblaciones hechas por a quéllos que 
^^ abían incurrido <^ fts pnfts p.n hftrftjía (2V ' 

^ La s de los usureros manifiestos . 

Las del deudor, si por estas oblaci ones se imposibilitab a 
para pagar^ 

' " Las de los hijos ^ si se hacían inhábiles po r este medio para 
sustentar á sus padres (g ). 

A quién correspondía la administración de las 
oblaciones. — El obispo era el llamado á administrar y d is- 
tribuir convenientemente las oblaciones hechas en la iglesi a 
ó fuera de ella^ Después de extraer la parte necesaria para 
el culto divino r r p i rtín Irr -^ ^ mt li fT ^if i ri n mnntiTj ];^f j^p jpanas 
6 meses, entre los cl érigos y pobres (4), sirviéndose al efec- 
to del arcediano^ según se déla manifestado en otro lugar (5). 
^ lÉspecies de éstas.— Las oblaciones por razón del lugar 
en donde se hacían, eran de las tres clases siguientes : — unas 
se ofrecían en el altar; — o^t*«<t fíTf ^^ iglt^ia ; — otras fuera de 

(i) Vecchiotti : Inst. Canon., lib. lU, cap. I, par. 2.® 

(2) Devoti : Inst Canon. , lib. ÍI, tít. XVII. par. 3.' 

(3) ScHMALZGRUEBERt Jus Ecclcs. univ,, tn lib, líí Dccret^, ÜL XXX, 
par. 5.^ núni. 92 y sig. 

(4) Vecchiotti : Inst. Canon. , lib. III, cap. I, par. 2.* 
(5} Gap. II de este titulo. 



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— 396 — 

Estas mismas oblaciones se dividen en —espontáneas j 
i) 5 ligatorias , se^i^ n giift sp. hac^^an por mera liberalidad^ óe n 
Cumplimiento de una ley, que las preceptuaba, llamándose ea^ 
éste último caso obvenciones . 

Por razón de su causa motiva.— Unas tenía n lugaF'^n4as 
ftxeqniys f^f> ins Hif^^ptQs.— Otras en IcTrecepcion de los ^f3E> 
■ Centos, ó en otras sapf^^das fuTirtionfij»;. 

Oblaciones que liaii sucedido á las antigfuas.— Las 
oblaciones y obvenciones que han sucedido á las antiguas son 
las siguientes = 

1.° La limosna ó estipendio por la celebración de la Misa, 
que ha sucedido en lugar de la oblación de pan y .vopo , que 
se hacía en un principio al altar para las especies eucarísti- 
cas(l). 

Esta limosna sp. flalpf^. Ala íg-ipgia y (*iftrifynRPn comim, y 
después pasó el derecho de percibirla al saceMotOLJlue. apli- 
caba la Misa por la intención de quien daba la limosna (2). 

Debe tenerse presente sobre este punto , qu e está prohibi- 
ji^¡mjr) rfliPitiP ^^r?í^c^r^{ut*r^^ (x que teuga por objeto un torpe lu- 
'c^3). ^ _ 

2.° El dinero v otras ofrendas q ue se hacen por Tos^fieles 
en i« g íf>-]físifíg, ^«^pilla^ y ftitRpftR p. n donde descantsa'ü"f5tr " 
q uias de santos . ó se hallan colocadas imágenes céíebres^ or ^ 
la fama de milagros i 4). ■■ . 

" TjerQfiho ñ dp f^st^lfl , q ue son los honora TÍo^fjnft giie^en 
HftTRP p.r>|) pintívn Hft [r adm inistración dftl ba utismo, matri- 
moni o . exequias y otras sagr adas fu ^ciqnes . 
, '^STion obligatorias.— L ag_Qblaciones e^ p^gsad aV.éa.gl 
^n cPfy^]Tifln gmi ati nn tnHn voluntarias v libres. 

Las del caso primero y tercero son propiamente obvencio- 
nes , que se deben á los ministros del culto por título de sus- 

(4) Devoti : Inst. Canotí,, lib. lí. tít. XVII. par. 4.® 

(2) BENEmcTO XIV: De synodo diaces,, lib.V , cap. VIII, par. 5.® 

(3) Concil. TrtU, sos. 22, Decret, de observ. etevU, in celebr- 

MiSSíB, 

(4) Vecchiotti : Inst. Canon. , lib. III , cap. I, par. 2.® 



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— 397 — 

tentación y como trabajo extrínseco á las funciones sagra 
das(l). 

El Co ncilio IV de Letran prohibe las injustas exacciones 
jp jy^^ii^ ri^ ir.a Tlf^fig^f*^, Y f*.nndfenft iñ CóAdücta de ios legos, 



f^iip. tfptaTi Ha 5>h^]í r. bajo el pretexto de piedad, la costum- 
igfi ]^i\rift}7 ifi para con la Igle si a, introduc ida por 1a.,piadosa 
devoción de los fieles (2) de ofrecer alg una ft osa á los ministro^ 
del culto en ciertos acto s religiosos. 
'Tíblaciones ú obvenciones"' que pertenecen á la 
iglesia parroqnial.—Pertenecen á la iglesia parroquial= 
a) Las oblaciones propiamente tales que los fieles deposi- 




braciondelas nupcias ó funerales, por las luces, asiento s, ^^^^^ 

catafalcos y ornato , que suministra la fábllca de la iglesia . ^C^^i.-^^^£%.^..^ 



d) 
un fin especial (3V 



Todo lo que so ofrece en la iglesia sin d ft*>ignfto.inn jjñ /< 



-^>2^/?— 



1 1 nu caucoiai loi. (\ 

Cuáles corresponden al párroco.— El párroco tiene y)^n£Jv'T%^ o^ 
derecho = ""'•ír^ /í /'"^ 

a) A las oblaciones de cera ó dinero oue se, bafíp.Ti al altar cLe^-^t^^ 

en el act o del ofertorio , (//í /^^^ 

^77 Alas que por costumbre ó estatuto diocesano se hacen 
con motivo de las nupcias, funerales y otros derechos de es- 




c) A jos estipendios para Mi sas y otros oficios que él haya 
celebrado. 

d) A lasque tienen lugar por las am onestaciones y parti- 

fJRg <^^(^mmftnf.nlAQ (4). — ^ 



(1) Pralect.Jur, Canon, insemin. S. SulpiU part. 3.*. sect. 4.% 
art. 2.^,pár. 2.^núm. «8i. 

(2) Cap. ÍX y XLII , tít. 111, lib. V Decrel. 

(3) Praled. Jur. Canon, in seminar. S. Sulpit., part. 3.*, sect. A.\ 
art. 2.», par. 2.°. núm. 583. 

(4) Pralect. Jar. Canon, in seminar. S. SulpiL , part. 3,', sect. 4.*, 
art. 2.', par. 2.°, núm. S83. 



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— 398 — 

Oblaciones ú obvenciones propias de los demás 

clérigos.— Pertenecen á estos = - ■- 

Las objaciones hechas con motivo del ministerio personal 
de cada uno de ellos, como en las — exequias — c elebració n 
de la Misa — predicación de la divina pq.lal ; ) ra. etc. 
'^A quién corresponden las oblaciones hecba^ -«ér^ 
ciertas imágenes ó determinados santuarios.— Las 
oblaciones hechas á ciertas imágenes milagrosas, ó en deter- 
minados santuarios deben emplearSfe c on arreglo ¿ la inten- 
ción de los oferentes , y si ésta no constaTen la fábrica del e df 

fiClO, Of Pfn]fíp^,f^gf ftnngf^rYft/^iQTi y ftiiT^fi^tn Hftl culto divm^ 
e n dichos santuario s (1) * 

Si no hay necesidad de las indicadas oblaciones "pffa los 
objetos expresados podrán emplearse por la autoridad compe- 
tente en otros usos , y prn'^T^^fí^fíTit'^ ^^ r'*"^'^'^^^^ ^.omun de 
la Iglesia (2). 

Autoridad del obispo con respecto á esta mate- 
ria. — T/is obispps, como autoridades superiores y ordinarias 
en sus respectivas diócesis , ti enen el deber de apro bar y esta- 
blecer e l modo de hacer las^laciones.E l Concilio de Letran 
lt>s autoriza para conocer en estas materias y distinguir en- 
tre las costumbres laudables y las injustas exacciones (3), so- 
bre cuyo punto dicta sabias instrucciones el Concilio de' íren- 
to (4), pudiendo resumirse toda la doctrina canónica acerca 
de este punto en lo siguiente = 

a) Que no se comprometa á los. fiel es on gO i f i t o fi snpd cfluos 
para la celebración de funerales y matrimonios . porque esta 
serla una exacc ionl>rohibida por el Concilio de Trent o. 
' 7) Qu eno se^ija sinolo qu e se halla determinado por 

(1) ScnMALZGEUEBER : Jus EccUs. Univ., in líb. III Decret. , tit. XXX, 
par. 5.% núm. 95. 

(2) Cap. II . tít. XI , lib. III Clementin.-'Concil. Tríd. , sesión 22, 
cap. VI De ReformaU 

(3) Cap. IX y XLIl . tít. III , lib. V Decret. 

(4) Sesión 22, De observ. el evitando in celebreU* Missm, 



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— 399 — 

ley 6 legitima costumbre ; porque lo contrario serí a un torpe 
rucro prohibido por el mismo C oncilio. 

c) Que se observen con puntualida d los ritos y ^yemo- 
ni as , y se cumpla lo estipulado en cuanto ai nSmero d e 
presbíteros y clérigos inferiores que hayan de asistir al acto 
iHh^lUUiJTt 

Si podrá disponer de las oblaciones heclias & 
xina iglesia en favor de otra.— El obispo no debe dispo- 
ner de las ob laciones hechas á una iglesia para emplearla s 
en otras ; pero habrá casos en que le sea lícito dividir dichas 
oblaciones para atender á las necesidades d e parroquias po- 
bres que carecen d e lo absolutamente necesario, si no tienen 
o tro medio para sacarlas de e ^tr^ a-nguRtinfin gitn5| ^cion ( 2), '^ 

Primicias, y su origen. — Se entiende por primicias: ¿/ y^ ^^^^ 
Los primeros frutos de los campos , viñas , huertos , árboles, ^ ^.-x.^-?^^ 

y de los animales que se debían abonar en la ley antigua por — - ^ / 

precepto divino (3). / ^^^^^.-^^^^ 

El origen de las primicias se halla en la ley mosaica ^ que ^ 
prescribía al pueblo hebreo ofrecer los primeros frutos in- ^ ^ 

mediatamente á Dios en acción de gracias por los nuevos 
frutos recibidos de la divina Providencia, y servían para 
la sustentación de los sacerdotes y levitas ^ según el mandato 
d ivino. 

La ley evangélica nada dispone sobre este punto ; pero los 
fieles acostumbraron á ofrecer espon táneamente las primicias" 
de los fr utos desde el principio d^ la Iglesia , cuya piadosa de- 
voción re ^nTnp.pfJRrpTi \^^ ^flr>^^«? r^'^'^fí^ (¿lir^ — 

Si los cristianos vienen obligados & satisfacerlas. 

(i) Prcelect. Jur. Canon, in semin. S. Sulpit , part. 3.', sect. 4.*, 
art. 2.% par. 2.', núm. 582. 

(2) Pralect. Jur. Canon, in semin. S, Sulpit,, ¡bid., núm. 586 y 
siguientes. 

(3) Exod. , cap. XXIII, v. 49.— iVumer. , cap. XVllI . v. 42 y sig.— 
PetUeron.j cap. XV, v. 49 

(4) PralecL Jur. Canon, in seminar. S. SulpiL , part. 3.^ sect. 4.*, 
art. 2.^, par. i.\ núm. 579. 



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— 400 — 

Las leyes mosaicas fueron abrogadas por la ley evangélica, 
y de aquí que no pueda fundarse en ellas el precepto de las 
primicias ú oblaciones de los primeros frutos respecto á los 
cristianos. 

T.og ^^^,^nnpc np^f^Mii cos (1), las constitiiciones apostóli- 
cas (2) J los cánones Tiif^.ftT ios nrAhig-ng hn/rpn mf^]TC Íon de las 

/ primicias^ como ley obliga tnrí^. A los írri<^tianos (3); pero su 
autoridad es muy dMflosf^ y ^^^^ fi«^^nt7Q-nT«noV»n más dé^la cos- 
tumbre entre los cristianos de ofrecer á Dios los primeros fru- 

tOSe ntestimonio dfí f]U g-i'Q^i>"r^ y rnrtnnnf*imiPrtf.n . 

C Ésta piadosa y general costumbre entre los fíele s fué ele- 
vada á ley po r las sanciones canónic as (4), gng pon p1 tip.mpQ 
cayeron en desuso por costumb re? r.nntrnriiii nn rn^ii todas par - 

*Tes ; de modo que l os fieles no están en la obligación de satis- 
mcerias^n la actuai iaad, y sólo afectará este j ebeTXlos que 
Vivan en país es en donde dicha ley siga vigente JST. *^ 

--rDl^Zmos , y su origen. — La palabra decim(B (diezmos) 
significa la décima parte de cualquier coIáT, y pueden definir- 
se: La parte de frutos ó productos que se pagan á la Iglesia 
para el sostenimiento del culto y sus ministros. 

Se dice que son la parte de frutos, etc.^^gorquejio^iempre 
es la décima partft . sino qi|ft p.s mayor ó menor de aquélla, 
cT^egun las d iversas costumbres de los lugares ó países (6). 

' El texto bíblico hace por primera vez mención del diezmo, ' 
c uando Abraham ofreció al sacerdote Melquised ech la décima 

yes (TliJg Jacob hizo voto de ofrecer al Señoría decinia par^ 



(i) Cánones 3.° y 4." 

(2) Devoti : InsL Canon,, lib. lí, tít. XVIÍ. par. 4.* 

(íL.Vecchiotti ; /íiál^üono^^Jili. Ilí^^ep. I , par. 4.®- 

(4) C. VI, dist. 32— C. LXV, quaest. 4.*. causa Í6.-C. I , quffist 7/. 
causa 46. 

(5) Schmalzgrüeber: Jus E celes, univ. inlib. III Decret., tít. XX>r 
párrafo S.*», núm. 82. 

(6) Vecchiotti : Insl. Canon., lib. III. cap. I, par. 3.' 

(7) Génesis, cap. XIV, v. 20. 



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— 401 - 

te de los frutos ó bienes que adquiriese en Mesopotamia (1). 

Esta practica religiosa de los citados patriarcas fué des- 

pues ley prescrita por el Señor á sus descendientes , como se 
Ye en las palabras siguientes: Omnes decime tetra , sive de 
Jrugíbus , sive depomis a/tborwm , Domini sunt... Omnium 
decimarum boviSy eúovis, et caprm... sancti/ícaditur Dami- 

La ley evangélica prescribe á los fieles que suministren lo 
necesario para la vida á los ministros del culto , pero no man- 
da en concreto los diezmos (3). 
Sus especies. — ^Los diezmos se dividen en = 

Eclesiásticos^ y son los que se pagan á las iglesias y al 
clero. 

Profanos , que so n los tributos impuestos en otros tiem pos 
por los señores temporales ¿ los predios de sus subdito s. 

Los diezmos eclesiásticos se dividen en = 

7)rdinarios , y son l os que se pagan en tiempos ó é pocas 
determinadas . T j te un modo estahlft . dft los frutos de la tierra 
y utilidades ó lucro de las personas . 

Extraordinarios , que sonl os impuestos por el Sumo Pon - 
tifice e n ciertos casos (4). 

tos diezmos eclesiásticos pueden ser = 

Espirituales , que otros llaman meramente eclesiásticos, 
y soq los quft c^psftfvando su naturaleza y estado primitiv o, 
s e abonan á los ministros de la Iglesia como estipendi o por las 
fSnci ones espirituales que ejercen ^njTovp^^Ho dftlosggTggr- 

Temporales , y son l osj[ue habiendo sido esta blecidos pri- 
meramente para el sostenimiento de los ministros del culto, 
fueron separados del título del oficio espiritual po r autoridad 
del Sumo Pontífice 
Jítulo.- 

(1) GéiM$ÍB , cap. XXVin , ▼. 20 y sig. 

(2) LevUico , cap. XXVII , v. 30 y sig. 

(3) Devoti : Jnst. Canon., lib. II, tít. XVI, par. 2.* 

(4) Cap. II. tít. Vni,lib. IIlC/eme««w.— Cap. únic, tít. VII, li- 
bro III^ Exíravag. commun. 

TOMO III. 26 



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— 402 — 

Estos diezmos se conocen comunmente con el nombre de 
diezmos laicales. 

Cuando hay duda acerca de la clase á que los diezmos per- 
tenecen , habrá de considerárseles como m eramente eclesiás- 
ticos , p orque este es su título primitivo, cuya mutación como 
odiosa es necesario probar (1). 

Los dieinnos espirituales ó meramente eclesiásticos púa- 
den ser= 

Prediales, gnApivuyHpr^ ^a ing fnitns^^ la ji erra, 6 pro- 

PerSOTialeS , que prn^ÍPT^pTi Hp. i» pP.rgnTm y Hft ^^^ JTiHngfijft, 

como de la milicia , nfígorín^ínTi^ ^.rt;».^ etc. (3). 

Mixtos , que ¡rrnrnflen fS 1» \vz f^^ los prfíd' os y de las per- 

cATing p.nmn 1n«; fr^lffíg ^^ ^^g ^"^'T^ftlfíí? i ^^ ^^Ua , queSO, ICChe. 

uos diezmos prediales se dividen en= 
Mayores , v son 19^ ^]]p fíp p °gan dftl trig^jjwy^t^ 
Menores , dándose ^« ^te nombre á los gug^ provienen de los 
frutos de huertos, et c. 

mies-,' ii T ^ r^Ti fí ^ 'i'^' if^r.fi-/ír. p^.^p;.^ ^ 1^^ .^^^g g ^ p^goTí 
dft IflT tiftrra á prifidio rp.^nmrln Hp. miP.vo 4 ftnltiyi^(4V ^, 

5i*son obligatorios á los cristianos.— El derecho di- 
vino prescribe á los cristianos que suministren á los minis- 
tros de la religión lo necesario para su congrua y decente sus- 
tentacioü i fté^oJio. determina la forma y modo en que ha d e 
verificarse , lo cual quedó al arbi trio de la Iglesia (5). 
* Esto no obstante , muchos canonistas creen que el diezmo 
es de derecho divino en la ley evangélica en cuanto á los pre- 
diales , y de derecho eclesiástico respecto á los personales, 

(1) ScHMALZGRUEBER : Jtis Eccles. utiiv,, in lib, in Decret,, tít. XXX, 
par. i.®, núm. 3.' 

(2) Vecchioti : Inst. Canon,, lib. III, cap. I, párrafo 3.® 

(3) Cap. XX. tít. XXX, lib. UI Decret. 

(4) SCHMALZGRUEBER : Jus Eccles. univ., in lib. UI Decreta, tit. XXX. 
párrafo 4.®, núm. 31. 

(5) Dkvoti: Inst. Canon., lib. U, tít. XVI, par. 2.® * 



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— 403 — 

fundándose al efecto en varios textos del derecho (1), y aun 
del Evangelio (2). 

Para resolver con acierto esta cuestión habrá de tenerse 
presente que Ips diezmos dftbid ps ^ los pip r i f a pfw , p iip.flfti^ (;^(;>n- 
siderarse materialmente , ó e n cuanto á su susta ncia ^ sejrun 
^ilé 5ÓÜ la sustentación necesaria de los clérigos (3) ; y formal" 
i /tente en cuanLu á su delef minacion ó cierta cuota, como lo 
es la décim a, pa^tñ dft Iqj; fmtoj;. 

En el primer sentido son de derecho natural y divino po- 
sitivo , y en el segundo de derecho eclesiástico (4) ; así que los 
primeros fieles no pagaban diezmos, ni la Iglesia los prescri- 
bió, porque el clero vivía de las oblaciones que los fieles ofre- 
cían espontáneamente á la Iglesia para el sostenimiento del 
oculto y sus ministros, bastando aquéllas para cubrir estas 
-atenciones. 

Cuando decreció entre los fieles el fervor de los primeros 
cristianos, las oblaciones voluntarias no bastaban para aten- 
der á las necesidades del culto y sus ministros , y entonces los 
padres de la Iglesia exhortaban álos cristianos á (\Qnti;í)^uir 
con'la décima parte de los frutos para estas atencionQs. 

La doctrina sobre los diezmos se afianzaba en el pfliufipio 
de que todos están obligados en conciencia á contribuir con 
' la décima parte de sus rentas al culto de Dios , que bendice el 
sudor del hombre ; al alivio de sus semejantes y á la prospe- 
ridad de los establecimientos de utilidad pública; objetos 
todos nobles y más dignos de esta prestación que ningún 
otro (5). 

Las exhortaciones y razonamientos con que los Santos Pa- 

(4) Cap. XIV. XXV y XXXIII, tít. XXX, lib. III Decret.^C. LXVni, 
qusest. 4.*, causa 16. 

(2) Matth.: cap. XXIII, v. 23. 

(3) ScHMALZGRDEBER : Jtis Ecclcs. utiiv. tu lib. III DecreL, tít. XXX» 
párrafo 4.^núm.7.® 

(4) Sto. Tomas: Summa Theolog, secunda secund., qusest. 87, ar- 
tículo 4.® , 

(5) Walter: Derecho Ecles. univ., lib. VI, cap. I. par. 242. 



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— 404 — 

dres excitaban la piedad de los fíeles para pagar los diezmos, 
no revistieron carácter obligatorio ; pero en el siglo VI y si- 
guientes se dieron disposiciones en este sentido por yaríos 
concilios particulares, como el II de Macón celebrado en 585, 
Cabilonense II (Chalón) y Mogü'ñtmo en 813 (1) , que llega- 
ron á ser leyes generales de la Iglesia , y como tales obliga- 
torias á todos los fieles. 

De qué cosas se ban de abonar , y cómo.— Sobre este 
punto habrá necesidad de atenerse á las costumbres de cada 
país ; pero según el derecho común se debían los diezmos de 
todos los frutos y productos anuales de la tierra ó industria 
del hombre (2). '^ — 

Los diezmos prediales debían abonarse íntegros (3), y los 
personales , deducidas las expensas ó gastos hechos (4) , por- 
que los diezmos personales se deben del lucro obtenido, y no 
se considera lucro sino lo que queda después de deducidos los 
gastos ; á diferencia de los prediales, en los que se llama frato 
todo lo que nace de la tierra. 

A quiénes compete el derecbo de percibir los 
diezmos. — Este derecho compete á los párrocos , pero puede 
adquirirse por = 

Colación d icnio^ de un bene^cio curado^ porque éste tiene 
siempre anejo el derecho de percibir diezmos. 

Privilegio apostólico , en cuya virtud podrá competir éste 
derecho á las iglesias, monasterios, santuarios, personas 
eclesiásticas y seglares. 

Donación de los legos, mediante consentimiento del obispo. 

Venta ^ porque este derecho, separado del título espiritual, 
puede trasladarse de una iglesia á otra, mediante justa causa 
y las solemnidades de derecho. 

Permuta de los diezmos de una iglesia con los de otra. 

Transacción ó amigable composición. 

(4) Walter : Derecho Ecles. univ,, lib. VI, cap. I, par. 242. 

(2) Cap. VI y XXÍ, tít. XXX, lib. III Decret. 

(3) Cap. Vil, XXI. XXII , XXVI y XXXIII, 4ít. XXX, lib. III Decret. 

(4) Cap. XXVIII, tít. XXX, lib. lll Decret. 



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— 405 — 

Infeudacion j prescripción (1). 
Modo de eximirse de esta obligación.— Como los 

diezmos son de derecho eclesiástico en el sentido que se deja 
explicado, de aquí que los particulares pueda n quedar exen - 
tos de este gravamen , 6 sea dfti (Mimpiimiento de la ley, en 
los casos siguientes .' —privileg io— cos tumbre — pre scripción , 
aSipiBIecompQsidQUT^^ 



'éñas contra los de&audadores de los diezmos. 

lios que faltan al precepto de pagar diezmos, ó los usurpan, 
incurren en un gravísimo pecado de injusticia (.^} — dehe ex 
comulgá rselos (4)— s e los priva f^fí f:ftpnif.nr5>^ APtift&iiij^tj^jt (5)_ 
SsionTde oficio y beneficios respecto á los religiosos que 
faltan á esta obligación . debiendo además excomulgarse * 
l os (6). 

jíaffertencia. — ^Los diezmos y los demás bienes eclesiás- 
ticos pasaron á manos de los legos en gran parte , merced 
¿ los ruegos , poderosas mediaciqnes , decretos reales ó impe- 
riales y enfeudamientos por parte de los mismos obispos (7), 
quedando el clero , y sobre todo los párrocos , sin los medios 
indispensables para su sostenimiento y el del culto (8). 

La Iglesia reclamó contra estas escandalosas usurpacio- 
nes (9), procuró volver los diezmos á su primitivo destino, ex- 
cluyéndolos del comercio de los hombres por la naturaleza 
esj^ritualdesu institución (10). Muchos legos continua- 

(1) Saiuki2GK0EMm:JmEccles.univ.,inlib. IJI Decret., tit. XXX, 
páp. 2.* 

(2) ScHXALZGRUBBER : Jus EccUt, univ.^ íbld., par. 3.* 

(3) Cap. XVII. tít. XXX, lib. III Decret. 

(4) Cap. V. XXI y XXVI, tít. XXX, lib. III DecrW.— Cap. II, tít. I, 
lib. II Clementin.'^Concil. Trid,, sesión 25, cap. XII De Reformat. 

(5) Cap. XIX, tit. XXX, lib. lU Decret. 

(6) Cap. I, tit. VIII , lib. UI Clementin. 

(7) Walter : Derecho Ecles, untv., lib. VI , cap. I , par. 243. 

(8) Dkvoti : InsU Canon,, lib. II , Ut. XVI, par. 8.' 

(9) C. III, quaest. 2.', causa 16.—^. I y III , quaest. 7.', causa 46. 
(10) Cap. XVII, tít. XXX, lib. III JD«crrf.— Cap. VII, tít. XXVI, lib. II 

l>ccret-^p. IX, tíL XIX, Ub. m Decret. 



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— 406 — 

ron á pesar de esto disponiendo á su arbitrio de los diezmos. 
El Concilio III de Letran prohibe á los legos a dquirir nue- 
Yos diezmos, trasmitir los que poseían ¿ otros legos^^ ^lg^ 
Cace entend er que no pueden retener los diezmos sin p eligro 
dg jus alma s. 

'""'Porfin , se toleró á los legos que poseyeran en feudo los 
diezmos adquiridos con anterioridad al Concilio III de Letran, 
y se consideró que podían conservarlos lícitamente (1). 

J^o^P.^nrinR hitn fíftf;Rpft^fto.idf> f.n todas part^^ bien por 

costumbre en contrario , ó bien por medidas violentas del po- 
der civil que la Iglesia ha legitimado , atendiendo al bien es- 
piritual de las almas, y por esta razón no he descendido en el 
examen de esta materia á sus últimos detalles ; pero se dejan 

CAPÍTULO IV. 

OTROS BIENES Y RENTAS DE U^ J.GLESIA«- , 



Bienes poseídos por la Iglesia en los tres prime- 
ros siglos.— Los bienes que poseyó la Iglesia en los tres 
primeros siglos y durante la horrible persecución de que fué 
objeto , fueron principalmente cosas muebles, que podían 
ocultarse , distribuirse y trasladarse fácilmente de un punto á 
otro (2). 

Es también indudable que n o careció en aquel tiempo de 
bi enes inmuebl es , siquiera fuesen escasos, lo cual consta por 
datos irrecusables de la antigüedad , y entre ellos sólbltaré 
mención de los siguientes : 

El decreto dado por Alejandro Severo en fáVóí "díJlíJg'^ris- 
Ijianos que habían ocupado cierto predio , reclamado después 
por unos hosteleros (3). 

(1) Devoti : Inst. Canon., lib. 11 , tít. XVI, par. 8.* 

(2) Selyagio : Insi, Canon., lib. li, tit. XVI. 

(3) Vecghiotti : Inst. Cañan. , lib. 111, cap. I, par. 7.* 



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— 407 — 

El mandato del emperador Aureliano con motivo de la 
resistencia de Paulo de Samosata al decreto del Concilio de 
Antioquía, que le ordenaba salir de la casa de la iglesia , dis- 
poniéndose por dicho Emperador que la casa se entregara á 
quien ordenasen los obispos italianos y el obispo romano de la 
religión cristiana (1). 

La ley dada por Constantino y Licinio en 313 , que dice: 
Omnia ergo quia ad ecclesias recté visa fuerint pertinere^ 
sive domus acpossessio sü, sive agri, sive Aorti, seu qua- 
cumque alia nuUojure quodad Dominum pertinet imminu- 
to , sed sálvis omniitcs aúque integris manentibus, restituí 
jubemus (2). 

Estos hechos son una prueba concluyente de que la Iglesia 
poseyó en los tres primeros siglos, casas, predios, huertos y 
otras clases de bienes inmuebles. 

Adquisición de bienes inmuebles por la Iglesia 
desde la paz de Constantino. — La Igles ia adquirió con- 
siderables bienes inmuebles des pués que C onstantiri p dirtl$ 
paz a los cristianos , y de ello da testimonio una ley del mis- 
DK) , en la que se prescribe : Ut eorum /usreditates, qui pro 
Ohristo martyrium, mortem, exilia^ bonorum proscriptio- 
nem passi fuerant , vel ipsis redintegrarentnr , ve I eorum 
prommis , aut si proximi essent nuUi , Ecclesia. 

Otra ley de Constantino permite y da omnímoda libertad 
para hacer donativos ala Iglesia. Habeat, dice, unusquis* 
que licentiam sanctissimo catholica Ecclesice concilio dece- 
dens, bonorum quod optaverit relinquere (3). 

Medios legítimos utilizados en su adq[uisicion.— 

-iajglesia^ como sociedad perfecta, distinta éjad^pendiente 

del Estado , t enia perfecto derecho para adquirir tod a clase 

de hienas por los medios llcit osque se reconocen entre los 

(i) THOMAssmo : Vetus et nova Eceles, discip., part. 3.*^, lib. 1, 
cap. ni, núm. 4 
(2} Thomassiko : Vetus et «lov. Eccks. discip, , ibid , núm . 3. 
3^ SfiLVAGio: Inst. Canon. . lib. II, tít. XVI. 



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— 408 — 

hombre s; y desde el momento que se la hizo justicia por los 
poderes civiles , no poniendo obstáculos en su marcha » s^^ 
mentó sus bi enes extraordinariamente por distintos copcep - 

Jkos , de ios que paso á tratar brevemente. 

Bisposiciones dictadas por los emperadores ea 
este sentido.— Los emperadores cristian os dispusieron q ae 
se d iera á la Iglesi ft ftjftrta (rfl.nt.idRd d e dinero del erario^piP 

'^ blico , y si bien Juliano el apóstata anuló esta ley, Marciago 

"Ta resta bleció en todo su vigor flV 

"" La Iglesia adquirió también algunos templos de los genti- 
les y sus rentas por la liberalidad de los emperadores, y de 
ello hace iñehcion el emperador Marciano (2), el cual man- 
dó igualmente que las iglesias poseídas por los herejes , y sus 
rentas , se entregaran á la Iglesia católica. 

El emperador Justiniano ordenó , que todos los bienes de 
los clérigos ó monjes que habían vuelto á la vida privada, 
se entregaran á las iglesias ó monasterios abandonados por 
ellos (3). 

Donaciones inter vivos. — ^Las leyes civiles reconocieron 
á la Iglesia su perfecto derecho para adquirir toda clase de 
^íftnftj;, y fjpf^^^ ogno^ mom ento empozó á obtener donacio nes' 
dp los fiftles ; pero los obispos no aceptaban las donacionestBF^ 
discretas , ó sea aquellas en que pudie ra perjuaif arsfí ^ ^T^ 
áHesce ndientes legítimos ae ios donante s (4). 
^ j^onaciones causa mortis y con motivo del clericato 
y monacato. — ^Las donaciones h echas por última voluntad 
á las iglesias ó causas pías son váliaSti ^ aun (suaiidu el tebt g^ 
ment ó carezca de los debidas s f^iftTT^pí<^«^p>g (fi) . .. 

Tiene el derecho de sucesión en los biene » ^,^1 Mp.rígo (P 
monje que muera intest^^ o y sin h, firft firrni ,lif¡binfTí!frrfí!jii^^ 
c arse sus bienes á la iglesia ó monaste i'if^ f^r\ cf\¡fí nnrtifntit par 

(i) Devoti : Inst. Canon., lib. II, tít. XIII. par. 4.° ^ 

(2) Selvagio : Imt. Canon, , lib. II, tít. XVI. 

(3) Selvagio : InsL Canon. , lib. II, tít, XVI. 

(4) Selvagio : Inst. Canon, j lib. II, tít. XVI. 

(5) Cap. IV y XX, tít. XXVI, lib. lU Decret. 



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— 409 — 

la presunción d e que eran mirados con esp ecial^fPr<*to pnr (\u 
SsjMDioBJes (1). "^ 

La Igleslaaomentó considerablemente sus bienes con las 
donaciones que hacían á las iglesias y monasterios las per- 
s(mA3 ricas que ingresaban en el clericato y monacato , no 
menos que con las herencias de los monjes, las cuales pasaban 
á susjespectivos monasterios, por el principio de que todo 
lo que adquiere el monje es para su convento ó monasterio. 

Adquisiciones debidas á su eoonomia é indus- 
tria. — Las principales adquisiciones de la Iglesia fueron 
debidas á^la economía con que se vivía ^or el clero, á su bu e- 
na administración y á la cultura de. terrenos improducH^ 
vos, convertidos con su trabajo é industria en fértiles campí 
ñas (2). " -** ' — — * 

Sigrnificado de la palatoa precaria, y su definí- 
cien.— La palabra precaria procede de la latina precaria ó 
precatoria , porque pra la súplica ó rue^o de una perso na que 

Se entiende por precaria: Un contrato real, por el que ac- 
cediendo i las preces de una persona^ se la concede el uso de 
una cosa echiUitica inmueble, bajo la condición dejue la 
cosa "ouelva á la Iglesia con sus mejoras después de Affiez^^ 
trascurrido el tiempo estipulado. 

Origen de las precarias.— Las precarias traen su orí- 
gen de la famosa victoria alcanzada por Clodoveo , rey de los 
francos^ en la llanin^ a dft Tol biac (Zulpich), contra los alema-" " 
nés. Los fleles , en prueba de su gratitud y reconocimiento 

pm'l^ ^'^ffigT^*^ twnnfn ^ iíaViiHa k .IPRiiriristo yi^As que á laS 

SfmasTofrecieron todos sus bienes á la Iglesia; p ero ésta 
copcedio a ios oierentes ei usufruc to de ellos por toda sU vida 
paia que pudiesen a renaerá sus necesidades (4). '^ 

117 Vecchiotti : ImL Canon. , lib. III, cap. I, par. 7.* 

(2) VÍBCcaiOTTi : Inst. Canon. , lib. IIl, cap. I, par. 7.* 

(3) Concil. VI de Toledo, canon 8.« 

(4) ScHVALZGRüEBiR : JusEccks. univ., in Ub. Illlkertí., tít. XIV, 
párralo 2.% núm. 25. 



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— 410 — 

Su materia, sujeto y causa eficiente.— Sólo las co 

sas inmuei^ift g y frnr>tifer?^«f fl) q ue se hallan en poder y pr¿ ^ 
piedad de la I glesia , ó qne se han ofrecido á ella bajo cond i- 
c ión de que el oferente puede tener s \\ "«^ p^i* c.mrin ^ i'^ijft. 
^^rminado ti empo . son obíeto 6 materia de este co ntrato. 

precarias yueden concederse á clérigos , monjes y 
legosjg). 

délas pr ^nifl^ ^'g^^^lftffi ^W) Ins ^^^'°r^fl, *>ba desTetc. , pue- 
d^n< m miulfii |IITM fiiinw (3). 

Tiempo 7 motivo para concederlas.— Las prec&rías^ 
podían concederse pf>y ^^^« ^^ ví^a (^ \^^ ^^ tiem po que sé es- 
tipulase , debiendo en t^ ^ Tífi*^^ i»ATinvnrQP /^n^<^^ cíncQ años. 
^ La concesión de las precarias tenía lugar, cuando se espe- 
raba alp up c.p|i*Trí/»í^ Ao. ''qn^l Qpf^ las RolííM'tRhÁ, otnr^Andosp. 
gratuitamf.ntft 6 cfín r^afit^Trru flp una, ppnsjgnjg^ ur de Iff 

^glfífii> in^ ^°'' r.nnrifíflí" 

Causa 7 solemnidades necesarias.— Como las preca- 
rias envuelven una especie de enajenación » no pueden conce- 
HftTsftRiTK;^ inftHijq ite causa justa y las solemnidades de dgire - 
'c EoT con arreglo á la doctrina consignada en este título; pero 
'Tn todo caso resulta que fué uno de los medios utilizados por 
la Iglesia para el aumento de sus bienes inmuebles. 

Feudos 7 regalías.— &e entiende por feudo : La ctmee- 
sion libre y perpetua de una cosa inmueble ó equif>alente i 
ella, por la que se trasfiere á otro el doMíhio útil, bajo la 
obligación ¿e fidelidad, y servido , Sdé prestar alffún obsequio 
personal. 

Se hace caso omiso de las muchas cuestiones propias de 
este punto (4) , puesto que se trata aquí de esta materia con 
el único objeto de manifestar que la Iglesia adquirió también 

(i) C. IV, qusest. SL\ causa 10.—^. LXI, qu©st. 1.% causa 46. 

(2) Concil. VI de Toledo, canon 5.<»— C. LXXII, quaest. 2.», causa 41 

(3) Schmalzgrdeber: Jus Eceles. univ., ib¡d.»núm. 28. 

(4) ScHMALZGKUEBER : Jus EccUs. uñiv., U)id., tít. XX. 



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— 411 — 

feudos , y en este concepto jurisdicción temporal ó civil , como 
inherente á aquéllos. 

Fundaciones, y cosas que las constituyen.— Las 
fulidaciones ó causas pías son: Ciertas di^poHciones en las 
que se hace donación de %na cosa temporaljí ^.^ instituto ecle- 
siástico , con la obligación de cumplir ó prestar anualmente 
ciertas funciones sagradas. 

Los elementos constitutivos de una fundación son los si- 
guientes : ~ r , 

Peculio y su asignación estable ¿ cierto fin éclesi ástico¿^_ 

Persona jurídica , ó sea la Iglesia , en la cual existe éTdo - 
minio y con obligación de cumplir el fin del legado pío. 
' Péfgóna 6 péi^son as que percibéú IftS Utilidades de la fun- 
dació n y satisfacen ó cumplen sus cargas (1). ^^^ 
BU aceptación, y por quién.— La erección de una fun- 
dación requiere de necesidad el consentimiento ó. acepta ción 
de los administradores, porque reviste la naturaleza de un 
contrato, y éste se perfecciona por el mutuo consentimiento 
de las partes interesadas; de aquí resulta , que si la donación 
se hace por acto ínter vivos , puede revocarse por el donante 
antes de su aceptación, y se rescinde si muere cuando aún no 
se ha aceptado (2). 

Es además necesario que i ntervenga el consentim iento 
del obispo , si se trata de una iglesia ó corporación eclesiás - 
tica, ó del prelado regu lar^ si la fundación se hace e n gracia 
d e una comunidad reli^osa, porque el buen orden y las san- 
ciones canónicas prohiben que se acepten las fundaciones sin 
consentimiento de las autoridades eclesiásticas encargadas 
de vigilar , á fin de que las iglesias ó corporaciones no se gra- 
ven con fundaciones que no pueden cumplir (3). 

(1) HüGüEmiv : ExposU. meth. Júr. Canon, pan special., lib. II, títu- 
lo I, tract. 2.**, dissert. 2.', cap. II. 

(2) Pralecl, Jur, Canon, in seminar. S. SulpiL, part. lll, sect. 4,», 
artículo 2A par. 3.^ núm. 5K9. 

(3) Pralect. Jur. Canon, in seminar. S. Sulpit., i\>id. 



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— 412 — 

Requisitos necesarios al efecto.— Cuando se trata 
déla aceptación de estas fundaciones, es preciso tener ante 
todo presente = 

aj Si la jglfti^ j «^ ^ f\Tn.t^ fio objeto de la donación ó legado 
nn pniit ^^rniplir las fiargí"*^ ^^ ^^ "Tifíyn f"^^]^^;^^ , habida 
consideración al número de presbíteros nfí^nritmTirTa iinie^ft^ 
iglesia y al cumplimiento de las demás obligaciones que so- 
bre ella pesan. 

i) ftiHtf>^^<sig7inn rPf"^*^*f fiifiAi^nt^s p^r a asegurar el esti- 
pendio debido según la costumbre local ó estatutos de la -dS ^ 
cesis , y para que la fábrica de la iglesia suministre lo nece- 
sario para la conveniente celebración de lo que se h«^¡6*disr. 
puesto en la fundación. 

gj _ Cuando el obis po ó prelado observa que la donación 6 
le ^j^O p in r}n p^ porciona lo necesarin parA cu brir los gastos 
" indispensables de lo que en aquélla se ordena . i^n 1^ ar^ggtii^ 
á menos que los herederos del fund ador se comprometan á su- 
^lir lo que falta . 

^ d) El obispo tiene facultad T:> ara disponer por estatuto g e- . 
nerar, que en lo sd(^&ivü nu &e aceptarán estas fundacione s 
sino baio ( ^^tfírmi^'^^^'^ i»^i^fl.{J) ^ 

Cumplimiento de las carg^st Jmpuesta&..e]i« JUl 
fundación. — Las leyes canónicas sobre el cumplimient o de 
las cargas impuestai^n las fundaciones se hallan resumidas 
en iMNuistitucion Oumscepe contingat deUrbano-^^UI (2), 
y en otra de Inocencio XII , cuyo contenido puede resumirse 
en lo siguiente = 

a) Que se celebren todas las misas prescritas por el que 
dio la J imoñPft , ron arrfrgl^ ^ ^^ ft^típnlafln en la-funda ^ 
Clon (3). 

(i) Prmlect. Jür. Canon, in seminar. S. SulpU. , ibid. 

(2) HoGUEif m : Exposit meth. Júr. Canon. , pars special. , lifo. n, ti- 
tulo I, disertí 2.'. cap* II, art. 2.^ 

(3) Constit. Nuper a Congregaíione, párrafo 3.®, dada por Inocen- 
cío XII en 21 de Díeiembre de iG97. 



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— 413 — 

i) Que el dinero y hienas nmgblgs ad quiridos p or la&jgle« 
sias seculares 6 regular es conlacarga perpetua de celebrar 
cierto numero de misas ^ se coloquen por aquellos a quie- 
nes corresponde, en bienes inmuebles, fructíferos, con ex- 
presa mención de las cargas anejas á los mismos,, bajó ta • 
pW ^ de entredicly inso facto incurrendo ai inaressu^ccle' 
sice (1). 

c) Que los rectores de las iglesias no puedan recibir limos- 
na s mensuales y cuotidianas p^ra la celebración de misas . 

" a menos que se hayan cumplido las proscriptas en las funda- 
ciones. ¿ p w ^< i iftn (^i?Tinpiii*cfí fifTitrn ift wxi hr9Y9 Pipnrin dfi 
tiempo . d ebiendo advertirse . oue si el que da la limosna, 
conviene después de oir el impedimento , en que se dilate el 
cumplimiento de las misas encargadas para cuando se pueda, 
entonces puede recibirse la limosna (2). 

d) Los rectores de las i p^lesias tjftnftn oblig ación de for-^ 
mar la tabla de las fundaciones perpetuas y temporales y 

" colocar la en punto que esté ¿ la vista de todos , debiendtK 
conservar en el archivo un libro de todas y cada - upa d». -tas 
carpas perpetuas y temporales, y otrfrf^ lav tñi^iaff ma,. 
nuáles> en ^jíPf^ft g<^ ^cppr»i'flqj |ftn^|as limosnas reci bidas y 
las misas celebradas por l a intención de los que las hJK 
dado (3) "" ^ 

" ' 8) S5 impone la nena de suspensión á los rectores de las 
iglesias que no cumplan lo mandado en el caso anteri or , y 
á los superiores seculares y regulares que no exijan su cum- 
plimiento (4). 

f) Los obispos gn|^ 1n.< P.TiP.flrfffliln.q Hp. vigilar por p.l CUgLl^ 

plimiento ^tfí la^ fnTi^n^ínnAgj pn cuanto que ellos son los eje- 
cutores de todas las disposiciones piadosas inter vivos ó caur 
samortis (5). 

(i) Constit. Nuper a Congregatione, párrafo 6.* 

(2) Ck)ns(it. Nuper a Congtegatione, párrafo 10. 

(3) Conslit. Nuper a Congregatione, párrafos 26 y 27. 

(4) Constit. Nuper a Cottgregatione, párrafos 29 y 30. 

(5) Concil. Trid, , sesión 22, cap. VIH De ReformaL 



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_ 414 — 

Cuando cesan aquéllas. — S ilos bienes ó ren tas de la 

fu ndación han desaparecido p or completo, sin culpa'l^Tg c^ 

<pQr jarte de los rectorías de la s ig-IftfjifiSj^f/ftsan ftn iin todo las 

obligaciones ó el cumplimiento de las cargas impuestas'^n 

aquélla. *^ - ' 

Si esto ha pro venido de neyliyencia del párroco órecto^ 

rlAjnjg-|P<^ifl. tiP^^strftP.}^R n hlippacion dfi f^rOnn>!?rfH 4 ffttJ?^- 

rentas ftii i"ffftr ^^p ]r^t¡ ^yp ra p^rdípfop p^^ ^nfr^jj^¿fTT 



5u reducción, y qpiién la liace.— Cuando eToDispo-ó 

.superior aceptó una fundación, cuyas cargas ^n^superfóres 

alas rentas, de modo que no haya facilidad de encontrar 

quien se encargue de su cumplimiento , habrá* neccoid a d 4e 

pedir su reducción. 

Esto mismo tendrá lugar si las rentas de la fundación han 
disminuido considerablemente, de manera que no son sufi- 
cientes para atender al cumplimiento de las cargas impuestas 
en aquélla. 

El Concilio de Trento dispuso que los obispos en el sínodo 
diocesano , y los abades y generales de las órdenes en sus ca- 
pítulos generales , estableciesen sobre esto quidquid magis 
ad Dei honorem, et cultum, atque ecclesiarum utilitatem 
mderint expediré (2). 

La Sagrada Congregación del expresado Concilio declaró 
que dicho decreto se entienda respecto á las fundaciones acep- 
tadas antes del citado Concilio , y nó de las que se hubieren 
constituido después, cuya doctrina se halla igualmente san- 
cionada por el papa Urbano VIII (3). 

Formalidades en su ejecución.— Una vez obtenido el 
indulto apostólico , el obispo procederá á su cumplimiento en 
la forma siguiente : 

(i) PrmlecU Jur. Canon, in Seminar. S. Sulpil., part. 3.*, sect. 4.*, 
art. 2.^ par. 3.%núm. 591. 

(2) Sesiona , cap. IV De Reformat. 

(3) Benedicto XIY : De Synodo dicecesana , lib. XIU^ cap. últ, núme- 
ro 18 y sig. 



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— 415 — 

a) No reducirá las cargas estipuladas por lo s primeros 
^f undadores en la misma fundación , á mjy j jue naya una 
gTftvisima necesidad^f i) "^jÜ^ " '^ 

^ hj JNo seppocede á la reducción ^^misas sino en e l caso 
de queno baste lA f Bducciomfe^j^icargas . baio el supuesto 
<:^e que el indulto apostólico co^^enda todos los legados y dis- 
posiciones piadosas. 

c) Que si el indulto apos tólico se concreta á la^rjBdUScion 
de cargas de misas . el obispo se limitará á cumplimenta rlo, 
sin extenderse á )as (^ftiTrias disposiciones de la fundación (2 ). 

d) Que procede reducir el rito y so lAmTn'HitH Ha Ih-q nn'Qitg 
antes que su número (3). 

(1) Pr(Blect. Jur. Ckinon in Seminar. S> Sulpit,, part. 3.*, sect. 4.*, 
art. a.», par. 3.^ núm. 593. 

(2) Benedicto XIV : De Synodo dicccesana., lib. Xin , cap. últ., nú- 
mero 22. 

(3) Pralect. Jur. Canon in Seminar. S. Sulpity ibid. 



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-^'Á'í^. 




TITULO SEXTO. 

BENEFICIOS ECLESIÁSTICOS. 



CAPÍTULO I. 

BENEFICIOS, Y SU ERECCIÓN. 

Origen de la palabra beneficio , y su definición.— 

La palabra beneficio no se usó en los primeros siglos de la 
Iglesia en el sentido que tiene hoy, porque l os clérigos eran 
adscritos al servicio de la Iglesia, y de ella percibían lo ne- 
cesano |^&l^a la vida, siendo lo principal el oficio que habían 
de cumplir , y lo accesorio y secundario el alimento que la 
Iglesia les suministraba ; así que san Jerónimo condena la 
conducta de los prelados que, prescindiendo de esta doctrina, 
anteponían el beneficio de los particulares al servicio ó utili- 
dad de la Iglesia (1). 

Verdad es que el Concilio de Calcedonia usa esta pala- 
bra (2); pero aun en el supuesto de que no sea apócrifa (3), 
basta la simple lectura del decreto citado para comprender 
su mente : trata de los ministerios sagrados , y condena su 
concesión mediante dinero , ó en consideración á los derechos 



ó emolumentos que producen (4). 

La palabra beneficio , en el sentido que tiene actualmente ^ 
se usó y a en el siglo VIII , según consta del Concilio de Franc- 
ibrt de 794 y del Concilio de Macón de 813 (6) , y parece que 



( a 



(4) C. VI , quaest. 1.», causa 8. 

(2) C. IX. quffist. 3.*. causa 1.* 

(3) Berardi: Comment. in Jus Eccles. univ., tom. 11 , dissert. i»\ 
cap. I. 

(4) C. IX, quffist. 3.% causa J.* 

(5) Bebardi: Comment. in Jus Eccles, univ., id. ibid. 



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J 



— 417 — 

se trasladó d^_d erecho feudal , porque los campos del fis co 
dados ¿ los soldados por el servicio militar se llamaban bene- 
fi cios (1). " 

' Se entiende por heneñ(^io : jE¿ derecAo perpetuo á perciiir 
las rentas de los bienes eclesiásticos por algún servi'tio espi- 
rñual constituido por la autoridad eclesiástica. 

Sus reg[uisitQS esenciales. — Los requisitos esenciales 
en los beneficios eclesiásticos se hallan expresados en la defi- 
nición, y son los siguientes: 

I, Un derecho perpetuo^ por razón del mismo beneficio, 
que debe durar^perpe tuamente , de modo que no concluya por 
la remoción ómuerte del beneficiado, sino que en este caso 
quede vacante y se confiera á otro (2), sin que esto obste 
para que el beneficio cese ó quede extinguido mediante justa 
causa aprobada por la Iglesia. 

El beneficio es igualmente un derecho perpetuo por razón 
del beneficiado , de manera que no se le confiera por tiempo 
limií§4o« ni pueda ser privado de él, sino mediante causa 
justa, aprobada y reconocida por la Iglesia (3). 

II. El beneficiado ha de tener derech o á percibir las renta s 
de los bie nes eclesiást icos, aunque esto sea una cosa acceso- 
ña al oficio , porque es lo que constituye formalmente el be- 
neficio (4). 

III. Que este d^§$ba 4dl íbfiBaficiodo proced a de un servi- 
cio espiritu gl, porque en el beneficio se distinguen dos dere- 
chos , que son e l oficio espiritual y el derec ho k percibir los 
frutos anejos al oficio. 

El ofició espiritual afecta á la naturaleza del beneficio, 
como su fundamento y causa principal (5). 

(i) Devoti: ln$U Canon., lib. II, tít. XIV, par. !.• 

(2) Beraroi: Comment. in Jus Eccles. univ., tomo II , disert. 1.^,. 
capitulo III. 

(3) Berardi: Comment. in Jus Eccles. tmtv., ibid., eapitulo II. 

(4) ScHiuLzcBUBHER : Jut EccUs. univ.^ in ¡ib. IUDecret., tít Y, pá- 
rrafo l.*,núm. 3.^ 

(SQ ScHMALzcRCiBBA I Jus EccUs. «fiiv., íbíd., núm. 5.* 
TOMO m. 27 



1 



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— 418 -^ 

IV. Que este derecho sea constituido por autoridad ecle- 
siástica; de modo que las reatas eclesiásticas no constituirán 
beneficio propiamente dicho, si no ha mediado un acto de la 
autoridad espiritual que las agregue al oficio (1). 

En qué se distingn^e de las prebendas y oape^a- 
nias. — L a prel ; )enda compre nde solamente los frutos ó emo- 
ji^piATitnR q]]^ pfttgibggj gs clérigos pot raaon de los^Scij^ ó^ 
beneficios eclesiásticosTy de aquí que se llame prebenda á la 
dote del beneficio, ya consista en predios rústicos ó urbanos, 
ya en censos ó en otras cosas inmuebles; pero el beneficio 
tiene una signifi cación más am plia, y ftompf g nde ademáslg 
los frutos ó rentas , el_ oficio ó ministerio eclesiástico y esp i- 
^ritual, (2). *" 

Las capellanías, cuyo objeto es la celebración de may or 6 
men or numero ae misas en épocas determinadas , son colat i- 
vas 6 electivas, se gún se dirá más adelan te (3). 

Se distinguen del beneficio, cuando son electivas , en que 
no se hallan e ricidnfs tton autoridad d elObispo ú otr o superior 
eclesiástico , que tenga jurisdicción episcopal ó cuasi epis- 
'copal. 

En el caso de ser colativas ó erigidas con autoridad epis- 
copal ó cuasi episcopul , se distinguen del beneficio , si no se 
confieren en título perpetuo (4). 
Su diferencia de los legados pios y pensiones.— 

Los legados piadosos, que tienen por objeto la celebración 
de misas ú otro-ofic lo^sagrad o con asignación de^fenta^peg^ 
petuas, n o son beneficios , po rque les falta j^jarcccion con tur 

Las pensione s, que son cierta porciondefrutosjórenta 
anual extraída de los bienes eclesiásticos , no son beneficios, y 

(1) Veccüiotti : Inst. Canon., lib. 111, cap. II, par. il. 

(2) Devoti: Inst. Canon., lib. II, tít. XIV, par. 3.» 

(3) Cap. VIII de este título. 

(4) SCHMALZGRUEBBR : Jus Eccks. uhív., in Hb. líl Decret., tít. V. pá- 
rrafo J.', núm. 8.® 

(5) Devoti: inst. Canon., lib. U. tít. XIV, par. 5.« 



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— 419 — 

pueden concederse indistintamente á ios clérigos ó legos sin 
que lleven anejo un servicio espiritual (1). 

Origen de los beneficios en las catedrales y cole- 
giatas. — Los diácono^ q^ n^ím'stpfthftn \f)R hiftnftg rift la. Tglft, 
sia, y ellos eran los encarg ftfios de distrihi\^rlnj; conveniente - 
mt^ni^^ ftntrftyis pi^ rticipes. según se deja consignado en ei 
título anterior. 

Esta disciplina se ob servó hastadespiips Ae\ la conversión, 
de Constantino á la fe católica (2 ); pero esta manera de aten- 
dér á las necesidades de los ministros del culto se prestaba á 
no pocos abusos por parte de los encargados de hacer la distri- 
bución y era, por otra parte, sumamente embarazosa é incó- 
moda para los administradores y para los clérigos ; y de aquí 
que San Ensebio Bercelense ftstablffftift^fl> la víja f^nmim gnti 
su clero como me dio dp. nhymi» ft«fjLR y otras dificultade s^cuya 
conducta siguieron otros obispos inmediatos , é imitó San 
Agustin como obispo de Hipona (3). 

La vida común de los obispos con su clero no fué de obser- 
vancia universal en la Iglesia, y fué de corta duración entre 
los que la habían adoptado , siendo muy varias las costumbifes 
de las iglesias desde el siglo VI hasta el XI ; pero las.jQbiq;)o&, 
e n vista de la repu gnaagifl.íL^sjLre clero á la vida co- 

mún , consintieron que en cada uno' viviera e n^ucasa^jy^al^ 
efecto les concft ílifíron la admin1'?trafiiírn ilg_ciert os predios 
ma atend ftr A yi «nh&i&tftn^JA (4), lo cual es el más antiguo 
precedente de los beneficios en las iglesias catedrales tal como 
existen en la actualidad. 

Como de este nuevo orden de cosas resultaran no pocos 
males, se trató de volver á la vida común, y los beneficios 
sfaigulares volvieron ¿ la masa común de bienes eclesiástico s 

(1) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles. uhív,, iu lib. lIíDecret.y tit. Y, pá- 
rrafo i.*, núm. 9.° 

(2) Berardi : CommenU in Sus Eccles. univ., tomo 11. díssert. i.% 
cap. i. 

(3) C. X . XI y XVIÍl. quffist. 1 A, cansa lí. 

(4) C. XXXn , quaest. 2.% causa 12. 



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— 420 — 

en el siglo X I ; pero este estado de cosas no fué tampoco de 
larga duración , y en su consecuencia se procedió de nuevo á 
tau división de bienes , y deaqai les beneficios que se conooeii 
con el nombre de prebendas en las catedrales y colegíato£<l). 

Desde cuándo data en las demás iglesias.— El ori- 
gen de los beneficios en las iglesias no catedrales tiene cierta 
semejanza con el señalado respecto á éstas. Los presbitero^ y 
diáconos mandados por sus respectivos obispos é diversos pun- 
tos de las diócesis para atender á ciertas necesidades de los 
fieles , regresaban después de cumplir su misión á la iglesia 
catedral, á la cual se hallaban adscritos, porque no habia 
otra iglesia en la diócesis durante los tres primeros siglos. 
Todo el clero recibía en esta época la parte correspondiente 
del acervo común, administrado por los diáconos, bajo la vi- 
gilancia é inspección del obispo. 

Las igle si as parroquiales ^se ftHgiftron fuf^ft de la ciudad 
episcopal en e l siglo IV, porque así lo exigía la necesidad es. 
piritual del gran número de fieles que vivían en ciudades, vi- 
llas y aldeas situadas fuera de la capital de la diócesis, y ei- 
tónces semandaron presbíteros y ministros ordenados á tito- 
ífST que ejercieran y desempeñasen el 



oficio sayrftdo poír derecho ordinario , y teñían feciritad^eíe- 
cibir las oblaciones de los fieles con arreglo é la antigua cos- 
tumbre en cuanto fuera posible ; así que los párrocos y minis- 
tros que dependían de ellos , ponían á disposición del obispo las 
oblaciones hechas por los fieles, y principalmente las que con- 
sistían en cosas inmuebles, recibiendo ellos del obispo lo ne- 
cesario para su subsistencia y la del culto, etc. 

Se dispuso á fines del siglo V por G^nadio, patriarca de 
Constantínopla, que l os clérigos de ca da i glesia recibieran las 
oblaciones hechas á la misma, y esta l egislación se e xto^ 
poco después en las ij j rlesias parroquiales y ot ra s inferiores de 
Occiden te, si bien reservándose la mitad de las^oblaciones i 

(1) Bkrami: Cúmmení, imJus Recles, unió,, tomo II , disert. i*, 
«ap. I. 



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— 421 — 

una porción inferior para los obispos (1). Una yez adquirida 
este derecho , los párrocos rurales, y después los civitatenses, 
lo mismo que todos los clérigos , fueron adscritos al servicio 
de las iglesias ¿ título de beneficio, con la porción correspon- 
diente de bienes que ellos administraban (2). 

Las iglesia s rurales , que contaban con numeroso clero, 
siguieíonel e^eiüMlirdel cler o catedral respecto á la vida co- 
lyim y 4 su secularización Ty de aquí muchas de las iglesiag 
fiol^ giatas. 

Sus especies. — Los beneficios eclesiásticos se distinguen 
entre sí por razón — del oficio espiritua l— de las personas qu e 
l os proveen — de aquellos á quienes se confieren— y diverso 
motivo de sq coneesj JQn 6 perpetuidad , así . que se divi3en = 

Por razón del oficio espiritual en— mayores y— meno- 
res (3). 

Se llaman mayores: Los oficios que llevan anejos los prin- 
cipales ó primeros grados en la Iglesia con cura de^ almas y 
Jurisdicción. 

Tales son el pontificado (4), patriarcado , a rzobispado, 
episcopado, abadía con j uris dicción cuasi episcopal y el car- 
denalato por razón dftl título ( 5) ; pero el uso común de ha- 
blar los excluye de esta denominación , á menos que se trate 
de cosas favorables (6); y se los da el nombre de beneficios 
consistoriales n en cuanto sé proveen por el Sumo Pontífice 
en el consistorio (7). 

Se llaman beneficios menores : Todos los demás oficios, áu% 
cuando lleven en si algo de excelencia y dignidad. 

(4) C-VII. VIH, y X, quffist. 1.% causa 10.— C. IV, quaest. 3.% causa 
■12.-^. LX . quaest. ^.^ causa 16. -Cap. XVI. lít. XXXI, lib. 1 hecrü. 

(5) Beiueh: CommenL in Jus Eecles. unU)., tom. II, disert. i.*, 
cap. I. 

(3) Cap. VIII, tít V. lib. m Oecreí. 

(4) Cap. I. tít. XXVI . lib. V Decret. 

(ü) Veccdiotti : Inst, Canon., lib. III, cap. II, par. 13. 

(6) Cap. XXXII, tít. XL , lib. V DecréL 

(7) Phillips: Comp. Jur. Eccles. , lib. II, cap. V, par. 72. 



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— 422 — 

Los beneficios mayores se dividen en-simples^j doiki. 

Se entiende por beneficios simples : Aquellas oficios desti- 
tuidos de jurisdicción y cura de almas (1) , cuya obligacm 
se reduce al rezo del oficio divino en ti coro ó privadamentef 
con cargo de servir ni altar ó sin il. 

Los beneficios simples pueden ser residenciales ó %6 resi- 
denciales , según que exigen ó nó residencia (2). 

Entre estos beneficios simples se cuentan las capellanías 
y canonicatos de ip [lftRi q.s cp lpeíniAc y catedrales, por mS& 
que ¿stos se aproximan á las dignidades , y no se los compren- 
de entre los beneficios simples en las cosas odiosas. 

Los beneficios dobles son : .Los oñcios que tienen anejaj%' 
risdiccion ó cura de almas (3). 

A esta clase pertenecen las di^idades , oficios, persona- 
dos y curatos (4). 

Por razón de las personas que los confieren se dividen en 
reservados — y no reservados. 

Se llaman reservados : Los oficios cuya colación pertenece 
al Sumo Pontiice. 

Se da el nombre de no reservados , á los oficios cuya cola- 
ción corresponde á los prelados inferiores (6) 

Por razón de las personas, á quienes se confieren, se di- 
viden en-^reffulares—y seculares, según que ha de recaer su 
nombramiento en religiosos ó clérigos seculares. 

Los beneficios se consideran seculares en caso de duda, de- 
biendo probarse que es regular por la fundación, privilegio 6 
prescripción (6). 

Por la diversa razón de conferirlos, se dividen en-^electi- 
vos—colativos'-áe patronato ó mixtos. 

(i) Berardi : Comment. in Jus Eecles. univ., tomo II, disert. 2.* 

(2) Yecchiotti: Inst. Canon., lib. III, cap. II, par. i3. 

(3) Berardi : Comment. in Jus Eccks. univ. , tom. II, disert. 2.* 

(4) Phillips : Comp. Jur. Eecles. uftiv. , lib. II, cap. V, par. 72. 

(5) VECcniOTTi : InsU Canon. , lib. II, cap. II, par. iS. 

(6) ScHMALZGRUEBER : Jus Ecclcs. univ., íu Hb. lU Decreí., tít. V, 
par. 2.®, nám. 14. 



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— 423 — 

Se entiende por beneficios electivos : Los oUdos que se ad- 
quieren por elección hecha según las reglas del derecho y me- 
diante la confirmación del superior (1). 

Se llaman colativos: Los que se adquieren por libre vo- 
luntad del prelado eclesiástico ú otro eolator , sin necesidad 
de que medie elección ó presentación (2). 

Son de patronato ó mixtos^ los beneficios que se obtienen 
por previa presentación del patrono y subsiguiente institu- 
ción del obispo íí otro prelado eclesiástico (3). 

Cíiíando se duda si un beneficio es colativo, electivo ó mix- 
to , se presum e que es libre 6 meramente colativo, porque la 
elección ó preselitacion son cuuUdadt^s accidentales y extrín- 
secas á los beneficios, y por ellas se perjudica ¿ la libre pro- 
visión de los ordinarios, á quienes pertenece la colación se- 
gún el derecho común. 

Por razón de su duración ó perpetuidad , se dividen en 
titulares ó perpetuos y manuales. 

Son perpetuos :Zo,9 beneficios que se confieren en titulo 
perpetuo , de manera que sus poseedores no pueden ser priva- 
dos de ellos sin causa expresa en el derecho. 

Se llaman manuales : Los que se c mueren en titulo revoca- 
ble , de manera que pueden quitarse á su poseedor á voluntad 
del que los confiere. 

En caso de duda l os beneficios seculares se considera n 
j^erpetnos ó titulare¿7^ los hftT)fip<^,íng ragiiíftrftf^ r^orpo yna- 
nuales, ámenos que sean curados ó electivos; porque los 
beneffcios seculares por su naturaleza y con arreglo al dere- 
cho común son titulares é irrevocables (4), á diferencia de 
los beneficios regulares , que son manuales según el derecho 

(1) PrcelecL Jur. Canon, in Seminar. 5. SulpiL, part 3.* fect. 4.*, 
art. 2A par. 4A núm. 595. 

(2) ScHtfALZGRGEBEB: Jus Eccles. untv., in lib, 1I¡ Decret., til. V, pá- 
rrafo 2.^ núm. 38. 

(3) Prakct. Jur. Cktncn. in Seminar. S. Sulpit., parte 3.*, sect. A.\ 
art.2.^,pár.4.^BÚni. 595. 

(4) C. XII. distinct. 55.— C. Vil. díslinct. 56.- C. II, distinct. 70. 



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— 424 — 

ordinario • y por su naturaleza en virtud del voto de obedien- 
cia (1). 

Los beneficios se dividen también en— compatibles é inc(nn^ 
patibles. 

Los beneficios incompatibles se dividen en incompatibles 
in primo vel secundo genere. 

Sub eodem vel diverso tecto. 
Uniformes ó diformes. 
En titulo y en encomienda. 

Creación ó ereooion de beneficios, y requisitos 
necesarios al efecto. — Se entiende por erección de un be- 
neficio : El acto legitimo por el cual se constituye un oücio ó 
ministerio sagrado , que ha de ejercerse por un clérigo en de- 
terminada iglesia ó altar , mediante una renta perpetua que 
percibirá con pleno derecho. 

Es , pues , indispensable en la erección de todo beneficio, 
que medien los requisitos siguientes : 

a) Autoridad legitima del superior eclesiástico (2). 

¿j Titulo canónic o, 6 sea la iglesia ó ara dedicada al Se- 
ñor, bajo la veneración Je algún misterio ó patrocinio de un 
santo (3). 

c) O ficio espiritual, que el titular haya de cumplir en la 
misma iglesia, porque la erección de beneficios tiene por fin 
el culto divino (4). 

d) Dote competente , 6 sea bienes cierto s, estables y pro- 
ductivos, p or cuyo medio se provea al sostenimiento del clé- 
rigo titular y al cumplimiento de las cargas del beneficio (5). 

e) Leyes de la fundac.ion . ó sea determinación de las obli- 

(1) Schmalzgrueber: Jas Éreles, univ., inlib. I¡¡ íkcret., tít. V. pá- 
rrafo 2.^, núm. 34 y sig. 

(2) Vecchiotti : ínst. Canon., lib. III . cap. II, par. i4. 

(3) Praleet. Jur. Canon, in Seminar. S. Suipit., pert. 3*, sect 4.'. 
art. 2.% par. 4.% núm. 596. 

(4) Vecchiotti : ¡nsí. Canon., lib* IH, cap. 11 , par. !4» 

(5) Deraroi: Comment. in Jus Eccles univ., tom.ll, disert. 3.V 
cap. I. 



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— 425 — 

gacíoínes anejas al oficio, porque el fundador puedíe señalar 
las condiciones que tenga por conveniente , y una ve2 apro- 
badas por la autoridad legítima , habrán de observarse reli- 
giosamente (1). 
/Lo Si la creación de dbisi^ados corresponde al poder 
civil- — El derecho de erigir obispados ó diócesis no compete 
al poder civil , porque se trata de una cosa espiritual , que 
tiene por objeto señalar el territorio dentro del cual cada 
obispo ha de ejercer su cargo en provecho de las almas que se 
ponen bajo su dirección , siendo á la vez un medio de conser- 
var el óMen y la unidad entre los distintos rectores de las 
iglesias (2); así que los apóstoles, y después los sumos pontífi- 
ces y los concilios usaron de este derecho, que es de la exclu- 
siva competencia de la Iglesia. 

Autoridad á quien compete la creación de bene- 
ficios mayores. — La creación de beneficios mayores (3) co- 
rresponde de derech o al Sumo Pontífice , y ninguna otra au - 
toridad puede ejerce r esta facultad , á ménos_quejae^Sjgl 
consentimiento expreso ó tácito de la suprema cabeza j g^la. 
Iglesia , por más que de hecho se verificase otra cosa en tiem- 
^s antiguos (4), según se deja consignado en otro lugar de 
esta obra (5); así que la erección de diócesis ó sedes episcopa- 
les (6), cabildos de iglesias catedrales y colegiatas (7), nuevas 
dignidades (8) y mutación de una iglesia regular en secular, 
es de la exclusiva competencia del Sumo Pontífice. 

(i) Veccbiotti: ínst. Canon,, lib. III. cap. II. par. i4. 

(2) HüfiüEjiiN : Exposit. meih. Jar, Canon,, parbspecial., lib, I , tí- 
tulo 1, tract. 2.". disert. 1.''. cap. 1 . art. I.', par." i,\ quaest. 2.* 

(3) C. I . disl. 22. 

(i) Berarbi: CommenLinJus Eccles, univ,, tom. U , disert. 3.*, ca- 
pitulo I. 
(») Lib. 11 , tít U . cap. II. 

(6) Phillips: Comp. Jur. Eccles, . lib. 1! , cap. V. par. 75. 

(7) Yeccoiotti : Jnst. Canotí., lib. 111 . cap. II . par; H. 

(8) Derardi : Comment, in Jus Eccles. univ,, tom. II , disert. 3.*. 
cap. I. 



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— 426 — 

A quién corresponde la erección de beneficios 
menores.— La erección de beneficios simples é iglesias pa- 
rroquiales corresponde á ios obispos en sus respect ivas dióce- 
sis(l), y es de su competencia crear nuevos canonicatos y pre- 
bendas en las iglesias catedrales y colegiaos « extendiéndose 
este derecho ¿ la erección de dignidades que ya existieron y 
fueron suprimidas , siempre que medie el consentimiento de 
los respectivos cabildos (2). 

Cuand o el cabildo es enumerad o^ de modo que el Sumo • 
PontTfice ha fijado el námero de canon icatos y prebendas , en- 
tónces el obispo no puede a umentarai s ) ; debi e ndo í gggF 
mente advertir que no se extiende tampoco su facultad á la 
ereccicm de dignidades no reconocidas en la Iglesia (4). 

Los obispos tienen también derecho á la erección del oficio 
de penitenciario en las iglesias catedrales y del de lectora! en 
las catedrales y colegiatas (5). 

Solemnidades con que lia de hacerse.— Los requi- 
sitos que se dejan indicados en este capítulo respecto á la 
erección de beneficios, son comunes á todos éstos, pero ade- 
más es de necesidad en la erección de beneficios episcopales, 
parroquiales y conventuales , que se observe lo siguiente : 

I. Se _ha de pro curar que no se perjudique á tercera per- 
sonaen sus le gítimos derech os {ñ), y al efecto habrá de ci- 
tarse á todos los que pueden hallarse en este caso. 
Como consecuencia de esta doctrina: 

a) Se necesita el consentimiento del cabildo en la erecg ion 

(1) Gap. III, tít. XLVIII. líb. III Decrel.-'ConeiL Trid., sesión U, 
cap. XIIl De Reformat, 

(2) Vecghiotti : Itisl» Canon., lib. III, cap. II , par. 14. 

(3) Hoguenin: Exposit. meth, Jur. Canon., pars special., lib. I , ti- 
tulo I, tract. 2.*^. d¡«ert. 2.», cap. II , art. 2.«, par. i.® 

(4) Berardi: Comment. in Jus Eccles. uniü.Aom. II , disert. 3.^ ca- 
pitulo I. 

{5) Concil. Trid.^ sesión 5.*, cap. I. De RefornuU.'-^sion 24, capí- 
tulo VIH De RefbrmaL 
(6} Cap. XXXVI, tít. V, lib. III /)ccre/. 



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— 427 — 

de dignidades ó ca nopícatos en las iglesias catedrolesj^cole- 

j^^tas. ~ 

i) Se habrá de oir en la erección de parroquias á los párro- 
j u>s^próyimQs . V si son de patronato, ¿ los patronos, á fin de 
que las partes interesadas aleguen lo que á su derecho con- 
venga (1), y en su vista se resuelve lo que sea justo (2). 

11. La erección ha de hacerse en lugar conveniente, ha- 
llándose dispuesto respecto á las iglesias catedrales, q ue se 
e stablezc an únicamente en ciudades ó poblaciones muy con- 
cfirridaTv^Blmpor tancia f 3)" " 

Esta disposición legal se dictó con el objeto de que la dig- 
nidad episcopal no se envileciese . y de que los obispos pudie- 
ran más fácilmente resolver con acierto las muchas cuestio- 
nes sometidas á su fallo, porque en estas poblaciones viven 
personas entendidas y eruditas , de quienes pueden asesorarse 
en caso necesario (4). 

El Concilio de Trento dispone respecto á las iglesias parro- 
quiales que se establezcan ó erijan en todas las poblaciones 
que no existan , determinando á la vez que se señalen los 
límites de cada parroquia , á fin de evitar la consiguiente con- 
fusión con no poco daño de las almas (5). 

La erección de parroquias nuevas en un lugar tendrá efec- 
Ix) , según una tradición vulgarT^Ten^^ubiera diez famij - 
lias p or lo menos. Esto se funda en una disposición del dere- 
choTS) mal interpretada , á juicio de sabios escritores (7). 

(i) C. XLIV, quaest. ^.^ causa 16.— Cap. XVII, tít. XXXIII, lib. i: 
I>ecrcí.—Cap. ÍII, lit. XLVIH, lib. lll Decret. 

(2) Cap. XXVIII, tít. IV, lib. 111 sexL Decrel. 

(3) C. II, III y IV. distinct. 80.— C. Lili, qu»st. i.», causa 16.--Ca. 
pítulo I , tít. XXXIII. lib. V Decret. 

(4) Berardi : Commení, in Jas Eccles. univ., tom. II, disert. 3.% ca- 
pítulo I. 

(5) Sesión 24, cap. XIII De ReformaL 

(6) C. in , quaest. 3.», causa 10. "^ 

(7) Berardi: Commení. in Jus Recles, unió. y tora. 11 , disort. 3.*, ca- 
pítulo I. 



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"- 428 — 

En cuanto á los demás be&efícios nada se establece en el 
derecho acerca de este punto. 

UI. Los benefi <:inf; no p ueden eríffi nfí .<tín giift mpA\?^ j^^4ft_ 
causa^ como la necesidad ó utilidad de la Igles ia /-^twnento, 
del culto divino, piedad y r filjgínn 

Como consecuencia de esta doctrina habrá de evitarse la 
erección que sea efecto de emulación respecto é las iglesias 
próximas , ó que tenga por objeto la avaricia ó torpe lucro (1). 

La apreciación de la causa que motiva la erección de un 
beneficio, corresponde al obispo; y él en su prudencia ha de 
resolver lo que considere más útil á la Iglesia (2). 

CAPÍTULO 11. 

INNOVACIÓN DE LOS BENEFICIOS. 

Innovación , y cuándo tiene In^far.— Se entiende por 
innovación de beneficios , cualquiera alteración que mude el 
estado de los beneficios. 

Es un principio universal en la Iglesia , que no se haga 
mutación alguna en los beneficios eclesiásticos una vez eri- 
gidos canónicamente , debiendo por lo mismo conservarse en 
su integridad sin mutación alguna (3). 

Este principio deja de observarse siempre que medie una 
urgente necesidad ó evidente utilidad de la Iglesia (4). 

Diversos modos de verificarse.— La innovación de 
los beneficios puede verificarse por — imjnn. i divisió n — des-^ 

Union de beneficios , y sus especies.— Se entien- 

(1) C. X, distinct. 1.% de Consecrat, 

(2) Berardi : Comment. in Jus Eccles. univ,, tom . II , disert. 3.*. ca- 
pítulo if 

(3) Cap. VIH, tít. V, l¡b. lü DecreU 

(4) Cap. XXXIU. tit. V, lib. 111 Decret. 



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— 429 — 

de por unión de beneficios: Un acto por el cual dos ó más 
iglesias ó beneficios se unen entre si, mediante jicsta causa, 
por el legitimo superior (1). 

La unión de beneficios puede ser^ personal ó temporal — 
real 6 perpetua. 

La primera se conoció en otr os tiempos, y tenía por obje- 
to favorecer á una persona con d os beneficios durante su Tidg ^ 
por^medio de esta unión, ya que no era permitido poseer á la 
vez dos beneficios distintos; pero esto era un medio de eludir 
la ley , y de aquí que ftH^r.ilio df- T^r^nt^ ^^T^ifínó ft*)t^ ft-^- 
pecíe de unión de beneficios (2); porq uer as bien que u nión 
es una paliada dispensa de la ley , que prohibe la p luralidad 
(fe beneficios (3 ). 

^' La unión real y perpetua tiene por objeto el bien público 
ó utilidad de la Iglesia ; así que cuando consta la unión de dos 
beneficios y se duda de su cualidad , se considerará real y no 
personal (4). 

La uniou real ó perpetua de beneficios puede ser — 
ceg^ue principalis — per confusionem—per suijectionem ó 
accessionem. 

La unión (Bque principalis tiene lugar , gAiandn dofi igle- 
rias ó beneficios se un en de modo que se confieren á una y la 
misma persona ó rector, salvo los derechos, estado y nombre 
de uno y otro beneficio ó iglesia. 

En este supuesto , ninguna de las dos iglesias ó beneficios 
queda sometido ó unido al otro, sino que cado uno de ellos 
conserva íntegro é incólume su propio título , su especial fin, 
rentas y todos sus primitivos derechos ó privilegios (5)* 

La unión per conftcsionem se verifica, si los dos beneficios 
86 unen de tal modo entre sí , guf ^e eUos-jftfiultft-m^^teTCe^- 

(1) Dkvoti : TnH. Canon. , líb. II , tít. XIY . sect %\ per. i%. 

(2) Sesión 7.*, cap. IV De ReformaL 

(3) Vecodotti: ¡ttst. Canon. , tib. líl, cap II, par. 15. 

(4) BnuaDi: Comment. inJus eccles. univ.. tomo II, dieert 3.\ 
«ap. III. 

(5) Vbccbiotti : Inst. Canon. . lib. III, cap. II, par. 15. 



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— 430 — 

ro , porque cada uno de los dos ha dejado de existir, y sus 
respectiyos derechos se han trasferido al nuevo beneficio ; de 
manera que es una extinción j supresión de beneficios más 
bien que unión , porque se suprimen los títulos de dos ó más 
iglesias y beneficios, creándose en su lugar otro nuevo (1) 

La unión per subjectioMm ó accessionem consiste en que 
una iglesia ó beneficio se imeá otro, qued ando sometido á 
61 y bajo su dependencia. Esta unión se llama también suje- 



tiva, servil, desigual v^accesoría. p orque una iglesia ó bene- 
ficio se une á otra iglesia ó beneficio , al cual queda sometida 
y sujeta , como lo accesorio á lo principal ; de suerte que la 
iglesia , á la cual se hace la unión de otra, se llama madre 6 
matriz , y la iglesia unida tiene el concepto de hija, y este 
es el motivo de llamársela^íía/. 

La iglesia unida per subjectionem pierde el título y 
nombre propio , reviste la naturaleza del beneficio, al que se 
une, y se hace miembro ó parte de aquel, do modo que pa- 
san y se trasfieren á la iglesia principal las cargas y dere- 
chos de aquélla (2), 

Debe advertirse en cuanto á la traslación de cargas y de- 
rechos , que según algunos escritores el oficio unido conserva 
todos los derechos propios, compatibles con su dependen- 
cia (3), sin que pasen á la iglesia principal , y goza á la vez 
de los derechos y prerogativas de ésta (4). 

Inoorporaoioa debenefloios, y sus clases.-^La in- 
corporación de iglesias y beneficios se conoció en la Edad 
Media con los nombres de anexión , sujeción ó unión (5) , y 
c onsiste en que un beneficio jejana á determinado monaste- 
rio ^ colegio ó capítulo, lo cu aLtuyo. por objeto restal2lece^4a^ 
vidai nonástir.a i^j^.anjmca. ^ 

(1) Yecchiottií ín$i. Canon, , líb. fll, cap. 11, par. 15. 

(2) Yecchigtti : Inst. Canon. , lib. Itl, cap. II, par. i5. 

(3) Walter : Derecho Seles, univ,, lib. V , cap. 111 , par. 244. 

(4) Berardi ; CommenU in Jas Eccles. univ. , tomo 11, disert. 3.^ 
cap. III. 

(5) Phillips : Comp. Jur. Eecks., lib. II, cap. V, p&r. 76. 



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— 431 — 

La incorporación se verificaba (1) de alguno de los modos 
siguientes = 

Non pleno jure ^ ó sea e n cuanto á las cosas tempo rales 
únicamente . lo cual tiene lugar cuando las rentas de una 
parroquia se asignan aun monasterio, colegio ó cabildo: 
pero la cura de almas se ejerce por el rector del beneficio 
instituido canónicamente por el obispo , mediante presenta- 
ción del monasterio etc. 

De esto resultó la distinción entre iglesia y altar, enten- 
diéndose por iglesia todos los bienes temporales ó rentas', y 
por altar la administración de sacramentos y la cura espiri- 
tual. 

Esta distinción debe tenerse presente al leer en documen- 
tos del siglo YIU principalmente que los legos se hallaban al 
frente de las iglesias, lo cual sólo indica que recibían de ellas 
los diezmos y rentas temporales (2). 

Pleno jure ó sea cuando J a unión ó incorpora ción se hacia 
al monasterio 6 corporación eclesiástic a en cu anto á l o espi- 
ritual y temporal, de suerte que la cura de almas radicaba 
(hoHCualiter) en el cabildo ó monasterio , y se ejercía (actúa- 
liter) por un vicario designado al efecto (3). 

PlenisHmoJure, ó sea c uando el prelado del monasterio . 
cabildo ó corporación obtiene los derechos espir ituales y teg í^ 
perales , así com o la jurisdicción cuasi episcopal en el clero y 
pueblo de la iglesia ó beneficio , que se ha un ido (4). 

Autoridad á giiien compete launioa de beneficios. 
-^Toda la doctrina relativa á este punto puede resumirse en 
lo siguiente : 

I. El Romano Pontífice^ como suprema cabeza de la Igle- 
sia , p uede en virtud de su a utoridad plena y amplísima en la 
ad ministración de los beneficios y bienes ecIésTástiCüsr r'ugir" 

(1) Yecchiótti: Insl. Canon, lib. III, cap. II , par. 48. 

(2) VcGCfiíotTi : Inst. Canon., lib. III. cap. II , par. i5. 

(3) Philups : Comp, Jur. Eccles., lib. II , cap. V, par. 76. ., 

(4) Yecchiótti: InsL Canon. , lib. III, cap. ll , par. i5. 



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— 432 — 

toda clase de iglesias y beneficios mayores y menores (1), 
como las iglesias catedrales y metropolitanas (2) — las dignida- 
des post pontificalem en las catedrales , y las que son princi- 
pales en las colegiatas (3), lo mismo que todas las demás igle- 
sias y beneficios. 

II. El obispo t iepe por derecho común facultad para unir 
perpetuamente lasi|riesias y benettciSs"^ su diócesis , no 
exentos de su jurisdicción , siempre que no sean consistoriales 
ni primeras dignidades de los capítulos. 

'Esta facultad del obispo se extiende aun á los beneficios re- 
servados, si la reserva no es perpetua-^á los beneficios que 
provee el Papa por devolución, en virtud de negligencia de 
sus predecesores^la Iglesia secular á otra secular ó regular ú 
otro lugar religioso aun exento, siempre que la iglesia qae se 
une ¿ otra esté siyeta al obispo y dentro de su diócesis (4). • 

III. El cabildo catedral puede , sede vacante . unir los be- 
neficios de i^ual modo oue el obispo . siempre que no se per- 
judiquen los derechos episcopales , ni la unión se haga al ca- 
pitulo ó mesa capitular (5) . 

IV. Los legados nat^ s p^ftrfftn nm'T Ior hftf|ftfi cios déla dió- 
cesis de que son obispos : y los legados a latere tienen igual 
facultad en el territorio que les está encomendado (6); pero 
esta unión ha de ser perpetua y nó temporal , según se deja 
consignado respecto ¿ esta facultad de los obispos* 

V. Rl ar^pbií ^po pii<^^Q n n ir I f ^fibi^aüifirin ñ tiü ^ n diócesjs en 
la forma expresada i^e-spftftto á Ior nb^gp^ • sin que esta ftícuP^ 
tad se extienda á las diócesis sufragánea^ (7), porque no tiene 

(i) Cap. II. ttt. IV, l¡b. III sext. Decret. 

(2) Cap. VIH , tít. XXXI. lib. V Decrc/. - - -- 

(3) Schmalzgrdeber: Jus Eccles. univ., in lib. III Decret., tít. V, 
par. ».•. núra. 170. 

(4) Cap. II. tít. IV, lib. III Ckmentin. 

(5) Scrmalzcrüsber: Jus Eccles. univ.^ ibid., núm* i76. 

(6) Cap. I. tít. XV , lib. I sext. Decret.-- Cap. XXXI . Ut IT, lib. W 
sext. Decret. 

O) Cap. VIII, tít. XXXI, lib. V Decreí. 



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— 433 — 

jurisdicción en éstas , sino en los casos señalados por el de 
recho. 

VI. Los prelados inferiores con jurisdicción cuasi epis^n - 
pfti pi^ftdft .Ti nnírlAs iglesias y beneficios sometidos á ello s ; pero 
esta facultad no se extiende á los demás prelados inferiores^ á 
menos que les competa por concesión especial ..privilegio *ó 
prescripción (1). 

Causas legitimas para ello.— Las uniones de iglesias 
y beneficios son odiosas» y han de restringirse con arreglo al 
derecho común , porque tienden á disminuir el culto divino y 
se oponen á las prescripciones legales , toda vez que , según 
éstas , cada iglesia y beneficio ha de tener su propio rector (2), 
siendo esto motivo de que toda unión ha de considerarse ceque 
principalis en caso de duda , porque es menos perjudicial que 
las demás. 

El Sumo Pontífice puede unir toda clase de iglesias y be- 
neficios sin mediar causa alguna canónica, porque todas las 
leyes eclesiásticas no tienen para él otra consideración que la 
de meramente directivas. :&to no obsta para que sean nulas 
las uniones hechas mediante obrepción ó subrepción , porque 
esta es su voluntad. 

JLas demás autoridades eclesiásticas , 4 quienes compete la 
facultad de unir beneficios ó iglesias, no pueden verificarlo 
licita ni válidamente , si no media alguna de las causas si- 
guientes: 
I. Necesidad evidente de la Iglesia f3 ), y esta causa existe 
a) Si las rentas de las prebendas son tan cortas , que na^ 
die quiere aceptarlas . resultando de esto un grave daño para 
el culto y el servicio de las iglesias (4). 

(i) SciiMAtzGRUKBn : Ju$ Eccles. univ., in ¡ib. fíl DecrH., tít. T. pá^ 
rralo 5.^, núm. i80. 

(2) ScBMALZfiRDiMm: hu Ecckt. utUv., ibid., núm. i60. 

(3) Cap. XXXllI, tít Y. lib. III Decreí. 

(4) C. ni , quest. 3.% causa iO.-*Gap. I, par. VI , tít. X, lib m CU- 
nunUn.'-'Concil. Trid., sesión 21, cap. V De Refórmat. 

TOMO III. 28 






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— 434 — 

i) J^\ lii iglesia qiift se hx de unir, ha sido robada 6 des^ 
truida f 1) . 

e?j S^i sPt hulla pMYJmfl A fy^'^R ifftoJft, l^«^>^ift"^0 i]^iTgJ!i|jn^ 

muy po cos feligreses (2). 

'TT Utilidad manifie sta de la iglesia, lo cual tiene lugar: 

a) Si no se hallan clérigos ütiles e idí^peos . q \m sirvan una 
iglesia ó beneficio, ó resulta de la unión aumento del'culto 
divino (3). 

d) Si el seminario no cuenta eon las rentas necesarias pa ra 
el sostenimiento de los j óvenes que reciben allí su educa- 
oion (4) , ó el beneficio ó iglesia carece de lo neoesario^iSr 
el culto divino (5), - .^ 

En todo caso habrá de tenerle presente cotno regla gene- 
ral , que se requieren causas más graves y poderosas jeara l a 
unión de beneficios ^Mirados, giift respefito ¿ los^neficios sim- 
ples (6) . 

'""Solemnidades que lian de observarse.T-Para queh 
unión de beneficios tenga lugar, es además necesario^que se 
verifique con las debidas solemnidades , y á este efecto habrfi 
de contarse : 

a) Con el consentimiento del cab ildo cátedraTT^Tse háW 
aquélla por el obispo, y aun en el caso de hacendé porim le- 
gado á latere cuando obra por derecho ordinario y nó como 
delegado de la Santa Sede (7). 

6) Consentimiento del abad ú otr o prelado inferior á quien 
corresponda la ad ministracionó^lft Qion ña la iglesia 6 bene-> 
oficio. ~ ^ 

^ (1) Cap. II. tit. XXXVI. lib. III DecreL 

(2) C. XLVIII, quaest. i.*, causa 16. 

(3) ScnMALZGRüEBER: Jtis Eccks. uhív., iti lUf. ni Decret, tft V, i^i- 
rrafo5Anúm. 186^. . ' 

(4) Concil. Trid., sesión 23, cap. XVIIl De Reformaí. 

(5) Concil. Trid., sesión 24, cap. XV De KefermaL 

(6) Devoti : Inst. Canon., lib. H, tít. XIV, sect. i.», par. 1;9. 

(7) Cap. VII. tít. XXIV, lib. III Dfcrel.— Cap. O; tít. IV, líb. IH CU- 
mentin. 



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— 435 — 

c) Consentimiento del patrono, si el beneficio es de pa- 

trooaíp* 

d) Han de ser oídos todos aquellos que se hallan interesa- 
d oseneste asuntó y como el rector del beneficio que had^ 
unirse, el defensor 4el beneficio vacante^ el pueblo ó señor del 
lugar^ en el solo caso de que se opongan á dicha unión (1). 

Casos en que procede la separación de los benefi- 
cios qpie se lian tinido.— Esta tiene lugar cuando los be - 
neficios que se han unido legítimamente se restituyen á su^ 
fis^<j^9 piHmitiv n^ por haber cesado las causas que motivaron 
su unión, y entonces ha de hacerse por la autoridad compe- 
tente con las mismas solemnidades empleadas en aquélla (2). 

Autoridad á quien compete.— El Sumo Pontífice es el 



ánico que puede separar 6 disolver la unión de las ig lesias ca-^ 
tedrales, r ey ^^^>p(} tif^^^ ^«^^^^ fn^nUm^ yocpof^.to ^ iQyf hñnftfi- 
cios á él s ujetos, aun cuando se hayan unido por el Papa ó su^ 
le gado, ¿ jn^'^^^ q"^ '^Vijñ ^ echo la unión ga? Tolmitudine p(H 
Tesiatis púntijicuB(^). 

Sus efectos. — La iglesia unida recobra p p y f?^ separaaíon 
todos los derechos de que gozaba antes de su unión, porque 
YQe lve á su primitivo estado (4). 

^Beneficios que no pueden unirse.— Se deja manifes- 
tado que el Papa puede hacer toda clase de uniones de igle- 
sias y beneficios sin que tenga obligación de observar las re- 
glas dictadas por la Iglesia sobre esta materia ; pero las demás 
autoridades eclesiásticas no tienen este derecho , según se 
deja consignado , existiendo casos en los cuales se las prohibe 
en absoluto esta unión ; así que los obispos no pueden proce- 
der á este acto en las iglesias ó beneficios siguientes : 

1. Los beneficios de libre colación no pueden unixse á los 



(i) ScHMit^GBCEBEft : Jus Eccícs. utHv., in lib, niDecret., tít. V, p¿* 
rrafo 5.^ núm. 490. 

(2) YEGCHiOTn:ih5f. Gíinon., lib. III, cap. n, par. 16. 

(3} ScHKALZGRtJEBBR: Jus Eccles. utiiv., íH Ub. ni DecreL, tlt. V, pá- 
rrafo 5.% núm. i99. 

(4; ScBMALzcftüKBEK: Jus EccUs. utiiv., íWd., núm. 200. 



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^436 — 

dej^a^trom^» porque entonces se hariau aquéllos de patro- 
nato (1). 

2. L os beneficios curados no podrán unirse á mcmaste rios, 
abadías. c| jgT^i^^ftHgR . prfthfl^<^|R A otros beneficios simplg " 
sin excluir los ^ospítales^ seminarios, colegios 6 lugare s pia- 
dosos (2) . porque conviene al bien espiritual de las alSaT 
que el párroco disfrute de todas las rentas de la iglesia á ciqro 
frente se halla» para atender á las muchas necesidades desa 
cargo (3). 

3. Latmionde diócesis « ó los beneficios dé una diócesis i 
los de otra ( 4), ni el beneficio de un reino con el de otra 
nación, '*" ^ 

4. "No puede unir beneficio alguno á su ^esa (la eyiscoyl) 
.ni á la oel cabildo , aunque se^ muy pobrQ, p^ra evitarj oda" 

sospecha de torpe lucro (5 ) , y porque en este caso el otísfo y 
cabildo serían jueces en caysa propia (6). 

5- Tampoco pue de unir á otros beneficios los beneficios re- 
s ervados" ^ ^ Sftntfi sprtft , 4 ftT^ftpriínn ¿ia ins casos Si- 
guientes = _7" ] 

a) Pueden unir perpetuamente l as iglesi 



otros beneficio s curados ; l os nó curados con los curados jOf 
causa de pobreza u otra de las señala^a^ en el derecho, aun 
cuando dichas iglesias 6 beneficios sean general ó especial - 
m ente reservados^ ^ ^ft pinlgníf^i* mnAn nfnr^fnr |^7) 

i) Pueden unir en caso de necesidad á los sent íi[iy7Qs los 
beneficios simples de cualquier clase 6 diipiidad . aun cuando 



(í) Concil. Trid., sesión 25, cap. IX De RefomuU. 

(2) Concil. Trid., sesión 24, cap. XIII De /le/brmaí.— Sesión 13, 
cap. XVIII De Reformat. 

(3) VRCQUom : liisi. Canon. , üb. III , cap. II, par. 16. 

(4) ConciL Trid., sesión 14 , cap. IX De RefórmaL 

(5) Cap. II. tít. IV, lib. lU CUmeníin. 

(6) ScBMALZGBüBBEE : Ju9 Eccks, «n^., in lib. IIIDecrá., tit T,p^ 
?rafo 5.*, núm. 169. 

(7) Concil Trid. , sesión 21, cap. V De Reformat 



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sean reservados (1) á la Santa Sede de un modo fljcró-imnu- 
Míe (afecta) (2). 

c) Tienen igualmente facultad para reducir con las for> 

jnalidades debidas el número de prebendas en las iglesias ca- 

fiwÍT>ftiPc y <^AiPgíftfftf ^ insi gnes , si sus rentas no alcanzan & 

cubrir las atenciones necesarias de cada prebendado, sin que 

obste reserva alguna general ó especial (3) 

6. Es regla general que un beneficio nó debe unirse sino 
_k otro beneficio , á >excepcion de los beneficios unidos á hospi- 
tales, seminarios v otros establecimientos piadosos (4) ; pi los 
T)eneficios seculares con los regulares (5). 

BiTisioii de beneficios 9 y causas en que lia de 
ftmdarse. — Se entiende por división de un beneficixu^/ re- 
partimiento del ienefieio en dos ó mas partes coiuxparacion 
ie rentas , dereeJíos y cargas ú obligacioMs que afectan i dos 
ófMsbeneJiciados. 

De modo, que según la anterior definición , de un beneficio 
sebacendos ó más beneficios; de una par roquia dos ó más 

^. Losobispos procedieron en tíetapos antiguos á la erección 
y división de parroquias sin otra reghi que su prudente arbi- 
trio (7); pero según la disciplina actual, no puede hacerse esta 
di^sion sino en el único caso de que no pueda atenderse de 
otro modo á las obligaciones anejas al beneficio , lo cual tiene 
logar en los casos siguientes : 
L Cuando la distancia de los lugares 6 dificultades de los 

(1) Concil Trid,, sesión 23. cap. XVIH De Re formal. 

(2) Benedicto XIV: De Synodo dicBcesana, lib. IX. cap. Vil, 
pár.l* 

(3) Concil. Trid, sesión 24, cap XV De Re formal. 

(4) Sghmalzgrüéber: /ui^cc^. Univ., in lib. 111 Decrel.y tít. V, 
pár.5.*.núm. 165. 

|5) Concil. Trid. , sesión 24 , cap. XV De Reformat. 
(6) ScH]iAL2Chi}£iiEki:/u^^^¿e5.Ufttv.,ibid., núin.204. 
f7) Berakdi : ComtnentJin Jus Eceles. unit. , tomo lí/díssert. ÍA 
cap.UI. 



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-^ 438 — 

^"linOi^ ^'^P^'^ftTl ^ los feligreses acudir á la iglesia ^ 
asistir 4 los ofició os f^ívinnR., y recibir los sacramentos en 
tiempo oportuno ; de manera que esta grave molestia para 
concurrir á la iglesia es causa de que gran número de fieles 
carezcan de los auxilios espirituales (1). 

2. Cuando el párr oco no puede atender al cumplimiento 
desus'oblipracionqs . m anupormeaio de vicarios ó sa^erdo- 
tes auxiliares, por el excesivo número de feligreses (2). 

No puede alegarse como causa bastante para la división 
de un beneficio = 

a) El aumento del culto divino. 

b) La extinción de un litigio y ^ly atafí^fí?^'^^*^"*^ ^'^ !a g; 
y con cordia entre los litigantes. 

c) La multitud de feligreses de una parroquia , porqüe en- 
tónc es procede el nombrami fint/^ ¿^ y^fiyoT "i^mftTg /jgjayyg^ 
dotes, q ue bajo la dependencia del párroco administren el 
|)asto espiritual á los fieles (3). 

Autoridad á quien compete liacerla , y reglasqae 
lian de tenerse presentes.— La división de iglesias ca- 
tedrales compete únicamente al Sumo Pontífice (4), que pue- 
de llevarla á efecto sin las solemnidades de derecho ecle- 
siástico. 

La división de parroquias y otros beneficios inferiores co- 
r responde al obispo , qu e la llevará á efecto Qb^ey^do las 
-^glas siguientes = 

a) La porción <ie rentas ó frutos señalados á cada b^ - 
^iado por la división , habrá de. ser s^fiftíp.ptfl parA ^n ogngnia 
sustentación (5) . 

(4) Cap. in, tít. XLVIII . líb. \VLDecr^.--Concil. Trid., sesión 2i. 
cap. tV De Refarmaí. 

(2) PralecL Jur. Canon, in Seminar. S. SulpU., parte 3.*, art V, 
pár.4Anúm. 599. 

(3) Candi. Trid., sesión Si , cap. Pí De Re formáis 

(4) Yeccbiotti : Inst. Canon. , lib. III, cap. II. par. i7. 

(5) Cap. XXVI. tít. V , lib. III Decreí.-^ Candi. THd. , sesión íl 
cap. IV DeAe/ormal. 



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^ 439 — 

ij Es obligación suya nombrar un beneficiado para c ada 
uno de los beneficios que han resultado de la división (1). 

c) Ha de fí j^^'s^ ^1 reator del beneficio que se trata de di- 
vidir y á los feligreses para que aleguen lo que á su derecho 
convenga, pudiendo el obispo hacer la división contra la vo- 
luntad de aquéllos (2) que á su vez pueden apelar al metro- 
politano ó superior eclesiástico inmediato , si se consideran 
agraviados (3). 

d} Si el beneficio ó iglesia está vacante , puede preceder - 
se igualmente á la di vi sión , nombrando un defensor para qu e 
SQ3tengar sus derechos « puesto que se trata de un acto que en- 
vuelve cierta especie ae enajenación (4). 

ej .,. Se_pbservarán> además, todas las solemnidades que ti e- 
n en lugar cuando se procede á la desmembración de un be - 
neficio. 

Desmembración de beneficios.— Se entiende por des- 
membración de un beneficio: Zaparte de rentas ó frutos que 
se segregan de un beneficio , salvo su unidad, para aplicar- 
los á otra iglesia ó beneficios de escasos rendimientos, ó aun 
fin piadoso. 

Casos en que tiene lugpar.— La desmembración de una 
iglesia tiene lugar = 

a) -Cn^pi^y. v pa parte del pueblo se agreg a á ot»*»^ r5trrn. — 
guia. 



b) Cuando parte de sus rentas se destinan á otra iglesia^ 

c) Cuando se im pone alguna carga, como la de abonar 
Bna pensión. ' ~ 

En todos estos casos hay desmembración de una iglesia ó 
beneficio , y como es una regla general del derecho C^í bene- 



(i) Schmalzgrubber:/ujEccj<!^. unít?., in lib. III Decreí. tít. V, 
par. 5.% núm. 207. 

(2) Concil. Trid. » sesión 21, cap. lY Ik Reformat. 

(3) ScHM alzgbuebbr: Ju5 Eccles. univ., in lib. III Decret., tit. Y, 
par. 5.^ núm. 208. 

(4) Cap. I , tit. IX, lib. llll>ecre(. 



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— 440 — 

ñcia sine diminutione conferav^tur (1), no puede procederse 
á este acto sino en determinados casos. 

Causas justas para ello.— La desmembración de bene- 
ficios en el sentido de que parte de sus rentas se destinen á 
otra iglesia ó beneficio, puede hacerse siempre que la necesi- 
dad ó utilidad de la iglesia lo reclame , y no haya otro medio 
de proveer oportunamente á aquélla (2). 

Creen algunos escritores, que las considerables rentas de 
un beneficio y las tenues é insuficientes de otro , son causa 
bastante para proceder á la desmembración (3) 

Autoridad competente y solemnidades neoesa- 
T^í^g — T?i g»n^r. p^jiijfi^.^ puede hacer esta desmembración 
sin necesidad de observar las reglas caúónicas: basta que á 
su juicio exista justa causa para la validez y licitud del 
acto. 

Los obispos tienen también esta facultad, respecto 4 los 

hftTif^f¡ping"f1P O] |]]VÍPPgiQ (^1) , giAmpyp fjiiA nn i»ftRftrvft pura fti 

Ó los suyos, ó para su mesa ó la del cabildo, parte de los fru- 
tos del beneficio (5) , y llene por otra parte las formalidades 
siguientes = 

a) ^itacion del rector de lá iglesia 6 benefic io que se va á , 
jdesmembrar, 

b) Co nsentimiento de la iglesia ó cabildo , cu yo canonicato 
ó beneficio se trate de desmembrar. 

o) Si la iglesia 6 beneficio está vacante . ha de pedirse el 
consentimiento del defensor^ ^^ 

d) Se ^ de citar á los patronos 6 feligreses, ség u¿qiifl»el 
b eneficio^sea de patronato ó parroquial. 

(\) Tít XII,Hb. llIDecreí. „ . 

(í) Scumalzgrueber: /tf^ Eceks. univ^.An lib. Ul jDecrf<,,-Üt .Y,.- 
pá^^afo5.^núm. 201. 

(3) Yecchiotti: InsU Canon. . lib. III , cap. II , par. 17. 

(4) ScHEALZGROEBBR ; Jus BccUs. uñiv. íh Hb. ¡11 DttreU tít. V , pá- 
rrafo 5A núm. 201 . 

(5) HüGüENW : Exposit. meth. Jur. Canm.. pars specM., lib. II, tí- 
tulo I . tract. 2.*, dissert. 2A cap. lil , all. i.* 



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— 441 — 

e) Oonsentimie ntd del cabildo catedral , aun cuando el be- 
neficio no sea catedral 111 llepeuda del cabildu. 

f) El obispo debe antes tratar con el cabildo catedral so - 
bre la desmembración proyectada, según la opin ión más pro- 

^ble(l ). ~^^ • 

FeSsion, y sus especies.— La palabra pensio (pensión) 
procede dependendo ,yes:JS¿ derecho concedido 4 alguno por 
el superior legítimo para percibir , temporal ó perpetuamen- 
te , una porción de los frutos de un heneñcio ajeno, mediante 
justa causa. 

La pensión puede ser — laicalji clerical— t emporal ó per- 
petua—^real ó personal . 

Pensión laical , y á quién puede concederse. — Se 
llama pensión laical : La porción de frutos de un ieneñcio 
que se da por un servicio temporal. 

Puede concederse aun á los legos, c omo l a- q ^tte^-«g»tytorg^ 
al patrono de la iglesia en reconocimiento de la fundación , al 
defensor de la misma , ecónomo , procurador , cantor y otros 
ministros en remuneración de los servicios prestados á la 
iglesia. 
Pensión eclesiástica, y sus especies.— La pensión 

eclesiástic a exige < ^^ í*.1ftri<*> vt,p ^r\ 1n pn^nrmn A qninn qa isrvrx , 

..gede.y éstaes= 

^Simplemente espiritual, (MiaT^t^o se Qo^^-ftdft al clérigo por 
un servicio de_e gta-c la se t c o mo la otorgada al coadj utor ^ftl^ 
^ispo, predicador , viVarío á sírviftntft dñ] pArrñfto. 

Mixta, porque se funda en el estado clerical , y sólo pue- 
de conferirse á clérigos . aun guando no tiene por objeto el 
servicio espiritual, sin o otra causa » como la concedida al par 
rroco anciano u otro cierigo pobre para su necesaria susteía^ 
tacion , ó al que perm utó un beneficio pingtte por otro po- 
bri^s etc. (:¿). ^ 

(1) ScmfALZGMiEBEii: Ju$ Eccles. unív. » ín lib. 111 Decret.^ tit. V, 
par. 5.^. núm. 202. 

(2) Schhalzcrucbir: Jus Eccles. unir., ibid., tit. XII, núm . 2. 



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ffi^ 



— 442 — 

Si es beneficio. — La pensión laical no puede compren- 
derse bajo el nombre de beneficip, toda vez que no exige es- 
tado clerical ni oficio espiritual ; y únicamente se cuestiona, 
si la pensión eclesiástica tiene ó nó el concepto de beneficio, 
pero parece más probable , que no es beneficio, ni puede com- 
prenderse bajo dicho nombre , porque el beneficio es por su 
naturaleza perpetuo , y se funda en un oficio espiritoal, 
aparte de que las disposiciones del derecho distinguen los be- 
neficios de las pensiones (1). 

QxLiénes pueden imponerlas. — El Sumo Pontífice pue- 
de imponer pensiones temporales y per petuas en virtud de su 
a utoridad suprema (Ú^ p leha en xodo s los beneficios. 

Esta facultad corresponde también á los obispos y ot ros 
prelados, respecto á la pen sión temporal que se extiend g^ 
"toda la vida aei beneficiado gravado, si se interesa la paz y 
coiiOQrma entregos ilxiganies y)bre un peneacio (;5j; pero 
se cuestiona entre los canonistas, si podrá imponerla durante 
la vida del sujeto , en cuyo favor se constituye la pensión (4). 
Los obispos y otros prelados inferioresal ^Papa no pueden 
imponer pensiones perpetuas ( 5), porque es unadispe^a^da^ 
las leyes generales de la Iglesia que prescriben ^t hufi&A 

esta facultad (6). 

Tampoco pueden imponer pensiones por causa de resigna- 
ción in favor tm^ ni para aplicarlas á su mesa ó la capitular. 

Causas para ello.—El Sumo Pontífice puede imponer 

(i) Cap. IV, tít. IV. lib. III iexU Decret.^Ckmcil. Trid., sesión 11. 
cap. II Dñ BeformaU 

(2) Cap. II, tít IV. lib. III sext. Decrei.-Cx^, I, tít. V. lib. U Cfc- 
mentin. 

(3) Cap. XXI. tít. V. lib. 10 Deerel. 

(4) Pralect. Jur. Canon, in Seminar. S. Sulpií., part. 3..* fiect. 4.\ 
art. 2.% par. 4/, núm. 60i. 

(5) ScEMkiifíMxnxi: Jus Eccles. univ., in lib. UI Decret., tít. Xn, 
núm. 6.* 

(6) Vegchiotti : InsL Canon. ^ lib. III . cap. III » par. 39. 



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— 443 — 

pensiones temporales ó perpetuas , laicales ó eclesiásticas, en 



cualquiera clase de beneficios y en la cantidad que tenga por 
c onveniente > sin que sea^ecesario para la validez del act o" 
que medie justa causa , puesto que es la suprema cabeza d e la 
Iglesia, y las leyes eclesiásticas no son obligatorias al mismo^ 
ni tienen par a él otro copcepto que el de meramente direc ti* 
vasXl) . 

Los obispo s y otros prelados no pueden imponer pensiones , 
dno mediante justa caus a; cuyo requisito es de absoliita flé» 
cesidad para la validez de aquéllas. 

Se considera causa justa para este efecto to do lo que ced a 
en utilidad de la Iglesia , h allánd(3>se en este caso = 

a) El restablecimiento de la paz y concord ia entre los que 
se c onsideran con derecho á un beneficio. 

7} Serv icios prestados 6 que han de hacerse á la Igle sia. 

g/' ^ocorro ae párrocos ó clérifi^os que han renunciado su s 
be neficios por ancianidad ó enfermedad . 

cí) Auxilio de escolares pobres. 

e) Socorro de los pobres ú otra causa piadosa ( 2). 

f) Compensación equitativa en la permuta de benefi ci o§4^. 
Reglas que lian dé tenerse presentes.-— Todas las 

autoridades eclejsiásticas inferiores al Papa, que tienen facul- 
tad de imponer pensiones, habrán de observar además los re- 
quisitos siguientes: 

I. L a pensión que se imponga á un beneficiado, ha de ser 
moderada ; de modo que le queae la renta suficiente para su 
cómoda sustentación, socorro de los pobres, pago de los dere- 
chos episcopales y otras cargas anejas á su ministerio (4) , por- 
que no debe desnudarse á un santo para vestir á otro según 
se desprende de las mismas disposiciones del derecho (5) arre- 

(i) ScHMÁLZGBUEBER : Jus Ecclcs. uhív., in lib.lll Decret., lit.Jíh 
núm. 10. 

(2) Scomalzcrdeber: JusEccles. univ., ibid.» núm. 12. 

(3) Yeccbiotti: InsL Canon., lib. III, cap. III, par. 39. 

(4) Cap. XII, tít. V, lib. III Decra. 

(5) Cap. XXXYI, tít. V, lib. III í>ecrí<. 



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— 444 — 

gladas , por otra parte , á lo que la misma razón aconseja. 

Esto tiene aplicación* á los beneficios parroquiales , que 
necesitan personas doctas é idóneas de un modo especial paA 
5u buen desempeño ; no siendo fácil encontrarlas con estas 
condiciones, sise impusiesen pensiones excesivas sobre estos 
beneficios , lo cual cedería en detrimento y grave daño de la 
Iglesia y de las almas (1). 

El Concilio de Trento, partiendo de esta doctrina, pres- 
cribe que las iglesias catedrales , cuyas rentas anuales no ex- 
cedan de mil ducados y las parroquiales de ciento, no podrán 
gravarse con pensiones (2). 

II. Es necesario que cuente con el consentimientodeLbfir 
neficiado <> df^^'fT^ pnRPftfjf>r del beneficio ^ c( tie iratytLe gra- 
var con una pensión ; y si el beneficio está vacante , habrá 
necesidad de nombrar un defensor al efecto , porque se trata 
de un acto que imita la naturaleza y envuelve cierta especie 
de enajenación (3). 

III. Es necesario el c onsentimiento del patrono , sí el be« 

pensionado . y aun* en el caso de que seir-drmmte-la^-vida del 
beneficiado, si la pensión es grandemente onerosa. 

Beneficios sobre los que pueden imponerse pen- 
siones, y sobre qué frutos.— Es regla general que el 
obispo puede imponer pensiones mediante causa justa, en to- 
dos los beneficios de su diócesis, ¿"ffiénoscfúé se¿S''"áé*tan es- 
casos rendimientos , que apenas basten para cubrir lá's'líiféflr' 
cienes del beneficiado. 

Eas pensiones no suelen imponerse sobre rentas ó'produc- 
tos^mclertoj, üí sobre las dis tribuciones cuotidi anas; así q u e- 
l^y necesidad de expresarlo entgr minos alaros y preciso s^ 
cuando recaen sobre dichos frutos. 



(i) ScHMALZGBUEBEft : Jus EccUs, uuiv.j iu lib. 111 Decfet., tit. XII, nú- 
ñero i3. 

(2) Sesión 24. cap. XIII De /íc/brmaí. 

(3) ScBMALzcRUiBER : Jus Eccks. utiiv., ibid., núm. 14. 



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— 445 ~ 

Es indiferente para la validez del acto que la pensión se 
jrt^pnnpfA Bn el momento deconíenrse el beneficio, antes ó " 
^f^ptiP.R Hp. hnhfti» t enido esto lug ar, siempre que por otra 
parte se observen las demás formalidades de derecho (1), 

Si pueden concederse á los legos.— La pensión tem- 
poral puede concederse aun á los lepTQSf que han prestado ó 
pres tan servicios ¿ la Iglesia , en cuyo caso la concesión sólo 
^üede hacerse por el Sumo Pontífice , porque se trata de hacer 
profano lo que va anejo al título de un oficio espiritual. 

A quiénes puede concederse pensión eclesiás- 
tica. — ^La pensión eclesiástica sólo puede concederse á las: 
I)ersonas que reúnan las condiciones siguientes : 

aj Que sea por lo m enos clérigo tonsurado^ porque la con- 
cesión hecha á un lego es nula, á menos que se haga por el 
Papa (2). . • 

6J Que no sea casado, p orque los clérigos casados sólo go- 
zan del privilegio del canon y del fuero en lo criminal , sienda 
considerados en todo lo demás como legos. 

c) Que no sea bí^amOn. 

dj Que no esté excomulgado 6 suspenso , y por esta razón 
la curia romana en las letras que se expiden en favor del pen- 
sionado , pone la cláusula de que se le absuelve de cualquie- 
ra censura, lo cual sería inútil , si no envolviera una inca^ 
pacidad para obtener esta gracia apostólica. 

ej Que no sea religioso, si el beneficio sobre el que se im - 
pone la pensión es ^fí<*>ii]ftr,,pnrqnft los religiosos tienen inca- 
pacidad para obtener pensiimes sobre los beneficios seculares,- 

fj Que tenga la edad legítima, ó se a mayor de siete años ^ 
sin que obste la disposición Tridentina, que exige catorce 
años para obtener un beneficio simple (3), porque la pensión 
no se considera beneficio en las cosas odiosas. 

(i) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles. uuiv., ín l¡b. 111 Decret., tit. XII, ni^r 
mero 17 y sig. 

(2) ScHMALzcRUEBEit : Jus Eccks. utiiv.r ihid^ núm. 2i. 

(3) Sesión 23 , cap. VI De R^famuU^ 



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TU 



— 44^6 — 

g) QuB no sea irre gular (1). 

Obligaélones de los agraciados con pensión ecle- 
siástica. — Los clérigos que han obtenido pensión eclesiásti- 
ca , están obligados á lo siguiente = 

a) A rezar el t ífinjn t"*^^^^ ^^ ^^-'^^nT^n , ^ TOf^nofi qv^J;;;^ 
obligación por o tro concepto de rezar el oficio divino . 
"^b) Allevar el habí an y f^Tisnya; í*.iftnV.ftl , 

V ) rgxri^nf^r \us. '^fírcT ° o^^joo oí hf.Tlfífi ^io dcl quc percjbe^ 
la pensión ^ en la parte correspondiente, con arreglo á la por- 
''cion de frutgg que recibe ; á excepción del caso en que sé le 
conceda la.penáfonlibre de toda carga por especial gracia de 
la Santa Sede (2). 

Si pueden venderse. — ^Las pensiones temporales pue- 
^den, según muchos canonistas , redimirse y aun venderse sin 
el vicio de simonía, á diferencia de las pensiones eclesiásticas 
6 espirituales, en las que nada de esto puede hacerse sin incu- 
rrir en el crimen de simonía, debiendo decirse lo mismo de 
las pensiones mixtas según el derecho vigente, á menos que 
se haga con licencia de la Santa Sede (3). 

Modo de exting^uirse las i>ensiones.— Las pensiones 
pueden extinguirse de los modos siguientes : 

a) Por muerte del que la disfruta, po rque la pensión im- 
puesta al beneficio , sólo dura mientras viva el agraciado. Si 
la pensión va impuesta al beneficio , entonces habrá obliga- 
ción de satisfacerse por el sucesor, á diferencia del caso en 
que se imponga al beneficiado, porque como carga meramen- 
te personal , cesa con su muerte , sin que el agraciado pueda 
exigirla al sucesor en el benefipio-X^í* .^ 

b) Por m atrimoni o del pensionario, i)prqu^. la. pensión se^ 
concede por razón del clericato , y lp$ privilegios de los cléri- 

(4) ScHMALzcRüEBER : Jus EccIbs. ufíiv., ífi lib. lUDecTeU, tít. HI, nfi- " 
mero 24. 

(2) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles. univ., ibid., núm. 27 y sig. 

(3) Vecchiotti : Inst. Canon., lib. III, cap. ÍU, par. 39. 

(4) SCBMALZGRUSBER : Jus Eccles, unitf,, ibid., núm. 41. 



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— 447 — 

gos cesan desde el momento que contraen matrimonio, menos 
el del canon y el del filero en lo criminal , sin más excepción 
que el privilegio concedido por el Sumo Pontifico de que pue- 
da disfirutar dicha pensión , aunque contraiga matrimonio. 

c) Por promoción al episcopado ^ exceptuándose de ' esta 
regla los obispos titulares, porque ño reciben los frutos de 
sus episcopados y los obispados cardenalicios de Ostia, etc. 

d) Por profesión religiosa f a un cuando sea en las órdenes 
militares, siempre que sean verdaderos religiosos. 

e) Si el pensionario abraza la carrera militar , y no la deja 
d espués de amonestado al efe cto. tf^^-^^ -^ ^ 

f 1 fli ftl p ensiona rio perdona para siempre la pensión . 

jf ) ai nhtiftne ftl heneficj^ grabado con pensión en favor 
suyo , siempre que lo haya obtenido con arreglo á derecho; 
porque si lo posee de hecho solamente , revive la pensión des- 
de el momento en que lo pierde mediante sentencia judicial, 
que declara á otro legítimo poseedor del beneficio. 

h) Si el pensionario deja la tonsura y hábito cleri cal, no 
obedeciendo el mandato del superior que le recuerda este 
deber. 

i) Por los delitos de herejía f 1), lesa majestad ( 2) eclesiás- 
tica . ó percusión de ol^ispos ^fi iftg hMcpirir p.ti q ue tieneTa" 
pe nsión (3) . 

Supresión de beneficios, y modos de verificarse. 
Se entiende por supresión de beneficios: La cesación ó extin- 
ción de los mismos. 

]E¡6t.a. puede tener lugar = 

a) Cuando la ^ífiRíi^ «p- dR«twiYft j untamente con sus ren - 
tas^ á^ae en podOT de infieles , herejes é^ismáticosT ^ 

i) Cuando la autoridad eclesiástica <*'<^Ti]pfttftntft \t\ ftnprfmf^, 
^í^^^'^iftílf^^ *^"*^ ^'^"tft^ ^ ^ tros usos piadosos ó eclesiástí- 
£0s44). 

(1) Cap. IX, tu. VII, lib. V DecrH. 

(2) Cap. V,tít.IX,lib. Víftcí. Decreí. 

(3) Cap. I, tit. Yin, lib. V dementin. 

(4) Vecchiotti: /ni^ Canon. , lib. III , cap. II, par. 17. 



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L 



— 4á8 — 

La traslación de un beneficio no puede en manera algu- 
na confundirse con la supresión del mismo, porque sus ren- 
tas , derechos y obligaciones subsisten, si bien mudando de 
localidad (1). 

Causas para ello, y si podrá liacerse por el obis- 
po. —^ Como la supresión de beneficios disminuye el culto 
divino, de aquí que no pueda verificarse sino en los ca- 
sos de = 

i) Vindicta de un gravísimo delito . 

c) Penuria de rentas hasta el pimto de carecer de lo ab- 
RoliituTypiytf TiAPgcftr^Qpgyg q1 sostonímiento del beneficia- 
do (2) . 

El obispo puede reducir el número de beneficios de su 
diócesis, mediante las causas indicadas, cuya facultad se 
extiende á las prebendas y canonicatos (3) , contando al efec- 
to con el consentimiento del cabildo, á menos que se trate_ 
de una dignidad que debe existir en las catedrales por dere- 
cho común, porque en este caso se necesita licencia de 
la Santa Sede (4) , lo mismo que en el caso de ceder en bene- 
ficio del obispo ó cabildo la reducción de prebendas. 

Cuando el beneficio, que se trata de suprimir, es de pa- 
tronato, entonces es necesario el consentimiento del patrono, 
sin que obste su negativa 'para llevar á efectq la suj^resion. 



(4) Condh Trid. , sesión 51 , cap. Vil Be-fteformcU: ^ 

(2) HuGUENOf : Bxposit. meih, Jur. Camm. ,* pars épeeífüVT'^h. II, 
tít. I, tract.2.^, dÍ8ert2.\cap.IiI,art4A-pér.2;* -' 

(3) ConeiL Trid. , sesión 24, cap. XV De R$farmai. 

(4) SGHMÁLzcauBBEa: Jm BceUs. wUv.,in Ulf. ÍÍI Decret.^ tit. XU, 
núm. 51. 



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— 449 — 



CAPÍTULO III. 

PLURALIDAD DE BENEFICIOS. 

Pluralidad de beneficios , y- leyes de la Iglesia 
€[iie la prolüben. — Se entiende por pluralidad de benefi- 
cios : La posesión actual de dos ^jnásMneficios por una mis- 
^na persona. .— • 

Las leyes eclesiásticas más antiguas prohibieron á los 
clérigos su adscripción en el catálogo de dos ó más iglesias (1) 
fundándose para ello en que = 

aj Los beneficios eclesiásticos obligan á la residencia del 
beneficiado. 

6) Cad a uno de ellos lleva anejos deberes y nhlígftpj'nnftR 
jmra oc upar constan temente á una persona ( 2 ) . 
•^ /?; Se privaj PQr este medio á clérigos benemérito s del sns- 



tentó necesario. 



e) Se disminuye ftl culto divino. _ 

f) Se descuida la hospitalidad , la defensa y solicitud que 
se requiere en las iglesias. 

ff) Sftfthandona la cura de almas, 

h) jy^ft^ftíir^ftTr^min^ f^ ^^ rnTr^j^' ^^^on de costuinb raSu..¿er 

gxm djn fí Pl PT" ^""^^ "^^Tí i^y 

Estos males , que resultan xie la pluralidad de beneficios 
en una misma persona » ha sido la causa de que la Iglesia ha- 
ya dictado nuevas disposiciones con arreglo al espíritu de los 

(1) C. II, qusest. 1.*, causa21.— C. III, par. I.*, quaest. 3.% cau- 
sa 10. —G. I, quaest. 1.*, causa 24. — C. I , dist. 89. — C. 11 , párra- 
fo !.•, dist. 70. 

(2) Cap. únic. , tit. III, lib. III Exiramg. commun, 

(3) Cap. únic. , tít. III Exiravag. 

TOMO in, 29 



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— 450 — 

antiguos cánones (1), sosteniendo el principio de que cada 
beneficio requiere una persona dedicada al cumplimiento de 
los deberes que impone. 

Causas justas para que una persona posea dos ó 
m&s beneflcios. — La Iglesia ha prohibido la pluralidad de 
beneficios por las razones que se dejan indicadas, y algunas 
otras que pueden deducirse fácilmente de aquéllas (2) ; pero 
es indudable que pueden ocurrir casos en que resulten gran- 
des ventajas sin ninguno de los inconvenientes citados , de4a 
pluralidad de beneficios; como se verifica siempre que medie 
alguna de las causas siguientes : 

Necesidad de la i/nlesia, y esto tiene Ingar ffunndn no^ 
hallan personas idóneas para cada uno de los benefick)&^ com o 
suele ocurrir en los puntos donde los herejes tratan de apode- 
rarse de las iglesias ó beneficios (3). 

Utilidad de la iglesia, como si uno ausente tte la igles ia 
h a de prestar mayores servicios á la misma que cualquier 
6t rQ hallándose presente . á causa de su autoridad, poder é^- 
influencia , prudencia ó doctrina ; de lo cual hay un ejemp lo 
éü Aúnel o , obispo fuldense (l«'uiaaj^ a quien S. Gregorio Mag - 
jin ñi^ pp^Vn'gpn^n Ha Tfl,fyft(; }qa para quo lo rigiera |u^ " 
men te con el que poseía (4). 

Esto mismo se observa en otros puntos donde los hijos de 
Ip^ príncipes obtienen va rias iglesias catedrales , aun cuando 
no haya n llegado á la e dad prescrita^ á fin de que aqueuas' 
i ^lesias^uedan deíenáerse nif^ t^ilmente de los herejes (5). 

{{) Cap. III, Wi. IV. lib. III í>ccre/.— Cap. IV, lít XIV, libro I Dé- 
crd. -Cap. V. XIII y XXVIII, tít. V, lib. III Decrcí.— Cap. XXXÜ. títu- 
IV,l¡b. IIUftTí.Decrc/.— Cap. III, tít. lí, lib. III Cíem#n«fi.— Capí- 
tulo IV, tít. II, lib. III Exlravag. commun. — Concil. Trid.^ sesión 7.*. 
cap. II, l\y\De iíc/orma/.— Sesión 24, cap. XVII De Re formal. 

(2) ScHMALZGRUBBER .' Jus Eccks. tmiv., íñ Ub. III Decrct,, tít. V, pá- 
rrafo 4.', núm. 404. 

(3) Schmalzgrcgber: Jus Eeeles. univ,, ibid., núm. i38. 

(4) C-Vy VI,quae8t.l.%cau8a24. 

(5) Benedicto XIV : De Synodo dicsces., lib. XUI, cap; VIH , núm. 9. 



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— 451 — 

Excelencia de méritos , como se indica en las mismas dis- 
posiciones legales que prohiben la pluralidad de beneficios (1). 
Titulo de sustentación , co mo si eLbeneficio no cuenta con 

Ing rft<^^]pgns inHispftngithlftg pnra ftl i*n1to y fi^fftf fiJmíento del 

beneficiado (2). 

Autoridad del Papa para conceder muclios bene- 
ficios á una persona.— E l Sumo Pon tífice , en virtud de 
5U autoridad suprema en la Iglesia universal, puede conce- 
der ¿ una persona dos ó más beneficios (3), y esta potestad del 
Papa es tan amplia , qu e la conc esión hecha sin mediar justa 
causa es válida au nque ilícita (4), siendo atribución exclusi- 
vamente suya conceder & una persona= 

a) Muchas dignidades, personados y beneficios curados . 

6) Dos 6 más beneficios uniformes bajo el mismo techoT 

c) ^os 6 más beneficios no uniformes y cualesquiera otros 
b eneficios , aun simples sub diverso tecto , aunque el pri mero^ 
baste p ara la honesta sustentación. 
0^ Si se extiende á los obispos y otros prelados.— Los 
obispos pueden también dispensar en esta materia , concedien- 
do un segundo beneficio compatible , y aun más de dos bene- 
ficios dé dicha clase, si existe costumbre legítima en este sen- 
tido, siempre que el beneficiado necesite de ellos para su ho- 
nesta sustentación (5) , según el prudente arbitrio del mismo 
obispo , habida consideración á la costumbre local y circuns- 
tancias del beneficiado (6). 

Esta facultad de los obispos se extiende á los beneficios in- 
compatibles por las sinodales de la diócesis, y también res- 
pecto á los de derecho común en los casos de una gran nece- 

(1) Cap. XXVIII, tít. V, Hb. III Dccreí.— Cap. únic, tít. IH Exiravag. 
(i) Dbvoti: Inst. Canon., lib, II, lít. XTV, sect. 1.*, par. 17. 

(3) Cap. XXVIII , tít. V, lib. HI Deere/.— Cap. II , tít. IV, lib. IH 
$exi, Decret.-~CA^. I, tít. V, lib. II Clementin, 

(4) ScHHALzcRUEBER : Jus Eccles. Univ.. in lib. 7/7 Decreí., tít. V, pá- 
rrafo 4.^ núm. 142 y sig. 

(5) ScHMÁLZGRUEBER : Jus Ecclcs. univ.y ibíd., Dúm. 102, 144 y sig. 

(6) Deyoti: Inst. Canon.y lib. 11, tít. XIV, sect. 1.», par. 17. 



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— 452 — 

sidad ó evidente utilidad pública, siempre que no pueda re- 
currirse al Sumo Pontífice y haya peligro en la dilación (1). 

Compete igualmente dispensar en esta materia á los lega- 
dos a IcUere en la provincia , que representan al Sumo Pontí- 
fice, siempre que medie justa causa y se trate de beneficios 
en que el obispo tiene esta facultad respecto á su diócesis, ó 
sea en igual forma que los obispos. 

El vicario general no tiene esta facultad, á menos que me- 
die comisión especial del obispo : hallándose en igual caso el 
cabildo catedral sede vacante , lo mismo que los reyes y prín- 
cipes (2). 

Casos en que pueden obtenerse muclios benefi- 
cios sin necesidad de dispensa.— La regla general que 
prohibe obtener más de un beneficio á ima misma persona, 
deja de ser obligatoria cuando mediante justas causas, dis- 
pensa de ella la autoridad competente en la forma que se deja 
indicada. 

También puede obtenerse más de un beneficio sin necesi- 
dad de dispensa en los casos siguientes: 

a) Cuando el pr imprn no tiftTift la s rentas necesarias para la 
ho nesta susten tación del beneficiado, en cuyo caso puede oV 
tSher otro que no oíjligue á la residencia (3). 

b) Si la iglesia catedral , parroquial ó dignida d son exce- 
s ivamente pobres , ó se halla n gravadas con deudas , entonces 
puede conferirse á sus poseedores un beneficio sinaple ycom- 
patible (4 ). 

T) Cuando up bftnpfir^ín QA >i^|i a anejo accesoriamente 
al otro. 

d) Cuan do se da á una persona un beneficio en título y 
otro en enconaiend^S). 

(4) ScHüALzcRüEBKR : Jus Ecclcs. wíiv. ifí lih. 111 Decrct., tít. V, l^- 
rrafo 4.®, núm. ii5. 

(2) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccks. utiiv.y íbld., uúm. 147. 

(3) CondL Trid., sesión 24, cap. XVII De Reformat. 

(4) Concil. Trid, , sesión 24 , cap . XVII De Reformat. 

(5) ScHiULZGRVEBKR : Jus Eccks. tmío., ibid., núm. i37. 



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— 453 — 

Beneficios compatibles é incompatibles , y su orí- 

^n. — Se llaman compatibles: Los beneficios que por no exir 
{fir continua residencia, pueden obtenerse por un mismo be- 
%6ficiado. 

Esto tiene lugar en dos canonicatos, si cada uno de ellos 
sólo obliga á residir tres ó seis meses, en virtud de estatuto ó 
<5ostumbre legítima. 

Se entiende por beneficios incompatibles : Aquellos oficios 
que obligando á la constante residencia personal por derecho 
natural ó común eclesiástico , costumbre , fundación ó estatu- 
to^ no pueden obtenerse á la vez por una persona, sim me- 
diante dispensa (1). 

Se deja consignado en este capítulo que la pluralidad de 
beneficios en una persona no se opone á las prescripciones le- 
gales , cuando esto tiene lugar mediante alguna de las cau- 
sas señaladas y se hace con las debidas solemnidades. 

Por esta razón se observa ya en tiempos antiquísimos , que 
se concedieron muchos, ó más de un beneficio, á una misma 
persona (2) ; pero del recto uso de esta excepción á la regla 
general, que prohibe á una persona obtener más de un bene- 
ficio, se abusó mucho principalmente en la Edad Media , efec- 
to de la insuficiencia de las rentas de los beneficios (3) , no me- 
nos que de la ambición y avaricia de no pocos (4). ^ 

Entonces fué cuando los intérpretes distinguieron entre 
beneficios residenciales y no residenciales, llamando á éstos 
compatibles y á los primeros incompatibles, cuya distinción 
fué admitida según varios canonistas en las disposiciones le^ 
gales (6). 

{\) Schxalzgrueber: Jas. Eccles. univ., in ¡ib UJDe creL, tít. Y, pá- 
rrafo A.\ núm. 84. 

(i) Devoti: Inst. Canon., \ih. 11, tít. XIV, sect. 1.*, par. 42» 

(3) Philups: Comp. Jur. Eccles., lib. II, cap. V, par. 84. 

(4) Berardi ; Comment. in Jas Eccles. univ., tom. II, dissert. 1.', ca- 
pitulo y. 

(5) Cap. Vn , tít. III , lib. I sext. Decrc/.— Cap. IV, tít. II , üb. I Cíe- 
-fnenlin.^Concil. Trid., sesión 7.», cap, IVZ>e Re formal. 



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— 454 — 

División de los benefioios incompatibles.— Los h^^Sr 
neficios incompatibles se dividen en= 

Incompatibles in primo ff enere, que son: Los que se opo- 
nen entre si de tal modo en una misma persona ó sujeto, gue 
basta obtener el seguido para que en el acto quede vacante el 
primero. 

Incompatibles in secundo genere, que son: Los que á pe- 
sar de no poderse obtener licitamente por una misma perso- 
na, no se oponen entre si de tal modo, que umvez obtenido 
el segundo, vaque por el mismo hecho el primero. 

Esta distinción no existe en la legislación vi gente , puesto 
queen todos los beneüéios incompatibles pórrazon de la re- 
sidencia, queda vacante el primero absolutamente é ip90 
jure (1). 

Beneficios sub eodem vel diverso tecto, uniformes vel 
niFORMES.— Se llaman sub eodem tecto, l os beneficios poseidos 
e n una misma Iglesia. 

Beneficios sub diverso tecto, los que una persona posea en 
distintas Iglesi as. 

Se da el nombre de uniformes , á los beneficios cuyas fun- 
ciones son de la misma especie, á diferencia de los diformes, 
que llevan anejas funciones de diversa especie (2). 

Razón de estas distinciones. — Estas distinciones se 
hicieron rectamente por los canonistas, como consecuencia de 
la división de beneficios en compatibles é incompatibles, así 
que una persona no puede poseer sub eodem tecto dos benefi- 
cios uniformes, como dos canonicatos, porque cede en detri- 
mento del culto divino , y por otra parte se da cumplimiento 
álos deberes de uno solo de ellos; pero podrá obtener en la 
misma iglesia dos beneficios diformes , si cada uno de ellos es 
incongruo y el servicio de uno no es incompatible con el del 
otro beneficio (3). 

(i) Concil. Trid., sesión 7.' , cap. IV De Reformat. 
(í) Pbilups: Comp. Jur. Eccles., lib, II, cap. V, par. 84. 
(3) ScHMALZGRCEBER : Jus Eccles. unív., in lib. 111 Deereí., tít. V. P^ 
rrafo 4.^, núm. 89 y sig. 



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— 455 — 

M^ Breve reseña de los beneficios incompatibles.— 
^^^ Los beneficios incompatibles , que no pueden obtenerse á la 

vez por una misma persona, á no mediar dispensa pontificia, 

son los siguientes : 

a) Dos obispados ó abadías — dos vicarías perpetuas ó dos 
benefi6Í05 Cül*¿dos (IJ . ^ 

b) Dos dignidades ó personados (2) en una 6 diversas igle- 
s ias. 

'^ r.) ^an\t[pcQ l os religiosos pu eden obtener dos ó más bene- 
ficios i^gulares (3) en uno ó distintos mona sterios' 

d) D os ó más beneficios simples y unifSrSSs sub eodem 
fegfoT^), sin que tenga valor alguno J a^ gostumbre en con- 
trario. 

e) Dos ó más beneficios diformes en distintas iglesias ^ q ue^ 
exigen residencia personal é incompatible (5). 

f) Do s^ó más beneficios en distintas iglesias q ue no requie- 
ren residencia personal , si cada uno de ellos basta para la 
congrua sustentación del beneficiado (6); pero está admitido 
por la costumbre , que una sola persona pueda obtener muchos 
beneficios simples, aun cuando uno de ellos baste para la con- 
grua sustentación del beneficiado (7). 

Cuándo queda vacante el primer beneficio des- 
pués de obtenido el segnu^ido.— Se trata aquí de una per- 
sona que ha obtenido un segundo beneficio incompatible con 

{i) C. III , par. 1.**, quaest. 3.*, causa 40.— C. I y V, qucest. 4.*, cau- 
sa 2i.-Cap. VII y LIV, tít. VI , lib. I Decrci.— Cap XXVUI , tít. V, li- 
bro III Z)e^e(. 

(2) Cap. LIV, tít. VI , lib. I Decreí.— Cap. XUI y XXVIII , tít. V, li- 
bro III Deere/.— Cap. únic, tít. III Extravag. 

(3) Cap. XXXII , tít. IV, lib. III sext. Decret. 

(4) Cap. VI, tít. II, lib. III Cíemenít».— Cap. I , tít. IV, lib. I sext. 
Decret. 

(5) Candi. Trid., sesión 24, cap. XVII De Re formal. 

(6) CenciL Trid., sesión 24, cap. XVII De Beformat. 

(7) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles. ufitv., in lib. ni Decreta, tít V, pá- 
rrafo 4.*, núm. 97 y sig. 



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— 456 — 

el que ya posee , y acerca de esto habrá de tenerse presente. 
I. Que las disposiciones canónicas anteriores al Conci- 
lio III de Letran no privaban ipsojure del primero ni según- 
do beneficio , a l que o btenía dos parroquias ó dos dignidades 
ú^otros beneficios incompatible&, aiüjLUrrH-^f^ ip. pp-rmí^l^ gñft 



OBÍ ara por uno de ellos (1). 

II. El Concilio III de Letran quitó al beneficiado el dere- 
cho de optar entre el primero y segundo beneficio , y d ispuso, 
que s i uno haWtendo obtenido un segundo be neficio no renun- 
ciaba al primero , h abría de ser privado de éste por senten cia ^ 
judicial (2). ^ 

TÍT E ^ Concilio IV de Letran estableció . Qu e si uno d es- 
pués de poseer un beneficio curado. obtíf rU^ o^ro ^p^- ^^ TnismA 
jj^?f*rr qnp^»^ privRHn ip^ñ j^i.^P Hp] prim^fF^; 7 si intenta con- 
servarlo « p p.ríl^ff^. tftmv>ipr> p1 g^gnnHn; coucédiendo al cola- 
tor facultad para conferir el primer curato, y si deja transcu- 
rrir seis meses sin hacerlo, pasará por devolución este dere- 
cho al superior inmediato con obligación de entregar á la 
misma iglesia curada la renta percibida desde el mismo dia 
de la vacante (3). 

IV. El papa Ju^ n XXII prescribe , que si uno obtiene un 
^iiratQ.digT]]^!!^ f^p^^^fl.dn.hftl^AT^r]|)^ft va p.ti pí^j^rtf^ÚMi de- 

otro de igual clase , queda privado ipsofacto del primero des- 
Hg el momento en anje poseg ó püdol p oseer pacificamen te el 
s egun do , á cuyo efecto hará renuncia de él en manos del or-^ 
(finarlo; y si no lo hace , quedará privado ipsojure del segun- 
do con inhabilidad para recibir los sagrados órdenes y obtener 
cualquier beneficio eclesiástico. 

Ordena asimismo que los beneficios vacantes de este-modo, 
quedan reservados al Sumo Pontífice (4). 

V. El Concilio de Trente confirmó en todas sus partesja^ 



(i) Cap. VII y XIV. tít. V, lib. III DecreU 

(2) Cap. III, tit. IV. lib. III Deeret. 

(3) Cap. XXVIII. tít. V, Ub. III DecreU 

(4) Cap. únic. , tit III Extravag. 



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— 457 — 
4ecretaldft -TnaTi YYTT (1)| Rín que se oponga á ello la facul- 
tad que concede para optar por uno de los dos ó más benefi- 
X5Í0S incompatibles (2), porque esto se refiere á los que enton- 
ces, ó sea en la época de la celebración del Concilio , se halla- 
sen en posesión de dichos beneficios (3). 

Etimología de la palabra encomienda, y su defini- 
ción. — ^La palabra commenda (encomienda) procede del verbo 
cammendare, que significa dar en i^.nstodi^r ftucar^ar, pedir ó 
dar orden á otro que tome á su cuidado alguna persona 6 cosa . 

Se entiende por encomienda de beneficios : el encargo 
dado á un clérigo de regir una iglesia ó levantar las cargas 
anejas d un beneficio con derecho á las rentas ó frutos del 
mismo. 

Origen de las encomiendas de beneficios.— El uso 
de las encomiendas en la Iglesia es antiquísim o ; así que las 
misnías iglesias catedrales se encomendaban en los primeros 
tiempos, á fin de que imo rigiese la diócesis, mientras se ha- 
cía la elección de obispo. 

Esto mismo tenía lugar cuando los obispos huían de sus 
iglesias con motivo de ser perseguidos óen virtud de irrup- 
ció n de enemigos. 

Los mismos monasterio&.J5e> dieron muchas veces en enc o- 
miend a á los obispos ú otros clérigos con objeto de restabl e- 
cer la disciplina en toda su pureza (4) . 

Estas encomiendas , lo mismo que las de las parroquias, 
eran temporales ó perpetuas seg ún la naturaleza de la causa 
que motivaba su concesión (5). 
Causas de su institución.— La s encomiendas de bene- 

^fiiO . ^ TT^aynrnr ¿x monnunr pnnrlpn PHTir^ftdftrst^, , sicmprC qUO 

(1) Sesión 7.% cap. IV De Refórmat, 

(2) Sesión 24 , cap. XVII De Refórmat. 

(3) Schmalzgrüeber: Jus Eecles. tmiv., in lib. III Decret., tít. V, 
par. 4.*, núm. iOB. 

(4) Vecchiotti : hisL Canon., lib. III, cap. III, par. 37. 

(5) DEvon : Insl. Canon. , l¡b. II. tít, XIV, sect. 3.», párrafo 23 y 
siguientes. 



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%; 



71 



ü 



— 458 — 
ftgf \r\ ftxjjft ift^ TiAftAgiHftH A nf Uidad de la iglesia ; lo cual tiene 
lugar en los easos siguientes : 

a) Cuando una iglesia carecía de pastor que la T\sie&^ y 
g obernase , entonces (1) se daba en encomienda para su cus- 
fbdia y administración hasta que tuviese rector propio (2). 

b) Cuando los obispos se veían^obUgados ¿ ausentarse dg 
sus iglesias deva stadas por los enemigos , los Sumos Pontífi- 
ces les^aban'en'encoBIlMaaoí^^ catedrales ó aba- 
días (3). 

c) Cuando up cli^rigo posp.» iinJ^^tefieio- sinlas rent asjie- 
cesarias para su sostenimiftnto (4). 

d) Cuando la defensa de los monasterios v el restablfíd- 
miento de la discipli na monásti ca exigen que aquéllos se d^ 
én encomienda á obispos ó clérigos seculares (5). 

Si las encomiendas son benefloios.— Las encomien- 
das pueden ser temporales ó perpetuas , ^egun se conceden 
por tiempo limitado ó por toda la vida. En el primer caso no 
son beneficios , porque no se adquiere título ó derecho alguno 
in ra, por más que dé facultad para ejercer derechos y perci» 
bir la porción señalada de los frutos , mientras se posee. 

Las encomiendas perpetuas son , sin duda alguna, verda- 
deros beneficios ó se equiparan á ellos , porque su concBáon 
es un verdadero título , y el poseedor de ella , como verdadero 
rector, tiene completo derecho para percibir sus frutos, 
arrendar las posesiones y bienes del beneficio con todas las 
demás atribuciones de los beneficiados (6). 

Sus vicisitudes basta Clemente V.— Lasiencomien- 
das concedidas mediante causa justa, fueron útiles álalgle- 

(1) C. III, V y VI, quaest. 1.', causa 21. 

(2) Dkvoti : Inst, Canon,, lib. II , tít. XIV. sect. 3.», par. 23. 

(3) Berardi : Commeni, in Jus Eccles. univ., tom. il, disert. 1.*, ca- 
pítulo V. 

(4) Devoti : Inst. Canon., lib. II, tít. XIV, sect. 3.*, par. 24. 

(5) Devoti : Inst. Canon. ^ ibid. , par. 26. 

(6) Schmalígrueber: Jus Eccles. univ.y in lib. HIDecret., titula 
V,pár. 4.^núm. 7.^ 



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— 459 — 

sia ; pero con el trascurso del tiempo se abusó de ellas, sien- 
do un medio de que se sirvió la avaricia y ambición de mu- 
chos para sostener la pluralidad de beneficios en una misma 
persona (1). 

Los mismos legos se apoderaron de los bienes eclesiásticos 
bajo este pretexto , y los príncipes concedieron los bienes 
eclesiásticos en encomienda á los militares como medio de 
proporcionar recursos para l#guerra (2). 

Los Sumos Pontífices y los Concilios dictaron no pocas 
disposiciones para sacar de manos de los legos los bienes ecle- 
siásticos , y una vez conseguido dieron en encomienda á los 
clérigos muchos de aquellos bienes , á fin de que no salieran 
'de manos de la Iglesia (3). 

Estcks encomiendas , como fundadas en justas causas, fue- 
ron útiles y hasta necesarias , atendidas las circunstancias 
de aquellos tiempos ; pero después creció extraordinariamen- 
te el número de encomiendas sin causa justificada , y de aquí 
no pocos males que era necesario remediar. 

Disposiciones legales acerca de las encomiendas. 
Clem ente V revQcó todas las e ncomiendas concedidas por 
él mismo , porque observó que lejos de ser provechosasli la 
Iglesia , cedían en daño de ella (4). 

Benedicto XII y Leó n X abrogár onlas encomiendas, que 
cedían _en detrimento de los monasterios y de la disciplina " 
eclesiástica (6). 

ELConcilíb de Trento dio muchas disposiciones acercado 



este punto , las cuales pueden resumirse en lo siguiéñféí 

T Que nin guna persona podrá poseer á la vez muchas 

<» ' ■' ' "^ 

(1) Berákdi : Comment. in Jus Eccles. univ., tom. II, disert. 4.*, ca- 
pítulo V. i 

(2) Thomassino : Vetus et nova Eccles. discip., parte 2.*, lib. III, ca- 
pitulo Xn. 

(3) Thomassino : Vetus et nova Eccles. discip.f part. 2.*, lib. ÍII, ca- 
pitulo X y 8¡g. 

(4) Cap. II, tít. n, lib. UlExtravag, commun. 

(5) Devoti; ínst. Canon. , lib. II, tít. XIV , sect. 3.*, par. 27. 



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— 460 — 

iglesias metropolitanas 6 catedrales en título ó en enco mien- 
da, ni baio cualquier otro tioml^np, Higpf^nÍAn/ín i»A^p^;^¿ 

los que se hallaran entonces en posesión de muchas iglesias, 
que las renuncien todas, menos una elegida á su voluntad, 
dentro de seis meses, si pertenecen á la libre disposición de 
la Santa Sede, y si no pertenecen , dentro de un año , con la 
cláusula de que si no lo hicieren , quedarán ipso Jure vacan- 
tes, á excepción de la que ha# obtenido últimamente (1) 

2. Que si una person a admite y retiene en adelante á im 
mismo tiempo muchos beneficios curados ó incompatibles por 
Tia de unión, encomiendan otro ^cualquier titulo ^ quedará 
privado ipso Jure de los mismos beneficios (2). 

3. Que nadie puede obtener en lo sucesivo más que un be- 
neficio'écTésiás tico , á menos que no proporcione lo necesario 
para su honesta su^tentacMop . en cuyo o.ftso pndrA obtener otro 
beneficio simple, siempre que los dos no exijan residencia 
personal. 

Dice asimismo que lo expresado es aplicable á las igle- 
sias catedrales y á todos los beneficios regulares y seculares, 
sin excluir los dados en encomiendas , disponiendo respecto á 
los que entonces se hallaban en posesión de muchas iglesias 
parroquiales, ó una catedral y otra parroquial, que las re- 
nuncien quedándose con una sola de ellas , á cuyo efecto se 
les señala el término de seis meses, pasado el cual sin hacerlo, 
quedarán vacantes todas ellas (3). 

4. Que respecto á los monasterios dados jen encomie nda. 
no se confiera ninguno de los que va ca ren en adelanteT^So^ 
i re gulares de conocida virtud y santidad, orden and o en 
¿tfiinto ¿ los monasterios que son cabezas (^ fftgftg pnmftras 
de laOrden, lo mismo que respecto á las abadía ^ "^ prifírpfa^f ■ 

^ ^e se llaman hijos de a quellas p rimeras casas , que no pue- 
dan darse en encomienda, con obligación en los que entonces 

(4) Sesión 7.*, cap. II De Refonnat, 

(2) Sesión 7.*, cap. IV De Reformat. 

(3) Sesión 24, cap. XVII De Reformat. 



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— 461 — 

los poseían en tal concepto , á profesar solemnemente dentro 
de seis meses en la misma religión de aquellos institutos, ó á 
renunciar dichas encomiendas. 

En cuanto á los demás monasterios que tienen comunidad 
y se hallar^ en encomienda , deja á la prudencia y sabiduría 
del Sumo Pontífice el cuidado de hacer que se pongan al 
frente de ellos personas regulares, que hayan profesado ex- 
presamente en la misma orden y puedan gobernar á su re- 
baño y llevarlo adelante con su ejemplo (1) 

Quién puede concederlas. — Las encomiendas de be- 
neficios están prohibidas por las leyes generales de la Iglesia, 
que se dejan citadas, y s ólo el Sumo Pontífice puede dispen- 
sar de ellas , cua ndo á su juicio existen causas justa s. 

D ichas encomiendas suelen concederse in perpe úuum , y 
sirven de título para recibir los órdenes , como si fuesen bene- 
ficios, c u ya natura^ fj ^zft rftvistftn ! p u esto que los~cIérigos co - 
mendatarios gozan de las mismas prerogativas y derech os 
qnft ins hftpftfimftflns. tftniftTido la libre^administraciou de las 
rentas y el derecho de presentar, elegir ó conferir (2). 



CAPÍTULO IV. 



PROVISIÓN DE OBISPAOOS. 



Provisión de beneficios y actos que comprende. 

Se entiende por provisión de beneficios: La concesión del de- 
neficio vacante Aecha por la autoridad competente. 
La provisión de un beneficio comprende tres actos = 
Designación de una pe rso na idónea, mediante elección» 
presentación ó lajvolimtad del colator. 

Colación de título ó derech o al beneficio por la confirma— 

(i) Sesión 25, cap. XXI De Regular. 

(2) Dbvoti; Inst. Canon., lib. II , tít. XIV, sect. 3.*, par. Í8. 



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— 462 — 

c ion del Smno Pontífice respecto á los obispados, ó por la co> 
íacion ó institución del obispo en cuanto á los benefic ióT 
menores. 



Introducción en la posesión del beneficio , ó i nstitución 
cor poraL 

El acto primero, ó sea la designación de la persona por 
medio de la elección , presentacionón ombramiento no acep 
tado, sólo da derecho ad Tem;k diferencia del acto segundo, 
ó sea l a confirmación de la elección , la institución del pre- 
sentado y la colación aceptada . que confieren un derecho 
ifirejl). 

Elección, y sus especies.— Se entiende por elección en 
general : JSl llamamiento canónico de persona idónea pa^a 
una dignidad eclesiástica. 

Esta definición comprende en un sentido propio y estricto 
la elecció n , Jibre colación del s uperior y el nom bramiento. 

La elección propiamente dicha es : JEl llamamiento hecho 
canónicamente por sufrmgios y confirmación del legitimo su- 
perior ^ de persona idónea para una prelatura vacante (2). 

La elección puede hacerse por-'-^- escrutinio — compromiso 
—Y cuasi injípiraninn, (3). 

Elección por escrutinio , y sus condiciones.— La 
elección por escrutinio consiste en nombrar tres escrutado- 
res que recojan los votos de los electores s ec retd\ stS^latm, 
j usso ordine , diligenter (4), ó sea observando las condicio- 
nes siguientes : * 

a) Los escrutadores han de ser tre s (5) , nombrados por los 
elector es reunidos legítimamente v p or medio de «s prutinio 

(1) HcGCENm : Ex^toHi. meth. Jur. Canon., pars special.f lib. ü. 
titulo I, tract a.**, dissert. 2.*, cap. m, art. 2.» 

(2) ScHMALZGEUEBER : Jus Eccks. univ., in lib. IDecrH.fÜl VI, 
par. l.«, núm. I.*» 

(3) Cap. XLn , tít. VI, lib. I Decret. 

(4) Devoti : Inst. Canon., lib. I. tít. V, par. 18. 

(5) Cap. XUI, tít. VI, lib. I Decrtí. 



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— 463 — 

¿por compromiso (1), los cuale s deben ser individuos del ca- 
bildo , 6 por lo menos clérigos dignos de fe , que presten ju« 
ramento de cumplir fielmente con su Q ay'pjo. 
"¿J Recogerán secretamente el voto de los electores , guie- 
nes ent r egarán su voto escrito en una cédula cerrada , ^ lo 
darán de viva voz A los escrutadores sin ser oidos de ninguno 
de los capitulares , en cuyo caso uno de los escrutadores lo 
consignará por escrito (2 ), 

e) Que l os votos han de recogerse de cada iinn de los elg c- 
tores separadamente . y n ó de todos 6 m ufíh^^ ^ ^^ ^^"^ 

d) Q ue habrá de observarse en este acto el debido orden, 
empezando por el presidente del cabildo . y en seguid a.¿£Lra- 
ci birán mutuamente sus votos, si son individ^Q s dfti p.abíldn 

y electore ár, C^^QtlP"*^^^^ Hftgpnftg pm» Ing HATTing AftpitnlRTAg 

presentes , según su dignidad y orden de antigtiedad^ Des- 
pues de esto pasarán á recoger los votos de los capitulares 

enferm os que re sidftTi ^Xí l^ pnhliu*inTi , «í un hun y^^imhra/ín 

procuradór r 

e) Que procedan con la mayor di ligencia en el cu mpli- 
miento de su car gó , .y á esUi liiuol o cu idar á n do que logrvotos 



sean ciertos y exentos de condición ó ambigüedad (3). 
'^ (Tna vez hecho el escrutinio ," se publicará ac^ seguí - 
do el resultado , y con est o los electores han terminado en su 
cargo , de m odo que ya no pueden modificar ni dar su voto á 
otra persona , salvo algimas excepciones (4). 
^""57 ^^^ seguido se procederá á cont ar los voto s , á fin de 
yt^y qiii¿n rminft ift. mayor ja de votos . y SÍ ésta existe en favor 
de uno , entonces se ^cta el decreto capitular qu e se promul- 
g ará para mayor solemnidad . 

Esta es la forma ordinaria y modo de hacer las elecciones» 

(i) Sghhalkgrueber : Jus. Eccks. univ., in lib. IDecret., til. VI, 
párrafo 5.^, núm. 45. 

(2) ScHKÁLZGRUSBER : Jus EccUs. ufíiv., íbíd. , núm. 46. 

(3) Cap. n, tit. VI, lib. 1 8Bxt, Decret. 

(4) ScHMÁLZGRVEBER : Jus Eccks. Ufíiv., Íbíd. núm. 47. 



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— 464 — 

Elección por compromiso , y sus reglas.— El moda 
de elegir por compromiso consiste e n dar los electores de c o- 
mun acuerdo, facultad á personas idóneas para q ue en^ 
nombre hap^an la elección (1) , debiendo observarse jwerc^ 
de esta forma de elección lo siguiente : 

a) Que los electores han de expresar unánimem ente su 
congentimi^ato^e manera que si uno se opone, no puede lie- 
varse á efecto este modo de elección , según se desprende de 
tSs palabras de Inocencio III, et d singulis de capitulo sta- 
tutum est, et concessum (2). 

6) Que l os compromisario s^^ se a los nombrados por los 
electores , sean personas idóneas y clérigos , p o rque los legos 
go"^ued en entender en estos asuntos puramente eclesiá sti- 

CTsjsyr "~ ^"'"''^ 

c) Qu e los nombrados pueden ser en número par ó impar , 

muchos ó poc os, bastfi fij pnnfn Hp anfnríyar n\ pfer.tO A llTIft 

solá^persona. 

jfj ijiiA Tfts fníMiifflr^Ag f^.nnrtftdiflfts ¿ los compromisarios 
pueden seTOi solUtaS ^y ^f^rñ. que nomb ran A ru arhi^ ^io ¿ r»nal- 
quier sujeto^ dánfío^ ó limitadas, para que elijan ¿ uno del 
f n^iH^\Ar2ntftndo cf>n gl p^rfir^r '\^ ciertas personas , etc. 
^ é] ^ ueel compromiso ha terminado desde el momento que 
ha trascurrido el tiempo concedido para ha cer la elección, lo 
mismo que en el caso de que la elección noTiaya surtido'efec- 
to por cualquiera causa, ó si se ha revocado el compromiso 
por la mayor parte de los capitulares, cuando los compromi- 
sarios no han procedido á lo esencial de la elección* (4). 

Elección por inspiración ó cuasi inspiración.— La 
inspiración existe , c uando $fi de^ip^na la persona por verda- 
de ra revelación de Dios , lo cual tuvo \ \} ^r en ] a p^ fír'.mnn"3e 

(i) Cap. XUI, Üt. VI, lib. I Decrei. 

(2) Cap. XXX, tít. VI. lib. I Decrei. 

(3) Schxalzgruebee: Jus Eccles. untv., fft lib, 1 Decret.t tít. VI» 
párrafo 6.", núm. 53. 

(4) SCHIULZGRUBBBR : JUS ECCltS. UMV. , íbid., DÚm. 62. 



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— 465. — 

San Ma tlM (1) . en la de San Nicolás , Sao^ Severo y Sao Am- 
brosio (2). 

Esta es verdadera inspiración ; pero existe xitra-jujaue 
se cree em^pa de Dios y se llama cuasi inspiracÍQ n^ l^ 
cualiiene lugar cuando los electores , sin ponerse de acuerdo» 
o onsienteft y aclaman por unanimidad ¿ }m f^ p^i^sona ^ po rque 
se presume que este común consentimiento es por inspiració n 
del Espíritu Santo, aut or de la unidad y concordia ( 3). 

Póstulacioxi, y sus especies.— Cuando una persona 
puede ser muy útil á la Iglesia y tiene impedimento canónico 
para ser elegida , l os electores pueden utilizar el medio ex * 

tg^rMJ,j]rifl.rÍQ de fíTAi^^r ^] Rup^rioP p.ti QiSplif^a /1p íjhp Hicjif>nQA 
el impedimento, lo ci^al se con orñ con el nomhrft de-pofitii- 
lacion. 

La postulación puede ser simple y solemne. 

í^ primera es: La petición hecha al superior para que 
consienta en la elección de un subdito suyo. 

Puede servir de ejemplo l a licencia del abad para la elec - 
ción de. un monje subdito suyoj^ pero é sta no es propiftTnftT|. 

te post ulación en c uanto que la pArcnim /ía i^nft.gA frafn , fxff^ 

exenta de impedimento canán ico para ser el egida ^, por más 
que no pueda aceptar sin la venia del superior. 

Sólo la segunda es postulación en su sentido propio , y pue- 
de definirse: La petición hecha al Sumo Pontífice para que, 
mediante dispensa eleve al episcopado á un sujeto que no pue- 
de elegirse con arreglo á las disposiciones canónicas (4). 

En cpié se distixigue de la elección.— Se distingue de 
la elección, ^ q.ue= 

a) La postración es un medio extraordinario de obtener 
ma prélatuiaTy l a eleockm es el camino ordinario. 

i) La p rimera se refiere á una j ersonajnhAbil para la pre- 

(1) Ací. Aponía/., «ap. I, v. 26. 

(2) C. VHI. part. 11. par. i.*», dist. 61. 

(3) Scbmaligaueber: Jvls Eccles univ., in lib. I Decret., tít. VI, pá- 
rrafo 5.^ núm. 43. 

(4) ViccmoTTi : Inst. Canon., lib. II, cap. X. par. 101. 

TOMO 111. 30 



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— 466 — 

Jatura ó dignidad , y la segunda recae sobre persona i dtoea y 
sin impedimento . 

e) El electo puede desde luego consentir absolutamente g i 
l aeleccion, y el postulado sóio bajo la condición de obtenerla^ 
dispensa. 
^¿j LtTeleccion se confirma , p ero la postulaci ón gp ^mitA- 

e) L aeleccion se funda en un derecho^ y l a postulación en 
una graciaj l). 

f) T^ ft fi^ftf^ftioT^ se verifi ca por mayoria de voto s , y la pos- 
t ulacion no puede hacerse sino mediante los sufragios dej ios 
terce ras partes de los electores (2). 

Sus requisitos. — ^Es de necesidad en la postulación , para 
que pueda llevarse á efecto, que la acompañen las circuns- 
tancias siguientes : 

I. Que se haga p or los que tienen derecho á elegir, y que 
recaiga _en personas que tienen alg un^impe dimento , q ue 
puede ser dispensado por el superior, como lafalt a^de edad > 
tJTggn Tprbfesion religiosa , legitimidad (3). " 
^11. Q ue la postulación simple se haga al superi or de'qiiíen 
el postulado depende inmediatament e ; y l e^^ solemne al j gpe^ 
ñor á quiea^compete la confirmación "del p rela do, si hubi era' 
ha bido elección (4). 

TTl. L a postulación simple puede hacer se ^n igual forma 
que la elecció n : pero i^ snlftmnQ ha de h^^ce^ e necesan amen- 
t e , según la opinión más probable , en l a f ormajojcesfiríte para 
^a elección (5). 

Elección del Sumo Pontífice (6). 

Elección de obispos en los tíempos antigpios. — ^La 

(i) ScHHAiJ»Rüi8B& : hit Eccles. uniw. ,inUb.I Decrd., tit. Y, pá- 
rrafo l.^Dúm. !.• 

(2) Dbvoti: Inst. Canon., lib. I, tit. Y, sect 2.\ par. i6. 

(3) ScBVÁLZGRUEBiE : Jus EccUs. Univ., in lib. I Decret., par. 3.^, nú- 
mero i2.— Párrafo «.•, nám. 6.** y 7.' 

(4) ScHMALZGftUBBiR : Jus Eccks. univ., ibid., p&r. 3.*, núm • 13. 

(5) SonALifiauíBiR : Jus Eccles. univ., ibid., par. 4.^ nám. 17. 

(6) Véase el lib. n.tít. II de esta obra. 



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— 467 — 
Iglesia, 6 sea el Sumo P og^fica, tiene el dftrftahn ííft ñQnijíKrflj^ 
nhlfil^*^ cT^ ^^ í^^^rY ^ncion del pu eblo (1) m del clero (2) según 
se deja consignado en otro lugar de esta obra (3); pero está 
facultad ha radicado de becfao en otras autoridades» med iante, 
jey ¿ consentimiento d el supremo jete de la Iglesia . 

Es un hecho que l os Apóstoles nombraron obispos sin ínter- 
▼encion d el pueb lo (4), y que el principe de ellos constituyó 
pastores, de ios que traen origen las iglesias occidentales (5). 
La autoridad de los Apóstoles para crear diócesis é instituir 
obispos concluyó con ellos ; pero la potestad de Pedro , ^abeza 
del colegio apostólico y primado de la Iglesia, se trasmitió ¿ 
gas sucesores, y por esto se observa que los primeros flumo s 
Pontífices nombraban los obispos (6). 

EleccloiL de obispos por elmetropolitaiio y obis- 
pos oomproYizLOiales. — Guando aumentó considerable- 
mente el número de fieles y se hizo la división de diócesis y 
provincias eclesiásticas, s e encomendó la elección de obispo s 
álos metropolitanos y sus sufragáneos en los c qt?\oí1ío« pi^ 
vinciales. como med j^ W^ p^pedito y eóp|ndn parn. atendy 
desde lue go á las n ecesidades d e la s iglesia g » A ^^JO acto con* 
curria e l clero y pi iftbin pin»ji dar tf^tiiyionio de la y^/i^ y^T^ñgl 
tumbres de los ca ndidatos ó electos ( 7) . 
- — B &te modo de elección fué general en todas las iglesias (8), 
lo cñal ofrecía grandes ventajas ; porque aai ^ 4ftban"^ cá^ 
nocer sus cuali dades, y era el medio de que no se nombra- 



(i) PrcBkcL Jur. Canon, in semin. S. SulpiL, part. i A sect.4A 
art 2.% Dúm. 144. 

(2) VsGCHiom : hisí. Canon, , lib. O , cap. X , par . 97. 

(3) LibvU,titI|,cap.Ii. 
C4) G.in,distiDCt.68. 

(5) DivoTí : Inst. Cano». ,lib. I, tít. V, sect. 1.'. par* 5.* 

(6) G. 1 , distinct. 22. 

(7) Thomassino : V$t. et nov. Eceles. discip,, parte 1\ lib. U, capí* 
iiiloI»núm«2.*, 

(8) C. V, per. I.^ distínet M. 



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— 468 — 

ttt obíspoy Lff l^fe HíArtf^{g $s á p ersonas qne. r\ñ fii^if^ dftl ñf¡r^ 
do de stts dfooesíiMióg il)i ' .11 

En toda eleócion^dé obispos coücurHán' Itt ánltoftéáa M 
m etroTX)litaiio y óHferoos t^otttpróyíncíale s i losiiíxtOsLád-Clgrij^ 
7jestÍQumiaaÍ6L|fialtlo ; j^t»if^ií^niuk\An áí^f^Á ii*^ffi> y/^jj^j- 
ineros sobre los segandós yéstós sobi^e^toB 'Mtim(>s^<j ^>: tó que, 
sólo el metropolitano .coü los' obispo^ d^ la pr0Viri ci¿í¿jhág& 
un a pyueba 6 eximen sevéi^ y minueié^ de Ü^' t^^alí^d es 
^^1 electo (3), correspondiendo á' los e3¿arcks ^pátriai!ettj^ 
eoaíii*maoion áé l gr akltK)polit att!íi^« ^i^.^Vy ftVfjjhtirm Pg^ 
fice U jejos patriarcas (4)L ^ . i' ^ ^ i ' ^^ 

Cuándo 8Q nombraba pol^ él ía^topótítAñú tíü 
obispo visitador.— C úafado el iriétropolitáno pr»i^ Aqtte 
hiíbían do resultad graVes ¿fetnrbióé si se proctedfá déádeTue^ 
go ája elección de obispo . ^ÓFÓne el'^feWV er tMiOblO sé^lft- 
Uaban divididos, entonce^ mandaba 4^ la igflesiá váftairte un 
obispo visitador p ara que gobernase la díócesifir y ppépatW» 
convenientemente al piiebb, d&ndole ¿ conocer Ks "^ cuatída- 
des necesarias en losobi¿ito¿ v56feWniF <K6posióio5^1^ 
nicas (6). 

El mismo obispo visitador trabajaba por t^atiqúüíító' fes 
Ánimos de todos , y daba á coriocér, en utfioü con los clerigtjs, 
monjes y legos, las prendas relevantes de un- determinado 
sujeto ♦ én quien recaía después de esto lá eíefecibto. 

El metropolitano con los Obispos comprovinfeiales, V^éla'sí 

^gm (jygnn He ftsc.P.ndptr al e piscopado, en cuyo caso lo cons a- 

g'aba, y si no lo consideraba apto para dicho c ar go , e^e^ 

otro en su lugar. 

- — • — • ..I, '. .' 

(1) Devoti : Insí. Canon., lib. I , tít. ?, sécf. 4.^i^l 7^ ^ 

(2) C. XIII, distínct 6i.— C. I y ü, distinct.6a.-C. Vi , flf^XH 
XXVI y XXVII. distínctea. ^ 

(3) C. Vm. dist 64.— C. III y V. distinct ^5.-^ tí vdtótínd. 61. 
CU . distínct 63. 

(4) Walter : Derecho Ecles. univ., lib. V. cap. IV; pálví Wá. 
(K) Devoti : Inst. Canon,, lib. i; tít. V, «ect. i .*, par. 8.* 



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I 



^^^ C^l^rU^"^ ^^'T^ ^^^^ /^í-/ /W^x^^z^ 

f-J ¿^¿U^UY^M 0^ 469 — 

l^cluíiáoii del pn^lo é interveaoioa de los pro* 
ceres en las eleccianes d» ,obispfos«7-X#os tumultos 7 
giyiJ6íe&pe3cturl3»QÍoiid$ promo^^spor el;]^^i>}dtMniie)Bte mo- 
twro, fiifti^q ^H^ft ^ aque ae le €gglttye»y;prtYa3€r fle la inr 
tecyey ^jJQn que hp.^^ ent^^ncea ve^f^ jtomdo fln la élec efon 
de.oMgpos . .: t ,.'■'■ ■ 1 . ) i . ' ' 

-. iLco£éfifiM^--3LJ»agi^^ 
de obispos . desde que se privó al pueblo de: aqu^l dereelu) 
qu6.¥pnia'ejerciexulopor (Mmoentiinieutoíó tolerancia déla 
Igle^a^; r ' ■ • ' , ' . ■■ 

Disposlcionea d^ GoacUio vm igeneral i acerca 
de este pimto>— Los ¡g^áceres y mag istrados abusaron tam- 
biepixletesta j^cia á prerogatiTa». haeieiido muohá& vece y 
que se eligifeseu personas m élios dignlis; ast qneugl^Coiaci- 
fio Vm general ntaudó que ' ningún principe ó magnate pu- 
diese tomáif parte en lá elección ú promoción de patriarcas 
meti^opohtanosii obispos (1). 

^ Males qne resnltaron en Oocádénte de la ínter» 
vención de los principes en la elección^ de olxispos» 
Los principas y iaagnate& ocntíáiauron^en X}ocideiite intervi- 
mendo en la3 elecciones de obispos ^ y ll egó eíl casé de qu e^ 
no permitiesen se Bevais e! A efecto 'elección alguna que no 
fuese aprobada por ellos > lo c ual dio por resultado que se 
introdujese üa sim onia y %se a poderasen en cQncgptó de ad - 
minist radores de lo s bienes) corresproidiepteg á la Tnitr^ vn- 
cante (2). 

A mediados del siglo IX se_i^rod?ij^ ^1 "«^ ^^ ^«g ínYggí^- 
duras r en cu^ virttid- loijríndpes concedían los obispa- 
dos (3 ) y)r medio de la etitr ega so lemne del báéülo'y ani llo 
pasigrál, y ^to produjo ' garandes discordias entre la Iglesia 

.;• ^ i .1.' 

(1) :C*I,distiiic|.6»* .^^ ' * ^ ' * 

(2) Hoguenin: Exposit. meth. Jur. Canon., pars ^pecial/f 11b. I, t^ 
tulo I, trat 2.^. disert. 1.% cap. íl.irrt. 4/; per. ifi - 

(3) THOMAssmo : Vet. ei nova Ecóks. tfiko^i,. parte 2.\ líb. 11, ca- 
pítulo XXXII. . w . j i . j j , i . .: : 



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^ 470 ~ 

, Xjel Esta do , hasta que p or fiü se dejé ¿ la Iglesia en libertad 
p ara ha cerJ M eleceíones de obispos ( 1)> 
''Me^ion dé obispos por los oaJbildos segnni el de- 
recho de las Decretales.— Los abusos de autoridad por 
parte de los poderes civiles , las asonadas del pueblo y la ne- 
gligencia de los obispos comprovinciales , fueron motivos 
poderosísimos para que l a elección de obispos quedara reser- 
vada á lo scabildos catedral es. 

Comoéstos son el senado y consejo del obispo , co n quien 
forman un cuerpo , se consideró que T)ÍTlgl]^ ^^^^ pndia pm- 
ceder á una acertada elección de obispo como el cabildo de ja 
misma iglesia vacante . que conoce las necesidades de la dió- 
cesis , asi como las personas más & propósito para remediar- 
las (2) , así jg[ue desde el siylo XII quedó reservada la elección 
de obispos á los cabildos de las respectivas iglesias catedrales, 
con exclusión de todos los demás clérigos de la diócesis ^ á 
menos que medie privilegio , costumbre ó pacto en ccmtra- 
rio (3), y ésta disciplina estuvo vigente en las iglesias occi- 
dentales por espacio de dos siglos (4). 
Requisitos en el que liaya de elegirse , y penas 
/i /] contra los electores q[ue elig^en á nn indigno.— Es de 

Jf}ry* Jr^ necesidad para ascender al episcopado atatis maturitas, ffra- 
^ ^^7) t^iííW moTVM et litterarum scientia (5) , y por lo mismo no 
/-^xj^.^^^^ít'X^n^l^ pueden elegirse los — ^furiosos — demen tes — párvulos — l^jgue 
^^ /^ no h an llegado á la edad prescrítaj6)— i rregulares (7)— ilggir 

y'l^^']^!^ */ y (*) Vecchiotti: IntL Canon.^ lib. II , cap. X , pwC 07. 
rl^i^Ay1/Vf^ (2) c. XLIII, qufiBst. 7.% causa 16.~C. III y IV. quaest. 2.\ causa 
/ '/ ^ .yi8.— Cap. I y L. tít. VI, lib. I Decreí.— Cap. HI, tít. XU. üb. H Ikcrti. 

f par. 1.*, núm. 7.** y sig. 

^p^ ¿M , W Prwlect. Jur. Canon, in Seminar. S. Sulpit., part 1.*, sect. 4A 

art2.Vnúm. 144. 

(5) Cap. VII, tít. VI. lib. I Becreí. 

(6) Cap. lll, tit XIV. lib. I JDecrfll. 

(7) Cap. I. dist. 49, tít. XX. lib. I Deerd. 



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— 471 — 

timo s (1) — descendientes de herejes (2 >-sacrílegos, falsarios , 
etc. (3) — excomu lgados , luspensos ^entredichos. 

Es nula la elección del indigno (4) y Icgel ectores quedan 

como suspensos por tres años de sus ben^cios, si oDraron con 

ftQTifíftimiftntn y qp. vp^r^$(><^ li^ fil ^cipn COmunT \ ' 

El derecho de elección nasq . «.l iTiTnftHjp.^ Rnpp.rior , gnft^ 
el P^pa respe cto á las i glesias cate drales , siempre que todos 
los capitulares hubieren delinquido , porque en otro caso co- 
rresponderá á los electores que no consintieron en la elección. 
Solemnidades en la elección de obispos.— Los ca- 
bildos tenían necesidad de observar en la elección de obispos 
las prescripciones de derecho , que pueden resumirse en lo 
siguiente : 

a) Ha de convocarse á todos los electores , y es mún ipso 
jure la elección , si se h a prescindido de este reguisitoj pon 
Tw¿g ¿^(^ l<f i.py/'.ftrft p arte de ellos ( 5), 

b) Ha de hacerse por los electores reunidos (6) en la 
iglesia vacante (7) 6 en otro lugar, mediante ju sta causa (8). 

e) Ha de preced erse á este acto después de Tiaber tras^ 

currido tres dias desde el entierro ó sepultura del prelado di- 

funto, no pudiendo dilat arse mas allá de tres meses en las 

Iglesias catedr ales y regulares (9) y seisjieses en las ^degoas 

dignidades y beneficios (10 ) , cuyo término em piézala correr 

(i) Cap. XX, tít. VI. lib. I DecrH. 

(2) Cap. II, par. 2.<>y cap. IX, tít II, lib. V sexí. Decret. 

(3) Scii]fALZGRüCBER:/ii< Eccks. univ.f in lib. I Decret,, tít. VI, pá- 
rrafo 2.% núm. 17. 

(4) Sghmalzgrueber: Jus Eccles. univ., íbid, núm. i9 y síg. 

(5) ScHMALZGRUKBEii : Jus Eccks. tiftiv., Íbid., par. 3.^ núm. 23. 

(6) Cap. XIV, tít. VI , lib. I Decret. 

(7) Cap. XXVIll , tít. VI, lib. I Decret. 

(8) ScBMALZGAUEBER : Jus Ecclcs. umv., íbíd., par. 4.*, núm. 30 y 
siguientes. 

(9) Cap. XLI, tít. VI. lib. I Decret. 
(iO) Cap. II, tít. Vm, lib. ni Decret. 



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— 472 — 

desde el día qne se tuvo noticia de la vacant e; yji_ habiera 
mediado impedimento . desde oue éste ceg6 Vl>. 

d) La elección se hará de algtmod e los modos que se de- 
jan señalados en este capitulo , d ebi endo dter con ocimiento 4 
la breve dad posible al elect o. ^''^ ' 
^"ASeptacion del electo, y su confirmación.— El elec- 
to habrá de manifestar su aceptación dentro del térmjno^ e^ 
^nrmes ^ bajo pena fe perder ít>so f acto todo derecha f2)^ i 
menos que sea religioso 6 persona que no pueda aéeptar sin 
licencia de so-Superior • en cuyo caso habrá de contarse el 
mes desde que obturo diicíia licencik (S). ' 

El examen y confirmación de los abispos se hacia jipr los 
metropolitanos, la de éstos por su primado 6 patriarca, y Ijt 
de éste por el Papa (4) y unos v otros debiaa solicit arla den-^ 
tro de tres meises contados desde su elección (5). 
^ Tiempo dentro del cuál liabrá de consagrarse.— 
El electo ha de consagrarse dentro de tres meses, co ntados 
desde el á] f\ Hp en pnnfinnuK^jnti (6); cuyo acto correspondía 
á los obispos comprovinciales (7) respecto al metropolitano y 
á éste con dos ó tres obispos de la provincia respecto al sufra- 
gáneo ; aunque much as vec es ac^udían á Roma pa ra con sa- 

Meccion de obispos reservada al Sumo Pontífice. 

La elección de obispos quedó reservada al Papa de sde el si- 
glo XIV ; de modo quee gsarQn las ^lecciones d e ob ispos , ve - 

(1) Cap. XLI. tit. VI. lib. I Decret. 

(2) Cap. VI y XVÍ, tft. VI , Hb. 1 sext. Detrá. 

(3) ScHMALZGRUEBER : Jus EccUs, ufíiv. ffi Hb, í Decret, , tft Ví, 
par 7.", núm. 70. 

(4) C. 11, díst. 23..^. Vin.dist. 61.— Cap. XIX, XXH. XXXII y 
XLIV, tít. VI. lib. 1 Decret. 

(5) Cap. VI, tít. VI, lib. I sext, Decret. 

(«) C. 1, dist. iOO.—Concil. Trid., sesión Í3, cap. Il De Reformat. 

(7) C. V, dist. 5i.— C. I, dist. 64.— C. I, dist. 66. --Cap. VI, tít. XI, li- 
bro I Decret. 

(8) Waltbr : Derecho Ecles, univ. . lib. V, cap. IV, par. ttO. 



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- 47Í — 

rjfctodose su nom byamíettto (eoliaUo) por el Sumo Pontífice^ 
porque este defwho TO lvíálTia fuente de donde procedía. 

E l papa Clemente V se reservó las If^lesias cuyos ob ispos 
fallecían en ta c uria romana (1). 

Benedicto XÍI extendK^ estas reservas f2). y por ja reyl á 
sepiínda de cancelarla quedó reservada á la Santa Sédel a 
prov isión de todas las iglesias patriarcales , primaciales^ me- 

ttoyolltaUfi s y ffpÍ5;cQpftlflf; ^S). ^^ 

Motivos de esta réserva.~La Santa Sede usó de este 
derechar >¿ fly.¿e remediar lo s abusosintro ducido een las elec - 
cjones de los obispos (4) por los cabildos , eoimo ^ 

a) La inobservancia de las leyes eclesiásticas sobre esta 
materia. 

3) La ambician , siiponía v el favor ^ sin tener para nada 
en cuenta los intereses de la Iglesia. 

e) Las graves discordias entre los electore s^ 

d) La orfandad en que quedaban las iglesias por muchos 
años. 

^é) Lo s-tumultos y escándalos frecuentes que b» promovían 
con este motivoJS^ 

\f) Las intrigas de los magnates para alcanzar este pues- 
to(6). 

ff) r.nft ^nnfli^fAq Pfvn fti pnftfti^ f^vii 4 <me dabali lugar ( 7), 

Por otra parte; era necesario estrechar los vínculos de 

unidad en el gobierno de la Iglesia , como medio de .atender 

á las necesidades espirituales de los fieles, lo cual no podía 

menos de tenerse presente en aquella época, en que los reyes 

(i) Cap. III , tu. n, lib. I|I EaOravaff* c^mmm^ 

(2) Cap. XIU, tit, II , lib. m Extrava^ 

(3) Sghmalzgrueber: Ju$ Eccles, univ,, inlib. Ill Decret., tít. V, 
par. 6.**, núni. 227. 

(4) Devoti : InsL Canon., lib. I , tít. V. sect. 1 . *. par. 9.' 

(5) Thomassi?(0 : Vetus et nova Eccles, discip, , part. 2.*, lib. II, ca- 
pitulo XXXIIL 

(6) VfeocmoTTi : Jnsí. Canon., lib. II, cap. X, par. 97. 

(7) Walter: Derecho Ecles. univ., lib. V, cap. IV, par. 22i. 



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- 474 — 

iban centralizando el poder, cuya circunstancia ha dete- 
nerse en cuenta para formar un juicio exacto de las reservas 
pontificias. 

Derecho vigente.— Las reservas pontificias prodajercm 
no pocas quejas por parte de los cabildos y de los reyes. Los 
Sumos Pontífices no habían tenido otro norte al avocar á si 
el nombramiento de los obispos, que el bien de la sociedad 
(^ristiana en(;tnmij>ndada ¿ pMcír prif y] mism o Jesucristo , y 
^^n^i^roTí JL ARfAft rf^.\sLmítí\\qix^ ^" Meu de la paz, sin des - 
atender su misión ni abdicar sus derecho s; así que la desig- 
n&oion de las personas que han de ser promovidas al episcopa- 
do se hace hoy por distintas autoridades en las diversas bs- 
ciones ó países , según aparece de la breve reseña siguiente: 
¡Jj f V, jiPítoáo^ i^(>»íí^w.— El Sumo Pontífice eÜgeyja^ 
^IMruH^^c^ directamente para las sillas episcog ia^s compréñSSts dentro 
/)ií^V^^'';j^^^ ' d e los Estados Pont ificios (1). 
ijiu. e,x^^^^C1 V Esta es la cansa de los conflictos prese ntes entre el lla- 
mado remo de Italia y la Santa Sed e. 

Países Ínfleles. — El Papa PA ipi^y^ iihrflmftntftjgflLrajQs^ 
obispados cr ^Mo*^ ^^ pafgftg infieles y para los vicariatos apos - 
^ tálicQS , 

América. — El Sumo Pontífice elige com unmente éntrelos 
candidatos recomendados por los obispos p a rarias~ ígIéSftsde^ 
las_provincias frdf^rfll^^T ñ^ Ifl Amárii!JLggpt^TitnfMin}j lo cual 
se verifica también en otros países, siendo indiferente que la 
presentación se haga por los obispos ó por el clero de la igle- 
sia vacante. 

Ing^laterra. — Los eandidatospara sillas episcopales se 
eligen en Inglaterra por el cabildo , y ja sant a Sede nom- 
bra 4 alguno de los designadosTTá otro si lo tiene por conve- 
mente. 

^"Trusía. — Los cabildos de las catedra les ^e Prusia eligen 
sus obispos con ar rftfflQ ¿ las disposiciones r¡an6nicasTm^GaS- 

(1) Prakd.iur. Canon, m SenUn. S. SulpiU, part i.\ sect 4.% 
art.2.'',núm. U». 



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— 475 - 

te esta concesión otorgada por Pío Vil , en sos letras Ih m- 
íute animarum, de 1821. 

Otras disposiciones se han dictado sobre este punto» nle- 
diante mutuo.acoerdo entre la Santa Sede y el poder civil de 
varios países (1) , pero l a cpnfirmacion de los electos perten ece 
¿ la Santa Sede (2 ). 

Orjente.— L a elección de patriarcas en Oriente se hacía 
pojp^los obis pos deTa nación ^ y Ja de obispos por el paU'lar ca 
de l territorio. 

Como esto traía graves inconvenientes , Pió VIII en su 

C onst. ^UO tam diU de Ifir^ g<> ^^fffírV^ i^igpnnpr an In f^^i(»f>^iVA 

l o más acertado sobre esta materia respecto á los arme- 
mos; pero ni él ni su sucesor Gregorio XVI decretaron cosa 
alguna acerca de este punto ; asi que Pió IX en sos letras 
Bef>ersurus de 1867 mandó que el patriarca armenior euniera 
sínod o de todos l os obispos del patria rcado, siempre que se^ 
tratase de nombrar obispos, y que en él propusiesen iJ Sumo 
Pontífice personas dignas , ¿ fin de que eligiese de entre ellas ^ 
la más digna é idónea para la silla vacante ; habiendo dis- 
puesto lo mismo para el patriarcado de los Caldeos en su cons- 
titución JEcclesiastica de 1869 (3). 

España y abras naciones de £kiropa.--JLQS-4uinciges 
6 los gobiernos seculares de muchos países, como España ♦ 
Franc i a, Austri a , Baviera , etc. (4) p resentan al Papa las per- 
sonas que consideran di gnas para los ob ispados vacantes de 
su s respectivas nacione s, en virtud de privilegios ó pactos cuu 
la Santa Sede , y no en nombre del pueblo ni efecto de su so- 
beranía; pero l a confirmación está reservada á la S anta Sede » 
cu yo acto tiei;ie lugar en el consistorio secreto (5); y es el me- 
^irwíft q^ft fti Hftyftfthn Ha ftiftgir (S pr esentar concedidolpong~^ 

(i) Pralect. Jur. Canon, in Seminar. S. Sulpit.^ part. í.\ sect 4.\ 
artículo 2.*, núm. i45. 

(2) Dbvoti : htst. Canon. , lib. I. tit. Y, sect. í.\ par. 24. 

(3) Yeccbiotti : Inaí. Canon., lib. II. cap. X. par. 97. 

(4) Walter : Derecho Ecks. univ., üb. V, cap. IV. pár^ 22i. 

(5) YEcemom : Inei. Canon. . lib. 11, cap. X. par. i03. 



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— 4im -- 

Santa Sede á los cabild os ó príqcipes, no ceda en dallo de 
laJglfisia^l)- ^ 

JnraooieTito de fidelidad .~E 1 obispo tíod^ oMigado á 
pr estarjnraméntcj de fidelidad al Bumo Pontífice^ cnyoltcto^ 
precede á sa cputsagracian xg egnn ee deja manifestado en e( 
titulo I, capitulo IX de este libro , y además se le exiige el jir^ 
y ramento dé fidelidad a i pyfnRJpe rfíímnlft (9) 

í , CAPÍTULO V. ^ ^ 

, PROVISIÓN D£ BBN^IGIOS MENOBES* 

Ciolaoioii de beneflojLos^ y 81» espeoies. Se deja ma^ 
nifestado en el oapdtalo anterior lo que se eatiende por provi- 
^ sion de beneficios eñ general y los actos que ccanprénde. 

Se entiende por colación : Z« conipesien del iene4cio va* 
cant& par la autoridad á guieh ccrrespmde. 

La colaoioíi fcallafio) dé beneficio^ puede "sensor diñaría 
-^j extraordinarié^iUre-^necesirid: 

La colación ordinaria es : La conce^im del beneficio' hecha 
por la autoridad ule^füiricá A ^Uiétidorrc^pmde este dere- 
cho por raíOM de.su eargb, ornó elT^áp^y hioiíípos. " 

La colación «xtraofdinana es: La concesión del iemficio 
hecha en favor de alffuno, mediante %n tttfulo especial, g%e 
le da este dPrecJho , com^ la devolución y reserva. 

La colaoiim libre es: La éoncesion de wn bmefíbioá la per* 
sana qui^ se tiene por convenienU, siempre gue reúna las dr- 
eunstarunas necesarias. 

La colación necesaria es: La concesión del beneficio ál4 
persona que se propone, mediante presentación ó nombra- 
miento de otro, siempre que sea idónea. 

(1) HuGUENUf ; ExposU. m^thjJuf. Cimoni;pkré spedal.^ lib. I, ti- 
tulo I, trot. ifi, disert. ii\ cap. U, «rt i .•. par. i.** 

(2) Yeccuotti : hut. Canon, lib. It, cap* X| pkt* i06. 




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— 477 — 

A quiéneiscómpefte la oolftcádnde l^^nefioips^-^La 

concesión de beneficios es acto de potestad igspirytua lx que 
con^esponde por lo : tatito á losi prelados ecleáiásticos j y del 
jiual son incapaces fns ^.giía : krhiÁnfíR giift Rt\ lft.<i rtowftftdft. ftgfai. 
facultad por especial privilegio apostólico. . 

Las autoridades eclesiásticas pueden tener esta facultad 
por ábroGho^^lenario-'^ordmúriO'r-ád^ieffado (1). 

Dereolxo del Papa 4 oonfenr los l^euefloios Jure 
y/^»rfri/k— ^Srtmft pontifi(>ftftR ^ Yí^^ fio de> Jesuorigt o, 
pastor universal de todas las iglesias, y en este concepto es 
e^ colator supremo v universal de todos los ben eficios (2). De^ 
este principio geüeral resulta' n«atupa1iiiente queel Sun^o 
Pontífice puede conferir beneficios en las respectivas! diéoesjis 
del orbe oatálicb V siepipre «]^0 i& üece^daa ó iitüídaddis la 
Iglesia iQ reclame ; lo cual tiene lugar = , l - 

lientes ent^ienoia y vir |itft, ó «tender á las nece¿dadesd e 
aquellos otros man dados á l as misiones con el fin de. evang e- 
lizar. 

i) Cuando los coÜEttores inferiores no proveen Í QsJbenefi-_ 
cios vacaatfes ú ordenan sin título á personas que por eista 
misma causa se hallan en la indi^^ eia. • 

Elste mismo derec&ó le compete en el concepto de patriar- 
ca d^ Occidente , á la manera que usaban de esta facilitad én 
. conferir órdenes el primudo de Oartago eü todas las i^e- 
sias africanas . y el patriarca de Ccmstantinopla en las igle- 
sias del patriarcado , sin que por esto se considerasen agra- 
viados lojs obispos de las respectivas di6ceM» (3). 

(i) Hogüknin: ExpóhiL meíh. Jur, Canon.fpars spec{aL,l\b. U, 
tft- 1, trat. 2.^ disert. 2.». cap. ni, art. í.», par. 1 .*> 

(í) Cap. II. tít. IV, Kb. III sext. Decret.^Cap. i . tít. V, líb. II ele- 
metitin. 

(3) BfiftARm: Commení. irnlus Eccles^ tmiv.. towno U^ disert* fi.\ 
parte 1.*, cap. V. 



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— -«8 — 

DiTQTsas üofúmAS en que tisó de este dereolio. — 

Los Papas prov eye ron las bénefioios 6n |ag distintas dtt cfesis^ 
siempre y ie el M en de la Iglesia así lo reogería , y díe ello 
ftxi^t^n ftj emplos en los monumentos de la antigüedad (1), y 
iM>flaladftmftnte fíq el pont^í^p^A do de S. Gregorio J fegjio , se- 
-"gun se deja notado en otro lugar de esta obra (2) ; pero esto s^ 
casos fueron me nos frecuentes hasta^ ^ígi^ "^n^ en que se- 
parada la colación de beneficios de la ordenación , se faltó á 
las disposiciones canónicas por muchos Colatores ordinarios 
con grave daño de la Iglesia ; y entonces f ué necesario á la 
cabeza visible de la misma emplear loa medios más adecua- 
dos para cortar los abusos en esta materia , y a l efecto em- 
p leó en la provisión de beneficios los medios y fo rmas de que 
paso ¿ trata r. 

Mandatos de providéndo , y gracias expectati- 
vas. — Se entiende por mandatos de providéndo : Las letras 
apostólicas en que se manda i los avispas ú -ordinarios 
que provean wi beneicio en loí personas que aquéllas- dt- 

signan. „... . «. - 

Estos mandatos reciben el nombre de gracias expectativas 
cuando dichas letras apostólicas pre scriben al colator ordina- 
rio que confieran ¿ determinado clérigo un ben eficio tan 
pr onto como quede vacant e^ 

Lo mismo los mandatos de providéndo, que se refieren á 
beneficios vacantes ; como las gracias expectativas, que tie- 
nen por objeto beneficios no vacantes , pueden ser- — general es 

Sus especies.— Los mandatos de providéndo, ó de pre- 
vención, pueden ser = 

Meras letras comendaticias , porque tenían por objetQ 
recomendar-u n-^ léria r o al ordinario para que le confiriese 
un beneficio vacante , debiendo el ordinario , en caso de no 

(f ) Devoti : ínst. Canon., lib. I, tft. V, sect. 3.% par. 30. 
(2) Lib. I, tít. n, cap. Vin. 



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— 479 — 

ser aquél atendido , manifestar al 8amo Pontífice la c ausa que 
l e impidió atender á su recomendado ( 1). 

Letras monitorias, que se expedían por el Sumo Pontí4- 
ce, cu ando el ordinario había desatendido las primeras sin 
causa ^ Y ^^ y ^L^^rdftd^rfts amonestaciones para que el cola * 
tor confiriese un beneficio vacante al clériiro expresado en 
dlas^. 

Letras preceptivas , que eran mandatos en toda regla» 
c uando las anteriores letras no hablan sido atendidas (3). 

Letras ejecutorias ^ las cuales nombraban un ejecutor 
p ara que oblígase al colator rebelde y contumaz á obedecer 
eTma ndato apostólico , 6 se le autorizaba para que él mismo 
co nfiriese el beneficio en nombre de la Santa Sed e. 
nSi se seguía un orden gradual en su expedición. 
No siempre se seguía este orden en la expedición de los man- 
datos de providendo , sino que á veces se expedían las let ras 
ejecutoriales desde luego (4), y esta ^rttctica pre valec ió des- 

piiftR pftPft pTJtflr y f fí^ftigfir h \^ V^^ l^ nmit^Tnitftift y rfthft1<íi5^ 
de los colatores ordinarios ( 5>. 

Esta misma forma que se deja indicada sobre los mandatos 
de providendo , se aplicó á las gracias expectativas (6). 

Su ábolioion.— De la expedición de los mandatos de pro- 
videndo y gracias expectativas resultaron no pocos males, 
atendida la malicia de los hombres, y por_^ta i^gnn gn^Ha- 
ron aquéllos y éstas abroa das (7). 

(1) Cap. V. t¡t. III. lib. I OecTfií.— Cap. XOI, par. «.•, tít. XIV. li- 
bro I Zíccre/.— Cap. VI. tít. V. lib. UI Deeret. 

(2) Bbrardi: Comment. in Jus Eccles. univ., tomo n, disert. $.\ 
parte i.*, cap. V. 

(3) Devoti : IhH. Canon., lib* I, tít. V, sect. Z.\ par. 3.» 

(4) Cap. XIX , XXX . XXXVIIy XXXIX . tit. in , lib. I Decreí.-'Oi' 
pítalo Xn y XIV. tít. lU , lib. I sext. D¿creí.— Cap. IV, tít. VHI, lib. ffl 
Veereí. 

(5) Vecchioto: InsL Canon., lib. III, cap. U, par. í9. 

(6) Berabm : Commeni. in ius Beeles. univ., id. ibid. 

(7) Concil. Trid., sesión 24, cap. XIX De Reformat. 



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— 480 -^ 

DereollO cto ocaonrao — Kl flu^ P^P^feQ ognci^r^con 
los obispos y otros colatores ioferiores en Ja provisiondoTos^ 
b gaeUpips vacmte^ ; y se prefieire la colación 6 pombramie n- 
tQ^pyknfirp alq^eH^o lugar daspttes, bien proTenga-deLP apa 
6 d elcolator inferior , xesto es lo que se llama aerecliQ ae ' 
concurso . porque concurren varios ^ la prpvisíon de braéfi- 
'^cios (1). ' ' ^ 

• St7)l nombramiento se ve rifica en un mismo dia% ú existe 

dnga^sobra quien nomttfo pnmero, ha de s<;>stenerse el nom - 

dramlento de aquél que entró en ya absesion d el benefioioT y 

"i apgftdo ninguno ha tomado posesión, prevalece la provirijQn 

peciales que obligaron ¿ los Sumos Pontífices i emplear este 
asedio extraordinario, alcvial d^bía^^dar el -d/^recbo ordina- 
rio de los obispos ú otros colatores mferiores (3) . 
Afecoion ^ y ou&ndo tiene lugar^~E l beneficio se Ha- 
^^a afecto pof la imposición d^ n^nos delPa^T - 

^ Este acto tiene lugar c uando el Sumo^^ t ifice s e interpo- 
ne en la provisión de un beneficio (4), c omo st ordena & K § 
electores que se abstengan de hacer la elección, ó da el be- 
nefici o en encomienda,. 

"Sevoluoion , y su origen.— La de vdatíone^: M de- 
recio del Sumo Pontífice 4 eonferír el ber^ñeio no pronUto 
en tiempo hábil, ó mal provisto par el cotator ordinaria. 

La devolución por negligencia del ordinario fué introduci- 
da primerament e por Alejandro III. q uién decretó que si los 

las dignidades y beneficios ínferibres , su provisión se devuel- 
ve al superior (5 ). 

(1) ScuAUoncj^iEic: ^ Eceks. uftlv., in Ub. Ul Deeret.» iiU ¥, pá- 
rrafo 3.", núro. 45. 

(2) <:iip. XXXt tít. IV. lib. lU sea. Decreí. 

(3) Bbrardi : CommerU, in Jus Eccles, univ., tom. 11 , diaert 9.* 
part. i.», cap^V. 

(4) Yecciiotti : Ituí. Canon. ^ lib. 01 ; c^p. U« par. 24. 

(5) Cap. 11, tit. Vlil^tíb. UI DecrH. 



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— 481 -- 

^1 papa Inocencio III fij ó á l os colatores ordinarios el tér- 
Tnínn Ho -fi*qp mr^^oc p^pft \r^Q ^ beneficlos electivos . ó sea para 
las iglesias catedrales y regulares , dejando el de seis mes es 
para los benftfifíins Tnf> norfts , habida consideración á los ma- 
yores danos que resultan de la larga vacante de los primeros. 

Este espaci o de tiempo corre desde el dia que s e tuvo no- 

t iCia de la ^rfír.ñ.r^tPt ^ ^ Hft<;flft qnp. (\PiRá p.1 impftHimP.nto q^ft im- 
pidió su provisión m. 

La^ devolución por culpa tiene lugar c uando el colator in- 
ferior provee el beneficio en persona indigna , ó lo hace sin 



observarja forma prescrita en las disposicion es canónicas. 

A qniién corresponde la provisión de beneücioíá 
en este caso.— Los beneficios no conferidos en tiempo por 
negligencia ó culpa, se proveen desde luego en virtud de de- 
volucion por el Sum o Pontífice , si son iglesias catedrales ú 
otros beneficios mayores , ó exentos de la jurisdicción ordi- 
naria. 

Los demás beneficios se proveen en estos casos por el in 
mediato superior, y si éste deja trascurrir los expresados 
términos , pasa este derecho al superior inmediato hasta lle- 
gar al Sumo Pontífice (2). 

Reservas apostólicas y beneficios reservados.— 
Se entiende por reservas : La avocación á si de algun beneficio 
que haya de quedar vacante , hecha por el que tiene potestad 
para ello. 

Se llaman beneficios reservados : Aquéllos cuya provisión 
se reserva el superior , f principalmente el ¡Sumo Pontífice^ 
atando • por decirlo asi , las manos del colator inferior^ á ñn 
de qvs no pueda conferirlos licita ni válidamente (3). 

Sn q[ué convienen con los beneficios afectos, y su 
distinción.— La reserva de beneficios conviene con los be- 

(i) Cap. XLI, tít. VI, lib. I Decret, 

(2) Veccuiotti : Insl. Canon,, lib. lU , cap. II, par. 21. 

(3) Cap. XLV, tít. VI. lib. I semL Decrcí.— Cap. IV, tít. III Extravag. 
commun. 

TOMO III. 31 



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— 482 -^ 

neficios afectos en que unos y otros tienen por objeto priv ar 
a l colator inferior de la pro visión de ellos. 
Se distinguen entre sí , en que = ' 

aj La reser va se hace por un acto expresado de palabra, 
mediante el cual el Papa declara que se reserva la provisión 
de un beneficio , y la afección se da á conocer por el mismo 
hecho ,_como si el Papa pone la mano en el beneficio al efecto 
de conferirlo. 

6) El colator inferior n o puede ya en lo su cesivo proveer 
el beneficio reservado, á diferencia del beneficio afecto, que 
puede conferirse por él, si queda vacante después de una vez 
provisto por el Papa. 

^ ó) La'áliBCCión tiene lugar no sólo en los beneficios, como 
l a reserva ; sino también en otras cosas, co mo los órdenes ( 1) 
y el c onocimiento de causas (2). 
^Sus especies.— Las reservas apostólicas se dividen en = 

(Generales , llamándose así lasque no se concretan á de- 
terminados beneficios ó persona s, sino á los beñeficiojeñco^ 
mun, (^ sea todos los beneficios de una clase ó deterniinado te- 
rritorio, como todas las iglesia s patriarcalgg^etjQpQlitepas , 
catedral es : ó to dos los beneficios de un reino ó diócesis; tcK^ 
l as dignidades, e tc. 7 

Especiales, q ue son las reservas de beneficios deter mi- 
nados. 

Las reservas especiales pueden verificarse — 

Por razón del lugar , como si se reservan los beneficios de 
cierta iglesia. 

Por razón de cierta cualidad . como la dignidad de prior. 

Por razón de la persona, como si se ordena dar á Peáro el 
primer beneficio que vaque en cierta iglesia. 

Lo mismo l^s reservas generales que las especiales pueden 
dividirse en = 

(1) Cap. XII, tít. XI. lib. IDecreL 

(2) ScHMALZGRCEBER : Jus Eccks. ufíiv., iti Hb. ñl DecT^, f tii. Y, 
par. 6.*, núm. 210. 



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— 483 — 

Temporales y perpetraos ♦ s egún que es por tiempo deter - 
Piinado ó indefinido . 

Fijas ó continuas, como las primeras dignidades ó lqs j)e- 
^ficios poseidos por los colatores , subcolatores ú oficiales d e 
l aSanteSede. _ ^ 

Inciertas , discontinuas ó eventuales , como por razón de l 
mes ó lugar en que ocurra la vacante. 

Vomprendidas en el cuerpo del derecho común .^como^n 
las Decretales ó Clementinas. 



Fuera del cuerpo del derecho , c omo en las Extravagan- 
t es , reglas de cancelaría ú otros decretos apostólicos ó con* 
cordatos (1). 

Reservas comprendidas en el cuerpo deldere- 
clio.— Es una solamente (2), y en ella se reserva ¿ la provi - 
si ón pontificia los beneficios vacantes en la curia romana , de- 
Sendo conferirse por la Santa Sede dentro de un mes , con- 
t ado desde el dia de la vacante, porque trascurriJo éstesín^ 
proveerlo, puede conferirlo el ordinario Inferior, como si no 
estuviera reservado (3) . 

Beneficios reservados en las extravagantes.— Las 
constituciones Extravagantes contienen las antiguas reser - 
vas y las nuevamente introducidas. 

B onifa cio VIII res ervó ¿ la Santa Sede la provisión de las 
dig nidades, personados , iglesias y otros beneficios eclesíástí* 
eos que vacasen ante la Santa Sede (AJ . 

Se reserva igualmente á la provisión de la Santa Sede los_ 
beneficios vacantes por haber obtenido un se.gundp incompa- 
tible , y ¿un éste . si pl interesado no hace renuncia del prime - 
ro en manos del ordinario (5). 

(1) Schmalzgrueber: Jm5 Eccles, univ.y in lib.IIl DecreL, lít. V, 
párrafo 6.*, núm. 217 y sig. 

(2) Cap. II, 111 y XXXIV, tít. IV, üb. III sext. Decrcí.— Cap. I, tít. V, 
lib. II Clermntin. 

(3) Schmalzgrueber: Jus Eccles, univ., ibid., núm. 219. 

(4) Cap. I, tít. II, lib. 111 Extravag, commun. 

(5) Cap. IV, tit. 11, lib. III Exlravag. commun. 



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— 484 — 

Benedicto XII reservó á la Santa Sede = 

a) Las iglesias patriarcales , metropolitanas y epi scopales. 

b) Los monast erios, prioratos, dignidades, ofí cioTy benen- 
ci os , sm" excluir los que se proveen por eleccioñóSe otro mo- 
do . si va ^^'Ti ant.^ ^^ q«Tifo g^^o, 

c) Los beneficios vacantes por deposición , privación , tras- 
lacion , cons nryrflí^ ínn a l ar^rmn ^ p(^<^TiitfiiMi>ii y PMim i-^ M^n^ 
la Santa Sed 



d) Los vacantes por m uerte de los cardenales, leg ados ú 
otros oficiales de la Santa SedéT '. 

e) Los vacantes por pro moción á dignidades mayores he- 
cha por au ^^rjf ^^ npnst/Siif^a (iy 

Paulo "II decretó que todos los beneficios haS ta entonces 
reserv ados al Papa y los que se reservasen en lo sucesiv gjja. 
"mismo que los vacantes ó que vacaren de^cuaíqílier modo, 
quedaban siempre afectos, no pudiendo proveerlo s ójiisponey 
de ellos por aquella vez más quft ftl aum n Pontif^ra (2). 
"lEleservas oontenidas en las reglas de cancelarla. 
— Las reservas contenidas en las reglas de cancelaría (3) son 
muchísima^ , y de ellas se ha tratado en otro lugar de eS^ 
obra (4). 

Modiflcaciones introducidas en esta materia por 
los concordatos. — Toda esta materia de reservas baque- 
JLado considerablemente modificada por los concordatos ce lfe, 
brados entre la Santa Sede y las distintas naci ones, debiendo 
por lo mismo tenerse esto presente en la práctica. 

L as reservas beneficiales han quedado reducidas en "Es]^ 
% ^^n^ ]n nilliílflií^ »^p»^^ ^^ 1^^ ií-h^ ^n ^tr-- ^^^\"^^ ^^ "''^^ 
obra (5). 
Annatas/y sus clases.— Se entiende por ánhaíásTZflí 

(4) Cap. XIII, tít. II, lib. III Exlravag. eommun. - 

(2) Cap. XIV, til. II, lib. III Extravag. commun¿,^ 

(3) Schmalzgrueber: Jus Eccks. univ.yin lib.Ul Dfcrgf.f^ lit. Y» 
párrafo 7.*» 

(4) Lib. I, ü't. II, cap. VIH. 

(5) Ub. I, tít. II, cap. XI. 



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— 485 — 

pensiones ó ciertas cantidades de dinero , que se pagan á la 
Cámara Apostólica de los frutos del primer año de los obis- 
pados y otras dignidades y heneados eclesiásticos vacantes. 

Se enumeran cuatro clases de annatas ,y son las siguientes: 

Annatas.^lA primera clase , á la, que se da propiamente 
el nombre de annata , es la mitad de los frutos del primer 
año , y s e abona á Ift^/J^Tn^rR ApostAii f^R de Ins beneficios in- 
feriores y regulares , q ue no se confieren por el Papa en el 
Consistorio , si su valor y renta anual no excede de 24 flori- 
nes de cámara, según la tasa de la misma. 

Servicios comunes. — ^Así se denominan las am^tfi-^ i cuya 
mitad de su importe se da ¿ la Cámara Apostólica y la otra 
mitad cede en prov ft<:rhft ^^ ^^^ pfty/íftnaiftq qnp. gp > hallan pr e- 
sentes. 

Esta parte de frutos del primer año se abona única- 
mente de las prelaturas ó beneficios consistoriales. 

iServitia minuta.— &e llaman así las porciones que se dis- 
tribuyen entre ciertos ministros y oficiales del Papa , según 

abaciales. 

Se los llama minuta , porgue son partes peq ueñ as de la^ 
annata , y porque se dividen e xifrpi los Tnim'stros inferiores. 

Quindennia , ó sea l ^jnitad d fí los f^'i^r^c /1p ^^r^ «fin ^ gii^^ 
han de abonarse é la C^mfira Apngt/íii>.ft r>ftrla q uince años de 
los beneficios uni dos perpe t uamente, por c uyo motivo |^<;^ ya- 
caban nunca ; así como de otros beneficios exentos de la re- 
serva por especial privilegio (1). 

Motivos de su institucion. — Algunos escritores han 

impugnado las annatas con la mayor vimlencig. y como una 

novedad introducida por Juan XXII ó Bonifacio IX ; per o es 

indudable que se conocieron en tiempo s P^^ antignos , toda 

^ vez que s e hallan aprobadas en el Concilio de Viena.^ 

Esta exacción fué razonable . honesta y aun necesaria :== 

(i) Schmalzgrueber: Jus Eccles. univ., in lib. IIl Decret., tít. V, 
párrafo 6.^, núm. 246 y sig. 



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— 486 — 

a) Porque s e conservaba po r este medio en los prelados 
inferiores l» Ty^fifnor íft HpI m¡ig(^ri ^a fi^f ^ iglesias y di gnida- 
des , lo^mismo que su dependencia de la Iglesia romana . 

i) Porque e l Sumo Pontífice necesita para el gobierno de 
la Iglesia universal dftl auxilio de los cardenales, oficiales y 
em pleados de la curia apostólica, en cuyo beneficio ce¿jBn las 
annatas. 

c) El Papa . como padre de todos los fieles , debe remune - 
rar Y premiar á las personas beneméritas de la Ig lesia , y so-^ 
correr las necesidades de los desvalidos , á cuyo efecto nece- 
sita allegar recursos de las iglesias inferiores (1), 

d) L e corresponde la propagación del Evangelio éntrelos 
in fieles y su conservación en los países heréticos , lo cual 
nftfl,g^'Qna yn^Qtng ría grflTi /^nuffiH eracion . . 

e) Las annatas son en manos del Papa un medio podercgo 
. para atend er á las necesidades públicas de la Iglesia (2). 

— lieFécho de los obispos á proveer los beneficios 
Jure ordinario. — Los patriarcas , primados , arzobispos y 
o bispos confieren por derecho ordinario los beneficios de sus 
despectivas diócesis . bastando , para que puedan usar de él, 
que hayan obtenido las bulas de confirmación apostólic a^aun- 
q ue no estén consagrado s ; porque se trata de un acto de ju- 
nsdiccion , y nó de orden (3). 

Esta facultad del obispo ¿ conferir los beneficios de su dió- 
cesis ftAj^pll»^ fnnHi^/^ff An al HA»flA>in /%nmnf^ ^ y CUalquier OtlO 

que se atribuya esta prerogativa tendrá necesidad de presen- 
tar el título especial en que se funde {á)^ ámenos que se trate 
de la Rftnta flft^ ft , á quien compete esta facu ltad pleno jure 
en toda s las diócesis, según se deja indicad o. ^ 

(1) Dbvoti: InsL Canon., l¡b. I. tit. V, sect. 3.\ par. 42. 

(2) ScHHALZGRUEBER : Jus Eccles. utiiv,, in lib, m Decreí,, tít. V, 
par. 6.^Ilúm. 251. 

(3) C. IV. qu8B8t. !.•, causa lO.-C. X, y XI, quaest ?.•, causa 16.- 
Cap. I, lít. XXXVII, lib. III Decrcl.— Cap. XH. tít. VII, lib. Y Decrd.- 
Cap. XV, tit. VI, Wh I Decret. 

(4) ScHVALZGRUEBER : Jus Eccks» uhív, , U)¡d. , par. 3,®, núm. 4é. 



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— 487 — 

Este derecho de los obispos se halla limitado por las reser- 
vas apostólicas, leyes , costumbres y fundaciones (1). 

ProYision de dignidades, canonicatos y preben- 
das de las catedrales y colegiatas.— La provisión de 
estos cargos en las catedrales corresponde por derecho gene- 
ral ¿^los obispos y cabildos de común acuerdo, p orque el obis- 
po, lo mismo que su cabildo, tienen interés en que se nombre 
para estos cargos personas aceptables á unos y otros ; pero esta 
materia se halla considerablemente modificada por privile- 
gios, estatutos, costumbres, fimdaciones de las respectivas 
iglesias y concordatos ; así que unas veces corresponde la pro- 
visión al obispo y cabildo (2) , siendo vario el modo de ejercer 
sus respectivos derechos, porque e l voto del obispo vale á ve- 
ces tanto como el de todo el cabildo, ó su mayor parte ^ para 
la provisión de estos cargos, ó su voto no tiene esta impor- 
tancia. 

Otras veces ocurrre que el obispo y cabildo pr oveen las 
dignidades ó prebendas alternativamente por turn o. 

Igual variedad se observa en la manera de conferir estos 
cargos cuando su provisión corresponde á solo el cabildo , por- 
que unas veces es necesario el consejo del obispo (3) y otras 
no lo necesita (4). 

Rn otros c.a&qr se har.e la provisión por el cabildo capitu - 
alármente ó po r c ada uno de sus individuos, turnando en el 
ejerci cio de este derecho (5 ). 

'^Los demás beneficios inferiores de las iglesias catedrales, 
como l os porcionaríos á medio porcionarios , se proveen entre 
el obispo y cabildo de común acuerdo según el derecho co- 



(1) Deyoti: Inst. Canm.^ lib. !.•, tít V, sect. 3.*, par. 29. 

(2) Cap. únic, tít. VIH, lib. III sexi. DeíJreí.— Cap. XV. tít. VIH, li- 
bro III Decrel. 

(3) Cap. únic, par. I» tít. VIII, lib. III sext. Decrel. 
(i) Cap. XXXI , tít. VI. lib. I Decret. 

(¡O ScHMALZGRUEBER : Jiis EccUs, univ., tit lib. III Decret,, tít. V, pá- 
rrafo 3.^ DÚra. 48 y sig. 



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— 488 — 

jauíiy si son del gremio del cabildo por costumbre ó derecho 
especial en cuanto á la participación de la mesa común al 
menos ; pero si son extraños al cabildo aun en esto , entonces 
se proveen por el obispo únicamente. 

Esto mismo tiene aplicación ¿ las capellanías de la misma 
iglesia catedral (1). 

El derecho de presentar ó elegir para los canonicatos y 
preb endas de las iglesias colegiatas p.orrp.<;pnnHft al <>ftbilHn(lft^ 
ellas y á su prelado inmediato , s i lo tienen; y e^Jecechode^ 
i nstituir 6 confirmar á los presentados 6 electo sperte nece al 
obispo de la diócesis con arreglo al derecho común ,_ que puede 
hallarse modificado por leyes , estatutos ó privilegios espe- 
ciales, según se deja consignado respecto alas prebendas de 
las iglesias catedrales. 

Provisión de las prebendas de oficio. — Todo lo re- 
lativo al origen de los canónigos de oficio , sus cualidades , de 
beres y derechos, se deja tratado en otro lugar de esta 
obra (2), asi que corresponde examinar únicamente en este 
lugar lo concerniente á la provisión de estos oficios. 

Las disposiciones dictadas e Q| el Concilio IV de Letran y 
en el de Trento r especto á la creación de los oficios de lecto- 
ral y penitenciario, nad a prescriben acerca de la forma en 
que han de proveerse^ limitándose únicamente á disponerres; 
pecto á la ^p.p.tnral ^ q ue se confiera á persona idónea (3).*jbx$: 
jTunftíjft y nprnhnHfl pnr pJ í}}nífíj^ri ; y e u cuauto A Iq peniten- 
c iaría, oue se confiera á persona dotad^dejcJQrtasxugJi dAft^ 
des (41 : así que la provisión de estos oficios corresponda e^ 
clusivamei^t-ft ^1 obispo {^} . debiendo hacerse aquí las misws^ 
observaciones que se dejan indicadas en cuanto á las digni- 

{i) Schhalzgrueber: «/u^^ccíe^. tinft;., ibid., núm.51. — 

(2) Lib. II. tít. IV. cap. VII, pág. 530. • • 

(3) ConciL Trid., ses. 5.*, cap. I De Reformat 

(4) Concil, Trid., ses. 24. cap. VIII De Reformat. 

(5) Boüix: De Capiíulis, part. I.'^, sect. 2.^ cap. IX, par. 4.°; capi- 
tulo X, par. 4.« 



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— 489 — 

dades y canonicatos , porque en casi todas partes se proveen 
por concurso , mediante costumbre ó lej especial. 

Provisión de parroquias con arreglo al Concilio 
de Trente. — Este Concilio dispone que mientras se proced e 
al nombramiento de párr ocos por concurso , el obispo proveerá 
á la iglesia vacante de un vicario idóneo con la congrua asig- 
nación de frutos ó renta á su arbitrio f Ij . 

Dice asimismo que el obispo j otras personas designarán 
d entro de diez dias contados desde la vacante del curato ú 
otro término á voluntad del obispo , la s circunstancias 6 cua - 
lidades de .^njp.tns if1fSnftf>g pnrR regir las parroquias^ á fin de 
que puedan ser llamados para probar su aptitud ante los exa- 
minadores , ordenando además = 

I. Que trascurrido el termino <;ftñalftd , 9, el obispo 6 su 
vicario generaU s i aquél se hallase impedido, proceda junta - 
mente con tres a l menos de los e xaminadores nombrados en 
él sínodo diocesano, á probar la aptitud de dich os sujeto s^ ^ 

in yue aicnos examinadores, después dé^terminado el exa- 
men, propongan los oue consideren más idóneos aíaúe , Tnori- 
ius , d octrina , prudentia et aliis rebus ad vacantem eccl e- 
s iam gubernandam opportunis . 

Cuando los examinadores sinodales no estén de acuerdo 
y sus votos snn p^r^^sf^ singnlftrp,s , fil QhispQr(rMr vicang7Tro=^ 
drá adherirse á quien más bien le p areciere. 

III. Que e l obispo non ibra^^ ^^ pnt.rA }f}^ j^^'^^w^M^'y ^\ qu^ 
considere más idóneo , teniendo obligación de nombrar al oue 
s e le proponga por el patrono de entre los aprobados por los 
laminado res, si e l beneficio es de patronato , v le correspon- 
de 8U instituci ón. 

Cuando la institución corresponde á otro , entonces el_ 
obispo de la diócesis designará el más digno délos dignos 
presentados por el patrono , a aquél á quien corresponde la 
institución canónica. 

<Disposicion aeS? Pió V acerca de este punto.— 

( I) Concil. Trid,, ses. 24, cap. XVIII De Reformat. 



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— 490 — 

Este Papa, en su constitución In conferendis de 16 de Mayo 
de 1567, siguiendo el espíritu del Concilio Tridentino, dice= 
a) Que s on nulas las provisiones de parroquias hechas sin^ 
el examen 6 contra la forma prescrita por el Concilí o^^qüe- 

?r^ue si los^olatores ordinarios no proveen la parroquia 
vacante dentro del término de seis meses contados desde el 

Sede. 

c) Que si la parroquia es de patronato eclesiástico 6 míx - 
to , y lo s patronos no hacen la presentación dentro del térm i- 
no lega l , ó n o se da la institución dentro de dos mese scon- 
tados desde el dia de la presentación , su provisión qued a re- 
se rvada al Sumo Pontífi ce. 

d) Que las parroquias cuya provisión corresponde á la 
Santa Sede, y q ue se han de proveer por concurso con arre- 
glo á la disposición Tridentina , queda n reservadas en abso - 
luto ai Bumo li^onxince , si e i o rdmario no designa á la Santa 

13ede, dentro del término d^ o.\m\ítc\ mftgpg , ni nm^^^nn df^ 
l os aprobad os. 

e) Que las palabras del Concilio de Trento intra^decem 
diesj ved aliud tempus ab episcopo prascriien ^iu no^ue- 
cten jxtenderse más allá de veintft Hift s. 

fj Que s i el obispo nombrare al menos idóneo entre los 
apgQbadofrí há lugar á la apelación en .un solo efecto ante el 
metropolitano ó la Santa Sede , y si la elección sé ha hecho 
por el metropolitano , ante el ordinario más próximo como 
delegado de la Santa Sede (1). 

s Decreto de la Sagrada Congregación del Conci- 
lio de Trento acerca de la provisión de parroquias. 
El papa Clemente XI confirmó el decreto dado por la sagrada 
Congregación del Concilio en 10 de Enero de 1721 , y en él se 
ordena (2) 

(i) Boüix : DeParocho, part. 3.*. secc. 3.*. cap. f, par. í.* 
(2) BwEDiCTO XIV : Const Cum iUud de 4742. 



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— 491 — 

a) Qiift l)fthrÁn Hft Rftfif^j arse á todos los opositore s Jasmis- 
mas cuestiones y casos ; a sí como los mismos textos del Evan~ 
gelio para la plática que han de componer. 

b) Que se dicten al mismo tiempo á los opositor es^ los ca- 
sos y cuestiones que hayan de resolver, y los textos del Evan- 
gelio. 

c) Que á todos se co ncederá igual tiempo para hacer jos 
trabajos. 

d) Que todos loa opositores quedarán encerrados en un 
mismo aposento . si n que nadie pueda entrar ni salir hasta 
haber terminado su trabajo por escrito, á cuyo efecto se dará 
á todos recado para escribir. 

e) ' Que cada uno de los opositores escribirá y firmará por - 
sí mismo las respuestas y la plática . 

f) Quejas rftspiiftstas sft ftf;c.rihir¿n en latí n . y la plática 
en idioma vuls^a r. 

g) ^w^ l^y tffthnjfffl ^^ ?>hos por los opositores se susc ríbi- 
rán por ellos mismos , can celario del concurso, examin ado- 

Ires y por el ordinario ó su vicar io. 

Tí) Una vez verificado el concurso en la expresada forma, 
el obispo nombrará al más digno entre los aprobados. 

Qué se dispone para el caso de apelación inter- 
puesta por el que se considera agraviado.— Dispone 
el citado decreto respecto á este punto , que no se admita l^^ 
a pelación, á menos que ftft infprpnngaHftntm de diez diast^ 
contados de sde aquel en que se hizo la provisión , en cuyo 
caso se remitirán al juez de la apelación las actas originales 
cerradas y selladas , ó un testimonio auténtico de ellas sacado 
por el secretario del concurso y otro notario designado por 
el obispo ú ordinario , que habrá de cotejarse ante el vicario 
general ú otra persona constituida en dignidad eclesiástica 
designada por el mismo ordinario. 

Este documento irá también suscrito por los examinadores 
sinodales , que fueron jueces del concurso. 

Kljijglfintft h5thi»¿ Hft pro bar ante el juez de apelación, por 
l as^mismas actas del concurso , ó por atestados de gran peso . 



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— 492 — 

aunque sean extrajudiciales (1) que ha sido injustamenie pos- 
puesto en cuanto á la ciencia y demás circunstancias. 

Recomendación á los ordinarios de la expresadla 
forma de concurso , en la provisión de parroq[uias. 

La Sagrada Congregación del Concilio recomendó á los. ordi^ 
narios en su decreto de 16 de Noviembre de 1720 , aprobado 
por el papa Clemente XI en 10 de Enero de 1721 , la forma de 



concurso dispuesta por el expresado Papa , advirti éndoles que 
en el caso d e continuar haciendo los concursos á parroquia s 
en'la lo rma seguida hasta entonces , no podrá menos de aten- 
der á los que apelen de sus providencias y sujetar de nuevo á 
examen á los demandantes y demandados f 2). " 

• constitución cum illud de Benedicto XIV sobre 
esta materia.— Benedicto XIV dio, por decirlo así , la últi- 
ma mano sobre los concursos á curatos, y dispuso en su cons- 
titución Cum illud de 1742 lo siguiente: 

I Que se haga convocatoria publica por edictos . en los 
que se fijará el término para presentar las solicitudes con los 
flocumep t^fíg rftifltivnR ¿ \(}<^ memos y servicios de los aspiran- 
t es al concurso , q ue habrán de remitirse por éstos al secreta- 
rio ó persona designada al efecto. 

II. Q ue el secretario d el conc urso hará un extracto fiel de 
los méritos, se£vicr^f>-^ y de m ^ circunstancias de cada uno de 
T os opositores t, entregando un ejemplar al obispo ó su vicario, 
si éste hace las veces de aquél, y otro á cada uno de los jue- 
ces sinodales. 

III. Que l os ejercicios empezarán en e Ldift sftfiftift^ft, x 
habrán de hacerse del modo prescrito por Clemente XI, de- 
biendo los examinadores proceder con el mayor cuidado para 
formar un juicio exacto de los ejercicios de los opositores, no 
menos que para escudriñar su vida y costumbres, etc., á fin 
de negar su aprobación á los inhábiles y proponer al obispo 
los que consideren idóneos. " 

(1) Benedicto XIV : Const. Cum illud de 1742. 

(2) Benedicto XIV: Const. Cum illud de 4742. ' * ' 



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— 493 — 

IV. El obispo ó sil vicario pfeneral y los ex aminadores si- 
nodales d evnlvftrán al Rft(*rft taríQ dftl cODCurso . des pués de 
tf>rTr|^pftdo PAfjfii , ftl extracto recibido del mismo al empezar lo s 
ft|AyA]>inQ riA npngiV^Qn^p ara qiie lo inutilice ó lo una 4 las 
actas secretas , que no podrán manifestarse á nadie^ á menos 
que medie mandato del obispo ó su vicario. 

V. El ordinario nombrará á los más dignos entre los apro - 
bados^gin que obste para ponerlos en posesión la apelación 
que se interponga por cualquier persona. 

Este recurso de alzada ha de utilizarse por el que se consi- 
dere agraviado , dentro de diez dias , contados desde el nom- 
bramiento , debiendo interponerle por escrito ante el ordina- 
rio de quien se apela , y acudir en tiempo hábil ante el supe- 
rior para probar que se le ha pospuesto injustamente, por 
mala relación de los sinodales , ó juicio indiscreto del obispo, 
apoyándose al efecto en las actas del concurso, sin que le sea 
permitido presentar otras pruebas que las que resulten de di- 
chas actas , lo mismo en cuanto á la ciencia, que respecto á 
las costumbres y demás circunstancias. 

Ordena , en su consecuencia , al juez su perior, que no re- 
cib aningun documento ext raño á las mismas actas. 

VL Que e n el caso de haberse conferido la parroquia á de - 
terminada persona . qiediante una causa sabida únicament e 
por el ordinario , éste podrá ponerla en conocimiento del su- 



penor valiéndose de carta privada y bajo sigilo. 

Si el juez ante quien se sigue la apelación no ofreciera con- 
fianza al ordinario para hacerle la expresada manifestación, 
podrá éste acudir al cardenal prefecto de la Sagrada Congre- 
gación del Concilio, y éste manifestará lo conveniente al juez 
de apelación para que en todo caso haga justicia. 

VIL Qnpjti la. j^y^tfíP^'» ^"^» P^^ P'l ii^mftdiat o superior e s 
conforme de tQda-4;onformidad con la dftl obispo ú ordinario , 
fíiV.hfi faiin pftgttrA pn ant^ríH ad de cosa juzgada; pero ^ 
otro caso , el nombrado por el obispo puede apelar de dicha 
sentencia, y permanecer en posesión de la parroquia hasta 



la,j:esolucion de hUi tlv a del t er cer juez , cuyaTsentencia^ 



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_ 494 — 

sea cual fuere , habrá de ejecutarse sinjilteripr recur^p. 

VIII. Que s ila provisión del curatocorresponde á la Sant» ^- 
Sede, r atione mensium aposMicortim , el concurso se hará^ 
por el ordin ario, sin necesidad de pedir autorización al S umo 
Pontífice, y u pa vez verificado , nombrará al m ¿s idóneo, po- 
niénd olo en conocipiiftnto del tribu nal fl.pnst(Slmn^"dft~Ta DaLu-— 
ría (1)T ' : ^ 

Derecho de otras personas á proveer los bene^ 
oíos. — El derecho del Sumo Pontífice á conferir beneficios ó 
todos los beneficios del orbe católico , y ía facultad que com- 
pete á los obispos para proveer Jure ordinario los beneficios 
de sus respectivas diócesis, no excluye á otras autoridades , en 
quienes ri» ^i^ne *^g^Q r^^'f^in dfír^^lh^i *^^ ^^^® pueden proveer 
también los beneficios eclesiásticos = 

a) ^í^? IfígftHfig A //y/^ff j quienes concurren con los obispos 
y otros colatores ordinarios en la provisión de beneficios por 
derecho común (2). 

b) Los prelados veré nullius ; á menos que la provisión de 
beneficios corresponda á otra pel'sona por derecho especial (3). 

c) ^'fí§ cftr^P'""^^^ d^ ^ft santa Iglesia romana en virtud de 
priYJl^C^'^ p^"^f fini? 1 1"^ les concede, ánn cuando no sean 
obispos , la facultad de proveer todos los beneficios de las igle- 
sias que poseen por razón de titulo ó encomienda (4). 

d) Otros prelados q ue sin tener jurisdicción ordinaria go- 
9!aTwiñ f.stft Hftrftfíhn ftn virti^^j rt e privilegio óp rescrípmnn. 

e) El cabildo sede vacante, y el vicario capitular con las 
limííaciones que se dejan señaladas (5). 

Si los canónigos pueden proveer beneficios.— Los 
canónigos pueden tener este derecho = 

(1) Benedicto XIV : Const. Cum illud de 1742. 

(2) Cap. XXXI. tít. IV. lib. lll st^xl. .Dccrg/.— Cap. V. tít. XV. lib. I. 
^ext. DecreL 

(3) ScHMALZGRüEBER : Jus Eccks. ütiiv., í» lib. lll Decret., tít. V, pá- 
rrafo 3.**. núm. 42. 

(4) Schmálzgkü£ber: Jus Eccles. univ,, ibid. 

(5) Lib. II. tít, IV, cap. VI de esta obra. 



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— 495 — 

gor titulo singular, como en el caso de ir uniáo á una 
prebenda 6 dignidad. 

Por turno , como si cada uno de los can óxiigos , guardando 
el orden de antigüedad rproveen en nombre del ¿abllütrio s' 
beneficios vacantes en ciertos meses. 

JJapitulanter , si la provisión se hace por el' cabildo, en 
cuyo caso recaerá el nombramiento en la persona designada 
p or mayoría de votog > 

Quiénes pueden obtener beneficios. — Ya se indica- 
ron en el libro II de esta obra las cualidades necesarias en los 
que hayan de ingresar en cada uno de los distintos grados de 
la jerarquía eclesiástica, y por lo mismo me limito á las indi- 
caciones siguientes: 

JSdad conveniente , porque los beneficios no puedenj :ím=-, 
ferir se á los párvulos (1); aslijue se necesita tener —ríreinta 
Mos para el episcopado (2)~ ve inticinco años para beneficio^ 
con cura de almas.-— ve intidós años iniciados para las digni - 
dad es , personados, ó canonicatos sin ^u ra de almas (3) — ca-_ 
t orce para los beneficios simpl^sT4). 

jffijo de legitimo matrimonio (5). 

Clericato (6) porque e l beneficio lleva anejo un oficio espi- 
ritual . del cual so ^^ inr.fip^^^^^ ^^"^ ipprnc 

Ciencia competente , que es diversa ^ se gu^i if^g Hístintns hft. 
nefícios. 

Vida honesta y probidad de costumbres, qued ando en su 

censuras. 



(i) Cap. XXXV. tít. V, lib. III DecreL 

(2) Devoti : Inst, Canon., lib. I. tít. VI, pár. 6/ 

(3) Concil. Trid., sesión 24, cap. XÍI De Reformat. 

(4) Vecchiotti : InsL Canon,, lib. Ill, cap. II, pár. 24. 

(5) ScHMALZGRUEBER : Jus Ecclcs. unív,, in lib. Ill Decrel. , üi. Y, 
párrafo 3.®, núm. 61. 

(6) Cap. XI, tít. XIV, lib. I Dccreí.— Cap. VI, tít. XXXVI, lib. I De- 
creí.— Cap. II, tít. Vil, lib. III Decreí. 



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— 496 — 

C¿liS9, Hp^Tnnf^o qnp. r] noTi frae matrimonio de spués deha- 
Jipr oV>trftniHo \\r\ hp. nefício. lo pierde ipso factoj í). ~ ^ 

Forma que lia de observarse en su provisión.— 
Respecto á la forma en la provisión de beneficios, habrá 
de tenerse presente : 

a) Que el beneficio ha de hallarse vacante porque el Con - 
<\iHn Hft fnftnfn pynin'Ki/; l as expectativo s (2). 
6) Que ha de hacerse prratuitamente sin intervenir preci o : 

ni cosa Qj^fimaKlp oyi pfff^jn , pr^yq^np T^al^Ha «tÍ't^^"^^, (3). 

c) Que se confiera libremente , sin intervenir fuerza ó 
miedo ÍA) . porgue eg una donn mon y pQ 7 ^^ jrnV i ^^n nxfí l\ij^ 

tfuifi nhrftp/*inn ¿i gnVtrpp^^i'nn (5). - ' 

d) Que se confiera abso luinm ft ntt^ s in niAHiqr r»nndífífcn 
alguna (6). 

e) Que se haga en público, ó sea e n prese ncia dé "dos tes - 
tigos al meno s , que puedan deponer en caso necesario" de 
haberse hecho la provisión del beneficio. '" 

f) Que la provisión se verifique en el tiem po spflalado , ó 
sea dentro de los seis meses desde la vacante , trascurridos los 
cuales pasa este derecho al superior , porque lia habido negli- 
gencia por parte del colator ordinario. 

g) Qu e se haga por escrito^ porque esta es la práctica ob- 
servada g -fínftr?LlTnp,T)tp.; nsi que uo SO admite á la posesión sin 
la presentación del nombramiento (collatio) escrito , por más 
que no es necesario ^ára su validez (7) 

h) Si la provisión se hace por el Sumó Pontífice ^ es de 

(1) Vecchiotti : Inst. Cañan, , lib. III, cap. II, par. 24. • - - 

(2) Sesión 24, cap. XIX De i?e/brma<.— Sesión 25, cap. IX De Re- 
formal. 

(3) C. III, VIIyVIII,pá^.^.^quaest.3.^causa^.' _ __-^,^ 

(4) Cap. lí. tít. XL, lib. I Decrcí. 

(5) Cap. XXIIÍ, tít. IV, lib. III sext Diícrcí.-Cap. VIII y XIX, tltí 
lo lU. lib. I Decret. 

(6) ScHMALZGRUEBER : Jus Eccles. utiiü,^ «H lib, III Decret., ttt Y» 
párraio 3.**, núm. 76. 

(7) Schmalzgrceber: Jus Eccles. univ., ibid.,núm. 75. 



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necesidad giift sfi prftsftntftn p or el agracia do las J^tvfifi fíe r»^ 
Tinnnh|>ftmiPntn par^ ponerle en poscsion del benefic io (1). 

Diversas letras pontiñoias en la provisión de be- 
neficios. — ^El Sumo Pontífice expide las letras de estos nom- 
bramientos (2)= 

In forma (jraúiosa, cnhnio se dice pog^ Pap a en ellas 
q ue confiere el beneficio en vista de los méritos gnp. sp. TirIIaj T 
en el alaciad o. 

In forma dí(;nu m, porque las letras de provisión empi e- 
zan: IHqnui p. arhitra.in.uf ; y el Sumo Pontífice ordena en 
' ^las bX ordinario, que confiera determinado beneficio á u n 
clárify). si . mediante eyÁmen . lo considera idóneo . 

Estas letras reciben también el nombre de in formal com' 
mis sor ia , v se asimilan ¿ los m andatos de propjdendo. por-^ 
q ue el Papa no confiere propiamente el beneficio, sino que 
manda al ordinario su colación (3 ) > 

CAPÍTULO VI. 

DERECHO DE PATRONATO. 

Acepciones de la palaJ)ra institución.— La palabra 
institución , en un sentido latísimo , incluye el nombra gaifiíi- 
to y presentación. 

En su sentido específico, significa l a sola colación del be- 
nefici o, o ue excluye la presentación y nombramiento. 
Eneste sentido la institución puede ser = 
Lidre en cuanto que se confiere libremente el beneficio al 
clérigo, sin que en él haya derecho alguno para recl^ 
m arlo. 

(i) Cap. I, tit. ni, lib. 1 Extravag. eommun, 
(t) Vecchiotti : InsL Canon, , lib. III, cap. II, par. 25. 
(3) HuGüENiN : Exposit, meth. Jur, Canon. , pars speciah » lib. II, ti- 
tulo I, trat. 2.«, dísert. %.\ cap. III, art. 2.^ par. !.• 

TOMO III. 32 



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— 498 — 

Necesaria , porque hay obligación de conceder el benefi- 
í?io al presentado por el patrono, siempre que el beneficio 
esté vacante— sea depaironato y ei patrono se halle en pa- 
cífica posesión de este derecho — se haga la presentación en 
tiempo hábil -y el presentado sea idóneo (1), 

Su definición y esx>ecies. — La institución se toma aquí 
en este último sentido , y puede definirse : La concesión de una 
iglesia ó beneficio vacante, hecha por la autoridad del 
obispo ú ordinario en la persona presentada ó remirada por 
elpatrono. 

Es una regla de derecho , que el benefic io e clesiástico n o 
puede obtener se sin la instit ución canónic aXZJTy ésta puede^ 
ser = 

Colativa , en cuya virtud se confiere el titulo benefícial. 

Autor izable , porque se con<!>ede al clérigo promovido á un 
hf>Tiftfip.in p>frroqiiial la f^nra. H» ftl^o-g , que se ha de ejercer 
por la administración de sacramentos. 

Investidura , por la que s e da la posesión corporal y ac- 
tual al clérigo que , mediante titulo, ha adquirido un dere- 
cho in re. 



Antigiíedad de' la palabra patronato, y á quién se 
llamaba patrono. — ^La palabra patronato se usaba ya en 
tiempo de S. Gregorio VII en la' acepción que tiene en la ac- 
tualidad. 

Se llamaba patrono a l que tenía el derecho de patronato, 
porque debe patrocinar á la igles ia, ó porque e ra dueflo y se» 
ñor de aquellas cosas con las que se edificó una iglesia (3). 
— Sudeílnlülon.— 56 e ntiende í>or patronat o ; El der echo 
de presentar á un clérigo para que se le conceda por el ordi- 
nario la institución de un beneñcio vacante. 

En todo beneficio de patronato es necesario, según esta 
definición, que haya = 

(i) ScHMALZGRUEBER : «Tti^ J?co/6«. uf»»v., i» Ub. III Bécret., Ut. vil, 
par. 4.®, núm. ly 2. 

(2) Regia 2.», tít. XII, lib. Y sext. Decret. 

(3) Devoti : Inst. Canon., lib. I , lít. V, secc. 4.% par. 48. 



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— 499 — 

Presentadme la cual corr esponde al patrono, siendo en 
su consecuencia derecho suyo ^signar persona papá el bene- 
ficio vacante (1). 

Institución, que pertenece al obispo , el cual tiene obliga- 
ción de dar el beneficio al clérigo designado , si reúne las con- 
diciones necesarias (2). 

Fundamento del derecho de patronato.— La causa 
formal ó fundamento del derecho de patronato es l a concesió n 
de la iglesi a, porque la colación de beneficios es de su exclu -' 
siva competencia^ y por otra parte los legos son incapaces de 
derechos espirituales,^ no mediar indulto ó concesión apos- 
tólica. 

La Iglesia agradeció siempre los obsequios hechos á ella, 
y de aquí que concediera ciertas prerogativas á las pe rsonas 
que fundaban una iglesia ó dotaban un cargo eclesiástico : 
pero estas consideraciones hacia el bienhechor no se extendie- 
ron en los primeros siglos al derecho de presentar las personas 
que habían de servir su fundación (3). 

Su orígfen.— El primer precedente sobre este punto se ha- 
lla en el Concilio Arausicano del año 441 : allí se otorga á 

los obispos de ^ ,^^<^^í^g l5t prAi*ng«f.iya Hft qnft <^i ft)fynnnjíft 

ellos fundab ajinfl. ígi^i^ift pn njanit Hjf^>, ffsis. pudiese ele gir 
elJ^le^Q que h ftbía de servirla (4 ) y esta misma disposición se 
dio después por el papa Nicolao, 

Las fundaciones hechas por los legos no obt uvieron e ste 
pji^iegio'y y los ubíspoyoraenaban respecto á este pun to lo 
que consideraba n más c on veniente ( 5) ; pero no trascurrió 
mucho tiempo en Orientesin que se les concedieran ciertas 
prerogativas , ^ue versaron primero s obre la a d minist ra- 

(1) Devoti : Inst. Canon,, lib. I, tít. V, secc. 4.*, par. 47. 
(2)' Cap. II,tít. VI, lib. III 5ex(. /)ecr«í.— Co?id/. Trid., sesión 7.», 
cap. XIII De Re formal, —ídem , sesión 25 . cap. IX De Reformat. 

(3) Walte» : Derecho Ecles. untv., lib. V , cap. IV . par. 229. 

(4) C. I , quíBst. 5.*, causa iñ. 

(5) C. XXVI y XXVII, quaest. 7**, causa 16.— C. VI. quaest. 4.*, cau- 
sa iO. 



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— 500 — 

cio njiai Q s bi e n es , extendién dose después al derecho de pre* 
^"ffft^ P'^^'^^nft ^^'ff na para el oficio de la ftindaSioñ^ 

Esto mismo tuvo lugar en Occidente , sin más diferencia 
que el derecho de presentar se limitaba primitivamente al 
fundador (1), si bien despué s r^ hl>-^ hP.rftHitarin (2). 

Causas de su concesión. — La Igl^ia concedió machas 
prerogativas á los fundadores de iglesias , altares y beneficios, 
con derecho de trasmitirlas á sus herederos ; á fin de manifes- 



tar su gra trtud_ó_Xfí<*'^^^^^^"^^^^^'niJ^ de excitar A i^c /^Arn^ 
^Ifig por ft«^f ^. medio para que sig uie sen el ejemplo de aqué^ 
líos (3 ), y de aquí los nombres y elogios de los fundadores, re- 
citados en las iglesias , é inscritos en las sagradas dípticas, 
s iendo muy frecuente que la s iglesiasjleyag an el nombre J te^ 
los fundadores. 

Especies de patronato , y manera de distinguir^ 
las. — El patronato se divide en = 

Eclesiástico^ que es el que compete á una corporación 6 
])ersona eclesiástica por razón de u na iglesia, dignidad ó be- 
J ieficio eclesiástifto; asi que se consideran dé derocho cote- 
siástico los patronatos que competen = 

a) Al obispo ó abad por razón del dominio temporal , pe^ 
teneciente á una iglesia ó monasterio. 

b) A los legos de ambos sexos que viven religiosamente^ J 
llevan hábitos religiosos. 

c) A los mae.^ ^trP'í y ^q>^ftH^i^<» ^^ l^g i^yf^fípea mil jt^res. 

d) A los presi dentes 6 efr^i^nnmng Hft lus igli^yfL<^- 

e) A los rectores de hospitales erigidos c on autoridad del 
obispo. " 

jj A las hermand ades de le gos anejas á una iglesia (4). 
Laical ó secular , que es el que compete á una corpora- 

(\) C. XXXI, qu»st. !.•. causa 46.— C. IV . quaest. 2.% causa 18.- 
C XXXII, quaest. 7.\ causa 16. 

(2) Walter : Derecho Ecles. univ., lib. V, cap. IV, par. ^229^ 

(3) Devoti: Inst. Canon., lib. I, tít. V, sect. 4.», par. 49. 

(4) ScHiíALZGRUEBER : Jus Eccks. univ.f in Ub. III Decreí.f titib 
XXXVIII. párrafo i.*, núm. 6.^ y 7.« 



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— 501 — 

cion no sagrada, 6 á un lego 6 clérigo por r^^^^ t^^^^ p^^pifí 
I»trimonio ; porque con él fundó ó dotó una iglesia ó benefi- 
cio, ó porque ha sucedido á los fundadores. 

De modo , que para saber si un patronato es eclesiástico ó 
laical, habrá necesidad de fijarse , no en la persona á quien 
compete . R^r\Q ftn Iqr hiftnPR ¿i t^ jiíúQ de donde procede (1). 

Mixto ^ y se da este nombre al patronato . que compete á 
uno por raz^ de la iglesia y de l patrimonio , en cuanto gue^ 
Ig-goihpone de bienes eclesiá stic as y l aicales • lo cual puede 
tener lugar := 

a) Cu ando compete simultáneamente al clérigo por razón 
de la iglesia ó beneficio, y ai lego por razón de la dotación ^ 
f unda c ión, erección ó privilegio. 

b) Cuando compete á una misma persona por los dos títi¿ - 
los, porque el clérigo fundó el beneficio con las rentas benefi-_ ^ 
c íales y patrimoniales ; de manera que en este último concep- 
to puede trasmitirse el título de patrono á los herederos del 
clérigo. 

Hereditario y ó se a cuando el derecho de patronato_g asajt 

los V^ftrA^ÍAr^gjJ^Jir^^ gftftn pargonnc fí xtrañq.S^ 

Jf^cmtíiar ójfenttíicio, cuando dicho derech o síVIq se tras- 
mite á los que son dé la familia del fundador ó de la person a 
¿om Draga por j L___ 

Personal ó principal , cuand o compete este derecho in- 

dependieptftmftntft Ha una carr tftrpp^yftl , (f ^1? toda fflflSf^ fj? 
c osas ó Hp.rpcli^g, 

Real ó accesorio , cuando va anejo á una j^.sa ó derecho — 
temporaL_ ^ 

Pasivo j activo^ sa gun que spi li*»"** ^^ 4^ArAi%>»n ^ft^m* 

p resent ado ódftprgggr tf ar para rni hef ^egcip. 

Diferencias entre el patronato eolesiástioo y lai- 
cal. — Se cuenta n hasta c uarenta y och o diferencia n Antrf*^ ""^ 
y ot ro patronato; pero las principales son las siguientes (2). 

(i) Dbtoti: Jntí. Canon., líb. I , tit. V, sect. 4.*, par. 50. 
(2) ScBíiALZG&ufiBER: Ju9 Eccks. uffiv., in ¡ib. JÜ Decret., títu- 
lo XXXVIll, par. !.•. nám. 47. 



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a) El patronato ^l esiástico compete á una persona ó cor- 
X^^^fi^fí V^^ yay^M^ <ift ifi ifflft sia 6 beneficio ; y el lalcaT^oT ^ 
razón del patrimonio con que se hizo la fundación ó dota- 
ción de la Iglesia , etc. 

El patrono lep^^ ±}t^j\^ nnuif^ ^fisfíP para hacer lag g- 
sentacion ^ y el eclesiástico seis mese s (1), ^ 

cj Si e l beneficio con cura de almas fi^ d^ patmnatn p^Ia-^ 
^iAj;ti(*.o7Tí^dft nK<; ervarse la forma prescrita por^l Concilio 
de Trent o; y _en su consecuencia, el patrono presentará a l 
que considere más dip ;Tio ftj^rp Inri nprohadfts i^rV^<r q^aült^ 
T)nrtni^nn rtnl rnnniirnfi (?) : no siendo dicha forma necesaria 
en los beneficios de patronato laica l. 

Modos de adq[uirirse.— El derecho de patronato se ad- 
quiere por alguna de las causas siguientes = 

1.* Fundacion^coíistruccion--- dotación de la iglesia 6 
beneficio, según las palabras de la glosa (3): Paúronum fúr 
ciunt doSf adificatio^ fundus. 

2.* Privilegio— Prescripcwn. 

3.* Sucesión , donación ó permuta, que son modos deriva- 
tivos. 

En qué consiste la fundación , construcción y do- 
tación.-— La fundación en su sentido estricto consiste en ce- 
der 6 dar fundo 6 suelo para la construcción de una iglesia (4). 
Se dice que constru ye la persona á cuyo no mb re y expen- 
sas ^^di^ á un a iglesia ó se reconst ruye. 

Se entiende que dota , la persona que 'asigna una renta 
anual , subciente para el culto y mmistros de una .iglesia ;a 
c^güstruida, ó que se trata de c"oh struir. :^ — -^ — 

-"XfSmo^ adq[uiere por privilegio.— El patronato se 
adquiere también ]v>yjvjJYÍ^^ffl'^ ^^^ Sumo^Pon tlfice (5 ). única 
autoridad que puede concederlo. 

(4) Cap. únic. , par. 4.^, lít. XIX, lib. III í&rf. Decret. 

(2) Sesión 24, cap. XVIII , par. Si vero, de Beformat. 

(3) C. XXVI, qu«st 7.\ causa 16. 

(4) C. XXXII, quwt. l.\ cansa 16.— C. IV • qumt. t.\ causa 18. 

(5) Gap. II, Ut. IX, Ub. III